3 mejores servicios de Apple Silicon as a Service: presente y futuro

Última actualización: diciembre 17, 2025
Autor: Isaac
  • Apple ha desarrollado Project ACDC y Private Cloud Compute para llevar Apple Silicon a centros de datos, reduciendo costes y dependencia de AWS y Google Cloud.
  • La infraestructura basada en Apple Silicon ya impulsa Apple Intelligence y servicios como iCloud, aunque el servicio comercial de nube aún no se ha lanzado.
  • La división de Servicios crece más despacio y la App Store, especialmente los videojuegos, sigue siendo su gran motor, mientras Apple explora nuevas vías como la IA.
  • El Mac con Apple Silicon se ha consolidado como plataforma sólida para desarrollo .NET, integrándose en el ecosistema técnico que podría sustentar futuros servicios en la nube.

Servicios de Apple Silicon en la nube

En los últimos años, Apple ha pasado de depender de Intel a diseñar sus propios chips Apple Silicon, una jugada que no solo ha revolucionado el Mac, sino que también ha abierto la puerta a algo mucho más ambicioso: llevar esa arquitectura a los centros de datos y a la nube. Detrás de esta estrategia hay un objetivo claro: reducir la dependencia de gigantes como AWS, Google Cloud o Azure, recortar miles de millones en costes de infraestructura y, de paso, crear nuevos servicios de alto margen basados en su propio hardware.

Al mismo tiempo, la división de Servicios de Apple vive un momento delicado: después de años creciendo a doble dígito gracias a la App Store, iCloud, Apple Music, Apple TV+ o Apple Pay, su ritmo de expansión se ha moderado y las cifras empiezan a mostrar cierto agotamiento. En este contexto, la posibilidad de ofrecer “Apple Silicon as a Service” —es decir, acceso a servidores con chips de Apple en la nube— se ha convertido en una de las cartas más interesantes que la compañía podría tener guardada bajo la manga.

De Intel a Apple Silicon: el contexto que lo cambia todo

Para entender por qué se habla tanto de Apple Silicon como servicio en la nube, primero hay que mirar atrás y ver cómo ha evolucionado la estrategia de Cupertino. Durante años, los Mac dependían de procesadores Intel, lo que encajaba mal con la filosofía de Apple de controlar al máximo toda la experiencia, desde el hardware hasta el software y los servicios.

Desde 2011, con el nacimiento de iCloud, Apple empezó a acumular una cantidad brutal de datos de usuarios: fotos, copias de seguridad, notas, documentos, mensajes… Todo eso necesitaba enormes centros de datos y, en lugar de construirlo todo desde cero, Apple optó por alquilar capacidad a sus mayores competidores: Amazon Web Services y Google Cloud. Esa decisión tenía una factura aproximada de unos 7.000 millones de dólares al año en servicios de terceros.

Mientras tanto, el Mac se preparaba para una transición histórica. En 2020 Apple presentó el chip M1, el primer procesador Apple Silicon para ordenadores de escritorio y portátiles, con arquitectura propia, memoria unificada, un rendimiento por vatio espectacular y una seguridad muy superior a la de los diseños x86 tradicionales; ese diseño y su evolución hasta el M5 fueron el pistoletazo de salida para que Apple pensara seriamente en llevar esta arquitectura más allá de los dispositivos de consumo.

El resultado de esa reflexión fue una idea poderosa: si Apple Silicon es tan eficiente y seguro en los Mac, ¿por qué no usarlo también en servidores y centros de datos? De esa forma, Apple podría reducir su dependencia de proveedores externos, optimizar costes y, potencialmente, ofrecer esa misma potencia a terceros como un servicio de nube alternativo a AWS o Google Cloud.

Project ACDC: la apuesta secreta de Apple por la nube con Apple Silicon

Dentro de Apple, esa visión cristalizó en un proyecto interno cuyo nombre en clave parece sacado de un concierto de rock: Project ACDC (Apple Chips in Data Centers). Según desveló el medio The Information, se trataba de una iniciativa para diseñar y desplegar servidores basados en chips Apple Silicon en centros de datos propios, con dos grandes metas: alimentar los servicios de Apple y, en una fase posterior, ofrecer infraestructura a desarrolladores y empresas externas.

La idea era que estos servidores con chips Apple Silicon dedicados proporcionasen un rendimiento excelente con un consumo energético mucho menor que el de soluciones tradicionales basadas en procesadores Intel o incluso ARM de otros fabricantes. En un centro de datos, la eficiencia energética es oro puro: menos consumo significa menos calor, menos necesidad de refrigeración y, por tanto, menores gastos operativos.

De hecho, Apple ya empezó a hacer pruebas internas con esta filosofía. Según los informes filtrados, la compañía llegó a emplear servidores con chips de Mac para alimentar algunas funciones de Siri, sobre todo las relacionadas con el texto a voz. Los resultados fueron muy positivos: mejor rendimiento, menor consumo y menos dependencia de servidores con chips Intel, lo que validaba la idea de que Apple Silicon podía ser una base sólida para servicios en la nube.

El plan iba tan en serio que Apple contempló encargar a TSMC la producción de chips específicos para centros de datos, fabricados con procesos de 3 nanómetros y optimizados para uso en servidores. Es decir, no se trataba solo de meter chips M1 o M2 en un rack, sino de diseñar versiones adaptadas a las necesidades de la nube y de aplicaciones de inteligencia artificial a gran escala.

En este contexto, Project ACDC se dibujaba como la base tecnológica para un futuro en el que Apple podría competir de tú a tú con AWS, Google Cloud o Azure, con un argumento muy potente: una infraestructura propia, ultraoptimizada y con una integración brutal con el resto del ecosistema Apple.

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El papel de Michael Abbott y el frenazo del proyecto

En todo este movimiento hubo una figura clave: Michael Abbott, ex vicepresidente de servicios en la nube de Apple. Abbott fue el responsable de la ingeniería de iCloud, de CloudKit, de la red Buscar (Find My) y de infraestructuras tan sensibles como las Passkeys. No era precisamente un recién llegado a esto de manejar datos a escala masiva.

Dentro de Apple, Abbott fue uno de los grandes valedores de Project ACDC. Bajo su liderazgo, la idea de montar centros de datos con procesadores Apple Silicon dedicados ganó fuerza y recursos. Fue durante esta etapa cuando se afinaron los planes con TSMC para fabricar chips a 3 nanómetros específicamente pensados para su uso en servidores, lo que reforzaba el mensaje interno de que Apple iba muy en serio con esta apuesta.

Sin embargo, en 2023 llegó el giro de guion. Michael Abbott abandonó la compañía, y con su salida el proyecto se quedó, en la práctica, sin su padrino más importante. Las conversaciones internas se enfriaron, la prioridad estratégica se diluyó y, según las filtraciones, Project ACDC pasó de ser uno de los grandes focos a convertirse en una especie de fantasma dentro de la organización.

A día de hoy, no hay señales claras de que Apple vaya a lanzar a corto plazo un servicio de nube comercial basado en Apple Silicon para que lo consuman desarrolladores externos, como sí hacen AWS o Google Cloud. Más bien parece que la compañía ha replegado velas, ha archivado parte de los planes más agresivos y está reorientando recursos hacia otra prioridad que lo está cambiando todo dentro de la empresa: Apple Intelligence.

Que el proyecto se haya enfriado no significa necesariamente que esté muerto. Lo más probable es que Apple esté en modo “esperar y ver”, utilizando muchas de las piezas tecnológicas de ACDC de forma interna antes de decidir si da el salto a lo grande con un servicio comercial.

Apple Intelligence y Private Cloud Compute: Apple Silicon ya está en la nube

Uno de los puntos más interesantes de toda esta historia es que parte de la tecnología de Project ACDC ya está en producción, aunque no con ese nombre ni con una oferta pública de tipo “as a Service”. El mejor ejemplo es Private Cloud Compute, el sistema de centros de datos que Apple ha diseñado para ejecutar las funciones más potentes y sensibles de Apple Intelligence.

Apple Intelligence, la nueva capa de inteligencia artificial generativa integrada en iOS, iPadOS y macOS, necesita una infraestructura de nube muy potente para procesar peticiones complejas, sobre todo aquellas que no se pueden resolver solo en el dispositivo. Para mantener la promesa de privacidad extrema, Apple ha construido servidores específicos basados en Apple Silicon, diseñados para procesar datos de manera efímera y con mecanismos de seguridad muy avanzados.

Este Private Cloud Compute funciona como el cerebro en la nube de Apple Intelligence: cuando el dispositivo no puede hacerlo todo en local, envía la petición a estos servidores, que procesan la información sin guardarla y devuelven la respuesta. Aquí es donde los chips Apple Silicon en centros de datos demuestran su utilidad real: ofrecen la potencia necesaria para IA, con eficiencia energética y controles de seguridad a bajo nivel.

Es decir, aunque el gran servicio de “Apple Silicon as a Service” aún no ha visto la luz como producto comercial, la infraestructura técnica ya se está utilizando en el día a día de millones de usuarios para funciones de IA y de Siri. A efectos prácticos, Apple ha validado el modelo: sabe que sus chips funcionan muy bien en servidores y que pueden sostener cargas intensivas de IA con un coste razonable.

La gran incógnita ahora es si Apple se atreverá a abrir esa infraestructura a terceros, ofreciendo acceso a estos servidores con Apple Silicon como un producto similar a lo que hoy en día conocemos de AWS, Azure o Google Cloud, especialmente para cargas de trabajo de inteligencia artificial que podrían aprovechar su eficiencia.

Estrategia, costes y diversificación: por qué Apple no ha pulsado (todavía) el botón

La pregunta evidente es: si Apple ya tiene la tecnología y la necesidad de reducir sus costes en la nube, ¿por qué no ha dado el paso de migrar masivamente sus servicios a centros de datos propios con Apple Silicon, o de ofrecerlos como servicio a terceros?

Por un lado, el factor económico pesa muchísimo. Es cierto que Apple se deja alrededor de 7.000 millones de dólares al año en infraestructura ajena, pero montar y escalar una red global de centros de datos propios, preparada para sustituir por completo a AWS o Google Cloud, es una operación multimillonaria, con riesgos operativos, regulatorios y geopolíticos muy serios.

Además, en el mundo de los datos, no tener todos los huevos en la misma cesta es una política de seguros muy valiosa. Mantener parte de las cargas en AWS y Google Cloud le da a Apple redundancia, resiliencia ante ciberataques y flexibilidad ante turbulencias políticas en distintos países. Un ejemplo claro es China, donde por exigencias del gobierno Apple ya utiliza infraestructuras totalmente separadas para los datos de los usuarios locales.

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Por eso, aunque Apple tenga la arquitectura diseñada y los chips listos, no resulta tan trivial pulsar el botón y moverlo todo a una nube 100% propia. Lo más lógico, y probablemente lo que esté ocurriendo, es un enfoque gradual: primero se migran servicios ligeros y menos críticos (como Notas, Recordatorios o ciertos datos de mensajería de iCloud) y, cuando todo esté muy rodado, se plantean mover las “vacas sagradas” como la Fototeca de iCloud o Archivos, que son las grandes devoradoras de espacio y ancho de banda.

En paralelo, Apple tienen que decidir cuánto quiere depender de los servicios como motor de crecimiento. La compañía lleva años potenciando esta división por su capacidad de escalar y por sus márgenes, pero las últimas cifras indican que el crecimiento ya no es tan explosivo, incluso habiendo subido precios en productos como Apple Music, Apple TV+ y el paquete Apple One. En ese contexto, un movimiento fuerte hacia servicios de nube basados en Apple Silicon podría ser una palanca adicional… pero también un riesgo enorme si se ejecuta mal.

La división de Servicios: auge, frenazo y papel de la App Store

Durante una década, los Servicios han sido el antídoto perfecto contra la dependencia casi obsesiva del iPhone. Llegó un momento en que el smartphone representaba cerca de dos tercios de los ingresos de Apple, algo peligroso a largo plazo. Para compensar, la compañía impulsó varias líneas: los Mac con Apple Silicon, accesorios como los AirPods o el Apple Watch y, sobre todo, una división de Servicios cada vez más pesada en la cuenta de resultados.

En esta categoría entran tanto los servicios puramente digitales (Apple Music, Apple TV+, Apple Arcade, Apple News+, Fitness+) como otros más híbridos, como AppleCare, iCloud, Apple Pay o el negocio de la App Store (compras, suscripciones y compras dentro de las apps). Durante años, el crecimiento fue espectacular, con subidas de doble dígito trimestre tras trimestre.

Los últimos resultados han cambiado el tono: Apple ha reportado unos 19.200 millones de dólares en Servicios en el último trimestre, una cifra que, aunque sigue siendo enorme, es menor que la de los tres trimestres anteriores y solo un 5% superior a la del mismo periodo del año pasado. No es un desplome ni mucho menos, pero sí un síntoma de que el cohete ya no acelera como antes.

Esto contrasta con el comportamiento tradicional del iPhone, que sí es un negocio estacional con picos clarísimos tras el lanzamiento anual y bajones posteriores. Los Servicios deberían ser mucho más regulares a lo largo del año, con caídas puntuales, pero sin tendencia a la baja. Que encadenen varios trimestres menguando en ingresos es algo que preocupa a analistas e inversores.

Detrás de esta desaceleración hay varios factores, entre ellos que gran parte de los grandes servicios de Apple ya están en el mercado y han madurado. Apple Music ha introducido mejoras como el audio sin pérdida o Dolby Atmos, pero sigue por detrás de Spotify en funciones como Spotify Connect o en experiencia en escritorio. Apple TV+ tiene un catálogo de mucha calidad, con series muy cuidadas, pero crece a un ritmo muy lento comparado con otros competidores que añaden contenido a toda velocidad.

Apple Arcade, por su parte, se ha consolidado como un servicio cómodo para familias que quieren evitar micropagos y publicidad en los juegos, pero no termina de convertirse en un pilar masivo del ecosistema. Y Apple One, el paquete que agrupa varios servicios bajo una misma suscripción, ayuda a retener usuarios, aunque tampoco parece estar generando una explosión de crecimiento.

En realidad, muchas estimaciones apuntan a que la verdadera joya de la corona dentro de Servicios sigue siendo la App Store, especialmente los videojuegos. Un informe publicado por el Wall Street Journal a raíz del juicio contra Epic reveló que en 2019 Apple obtuvo unos 8.500 millones de dólares de beneficios directamente de los juegos de la App Store, más que la suma de lo que ganaron en videojuegos Microsoft, Sony, Nintendo y Activision Blizzard en ese mismo año.

Todo esto explica que Apple experimente con movimientos como aumentar la publicidad en la App Store en nuevos emplazamientos, algo que encendió bastantes alarmas y que la propia compañía tuvo que matizar a los pocos días. El margen de maniobra en precios y anuncios existe, pero el riesgo de cabrear a usuarios y desarrolladores también.

Mac como plataforma de desarrollo en la era Apple Silicon

La otra cara de Apple Silicon as a Service es el propio Mac como herramienta de trabajo y desarrollo, especialmente en entornos donde tradicionalmente Windows ha sido el rey, como el desarrollo en .NET y C#. Aquí la transición de Intel a Apple Silicon también ha cambiado mucho el panorama.

Desde la llegada de .NET Core, y hoy en día .NET en su versión moderna, programar C# y F# en Mac es perfectamente posible siempre que no dependas del viejo .NET Framework clásico de Windows. Microsoft ofrece instaladores oficiales de .NET para macOS y herramientas clave como Docker o Git funcionan sin problema, por lo que el entorno base está más que cubierto.

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El matiz importante está en la arquitectura: los procesadores Apple Silicon (M1, M2 y sucesores) usan ARM, mientras que la mayoría de librerías históricas en C# se crearon pensando en x64 (Intel o AMD). Aunque en 2023 y 2024 esto ya es mucho menos frecuente, todavía pueden aparecer librerías sin soporte nativo para Apple Silicon, lo que obliga a usar emulación o buscar alternativas. Es algo que algunos desarrolladores ya vivieron antes con otros lenguajes, como Ruby, en los primeros compases de la transición.

En cuanto a herramientas, hay varias opciones para desarrollar en .NET desde un Mac. Visual Studio para Mac existe, pero arrastra una reputación complicada: interfaz poco pulida, menos funciones que su equivalente en Windows, ausencia de muchos complementos (incluido Copilot), indicaciones visuales más pobres para cosas tan básicas como el resultado de los tests y una sensación general de producto secundario que no termina de convencer.

Visual Studio Code, en cambio, ha ido ganando enteros a base de extensiones. La extensión clásica de C# de Microsoft ya ofrecía IntelliSense, ejecución de tests y un funcionamiento decente tirando bastante de la CLI. Pero el salto importante ha llegado con C# Dev Kit, una nueva extensión que permite abrir soluciones .NET como proyectos estructurados dentro del editor, gestionar builds, limpiar, añadir proyectos y manejar mejor los tests, con un explorador dedicado y marcadores visuales de éxito o fallo.

Esta extensión, aún en fase de preview, acerca mucho Visual Studio Code a la experiencia de un IDE completo, hasta el punto de que muchos desarrolladores la prefieren a Visual Studio para Mac. Eso sí, C# Dev Kit comparte el modelo de licencia de Visual Studio: estudiantes, docentes y proyectos open source están cubiertos, pero las empresas que lo usan para generar ingresos necesitan pagar.

Para quienes buscan un entorno más tradicional, Rider de JetBrains es probablemente la opción más sólida en macOS. Es un IDE muy completo, con prestaciones a la altura (o superiores) de Visual Studio en Windows, incluyendo análisis de código, herramientas avanzadas de refactorización, integración con sistemas de control de versiones y features como el code coverage que, en el caso de Visual Studio, solo están disponibles en la edición Enterprise más cara.

Desde la experiencia de desarrolladores que han usado el Mac como máquina principal con un MacBook Pro M1, el rendimiento es sobresaliente, tanto al compilar y ejecutar proyectos .NET como al usar herramientas pesadas como Rider y Docker al mismo tiempo. La autonomía también es un punto muy a favor: jornadas de más de 8 horas con carga de trabajo realista no son ninguna rareza.

Aun así, hay motivos por los que algunos terminan volviendo a Windows: ciertas diferencias de teclado, atajos, manejo de acentos o compatibilidad puntual con herramientas muy específicas pueden hacerse pesadas, sobre todo si en el trabajo se usa Windows y hay que alternar mentalmente entre sistemas. En cualquier caso, lo que sí queda claro es que, con Apple Silicon, el Mac ya no es un ciudadano de segunda para el desarrollo en .NET.

Servicios, negocio y el posible futuro de Apple Silicon as a Service

Si juntamos todas las piezas, lo que aparece es un panorama en el que Apple ya tiene la tecnología, la experiencia y la necesidad económica para seguir apostando por Apple Silicon en la nube. Project ACDC puede estar hibernando, pero muchas de sus ideas viven en Private Cloud Compute y en la infraestructura que mueve Apple Intelligence.

Al mismo tiempo, la división de Servicios empieza a mostrar límites de crecimiento, justo cuando el mercado de la IA generativa y de la infraestructura especializada para IA se está calentando más que nunca. Competidores como NVIDIA, Google o Amazon están apostando fuerte por hardware específico para IA en la nube, y Apple no puede permitirse quedar como un mero espectador si quiere que sus chips sigan marcando la diferencia también fuera de los dispositivos de consumo.

En el corto plazo, es razonable imaginar que Apple continuará usando Apple Silicon en sus propios centros de datos cada vez con más peso, migrando progresivamente servicios y afinando la arquitectura. Si la demanda interna y las cuentas salen bien, no sería descabellado que, en algún momento, parte de esa capacidad se abra a terceros en forma de servicios de cómputo para IA o de plataformas de desarrollo muy integradas con el ecosistema Apple.

Con este contexto, “3 mejores servicios de Apple Silicon as a Service” no se refiere tanto a productos comerciales ya existentes, sino a tres grandes líneas de uso donde Apple Silicon en la nube tiene más sentido: la infraestructura interna para Apple Intelligence y iCloud, la posible oferta futura de cómputo para IA y desarrolladores externos, y el papel del Mac con Apple Silicon como puerta de entrada al ecosistema para crear y consumir estos servicios.

Todo apunta a que Apple seguirá moviéndose con su clásica mezcla de prudencia y ambición, dando pasos silenciosos en segundo plano, ajustando su dependencia de AWS y Google Cloud, y explotando cada vez más las ventajas de tener chips propios, tanto en el bolsillo de los usuarios como en los racks de sus centros de datos.

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