- La cámara de vapor del iPhone 17 Pro usa cambio de fase para mover el calor desde el chip A19 Pro a una superficie mayor.
- El nuevo chasis Unibody de aluminio mejora la conductividad térmica y trabaja junto a la cámara de vapor.
- Este sistema reduce el calentamiento, mejora el rendimiento sostenido y ayuda a conservar mejor la batería.
- El rediseño interno prioriza la refrigeración, aunque introduce cambios relevantes en reparabilidad y acceso a componentes.
El iPhone 17 Pro ha dado un salto enorme en refrigeración con la llegada de la famosa cámara de vapor, una tecnología que hasta hace nada sonaba más a portátil gaming o a móvil Android para jugones que a teléfono de Apple y que ya se había visto en el iPad Pro con cámara de vapor. Ahora, el buque insignia de la marca estrena por fin un sistema térmico pensado para mantener el chip A19 Pro a raya incluso cuando le exigimos al máximo, ya sea jugando, grabando vídeo 4K o tirando de apps pesadas.
Todo este cambio no es un simple detalle técnico para frikis del hardware: la cámara de vapor es la clave para que el iPhone 17 Pro rinda fuerte y estable durante más tiempo, evitando los molestos calentones y el famoso “throttling” de generaciones anteriores. Y lo mejor de todo es que el usuario no tiene que hacer absolutamente nada: el proceso ocurre de forma automática, silenciosa y continua, gracias a principios físicos que llevan más de un siglo acompañándonos.
Qué es exactamente la cámara de vapor del iPhone 17 Pro
Cuando escuchamos hablar de “cámara de vapor” puede sonar a algo enorme y complicado, pero en realidad se trata de una pieza muy fina, herméticamente sellada, instalada sobre el chip A19 Pro en el interior del iPhone 17 Pro y 17 Pro Max. Dentro de esa pieza hay una cantidad minúscula de agua desionizada, básicamente un par de gotas, repartida en una cavidad interna diseñada con precisión.
En lugar de recurrir solo a placas metálicas macizas de cobre o capas de grafito, como han hecho tradicionalmente muchos smartphones, Apple ha apostado por un sistema de cambio de fase similar al de los tubos de calor usados en portátiles, servidores e incluso en la industria aeroespacial. El objetivo es claro: mover el calor de los puntos críticos a una superficie mucho mayor del teléfono para que se disipe con más facilidad.
Este tipo de solución térmica aprovecha la capacidad de un líquido para absorber grandes cantidades de calor al evaporarse y liberarlo al condensarse. Ese ciclo continuo de evaporación y condensación, dentro de un circuito cerrado, permite que el calor viaje mucho más rápido y de forma más eficiente que mediante simple conducción sólida.
Según especialistas como Kenneth Goodson, profesor de ingeniería mecánica en Stanford, la clave de estos sistemas es extender el calor desde los componentes más calientes —principalmente el procesador— hacia la mayor cantidad posible de superficie del teléfono. De esta manera se evitan los puntos de sobrecalentamiento y se mantiene el rendimiento sostenido incluso bajo una carga muy exigente.

Cómo funciona el ciclo térmico: del líquido al vapor y vuelta
El funcionamiento interno de la cámara de vapor del iPhone 17 Pro se basa en un ciclo de cambio de fase continuo. Dentro de ese delgado compartimento de cobre hay agua desionizada a baja presión. Cuando el chip A19 Pro empieza a trabajar duro —por ejemplo, durante una sesión larga de gaming, edición de vídeo o realidad aumentada—, su temperatura se eleva y calienta la base de la cámara de vapor.
En esa zona caliente, el líquido se evapora y se transforma en vapor. Ese vapor ocupa más volumen y se desplaza rápidamente hacia las zonas algo más frías del interior de la cámara, alejadas del chip. Allí, gracias a una estructura interna con hendiduras y microcanales de cobre —que algunos desmontajes han descrito como una especie de “estalactitas”—, el vapor se condensa.
Al condensarse, el vapor cede el calor que había absorbido al resto de la estructura: la propia cámara de cobre y, muy especialmente, el nuevo chasis Unibody de aluminio del iPhone 17 Pro. Ese calor ya no está concentrado en un punto diminuto, sino repartido por una superficie mucho mayor, lo que facilita su disipación hacia el exterior del terminal.
La cámara de vapor integra además una estructura interna que actúa como mecha, una especie de entramado metálico o celosía microscópica que permite que el agua líquida vuelva por capilaridad hasta la zona cercana al chip, donde el ciclo se repite: calentamiento, evaporación, desplazamiento del vapor, condensación y retorno del líquido.
Todo este proceso es completamente pasivo, sin bombas, ventiladores ni piezas móviles. No hay partes que hagan ruido ni elementos que el usuario pueda activar o desactivar. La cámara de vapor está siempre trabajando en segundo plano, aprovechando principios físicos similares a los que dieron vida a las antiguas máquinas de vapor de la Revolución Industrial, pero miniaturizados y adaptados a un smartphone ultra delgado.
Relación entre cámara de vapor, A19 Pro y rendimiento sostenido
Una de las principales metas de Apple con el iPhone 17 Pro ha sido eliminar el “throttling” o bajada de rendimiento por temperatura que se apreciaba en generaciones anteriores al mantener tareas intensivas durante un buen rato. Cuando un chip se calienta demasiado, el sistema suele reducir su frecuencia de trabajo para evitar daños y mantenerlo dentro de márgenes seguros, lo que se traduce en caídas de rendimiento.
Con el nuevo sistema de refrigeración, el A19 Pro puede mantener su frecuencia alta durante más tiempo sin que la temperatura se dispare. En pruebas prácticas realizadas en desmontajes especializados se ha observado cómo un modelo anterior como el iPhone 16 Pro Max podía llegar a rozar los 38,8 ºC en la carcasa y se veía obligado a bajar potencia, mientras que el iPhone 17 Pro Max, en condiciones similares, se quedaba en torno a 33,8 ºC, manteniendo el tipo sin pestañear.
Apple ha presumido en su propia comunicación de que esta cámara de vapor, combinada con el diseño interno renovado y el chasis de aluminio, mejora hasta en un 40 % el rendimiento sostenido en tareas especialmente exigentes. Esto no significa solo que los benchmarks salgan bien, sino que el teléfono aguanta mejor partidas largas, exportaciones de vídeo pesadas o sesiones de grabación prolongadas sin colapsar por calor.
La propia campaña publicitaria de la compañía se ha centrado en esta idea: en uno de sus anuncios, aparece un corredor en un desierto árido mientras una gota de agua cae en su frente y se evapora, simbolizando cómo el chip A19 Pro se “refrigera por vapor” para mantenerse fresco bajo presión. El mensaje es claro: si el teléfono se mantiene frío, tú puedes exprimirlo al máximo sin miedo a los tirones.
En ese mismo spot se muestran escenas casi surrealistas —el corredor tocando un piano interminable, resolviendo un cubo de Rubik con una mano o atravesando muros— para ilustrar la capacidad del A19 Pro de manejar miles de millones de operaciones por segundo sin perder estabilidad. El eslogan final gira alrededor de la idea de “refrigerado por vapor para un rendimiento excepcional”, un guiño directo a los usuarios que valoran la potencia sostenida y los FPS estables en juegos.

Diseño interno: chasis Unibody de aluminio y disipación del calor
Para que la cámara de vapor funcione de verdad bien, no basta con colocar una placa de cobre encima del procesador. Apple ha tenido que rediseñar el interior del iPhone 17 Pro de arriba abajo. El cambio más llamativo es el paso de un chasis de titanio aeroespacial, usado en modelos recientes, a una estructura Unibody de aluminio que ocupa menos espacio e integra mejor los distintos componentes.
Este nuevo Unibody de aluminio no es solo una cuestión estética o de peso: el aluminio conduce el calor mucho mejor que el titanio. A nivel de números, la conductividad térmica del aluminio ronda los 205 W/m·K, mientras que la de un titanio de tipo aeroespacial ronda los 7 W/m·K. Eso significa que el aluminio es muchísimo más eficaz a la hora de repartir rápidamente el calor que recibe desde la cámara de vapor por todo el chasis.
La cámara de vapor del iPhone 17 Pro está soldada por láser directamente a esa estructura de aluminio, de modo que el calor del chip no se queda atrapado en una zona pequeña del interior, sino que viaja a través de la carcasa, la batería y demás componentes, reduciendo picos de temperatura y equilibrando la sensación térmica que nota el usuario al sujetar el teléfono.
Además del cambio en el material del chasis, Apple ha introducido mejoras como Ceramic Shield 2 en la parte frontal y un vidrio Ceramic Shield clásico en la trasera. Aunque estas tecnologías se centran en la resistencia a golpes y arañazos, también forman parte de un conjunto estructural pensado para soportar mejor las tensiones internas y los cambios de temperatura sin comprometer el diseño ultrafino.
La nueva protuberancia trasera, más ancha y ocupando casi todo el tercio superior, es otra pieza del puzle: este módulo de cámaras de mayor tamaño, con su diseño en tetraprisma y sensor más grande para el teleobjetivo, se integra dentro de la lógica térmica global del dispositivo. El interior del iPhone 17 Pro se ha organizado para que los distintos bloques de hardware, incluido el sistema de cámaras, colaboren en la distribución del calor en lugar de generarlo todos en el mismo punto.
Impacto real: menos calor, más batería y carga más rápida
Desde el punto de vista del usuario, toda esta teoría de cambio de fase y chasis Unibody tiene consecuencias muy claras: el iPhone 17 Pro se calienta menos y se siente más cómodo en la mano cuando se le exige. En usos que tradicionalmente disparaban la temperatura de los iPhone —juegos 3D, grabación de vídeo prolongada, realidad aumentada o carga rápida—, el nuevo sistema consigue mantener temperaturas más contenidas.
Al reducir los picos de calor, la cámara de vapor también ayuda indirectamente a mejorar la autonomía. Las baterías de litio sufren y se degradan más rápido cuando trabajan a alta temperatura. Si el terminal distribuye mejor el calor y evita que la batería esté constantemente al rojo vivo, su rendimiento se conserva mejor con el tiempo y los ciclos de carga son más saludables.
Otro efecto interesante es que una mejor gestión térmica puede permitir que el teléfono acepte potencias de carga algo más altas de forma sostenida sin tener que cortar la velocidad por seguridad. Menos calor en el interior significa más margen para que el sistema gestione la energía sin necesidad de frenar continuamente.
Todo esto se nota especialmente en verano o en entornos muy calurosos, donde muchos usuarios de generaciones anteriores se quejaban de que el móvil “se asaba” con tareas relativamente normales. Con la cámara de vapor, el iPhone 17 Pro está diseñado para mantener un comportamiento mucho más estable cuando la temperatura ambiente no ayuda, algo que se agradece cuando estás al sol grabando vídeo o jugando.
Y lo mejor de todo es que esta refrigeración no exige al usuario activar ningún modo especial ni toquetear ajustes: la cámara de vapor funciona de forma automática, continua y silenciosa, sin menús ocultos ni opciones complejas. Tú usas el móvil como siempre y el sistema térmico hace su trabajo por debajo sin que tengas que enterarte.
Comparativa con generaciones anteriores y otros sistemas
Quienes han probado modelos como el iPhone 14 o iPhone 15 saben que, bajo determinadas condiciones, se calentaban con bastante rapidez. Algunos usuarios incluso recurrieron a cámaras termográficas para medir la temperatura de la superficie y se encontraron con valores más altos de lo que esperaban en tareas del día a día, no solo en pruebas extremas.
Hasta ahora, Apple confiaba sobre todo en capas de grafito y placas metálicas tradicionales para mover el calor. Funcionaban relativamente bien para el uso medio, pero iban justas cuando se combinaban chips muy potentes, diseños ultrafinos y cargas de trabajo cada vez más intensas. De ahí que, en ciertas condiciones, el sistema no tuviera mucho margen antes de recurrir al throttling.
En el mundo Android, sobre todo en móviles enfocados al gaming, las cámaras de vapor y los tubos de calor llevan ya años siendo habituales. Marcas como Samsung o Google ya habían implementado soluciones avanzadas en modelos de gama alta para mantener su rendimiento. Con el iPhone 17 Pro, Apple se suma a este estándar térmico y lo integra a su manera, muy ligada al diseño y al ecosistema del dispositivo.
La gran diferencia es que, en el caso de Apple, todo el diseño del iPhone 17 Pro está claramente orientado desde dentro hacia fuera. El chasis Unibody, la disposición interna de la batería, el módulo de cámaras, la placa lógica y la propia cámara de vapor forman parte de una arquitectura pensada para poner el rendimiento sostenido en primer plano, aunque eso haya supuesto tomar decisiones algo controvertidas en otros aspectos, como la reparabilidad.
Aunque el usuario medio no va a ver nunca la cámara de vapor en persona, sí va a notar efectos prácticos: menos calentones, menos caídas de FPS en juegos, menos avisos de que el teléfono está demasiado caliente y un comportamiento más predecible cuando se le pide mucho durante largo tiempo. Es ahí donde realmente se ve la diferencia respecto a generaciones previas.
Reparabilidad y cambios internos asociados a la cámara de vapor
La introducción de este nuevo sistema térmico no ha venido gratis en términos de diseño interno. Según desmontajes detallados, el iPhone 17 Pro es un dispositivo que se ha construido “de dentro hacia fuera”, priorizando la distribución de componentes y la refrigeración frente a la facilidad de reparación en algunos apartados.
Por un lado, hay buenas noticias: la batería ya no va pegada directamente al chasis, sino que descansa sobre una bandeja metálica independiente sujeta con varios tornillos. Esto, en teoría, puede hacer que el reemplazo de la batería sea más sencillo y seguro, ya que se reducirá el riesgo de perforarla al intentar despegarla del cuerpo del teléfono.
Sin embargo, para acceder a esa bandeja de la batería y a la gran mayoría de componentes importantes, ahora es obligatorio retirar la pantalla en primer lugar. Apple ha abandonado el diseño de “doble acceso” que permitía abrir el iPhone también por la parte trasera, algo que en modelos anteriores hacía más seguro manipular el interior sin tocar el panel, que es uno de los elementos más delicados y caros.
Esto implica que tareas frecuentes, como un cambio de batería, vuelven a ser operaciones de cierto riesgo para la pantalla. Además, otros componentes como el puerto USB-C también se han vuelto más laboriosos de sustituir, requiriendo retirar una gran cantidad de tornillos y piezas intermedias, lo que encarece y alarga las reparaciones.
En términos de puntuación, análisis especializados le han dado al iPhone 17 Pro una nota intermedia en reparabilidad, alrededor de 7 sobre 10, una especie de término medio con luces y sombras. La estructura interna es más coherente térmicamente, pero a costa de complicar un poco el trabajo a los técnicos en determinadas intervenciones.
En resumen, el mensaje que deja el interior del iPhone 17 Pro es que Apple ha priorizado claramente el rendimiento y la gestión térmica sobre la modularidad y el acceso sencillo a todos los componentes. El foco este año era acabar con las quejas de calentamiento y throttling, y la cámara de vapor es la pieza que vertebra esa apuesta.
Con todo este rediseño interno, la adopción de un chasis de aluminio Unibody y la integración de una cámara de vapor soldada al cuerpo, el iPhone 17 Pro se posiciona como un dispositivo donde potencia y control de temperatura van de la mano. Menos calentones, más estabilidad en juegos y tareas pesadas, una batería que sufre menos por exceso de calor y un diseño que sigue siendo delgado y premium a pesar de la complejidad interna. Para quienes exprimen el móvil al máximo, este cambio de filosofía térmica se nota en el día a día mucho más de lo que pueda parecer leyendo solo la ficha técnica.