AMD y NVIDIA ante la escasez de RAM: IA, precios y GPUs en el alambre

Última actualización: enero 7, 2026
Autor: Isaac
  • La expansión de la IA y los centros de datos ha disparado la demanda de DRAM y VRAM, provocando una crisis de memoria global.
  • Samsung, SK hynix y Micron priorizan el mercado profesional, dejando menos stock y precios más altos para el usuario doméstico.
  • AMD y NVIDIA estudian recortes de producción y reutilización de hardware antiguo para afrontar la falta de VRAM y el encarecimiento de la memoria.
  • La tensión se extiende a SSD y HDD, y las previsiones apuntan a varios años de mercado inestable y componentes más caros.

Tarjetas gráficas AMD y NVIDIA y escasez de memoria

La tormenta perfecta en el mercado de la memoria lleva meses gestándose y ya la estamos sufriendo en forma de precios disparados, falta de stock y decisiones bastante agresivas por parte de la industria. Lo que parecía otra subida puntual se ha convertido en una crisis de DRAM, VRAM y almacenamiento que está golpeando tanto a los usuarios de a pie como a fabricantes de consolas, montadores de PC y gigantes de la nube.

En medio de este panorama, AMD y NVIDIA se han visto obligadas a mirar hacia atrás, a hardware de generaciones anteriores y a recortes de producción, para intentar capear la escasez de memoria. A esto se suma que la inteligencia artificial generativa y los enormes centros de datos que la sostienen están devorando recursos a un ritmo que el mercado no es capaz de seguir. Vamos a desgranar, paso a paso, cómo hemos llegado hasta aquí, qué está pasando con las gráficas actuales y futuras, y qué podemos esperar en los próximos años.

Cómo la IA ha disparado el precio de la DRAM y la VRAM

El auge de la inteligencia artificial generativa y los macrocentros de datos ha sido el detonante principal de esta crisis. La demanda de memoria DRAM de alto rendimiento se ha disparado porque los modelos de IA, tanto para entrenamiento como para inferencia, necesitan cantidades brutales de RAM y VRAM para funcionar con soltura.

Hablamos de proyectos impulsados por OpenAI, Meta, Google y otras grandes tecnológicas que firman acuerdos por valor de miles de millones de dólares para desplegar infraestructuras capaces de atender millones de peticiones diarias. Para conseguirlo, los centros de datos se llenan de servidores cargados hasta arriba de DRAM y de GPUs con enormes cantidades de VRAM, especialmente con memorias del tipo HBM y DDR5 de muy alta velocidad.

Esta vorágine ha llevado a que los tres grandes fabricantes de DRAM (Samsung, SK hynix y Micron) suban los precios de manera muy agresiva. Según un insider citado en medios asiáticos y recogido por prensa especializada, estos fabricantes han incrementado tanto las tarifas que incluso empresas como AMD y NVIDIA, que suelen negociar grandes volúmenes, están empezando a notar el golpe.

De hecho, se asegura que las NVIDIA GeForce RTX serie 50 y las AMD Radeon RX serie 90 verán incrementos de precio significativos en cuanto terminen los acuerdos actuales de suministro de memoria. Hasta ahora se han librado gracias a contratos previos, pero a partir de 2026 se espera un impacto directo en el coste final de las tarjetas gráficas.

El insider apunta que, cuando llegue el momento de renovar los contratos de compra de chips de memoria, tanto AMD como NVIDIA trasladarán el aumento de costes al consumidor final. En el caso de AMD, el golpe podría notarse antes, porque su nuevo año fiscal arranca el 1 de enero de 2026, mientras que NVIDIA podría retrasar los cambios hasta febrero, momento en el que acaba su cuarto trimestre del año fiscal 2025.

La escalada de precios de la RAM en el mercado doméstico

ddr ram

Mientras los grandes centros de datos acaparan recursos, el usuario doméstico se está encontrando con subidas de precios difícilmente justificables en su día a día. Un ejemplo clarísimo se ve en kits muy populares como la Corsair Vengeance RGB DDR5 de 32 GB a 6000 MHz, donde la evolución del precio en pocas semanas ha sido una auténtica locura.

El 8 de octubre, este pack se podía comprar en Amazon por unos 134,95 euros. Un día después, dejó de venderlo directamente Amazon y pasó a manos de un vendedor externo alrededor de los 161 euros, algo que en principio podía parecer un simple reajuste de stock o una preferencia por otro lote.

En cuestión de dos semanas se desata la histeria: el 29 de octubre de 2025, Amazon vuelve a poner el pack en stock a 201,54 euros, para agotarse de nuevo al poco tiempo. Los vendedores externos empiezan a marcar precios por encima de los 200 euros, aprovechando la falta de unidades y el ruido en torno a la escasez de memoria.

La cosa no se quedó ahí. El 8 de noviembre, cuando Amazon hace un nuevo restock, el precio sube a unos 294 euros por los mismos 32 GB. En paralelo, los vendedores externos se desmadran y sitúan el kit en torno a los 529 euros, con oscilaciones posteriores entre los 500 y 650 euros hacia finales de diciembre.

Todo esto supone que un kit que costaba poco más de 130 euros pasó a rondar los 500-600 euros en un margen muy corto de tiempo. Para la mayoría de usuarios, estas cifras no tienen sentido, pero reflejan muy bien la tensión brutal que se vive en la cadena de suministro de DRAM.

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Cronología de una crisis que muchos no vieron venir

Lo más llamativo de esta situación es que, a primeros de septiembre aparentemente todo iba sobre ruedas. Las marcas lanzaban productos nuevos, como la memoria LPCAMM2 de Crucial para portátiles, y el mercado de consumo no daba signos claros de inestabilidad más allá de pequeños ajustes de precio.

Sin embargo, mientras los usuarios estaban tranquilos, en paralelo se cerraban constantemente acuerdos millonarios entre AMD, NVIDIA y compañías de IA, con contratos gigantescos para suministrar GPUs y memorias destinadas a centros de datos. La semilla del problema ya estaba plantada, pero todavía no se percibía en las tiendas.

A mediados de octubre de 2025, las primeras pistas llegan en forma de subidas muy bruscas de precio en las memorias RAM que venden las tiendas especializadas. Pese a ello, los medios tardan unas semanas en hacerse eco del fenómeno, y no es hasta principios de noviembre cuando empiezan a publicarse noticias específicas sobre el encarecimiento de la DDR5.

El 5 de noviembre se empieza a hablar abiertamente de que el precio de la DDR5 prácticamente se ha duplicado en muy poco tiempo, e incluso algunos analistas señalan directamente a la IA generativa como causa principal: al haber menos inventario destinado a plataformas domésticas, los precios suben por pura escasez.

A partir de ese momento, la escalada se acelera y las consecuencias comienzan a ser visibles: productos sin stock, intervalos cada vez más largos entre reposiciones y un goteo constante de subidas que afecta tanto a DRAM como a otros componentes estrechamente relacionados.

Por qué la IA necesita tanta memoria: del servidor al chip HBM

Se tiende a simplificar diciendo que “es por la IA”, pero la realidad es que el consumo de memoria en los entornos de inteligencia artificial se ha disparado como nunca antes. No hablamos solo de ChatGPT o generadores de imágenes, sino de una multitud de aplicaciones empresariales, industriales y científicas.

La IA se utiliza en Big Data, sanidad, automatización industrial, análisis financiero, logística avanzada y un largo etcétera de campos. Cada uno de esos casos de uso implica centros de datos cargados con servidores que, a su vez, necesitan grandes cantidades de DRAM para poder manejar enormes volúmenes de información simultáneamente.

Un servidor de IA se podría comparar con un cerebro alimentado por memoria RAM: necesita almacenar temporalmente los datos del modelo, los parámetros entrenados y las solicitudes de los usuarios, todo a una velocidad de acceso altísima. Por eso no basta con montar “muchos gigas”: es imprescindible contar con frecuencias muy elevadas y latencias ajustadas.

Si nos fijamos en el entrenamiento de modelos mediante Deep Learning, la cantidad de cálculos implicados es descomunal. Se realizan operaciones matriciales y tensoriales muy complejas de forma paralela, muchas de ellas apoyadas en GPUs, y todo ello exige una cantidad de memoria DRAM y VRAM que crece a la vez que la escala de los modelos.

Para afrontar estas necesidades, los centros de datos recurren a módulos DRAM de tipo RDIMM, MRDIMM o LRDIMM, especialmente diseñados para servidores y workstations por su estabilidad y fiabilidad. Destacan los MRDIMM y LRDIMM, que permiten aumentar la densidad de memoria, reducir la carga eléctrica y mejorar la señalización para alcanzar anchos de banda muy superiores a los de la DDR5 convencional.

Se habla de módulos que pueden alcanzar frecuencias efectivas de hasta 17.600 MHz, lo que da una idea del nivel de exigencia que maneja la industria de la IA. En paralelo, los módulos SODIMM, típicos de portátiles, siguen teniendo su hueco en microcentros, IoT y nodos de servidor compactos donde se prioriza el ahorro de espacio frente a la máxima potencia.

El papel de Asia y el oligopolio de la RAM

Otro factor que está reforzando la crisis es el papel creciente de Asia en el mercado de centros de datos, incluidas las nuevas soluciones para enfriar datacenters. Países como China, Japón, India, Corea del Sur y Taiwán están invirtiendo cantidades enormes en infraestructura de IA y almacenamiento, lo que incrementa aún más la demanda de DRAM en la región.

Según datos de consultoras especializadas, el mercado asiático de DRAM rondaba los 49,78 mil millones de dólares en 2023 y habría crecido por encima de los 52 mil millones en 2024, con previsiones de expansión constante al menos hasta 2032. Esto implica que no solo Estados Unidos compite por la memoria más avanzada; Asia también está pujando muy fuerte.

En paralelo, hay un detalle clave: la producción de DRAM de gama alta está en manos de solo tres grandes compañías: Samsung, SK hynix y Micron. Es un oligopolio de libro, con un pequeño grupo de actores que copan prácticamente toda la oferta y que deciden, en la práctica, hacia dónde va la producción.

Cuando el mercado está estable, esta estructura no genera grandes sobresaltos, pero en cuanto llega un aumento de demanda tan brutal como el de la IA, la situación se complica. Los fabricantes se ven obligados a priorizar a los clientes que más margen dejan, y eso suele significar derivar la producción hacia el sector profesional y empresarial, dejando al doméstico con las sobras.

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En la práctica, esto significa que estos tres gigantes, por muy grandes que sean, no pueden satisfacer al mismo tiempo la demanda de servidores y la del usuario de PC. Tienen que elegir, y han elegido: el dinero está en las plataformas de IA y en los datacenters, así que la memoria DDR5 y LPDDR más avanzada se concentra allí, reduciendo el stock disponible para los fabricantes de placas base, portátiles y PCs de sobremesa convencionales.

GPUs, VRAM y la decisión de mirar a hardware antiguo

La crisis de la DRAM tiene un efecto colateral importante en las tarjetas gráficas, porque Samsung, Micron y SK hynix también fabrican la mayor parte de la VRAM que utilizan AMD y NVIDIA. La memoria de vídeo, ya sea GDDR o HBM, es clave tanto para el gaming como para aplicaciones profesionales de cálculo e IA.

En el ámbito de la inteligencia artificial, las GPUs de gama profesional con enormes cantidades de HBM se han convertido en el componente estrella. Hablamos de gráficas con 192 GB de VRAM o incluso más, y de sistemas completos como los NVIDIA DGX, que pueden sumar más de 1000 GB de memoria de vídeo dedicados exclusivamente a IA.

La producción de estas memorias HBM es muy compleja, ya que se fabrican con chips apilados en vertical y procesos extremadamente delicados. Paradójicamente, es más sencillo producir módulos DDR5 convencionales que HBM de última generación, pero el cuello de botella de pedidos hace que todo el sistema se vea comprometido.

A todo esto se suma un rumor bastante sonado: algunas fuentes asiáticas con buena reputación apuntan a que NVIDIA habría reducido hasta un 40 % la producción prevista de las RTX 50, lo que disminuiría la oferta mientras la demanda se mantiene, empujando los precios hacia arriba. Paralelamente, también se habla de una posible cancelación de las supuestas RTX 50 Super que iban a llegar este año.

En el caso de AMD, se especula con que podrían seguir un camino parecido, recortando la producción de sus GPUs más económicas para concentrar los recursos de VRAM en modelos de gama alta o en productos profesionales. Algunos rumores van más allá y sugieren que tanto AMD como NVIDIA podrían dejar de fabricar temporalmente las gráficas más baratas dentro de sus nuevas generaciones.

Eso significaría poner en pausa modelos como las GeForce RTX 5070 e inferiores, y las Radeon RX 9060 XT e inferiores, precisamente las tarjetas más vendidas en el mercado de consumo. Sobre el papel podría parecer lógico priorizar productos con más margen de beneficio, pero en la práctica supondría renunciar a un volumen de ventas enorme y dejar huecos muy grandes en los catálogos.

La mayoría de analistas coinciden en que un recorte tan drástico sería, como mucho, una medida temporal para capear la escasez de GDDR7 y HBM. En cuanto el suministro se estabilice, lo normal sería que la producción de estas gamas se retomara para no perder cuota de mercado frente a la competencia, todavía más si los usuarios empiezan a alargar la vida útil de sus viejas gráficas.

El siguiente efecto dominó: SSD y discos duros en el punto de mira

La presión de la IA y los centros de datos no se queda en la memoria RAM y la VRAM; también está golpeando con fuerza al almacenamiento, tanto SSD como HDD. Los fabricantes de memorias flash NAND están recibiendo pedidos masivos para servidores, y muchos de ellos no dan abasto.

Entre los principales actores del mercado de SSD encontramos a Samsung, SK hynix (junto a Solidigm), Micron y Western Digital. China está moviendo ficha para entrar con más fuerza en este sector, pero de momento el peso principal recae en esos gigantes, que se están viendo saturados por la avalancha de encargos para datacenters.

Una parte del problema es que los SSD utilizados en servidores no siempre son tan distintos a los modelos domésticos. Aunque existan líneas específicas para uso profesional, muchas empresas prefieren soluciones similares a las que se comercializan para el usuario final, lo que hace que la escasez se contagie de un segmento a otro.

Cuando faltan SSD, la opción lógica para muchos proyectos es tirar de HDD de alta capacidad. Por mucho que se haya repetido la idea de que los discos duros mecánicos estaban en vías de extinción, la realidad es que siguen siendo imprescindibles cuando hacen falta petabytes de almacenamiento a buen precio.

En el terreno de los HDD encontramos a fabricantes como Seagate, Western Digital, HP, Sony y Toshiba. Aunque hay más actores que en el mercado de DRAM, el ritmo de pedidos hacia grandes centros de datos también está superando su capacidad de respuesta, lo que provoca falta de stock y subidas progresivas de precio en modelos domésticos.

Algunas compañías, como Seagate, están priorizando el desarrollo y la producción de HDD con tecnología HAMR y capacidades de hasta 55 TB, orientados a entornos profesionales, por encima de gamas más conocidas en escritorio como BarraCuda o IronWolf. De nuevo, el usuario de PC se ve relegado a un segundo plano porque la demanda corporativa es mucho más rentable.

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Voces de la industria: previsiones y movimiento de las grandes marcas

Ante este panorama, varias decisiones y declaraciones de empresas clave sirven como termómetro del grado de gravedad de la crisis de memoria. Una de las más llamativas ha sido el movimiento de Micron, que ha decidido “matar” su marca Crucial destinada principalmente al mercado doméstico.

La lectura que hace gran parte del sector es clara: Micron ha preferido centrarse en el segmento profesional, donde los márgenes son más altos y la demanda de memoria para servidores y centros de datos está disparada. Dado que la capacidad de producción es limitada, sacrificar parte del negocio doméstico parece, desde su punto de vista, una decisión pragmática.

Por otro lado, SK hynix ha puesto fecha aproximada al final de la escasez. Sus pronósticos hablan de suministro limitado de DRAM hasta 2028, lo que implica una crisis prolongada de varios años, con altibajos pero sin volver a la normalidad en el corto plazo. Es una visión bastante pesimista que contrasta con otros actores del mercado.

Desde el lado del montaje de PCs, algunos directivos como el CEO de MAINGEAR han mandado mensajes muy directos: aconsejan no esperar demasiado para actualizar el PC si se encuentra una buena oportunidad, precisamente porque los precios podrían seguir tensos durante bastante tiempo.

En cambio, Edward Crisler, Director de RRPP de Sapphire (uno de los grandes socios de AMD en el mercado de GPUs), cree que la situación se podría estabilizar en un plazo de 6 a 8 meses y anima a no entrar en compras por pánico. Sus declaraciones van en la línea de confiar en que el mercado se reajuste antes de que la crisis se prolongue tanto como auguran algunos fabricantes de memoria.

También han llegado mensajes contundentes desde compañías como Teamgroup, cuyo CEO, Chen Quinwen, ha hablado abiertamente de una “escasez de suministro sin precedentes” impulsada por las plataformas de servidores de IA. A esto se suma que la demanda de almacenamiento en los centros de datos sigue creciendo y los fabricantes no han incrementado su capacidad de producción al mismo ritmo.

Cómo afecta todo esto a AMD, NVIDIA y al bolsillo del usuario

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Volviendo al terreno de las tarjetas gráficas, la combinación de escasez de VRAM, contratos caros de DRAM y prioridad absoluta al sector profesional deja a AMD y NVIDIA ante decisiones incómodas. De ahí que hayan empezado a valorar palancas como reutilizar hardware de generaciones pasadas o reducir líneas de producto.

Por un lado, esto se traduce en subidas de precio para las gamas nuevas, sobre todo en las RTX serie 50 y las Radeon RX serie 90, que se verán impactadas cuando los contratos de memoria se renegocien al alza. Por otro, se plantean recortes de producción o incluso cancelaciones de modelos intermedios (como las hipotéticas RTX 50 Super) para no dispersar la memoria GDDR7 disponible.

Al mismo tiempo, hay un interés creciente en exprimir GPUs de generaciones anteriores que aún tienen buen rendimiento y pueden aprovechar memorias ya fabricadas o stocks existentes. Esto encaja con la idea de “mirar al hardware de anteriores generaciones”, utilizar silicios ya amortizados y combinarlo con configuraciones de memoria más conservadoras para mantener cierta oferta en el rango medio.

Para el usuario final, la consecuencia directa es sencilla: menos opciones equilibradas y más presión para subir de presupuesto. Si las gamas medias se encarecen o se recortan, muchos jugadores y creadores de contenido se verán obligados a elegir entre modelos más caros o mantener su hardware actual durante más tiempo.

De cara a los próximos meses, buena parte de los expertos coinciden en que viviremos un periodo algo turbulento, con oscilaciones de stock y movimientos estratégicos constantes por parte de AMD y NVIDIA. Los fabricantes de memoria, por su parte, no parecen especialmente alarmados: la escasez eleva los precios y, aunque no produzcan más, sus ingresos por unidad vendida aumentan de forma notable.

En este escenario, muchos recomiendan seguir de cerca la evolución de los precios, usar herramientas de seguimiento como extensiones tipo Keepa para comprobar el historial, evitar compras compulsivas por miedo a “quedarse sin” y, si finalmente se decide comprar, grabar la apertura de los paquetes para protegerse de posibles estafas y errores de envío.

Si algo deja claro esta crisis es que la burbuja de la IA está condicionando toda la cadena de hardware, desde la memoria RAM y la VRAM hasta los SSD y los HDD. Las previsiones más pesimistas hablan de tensiones hasta 2027 o 2028, mientras que otros actores confían en una normalización parcial hacia finales de 2026. Nadie tiene la bola de cristal, pero todo apunta a que los próximos años estarán marcados por una oferta de DRAM doméstica inestable, decisiones arriesgadas por parte de AMD y NVIDIA, y un consumidor que tendrá que hilar muy fino para no pagar de más ni dejarse arrastrar por el pánico.

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