Ingeniería detrás de los móviles con pantallas plegables

Última actualización: enero 7, 2026
Autor: Isaac
  • La combinación de paneles OLED flexibles, bisagras avanzadas y aleaciones especiales permite que los móviles plegables se doblen miles de veces sin perder funcionalidad.
  • La ingeniería mecánica y de materiales se apoya en adhesivos impermeables, fibras de nailon y estructuras selladas para ofrecer resistencia al agua y una durabilidad certificada.
  • Los plegables redefinen la experiencia de uso con pantallas grandes en formatos compactos, potentes funciones multitarea, integración de IA y modos tipo tablet o mini portátil.
  • El mercado de dispositivos plegables crece con rapidez y empuja nuevas formas como portátiles y tablets plegables, abaratando costes y extendiendo esta tecnología a más usuarios.

smartphone con pantalla plegable

Los móviles plegables han pasado de ser un experimento caro a convertirse en uno de los campos más punteros de la ingeniería electrónica y mecánica. Detrás de cada bisagra, de cada panel flexible y de cada capa que no vemos, hay años de pruebas, materiales nuevos y mucha física aplicada para que el móvil se doble miles de veces sin romperse.

Hoy ya no se trata solo de tener un teléfono más fino o más potente: el reto es concentrar miniaturización extrema, potencia de cómputo, IA y conectividad 5G en un dispositivo que se abre como un libro o una concha, aguanta golpes, agua y doblados constantes, y aun así mantiene una buena refrigeración interna. Vamos a destripar, con calma pero al detalle, la ingeniería que hace posible todo esto.

De la idea al bolsillo: evolución de las pantallas plegables

Las primeras investigaciones serias en pantallas flexibles arrancaron en laboratorios en los años 70, muy lejos de los móviles que llevamos ahora en el bolsillo. Aquellos prototipos eran frágiles, carísimos y con una calidad de imagen muy limitada, pero permitieron entender qué materiales podían curvarse sin quebrarse.

Durante las primeras décadas, la barrera principal era combinar flexibilidad con durabilidad y buena calidad de color. No bastaba con doblar un plástico con píxeles: hacía falta que soportara miles de pliegues, golpes, cambios de temperatura y el desgaste del uso diario.

El salto llegó cuando la industria comenzó a madurar los paneles OLED orgánicos y los sustratos flexibles. A partir de ahí, los fabricantes empezaron a mostrar conceptos comerciales y, poco a poco, a lanzar los primeros móviles y prototipos de tablets y portátiles plegables. Eran gruesos, con pliegues muy marcados y precios de infarto, pero ya demostraban que la tecnología funcionaba.

Hoy los paneles son más finos, las bisagras más compactas y la producción se ha abaratado lo suficiente como para que marcas como Samsung, Huawei, Motorola, Oppo o Google ofrezcan familias completas de plegables con formatos tipo libro y tipo concha, pensados tanto para trabajo como para ocio.

Cómo está construida una pantalla plegable

detalle técnico de pantalla plegable

Una pantalla plegable no es solo un cristal que se dobla; es un sándwich de capas ultra delgadas con funciones muy concretas, diseñado para que el conjunto se deforme sin romperse ni perder calidad de imagen.

En el corazón del módulo se encuentra el panel OLED flexible, formado por diodos orgánicos emisores de luz. A diferencia de las pantallas LCD, que necesitan retroiluminación, cada píxel OLED emite su propia luz, lo que permite una estructura mucho más fina y adaptable a curvas cerradas.

Sobre y bajo ese panel se apilan distintas capas con cometidos específicos: sustratos plásticos flexibles, capas metálicas ultrafinas, sensores táctiles y recubrimientos protectores. Todo ello se lamina con adhesivos especiales que reparten las tensiones cuando el móvil se pliega.

La capa superior más externa suele sustituir al cristal tradicional por un polímero flexible o un vidrio ultrafino tratado para doblarse sin partirse. Esta cubierta debe resistir arañazos, presión con el dedo, toques del S Pen (en algunos modelos) y, a la vez, aceptar millones de pequeñas deformaciones.

Bajo la superficie, la capa táctil se fabrica con materiales conductores que mantienen la sensibilidad incluso cuando se flexionan una y otra vez. No es trivial: las pistas tienen que soportar ciclos de fatiga enormes sin partirse ni perder precisión.

La clave está en que todas estas capas, con funciones muy diferentes, trabajen como un bloque homogéneo al doblarse. La ingeniería de materiales aquí es finísima: hay que ajustar espesores, elasticidad, dureza y adhesión para que ninguna capa se convierta en el punto débil del conjunto.

OLED flexible y diferencias con una pantalla tradicional

La tecnología OLED es la base de que los móviles plegables existan. Al prescindir de la retroiluminación y usar píxeles autoemisivos, el panel puede ser extremadamente fino y maleable. Eso, además, trae ventajas directas en consumo y calidad de imagen.

En un OLED plegable, cada subpíxel rojo, verde y azul se deposita sobre un sustrato flexible (normalmente poliimida) que soporta tensiones mecánicas muy elevadas. Los materiales orgánicos y las capas de encapsulado se optimizan para evitar grietas, fugas de humedad y degradación prematura.

Frente a una pantalla LCD convencional, las diferencias clave son claras: flexibilidad, grosor, peso y eficiencia energética. Un módulo OLED plegable puede ser notablemente más delgado, reduciendo el grosor total del dispositivo incluso contando con la bisagra.

Además, los negros son mucho más profundos porque el píxel se apaga por completo cuando muestra negro, y el rango de contraste es muy superior. Eso se nota tanto en vídeo como en lectura o videojuegos, donde los plegables ofrecen experiencias muy cercanas a la de una tablet.

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Esta combinación de flexibilidad y rendimiento ha animado a marcas como Huawei a lanzar modelos como la familia Mate X, a Google con su Pixel Fold y a otros fabricantes chinos con propuestas cada vez más agresivas en precio y prestaciones. Al final, la pantalla plegable se ha convertido en el elemento estrella y en el principal argumento comercial.

La bisagra: el componente mecánico más complejo del móvil plegable

Si la pantalla flexible es el alma, la bisagra es el esqueleto del plegable. Diseñar una articulación capaz de aguantar más de 200 000 aperturas sin holguras ni crujidos es una pequeña proeza de ingeniería.

Fabricantes como Samsung han desarrollado sistemas como la Armor FlexHinge de tercera generación, presente en la serie Galaxy Z Fold de última hornada. Esta bisagra se ha ido afinando con cada generación: más fina, más ligera y con menos piezas susceptibles de fallo, al tiempo que mejora el recorrido y reduce el pliegue visible en la pantalla.

Un detalle clave es el diseño de bisagra en forma de lágrima, que permite que la pantalla se curve con un radio más amplio en el interior. De este modo, el panel no se dobla en un ángulo extremadamente cerrado, lo que reduce el estrés en la zona central y minimiza el surco visible.

Toda la estructura de la bisagra y el marco suele estar fabricada en aleaciones de alta resistencia, como el Armor Aluminum que Samsung introdujo en sus Galaxy Z Fold3 y Flip3. Este aluminio especial, patentado, mejora en torno a un 10 % la rigidez y la resistencia frente a aleaciones 7000 habituales en gama alta.

Gracias a esos materiales más resistentes, los ingenieros pueden adelgazar marcos y estructura interna sin sacrificar integridad. Al ser más rígidos, absorben mejor los impactos y reparten las fuerzas, descargando de tensiones a elementos delicados como el panel OLED, el vidrio exterior o la electrónica interna.

Otro elemento crítico es la placa de circuito impreso flexible (FPCB) que atraviesa la bisagra. Esta placa se encarga de llevar señales y alimentación de una mitad del teléfono a la otra, soportando a diario flexiones continuas. Su diseño debe equilibrar flexibilidad y robustez, con pistas que no se fisuren con el uso.

Materiales avanzados y resistencia estructural

La carrera de los plegables no se libra solo en la parte visible. Por dentro, los fabricantes han tenido que reinventar la forma de reforzar el chasis de un móvil para que resista golpes, torsiones y presión al plegarlo.

El Armor Aluminum es un buen ejemplo de este enfoque. Al mejorar la rigidez de la estructura interna y de los marcos, se consigue que el teléfono absorba mejor la energía en una caída y que flexione menos ante presiones puntuales. Eso también protege indirectamente a la pantalla y a los componentes internos.

En generaciones más recientes, se han incorporado refuerzos de titanio de grado aeroespacial en la zona de la bisagra, materiales amorfos de tipo metal líquido y combinaciones de aleaciones que soportan mejor la fatiga. Algunas soluciones llegan a superar en resistencia específica incluso al titanio tradicional.

En la parte exterior, cristal como Gorilla Glass Victus 2 protege las zonas rígidas, mientras que en la zona plegable se emplea vidrio ultrafino combinado con recubrimientos plásticos para lograr un equilibrio entre resistencia a arañazos y flexibilidad.

Todos estos materiales permiten que terminales como los Galaxy Z Fold de última generación sean más finos y ligeros que los primeros plegables de 2019, a pesar de integrar baterías mayores, más cámaras y sistemas de refrigeración más complejos.

Sellado, agua y polvo: cómo se protege un plegable

Conseguir resistencia al agua en un smartphone ya es complicado; en un plegable, la dificultad se dispara. Cualquier junta mal sellada o hueco en la bisagra puede convertirse en una vía de entrada directa al corazón del dispositivo.

Los ingenieros empiezan identificando todos los puntos de posible infiltración: uniones entre pantalla y marcos, botones, conectores, altavoces y, por supuesto, la bisagra. Cada uno necesita un tratamiento distinto con juntas, selladores y adhesivos específicos.

Un elemento protagonista es una cinta adhesiva flexible e impermeable que recubre y protege componentes particularmente sensibles, como áreas de la matriz AMOLED. Esta cinta debe mantener una adhesión altísima incluso si entra agua, sin desplazarse ni despegarse con el tiempo.

En la bisagra, además de juntas y lubricantes resistentes al agua, se ha recurrido a soluciones tan ingeniosas como insertar microcepillos de fibra de nailon que actúan como escobillas. Estas fibras, elásticas y muy resistentes, ayudan a frenar la entrada de gotas y partículas a través de huecos inevitables.

Tras descartar fibras de carbono (por su degradación con deformaciones repetidas) y fibras de PET (por deformarse con facilidad), la fibra de nailon se impuso como el mejor compromiso entre elasticidad y durabilidad. Esta solución aparentemente simple es el resultado de muchas iteraciones y pruebas de estrés.

El resultado es que algunos plegables de referencia ofrecen certificación IPX8: soportan inmersión en agua dulce a 1,5 metros durante 30 minutos. Aun así, el reto pendiente sigue siendo el polvo: sellar completamente una bisagra móvil frente a partículas sólidas es mucho más complejo que evitar el paso de agua.

Resistencia a los pliegues y durabilidad real

Uno de los grandes miedos del usuario es cuánto va a durar el mecanismo de plegado antes de empezar a fallar. Por eso, los fabricantes someten a sus móviles a ciclos de apertura y cierre masivos en laboratorio.

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En el caso de los Galaxy Z Fold3 y Flip3, Samsung afirma que la combinación de panel AMOLED flexible y bisagra está preparada para soportar más de 200 000 aperturas manteniendo la integridad funcional; estos ensayos se comparan con estándares como MIL‑810H. Traducido a uso real, hablamos de abrir y cerrar el dispositivo unas 100 veces al día durante cinco años.

Estos ensayos incluyen no solo ciclos de plegado, sino también pruebas de temperatura, humedad, vibración y golpes para simular un uso intensivo. El objetivo es detectar puntos de fatiga, holguras en la bisagra, degradación del adhesivo o aparición de artefactos en la pantalla.

Aun así, la durabilidad final depende mucho de cómo trate el usuario al dispositivo: golpes, torsiones en el bolsillo, arena de playa, exposición continua al sol o líquidos. Por muy robusta que sea la ingeniería, un plegable sigue siendo un producto sofisticado que conviene cuidar.

Inteligencia artificial y potencia: la “cabeza” del plegable

Además de todo el trabajo mecánico y de materiales, los plegables más avanzados se apoyan cada vez más en la IA. Los SoC modernos integran NPUs de nueva generación capaces de ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en el dispositivo, sin irse a la nube.

Esto permite funciones como edición generativa de fotos, asistentes contextuales, traducción en vivo o reconocimiento de gestos en pantalla sin latencias apreciables. Plataformas como Gemini Live y herramientas propietarias de cada fabricante se ejecutan en local, lo que mejora privacidad y reduce el consumo de datos.

La IA también se usa para optimizar la propia experiencia plegable: adaptar la interfaz según la posición de la pantalla, ajustar brillo solo en zonas activas o priorizar aplicaciones en multiventana. Incluso puede aprender qué apps sueles usar abiertas a la vez para proponerte combinaciones de ventanas.

Todo esto se combina con hardware de gama alta (CPU y GPU potentes, RAM abundante y almacenamiento rápido) para que el móvil pueda mover sin problemas varias apps a pantalla dividida, juegos exigentes y procesos de IA en paralelo, algo clave en dispositivos que aspiran a sustituir parcialmente a una tablet o portátil ligero.

Experiencia de usuario: multitarea, formatos y ergonomía

La gracia de un plegable no está solo en que se dobla, sino en cómo cambia la forma de usar el dispositivo cuando pasa de modo “móvil” a modo “tablet”. Aquí el software y la interfaz juegan un papel tan importante como el hardware, y difieren frente a un smartphone de doble pantalla.

En los modelos tipo libro, al abrir el dispositivo se despliega una pantalla cercana a las 7-8 pulgadas, lo que permite trabajar cómodamente con varias aplicaciones en vista multiventana. Puedes ver un vídeo, chatear, revisar el correo y tener una nota abierta sin que todo parezca diminuto.

Los modos de pantalla dividida y las ventanas flotantes se han afinado para que sea sencillo arrastrar y colocar apps, guardar combinaciones de multitarea y alternar de una tarea a otra. Incluso es posible usar hasta tres aplicaciones a la vez en algunos modelos sin que la experiencia se vuelva torpe.

El llamado Modo Flex en varios dispositivos permite apoyar el móvil plegado parcialmente sobre una mesa como si fuera un pequeño portátil. La mitad superior actúa como pantalla y la inferior como superficie de controles, teclado virtual o panel de edición.

En los formatos tipo concha, la clave está en la pantalla exterior: una FlexWindow cada vez más grande permite consultar notificaciones, controlar música, usar widgets o incluso abrir la cámara sin desplegar el móvil. Eso reduce aperturas innecesarias y mejora la comodidad en el día a día.

En ergonomía, los fabricantes cuidan mucho la colocación de botones, el peso y la distribución interna para que el teléfono sea cómodo tanto cerrado como abierto, con una o dos manos. El objetivo es que el usuario no tenga que “pensar” en la mecánica del dispositivo, simplemente usarlo.

Productividad y creatividad: del móvil al mini puesto de trabajo

Uno de los grandes argumentos de los plegables tipo libro es la productividad. Equipos como los Galaxy Z Fold recientes integran compatibilidad con S Pen, modo escritorio (Samsung DeX) y pantallas amplias que permiten trabajar casi como en un portátil pequeño.

Con DeX u opciones equivalentes, el móvil puede conectarse a un monitor externo y ofrecer una interfaz de escritorio con ventanas redimensionables, barra de tareas y soporte para teclado y ratón. El resultado es un mini PC que cabe en el bolsillo, ideal para tareas de ofimática, navegación intensiva o reuniones.

Para creadores de contenido, la combinación de pantalla grande, cámaras avanzadas y modos Flex permite grabar, revisar y editar vídeo o fotos con bastante comodidad sin necesidad de otro dispositivo. Puedes usar la pantalla principal como visor grande, colocar el móvil a modo trípode improvisado y controlar la captura desde la pantalla externa.

En modelos tipo concha, la posibilidad de usar las cámaras traseras para selfies y videollamadas gracias a la pantalla exterior mejora mucho la calidad frente a las cámaras frontales tradicionales. Además, la bisagra permite ángulos muy versátiles para grabación sin accesorios extra.

Los portátiles plegables, como la HP Spectre Fold, llevan este concepto más allá. Con un panel de 17 pulgadas que puede funcionar como escritorio, tablet o portátil de 12,3-14 pulgadas, se combinan varios modos de uso en un único equipo.

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En modo escritorio, un pie de apoyo y un teclado extraíble permiten trabajar como si fuera un all-in-one. En modo tablet, el grosor se reduce a algo similar al ancho de un lápiz, manteniendo una superficie táctil enorme pero fácil de transportar. Y en modo portátil, el teclado se coloca sobre una parte de la pantalla, dejando incluso una franja adicional como segunda pantalla.

Ventajas prácticas de las pantallas plegables

Más allá del efecto wow, las pantallas plegables aportan ventajas tangibles. La más evidente es la combinación de alta portabilidad con superficies de visualización mucho mayores. Un dispositivo puede ocupar poco espacio en el bolsillo y, al abrirse, ofrecer un panel casi de tablet.

Para multitarea, esa área extra es oro puro. Ver vídeos mientras chateas, estudiar mientras tomas apuntes o revisar documentos a la vez que respondes correos se vuelve mucho más cómodo que en una pantalla clásica de 6,1-6,5 pulgadas.

En entretenimiento, el aumento de diagonal y la calidad de los paneles OLED se traduce en experiencias más inmersivas en series, películas y juegos. El mayor tamaño reduce la fatiga visual y permite leer cómics, libros o artículos largos con menos zoom y desplazamientos.

La innovación en este segmento también está impulsando nuevas interfaces y aplicaciones pensadas específicamente para pantallas que cambian de tamaño y orientación. Hay apps que reorganizan su contenido según el ángulo de plegado, aprovechan la mitad inferior como panel de control o habilitan funciones exclusivas en modo tablet.

Aunque hoy los precios siguen siendo más elevados que los de un smartphone convencional de gama media, la competencia creciente y la mejora de los procesos de fabricación están haciendo bajar poco a poco el coste de entrada a la categoría plegable, sobre todo en formatos tipo concha más asequibles.

Seguridad, conectividad y rendimiento térmico

En paralelo a todo lo anterior, los plegables modernos incorporan plataformas de seguridad avanzadas como Samsung Knox o equivalentes en otras marcas. Estas soluciones trabajan a nivel de hardware y software para proteger datos, aislar procesos críticos y reforzar el cifrado.

En conectividad, prácticamente todos los modelos relevantes apuestan ya por 5G, Wi‑Fi de última generación y sistemas de antenas optimizados para chasis plegables. No es trivial: el diseño interno debe evitar zonas de sombra de señal causadas por la bisagra o por la posición plegada.

El control de temperatura es otro desafío: un plegable concentra muchos componentes de alta disipación (CPU, GPU, memoria, módem 5G) en un espacio que cambia de forma. Los ingenieros deben diseñar láminas térmicas, cámaras de vapor y rutas de disipación que funcionen tanto con el móvil abierto como cerrado.

Todo esto se hace teniendo en cuenta el límite de confort del usuario: el terminal no puede calentarse demasiado en la mano ni en el bolsillo, y al mismo tiempo debe mantener rendimiento estable en juegos, vídeo y tareas de IA intensiva.

Mercado actual y futuro de los dispositivos plegables

En pocos años, los plegables han pasado de ser una rareza a convertirse en una categoría clave en los catálogos de los grandes fabricantes. Samsung domina buena parte del mercado con sus familias Galaxy Z Fold y Z Flip, pero Huawei, Motorola, Oppo, Google y otros competidores han logrado cuotas significativas, especialmente en Asia.

Los analistas estiman crecimientos anuales de dos dígitos altos, con previsiones de que las ventas de plegables sigan disparándose en los próximos años a medida que bajen los precios y mejoren aún más las prestaciones. En algunos mercados, Huawei ya ha llegado a rondar un tercio del segmento plegable.

La batalla competitiva se libra en varios frentes: mejores bisagras y materiales, pantallas con menos pliegue visible, cámaras más potentes, integración de IA y, por supuesto, precio. Las marcas también tiran de marketing, colaboraciones con creadores y ediciones especiales para diferenciarse.

En el horizonte se vislumbran nuevas formas: pantallas enrollables, paneles extensibles que se agrandan como si “salieran” del chasis, o híbridos entre plegables y wearables. También se investiga el uso de materiales como el grafeno y nuevas poliamidas para llevar la flexibilidad y resistencia un paso más allá.

A medida que la fabricación se optimice y las cadenas de suministro se estabilicen, se espera que los modelos de entrada al mundo plegable se sitúen en rangos de precio similares a la gama media alta convencional. Eso abrirá la puerta a una adopción masiva, especialmente si se suma una integración profunda con ecosistemas de realidad aumentada, portátiles y otros dispositivos.

Todo este despliegue de ingeniería —desde la aleación de aluminio de la estructura interna hasta la NPU que ejecuta IA en el borde, pasando por las fibras de nailon que frenan el agua en la bisagra o los paneles OLED que se doblan como si nada— demuestra que los móviles con pantalla plegable son mucho más que un capricho futurista: son el resultado de combinar mecánica de precisión, ciencia de materiales, electrónica avanzada y diseño de experiencias de uso con un objetivo claro, llevar más pantalla y más potencia a nuestro bolsillo sin renunciar a la comodidad.

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