Cómo hacer una reinstalación limpia de los drivers del chipset AMD o Intel

Última actualización: enero 7, 2026
Autor: Isaac
  • Una reinstalación limpia de los drivers del chipset AMD o Intel ayuda a evitar conflictos, fallos extraños y pérdidas de rendimiento acumuladas con el tiempo.
  • Desinstalar correctamente los controladores antiguos, controlar Windows Update y usar herramientas específicas como DDU en el caso de AMD mejora la estabilidad.
  • Formatear e instalar Windows desde cero es la opción más segura cuando se cambia de plataforma o se arrastran muchos años de cambios de hardware y drivers.
  • Mantener drivers actualizados y limpios, tanto de chipset como de GPU, garantiza un funcionamiento más predecible y un mejor aprovechamiento del hardware.

Guía para reinstalar drivers del chipset AMD o Intel

Si tienes un PC con procesador AMD o Intel y llevas tiempo sin tocar los controladores de la placa base, seguro que te has planteado alguna vez si es mejor actualizar encima o hacer una reinstalación limpia de los drivers del chipset. Es una duda muy común: descargas el nuevo paquete desde la web del fabricante, lo ejecutas y te preguntas si no sería más sano borrar primero los antiguos para evitar problemas raros.

Aunque Windows 10 y Windows 11 gestionan mucho mejor los cambios de hardware que las versiones antiguas, eso no significa que sea buena idea ir acumulando restos de controladores. Con el tiempo pueden aparecer fallos muy extraños, pérdidas de rendimiento o inestabilidades difíciles de diagnosticar. Por eso vamos a ver, paso a paso y con calma, cómo hacer una reinstalación limpia de los drivers del chipset AMD o Intel, cuándo merece la pena, y qué riesgos tiene intentar ir “a lo rápido”.

Qué son los drivers del chipset y por qué importan tanto

Tanto en plataformas AMD como en Intel, el paquete de chipset incluye controladores para el bus PCIe, USB, SATA, NVMe, gestión de energía, sensores y otros componentes internos. Si estos drivers están corruptos, mezclados con versiones antiguas o mal desinstalados, es posible que sufras problemas que, a simple vista, no asociarías al chipset.

Un ejemplo típico son los fallos intermitentes: cortes en conexiones remotas, cuelgues ocasionales, pantallazos azules poco descriptivos o pequeñas pérdidas de rendimiento que no sabes muy bien de dónde salen. A veces el PC “funciona”, pero no va fino. En estos casos, una reinstalación limpia de los controladores de la plataforma puede marcar la diferencia.

Además, los fabricantes suelen introducir mejoras importantes en cada versión del paquete del chipset, no solo correcciones de errores. Es bastante habitual que nuevas revisiones de drivers mejoren la gestión de energía, la compatibilidad con nuevos dispositivos o el rendimiento general en ciertas tareas. Quedarse anclado en versiones muy antiguas no tiene demasiado sentido, sobre todo si acabas de hacer una instalación limpia de Windows.

Instalación limpia de controladores de chipset en Windows

¿Actualizar encima o desinstalar antes los drivers del chipset?

La pregunta que más se repite es si, cuando sale una versión nueva del paquete de chipset, es recomendable desinstalar los drivers antiguos antes o simplemente lanzar el instalador nuevo por encima. La respuesta realista es que depende de cada caso, pero podemos trazar algunas pautas generales bastante sensatas.

En una situación normal, en la que tu PC funciona bien y solo quieres mantenerte al día, lo habitual es descargar el instalador desde la web de AMD o Intel y ejecutarlo directamente sin desinstalar nada previamente. Estos paquetes están diseñados para actualizar de forma segura, sustituyendo los módulos necesarios y dejando intactos los que no haga falta tocar.

Sin embargo, hay casos en los que tiene sentido ir un paso más allá y optar por una reinstalación limpia. Por ejemplo, si has hecho cambios de hardware importantes, si sospechas que hay restos de drivers antiguos de otro chipset (por cambiar de plataforma, por ejemplo de Intel a AMD o al revés) o si llevas tiempo sufriendo fallos raros que no consigues solucionar.

En esos escenarios, seguir acumulando capas de controladores encima puede no ser la mejor idea. Aunque Windows 10 permite arrancar incluso cuando cambias la plataforma completa, lo recomendable es evitar arrastrar controladores viejos de un sistema a otro. La sensación puede ser que “funciona”, pero sin garantías de estabilidad ni de rendimiento óptimo.

De hecho, hay experiencias reales de usuarios que han pasado de un procesador Intel (como un 6600K) a un Ryzen (por ejemplo un 3800X) sin formatear, simplemente desinstalando drivers y volviendo a instalar, y aparentemente todo iba bien… hasta que aparecen problemas muy específicos, como cortes constantes al conectarse por escritorio remoto a otro PC, errores que desaparecen de golpe al instalar Windows desde cero en un SSD de pruebas.

Cuándo tiene sentido hacer una reinstalación limpia del chipset

No siempre es necesario complicarse, pero hay varias situaciones claras en las que una reinstalación limpia de los drivers del chipset es más que recomendable, casi obligatoria, si quieres ahorrarte dolores de cabeza y asegurarte de que el equipo rinde al 100%.

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La primera es cuando cambias de plataforma de forma radical: pasar de Intel a AMD o de AMD a Intel, o incluso saltar entre generaciones muy distintas dentro de la misma marca. Aunque Windows 10 y 11 sean capaces de arrancar, estarás mezclando controladores de dos chipsets completamente diferentes, y eso es una receta perfecta para que aparezcan problemas difíciles de detectar.

La segunda situación es cuando vienes notando fallos que no se explican fácilmente: microcortes en servicios remotos, cuelgues esporádicos, dispositivos que desaparecen y vuelven, o cambios de rendimiento tras instalar o desinstalar otros drivers. Muchas veces el origen está en restos de controladores anteriores que no se han eliminado bien.

La tercera tiene que ver con el tiempo: si llevas años sin reinstalar el sistema operativo y has pasado por varias versiones de drivers, cambios de tarjetas gráficas, discos, etc., es fácil que se haya generado un “cóctel” de archivos, servicios y entradas de registro que no se limpian por completo con una actualización sencilla.

En esas circunstancias, apostar por una reinstalación limpia, o directamente por un formateo e instalación fresca de Windows, suele ser la opción más segura. Puede suponer algo más de trabajo al principio, pero te evita problemas extraños que no sabrás por dónde atacar y te ayuda a recuperar la tranquilidad de que el sistema está en condiciones óptimas.

Formatear vs solo reinstalar los drivers del chipset

Otra gran duda es si basta con limpiar y reinstalar los drivers del chipset o si es mejor aprovechar y formatear para instalar Windows desde cero. Aquí es donde entra en juego el equilibrio entre comodidad y fiabilidad a largo plazo.

Si no has cambiado de plataforma y tu sistema se comporta razonablemente bien, puedes optar por una reinstalación limpia de drivers sin formatear. En estos casos, desinstalar correctamente los paquetes antiguos relacionados con el chipset y volver a instalar la última versión oficial suele ser suficiente.

En cambio, si vienes de otra plataforma, estás arrastrando una instalación de Windows que ha sobrevivido a varios equipos distintos, o llevas encima un historial de múltiples cambios de hardware y drivers acumulados, lo más sensato es no complicarse: copia tus datos importantes y, si quieres conservar controladores, exporta los drivers antes de formatear mediante herramientas para importar y exportar drivers.

La diferencia principal está en el riesgo de que queden restos ocultos de drivers en el registro, en carpetas del sistema o en rutas específicas que el desinstalador no toca. En un formateo, todo eso desaparece, mientras que en una reinstalación sobre el mismo sistema operativo siempre queda la duda de si algún componente antiguo sigue interfiriendo en alguna esquina.

Por eso muchos usuarios avanzados y profesionales de hardware recomiendan que, cuando se hace un salto importante de plataforma, se aproveche para formatear. Puede parecer más pesado al principio, pero a la larga suele evitar bugs raros y pérdidas de tiempo investigando fallos que solo se arreglan cuando empiezas desde cero.

Desinstalar drivers antiguos del chipset AMD o Intel

Aunque el contenido de referencia se centra mucho en las gráficas, la filosofía para el chipset es similar: se trata de eliminar correctamente los controladores antiguos y sus restos antes de instalar la nueva versión. En el caso del chipset, lo más importante es usar siempre el desinstalador oficial o las herramientas que proporciona el propio sistema.

En Windows, puedes comenzar revisando el listado de programas instalados (en el Panel de control o en Configuración > Aplicaciones) y localizar los paquetes relacionados con el chipset de AMD o Intel y, si procede, los drivers USB de tu placa. En el caso de AMD, suele aparecer como “AMD Chipset Software” o similar, mientras que en Intel se identifican como “Intel Chipset Device Software” u otros paquetes específicos.

El primer paso es ejecutar esos desinstaladores y seguir el asistente. Esto eliminará la mayor parte de los controladores asociados. Para que el proceso sea más seguro, es muy recomendable reiniciar el equipo cuando el desinstalador lo pida, en lugar de seguir trabajando sin reiniciar.

Una vez completada la desinstalación oficial, conviene asegurarse de que Windows no instale automáticamente drivers genéricos que puedan interferir con la reinstalación limpia. Para ello, es buena idea desactivar temporalmente Windows Update durante el proceso, especialmente si vas a cambiar de hardware o quieres garantizar una instalación totalmente controlada.

Este mismo enfoque de desinstalar primero y luego reinstalar aplica tanto a AMD como a Intel, y forma la base de cualquier procedimiento de limpieza de drivers de chipset medianamente serio, incluso si no llegas al extremo de formatear la máquina.

DDU y la limpieza profunda de drivers gráficos AMD

Aunque el chipset es el protagonista de este tema, no se puede ignorar que muchos problemas de estabilidad y rendimiento vienen por la parte gráfica. En el caso de las tarjetas AMD, una herramienta clave es DDU (Display Driver Uninstaller), un programa pensado para eliminar por completo los controladores de vídeo y sus restos, algo muy útil si quieres dejar el sistema impoluto.

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Cuando la desinstalación estándar de los drivers de AMD Radeon no hace bien su trabajo, pueden quedar archivos, servicios y entradas de registro que afectan negativamente al rendimiento o a la correcta instalación de nuevos controladores. Por eso se suele recomendar, en escenarios problemáticos, usar DDU para una limpieza profunda antes de instalar la última versión de los drivers.

Esto cobra especial importancia si has cambiado de una gráfica a otra, si vienes de NVIDIA o Intel y pasas a AMD, o si has tenido varios intentos de instalación fallidos. Un sistema que ha sufrido varios “experimentos” con drivers de vídeo distintos puede comportarse de forma rara hasta que no eliminas todos los restos con una herramienta especializada.

No hay que olvidar que los drivers de AMD para GPU incluyen tecnologías avanzadas como Crossfire, FSR, soporte para APUs y una larga lista de características. Cualquier conflicto interno en los controladores puede traducirse en problemas gráficos, stuttering, errores de compatibilidad con juegos o incluso bloqueos totales del sistema.

Por tanto, si sospechas que los problemas de tu equipo tienen que ver con la parte gráfica, combinar una reinstalación ordenada de los drivers del chipset con una limpieza profunda de los drivers de la GPU mediante DDU es una forma muy efectiva de devolver el sistema a un estado estable y predecible.

Cómo usar DDU paso a paso con drivers AMD

El procedimiento recomendado para limpiar los drivers de vídeo de AMD con DDU comparte bastantes ideas con lo que buscamos al hacer una reinstalación limpia del chipset: control del proceso, evitar interferencias de Windows y eliminar cualquier rastro antiguo que pueda dar problemas al instalar controladores nuevos.

Lo primero es desactivar temporalmente Windows Update. El motivo es que, si Windows detecta que no hay drivers de gráfica instalados, intentará descargar e instalar controladores genéricos de forma automática, algo que puede estorbar mientras estás limpiando y preparando la nueva instalación. Basta con ir a la configuración de Windows Update y pausar las actualizaciones una semana, por ejemplo.

El siguiente paso es descargar la última versión de DDU desde su página oficial. Es importante usar siempre la versión más reciente del programa, ya que suele incluir correcciones y soporte mejorado para las últimas generaciones de tarjetas y drivers. Una vez descargado, descomprimes el archivo en una carpeta accesible.

Para maximizar la eficacia de la limpieza, se recomienda ejecutar DDU en modo seguro de Windows. Aunque es un paso opcional, hacerlo así reduce la probabilidad de conflictos y garantiza que los controladores de vídeo no estén activos mientras se eliminan. Puedes seguir las instrucciones de Microsoft para arrancar el sistema en modo seguro desde las opciones avanzadas.

Con el sistema en modo seguro, abres DDU y revisas las opciones de configuración. En el caso de AMD, interesa prestar atención a las opciones generales y a las específicas para drivers de AMD, que permiten ajustar qué se va a eliminar exactamente y qué carpetas se van a limpiar.

Opciones clave de DDU para limpiar drivers AMD

Dentro de las opciones de DDU, hay varios parámetros especialmente importantes cuando trabajas con drivers de AMD. Uno de ellos es la opción para eliminar la carpeta “C:\AMD”, que es donde se suelen extraer e instalar los controladores descargados desde la web de AMD.

Esta carpeta acumula versiones antiguas de los paquetes de drivers, por lo que si nunca la has limpiado, es posible que tengas varias revisiones ocupando espacio y, en algunos casos, pudiendo generar conflictos. Marcar la opción de eliminar “C:\AMD” ayuda a liberar espacio y evitar restos de instalaciones anteriores que ya no tienen sentido mantener.

Otra configuración relevante de DDU es la que permite borrar el controlador o filtro AMDKMPFD, un componente que relaciona de algún modo el chipset de AMD con las gráficas. Si este filtro se queda en un estado inconsistente tras varios cambios, puede contribuir a errores difíciles de trazar.

También es conveniente activar la eliminación del “bus de audio AMD”, que se refiere a los controladores de audio integrados en la tarjeta gráfica. Limpiarlos garantiza que, cuando reinstales los drivers de la GPU, se instalará de nuevo la versión correcta y actualizada de este componente de audio.

Otra de las opciones a considerar es borrar la carpeta de caché “Shader Crimson” de AMD, donde se almacenan los sombreadores compilados. Si has estado sufriendo artefactos gráficos o glitches visuales después de varios cambios de drivers, limpiar este caché ayuda a evitar que se arrastren errores gráficos de una versión a otra.

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Finalmente, es recomendable habilitar la opción para eliminar el panel de control de AMD instalado desde la Microsoft Store, si lo hubiera. De esta forma, al reinstalar los drivers, se instalará de nuevo la versión adecuada del panel, sin restos de instalaciones anteriores que puedan provocar cierres inesperados o fallos de interfaz.

Ejecutar la limpieza con DDU y tipos de apagado

Cuando ya tienes configuradas las opciones de DDU, llega el momento de realizar la limpieza. Lo primero es seleccionar el tipo de dispositivo que quieres desinstalar (en este caso, GPU) y la marca correspondiente (AMD). Con eso hecho, solo queda elegir el tipo de acción que quieres que DDU lleve a cabo una vez termine la tarea.

DDU ofrece tres modos principales: “Limpiar y reiniciar”, “Limpiar y no reiniciar” y “Limpiar y apagar”. La opción recomendada en la mayoría de situaciones es “Limpiar y reiniciar”, ya que tras completar la eliminación de los drivers el propio programa reiniciará automáticamente el sistema.

La alternativa de “Limpiar y no reiniciar” no se aconseja salvo que sepas perfectamente lo que haces, porque puede dejarte con la pantalla en negro o con un sistema en un estado intermedio sin drivers de vídeo, que no es precisamente la situación ideal para seguir trabajando.

En cambio, la opción “Limpiar y apagar” es la más adecuada cuando tienes previsto cambiar de tarjeta gráfica justo después de hacer la limpieza. DDU eliminará los controladores y luego apagará el equipo, permitiéndote montar la nueva GPU para, posteriormente, encender el PC e instalar los drivers limpios de la nueva tarjeta.

Una vez que DDU ha terminado y el sistema se ha reiniciado (o apagado, según lo que hayas elegido), es normal que la resolución de pantalla aparezca más baja o con un aspecto extraño. Lejos de ser un problema, eso es justamente un indicador de que los drivers de vídeo se han eliminado correctamente y Windows está usando controladores genéricos básicos.

A partir de ahí, solo queda descargar e instalar la versión más reciente de los drivers de AMD desde su página web oficial, con la tranquilidad de saber que no hay restos de versiones anteriores interfiriendo en el proceso, igual que buscamos cuando hablamos de reinstalar de forma limpia los drivers del chipset.

Beneficios reales de una limpieza profunda de drivers

Todo este proceso puede parecer largo y algo pesado, pero en la práctica suele traducirse en un sistema mucho más estable. Los drivers, tanto del chipset como de la GPU, tienen un peso enorme en el comportamiento general del PC, y limpiar restos y conflictos internos suele notarse más de lo que parece a simple vista.

En el caso del chipset, una instalación limpia ayuda a que la comunicación entre el procesador, la memoria, el almacenamiento y los buses internos sea coherente, sin capas de controladores antiguas. Eso se traduce en menos errores de dispositivos, menos fallos intermitentes y un rendimiento más consistente en tareas diarias y en aplicaciones exigentes.

Por el lado de la gráfica, eliminar por completo los drivers antiguos de AMD antes de instalar los nuevos reduce la probabilidad de encontrarte con artefactos, caídas de frames inexplicables o conflictos entre configuraciones heredadas de versiones anteriores del software Radeon y las nuevas tecnologías que se van incorporando.

Además, tener control sobre cuándo y cómo se instalan los drivers, en lugar de dejar que Windows Update lo haga todo por su cuenta, te permite evitar combinaciones extrañas de controladores genéricos con versiones personalizadas del fabricante que, en algunos equipos, pueden generar comportamientos imprevistos.

Al final, dedicar un rato a planificar y ejecutar una reinstalación limpia, ya sea solo de drivers del chipset, solo de los de la GPU o de ambos, es una forma bastante eficaz de alargar la vida útil de tu equipo y mantenerlo funcionando de manera predecible, especialmente si haces cambios de hardware con cierta frecuencia.

Todo este proceso tiene un objetivo muy claro: reducir al mínimo las sorpresas. Tanto los drivers del chipset AMD o Intel como los controladores de las gráficas AMD son piezas clave del sistema, y tratarlos con cuidado —limpiando versiones antiguas, evitando restos, controlando las instalaciones y, cuando toca, empezando desde un Windows recién instalado— es la mejor manera de disfrutar de un PC que no solo arranca, sino que lo hace con estabilidad, buen rendimiento y sin comportamientos extraños difíciles de explicar.

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