- El uso de nodos edge con energía ambiénica y técnicas de harvesting reduce la dependencia de la red eléctrica y permite despliegues masivos de IoT en redes inteligentes, microrredes y entornos industriales.
- Las arquitecturas distribuidas de Edge Computing disminuyen la latencia, recortan el tráfico hacia la nube y pueden reducir el consumo energético total frente a modelos centralizados o fog.
- La integración de Edge IA optimizada, medición energética rigurosa y herramientas de simulación es decisiva para garantizar la longevidad de dispositivos alimentados por batería y energía del entorno.
- Los principales retos se centran en formación, regulación, propiedad del dato y nuevos modelos de negocio, requiriendo una fuerte colaboración público-privada para escalar estas soluciones.
En plena transición hacia un modelo energético distribuido y digital, los nodos edge alimentados con energía ambiénica y técnicas de energy harvesting se están convirtiendo en una pieza clave. Hablamos de sensores, contadores inteligentes y pequeños dispositivos de computación capaces de procesar datos localmente, sin depender de grandes centros de datos y, además, con consumos ultrabajos que pueden sostenerse con energía del entorno.
Esta combinación de Edge Computing, IoT, energías renovables y recolección de energía abre la puerta a redes eléctricas mucho más flexibles, fábricas inteligentes, ciudades conectadas y soluciones de Edge IA que funcionan durante años sin mantenimiento intensivo. Todo ello, mientras se reduce la huella de carbono derivada tanto de la generación eléctrica como del transporte y procesamiento masivo de datos en la nube.
Energía ambiénica y harvesting: la base energética de los nodos edge
Cuando hablamos de energía ambiénica en nodos edge nos referimos a aprovechar fuentes del entorno (solar, térmica, vibraciones, RF, viento, pequeños caudales, etc.) para alimentar sensores, microcontroladores y módulos de comunicación. Esta energía, que en muchos casos se desperdicia, puede recogerse mediante técnicas de energy harvesting y almacenarse en baterías de pequeña capacidad o supercondensadores.
En un ecosistema saturado de datos y dispositivos conectados, minimizar el consumo y evitar cambios frecuentes de baterías deja de ser un lujo y pasa a ser una necesidad de diseño. Aquí encajan a la perfección los nodos edge de muy bajo consumo, que se despiertan solo cuando es necesario, ejecutan algoritmos optimizados y se coordinan con la nube central únicamente para enviar información relevante. Además, soluciones para medir consumo como enchufes inteligentes para medir consumo ayudan a validar estrategias de ahorro energético en puntos de consumo locales.
Este enfoque es especialmente interesante en infraestructuras críticas, zonas remotas o despliegues masivos de IoT, donde el acceso a la red eléctrica convencional es complejo o caro. La capacidad de funcionar con energía recolectada localmente permite desplegar miles de sensores sin tener que cablear alimentación ni planificar mantenimientos continuos.
Además, el encuentro entre energy harvesting y Edge IA añade una capa extra: modelos de machine learning ejecutados localmente que deciden cuándo medir, cuándo transmitir y qué datos son realmente críticos, ajustando el consumo energético en función del contexto.
Del cloud a la computación distribuida: por qué el edge es más eficiente
Durante años, la respuesta por defecto para procesar grandes volúmenes de información fue la computación en la nube centralizada. Los datos recogidos por dispositivos IoT viajaban hasta enormes centros de datos, donde se almacenaban, analizaban y se generaban las decisiones. Este esquema funciona, pero tiene unos costes de energía, latencia y ancho de banda cada vez más difíciles de asumir.
En un sistema eléctrico moderno, se gestionan diariamente cientos de terabytes de datos: medidas horarias de consumo en hogares y empresas, lecturas de sensores eléctricos (tensiones, corrientes, frecuencia), datos de mercado (precios, demanda), información meteorológica para prever producción renovable y muchas otras fuentes. Enviar absolutamente todo a la nube no es ni eficiente ni necesario.
El paradigma de Edge Computing plantea desplazar el procesamiento hacia el lugar donde se generan los datos, es decir, al “borde” de la red. Los nodos edge realizan filtrado, agregación y análisis en tiempo real, y solo envían a la nube resultados, eventos relevantes o datos agregados. Se reduce la latencia, se ahorran recursos de red y disminuye el consumo energético global.
Los estudios sobre arquitecturas distribuidas muestran que una infraestructura totalmente basada en edge puede ahorrar entre un 14 % y un 25 % de energía frente a esquemas centralizados o de tipo fog, sobre todo por la eliminación de redes internas de centros de datos y la reducción drástica de necesidades de refrigeración a gran escala.
La clave está en un modelo híbrido: el borde se encarga de tareas sencillas, críticas en tiempo real o de filtrado básico, mientras que la nube central se reserva para análisis intensivos, almacenamiento histórico y entrenamiento de modelos de IA. Esta combinación bien diseñada maximiza el rendimiento y minimiza la huella de carbono.
Arquitecturas Cloud, Fog y Edge desde la óptica del consumo energético

Para entender bien dónde encaja la energía ambiénica en nodos edge, conviene diferenciar las principales arquitecturas de computación distribuida. Un marco clásico distingue entre tres grandes enfoques: Cloud Computing, Fog Computing y Edge Computing, cada uno con implicaciones distintas en cuanto a energía, latencia y complejidad operativa.
La arquitectura centralizada en la nube (Cloud) concentra el procesamiento y el almacenamiento en grandes centros de datos. Es muy eficiente a escala para ciertas tareas, pero depende de una conectividad robusta y requiere transportar grandes volúmenes de información a largas distancias.
El modelo intermedio de Fog Computing desplaza parte del procesamiento a nodos situados entre la nube y los dispositivos finales. Estos nodos intermedios actúan como pequeños centros de datos distribuidos, reduciendo algo la latencia y el tráfico, pero manteniendo una estructura relativamente jerárquica.
La arquitectura de Edge Computing totalmente distribuida lleva la computación directamente a los dispositivos de campo o a nodos muy cercanos al origen del dato: contadores inteligentes, gateways en subestaciones, sensores industriales avanzados, etc. Es en este último nivel donde el uso de energía ambiénica cobra especial sentido.
Los modelos energéticos detallados que comparan estas arquitecturas tienen en cuenta varias piezas: energía de cómputo, sistemas de refrigeración y consumo de la red de comunicaciones. Al reducir al mínimo la cantidad de datos que viajan hasta la nube y prescindir de infraestructuras de refrigeración masivas, el edge aparece como la opción más eficiente en casos de uso con altos requisitos de tiempo real y grandes volúmenes de datos locales. Además, existen nuevas soluciones para enfriar datacenters que influyen en el balance energético global.
Herramientas para estimar y optimizar el consumo de infraestructuras distribuidas
Para diseñar nodos edge alimentados mediante energy harvesting y alineados con objetivos de sostenibilidad, no basta con intuir que la arquitectura es más eficiente; hay que poder medir, simular y comparar escenarios. De ahí que hayan surgido herramientas específicas para evaluar el impacto energético de infraestructuras Cloud, Fog y Edge.
Una de las plataformas de referencia es iFogSim, un simulador para entornos IoT, Edge y Fog que permite modelar topologías de red, políticas de gestión de recursos y características de las aplicaciones. A partir de estos modelos, se analiza el efecto sobre latencia, congestión de red, consumo de energía y coste operativo.
Otra herramienta clave es LEAF (Large Energy-Aware Fog Computing Environments), pensada para simular entornos con miles de dispositivos heterogéneos y aplicaciones complejas. Combina modelos analíticos y simulación de eventos discretos para estimar el uso de energía en nodos de cómputo, enlaces de red y lógica de aplicación a lo largo del tiempo.
Estas herramientas son especialmente útiles cuando se quiere validar, por ejemplo, hasta qué punto un despliegue masivo de nodos edge con energía ambiénica reduce realmente el consumo de la red, o qué combinación de procesamiento local y en la nube ofrece el mejor equilibrio entre coste, consumo y rendimiento.
Más allá de los simuladores, empiezan a aparecer metodologías prácticas y bancos de pruebas orientados a medir con precisión el consumo de los dispositivos edge en todas sus fases: sueño profundo, arranque, inferencia de IA, transmisión de datos, recolección y almacenamiento de energía en la batería, etc.
Edge Computing, sector energético y redes inteligentes
El sector de la energía está viviendo una transformación profunda, pasando de un modelo centralizado y lineal a un sistema descentralizado y distribuido. Las grandes plantas dejan paso a miles de pequeños generadores renovables, prosumidores, sistemas de almacenamiento y microrredes locales. Gestionar todo este ecosistema sin digitalización avanzada sería inviable.
En este contexto, el Edge Computing se convierte en un aliado imprescindible. Al procesar cerca del origen datos de consumo, generación y estado de la red, permite actuar casi en tiempo real para equilibrar oferta y demanda, reducir pérdidas, anticipar averías y maximizar la integración de renovables.
Un ejemplo claro son las redes eléctricas inteligentes (smart grids), que no solo transportan energía, sino que monitorizan y gestionan el sistema mediante sensores, contadores inteligentes y actuadores distribuidos. La baja latencia que aporta el edge permite detectar anomalías, gestionar picos de consumo o ajustar parámetros de la red en cuestión de milisegundos.
Si a esto se suma la capacidad de alimentar nodos edge con energía ambiénica (solar en cuadros eléctricos, vibraciones en infraestructuras, diferencias térmicas en transformadores, etc.), se consigue una capa de sensorización robusta, autónoma y con costes operativos muy bajos.
Este tipo de soluciones también facilitan el despliegue de microrredes inteligentes basadas en renovables, que pueden operar incluso de forma semiautónoma en comunidades energéticas locais, industrias o entornos rurales, apoyándose en nodos edge alimentados mediante harvesting para medir, decidir y actuar localmente.
Casos de uso: desde subestaciones hasta autoconsumo y fábricas
Las aplicaciones concretas de nodos edge con energy harvesting en el sistema energético son muy variadas y están creciendo con rapidez. Algunas de las más destacadas se sitúan en infraestructuras críticas como subestaciones, centros de transformación, parques eólicos o plantas solares.
En las subestaciones eléctricas y centros de transformación, muchos equipos heredados carecen de capacidad de comunicación avanzada. Añadiendo dispositivos IoT y nodos edge alimentados localmente (por ejemplo, con pequeños paneles solares o mediante diferencias térmicas), se pueden crear gemelos digitales de cada instalación, mejorar el mantenimiento, ajustar parámetros dinámicamente y aumentar la flexibilidad operativa.
En la generación distribuida, tanto en hogares como en industrias, surgen pequeñas “centrales” solares, eólicas o de cogeneración que alteran el equilibrio tradicional de la red. Edge Computing permite gestionar de forma inteligente estos recursos, agregarlos virtualmente en lo que se conoce como “Virtual Power Plants” y tomar decisiones locales inmediatas (cargar batería, verter a red, limitar potencia, etc.).
Los puntos de autoconsumo y almacenamiento doméstico o comercial también se benefician de nodos edge de bajo consumo que analizan producción fotovoltaica, estado de baterías y patrones de consumo, activando cargas inteligentes o ajustando la inyección a red sin necesidad de depender todo el tiempo de la nube.
La industria manufacturera, por su parte, está adoptando modelos de fábrica inteligente y sostenible, donde el edge se utiliza para monitorizar procesos, evitar paradas no planificadas, optimizar el uso de energía y coordinar el consumo con la disponibilidad de renovables. La posibilidad de alimentar parte de estos sensores con energía ambiénica reduce el cableado y el mantenimiento, algo especialmente valorado en grandes plantas.
Ciudades inteligentes, movilidad y escenarios de energía urbana
En entornos urbanos, la combinación de IoT, Edge Computing y tecnologías sociales da lugar a nuevos escenarios de gestión inteligente de la energía, la movilidad y los servicios municipales. Los datos generados por edificios, alumbrado, vehículos, estaciones de recarga y ciudadanos se procesan en el borde para reducir tiempos de respuesta y optimizar recursos.
En ciudades que apuestan por redes 5G privadas y sensorización masiva, como algunos casos inspiradores en Europa, los nodos edge situados en farolas, cuadros de alumbrado, paradas de transporte o edificios públicos gestionan información sobre iluminación, calidad del aire, tráfico o consumo energético en tiempo real, apoyándose en herramientas de planificación como mapas de cobertura WiFi para dimensionar despliegues y conectividad.
En la movilidad sostenible, por ejemplo, las estaciones de recarga de vehículos eléctricos pueden integrar nodos edge con energía ambiénica que monitorizan ocupación, estado de la red local, previsión de generación renovable y patrones de uso. Esto permite regular potencias, priorizar cargas o incluso recomendar rutas más eficientes a los conductores.
En edificios residenciales y de oficinas, los smart meters y sistemas de gestión energética integran edge para analizar localmente el comportamiento de los usuarios, identificar oportunidades de ahorro y ofrecer señales de precio o incentivos de demanda sin saturar la nube.
Todos estos escenarios comparten una idea común: el procesamiento cercano evita enviar datos irrelevantes a centros de datos lejanos, reduce el tráfico de red, disminuye costes y limita el impacto ambiental derivado de la digitalización masiva.
Edge IA en dispositivos alimentados por batería y energía ambiénica
La llegada de la Edge IA a dispositivos alimentados por batería o por energía ambiénica supone una revolución, pero también añade complejidad en términos de diseño energético. Ejecutar modelos de machine learning en el propio nodo incrementa la carga computacional, el acceso a memoria y la generación de calor, lo que influye directamente en el consumo.
Sin embargo, un procesamiento local bien planteado permite reducir de forma drástica la energía consumida en transmisiones, ya que solo se envían eventos significativos o agregados de alto nivel. En aplicaciones remotas, esa reducción de tráfico puede compensar sobradamente la energía empleada en la inferencia.
Para lograr dispositivos duraderos, es esencial optimizar los modelos de IA: usar arquitecturas compactas, aplicar técnicas de cuantificación, poda iterativa o diseño específico para microcontroladores con recursos muy limitados. Modelos más ligeros implican inferencias más rápidas y más tiempo en modos de bajo consumo o sueño profundo.
También resulta clave ajustar la frecuencia de activación, el tamaño de las cargas útiles y los protocolos de comunicación. Transmitir solo bajo eventos determinados, elegir radios eficientes y minimizar mensajes de confirmación reduce mucho el gasto energético asociado a la conectividad.
Todo esto obliga a una visión sistémica: modelo de ML, protocolo de comunicación, batería y sistema de harvesting tienen que diseñarse de forma conjunta para que el nodo edge funcione durante años con la energía que recolecta del entorno, sin sorpresas en producción.
Medición y validación energética en nodos edge de larga duración
Para que la teoría se convierta en soluciones fiables en campo, los equipos de ingeniería necesitan medir con precisión el consumo energético en todas las etapas de desarrollo. No basta con una estimación media; hay que observar picos, transitorios y comportamientos en distintos modos y escenarios reales.
Las pruebas de potencia automatizadas permiten detectar problemas de consumo desde fases tempranas, integrar la energía como criterio de calidad en los procesos de integración continua (CI) y garantizar que cada cambio de firmware o modelo de IA no rompe la autonomía prevista.
Existen suites de herramientas que combinan fuentes de alimentación programables, analizadores de potencia, emuladores de batería y entornos de scripting, de forma que se pueden crear bancos de prueba reproducibles para múltiples versiones de hardware y software.
Este tipo de entornos facilita ciclos de carga y descarga realistas, validación de baterías, emulación de perfiles de consumo complejos e integración de métricas de energía directamente en pipelines de pruebas automáticas. El resultado es un diseño orientado desde el inicio a la longevidad y la estabilidad energética de los dispositivos edge.
En el contexto de la energía ambiénica, estas prácticas de medición sistemática ayudan a responder a la gran pregunta: si el nodo funcionará de manera fiable con la energía que es capaz de recolectar en su ubicación real y bajo sus condiciones de uso más exigentes.
Retos: formación, regulación, datos y modelos de negocio
La adopción masiva de Edge Computing y energy harvesting en el sector energético no es solo un reto tecnológico; también es organizativo, regulatorio y cultural. Muchos operadores dependen todavía de infraestructuras y procesos heredados, con perfiles profesionales centrados en la automatización clásica (OT) más que en la informática o las telecomunicaciones.
Desplegar proyectos que combinan cientos o miles de nodos edge, SLA estrictos y gestión avanzada de energía requiere nuevas competencias, desde el diseño de arquitecturas distribuidas hasta la ciberseguridad, pasando por el análisis de datos y la IA aplicada.
En paralelo, las empresas del sector deben evolucionar sus modelos financieros y jurídicos. Pasar de grandes inversiones puntuales en infraestructuras centralizadas a esquemas más flexibles, modulares y orientados a servicio implica revisar tanto la cultura interna como los marcos normativos que regulan el negocio eléctrico.
La propiedad, soberanía y uso de los datos generados en modelos distribuidos también se vuelve más compleja. Donde antes era obvio que los datos de producción pertenecían al operador, ahora entran en juego prosumidores, agregadores, proveedores tecnológicos y plataformas digitales, por lo que hay que definir claramente quién puede explotar qué información y en qué condiciones.
Por último, el ritmo de adopción de estas tecnologías dependerá en gran medida de la colaboración público-privada y de la implicación de la ciudadanía. Sin marcos regulatorios adaptados, incentivos claros y una percepción social positiva de la digitalización energética, será difícil alcanzar todo el potencial de los nodos edge alimentados con energía ambiénica.
La convergencia de Edge Computing, energías renovables, energy harvesting y Edge IA está redefiniendo la forma en que se genera, distribuye y consume la energía, pero también exige un cambio profundo en la manera de planificar redes, servicios y modelos de negocio.
