Monitor con pantalla rota: qué hacer, reparar o cambiarlo

Última actualización: enero 19, 2026
Autor: Isaac
  • Antes de decidir, hay que confirmar si el fallo proviene realmente de la pantalla o de la electrónica o la fuente de alimentación.
  • Los daños por golpes o caídas raramente entran en garantía básica, pero algunos seguros de hogar o de dispositivos sí pueden cubrirlos.
  • Reparar merece la pena sobre todo en monitores o portátiles de gama alta; en modelos antiguos o baratos suele compensar comprar uno nuevo.
  • Un servicio técnico especializado ofrece diagnóstico profesional y garantía, reduciendo riesgos frente a intentos de reparación casera.

monitor con pantalla rota que hacer

Tener un monitor con la pantalla rota o con fallos de imagen es de esas cosas que fastidian el día: de repente no ves bien, aparecen manchas raras o simplemente se queda en negro. La buena noticia es que, en muchos casos, no todo está perdido y hay varias opciones antes de tirarlo a la basura o gastarte un dineral sin necesidad.

En este artículo vas a encontrar una guía muy completa y en castellano de España sobre qué hacer si se rompe la pantalla del monitor o del portátil, cómo distinguir si el problema es físico o eléctrico, cuándo compensa repararlo, qué papel juegan los seguros y qué alternativas tienes si decides no arreglarlo. La idea es que tengas toda la información encima de la mesa para elegir con cabeza y no a ciegas.

Cómo saber si la pantalla del monitor está realmente rota

pantalla de monitor rota

Antes de pensar en reparaciones, lo primero es comprobar si el problema viene de la pantalla en sí o de otro componente (gráfica, cables, fuente, incluso software). No siempre lo que parece una pantalla rota lo es realmente, y conviene afinar el diagnóstico.

Una señal muy típica de daño físico son las grietas visibles, manchas negras o zonas como de tinta derramada. Suelen aparecer líneas irregulares, formas «arañadas» y áreas donde los colores se mezclan de forma extraña, normalmente alrededor del punto del golpe o presión.

Otra pista clara es que la pantalla se quede totalmente en negro o parpadee, mientras el ordenador parece arrancar bien (se encienden luces, oyes los ventiladores, el sistema carga). Si conectas el equipo a otro monitor y ahí se ve perfecto, es bastante evidente que la pantalla original está tocada.

También hay fallos como la distorsión de colores, píxeles muertos o zonas descoloridas. A veces verás puntos que se quedan siempre en un color (blanco, verde, rojo…) o puntos negros que no se encienden nunca. En ocasiones es defecto de fabricación, en otras un daño que ha ido apareciendo con el tiempo.

Un truco básico es hacer la prueba con un monitor externo o una TV. Si la imagen se ve bien ahí, lo normal es que tu gráfica y el resto del equipo estén bien, y el problema esté en el panel original o en sus conexiones internas. Si también se ve mal, habría que pensar más en tarjeta gráfica, cableado o incluso en la fuente de alimentación.

Tipos de daños habituales en pantallas y qué implican

reparar pantalla monitor rota

No todos los defectos de pantalla son iguales ni se tratan de la misma manera. Conviene distinguir entre fallos de fabricación, errores electrónicos y daños por golpes o caídas, porque de ello depende tanto la solución como la posibilidad de usar la garantía o un seguro, y también del tipo de panel.

Un caso relativamente frecuente son los píxeles defectuosos o «muertos». Se aprecia porque hay puntos que se ven más brillantes de lo normal, de un color fijo o completamente negros. Puede ser algo que venía de fábrica y se ha hecho visible con el tiempo. La cobertura en garantía para esto cambia bastante según el fabricante y las políticas sobre número y tipo de píxeles afectados.

Otro problema típico es el defecto de línea, cuando aparece una línea horizontal o vertical fija en la pantalla. Puede surgir al cabo de un tiempo sin que haya golpes de por medio, y aquí también entra en juego lo que la marca considere aceptable o no para tramitar una reclamación. No siempre lo cubren, y muchas veces se valora caso por caso.

Hay defectos en forma de manchas circulares o irregulares (a veces se les llama «mura» o «manchas mura»), zonas de más de unos milímetros que se ven mejor sobre fondo gris. Dependiendo del tamaño, la visibilidad y las condiciones del fabricante, puede llegar a considerarse motivo de reclamación en garantía, aunque no está garantizado.

Si la causa del problema es una caída, un impacto o presión excesiva en el panel, ya hablamos de otra historia: lo normal es que la garantía básica no lo cubra. Grietas internas, zonas donde parece que se ha vertido tinta, líneas raras desde el punto del golpe… todo eso suele entrar en la categoría de daño accidental, y salvo que tengas un seguro adicional específico, la reparación corre de tu cuenta.

Primeros pasos básicos antes de tocar nada

Cuando sospeches que la pantalla del monitor o del portátil está dañada, lo primero es asegurarte de que no hay riesgo eléctrico ni vas a empeorar el problema. Aunque parezca evidente, muchas veces, por las prisas, se pasa por alto.

Antes de abrir o manipular el monitor, apágalo, desconéctalo de la corriente eléctrica y retira el cable de vídeo (HDMI, DisplayPort, etc.). Cualquier cosa que implique abrir un dispositivo con alimentación requiere que esté completamente desenchufado.

En el caso de un portátil, además de quitar el adaptador de corriente, es recomendable retirar la batería si el modelo lo permite de forma sencilla. Así eliminas prácticamente cualquier riesgo de corto mientras trasteas el equipo.

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Si decides abrir un monitor de sobremesa, ten a mano un destornillador adecuado para los tornillos de la carcasa. Algunos fabricantes los esconden bajo pegatinas o tapas de plástico con el modelo, el número de serie, etc. Quita solo lo imprescindible para acceder al interior.

Todo esto es aplicable tanto si estás pensando en comprobar la electrónica como si solo quieres echar un vistazo. La clave es no forzar plásticos, no tirar de cables y no tocar zonas que no identificas, sobre todo en la parte de la fuente de alimentación, donde puede quedar carga en los condensadores.

Inspección visual interna del monitor

Una vez abierto el monitor (si te ves con confianza para hacerlo), lo más sensato es comenzar con una inspección visual de toda la electrónica. Este primer vistazo ya puede darte pistas claras de qué ha fallado.

Sin desmontar más de la cuenta, observa la placa o placas del interior buscando signos evidentes de daño: zonas chamuscadas, componentes reventados, marcas negras alrededor de resistencias, chips agrietados o condensadores hinchados.

Si ves alguna parte de la placa con marcas de quemado o restos oscuros, probablemente ha habido un sobrecalentamiento o un fallo eléctrico. Identificar exactamente qué componente es puede ser complejo, porque muchos vienen sin referencias legibles para evitar copias, pero al menos sabrás de dónde viene el problema.

Si no encuentras nada raro a simple vista, es buena señal: indica que quizá no haya un daño catastrófico en la electrónica. En ese caso, la siguiente parada suele ser la zona de alimentación, donde están el transformador, los condensadores grandes y, muchas veces, un fusible integrado.

Fíjate en que algunos monitores integran un fusible de protección que corta el paso de corriente si hay un pico o un fallo grave. Si lo localizas, revisa si está fundido. También inspecciona los condensadores grandes: si están abombados por arriba o presentan fuga, tienes ahí un candidato claro a causar problemas de encendido o apagados aleatorios.

Revisión avanzada de la circuitería y chips

Si con la inspección visual no has detectado nada claro, el siguiente nivel de diagnóstico pasa por revisar con más profundidad la circuitería digital y los chips de control del monitor. Aquí ya hablamos de un terreno más técnico y delicado.

En la placa principal suele haber un procesador o controlador de vídeo, memoria y varios chips auxiliares, además de los conectores de entrada de señal (HDMI, DP, VGA, etc.). Son los encargados de interpretar la señal de vídeo y mandarla al panel.

La forma profesional de localizar fallos en estos componentes es utilizando una cámara térmica: se alimenta el monitor (con todas las precauciones) y se observa qué chip se calienta de forma anómala respecto al resto. Un punto muy caliente y distinto puede delatar al culpable.

Si identificas un chip que se calienta exageradamente, todo apunta a un fallo interno en ese integrado. En muchas ocasiones, sin esquemas eléctricos detallados del fabricante, repararlo se vuelve un reto, porque hay que deducir referencias y especificaciones a base de experiencia.

Si, por el contrario, toda la placa se ve a una temperatura homogénea y no hay ningún componente que destaque, puede significar que la electrónica digital está sana y que el problema real está en la fuente de alimentación, en los cables que llevan la energía o incluso en el propio panel LCD.

La fuente de alimentación: el origen más frecuente de fallos

En monitores y pantallas, uno de los puntos más delicados a largo plazo es la circuitería analógica de la fuente de alimentación. Es donde más esfuerzo eléctrico se concentra y, por tanto, donde más averías acaban apareciendo con los años.

Lo más habitual es que el fallo se deba a tres elementos concretos: el fusible de entrada, los condensadores o el transformador. Cada uno se diagnostica y se trata de forma distinta, pero en general son reparaciones más asequibles que un cambio de panel completo.

El fusible, cuando existe, hace de «seguro» para todo el circuito. Si el monitor no se enciende, ni siquiera enciende un led, puede que el hilo interno del fusible se haya roto. Suelen ir en un portafusibles que permite sacarlo con facilidad y sustituirlo por otro de las mismas características (muy importante respetar valores).

Los condensadores, especialmente los electrolíticos, se van degradando con el uso y la temperatura. Terminan por hincharse, fugar material o incluso estallar en casos extremos. Cambiarlos no es excesivamente complejo para alguien con nociones de soldadura: se descargan con un destornillador aislado cruzando sus patillas, se toman nota de los valores (capacitancia en microfaradios y voltaje máximo) y se sueldan unos nuevos equivalentes.

En cuanto al transformador de la fuente, cuando se daña suele ser por un fallo en el bobinado interno o en el aislamiento del hilo de cobre. Esto prácticamente no tiene reparación casera: lo normal es reemplazar el transformador completo por uno con los mismos parámetros de entrada, salida y potencia. Montar uno con más tensión puede quemar la electrónica; uno con menos potencia podría no alimentar bien el sistema.

¿Tiene sentido reparar el monitor o mejor comprar otro?

Llega el punto clave: con el diagnóstico más o menos claro, toca decidir si vale la pena reparar la pantalla o el monitor o si es mejor mirar un equipo nuevo. Aquí influyen varios factores: tipo de avería, precio del aparato, antigüedad, uso que le das y si tienes o no cobertura de seguro.

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Si hablamos de un monitor de gama alta o muy caro (por ejemplo, uno de 144 Hz de buena marca o un modelo profesional que te costó cerca de 1.000 euros), tirarlo a la mínima sin explorar alternativas es una pena. Aunque la reparación en servicio técnico tenga su coste, lo normal es que siga siendo bastante menos que comprar el mismo modelo nuevo, salvo que hayan pasado muchos años y ya haya alternativas mejores y más baratas.

En cambio, si se trata de un monitor sencillo o antiguo, barato cuando lo compraste, meterse en reparaciones complicadas de electrónica o cambio de panel suele ser matar moscas a cañonazos. Muchas veces sale más a cuenta invertir en uno nuevo con mejores prestaciones y garantía fresca.

También hay que valorar el tiempo y el conocimiento técnico. Reparar en casa fuentes de alimentación, cambiar condensadores o abrir un portátil para sustituir la pantalla no es imposible, pero si vas muy justo de experiencia puedes terminar empeorando el problema o provocando daños irreversibles.

Por eso, si no tienes herramientas adecuadas ni experiencia, una opción bastante razonable es llevar el monitor o el portátil a un servicio técnico especializado. Ellos ya tienen repuestos, esquemas, instrumental y, sobre todo, asumen la responsabilidad de la reparación, dándote una garantía sobre el trabajo realizado.

Reparar la pantalla del portátil en casa: ¿es buena idea?

En el caso de los portátiles y equipos todo en uno, la duda clásica es si cambiar la pantalla por tu cuenta o directamente enviarlo a un servicio técnico. Hay modelos en los que el proceso es relativamente sencillo, y otros en los que te puedes arrepentir a la primera pestaña de plástico que rompas.

Si el daño no es muy grave y eres manitas con la tecnología, algunos portátiles permiten sustituir la pantalla con destornilladores de precisión y algo de paciencia. El proceso suele incluir desmontar el marco de la pantalla, desconectar cables planos (LVDS o eDP) y montar el panel nuevo.

Los pasos básicos serían: hacer un diagnóstico preliminar para estar seguro de que el problema es la pantalla y no la gráfica; comprar un panel compatible con el modelo exacto; apagar y desconectar todo, retirar la batería si se puede; abrir con cuidado el marco, liberar los tornillos y el adhesivo, desconectar la faja y colocar la pantalla nueva; y, antes de cerrarlo todo, hacer una prueba de encendido.

Ahora bien, muchos fabricantes y servicios técnicos desaconsejan hacer este reemplazo en casa si no tienes clara la operación. El riesgo es que termines dañando otros componentes, rompiendo conectores, pelando cables o incluso dejando el portátil completamente inservible.

Además, hay modelos con garantías específicas, anclajes escondidos, pegamentos fuertes y diseños muy compactos donde abrir por tu cuenta puede anular coberturas o suponer un buen dolor de cabeza. En esas situaciones, por experiencia, suele compensar dejarlo en manos de profesionales.

Cuánto puede costar arreglar una pantalla rota

Si optas por una reparación profesional, el precio final depende bastante del tipo de equipo, la marca, el modelo y el tipo de avería. No es lo mismo cambiar un panel en un portátil corriente que reparar un all-in-one de gama alta o un monitor muy específico.

En general, las pantallas de portátiles estándar son más económicas y rápidas de sustituir que las de equipos todo en uno, donde la pantalla está mucho más integrada con otros componentes y el proceso de desmontaje es más largo, y si te interesa conocer precios en tablets consulta el coste de cambio de pantalla de un iPad.

La marca influye mucho: ciertos fabricantes tienen repuestos más caros y políticas de servicio más exigentes. Además, no cuesta lo mismo un panel IPS de alta frecuencia de refresco que un panel básico TN de oficina.

En cualquier servicio técnico te van a cobrar, como mínimo, dos conceptos diferenciados: por un lado, el precio de los repuestos (pantalla, cableado, piezas auxiliares) y, por otro, la mano de obra, que suele depender de las horas de trabajo estimadas y de la dificultad del desmontaje.

Si la avería está en elementos de la fuente de alimentación (fusibles, condensadores, transformador) en un monitor de sobremesa, la reparación puede salir relativamente económica. Si hay que sustituir todo el panel LCD, el presupuesto sube bastante y puede acercarse peligrosamente al coste de un monitor nuevo similar.

Qué cubre (y qué no) el seguro de hogar y otros seguros

Dado que un monitor o un ordenador suele pasar buena parte del tiempo en casa, es normal preguntarse si el seguro de hogar puede cubrir la rotura de la pantalla. La respuesta rápida es: depende totalmente de las coberturas de tu póliza.

Algunas pólizas incluyen coberturas por daños accidentales o rotura de bienes informáticos. En esos casos, si el ordenador se cae, recibe un golpe fortuito o alguien tropieza con el cable y el monitor termina en el suelo, es posible que puedas reclamar la reparación o una compensación, siempre que lo que te ofrece el contrato lo contemple.

También hay seguros que cubren daños eléctricos o subidas de tensión. Si una sobretensión en la red se carga la fuente del monitor o daña la pantalla, podrías llegar a reclamar. Pero de nuevo, todo depende de si tu póliza tiene activada esa cobertura y de los límites económicos que establezca.

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Conviene revisar bien las letras pequeñas, exclusiones y límites. Algunas compañías excluyen expresamente determinados dispositivos de uso personal, otras ponen topes de indemnización relativamente bajos o franquicias que hacen que pequeñas reparaciones no salgan a cuenta.

Además del seguro del hogar, existen seguros específicos para dispositivos electrónicos que incluyen rotura de pantalla, daños accidentales o por líquidos y que trabajan con servicios técnicos autorizados. Son interesantes sobre todo si usas el portátil o el monitor para trabajo y no te puedes permitir quedarte sin equipo varios días.

Garantía y condiciones de reparación

Cuando sustituyes una pantalla por una nueva en servicio técnico, tienes derecho por ley a una garantía mínima sobre la reparación. Esto significa que si vuelve a fallar lo mismo en un plazo determinado, deberían hacerse cargo.

La normativa de consumo suele exigir al menos unos tres meses de garantía sobre la reparación efectuada por el servicio técnico. Ese plazo puede ser mayor si la marca ofrece condiciones más amplias, pero nunca debería ser inferior a lo establecido por ley.

Además, el repuesto en sí (la nueva pantalla, si es nueva) suele tener su propia garantía como pieza. Lo habitual es que vaya de 1 a 2 años en productos nuevos, mientras que en piezas reacondicionadas el plazo suele ser más corto, según política del proveedor.

Para poder acogerte a estas garantías, es importante guardar la factura y cualquier documentación que te entreguen sobre la reparación: partes de trabajo, número de serie de la pieza cambiada, etc. Sin esos papeles, reclamar más adelante puede ser complicado.

Algunos fabricantes, además, ofrecen servicios propios de sustitución de pantalla a precio reducido en sus productos, asumiendo ellos la reparación en un plazo concreto y garantizando que el coste sea sensiblemente inferior al de un dispositivo nuevo. Si tu monitor es de una marca que da este tipo de facilidades, puede ser una opción muy interesante antes de tirar la toalla.

Qué hacer si el monitor funciona «a medias»

A veces la situación no es de desastre total: tienes un monitor con una parte dañada (por ejemplo, la zona superior distorsionada, alguna línea vertical, una grieta localizada) pero el resto funciona y puedes seguir usándolo, aunque sea un poco incómodo.

En esos casos te puedes plantear durante un tiempo seguir utilizándolo como segunda pantalla, monitor auxiliar o para tareas menos críticas (lectura de correo, ventanas de chat, monitorización de datos, etc.). Mucha gente estira así la vida de un monitor dañado hasta que puede permitirse un sustituto.

Otra opción, si ya has comprado un monitor nuevo, es intentar vender el viejo para piezas. Aunque el panel esté tocado, la electrónica, la carcasa, el pie o incluso el cable de alimentación pueden tener valor para alguien que busque recambios. No vas a sacar un dineral, pero algo se recupera.

Si estás dudando sobre reparar o no un monitor parcialmente roto, valora si el arreglo es casi tan caro como comprar otro. En ese caso quizá te compense más ir directamente a un dispositivo nuevo y olvidarte de futuras averías en un aparato que ya viene con historial.

En cualquier caso, un monitor con daños visibles y fallos de panel no va a mejorar por sí solo con el tiempo. Si la rotura viene de un golpe, lo normal es que se mantenga igual o vaya a más, de modo que usarlo es una decisión personal, pero conviene tener claro que no es una solución permanente.

Servicios de reparación y soporte técnico especializado

Si después de todo lo visto tienes claro que no quieres complicarte con destornilladores, soldadores ni piezas de recambio, siempre puedes recurrir a un servicio técnico especializado en monitores y pantallas. Es la vía más segura para quien no domina la parte electrónica.

Existen talleres y empresas que trabajan con todas las marcas y modelos (Apple, Acer, Asus, Dell, HP, Lenovo, MSI, etc.), tanto en sobremesa como en portátiles, y que están acostumbrados a lidiar con cualquier avería: fuentes de alimentación, paneles, electrónica de control, conectores, etc.

La ventaja principal es que ofrecen un servicio personalizado y con garantía, adaptando el tipo de reparación a lo que tú necesitas: desde un simple cambio de fusible o condensador hasta una sustitución completa de pantalla, pasando por diagnósticos profesionales con instrumental adecuado.

Muchas veces, además, estas empresas pueden proponerte soluciones más baratas que las del servicio oficial del fabricante, con piezas nuevas o reacondicionadas de buena calidad, manteniendo unos tiempos de reparación razonables.

Si tu monitor pertenece a una marca que diseña y repara sus propios productos, incluso puedes encontrar programas específicos para cambiar la pantalla a un coste muy por debajo del de un equipo nuevo, con plazos máximos de reparación establecidos y garantía de que todo se gestiona con repuestos adecuados.

Cuando te enfrentas a una pantalla o un monitor con la pantalla rota, toca combinar un poco de sentido común, diagnóstico básico y números: comprobar si el fallo es realmente del panel o de la alimentación, valorar el precio original y la edad del equipo, revisar si puedes tirar de garantía o seguro y decidir si te compensa reparar, seguir usándolo con limitaciones, aprovecharlo para piezas o pasar página y comprar uno nuevo. Con toda esta información tienes mucho más fácil tomar una decisión que no se base solo en el cabreo del momento.

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