Láser de fibra vs CO2 vs diodo vs UV: guía para grabadoras domésticas

Última actualización: enero 19, 2026
Autor: Isaac
  • Elige el tipo de láser según el material principal: fibra para metales, CO2 para no metales, diodo para iniciarte y UV para materiales delicados.
  • CO2 ofrece la mejor relación entre precio, potencia y versatilidad en talleres domésticos que trabajan madera, acrílico y cuero.
  • La fibra destaca por su precisión y durabilidad en metales, mientras que el UV permite grabar vidrio y plásticos sensibles sin dañarlos.
  • Antes de comprar, valora presupuesto, necesidad de corte frente a grabado y volumen de trabajo para acertar con la tecnología adecuada.

tipos de láser para grabado doméstico

Si estás pensando en comprarte una grabadora láser doméstica, lo normal es que estés hecho un lío: fibra, CO2, diodo, UV… Cada uno presume de ser el mejor para según qué material y al final es fácil gastar de más o elegir una máquina que no encaja con tus proyectos. No te preocupes, porque todos hemos pasado por ahí.

En las siguientes líneas vas a encontrar una guía muy completa, explicada en castellano de andar por casa, donde comparamos a fondo láser de fibra, CO2, diodo y UV, cómo funcionan, qué materiales se llevan bien con cada uno, qué pueden cortar y qué solo pueden grabar, rangos de precio habituales y, sobre todo, qué tiene más sentido para un taller casero o un pequeño negocio de personalización.

Láser de diodo: el punto de entrada ideal para casa

El láser de diodo suele ser la puerta de entrada al mundo del grabado láser doméstico. Es el tipo de máquina que más vas a ver en kits económicos, grabadoras abiertas para escritorio o pequeños equipos cerrados con filtro y extracción.

En lugar de usar un tubo de gas o una fibra de vidrio, el láser de diodo genera la luz mediante diodos emisores (similar a un LED, pero mucho más concentrado). Esa luz se agrupa y se hace coherente, y luego pasa por un sistema de lentes que la enfoca en un punto muy pequeño sobre la pieza que quieres grabar.

Cuando ese punto concentrado de luz incide en la superficie, el material absorbe la energía y se calienta de forma muy localizada. Según la potencia, la velocidad y el tipo de material, se produce fusión, evaporación o sublimación de una capa muy fina, dejando un grabado visible, un oscurecimiento o incluso un pequeño relieve.

En los equipos domésticos de diodo hablamos normalmente de potencias ópticas efectivas entre unos 2 W y unos 60 W, aunque en el mercado verás muchas cifras infladas que en realidad se refieren al consumo eléctrico de la máquina y no a la potencia real del láser. Conviene fijarse bien en este detalle.

La vida útil de los módulos de diodo suele moverse entre unas 10.000 y 20.000 horas de uso, con un mantenimiento bastante sencillo: mantener las lentes limpias, buena ventilación y poco más. Para un entorno doméstico, da para años de trabajo si no la vas a tener funcionando a turnos completos.

Usos típicos y materiales para láser de diodo

Los láseres de diodo brillan especialmente en el grabado de materiales blandos o de dureza media, por lo que son muy populares para manualidades, regalos personalizados y pequeños negocios online.

Materiales en los que el diodo suele funcionar muy bien para grabar:

  • Madera maciza y contrachapada: carteles, llaveros, cajas, paneles decorativos.
  • Tableros MDF: letras recortadas (si son finas), maquetas, figuras decorativas.
  • Cuero y piel sintética: carteras, fundas, pulseras, llaveros personalizados.
  • Papel, cartulina y cartón: invitaciones, packaging, prototipos.
  • Ciertos plásticos y acrílicos: normalmente para grabado superficial, sin grandes profundidades.

En corte, el diodo se defiende con materiales delgados: maderas finas, contrachapados ligeros, cartulina, cuero fino o algunos plásticos muy finos, siempre con varias pasadas y, a menudo, con ayuda de aire asistido para limpiar el corte y evitar quemados excesivos.

En cambio, el diodo no es la mejor opción si tu prioridad es cortar materiales gruesos o duros. Tampoco es el tipo de láser indicado para trabajar metal de forma seria: como mucho puedes marcar algunos metales con productos químicos o anodizados especiales, pero no vas a conseguir grabados profundos ni cortes metálicos.

Ventajas y límites del láser de diodo

La gran baza del diodo es el precio y la sencillez. Puedes encontrar equipos básicos desde unos 250 € y opciones domésticas bastante competentes por debajo de 1.800 €, con áreas de trabajo razonables, conectividad USB/WiFi y compatibilidad con software popular.

La velocidad de trabajo es moderada, suficiente para grabados detallados en piezas pequeñas y medianas. Para grandes producciones en serie se queda corto, pero para un taller casero o un pequeño ecommerce es más que aceptable.

En seguridad, al ser un láser visible y de menor potencia que un CO2 de tubo, muchos modelos vienen abiertos, lo que obliga a usar gafas adecuadas y a extremar el cuidado. Cada vez hay más versiones cerradas con extracción, que resultan más cómodas para casa.

En resumen, si tu idea es empezar con un presupuesto contenido, hacer grabados creativos en madera, cuero, papel o pequeños cortes en materiales finos, el diodo es una opción muy lógica para iniciarte sin arruinarte.

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Láser de CO2: el todoterreno para madera, acrílico y no metales

El láser de CO2 es el siguiente escalón cuando buscas más potencia, más velocidad y la posibilidad real de cortar materiales con un grosor decente. Es el tipo de máquina que más se ve en talleres de rotulación, makerspaces y pequeños negocios de personalización.

Este tipo de láser utiliza un tubo sellado con una mezcla de gases, principalmente dióxido de carbono, excitado eléctricamente. Esa descarga genera un haz de luz infrarroja que, gracias a espejos y lentes, se dirige y se enfoca en la pieza de trabajo.

Al concentrar el haz en un punto mínimo, la energía se convierte en calor de manera muy rápida en la superficie del material. Según la potencia, podemos realizar desde grabados muy finos hasta cortes limpios y profundos. Aquí ya no hablamos solo de marcar, sino de atravesar materiales de varios milímetros o incluso centímetros de espesor.

Las potencias habituales en máquinas de CO2 domésticas y semiprofesionales van aproximadamente de 30 W a 150 W. Cuanta más potencia, mayor velocidad a igual calidad y mayor espesor máximo que podrás cortar en maderas, acrílicos y similares.

El tubo de CO2 tiene una vida útil típica de entre 8.000 y 10.000 horas, dependiendo mucho de la calidad del tubo, del uso que le des (no es lo mismo trabajar al 90 % todo el día que a potencias moderadas) y del mantenimiento del sistema de refrigeración.

Materiales que trabaja bien un láser de CO2

Aquí es donde el CO2 se gana su fama de máquina versátil para corte y grabado de no metales. Es extremadamente útil si tu negocio o hobby gira en torno a madera, acrílico y similares.

Materiales habituales para grabar con CO2:

  • Madera (maciza, contrachapada, MDF): carteles, maquetas, cajas, puzzles.
  • Acrílico y metacrilato: rótulos luminosos, llaveros, trofeos, displays.
  • Cuero y piel: cinturones, carteras, fundas personalizadas.
  • Vidrio y ciertas cerámicas: grabados superficiales en vasos, copas, baldosas.
  • Textiles y fieltros: personalización de tejidos, plantillas.
  • Plásticos adecuados: hay que comprobar siempre qué tipo de plástico es, por seguridad.

Para corte, el CO2 es la herramienta estrella en madera y acrílico. Dependiendo de la potencia y del número de pasadas, puedes seccionar tableros de varios milímetros e incluso más de un centímetro con un acabado muy limpio.

Donde el CO2 flojea claramente es en el trabajo directo sobre metales. El haz, al estar en el infrarrojo lejano, no se absorbe bien en superficies metálicas lisas: sin tratamientos especiales (pinturas, sprays marcadores, anodizados) no podrás grabar, y ni hablar de cortar metal con una máquina de CO2 doméstica convencional.

Ventajas, precios y para quién tiene sentido un CO2

En máquinas de CO2 de uso doméstico y pequeño taller, los rangos de precio arrancan aproximadamente en 400 € para equipos muy básicos, y pueden superar fácilmente los 5.000 € en modelos grandes, cerrados, con cama de trabajo amplia, buena extracción, refrigeración y electrónica más robusta.

La velocidad de trabajo en grabado es alta comparada con un diodo, y en corte las diferencias son todavía más evidentes. Si trabajas madera o acrílico de forma habitual, la mejora en productividad frente a un láser de diodo es enorme.

El mantenimiento se centra en tener el sistema de refrigeración en buen estado, alinear espejos cuando hace falta, mantener lentes y ópticas limpias y cuidar el tubo. A cambio, obtienes una máquina con capacidad real de producción y una calidad de acabado muy alta.

Si tu objetivo es montar un pequeño negocio de rotulación, decoración, regalos personalizados o producción en serie de piezas en madera y acrílico, un CO2 es, con diferencia, la opción más equilibrada en relación calidad-precio.

Láser de fibra: la bestia para metales y plásticos técnicos

El láser de fibra representa el salto a la tecnología más avanzada y potente para marcado y corte de metales. Es el rey en sectores industriales, pero también se ha ido haciendo hueco en pequeños talleres de joyería, cuchillería o fabricación de piezas metálicas personalizadas.

A diferencia del CO2 y el diodo, aquí el medio activo es una fibra óptica dopada con tierras raras (como iterbio o erbio). La luz se genera y se amplifica dentro de esa fibra, dando lugar a un haz muy estable, con gran densidad de energía y una longitud de onda en torno a 1.064 nm.

Esta longitud de onda es absorbida de forma excelente por los metales, lo que permite marcar, grabar en profundidad e incluso cortar con gran precisión si la potencia es suficiente y se usa la óptica adecuada.

En marcado láser de fibra son muy habituales equipos de 20 W, 30 W, 50 W, que se usan para logotipos, números de serie, códigos de barras, QR, textos técnicos, etc. En corte de chapa con fibra ya se manejan potencias mucho mayores (cientos o miles de vatios), más propias de entornos industriales.

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Una de las grandes ventajas del láser de fibra es su eficiencia energética y durabilidad. La conversión de energía eléctrica a luz es muy alta, el consumo relativo es menor que en un CO2 equivalente, y las fuentes de fibra pueden llegar a superar sin problema las 100.000 horas de vida útil, con muy poco mantenimiento.

Qué se puede hacer con un láser de fibra

La aplicación estrella del láser de fibra es el trabajo sobre metal. Es la tecnología estándar para marcar acero inoxidable, aluminio, latón, cobre, titanio y prácticamente cualquier metal convencional.

Usos habituales del láser de fibra en marcado:

  • Códigos 2D (DataMatrix, QR) y códigos de barras en piezas industriales.
  • Grabado de logotipos y textos en herramientas, cuchillos, piezas mecánicas.
  • Personalización de joyería (oro, plata, acero), con marca muy fina y permanente.
  • Marcado de elementos de automoción, aeronáutica y electrónica.

Además de metales, el láser de fibra puede marcar ciertos plásticos técnicos (plásticos de ingeniería, carcasas de componentes, conectores) con un contraste muy bueno y sin necesidad de tintas ni etiquetas.

En corte, las fuentes de fibra de alta potencia permiten seccionar chapa metálica con enorme precisión, aunque esto ya se sale del contexto de una grabadora doméstica típica y entra de lleno en maquinaria industrial de alto coste.

Tipos de fuente de fibra: Q-Switched y MOPA

Dentro del mundo del láser de fibra, es importante distinguir entre fuentes Q-Switched y MOPA, porque afecta a la flexibilidad de uso y al acabado en diferentes materiales.

Los láseres de fibra Q-Switched fueron durante años los más comunes. Son más económicos, pero tienen menos opciones de configuración de pulso (frecuencia, ancho de pulso, etc.), lo que limita algo su versatilidad y puede provocar deformaciones o quemados indeseados en ciertos materiales sensibles al calor.

Los láseres de fibra MOPA (Master Oscillator Power Amplifier) permiten un control mucho más amplio sobre el pulso, con muchos anchos y rangos de frecuencia diferentes. Bien configurados, se adaptan mejor a distintos metales y plásticos y reducen la zona afectada por el calor, logrando marcas más homogéneas y con menos rebaba térmica.

En sistemas de gama alta se pueden encontrar fuentes MOPA con más de una decena de anchos de pulso diferentes, lo que da un margen enorme para optimizar el resultado en cada combinación de material y aplicación.

Coste, mantenimiento y quién debería apostar por un láser de fibra

Aunque cada vez hay equipos de fibra más asequibles, siguen siendo máquinas notablemente más caras que un diodo o un CO2 doméstico. Es fácil encontrar marcadoras básicas a partir de unos 2.000 € y equipos profesionales que superan de largo los 30.000 € cuando hablamos de corte de chapa.

El mantenimiento es reducido comparado con un CO2: no hay tubos de gas que reemplazar, ni espejos en el recorrido del haz; básicamente se trata de mantener limpios los elementos ópticos y asegurar una buena refrigeración.

Si tu negocio gira alrededor del metal (joyería, herramientas personalizadas, componentes mecánicos, productos de acero o aluminio), y necesitas un marcado industrial rápido, preciso y permanente, el láser de fibra es la inversión lógica. Para uso puramente doméstico, suele ser “demasiada máquina” salvo que tengas proyectos muy claros orientados al metal.

Láser UV: precisión extrema para materiales delicados

El láser UV completa el abanico de tecnologías cuando hablamos de materiales delicados y sensibles al calor. Es el gran aliado para vidrio, cerámica fina, ciertos plásticos técnicos y aplicaciones donde un CO2 o un fibra podrían dañar o agrietar la pieza.

En este caso se trabaja con una longitud de onda muy corta (alrededor de 355 nm, en el ultravioleta). Esta luz de alta energía interactúa de forma distinta con los materiales: se produce más una fotodisrupción o fotoquímica que una simple acción térmica, reduciendo la zona afectada por el calor.

La consecuencia práctica es que se puede grabar con enorme finura en superficies frágiles sin generar grietas, tensiones o quemaduras visibles, algo que con CO2 o fibra sería muy complicado o directamente inviable.

Aunque existen equipos UV de diferentes potencias, en grabadoras y marcadoras domésticas y de laboratorio hablamos sobre todo de marcado, no de corte profundo. La prioridad aquí es la precisión y el mínimo daño colateral.

Vidrio y aplicaciones típicas del láser UV

Una de las preguntas más frecuentes es si un láser UV puede grabar vidrio sin romperlo, y la respuesta es que sí, es precisamente donde este tipo de láser destaca.

Gracias a su longitud de onda corta, el láser UV permite realizar marcas finas y limpias en botellas, copas, cristalería de laboratorio e incluso paneles de vidrio, sin provocar las típicas grietas o astillados que aparecen con otros tipos de láser.

Además del vidrio, el UV se usa muchísimo en plásticos de alta gama, componentes electrónicos, dispositivos médicos y piezas pequeñas donde la legibilidad y la integridad del material son críticas. Permite códigos muy pequeños, logotipos y textos con gran detalle.

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En cuanto a velocidad, suele ser más lento que un fibra para metal, y el coste de la máquina también es superior a muchas opciones CO2 o diodo, pero a cambio ofrece una calidad de grabado en materiales delicados que ningún otro tipo iguala.

Comparativa práctica: fibra vs CO2 vs diodo vs UV para uso doméstico

Más allá de la teoría, lo que realmente importa cuando eliges máquina para casa es qué vas a hacer con ella, qué materiales vas a tocar y cuánto quieres/puedes invertir. No hay un “mejor láser absoluto”, sino un láser más adecuado para cada escenario.

Si resumimos el enfoque por materiales, quedaría algo así:

  • Diodo: madera fina, cuero, papel, cartón, algunos plásticos. Grabado y corte ligero.
  • CO2: madera, acrílico, cuero, textiles, vidrio, algunas cerámicas. Gran capacidad de corte en no metales.
  • Fibra: metales (acero, aluminio, latón, cobre, oro, plata…), plásticos técnicos. Marcado industrial, posible corte metálico en máquinas de alta potencia.
  • UV: vidrio, cerámica delicada, plásticos sensibles, componentes pequeños donde el calor es un problema.

Si usas el láser equivocado para un material, los problemas no tardan en aparecer: marcas débiles o borrosas, bordes quemados, grietas en el vidrio, tiempos interminables de corte e incluso riesgo de estropear el equipo o el material.

En cambio, cuando aciertas con el tipo de láser, el resultado se nota enseguida: marcas nítidas, cortes limpios, menos retrabajos y, si vendes tus productos, clientes mucho más satisfechos y repetidores.

Por eso muchos profesionales que trabajan principalmente con metales acaban yéndose de cabeza al láser de fibra, mientras que quienes se mueven en el mundo creativo, rotulación y decoración basan casi todo su flujo de trabajo en CO2. El diodo se reserva para iniciarse y proyectos de manualidades, y el UV se queda como solución de nicho para vidrio y plásticos delicados.

También conviene recordar que no todas las máquinas dentro de un mismo tipo son iguales: dos equipos de fibra MOPA, por ejemplo, pueden ofrecer rangos de pulso completamente distintos y dar resultados muy diferentes en el mismo material. En CO2, la calidad del tubo, los espejos y la óptica marca la diferencia en velocidad, estabilidad y durabilidad.

Qué láser elegir para una grabadora doméstica

Una vez que conoces las fortalezas y limitaciones de cada tecnología, toca aterrizar la decisión en tu caso concreto. No es lo mismo querer una máquina para hacer regalos puntuales que para montar un pequeño taller con producción diaria.

Si tu presupuesto es ajustado y quieres empezar en el mundillo sin complicarte demasiado, el láser de diodo es un buen primer paso. Podrás grabar madera, cuero, papel y hacer pequeños cortes, aprender el flujo de trabajo y validar si te compensa dar el salto a algo más serio.

Si tu idea es producir de forma regular artículos en madera, acrílico, cuero o vidrio, y necesitas velocidad y capacidad real de corte, el CO2 es el candidato natural. Es el más equilibrado para un negocio de personalización con foco en no metales.

Cuando tu producto gira claramente alrededor del metal (joyas, navajas, herramientas, placas identificativas, piezas industriales), un láser de fibra, preferiblemente MOPA si buscas máxima flexibilidad, se convierte prácticamente en obligatorio para marcar con calidad profesional.

El láser UV queda reservado para proyectos donde el vidrio, la cerámica fina o los plásticos muy sensibles sean el núcleo de tu trabajo. Para la mayoría de usuarios domésticos no será la primera compra, pero puede ser una excelente segunda máquina cuando tu catálogo se llena de estos materiales.

Piensa también en el espacio, la ventilación, el ruido y la seguridad: un CO2 grande necesita extracción eficaz y refrigeración; un diodo puede ser más compacto pero exige gafas adecuadas si es abierto; un fibra o un UV suelen venir en cabinas cerradas con protecciones adicionales, pensadas incluso para uso en entornos industriales o de laboratorio.

Valorando tu presupuesto, el tipo de material principal, la necesidad de corte frente a solo grabado y el volumen de trabajo, podrás elegir el tipo de láser que mejor encaje en tu taller casero sin malgastar dinero en algo que no vas a aprovechar.

Con toda esta información en la mano, resulta mucho más fácil entender por qué tantas personas empiezan con un diodo, escalan a CO2 cuando el volumen de trabajo crece y, si su negocio se orienta al metal o a materiales muy delicados, incorporan más adelante un láser de fibra o UV; elegir bien desde el principio te evita frustraciones, marcas pobres y un buen puñado de euros tirados en la máquina equivocada.

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