Configurar RAID 0 o RAID 1 en Windows paso a paso

Última actualización: enero 28, 2026
Autor: Isaac
  • Windows permite crear RAID 0 y RAID 1 por software con Administración de discos y Espacios de almacenamiento, siempre usando discos preparados y sin datos.
  • Los modos de resiliencia de Espacios de almacenamiento equivalen a distintos niveles RAID, destacando el espejo bidireccional como alternativa a RAID 1.
  • El RAID por hardware vía BIOS/UEFI o controladora suele ser más robusto, especialmente si el sistema operativo reside en la matriz.
  • Aunque un RAID mejora rendimiento o tolerancia a fallos, no sustituye a una estrategia de copias de seguridad externas bien planificada.

Configuración RAID en Windows

Si te preocupa la seguridad de tus datos o quieres exprimir un poco más el rendimiento de tus discos, tarde o temprano te vas a topar con los arrays RAID configurados desde Windows. Aunque suene a algo muy de “friki de servidores”, la realidad es que con las herramientas que trae el sistema operativo cualquiera puede montar un RAID 0 o RAID 1 sin volverse loco.

En las próximas líneas vamos a ver, paso a paso, cómo crear un sistema RAID 0 o RAID 1 desde la Administración de discos y desde los Espacios de almacenamiento en Windows, qué limitaciones tiene cada método, qué alternativas hay vía BIOS/UEFI y qué problemas típicos te puedes encontrar. También repasaremos los tipos de RAID más habituales, qué discos conviene usar y en qué casos es mejor dejar el RAID en manos del hardware.

Qué es un RAID y qué posibilidades ofrece en Windows

Cuando hablamos de RAID nos referimos a una matriz redundante de discos independientes (Redundant Array of Independent Disks). En lugar de usar un solo disco, combinas varios en un único volumen lógico para ganar rendimiento, aumentar capacidad o mejorar la tolerancia a fallos, dependiendo del nivel de RAID que elijas.

En Windows, especialmente en Windows 10 y Windows 11, puedes montar un RAID de dos formas principales: RAID por software gestionado por el sistema operativo (con Espacios de almacenamiento, Administración de discos, PowerShell o Diskpart) o bien un RAID por hardware desde la BIOS/UEFI o una controladora dedicada. Cada enfoque tiene sus ventajas y sus pegas.

Con un RAID por software, el propio Windows se encarga de agrupar los discos y presentar un volumen único. Esto tiene la ventaja de que no necesitas controladoras especiales ni una placa base con opciones avanzadas, pero dependes totalmente del sistema operativo para acceder al volumen. Si formateas o reinstalas Windows, tendrás que volver a montar la configuración del RAID.

En el caso del RAID por hardware, la matriz se define a nivel de BIOS o en una tarjeta controladora RAID. Windows ve ese conjunto como un solo disco físico, sin saber que debajo hay varios platos trabajando en paralelo o en espejo. Este método suele ser más robusto, más rápido y menos dependiente del sistema operativo, aunque exige algo más de configuración previa y, a veces, un desembolso económico extra.

Diferencias entre RAID 0, RAID 1 y otros niveles habituales

Antes de ponerte a tocar nada conviene tener claro qué hace exactamente cada nivel de RAID, porque de ello dependerá si priorizas el rendimiento o la seguridad de tus datos. En un PC doméstico o de oficina lo normal es moverse entre RAID 0, RAID 1, RAID 5 y RAID 6, además de configuraciones más avanzadas presentes sobre todo en servidores y cabinas de almacenamiento.

La mayoría de placas base de consumo ofrecen de fábrica soporte directo para RAID 0 y RAID 1, y algunos chipsets más completos (tanto de Intel como de AMD) permiten montar niveles superiores como RAID 5 o RAID 10, ya sea desde la BIOS o mediante utilidades específicas del fabricante.

RAID 0: rendimiento a cambio de asumir riesgos

El problema es que no hay ningún tipo de redundancia: si uno de los discos de la matriz falla, los datos se vuelven prácticamente irrecuperables, porque partes de los ficheros estaban repartidas entre todos los discos. Es una configuración pensada para ganar velocidad y espacio, no para proteger información crítica.

RAID 1: espejado para proteger datos

En RAID 1, la prioridad es la tolerancia a fallos. Necesitas dos discos del mismo tamaño y el sistema mantiene en ambos una copia idéntica de toda la información. Es decir, lo que se escribe en el primer disco se replica de inmediato en el segundo, de ahí que también se conozca como mirror o espejo.

La capacidad utilizable es la del disco más pequeño, porque el contenido se clona. A cambio, si una de las unidades se rompe, el sistema puede seguir funcionando con la otra sin que pierdas ficheros. Es un esquema muy utilizado para equipos que almacenan datos importantes y donde no se puede asumir el riesgo de que un disco muera de repente.

RAID 5 y RAID 6: paridad para equilibrio entre capacidad y seguridad

RAID 5 se basa en distribuir los datos y la información de paridad entre un mínimo de tres discos. La paridad permite reconstruir los datos si una unidad deja de funcionar. Pierdes parte de la capacidad total (equivalente a un disco), pero ganas un equilibrio muy razonable entre rendimiento, espacio total y seguridad.

RAID 6 va un paso más allá y utiliza doble paridad, lo que permite sobrevivir al fallo simultáneo de dos discos, a costa de sacrificar aún más capacidad bruta. Estas configuraciones son habituales en entornos profesionales y NAS, y en Windows se suelen gestionar a través de controladoras dedicadas o funciones específicas de Windows Server.

También existen niveles combinados y más complejos (RAID 10, RAID 50, etc.), pero para un usuario típico en Windows 10 u 11 lo más común es quedarse con RAID 0 o RAID 1, ya sea desde el propio sistema o vía BIOS.

Requisitos previos y consideraciones importantes antes de crear RAID

Antes de lanzarte a crear una matriz RAID en Windows hay varios puntos que conviene tener muy presentes, porque pueden ahorrarte sustos serios. Para empezar, debes tener en cuenta que casi todos los procesos de creación de RAID borran por completo el contenido de los discos implicados, así que si tienes algo importante en ellos, toca copia de seguridad sí o sí.

Además, para que todo vaya fino es recomendable que los discos que vayas a usar sean del mismo tamaño y, a ser posible, del mismo modelo. Windows permite mezclar capacidades, pero la capacidad final estará limitada por el disco más pequeño. Si combinas un disco de 2 TB y uno de 1 TB en RAID 1, por ejemplo, solo podrás aprovechar 1 TB real y el resto quedará completamente desaprovechado.

Otro detalle clave es que en Windows 10 y Windows 11 no se puede crear un RAID por software sobre la unidad desde la que arranca el sistema usando Espacios de almacenamiento. Para montar un RAID que contenga también el sistema operativo tendrás que configurarlo antes de instalar Windows, bien mediante la BIOS/UEFI, bien mediante una controladora RAID.

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Por último, conviene recordar que un RAID no es sinónimo de copia de seguridad. Aunque tengas un RAID 1 perfectamente funcional, si borras un fichero por error o se corrompe un documento, esa corrupción se replicará en todas las copias. Sigues necesitando una política de backup externa (copias en otro disco, en un NAS, en la nube, etc.).

Preparar los discos desde la Administración de discos de Windows

Para que Windows pueda crear correctamente un RAID 0 o RAID 1, los discos que vayas a usar deben estar limpios, sin particiones activas ni volúmenes existentes. De lo contrario, la herramienta puede dar errores o directamente no mostrar las opciones de creación de volúmenes RAID.

La forma más sencilla de dejar los discos listos es ir a la utilidad de Administración de discos. Puedes abrirla haciendo clic con el botón derecho sobre el botón Inicio de Windows y eligiendo “Administrador de discos”, o bien escribiendo “diskmgmt.msc” en la barra de búsqueda o en la ventana Ejecutar.

Una vez dentro, fíjate bien en la parte inferior de la ventana, donde aparecen representados todos los discos físicos conectados. Los discos de los que quieras tirar para el RAID deben mostrar su espacio como no asignado, o directamente no tener ninguna partición. Si ves volúmenes con letra de unidad, sistema de archivos, etc., tendrás que borrarlos.

Para dejar un disco limpio, haz clic con el botón derecho sobre cada volumen que aparezca en ese disco y elige la opción “Eliminar volumen”. Repite el proceso hasta que todo el espacio aparezca como “No asignado”. Esta operación borra completamente el contenido, así que asegúrate de que no queda nada importante antes de seguir.

Si los discos han sido parte de un RAID anterior o tienen particiones rebeldes, puede ser necesario recurrir a Diskpart desde la consola o a un gestor de particiones de terceros para hacer una limpieza más profunda, pero en la mayoría de casos con la propia Administración de discos es suficiente.

Configurar RAID 0 y RAID 1 desde Administración de discos

Históricamente, Windows ha permitido crear volúmenes RAID por software directamente desde la Administración de discos mediante discos dinámicos. Este método sigue presente en ciertas ediciones y versiones, si bien en Windows 10 y, sobre todo, Windows 11, Microsoft insiste más en el uso de Espacios de almacenamiento que en los viejos discos dinámicos.

El principio de funcionamiento es sencillo: conviertes los discos básicos en discos dinámicos y, a partir de ahí, puedes crear distintos tipos de volúmenes (simple, distribuido, reflejado, RAID 5, etc.). Para RAID 0 se usa un volumen distribuido (striped) y para RAID 1 un volumen reflejado (mirrored).

En algunas compilaciones de Windows 11, la opción “Nuevo volumen reflejado” puede no aparecer disponible, especialmente si el sistema desaconseja el uso de dinámicos. En otros entornos, como Windows Server, estas funciones se mantienen plenamente activas. Conviene comprobarlo en tu instalación concreta antes de planificar nada.

Pasos generales para crear un volumen RAID desde Administración de discos

Partiendo de que ya tienes los discos con espacio no asignado, los pasos típicos para crear un RAID 0 o RAID 1 mediante discos dinámicos son bastante parecidos, cambiando solo el tipo de volumen que seleccionas en el asistente de creación.

Lo primero es convertir los discos: haz clic con el botón derecho sobre el nombre del disco (por ejemplo, “Disco 1”) en la zona izquierda y elige “Convertir en disco dinámico”. El asistente te permitirá seleccionar varios discos a la vez, así que marca todos los que vayas a usar para el RAID y confirma la operación.

Una vez que los discos sean dinámicos, ya puedes crear el volumen RAID. Si lo que buscas es rendimiento y sumar capacidad (RAID 0), crea un “Nuevo volumen distribuido” o “Nuevo volumen seccionado”. El asistente te pedirá que elijas qué discos quieres incluir, te mostrará el tamaño resultante y, al final, deberás asignar una letra de unidad y un sistema de archivos, normalmente NTFS.

Si lo que te interesa es montar un espejo RAID 1, elige la opción “Nuevo volumen reflejado” cuando pulses con el botón derecho sobre el espacio no asignado de uno de los discos dinámicos. Añade el segundo disco, asigna letra, formato y listo. Windows sincronizará ambos discos y verás un porcentaje de progreso hasta que la copia se complete al 100 %.

En el caso concreto de convertir el propio disco de sistema a dinámico para reflejarlo (RAID 1 de arranque), el proceso incluye pasos adicionales, como añadir espejo a las particiones del sistema y de datos, y es una maniobra algo más delicada. Muchos usuarios prefieren recurrir en este escenario a un RAID por hardware en BIOS para evitar complicaciones.

Configurar RAID con Espacios de almacenamiento en Windows 10 y 11

En Windows 10 y Windows 11, Microsoft ha ido empujando a los usuarios hacia el uso de la función Espacios de almacenamiento, que actúa como una especie de capa de abstracción sobre varios discos físicos permitiendo crear agrupaciones flexibles con distintos niveles de resiliencia.

Esta característica se controla desde el Panel de control clásico. Puedes llegar a ella escribiendo “Espacios de almacenamiento” en la búsqueda de Windows, o bien abriendo el Panel de control, con vista por iconos, y entrando en el apartado correspondiente. Es ahí donde podrás crear grupos de discos y volúmenes con redundancia sin necesidad de convertirlos en dinámicos.

Una vez dentro de Espacios de almacenamiento, la opción que debes seleccionar es “Crear un nuevo grupo y espacio de almacenamiento”. Al pulsarla, Windows escaneará las unidades conectadas y te mostrará los discos disponibles que se pueden incluir en el grupo, siempre que no tengan volúmenes activos o particiones asignadas.

Selecciona los discos que formarán parte del RAID y confirma la creación del grupo. Ten presente que todo lo que contengan esos discos se va a borrar durante el proceso. Si tienes dudas, revisa dos veces qué unidades estás marcando antes de continuar.

En la siguiente pantalla, Windows te pedirá una serie de parámetros para tu nuevo espacio de almacenamiento: nombre que quieres darle, letra de unidad que se mostrará en el explorador, sistema de archivos (lo habitual es NTFS) y, muy importante, el tipo de resiliencia que deseas.

Equivalencias de resiliencia en Espacios de almacenamiento

En la interfaz de Espacios de almacenamiento, en lugar de hablar directamente de RAID 0 o RAID 1, Microsoft utiliza términos como “Simple”, “Espejo bidireccional” o “Espejo de tres vías”. Cada uno corresponde, en la práctica, a un tipo de RAID o configuración concreta.

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Cuando eliges “Simple (sin resiliencia)”, estás creando algo funcionalmente similar a un JBOD o un volumen distribuido sin protección. Los discos se agrupan para formar un único volumen, pero si uno falla, los datos se pierden. Es útil para ganar capacidad y poco más.

Si seleccionas “Espejo bidireccional” (Two-way mirror), el sistema monta un equivalente a RAID 1, duplicando la información entre dos unidades. Necesitas al menos dos discos y la capacidad efectiva será la de uno solo, pero a cambio tus datos estarán replicados, de forma que si un disco muere, la matriz sigue operativa.

Con “Espejo de tres vías” (Three-way mirror), Windows mantiene tres copias de los datos en tres discos diferentes. En la práctica sigue siendo un esquema a lo RAID 1, pero con más copias para sobrevivir a fallos múltiples. Es poco habitual en equipos domésticos por el coste en hardware.

Finalmente, el modo de “Paridad” disponible en algunos escenarios se corresponde a un RAID 5 gestionado por software. Esta opción suele reservarse para entornos de Windows Server, donde la carga de trabajo y el número de discos justifican la complejidad añadida.

Respecto al tamaño, Windows te mostrará una capacidad máxima sugerida que puede ser ligeramente inferior a la suma bruta de los discos, ya que se reserva espacio para futuras ampliaciones o para gestionar la resiliencia. En general, conviene dejar el valor por defecto, salvo que tengas un plan muy concreto de expansión posterior.

Solución de problemas: tamaños de sector, errores y discos con metadatos antiguos

Al trabajar con Espacios de almacenamiento es relativamente frecuente encontrarse con errores al intentar añadir determinadas unidades a un grupo, especialmente si los discos tienen tamaños de sector diferentes o han sido usados previamente en otros sistemas RAID.

Uno de los conflictos típicos aparece cuando se mezclan discos con sectores de 512e (512 bytes emulados) y 4K nativos. Espacios de almacenamiento no lleva nada bien esta combinación, y puede negarse a incluir ciertas unidades en un grupo, o mostrar mensajes de error del tipo “No se puede agregar una nueva unidad, error 0x00000032”.

Para diagnosticar el tamaño de sector real desde Windows, puedes abrir un Símbolo del sistema con privilegios de administrador y ejecutar el comando:
fsutil fsinfo ntfsinfo X: reemplazando X: por la letra de una de las unidades. En la salida verás campos como “Bytes por sector” y “Bytes por sector físico”, que te permitirán comprobar la configuración.

Si confirmas que hay discrepancias y el problema viene de ahí, existen herramientas de terceros como MiniTool Partition Wizard o NIUBI Partition Editor que permiten ajustar el tamaño de sector a 4K y homogeneizar así todas las unidades. Tras aplicar los cambios y reiniciar el equipo conviene volver a probar la creación del grupo en Espacios de almacenamiento.

Otro disgusto habitual se da en discos que han formado parte de un RAID anterior o contenían sistemas operativos. Aunque los formatees, pueden quedar metadatos residuales que llevan a errores al intentar agregarlos a un nuevo grupo. En ese caso, una solución eficaz es recurrir a PowerShell para resetear el disco a nivel lógico.

El procedimiento básico consiste en listar los discos físicos con el comando Get-PhysicalDisk, identificar el disco problemático por su FriendlyName o, mejor aún, por su UniqueId, y ejecutar después Reset-PhysicalDisk -UniqueId «ID-DEL-DISCO». Esto limpia los metadatos que provocaban el conflicto y permite reutilizar la unidad sin molestias.

RAID por BIOS/UEFI y utilidades específicas de Intel y AMD

Si no quieres depender de Windows para gestionar tu matriz, o pretendes incluir también el disco de sistema dentro del RAID, lo lógico es mirar hacia el RAID por hardware que ofrece la propia placa base o una controladora adicional.

En placas base Intel con chipsets de las series H, X y Z es muy común disponer de soporte para Intel Rapid Storage Technology (IRST). Esta tecnología permite configurar distintos niveles de RAID directamente a partir de la controladora integrada en la placa, usando menús de BIOS/UEFI y una utilidad para Windows que facilita el seguimiento del estado de la matriz.

En el caso de plataformas AMD con chipsets de las series X y B, la funcionalidad equivalente se llama RAIDXpert2. Funciona de una forma parecida: configuras el modo RAID en BIOS, defines qué discos van a formar parte del array y terminas de ajustar parámetros desde la propia UEFI o desde la utilidad gráfica dentro de Windows.

El patrón general suele ser el siguiente: entras en la BIOS/UEFI al arrancar el equipo (normalmente pulsando Supr, F2, F10 o la tecla que indique la pantalla inicial), localizas el apartado de configuración SATA o almacenamiento y cambias el modo de AHCI a RAID. Al hacerlo, suele aparecer un menú adicional específico para configurar arrays.

Desde ese menú seleccionas las unidades que quieras incluir, eliges el tipo de RAID (0, 1, 5, 10, según lo que admita tu placa) y guardas la configuración. A partir de ahí, cuando arranque Windows, verá el conjunto como un único disco. Si vas a instalar el sistema operativo en esa matriz, puede que necesites integrar los controladores RAID en el medio de instalación o cargarlos durante la instalación, sobre todo en versiones antiguas como Windows Server 2003.

Esta aproximación es especialmente recomendable cuando quieres un RAID 1 para el disco del sistema y te da respeto trastear con discos dinámicos desde una instalación ya en marcha. Una vez pillado el truco a la BIOS, deja de tener mucho misterio.

RAID por software con línea de comandos y PowerShell

Aunque la mayoría de usuarios se apaña perfectamente con los asistentes gráficos, Windows también permite montar matrices RAID por software usando Diskpart en la consola clásica o cmdlets de PowerShell. Esto es especialmente útil en entornos de scripting, automatización o servidores donde se trabaja sin interfaz gráfica.

Con Diskpart puedes listar discos con list disk, seleccionar cada uno de ellos con select disk n y convertirlos en dinámicos con convert dynamic. Una vez convertidos, es posible crear un volumen RAID agrupando varios discos mediante comandos como create volume raid disk=1,2,3 para RAID 5, o create volume stripe size=n disk=1,2,3 para un RAID 0 ajustando el tamaño de bloque.

Después de crear el volumen, se imprime en la lista de volúmenes y basta con formatearlo y asignarle una letra usando los comandos format (indicando sistema de archivos y etiqueta) y assign, respectivamente. Es un método muy potente, pero exige ir con pies de plomo, porque un error de número de disco puede acabar borrando la unidad equivocada.

 

2. Haz clic en ""Archivo"" en la esquina superior izquierda.

PowerShell, por su parte, ofrece cmdlets para trabajar con Espacios de almacenamiento y con discos físicos, lo que permite automatizar la creación de grupos, resetear unidades problemáticas o ampliar matrices ya existentes sin necesidad de ir clicando por menús. Es una opción más avanzada, pero muy valorada en administración de sistemas.

Ampliar o modificar una matriz RAID existente en Windows

Es bastante habitual que, con el tiempo, ese RAID que montaste tan contento se te quede pequeño. La buena noticia es que, si trabajas con Espacios de almacenamiento, puedes añadir discos nuevos a un grupo existente y ampliar la capacidad sin tener que deshacer la matriz y empezar de cero.

Para ello solo tienes que volver a la ventana de Espacios de almacenamiento, localizar el grupo que creaste en su día y pulsar en la opción “Agregar discos”. El asistente te mostrará las unidades libres que puedes sumar al grupo. Tras seleccionarlas y confirmar, Windows repartirá la carga y, en función del tipo de resiliencia, reconfigurará internamente la disposición de datos y paridad.

Si lo que necesitas es retirar un disco de la matriz, puedes hacerlo desde el mismo panel utilizando la opción “Unidades físicas” dentro del espacio de almacenamiento. Allí eliges la unidad a retirar, pulsas “Preparar para eliminación” y esperas a que Windows migre automáticamente los datos que contenía hacia los otros discos del grupo.

Cuando el proceso finaliza, el botón pasa a ser “Eliminar” y ya puedes sacar esa unidad de la matriz. Ten en cuenta que, una vez eliminada del grupo, el disco aparecerá como disponible pero sin partición, por lo que tendrás que crear un volumen nuevo desde Administración de discos o con Diskpart si quieres reutilizarlo de forma independiente.

En configuraciones basadas en discos dinámicos y Administración de discos clásica, la ampliación de un volumen RAID es más limitada y, en muchos casos, requiere planificar las necesidades de capacidad desde el principio, ya que no todos los tipos de volumen se pueden extender fácilmente sin recrear la matriz.

Elección de unidades: HDD, SSD y tarjetas de expansión para RAID

A la hora de montar un RAID en Windows, una decisión clave es el tipo de unidades que vas a usar. Lo más habitual para almacenamiento masivo son los discos duros mecánicos (HDD), ya que ofrecen capacidades grandes a buen precio y, en configuraciones en espejo o con paridad, su rendimiento es más que suficiente para copias, archivos compartidos o multimedia.

Los HDD tienen la ventaja de que generan menos calor y suelen ser más predecibles en cuanto a degradación. En un chasis con ventilación modesta, una matriz de discos mecánicos puede resultar más fácil de mantener a raya que un grupo de SSD saturados leyendo y escribiendo a alta velocidad continuamente.

Si tu objetivo es maximizar rendimiento, puedes plantearte un RAID de SSD SATA o incluso de unidades NVMe M.2, pero aquí entran en juego otros factores. Por un lado, las placas base de consumo no suelen tener muchos puertos M.2 libres, y por otro, los SSD de alta capacidad (2 TB, 4 TB o más) siguen teniendo un precio elevado, especialmente los modelos PCIe rápidos. Si vas por la vía NVMe, ten en cuenta las recomendaciones de RAID con SSD NVMe.

Para superar estas limitaciones existen tarjetas de expansión PCIe que permiten conectar varios SSD M.2 adicionales. Algunas de estas tarjetas están pensadas específicamente para crear sistemas RAID a nivel de hardware, aprovechando la enorme velocidad del bus PCIe. Eso sí, muchas de ellas ocupan la ranura PCIe x16 donde normalmente iría la tarjeta gráfica, por lo que conviene valorar bien el uso principal del equipo.

En la mayoría de escenarios domésticos o de pequeña oficina, la solución más equilibrada pasa por combinar un SSD rápido para el sistema operativo y programas con uno o varios HDD en RAID para datos. Así consigues rapidez en el día a día y un almacenamiento masivo relativamente protegido; si tienes dudas sobre combinar unidades, consulta la entrada sobre mezclar HDD y SSD en un RAID.

Cuándo es buena idea (y cuándo no) montar RAID en Windows

El RAID por software que ofrece Windows resulta muy cómodo cuando quieres proteger datos almacenados en discos secundarios o agrupar varias unidades para simplificar su gestión. Por ejemplo, para bibliotecas de fotos, vídeos, proyectos profesionales o copias de seguridad de otros equipos.

Ahora bien, como la configuración de la matriz está íntimamente ligada al sistema operativo, cualquier problema serio en la instalación de Windows puede dejarte, como mínimo, sin acceso inmediato al RAID hasta que vuelvas a reconstruirlo. Si, además, esos discos contienen el propio sistema, te complicas aún más la vida; en esos casos conviene saber cómo reparar Windows con DISM antes de tomar decisiones drásticas.

Por eso, muchas guías y profesionales recomiendan reservar el RAID por software de Windows para discos de datos y utilizar, para el sistema o configuraciones críticas, una solución por hardware en BIOS o en una controladora dedicada, o directamente un NAS externo que se encargue de todo el tema de redundancia.

Si ya tienes un RAID a nivel de placa base para el disco del sistema, y encima montas un segundo RAID por software en unidades adicionales, puedes conseguir un nivel de protección bastante alto: el RAID de arranque te da tolerancia a fallos en el sistema, mientras que el RAID de datos mantiene a salvo tus ficheros de trabajo. Aun así, sigue siendo fundamental hacer copias de seguridad externas.

Para quienes necesitan algo todavía más serio, como varias decenas de terabytes, latencias muy bajas y modos de redundancia avanzados, suele ser más sensato apostar por soluciones de almacenamiento dedicadas como un NAS o un DAS profesional. Aunque suponen un coste extra, ofrecen una flexibilidad y una tranquilidad que un RAID casero por software no siempre puede igualar.

Al final, configurar un RAID 0 o RAID 1 desde la Administración de discos o a través de Espacios de almacenamiento de Windows es un recurso muy potente al alcance de cualquier usuario con un poco de paciencia: basta con preparar bien los discos, entender qué tipo de resiliencia se ajusta a tus necesidades, tener claro que un RAID no sustituye a las copias de seguridad y decidir si te compensa delegar parte del trabajo en la BIOS o en herramientas como Intel RST o RAIDXpert2 para ganar robustez y olvidarte del sistema operativo como eslabón débil.

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