Curiosidades sobre Apple que casi nadie conoce

Última actualización: febrero 11, 2026
Autor: Isaac
  • Apple ha pasado de un garaje con tres fundadores a una marca global llena de anécdotas, éxitos y fracasos muy peculiares.
  • El logo, los nombres de productos, los precios y hasta la hora en los anuncios esconden decisiones y guiños cargados de historia.
  • Experimentos como la línea de ropa, el Apple Café, la Pippin o el Newton muestran el lado más arriesgado y menos conocido de la compañía.
  • La figura de Tim Cook y la vida en el Apple Park añaden nuevas curiosidades al legado construido en tiempos de Steve Jobs.

Curiosidades sobre Apple

Hablar de Apple es hablar de mucho más que móviles y ordenadores. Con el paso de las décadas, la compañía de la manzana ha pasado de ser un pequeño proyecto en un garaje a convertirse en un símbolo de estatus, de diseño y casi de estilo de vida. A su alrededor hay una mezcla de secretismo, rumores, anécdotas frikis y decisiones empresariales rarísimas que la han hecho todavía más interesante para los fans.

Si te gustan los productos de la marca o simplemente sientes curiosidad por su historia, agárrate porque vienen curvas: desde el socio que vendió sus acciones por calderilla hasta consolas olvidadas, líneas de ropa fallidas, demandas surrealistas y un CEO que se levanta antes de las 5 de la mañana. Todo ello salpicado de detalles curiosos sobre el logo, los precios, la hora que marcan sus anuncios y hasta la comida del Apple Park.

Los orígenes de Apple y sus fundadores

Apple nació en 1976 de la mano de tres cofundadores: Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne. Lo habitual es que todo el mundo recuerde solo a los dos primeros, pero hubo un tercer socio que ayudó a montar la empresa… y que tomó una de las peores decisiones financieras de la historia reciente.

Ronald Wayne participó en la creación de la compañía, diseñó el primer logotipo y ayudó a poner algo de orden en aquella pequeña aventura. Sin embargo, apenas doce días después de firmar los papeles decidió marcharse, asustado por el riesgo económico, y vendió su participación por unos 800 dólares. Hoy esas acciones se valorarían en decenas de miles de millones. No es difícil imaginar el nivel de arrepentimiento.

Todo empezó cuando Wozniak, un genio de la electrónica con alma de hacker, quiso construir su propio ordenador personal. Aquello que comenzó como un proyecto casi de aficionado terminó tomando forma en el famoso garaje de la familia Jobs, donde Steve ponía la visión de negocio y la capacidad de vender sueños, y Woz se encargaba de que la tecnología funcionase de verdad.

Para financiar la aventura inicial, Jobs vendió su furgoneta y Wozniak se deshizo de su calculadora programable, que en aquella época era casi un tesoro. A base de sacrificios personales y mucha fe en lo que tenían entre manos, empezaron a construir las primeras placas del Apple I.

El primer logo y el nacimiento de la manzana mordida

Antes de la icónica manzana mordida, Apple tuvo un logotipo que poca gente conoce: una imagen muy detallada de Isaac Newton sentado bajo un manzano, con una manzana a punto de caerle en la cabeza. El dibujo, rodeado de filigranas y con la inscripción “Apple Computer Co.”, fue diseñado precisamente por Ronald Wayne.

Aunque era un diseño bonito, parecía más el escudo de una editorial antigua que el logo de una empresa de informática moderna. Steve Jobs estaba convencido de que aquel logo tan recargado no encajaba con su idea de una marca limpia, fácil de reconocer y perfecta para estampar en un ordenador, así que decidió que necesitaban algo mucho más sencillo y directo.

En 1977 encargaron un nuevo diseño a Rob Janoff, que acabó creando la famosa manzana mordida con franjas de colores. Ese arcoíris hacía referencia al Apple II, uno de los primeros ordenadores personales con pantalla en color, y reforzaba la idea de creatividad y frescura. Con el tiempo, la marca fue simplificando el logo hasta llegar a la manzana monocroma que conocemos hoy, pero el mordisco se mantuvo siempre.

Alrededor de ese mordisco han surgido varias teorías: una de las más repetidas apunta a un juego de palabras entre “bite” (mordisco) y “byte”, la unidad básica de memoria informática. No está del todo confirmado que fuera el motivo principal, pero la coincidencia encaja tan bien con el universo tech que se ha convertido casi en parte del mito de Apple como marca cuidadosamente pensada.

Por qué se llama Apple y de dónde viene “Macintosh”

El nombre “Apple” tampoco es casual. Una de las razones prácticas fue que, al ordenarse las empresas alfabéticamente, la compañía aparecería antes que Atari, donde Jobs había trabajado. En la época, Atari era un gigante de los videojuegos, así que adelantarla en las listas telefónicas era una forma muy simple de ganar visibilidad.

Además, la palabra “apple” sonaba fresca, cercana, fácil de pronunciar en casi cualquier idioma y muy alejada de la jerga técnica habitual de la informática de entonces. Esa mezcla de sencillez y cercanía encajaba bien con la ambición de acercar los ordenadores al gran público, no solo a ingenieros y frikis de laboratorio.

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Algo parecido ocurrió con el nombre del Macintosh, o Mac. El proyecto fue impulsado por Jef Raskin, apasionado de una variedad de manzana llamada McIntosh. Le gustaba tanto el nombre que lo propuso para el nuevo ordenador personal de Apple. Para evitar conflictos legales y cuestiones de marca, alteraron ligeramente la grafía y se quedó en “Macintosh”.

Curiosamente, Jobs insistió en que ese nombre fuese provisional y llegó a proponer alternativas como “Bicycle”, porque le gustaba la metáfora de la bicicleta como extensión del cuerpo humano aplicada a la tecnología. Sin embargo, la dirección de la empresa mantuvo Macintosh y, con el tiempo, la familia Mac se convirtió en uno de los pilares más reconocibles de todo el catálogo de Apple.

Apple I, precios curiosos y productos que salieron mal

El primer ordenador comercial de la compañía, el Apple I, salió a la venta en 1976 por un precio llamativo: 666,66 dólares. Steve Wozniak explicó que no había ninguna intención satánica, simplemente le gustaban las cifras repetidas y le parecía fácil de teclear y recordar. Aun así, el número contribuyó a amplificar la leyenda alrededor de la máquina.

Aquellos primeros Apple I se vendían sin carcasa ni teclado, básicamente como una placa base montada a mano. Hoy en día se conservan poquísimas unidades, se calcula que menos de un centenar, y algunas subastas han alcanzado cifras de varios cientos de miles de dólares, con piezas vendidas por más de 300.000 o incluso 900.000 dólares dependiendo del estado y la procedencia.

No todos los productos de Apple fueron un éxito. A principios de los 80, la compañía lanzó el Lisa, un ordenador avanzado para la época, con interfaz gráfica, ratón y pantalla integrada. Tras años de desarrollo y una inversión enorme, llegó al mercado a un precio de casi 10.000 dólares, una auténtica barbaridad para un equipo personal.

Se vendieron muy pocas unidades, probablemente sin llegar a las 100.000, y el Lisa pasó a la historia como uno de los grandes fracasos comerciales de Apple. Aun así, fue clave en la evolución de la interfaz gráfica y del uso del ratón como herramienta cotidiana. El nombre oficial venía de “Logical Integrated Software Architecture”, aunque coincidía además con el de la hija de Steve Jobs, lo que añadió un toque personal a la historia del proyecto.

Otro intento fallido fue el Newton, una PDA que tardaron más de una década en desarrollar y que salió antes de que el mercado estuviera preparado. Quería ser un asistente digital con reconocimiento de escritura, pero la tecnología no terminaba de ir fina y se hizo famoso precisamente por sus errores. A día de hoy se le recuerda como uno de los tropiezos más sonados de la compañía en el terreno de los dispositivos móviles.

Experimentos raros: ropa, café, consolas y un Mac a prueba de balas

En los años en los que Steve Jobs estuvo fuera de la empresa, Apple se puso creativa intentando encontrar nuevas vías de ingresos. Una de las decisiones más peculiares fue lanzar, en 1986, una línea de ropa y accesorios llamada “The Apple Collection”. Incluía sudaderas, camisetas, cinturones, gorras y otros complementos con el logo multicolor.

No se quedaron solo en ropa básica: también llegaron a vender toallas, maletas, paraguas, relojes, una navaja suiza con el logo de la manzana e incluso una tabla de windsurf. La idea era explotar la marca como símbolo aspiracional, pero en aquella época el público no estaba por la labor de vestir “de Apple” y la colección fue un fracaso. Hoy esas prendas se han convertido en piezas muy cotizadas entre coleccionistas.

A finales de los 90 se planteó otra idea curiosa: el Apple Café. Jobs imaginó un espacio donde la gente pudiera probar los productos de la compañía mientras tomaba algo, una especie de cibercafé de alta gama vinculado directamente a la marca. El proyecto nunca llegó a concretarse, pero muchos analistas consideran que fue el germen conceptual de las actuales Apple Store como espacios de experiencia más que simples tiendas.

Entre los experimentos poco conocidos también está la Pippin, una consola de videojuegos desarrollada junto a Bandai y lanzada en los años 90. Permitía jugar, reproducir CD e incluso conectarse a internet, pero tenía un problema enorme: costaba aproximadamente el doble que una PlayStation y el triple que una Nintendo 64. El resultado fue un fiasco comercial y su retirada del mercado en muy poco tiempo.

No todas las historias curiosas son fracasos. En 2007, durante un intento de robo en Brasil, un usuario se salvó de un disparo porque el proyectil impactó en su MacBook Pro y quedó frenado en la batería. Increíblemente, el portátil llegó a encenderse y funcionar tras el incidente. El caso dio la vuelta al mundo y reforzó, de manera bastante literal, la fama de los portátiles de Apple como máquinas resistentes.

iMac de colores, el origen de la “i” y la inspiración en los caramelos

Cuando Apple lanzó el primer iMac a finales de los 90, no solo estaba presentando un nuevo ordenador, estaba redefiniendo el aspecto de la informática doméstica. El equipo lucía una carcasa translúcida en colores vivos que contrastaba brutalmente con las torres grises de la competencia y se convirtió en un icono del diseño tecnológico.

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Para elegir esos colores, el diseñador Jonathan Ive y su equipo pasaron tiempo observando cómo funcionaban los tonos en una fábrica de caramelos. Querían que los iMac transmitieran la misma sensación de frescura, diversión y atractivo visual que una estantería llena de dulces, algo que se nota en tonos como el azul Bondi o el verde lima.

La letra “i” que precede a muchos productos de la compañía, como iMac, iPod, iPhone o iPad, nació precisamente con aquel iMac original. Oficialmente, se explicó que la “i” hacía referencia a internet, individual, instruir, informar e inspirar. Era una declaración de intenciones: ordenadores pensados para conectarse a la red, fáciles de usar y orientados a personas creativas.

Con los años, la “i” se convirtió en una especie de sello de identidad de la marca, presente en buena parte de sus dispositivos estrella. Tanto es así que, cuando se barajaron los nombres para la tableta de Apple, estuvieron sobre la mesa alternativas como “iSlate” o “iTablet”, aunque al final el nombre que ganó fue iPad, muy en la línea de esa familia de productos.

El diseño industrial de Apple ha recibido incluso reconocimiento como obra de arte. Un ejemplo llamativo es el Power Mac G4, expuesto en el MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) como pieza de diseño, algo que muy pocas marcas tecnológicas pueden decir de sus ordenadores.

iPod, cine de culto y el salto a la era de las apps

El nombre iPod tiene su propia historia curiosa. Un publicista llamado Vinnie Chieco, trabajando con Apple, recordó una frase de la película “2001: Una odisea del espacio”: “Open the pod bay doors, HAL”. La idea de pequeños “pods” conectados encajaba con el concepto de un dispositivo donde llevar tu música, y al añadirle la famosa “i” nació “iPod”.

El primer iPod llegó en 2001 con un eslogan que marcó época: “1.000 canciones en tu bolsillo”. Tenía 5 GB de capacidad, una pequeña pantalla en blanco y negro y una rueda física que giraba para desplazarse por los menús. No era el único reproductor de música del mercado, pero era más compacto y estaba mucho mejor integrado con el ecosistema de Apple, lo que acabó dándole una ventaja brutal.

Aquel pequeño aparato cambió por completo la imagen de la empresa, que pasó de percibirse como un fabricante de ordenadores a convertirse en una compañía de dispositivos de consumo masivo. Como guiño para los más frikis, el primer iPod escondía un “huevo de Pascua” con el juego Breakout, desarrollado originalmente por Wozniak y Jobs cuando trabajaban para Atari. Bastaba con ir al menú “Acerca de” y mantener pulsado el botón central unos segundos para acceder al minijuego.

El iPhone, presentado en 2007, supuso otra revolución, pero la primera versión tenía una limitación enorme: no permitía instalar aplicaciones de terceros. Jobs defendía que los desarrolladores podían crear apps web que se ejecutasen desde el navegador, pero la comunidad reclamaba un sistema más potente y flexible; también surgieron curiosidades y trucos muy difundidos entre usuarios.

La presión fue tanta que, en 2008, Apple lanzó el SDK para desarrolladores y abrió la App Store. Desde entonces, el ecosistema de aplicaciones creció hasta convertirse en uno de los pilares del negocio de la empresa. Años más tarde, y sobre todo con versiones recientes como iOS 17.4, se han empezado a permitir también otras tiendas de apps en determinadas regiones, algo impensable en los primeros tiempos del iPhone.

La hora 9:41, los términos de uso y otras rarezas

Si te fijas en las imágenes promocionales de iPhone y iPad, casi siempre verás la misma hora en la pantalla: las 9:41 de la mañana. No es un capricho estético: fue aproximadamente la hora a la que Steve Jobs mostró al mundo el primer iPhone en enero de 2007 durante la keynote, y Apple decidió inmortalizar ese momento en sus campañas.

En los primeros años, muchos anuncios mostraban la hora 9:42, que coincidía de forma bastante precisa con el minuto en el que se reveló el iPhone en escena. Más adelante, con la llegada del iPad en 2010, ajustaron la hora mostrada a las 9:41 para sincronizar mejor las presentaciones y reforzar ese detalle casi obsesivo por la coherencia visual en todos los materiales de marketing.

Los términos y condiciones de Apple también esconden perlas curiosas. Uno de los puntos de las condiciones de iTunes especifica que el usuario se compromete a no usar ningún producto de la compañía para desarrollar armas nucleares u otros sistemas de destrucción masiva. Legalmente tiene sentido, pero leído de golpe parece una broma escondida en mitad de un texto eterno que casi nadie revisa completo.

A nivel de anécdotas legales, es famosa la historia de las demandas de Carl Sagan contra Apple. Los ingenieros habían usado su nombre como código interno para el Power Mac 7100, con la idea de que la máquina generase “billones y billones” de dólares. El astrónomo se enteró y demandó a la empresa por utilizar su nombre sin permiso. La respuesta interna fue cambiar el nombre en clave a “BHA”, siglas de “Butt-Head Astronomer” (algo así como “astrónomo cabezahuevo”), lo que dio pie a un nuevo conflicto. Al final, tras varios rifirrafes, el asunto se resolvió y Apple dejó de usar referencias a Sagan.

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También hay historias que cruzan el mundo de la música con el de la tecnología. Durante años, Apple tuvo problemas de marca con Apple Records, el sello discográfico de The Beatles. En 1978, la compañía de Cupertino tuvo que pagar una suma importante para resolver disputas por el uso del nombre y del logo, en un conflicto que se reactivó varias veces hasta llegar a acuerdos más estables con el tiempo.

Tim Cook, el Apple Park y la vida diaria del CEO

Tras la era de Steve Jobs, el protagonismo ha pasado a Tim Cook, un perfil muy distinto pero lleno de manías y hábitos curiosos. En diversas entrevistas y podcasts, Cook ha contado que su momento favorito del día es la madrugada, cuando todo está en silencio y puede concentrarse sin distracciones.

Se levanta habitualmente antes de las 5:00 de la mañana y empieza la jornada respondiendo correos electrónicos, pudiendo llegar a recibir más de 600 mensajes al día. De adolescente ya tenía esa ética de trabajo: a los 11 años repartía periódicos y a los 14 trabajaba en una hamburguesería, así que la disciplina le viene de lejos.

Su rutina incluye un desayuno bastante saludable: suele tomar cereales proteicos de anacardo con leche de almendras sin azúcar. Le gusta el pescado, especialmente el branzino, es fan del pulpo en algunos restaurantes de Palo Alto y confiesa debilidad por el chocolate negro. En cuanto a bebidas, se decanta por el vino blanco, con cierta preferencia por el Chardonnay de la bodega Kistler.

Cook trabaja cuatro días a la semana en el Apple Park, la espectacular sede circular de la compañía en Cupertino, y suele pasar el viernes en casa porque, según él, la oficina casi vacía le resulta deprimente. Aprovecha mucho la comida del Caffé Macs, el comedor del campus, donde hay opciones de todo el mundo: platos asiáticos, comida india, sushi, hamburguesas, pizza, sopas y ensaladas para una plantilla extremadamente internacional.

El Apple Park también es escenario de curiosidades menos conocidas, como el hecho de que recogen la fruta de los árboles del recinto para hacer mermelada propia. En su tiempo libre, Cook disfruta haciendo senderismo y visitando parques nacionales, y su Apple Watch ha llegado incluso a ayudar a su familia: en una ocasión, el reloj detectó la caída de su padre cuando estaba solo y envió avisos tanto a los servicios de emergencia como a sus contactos, un ejemplo real de cómo la tecnología de la compañía puede tener impacto directo en la vida de las personas.

Más curiosidades sueltas: Harvard, emojis y otros detalles

La cultura popular que rodea a Apple también se alimenta de todo tipo de datos llamativos. Uno de ellos es que, según algunas estadísticas, resulta más fácil ser admitido en Harvard que conseguir trabajo en una Apple Store, al menos en determinadas épocas en las que el número de candidatos por puesto se disparó.

En el terreno del diseño de software y de la representación, hubo una polémica durante años por la ausencia de emojis pelirrojos. Tanto Apple como el consorcio Unicode acabaron trabajando juntos para incorporar esa opción como una variante más de tono de pelo, respondiendo así a una demanda que parecía menor, pero que demostró lo sensibles que son los usuarios a la representación en los pequeños detalles.

En cuanto al universo de dispositivos, también se barajaron distintos nombres para el iPad antes de su lanzamiento. Opciones como iSlate o iTablet estuvieron sobre la mesa, pero finalmente se impuso “iPad”, que terminó asociándose fuertemente a la categoría de tabletas. Y en el cine, no deja de ser curioso que el aspecto del iPad recuerde bastante a las “tabletas” que usan los personajes de “2001: Una odisea del espacio”, algo que completa el círculo de referencias que ya se había iniciado con el iPod.

A lo largo de su historia, Apple ha ido construyendo una imagen basada en la combinación de tecnología puntera, diseño cuidado al milímetro y un punto de excentricidad. Desde la elección de un precio como 666,66 dólares para su primer ordenador hasta la hora fija en sus campañas, pasando por fracasos sonoros, demandas inesperadas y productos hoy olvidados, lo cierto es que pocas compañías acumulan un repertorio de anécdotas tan variado. Buena parte del encanto que muchos sienten por la marca no viene solo de sus dispositivos, sino de todas estas historias, grandes y pequeñas, que se han ido quedando pegadas a la manzana mordida con el paso del tiempo.

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