- La pasta térmica rellena microimperfecciones entre chip y disipador, y su eficacia depende de la conductividad (W/mK), viscosidad y correcta aplicación.
- Existen pastas cerámicas, metálicas, de carbono, de diamante y de metal líquido, cada una con ventajas y riesgos en rendimiento, seguridad eléctrica y manejo.
- Para la mayoría de usuarios son ideales las pastas de carbono o híbridas de marcas como Arctic, Noctua o Thermal Grizzly; el metal líquido queda para entusiastas.
- Renovar la pasta cada pocos años y aplicarla en la cantidad justa, sobre superficies limpias, es clave para mantener temperaturas y rendimiento bajo control.
La pasta térmica es una de esas cosas pequeñas pero vitales de cualquier PC, consola o dispositivo con procesador, y aun así suele ser la gran olvidada. Se esconde entre la CPU o GPU y el disipador, trabaja en silencio y solo te acuerdas de ella cuando el equipo se calienta, hace ruido o empieza a bajar rendimiento a lo loco.
En este artículo vamos a meternos a fondo en los tipos de pastas térmicas: cerámica, metal, carbono, diamante y metal líquido, cómo funcionan, qué significan esos misteriosos W/mK, qué ventajas y riesgos tiene cada una y qué marcas concretas merecen la pena según el uso. La idea es que termines de leer con criterio suficiente para elegir la pasta que te conviene y aplicarla sin miedo… ni reventar nada por el camino.
Qué es exactamente la pasta térmica y qué papel juega
La pasta térmica, también llamada compuesto térmico, TIM o grasa térmica, es una masilla densa que se coloca entre la superficie del chip (die o IHS) y el disipador o bloque de refrigeración. Su misión es mejorar la transferencia de calor rellenando todos los micro huecos y rugosidades que existen entre ambas superficies metálicas.
Aunque a simple vista CPU e IHS parezcan lisos, la realidad es que están llenos de imperfecciones microscópicas. Si pusiéramos el disipador encima sin nada, quedaría aire atrapado entre ambos, y el aire es un aislante térmico bastante malo. La pasta térmica rellena esos huecos y crea una interfaz continua que facilita que el calor viaje del chip al disipador, y de ahí al aire (o al líquido, si usas RL).
En la práctica, la pasta térmica se presenta en jeringuillas o pequeños tubos y suele ser de color blanco, gris, plateado o similar, dependiendo del tipo de compuesto y de los materiales de relleno que lleve dentro.
Esta misma lógica se aplica no solo a la CPU, sino también a la GPU de las tarjetas gráficas, chipsets, VRM, consolas y otros chips con alto TDP. Siempre que veas un disipador atornillado a un componente que se calienta, casi seguro que hay una capa TIM en medio, ya sea pasta o almohadilla térmica.
Conductividad térmica: qué significa W/mK y por qué manda tanto
Cuando miras la ficha técnica de una pasta térmica, uno de los datos clave es la conductividad térmica, expresada en W/mK (vatios por metro Kelvin). Es la medida de lo bien que un material es capaz de transferir calor a través de su masa.
Cuanto más alto es el valor en W/mK, más fácil fluye el calor a través de la pasta. Para que te hagas una idea: el cobre ronda los 385 W/mK, el aluminio unos 205 W/mK, y una pasta térmica de gama alta suele moverse entre 8 y 13 W/mK si es convencional; las de metal líquido pueden subir bastante más, por encima de 70 W/mK.
Ahora bien, ojo con la trampa: una cifra más alta no siempre se traduce en mejores temperaturas reales. Intervienen otros factores como la viscosidad, la forma en que se extiende, el espesor de la capa, la presión del sistema de anclaje del disipador o hasta la curvatura del IHS (no se comporta igual un Intel que un AMD, por ejemplo).
En resumen, la conductividad es la referencia principal para comparar productos, pero una pasta con buena densidad y aplicación homogénea puede rendir mejor que otra supuestamente “más potente” que se esparce fatal o se agrieta con el tiempo.
De qué está hecha una pasta térmica: base y relleno
Todas las pastas térmicas comparten una estructura básica: una matriz o base líquida/viscosa y un material de relleno en forma de partículas microscópicas que realmente son las que acarrean el calor.
La base suele ser una silicona, resina epoxi, uretano o polímero similar, a veces con solventes. Aporta la textura pastosa, la adherencia y cierta flexibilidad. El relleno supone la parte gruesa de la mezcla (70-80 % en muchos casos) y puede ser cerámico, metálico, de carbono, diamante o incluso metal líquido.
Cada combinación base + relleno da lugar a tipos de pasta muy distintos en conductividad térmica, viscosidad, estabilidad, resistencia eléctrica y facilidad de uso. De ahí que no todas las pastas se comporten igual ni sirvan para lo mismo.
Los grandes tipos de pasta térmica según sus materiales
Podemos clasificar la mayoría de pastas térmicas del mercado en torno a la naturaleza del material de relleno. Vamos a ver las familias principales y sus pros y contras reales.
Pastas térmicas de base cerámica
Las pastas cerámicas son probablemente las más comunes en equipos OEM y soluciones básicas. Suelen ser de color blanco o gris muy claro porque utilizan como relleno óxidos como el óxido de zinc, óxido de aluminio o dióxido de silicio (polvo de cuarzo), mezclados con silicona u otra base similar.
Son baratas, fáciles de aplicar y, sobre todo, eléctricamente aislantes, lo que las hace muy seguras aunque te pases un poco con la cantidad o se salga algo por los bordes. Por eso son habituales en gráficas de serie, portátiles y equipos de oficina donde no se busca exprimir al máximo el hardware.
Su principal defecto es que, salvo modelos concretos de gama algo más alta, tienen una conductividad térmica inferior a las metálicas o de carbono. Para un PC de ofimática, navegación o uso ligero van sobradas, pero si vas a estar jugando, renderizando o haciendo overclock, enseguida se quedan cortas.
Pastas de base metálica (no confundir con metal líquido)
Cuando hablamos de pastas metálicas “normales” nos referimos a compuestos que usan partículas micronizadas de metales como aluminio, cobre o plata embebidas en una base de silicona u otro polímero. Tienen un color típico gris oscuro o plateado.
Este tipo de pastas ofrece una conductividad térmica claramente superior a las cerámicas básicas y son la elección clásica para PCs gaming, estaciones de trabajo y usuarios que quieren algo decente sin complicarse la vida. Un ejemplo clásico es Arctic Silver 5, con un alto contenido en plata micronizada.
La cara B es que, dependiendo de la formulación, pueden conducir electricidad en cierta medida. No es lo normal que montando con cuidado tengas un problema, pero si pringas zócalos, componentes SMD o pines, el susto te lo puedes llevar. Además, algunas formulaciones más antiguas tardan un poco en “curar” y estabilizar su rendimiento.
Pastas basadas en carbono y compuestos similares
En los últimos años han ganado mucha fuerza las pastas con relleno de carbono en diversas formas: partículas de carbono, fibras, óxido de grafeno, etc. Muchas de las pastas “top ventas” actuales entran en este grupo, como Arctic MX-4 o MX-6, o la Thermal Grizzly Kryonaut (aunque esta se acerque más a una formulación híbrida).
La gracia de estas pastas es que combinan buena conductividad térmica, alta estabilidad con el paso del tiempo y nula conductividad eléctrica. Puedes equivocarte un poco al aplicarla sin temer por cortocircuitos, y además suelen tener una viscosidad muy cómoda que se reparte bien al montar el disipador.
En cuanto a durabilidad, muchas de ellas aguantan varios años sin resecarse ni degradar en exceso, lo que las hace idóneas para equipos gaming, PCs de trabajo y uso doméstico exigente sin tener que estar pendiente de cambiarlas cada poco.
Pastas con base de diamante
El diamante, como material puro, es un auténtico monstruo de la conductividad térmica (del orden de 2200 W/mK), pero trasladar eso a una pasta térmica no es tan sencillo. En este tipo de productos se usan polvos de diamante o combinaciones de diamante y carbono como relleno.
En la teoría suena a santo grial, pero en la realidad hay dos pegas grandes: el diamante es extremadamente duro y poco flexible, con lo que cuesta que la pasta “ceda” para adaptarse a las microimperfecciones; y, para hacerlo manejable, hay que mezclarlo con otros compuestos cerámicos y siliconas que bajan muchísimo la conductividad efectiva de la mezcla.
El resultado son pastas más caras, con una conductividad buena, sí, pero muy lejos de lo que sugiere la palabra “diamante” (valores reales típicos bien por debajo de 20 W/mK). Algunas como IC Diamond o mezclas con nanopartículas de diamante tipo Cooler Master MasterGel Maker ofrecen unos pocos grados extra frente a pastas medias, pero no esperes milagros proporcionales al precio.
Pastas de metal líquido (LM)
Las pastas de metal líquido juegan en otra liga. No son una pasta clásica, sino aleaciones eutécticas de galio con indio, estaño y otros metales que permanecen líquidas a temperatura ambiente, con aspecto plateado similar al mercurio.
Su principal ventaja es una conductividad térmica brutal en comparación con cualquier pasta convencional. Productos como Thermal Grizzly Conductonaut o Thermalright Silver King se mueven en torno a los 70-80 W/mK, lo que en la práctica se traduce en bajadas de 8-12 ºC frente a TIMs de alto rendimiento en casos como delid o usos muy extremos.
Pero vienen con un paquete de problemas serio: son altamente conductoras de la electricidad, extremadamente fluidas y difíciles de dosificar, y, sobre todo, el galio reacciona químicamente con el aluminio. Si pones metal líquido sobre una base de aluminio, el disipador puede literalmente quedar destruido con el tiempo.
Por todo esto, el metal líquido está orientado a usuarios avanzados, overclockers y entusiastas que sepan lo que hacen, usen bases de cobre o níquel y tengan buen pulso para aplicar una capa ultra fina y controlada. Para el usuario medio es mejor mantenerse en pastas convencionales de alta gama.
Nuevas mezclas experimentales: galinstano + nitruro de aluminio
En investigación se están desarrollando nuevas TIMs híbridas, como las mezclas de galinstano (galio + indio + estaño) con partículas de nitruro de aluminio cerámico. Mediante procesos mecanoquímicos se genera una especie de coloide estable donde un metal líquido de alta conductividad térmica se combina con una cerámica eléctricamente aislante.
Los estudios indican que este tipo de compuestos pueden ofrecer entre un 50 y un 70 % más capacidad de refrigeración que los mejores metales líquidos comerciales, con la enorme ventaja de no conducir la electricidad. El problema es que, por ahora, su uso está limitado a entornos de centros de datos y experimentación, con costes y disponibilidad totalmente fuera del mercado doméstico.
Lo razonable es pensar que este tipo de pastas tarden aún algunos años en llegar a PCs de consumo y, cuando lo hagan, lo hagan a precios elevados pero más razonables que los actuales prototipos de laboratorio.
Almohadillas térmicas (thermal pads) y soluciones alternativas
Además de la pasta, existen las almohadillas térmicas, que realizan la misma función pero en formato sólido o semisólido. Se colocan directamente entre el componente y el disipador y se comprimen con la presión del anclaje.
Los pads térmicos suelen estar fabricados en grafito, silicona cargada con óxidos cerámicos u otros materiales y tienen la ventaja de ser tremendamente fáciles de usar: se corta (si hace falta), se coloca y listo, sin manchar ni necesitar limpiadores después. Si dudas entre almohadillas y pasta, consulta thermal pads vs pasta térmica.
Rinden algo por debajo de una buena pasta en igualdad de condiciones, pero las soluciones modernas han mejorado mucho y en muchos escenarios ofrecen un rendimiento muy cercano a pastas metálicas medias, especialmente en memorias, VRM y componentes donde hay variaciones de altura entre chips.
Además, muchos pads como los de Arctic o las almohadillas de grafito reutilizables permiten trabajar en un rango brutal de temperaturas, son reutilizables y resultan ideales para reemplazar thermal pads viejos en tarjetas gráficas, SSD con disipador o placas base calientes.
Propiedades clave a la hora de elegir una pasta térmica
Más allá del eslogan comercial, cuando comparas pastas térmicas conviene mirar varios parámetros técnicos que afectan al uso real: conductividad térmica, viscosidad, densidad, resistencia eléctrica y estabilidad.
La conductividad térmica en W/mK ya la hemos comentado: cuanto mayor, mejor capacidad teórica de transferir calor. Pero si la pasta es demasiado líquida o se dispersa mal, esa ventaja se puede ir al traste porque la capa queda irregular o demasiado gruesa.
La viscosidad y la densidad (a menudo expresadas en g/cm³ o mediante el concepto de “gravedad específica”) indican lo fluida o espesa que es la pasta. Una pasta demasiado líquida se desparrama y deja huecos; una demasiado viscosa se queda en pegotes y no se extiende bien, con lo que el contacto térmico efectivo se reduce.
También es importante la resistencia o conductividad eléctrica. En pastas cerámicas y de carbono suele ser prácticamente nula (muy seguras aunque haya fuga), mientras que en algunas metálicas y, por supuesto, en metal líquido, la conductividad eléctrica es alta y exigen mucho más cuidado para no provocar cortocircuitos.
Por último, la estabilidad en el tiempo (lo que tardan en secarse, hacerse quebradizas o perder rendimiento) marca cuántos años puedes olvidarte de ellas. Las pastas de calidad suelen garantizar entre 3 y 5 años de funcionamiento correcto, aunque en la práctica conviene revisar temperaturas y plantearse un cambio antes si ves que el equipo empieza a calentarse más de lo normal.
Pastas térmicas recomendadas por tipo de uso
Visto el panorama de materiales, vamos a aterrizar un poco y hablar de productos concretos que encajan bien con distintos perfiles de usuario y bolsillo.
Gama media-alta segura: Arctic MX-4 y Arctic MX-6
La familia MX de Arctic es casi un estándar de facto. La MX-4, basada en partículas de carbono, es una de las pastas más vendidas del mercado por su brutal relación calidad-precio: buena conductividad térmica, cero conductividad eléctrica, facilidad de aplicación y una durabilidad notable.
La MX-6 llega como evolución con alrededor de un 20 % más de rendimiento térmico, manteniendo las características clave: no conduce la electricidad, tiene una viscosidad muy controlable y se ofrece en varios formatos con o sin toallitas limpiadoras. Para un PC gaming, un equipo de trabajo o casi cualquier PC doméstico con cierta exigencia es una opción muy redonda.
Noctua NT-H1 y NT-H2: fiabilidad y larga vida
Noctua, además de sus ventiladores marrones imposibles de confundir, tiene pastas muy bien valoradas. La NT-H1 es una híbrida consolidada, fácil de aplicar, estable y no conductora, ideal para quien busque algo que dure años sin dar guerra.
La NT-H2 mejora ligeramente la conductividad y viene con kits que incluyen toallitas para retirar la pasta antigua. No son las que más W/mK declaran, pero en uso real ofrecen temperaturas muy competitivas, una viscosidad perfecta para extender al montar el disipador y una vida útil de hasta 5 años en condiciones normales.
Thermal Grizzly Kryonaut: alto rendimiento para aire y RL
Thermal Grizzly se ha ganado fama entre entusiastas por sus compuestos orientados a alto rendimiento. La Kryonaut es una pasta de base carbono/cerámica de alta gama, diseñada para sacar algunos grados extra frente a las típicas pastas “buenas” del mercado.
Destaca por su excelente conductividad, comportamiento estable y seguridad eléctrica. Es una elección muy habitual en montajes gaming de alto nivel, sistemas de refrigeración líquida y equipos a los que se les hace overclock moderado. El principal “pero” es que la cantidad que viene en el tubo estándar es pequeña (1 g aprox.) y hay que dosificarla bien.
Corsair TM30 y otras cerámicas avanzadas
Dentro de la categoría cerámica encontramos opciones bastante dignas, como la Corsair TM30, basada en óxido de zinc. Es una pasta no conductora, de buena viscosidad, pensada para ofrecer un rendimiento sólido y, sobre todo, una durabilidad muy alta sin resecarse.
Este tipo de compuestos cuadran muy bien en equipos que no se exprimen al máximo de forma continua, pero que sí necesitan estabilidad: PCs domésticos, ordenadores de oficina potentes, estaciones de trabajo ligeras, etc. No es la que más grados rasca, pero funciona bien y te olvidas de ella durante años.
Metal líquido: Thermal Grizzly Conductonaut y Thermalright Silver King
Si lo tuyo es ir al extremo, las opciones de metal líquido más conocidas son Thermal Grizzly Conductonaut y Thermalright Silver King. Ambas ofrecen conductividades térmicas que rondan los 70-80 W/mK, muy por encima de cualquier pasta convencional.
Applied correctamente sobre dies desnudos, IHS con delid o interfaces de cobre/níquel, pueden bajar las temperaturas una barbaridad, lo que se traduce en más margen para overclock o menos ruido con el mismo rendimiento térmico.
Eso sí, hay que tener muy claro que son peligrosas si no se aplican con precisión: conducen la electricidad, son extremadamente fluidas y pueden reaccionar con el aluminio. No son, en absoluto, recomendables para el usuario estándar que solo quiere cambiar la pasta a su PC gaming de diario.
Aplicación correcta: cantidad, método y errores frecuentes
Elegir una buena pasta es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es aplicarla en la cantidad adecuada, de la forma correcta y sobre superficies bien preparadas. Una pasta excelente mal aplicada puede rendir peor que una normalita bien puesta.
Antes de nada, hay que limpiar a fondo la pasta antigua de la CPU/GPU y del disipador. Lo ideal es usar alcohol isopropílico o productos específicos como ArctiClean, junto con papel que no deje pelusa o paños de microfibra. Hay que evitar el alcohol etílico de botiquín, porque deja residuos y no limpia tan bien las micro rugosidades.
En cuanto a la cantidad, lo que funciona en la mayoría de casos es una gota tamaño guisante en el centro del IHS (o algo menor, tipo grano de arroz, si el chip es pequeño o bare die). Ese volumen, al colocar y apretar el disipador, se reparte por toda la superficie dejando una capa muy fina.
Las formas de aplicación tipo X, línea central o varios puntos también funcionan, pero lo importante es que no intentes extender tú mismo la pasta con tarjetas o dedos, porque es fácil dejar burbujas de aire o zonas irregulares. Deja que la presión del sistema de montaje haga su trabajo.
Errores típicos que conviene evitar: aplicar demasiada pasta (se desborda y actúa de aislante), mezclar marcas o modelos, reutilizar la pasta vieja al volver a montar el disipador o manchar zócalos y componentes. Cada vez que levantes el disipador, toca limpiar y volver a aplicar pasta nueva.
Cuándo cambiar la pasta térmica y cómo saber si está fallando
Las pastas térmicas se secan con el tiempo porque su parte líquida se va evaporando con el calor. Llega un momento en que lo que queda es una capa casi sólida, agrietada, que ya no rellena bien las rugosidades y deja entrar aire. Es cuando las temperaturas empiezan a subir.
Como referencia general, muchos fabricantes de pastas de calidad hablan de vidas útiles de 3 a 5 años. Pero esto depende de la calidad del compuesto, la temperatura a la que trabaja el equipo, las horas de uso al día y el entorno.
Una forma práctica de saber si toca cambio es monitorizar las temperaturas con herramientas como HWInfo y ver si, con las mismas condiciones (misma temperatura ambiente, mismo uso), la CPU o GPU se calienta mucho más que antes, tanto en reposo como en carga.
Si ves que el procesador ronda los 45-50 ºC en reposo con el equipo frío, o se dispara a 80-90 ºC bajo carga sin justificación, es buena idea plantearse un cambio de pasta, revisar el montaje del disipador y limpiar de paso el polvo del sistema de refrigeración.
Y por supuesto, cada vez que desmontes el disipador para cualquier tarea (cambiar ventilador, limpiar a fondo, etc.), deberías aprovechar para retirar la pasta vieja y aplicar una nueva. Reusar la misma capa casi nunca termina bien.
Después de todo este repaso, queda claro que la pasta térmica es mucho más que “ese pegote gris” que se pone en la CPU: según el tipo (cerámica, metálica, carbono, diamante o metal líquido), su formulación, viscosidad y forma de aplicación, puedes ganar o perder unos cuantos grados e incluso jugártela con cortocircuitos si eliges mal. Apostar por marcas reconocidas como Arctic, Noctua, Thermal Grizzly, Corsair o pads de calidad, entender qué significan sus especificaciones y tomarte unos minutos para limpiar y aplicar correctamente es la diferencia entre un equipo estable y fresco durante años y un horno que trottlea a la mínima, así que dedicarle atención a este “detalle” merece, y mucho, la pena.