- La Intel Arc B390 de Panther Lake ofrece hasta un 60% más de rendimiento gráfico y supera con claridad a la Radeon 890M en la mayoría de juegos.
- En Linux, la Arc B390 llega a ser de media un 23% más rápida que la 890M, aunque AMD mantiene ventaja en Ray Tracing e IA.
- Windows 11 rinde mejor en benchmarks gráficos, pero Linux domina en renderizado y cómputo, siendo un 10% más rápido de media con la Arc B390.
- La arquitectura Intel Xe3 abre la puerta a GPUs integradas y dedicadas capaces de competir con soluciones de AMD y NVIDIA en gaming.
Durante décadas, Intel ha sido el peso pesado del mundo del PC, sobre todo en procesadores, con un dominio casi total frente a la competencia. Sin embargo, desde la llegada de los primeros Ryzen allá por 2017, la película cambió por completo: la cuota de mercado de Intel ha ido bajando mientras AMD encadenaba generación tras generación de CPUs y APUs muy competitivas, tanto en sobremesa como en portátil y, sobre todo, en dispositivos portables y consolas tipo handheld.
Ese dominio de AMD en APUs hizo que Intel apenas pintara nada en el terreno de las consolas portátiles, donde chips como los que integran las Radeon 780M y 890M se hicieron estándar. Pero el tablero se está moviendo de nuevo: con la llegada de Panther Lake y su nueva iGPU Intel Arc B390, los resultados empiezan a apuntar a un cambio de tendencia. Entre benchmarks filtrados, pruebas en Windows 11 y Linux, y comparativas frente a la Radeon 890M, parece que la Arc B390 no solo planta cara, sino que en muchos escenarios la supera con claridad.
Panther Lake y la Intel Arc B390: salto generacional centrado en la GPU
Esta Arc B390 sirve también como adelanto práctico de la arquitectura gráfica Intel Xe3 (Celestial), que será la base de las nuevas integradas en Panther Lake. Intel ha comentado oficialmente que Xe3 supone una mejora de más del 50% de rendimiento respecto a Xe2 (Battlemage) y encima añade más de un 40% de eficiencia frente a Xe (Alchemist), la que vimos en Arrow Lake. A igualdad de núcleos ya son cifras muy serias, pero si además aumentan el número de unidades de ejecución, la escalada se vuelve aún más interesante.
Panther Lake llega fabricado en proceso Intel 18A, la gran apuesta de Intel Foundry Services para recuperar terreno como fundición frente a TSMC y compañía. Ese proceso de fabricación más avanzado no solo ayuda a subir frecuencia o meter más unidades, también contribuye a mejorar la relación rendimiento/consumo, algo crítico en portátiles ultraligeros y, potencialmente, en piezas pensadas para consolas portátiles o equipos compactos.
En la gama Panther Lake, uno de los protagonistas es el Intel Core Ultra X7 358H (en algunos textos referido como X7 385H según la configuración), que se posiciona como la opción “asequible” dentro de los modelos que incluyen la iGPU Arc B390 completa. Este procesador es el que se ha utilizado en muchas de las comparativas preliminares, montado en portátiles como el MSI Prestige 14 Flip AI con 32 GB de LPDDR5-8533 y SSD de 1 TB, una base bastante realista para equipos premium.
La Intel Arc B390 frente a la Radeon 890M en gaming: ventaja clara en la mayoría de juegos
Una de las dudas que más rondaban la cabeza de los entusiastas era si la Intel Arc B390 sería capaz de tumbar a la popular AMD Radeon 890M, que se ha convertido en referencia en muchas handhelds y portátiles gaming compactos. Las primeras pruebas apuntan a que sí, y con bastante margen según el escenario.
En comparativas bajo 3DMark Time Spy, se ha filtrado que la Intel Arc B390 supera la barrera de los 7.000 puntos. Para ponerlo en contexto, la Radeon 890M ronda los 3.340 puntos, mientras que la hasta ahora iGPU más potente de Intel, la Arc 140T, se quedaba cerca de los 3.800 puntos. Estamos hablando de que la Arc B390 sería un 110% más rápida que la Radeon 890M y casi duplicaría el rendimiento de la propia Arc 140T en este benchmark concreto.
En otro test sintético exigente, 3DMark Steel Nomad Light, la historia se repite: la Intel Arc B390 se situaría por encima de los 6.000 puntos, muy lejos de los aproximadamente 3.200 puntos de la Radeon 890M y de los 3.320 puntos de la Arc 140T. Eso se traduce en una mejora de hasta un 87% frente a la 890M, lo que vuelve a respaldar que el salto de generación en la parte gráfica es enorme.
Incluso dejando a un lado los benchmarks y entrando en juegos reales, las cifras de laboratorio apuntan a que la Arc B390 se acerca peligrosamente al rendimiento de GPUs dedicadas de gama media-baja. En configuraciones de portátil, se ha medido que el rendimiento de la Arc B390 integrada se queda cerca de una GeForce RTX 4050 móvil y es capaz de superar a la RTX 3060 para portátiles en ciertos escenarios, con un consumo bastante más contenido al no tratarse de una GPU dedicada independiente.
Ese nivel de rendimiento hace que, en términos prácticos, la Arc B390 se sitúe cerca de tarjetas como la Intel Arc A730M, la cual ronda los 7.550 puntos en Time Spy. Esta GPU dedicada suele estar en la misma liga que una NVIDIA GeForce RTX 2070 SUPER Max-Q o una GTX 1080 Mobile, de modo que no es ninguna exageración decir que la iGPU de Panther Lake está a un paso de lo que hace poco considerábamos gama alta en portátil.
Rendimiento en juegos en Linux: la Arc B390 también adelanta a la Radeon 890M
La otra gran incógnita era saber cómo se comporta la Arc B390 en Linux, ya que las consolas portátiles de PC y muchas máquinas orientadas a gaming (Steam Deck, sistemas con SteamOS o Bazzite) se mueven sobre este sistema operativo. Históricamente, los drivers de Intel para GPU no han brillado tanto como los de AMD en este entorno, pero los últimos datos dibujan un panorama bastante más optimista para el “equipo azul”.
En pruebas con un MSI Prestige 14 equipado con un Intel Core Ultra X7 358H, Arc B390 y distintos perfiles de energía (modo estándar y modo “Perf” o rendimiento), se ha comparado el rendimiento frente a un portátil con Ryzen AI 9 HX 370 y Radeon 890M. En Counter-Strike 2, la cosa está muy igualada: se habla de unos 69,9 FPS para la Arc B390 en modo Perf frente a 71,2 FPS para la Radeon 890M. Aquí no hay ganador claro, aunque Intel logra una eficiencia ligeramente superior a igualdad de fluidez.
Donde sí se empieza a notar la diferencia es en juegos más pesados. En Cyberpunk 2077 con gráficos en bajo, la Arc B390 consigue aproximadamente 42,47 FPS, mientras que el Ryzen AI 9 HX 370 con Radeon 890M se queda sobre los 39,71 FPS. Al subir el detalle a Ultra, la ventaja de Intel aumenta alcanzando un 20% más de FPS, un salto muy relevante en un título tan exigente y moderno.
El caso más llamativo es probablemente Hitman 3. Con ajustes gráficos bajos y la Arc B390 en modo Performance, se han medido alrededor de 93,57 FPS para Intel frente a 57,15 FPS para AMD. Es prácticamente una diferencia de un 60% a favor de la iGPU de Panther Lake en Linux. A niveles altos de detalle gráfico, la brecha se mantiene, dejando claro que la Arc B390 no solo supera, sino que en ciertos juegos puede llegar a casi duplicar el rendimiento de la Radeon 890M.
En títulos como Metro: Last Light Redux, la tendencia continúa: Intel suma más de un 20% de imágenes por segundo extra, con más de 110 FPS frente a unos 85 FPS de AMD, lo que refuerza la idea de que la Arc B390, incluso con drivers todavía verdes en Linux, ya tiene músculo de sobra para adelantar a la 890M en buena parte del catálogo.
Benchmarks sintéticos, Ray Tracing e IA: no todo son victorias para Intel
Aunque el panorama global es muy favorable a Intel, no en todas las pruebas la Arc B390 sale ganando. En benchmarks sintéticos como 3DMark Wild Life Extreme, la iGPU de Panther Lake muestra alrededor de un 19% más de rendimiento que la Radeon 890M y casi un 30% de ventaja en eficiencia energética en determinadas mediciones, algo que le viene muy bien para portátiles finos y ligeros.
En Unigine Superposition 1.0, especialmente bajo OpenGL y a distintas calidades gráficas, la Arc B390 también domina la comparativa, situándose claramente por delante de la 890M. Son pruebas que dejan claro que, en carga gráfica tradicional y rasterización pura, Intel ha hecho los deberes.
Sin embargo, cuando entra en juego el Ray Tracing las tornas cambian. En un título como Quake II RTX 1.8, centrado precisamente en trazado de rayos, los datos apuntan a que AMD es un 30% más rápida que la Arc B390. Aquí se ve que la arquitectura gráfica de Intel todavía tiene margen de mejora en este tipo de cargas, tanto a nivel de hardware como de optimización de drivers.
En el ámbito de pruebas de inteligencia artificial también se observan debilidades. En benchmarks dedicados, AMD puede llegar a ser hasta dos veces más rápida en tareas con modelos como Llama, lo que indica que la Radeon 890M y las APUs Ryzen AI han sido mejor afinadas para cargas mixtas de IA y GPU generalista, mientras que la apuesta de Intel en este punto aún está en desarrollo.
Con todo ello, al promediar los resultados de un conjunto amplio de pruebas, se consigue una media de alrededor de 215,54 puntos para el Core X7 358H con Arc B390 en modo Perf frente a los 174,73 puntos de la combinación Ryzen AI 9 HX 370 + Radeon 890M. Es decir, en global, la propuesta de Intel sería aproximadamente un 23% más rápida en Linux que la de AMD, pese a las derrotas puntuales en Ray Tracing e IA.
Rendimiento y eficiencia: potencia frente a consumo
Más allá del número puro de FPS, en un portátil o una handheld importa mucho cuánta energía se gasta para lograr ese rendimiento. Aquí el panorama se matiza un poco: para alcanzar ese 23% de ventaja media en Linux, la Arc B390 necesita consumir aproximadamente un 25% más que la solución de AMD. Es decir, rinde más, pero también bebe más vatios.
En las filtraciones de laboratorio, se menciona que la Arc B390 estaría funcionando alrededor de los 60W de consumo en ciertas circunstancias de estrés gráfico. Esa cifra hace sospechar que, al menos en sus configuraciones más potentes, esta iGPU no será la candidata ideal para consolas portátiles muy compactas, donde se suelen buscar TDP bastante más contenidos para no lastrar autonomía ni generar demasiado calor.
Aun así, incluso con ese incremento de consumo, la eficiencia relativa es buena si tenemos en cuenta el gran salto de rendimiento frente a la Radeon 890M y a la Arc 140T. En muchas pruebas sintéticas y en gaming tradicional, el rendimiento por vatio de la Arc B390 es competitivo, y todavía hay que contar con el margen de mejora que aportarán futuros drivers y posibles ajustes de frecuencia/voltaje en modelos comerciales.
En el segmento de ultrabooks, ya se ha visto que los nuevos Panther Lake tope de gama con Arc B390 son capaces de situarse como los portátiles más rápidos que han pasado por algunos laboratorios, combinando una CPU solvente, una GPU integrada muy potente y un consumo que, aunque no es el más bajo del mercado, se mantiene en unos niveles razonables para el tipo de equipo al que se dirigen.
Intel Arc B390 en Windows 11 vs Linux: diferencias importantes según el tipo de carga
Otra pieza interesante del puzle es la comparativa entre Windows 11 y Linux en el Intel Core X7 358H con Arc B390. Las pruebas realizadas con el MSI Prestige 14 Flip AI y sus 32 GB de LPDDR5-8533 permiten ver con bastante claridad dónde está más pulido el soporte de drivers en cada sistema.
En los benchmarks gráficos más clásicos, Windows 11 parte con ventaja. En 3DMark Wild Life Extreme, por ejemplo, se pasa de unos 91,66 FPS en Linux a 134,3 FPS en Windows 11, una subida muy notable que deja claro que la pila de drivers de Intel en el sistema de Microsoft está más optimizada para este tipo de pruebas. En 3DMark Solar Bay Extreme la diferencia es incluso mayor: se registran unos 15,2 FPS en Linux frente a 29,4 FPS en Windows 11, prácticamente el doble.
En otros benchmarks como Unigine Heaven 4.0 la distancia se reduce bastante, con alrededor de un 3% de ventaja para Windows, mientras que en Superposition se mantiene un margen a favor del sistema de Microsoft en torno al 20%. En el caso de Xonotic utilizando OpenGL, Windows 11 llega a sacar aproximadamente un 30% más de rendimiento que Linux, y en herramientas de estrés como FurMark, bajo OpenGL el rendimiento es similar, pero en Vulkan se vuelve a registrar un pequeño plus de alrededor del 20% para Windows.
La sorpresa llega cuando se analizan pruebas más orientadas a renderizado y cómputo general. En el conjunto de tests de GPUTest, Linux consigue rendir entre dos y tres veces mejor que Windows 11, evidenciando que en workloads de este tipo la plataforma de código abierto está muy bien afinada para aprovechar la Arc B390.
En JPEG-XL libjxl, Linux prácticamente dobla el rendimiento de Windows, mientras que en LuxCoreRender hay escenas como Danish Mood donde apenas hay diferencia y otras como Rainbow Colors and Prism donde casi se duplican los FPS a favor de Linux. En OpenAPV se observa una mejora cercana al 40% en Linux y en SVT-AV1 se llega casi a duplicar el número de cuadros procesados por segundo. En Blender, dependiendo de la escena, Linux puede alcanzar hasta un 20% más de rendimiento que Windows 11.
Si se hace la media global de todas las pruebas, incluyendo benchmarks gráficos y de renderizado, Linux acaba sacando ventaja: se obtienen unos 48,43 puntos de media en Linux frente a 44,53 puntos en Windows 11. La conclusión es clara: con la Arc B390, Windows sigue mandando en gaming puro y benchmarks sintéticos clásicos, pero Linux domina con claridad en renderizado, codificación y cómputo general, lo que lo convierte en una opción muy interesante para creadores de contenido y profesionales que expriman la GPU para algo más que jugar.
Nuevas tecnologías: XeSS, FSR y generación de frames en la Arc B390
Más allá de la potencia bruta, parte del atractivo de la Arc B390 está en cómo aprovecha las tecnologías de escalado y generación de frames que se han vuelto casi estándar en el gaming moderno. En los laboratorios donde se ha probado, se han combinado tanto Intel XeSS como AMD FSR con generación de fotogramas, explotando al máximo el hardware disponible.
Con la Arc B390 integrada en un Core Ultra X7 de gama alta, se han logrado casi 90 FPS en F1 24 con Ray Tracing activado, una cifra que hasta hace nada quedaba reservada a GPUs dedicadas de cierto nivel. En Cyberpunk 2077 a 1080p, habilitando la generación de frames con AMD FSR 3.1, se han superado los 130 FPS, algo que habla muy bien tanto de la potencia de la iGPU como de la madurez de estas tecnologías de reconstrucción y frame generation.
En configuraciones específicas tipo “Steam Deck Mode” con XeSS 2, adaptando resolución y calidad gráfica, la Arc B390 ha llegado a rondar los 150 FPS en Cyberpunk 2077, un título que siempre se ha utilizado como vara de medir de hardware. Todo esto, recordemos, en una gráfica integrada, sin una GPU dedicada separada.
Actualmente, Intel todavía tiene margen para seguir puliendo su tecnología de reescalado y generación de frames, y ya se habla de Intel XeSS3 como siguiente paso, donde se espera dar un salto más en rendimiento y calidad de imagen. Si la compañía consigue consolidar su propia solución al nivel de DLSS o FSR, la combinación con una Arc B390 u otras GPUs Xe3 futuras puede resultar muy atractiva para sacar aún más jugo a la iGPU.
Eso sí, aunque la Arc B390 se coloca como la iGPU más potente del mercado si excluimos las Radeon 90X0S, Intel todavía no logra superar a modelos como la AMD Radeon 8060S, que sigue siendo la referencia absoluta dentro de las APUs de alto rendimiento para portátiles y dispositivos compactos. El objetivo de Intel, al menos por ahora, parece ser arrasar en la gama muy alta de integradas estándar, sin entrar a pelear directamente con esas APUs “monstruo” tipo Strix Halo.
¿Puede Intel plantar cara a AMD y NVIDIA en el gaming con la Arc B390 y Xe3?
Con las cifras sobre la mesa, la Arc B390 no solo supera con claridad a la Radeon 890M, sino que roza el rendimiento de algunas GPUs dedicadas de generaciones anteriores. Esa combinación de potencia integrada y nuevas tecnologías de escalado coloca a Intel en una posición que hace solo unos años parecía impensable en el plano gráfico.
Si extrapolamos la mejora que vemos en la iGPU a futuros modelos de sobremesa basados también en Xe3, los rumores apuntan a tarjetas como una hipotética Intel Arc C580 que podría situarse al nivel de una NVIDIA GeForce RTX 4070 en rendimiento, lo cual la haría más que suficiente para la mayoría de los jugadores, siempre que el precio acompañe. Incluso se habla de una posible Arc C770 pensada ya para pelear en la gama alta de la futura serie GeForce RTX 50.
Por ahora, la Arc B390 que estamos viendo en Panther Lake es, según se indica, una muestra de ingeniería. Eso significa que el margen de mejora todavía es grande: con drivers más maduros, perfiles de energía mejor afinados y posibles revisiones de silicio, el rendimiento solo puede ir hacia arriba. Y, si la historia se repite, también podrían llegar versiones con más núcleos y frecuencias más agresivas.
La gran incógnita que queda por resolver es cómo va a gestionar Intel el equilibrio entre rendimiento, consumo y precio cuando lleve esta arquitectura a GPUs discretas de sobremesa y a más portátiles. Si consigue colocarse por debajo de AMD y NVIDIA en coste por FPS manteniendo un nivel de drivers estable y un catálogo amplio de juegos optimizados, podría convertirse en una verdadera tercera fuerza en el mercado del gaming, algo que a los usuarios les vendría de perlas para romper el duopolio actual.
En conjunto, la Intel Arc B390 en Panther Lake demuestra que Intel ha dado por fin el salto serio que necesitaba en la parte gráfica: supera con holgura a la Radeon 890M en la mayoría de situaciones, se defiende muy bien en Linux y Windows 11, se acerca al rendimiento de gráficas dedicadas de generaciones recientes y abre la puerta a una familia Xe3 que puede cambiar el equilibrio de poder en portátiles y sobremesa, siempre que el fabricante remate la jugada con buenos drivers y una estrategia de precios agresiva.