- Los ruidos (clics, chasquidos, zumbidos) y las pausas de unos segundos suelen indicar fallos físicos en cabezales, motor o firmware.
- Reiniciar repetidamente, usar software de recuperación o aplicar trucos caseros como golpes o congelar el disco puede agravar el daño.
- Es fundamental distinguir entre problemas lógicos y mecánicos, revisar cables y montaje y apagar de inmediato ante ruidos graves.
- Si los datos son importantes, solo un laboratorio con cámara limpia y herramientas especializadas ofrece opciones reales de recuperación.

Cuando un disco duro mecánico empieza a hacer pausas de unos segundos, se detiene, vuelve a arrancar o comienza a sonar con chasquidos, zumbidos o clics metálicos, lo normal es que se nos ponga la piel de gallina. A veces sigue funcionando durante un rato, otras deja de aparecer en el ordenador y en los casos más graves ni siquiera llega a arrancar. Todo esto puede deberse tanto a problemas lógicos como a fallos físicos graves en los cabezales, los platos o el motor.
En las siguientes líneas vas a encontrar una explicación muy completa y en castellano de España sobre por qué tu disco duro hace pausas, ruidos extraños, clic‑clic repetitivos o deja de girar, qué es lo que está pasando por dentro, qué cosas no deberías hacer ni de broma y qué opciones reales tienes si quieres intentar salvar tus datos sin empeorar el daño.
Qué significa que el disco duro se pare a los pocos segundos y haga ruidos
Cuando un disco duro mecánico se inicia, gira durante un par de segundos y luego se detiene en seco sin llegar a aparecer en el sistema, casi siempre estamos ante un problema físico. Si además escuchas ruidos metálicos, clics, chasquidos o zumbidos irregulares, lo más probable es que haya un fallo en el conjunto de cabezales, en el motor o en el firmware interno, no algo que puedas solucionar con un simple formateo.
En muchos casos, el disco intenta arrancar, los platos empiezan a girar y los cabezales buscan la información de arranque (System Area). Si no logran leerla, el brazo vuelve a su posición de reposo golpeando el tope mecánico. Ese movimiento de ida y vuelta, constante, genera el clásico ruido de clic‑clic repetitivo en bucle que tanta gente asocia con un disco “muriéndose”.
También es relativamente habitual que al conectar el disco solo se escuche un zumbido muy breve y luego silencio total, como si se “apagase”. En estos casos, el propio sistema de seguridad interno puede estar cortando la alimentación del motor porque detecta un fallo de calibración, un error grave de firmware o un bloqueo mecánico que podría rayar los platos si la unidad siguiera forzando el giro.
Si, además de las pausas de unos segundos, el disco aparece y desaparece del sistema, lanza errores al copiar archivos o interrumpe las transferencias, es muy probable que el fallo vaya a más. Este tipo de comportamiento suele avisar de que la mecánica está muy tocada, los sectores se están volviendo ilegibles o los cabezales ya no son capaces de leer correctamente la superficie magnética.
Errores típicos: lo que NO debes hacer cuando el disco hace clics o se para
Ante un disco que hace pausas de unos segundos, chasquea o deja de girar, lo primero que mucha gente hace es reiniciar el ordenador una y otra vez con la esperanza de que “se arregle solo”. Es uno de los peores errores posibles, porque cada arranque obliga a los cabezales a intentar leer zonas que ya pueden estar dañadas y aumenta las posibilidades de rayar los platos.
Tampoco es buena idea ponerse a lanzar software de recuperación a lo loco, sobre todo si ya se oyen ruidos mecánicos evidentes como clic‑clic, raspados o chasquidos metálicos. Estos programas fuerzan lecturas continuas, reintentos y accesos a sectores defectuosos que pueden convertir un fallo recuperable en una destrucción total de la superficie magnética.
Otro clásico que sigue circulando por foros es el de golpear el disco, agitarlo o darle “un toque” para ver si arranca. Lejos de ayudar, puedes terminar de romper unos cabezales que ya estén débiles, agravar una desalineación o provocar un aterrizaje de cabezales que raye los platos al instante. Con los discos modernos, este tipo de “truquitos” caseros son una receta perfecta para perder los datos.
Aún más peligroso es abrir la carcasa del disco en casa. Aunque parezca tentador desmontar la unidad para “ver qué pasa dentro”, un HDD solo se debe abrir en una sala limpia certificada (tipo clase 100), donde el aire está filtrado y controlado. Abrirlo en un salón, una oficina o un taller normal significa llenar el interior de partículas de polvo que el plato arrastrará a toda velocidad, dañando la superficie magnética de forma irreversible.
Por último, también hay que evitar a toda costa el famoso experimento de meter el disco duro en el congelador para ver si arranca unos minutos. El frío extremo puede generar condensación interna, corrosión en los platos y daños en los componentes electrónicos al congelarse y descongelarse el vapor de agua, con lo que la poca esperanza de recuperación que quedara puede desaparecer por completo.
Ruidos del disco duro: tipos, causas y qué está fallando dentro
Los sonidos extraños de un disco duro no son aleatorios: cada tipo de ruido suele apuntar a un tipo de fallo distinto. Escuchar con atención y entender qué puede estar produciendo esos clics, zumbidos o chasquidos ayuda a saber si estamos ante algo relativamente simple o ante una avería seria que necesita laboratorio.
Uno de los problemas más frecuentes es el desgaste mecánico general de las piezas internas. Con los años de uso, los rodamientos del motor, los ejes y los propios cabezales se van deteriorando. Esto puede generar clics suaves intermitentes, chirridos o un zumbido más intenso de lo normal cuando los platos giran a alta velocidad y el rozamiento aumenta.
Cuando el ruido es un clic‑clic muy marcado y repetitivo, suele estar implicado el conjunto de cabezales. Si están dañados, desalineados o atascados, el brazo actuador intenta posicionarse sobre la pista correcta, no consigue leer la información esperada y vuelve a la posición de reposo contra el tope, repitiendo el movimiento una y otra vez en un bucle de búsqueda fallida.
Si el sonido se parece más a un zumbido eléctrico que sube y baja o a un giro irregular, la causa puede estar en el motor del disco o en el eje de los platos. Un motor fatigado, un rodamiento defectuoso o un bloqueo mecánico por stiction (cabezales pegados a la superficie) puede impedir que los platos alcancen su velocidad nominal, dando lugar a pausas, paradas repentinas o vibraciones muy notables.
También puede ocurrir que el disco suene “a raspado” o a chasquido metálico más grave, como si algo arañase el interior. Ese ruido suele asociarse a un head crash o aterrizaje de cabezales, momento en el que el cabezal ha tocado físicamente la superficie del plato y está rayando la capa magnética. Cada segundo de funcionamiento en estas condiciones va borrando sectores de forma literal, reduciendo dramáticamente las posibilidades de recuperación.
En algunos casos el problema no es completamente mecánico, sino de firmware o de la placa electrónica (PCB). Si la unidad no consigue leer sus propios módulos internos de servicio, falla la calibración o el control detecta anomalías graves, el sistema puede cortar la alimentación, reiniciar intentos y producir secuencias de clics breves seguidos de paradas. Desde fuera se percibe como un disco que arranca, hace ruidos leves, se detiene y nunca llega a aparecer en el sistema.
Causas habituales de fallos físicos en discos mecánicos
Detrás de un disco duro que hace pausas de unos segundos, se desconecta solo o emite ruidos poco tranquilizadores suele haber una combinación de factores. El uso intensivo, las condiciones ambientales y los accidentes físicos son tres de los grandes culpables de que los componentes internos terminen fallando mucho antes de lo esperado.
Un origen muy común es la degradación natural por uso continuado. Un disco mecánico es una máquina de precisión con platos que giran a miles de revoluciones por minuto y cabezales que flotan a micras de distancia de la superficie. Con los años, y especialmente en discos que funcionan 24/7 como servidores domésticos o NAS, el desgaste termina pasando factura a cabezales, rodamientos y motor.
Los golpes y caídas son otro motivo clásico. Un disco externo que se cae de la mesa o un portátil que recibe un impacto fuerte mientras el disco está girando pueden provocar desalineación de cabezales, stiction (cabezales pegados a los platos) o incluso roturas internas. Es típico en algunos modelos externos que, tras una caída, el motor intente arrancar sin éxito mientras los cabezales permanecen adheridos a la superficie, generando un zumbido forzado.
Las condiciones ambientales también influyen mucho. Exponer la unidad a temperaturas muy altas, humedad excesiva o campos magnéticos intensos puede deteriorar la electrónica, dañar el recubrimiento magnético de los platos o provocar corrosión interna. Estos daños a veces no se manifiestan de inmediato, pero acortan notablemente la vida útil del disco.
No hay que olvidar los problemas de energía: fuentes defectuosas, subidas de tensión, bajones de corriente o cortes bruscos sin SAI. Un apagón en pleno uso puede provocar errores en el área de servicio del disco, daños en el firmware y fallos de calibración. También pueden dañarse componentes de la placa lógica, provocando clics, reinicios internos o que el disco deje de ser reconocido de un momento a otro.
Por último, está el simple hecho de que un disco mecánico tiene una vida útil limitada. Muchos fabricantes estiman un ciclo de vida medio de 3 a 4 años de uso normal, aunque hay unidades que duran mucho más y otras que fallan antes. Un disco con miles de horas acumuladas, especialmente en entornos 24/7, no deja de ser una pieza sujeta a desgaste, como un coche o una lavadora.
Cómo diferenciar si el ruido viene del disco duro o de otro componente
Antes de dar por hecho que el culpable es el disco duro, merece la pena asegurarse de que el ruido viene realmente de ahí y no de un ventilador cascado, la fuente de alimentación o una unidad óptica. Un diagnóstico rápido pero cuidadoso puede evitar que sustituyas la pieza equivocada o que desmontes cosas sin necesidad.
Una técnica sencilla consiste en apagar el equipo y desconectar por completo el disco duro sospechoso, tanto el cable de datos como el de alimentación. Después, enciende el ordenador sin ese disco. Si el ruido desaparece, tienes una pista clara de que el origen estaba efectivamente en esa unidad.
Si el ruido persiste sin el disco, conviene pegar la oreja (con cuidado) a las zonas de ventiladores, fuente de alimentación y otros dispositivos. Un ventilador con rodamientos dañados puede generar zumbidos, rozamientos o incluso pequeños clics al girar, que a veces se confunden con sonidos de disco duro cuando el interior de la caja amplifica el ruido.
Otra opción es conectar otro disco duro conocido en buen estado en el mismo puerto y con los mismos cables. Si el nuevo disco funciona en silencio y no se reproducen los ruidos ni las pausas de unos segundos, es muy probable que el problema esté en la unidad original. Si, en cambio, el ruido aparece también con el disco nuevo, quizá tengas un problema de alimentación o vibraciones del chasis.
Para afinar aún más, se puede usar una solución casera como un tubo de cartón a modo de “estetoscopio” acercándolo a cada componente mientras el equipo está en marcha. Aunque suene rudimentario, amplifica bastante bien el sonido de la zona hacia la que apuntas y ayuda a identificar si los clics provienen del disco, de un ventilador concreto o de otra parte del sistema.
Revisar cables, conexiones y montaje antes de dar el disco por muerto
Aunque los ruidos mecánicos y las pausas suelen indicar problemas serios, nunca está de más comprobar primero la parte más sencilla: cables, conectores y montaje físico. Un cable SATA medio suelto o una fuente apurada de potencia pueden provocar comportamientos raros que se parecen a una avería mayor.
Conviene hacer una inspección visual y táctil de los cables de datos y alimentación, asegurándose de que no haya holguras, plásticos rotos, pines doblados o conectores ennegrecidos. Si algo da mala espina o se nota flojo, lo ideal es sustituir el cable por uno nuevo y probar de nuevo la unidad en esas condiciones.
También es recomendable comprobar que la fuente de alimentación esté trabajando holgada y sin sobrecarga. Si tienes muchos discos, gráficas potentes o muchos periféricos conectados, un pico de consumo puede provocarte caídas intermitentes de tensión que hagan que el disco se pare y arranque en bucle. Probar con otra fuente o desconectar dispositivos no esenciales es una buena forma de descartar este tipo de problemas, y si procede, configurar el plan de energía.
El montaje físico del disco dentro de la caja puede ser otra fuente de ruidos engañosos. Un disco mal atornillado, apoyado solo por un lado o en contacto directo con el chasis puede actuar como “caja de resonancia”, amplificando vibraciones normales hasta el punto de que parecen averías mecánicas graves cuando en realidad solo se trata de un montaje deficiente.
Si se detecta demasiada vibración, se pueden usar almohadillas o soportes de goma entre el disco y el chasis para reducir el ruido transmitido. Eso sí, si tras montar correctamente la unidad y cambiar cables siguen escuchándose clics metálicos, paradas de motor o chasquidos evidentes, lo más probable es que el problema sea interno al disco y no de instalación.
Fallos lógicos: cuando el problema no es (solo) mecánico
No todos los síntomas de disco lento, pausas de unos segundos o archivos inaccesibles se deben a roturas físicas. A veces el problema es un fallo lógico del sistema de archivos, tablas de partición corruptas o sectores dañados que el sistema operativo no sabe gestionar bien, provocando bloqueos y tiempos de espera excesivos.
Un típico fallo lógico es la corrupción de la tabla de particiones o del propio sistema de ficheros. Esto se traduce en mensajes del tipo “el disco necesita ser formateado”, carpetas a las que ya no se puede entrar, archivos que se quedan colgados al abrir o incluso que el sistema reconozca la unidad pero no muestre su contenido correctamente.
También entran en este grupo los borrados y formateos accidentales. Aunque aquí no hay un ruido específico asociado, sí pueden darse comportamientos raros cuando el sistema intenta leer zonas con errores lógicos o sectores reasignados. El disco puede hacer pequeñas pausas y reintentos de lectura que, sin llegar a ser clics fuertes, se notan en el rendimiento.
En estos escenarios, herramientas como CHKDSK en Windows o fsck en Linux pueden ayudar a detectar y marcar sectores defectuosos, reparar estructuras lógicas y dejar el sistema de archivos en un estado coherente. Eso sí, si durante el escaneo empiezan a escucharse ruidos extraños, clic‑clic marcados o el disco deja de girar, hay que detener la prueba de inmediato para no agravar un posible daño físico.
Es importante distinguir bien: los fallos lógicos no suelen producir chasquidos metálicos ni paradas de motor. Si solo hay errores de lectura, acceso lento y mensajes del sistema, tiene más sentido probar estas herramientas. Si se mezclan síntomas lógicos con ruidos internos raros y pausas bruscas del giro, hay que asumir que puede haber daño mecánico y extremar la precaución.
Diagnósticos típicos en laboratorio para discos con ruido y pausas
Cuando un disco llega a manos de un laboratorio especializado, los técnicos no se guían solo por el sonido, pero sí lo usan como pista inicial. Con experiencia es posible asociar patrones de ruido con diagnósticos bastante concretos del tipo de fallo interno que se está produciendo en la unidad.
Uno de los diagnósticos más frecuentes es el fallo en el bloque de cabezales. El disco intenta leer la zona de servicio donde guarda información crítica del fabricante, no consigue obtener lo que necesita y el brazo mecánico vuelve una y otra vez al punto de origen golpeando el limitador. De ahí el clic repetitivo, casi rítmico, que no cesa hasta que se corta la alimentación.
Otro problema habitual es el ya mencionado stiction o motor atascado. En este caso, los cabezales han quedado adheridos a la superficie de los platos (como si fueran una ventosa) e impiden que el motor alcance su velocidad. El sonido que se escucha suele ser un zumbido eléctrico continuo, como si el motor se esforzase sin llegar a arrancar. Este escenario es muy común en determinados discos externos tras una caída o movimiento brusco.
Cuando se habla de aterrizaje de cabezales o head crash, la cosa es aún más seria. El cabezal ha perdido su “colchón de aire” y está tocando físicamente la superficie magnética, rayando los platos a medida que giran. El ruido puede ser un chasquido áspero o un sonido de rozadura continua, y cada segundo que pasa en ese estado destruye más datos, a menudo de forma totalmente irrecuperable.
También se encuentran diagnósticos relacionados con problemas de firmware y de la placa lógica (PCB). Aquí los cabezales y los platos pueden estar físicamente bien, pero el disco es incapaz de leer o ejecutar sus instrucciones internas, por lo que no logra calibrarse y entra en un ciclo de encendido, intento fallido y corte de energía. A oídos del usuario, parece un disco que arranca, hace un ruido leve y se apaga sin llegar a montar.
En todos estos casos, las soluciones pasan por trabajos altamente especializados: cambio de cabezales usando discos donantes compatibles, despegado y recolocación de cabezales en cámara limpia, clonación sector a sector con hardware forense y, cuando procede, reparación electrónica y reprogramación de firmware en la PCB. Nada de esto es viable de forma casera sin equipamiento y experiencia adecuados.
Cuándo tiene sentido acudir a un profesional y cuándo no compensa
No siempre merece la pena invertir en una recuperación profesional. Si lo que tienes en el disco son películas, series o archivos descargados sin demasiado valor, es normal que no te plantees pagar un servicio de laboratorio, porque puede salir caro. En esos casos, si el disco ya hace ruidos claros de avería, asumir la pérdida suele ser lo más sensato.
En cambio, cuando lo que está en juego son fotos familiares irrepetibles, documentos de trabajo críticos o proyectos personales, la perspectiva cambia. Cada intento fallido de arrancar el disco, cada reinicio, cada programa de recuperación lanzado sobre una unidad que hace clics puede reducir drásticamente las posibilidades de salvar algo útil.
Los laboratorios serios trabajan en cámara limpia certificada, con piezas donantes específicas y herramientas de clonación forense. Su objetivo es estabilizar primero el disco (por ejemplo, sustituyendo cabezales o reparando la electrónica) y después clonar su contenido lo más íntegramente posible a otra unidad sana, minimizando el tiempo que el disco dañado está en funcionamiento.
Además, muchos servicios de recuperación ofrecen evaluaciones o diagnósticos previos donde te indican qué porcentaje de datos es razonable esperar recuperar y qué coste tendría, de forma que puedas decidir con información en la mano si te compensa económicamente según el valor de tu información.
En el caso de discos aún en garantía, como algunas unidades de gama profesional, es habitual que el fabricante pueda sustituir el disco por uno nuevo, pero eso rara vez incluye la recuperación de datos. Si necesitas ambas cosas, lo habitual es recurrir primero a un laboratorio de confianza y, una vez extraídos los datos, tramitar con el fabricante el cambio de la unidad defectuosa, y considerar las ventajas de un disco duro sólido.
Un disco duro mecánico que hace pausas de unos segundos, se detiene, emite clics repetitivos o chasquidos metálicos nunca es “algo normal” ni algo que vaya a mejorar con el tiempo por arte de magia; entender qué tipo de ruido hace, comprobar conexiones y montaje, diferenciar entre fallos lógicos y físicos y saber cuándo hay que apagar inmediatamente y acudir a un profesional es la clave para no convertir una avería complicada en una pérdida total de datos y para decidir con calma si te compensa o no invertir en una recuperación especializada según el valor real de tu información.