Cómo elegir un monitor CRT para disfrutar de juegos retro

Última actualización: marzo 16, 2026
Autor: Isaac
  • Valorar tamaño, tipo de tubo y estado del CRT es clave para lograr buena imagen y evitar problemas de peso, geometría y desgaste.
  • Las conexiones S-Video, componentes o RGB marcan una gran diferencia de calidad frente a RF o compuesto en consolas y microordenadores clásicos.
  • Buscar CRT en anuncios locales y segunda mano cercana reduce costes, riesgos de envío y permite probar el aparato antes de comprar.
  • Un buen CRT de consumo bien ajustado puede ofrecer una experiencia retro excelente sin pagar los precios desorbitados de monitores profesionales.

monitor crt para juegos retro

Si llevas tiempo dándole vueltas a montar un buen rincón para juegos retro y te has topado con el mundo de los CRT, es normal que te sientas un poco perdido. Modelos, marcas, conexiones raras, siglas por todas partes… y encima son aparatos que ya no se fabrican, así que elegir bien es clave para no palmar pasta ni cargar con un armatoste inútil.

En las próximas líneas vas a encontrar una guía muy completa para elegir un monitor o televisor CRT para jugar a consolas clásicas, microordenadores y arcades, integrando todo lo que se suele comentar en comunidades especializadas y foros de puristas. Veremos dónde buscarlos, qué marcas interesan, qué conexiones brindan mejor calidad, qué tamaño y resolución tienen sentido hoy, y qué debes revisar antes de llevártelo a casa.

Por qué un CRT sigue mereciendo la pena para juegos retro

Puede sonar raro eso de buscar un CRT en pleno siglo XXI, pero estos bichos tienen ventajas muy concretas para videojuegos clásicos que ni el mejor monitor LCD puede replicar del todo, por muy buenos filtros que usemos en emuladores.

Lo primero es el contraste y el negro casi absoluto. Un CRT apaga literalmente el punto de fósforo cuando no hay señal, así que los negros son negros de verdad, sin fugas de luz ni “glow” típico de algunos paneles LCD. Esto hace que los gráficos pixelados con fondos oscuros, sombras marcadas y colores chillones se vean como fueron concebidos.

Otro punto fuerte es el tiempo de respuesta y la ausencia de ghosting. En un CRT no tienes píxeles cambiando de estado ni tiempos de transición: el haz de electrones pinta la imagen y desaparece, punto. Eso implica cero estelas y cero problemas de movimiento incluso a bajas resoluciones, ideal para shooters rápidos, shmups o juegos de lucha.

Además, los desarrolladores de la época diseñaban gráficos pensando en CRT concretos: resoluciones alrededor de 240p/480i en teles domésticas (~640×480 efectivos), líneas negras entre líneas activas, suavizado natural del fósforo… Si coges esa misma imagen 320×240 y la plantas en un LCD moderno sin filtros, se ve “mal”: los sprites aparecen demasiado nítidos, los contornos se rompen y se pierde el efecto estético original.

Existen filtros CRT avanzadísimos en emuladores que simulan scanlines, máscara de fósforo e incluso la luminosidad de cada subpixel. Funcionan de maravilla y son más que suficientes para la mayoría de usuarios, pero aun así no pueden quitar el input lag de la pantalla LCD ni replicar del todo la sensación de un tubo real. Por eso, para los más sibaritas, un buen CRT sigue estando muy cotizado.

Dónde y cómo buscar un buen CRT sin arruinarte

El primer consejo que más se repite entre aficionados es claro: no empieces por eBay salvo que tengas mucha pasta y poco miedo. Los CRT de consumo que se venden allí suelen estar inflados de precio y, lo que es peor, el riesgo de que lleguen hechos trizas es altísimo.

La mayoría de vendedores online no saben cómo embalar de forma segura un CRT: son frágiles, muy pesados y, si la caja recibe un golpe fuerte, pueden romperse placas, cuellos de tubo o incluso el propio cristal. Después de pagar una pasta, quedarte con un pisapapeles de 40 kg no hace ninguna gracia.

Lo más inteligente hoy en día es tirar de anuncios locales y mercado de segunda mano cercano. Plataformas tipo Facebook Marketplace, Wallapop, Milanuncios o equivalentes en tu zona son minas de oro para encontrar teles de tubo que la gente solo quiere sacar del trastero.

Un truco que funciona muy bien es evitar tecnicismos y usar términos de búsqueda amplios. Mucha gente no sabe lo que significa “CRT”, pero sí pone “tele vieja”, “tele de tubo”, “tele de caja”, “no es plana” o simplemente “TV”. Luego toca filtrar a mano, pero ahí es donde aparecen las gangas, incluso regaladas o con el clásico “si te la llevas tú, encantado”.

Ten en cuenta también que quien menciona “juegos retro” en el anuncio suele estar algo más puesto en el tema y, por tanto, tenderá a subir el precio. No siempre significa timo, pero raramente será un chollo. Por eso conviene ampliar un poco el radio de búsqueda y estar dispuesto a conducir una hora o dos para recoger un CRT que merezca la pena.

Marcas y tipos de tubo: más allá de Sony Trinitron

En cuanto uno se mete a buscar CRT para jugar, todo el mundo habla de Sony Trinitron como el santo grial. Son muy buenos, sí, se fabricaron a patadas y es relativamente fácil encontrar recambios, pero no son la única opción ni mucho menos.

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Hay marcas que también ofrecen tubos de altísima calidad para juegos y que suelen estar menos sobrevaloradas: JVC, Toshiba, Panasonic, Mitsubishi, NEC, Iiyama, Eizo… Además, muchos monitores “de marca de PC” como Dell, HP o Compaq montaban tubos de estos fabricantes, así que a veces te llevas un gran panel camuflado tras un logo corporativo.

Si miramos la tecnología de los tubos, hay dos familias principales: máscara de sombra y rejilla de apertura. La máscara de sombra es una placa metálica llena de agujeritos que filtran el haz de electrones, mientras que la rejilla de apertura usa hilos verticales muy finos que dejan pasar más luz.

Los Trinitron de Sony y los Diamondtron de Mitsubishi son ejemplos clásicos de rejilla de apertura: ofrecen una imagen muy nítida, luminosa y con colores intensos, especialmente interesante en monitores planos para PC. La contrapartida es que suelen mostrar dos finísimas líneas horizontales (cables de tensión) que algunos usuarios notan en fondos claros.

Los tubos de máscara de sombra más modernos, por su parte, dan una imagen algo más suave, tipo recreativa, que a muchos les encanta para juegos 2D de 16 bits y arcades clásicos. Modelos como ciertos Hitachi ErgoFlat o NEC ChromaClear exprimieron esta tecnología al máximo, logrando resultados espectaculares sin ser rejilla de apertura.

Tamaño, peso y ergonomía: qué pulgadas tienen sentido

La tentación lógica es pensar “cuanto más grande, mejor”, pero con los CRT eso puede ser una trampa. Estos cacharros pesan una barbaridad y ocupan medio escritorio. Además, a mayor tamaño, suelen empeorar la geometría y se vuelve más complicado ajustarlos bien.

Para monitores de PC, el rango más razonable va de 15 a 21 pulgadas en formato 4:3. Por debajo de 15” la experiencia es demasiado retro incluso para nostálgicos, y por encima de 21” el peso se dispara: un 21″ puede rondar los 30 kg y necesitas una mesa sólida y espacio de sobra.

En teles de salón la cosa escala rápido. Un adulto medio puede manejar solo una tele de hasta ~27″ si tiene algo de maña, pero a partir de 32″ resulta aparatosa y en 36″ ya hablamos de bestias que exigen dos personas. Existen CRT de 37-40″ que superan fácilmente los 70-80 kg, casi como mover un mueble entero.

Piensa también en que la pantalla es de vidrio grueso, no plástico, y que cualquier caída o golpe serio puede romper el tubo. Antes de lanzarte a por un monstruo de 30 y pico pulgadas, valora qué sitio tienes, qué mueble lo va a aguantar y si vas a poder moverlo para limpiar, conectar consolas, etc.

Para muchos jugadores retro, un tamaño ideal ronda las 19-20 pulgadas en monitor o unas 21-27″ en tele, que equilibran comodidad, peso y facilidad de ajuste, además de ser medidas bastante frecuentes en el mercado de segunda mano.

Resolución, tasa de refresco y dot pitch

En los CRT la idea de “resolución nativa” no es la misma que en LCD, y por eso conviene entender qué es el monitor y cuál es su función. No hay una matriz fija de píxeles físicos, sino un haz que barre de forma analógica la superficie de fósforo, de modo que en teoría pueden aceptar muchas combinaciones de resolución y frecuencia.

Lo que sí existe es una resolución recomendada por el fabricante, a partir de la cual la imagen deja de verse fina. Un monitor típico de gama media/alta de finales de los 90 o principios de los 2000 podía manejar sin despeinarse 640×480, 800×600, 1024×768 o 1280×1024 a diversas tasas de refresco.

Para jugar a títulos de los 90 en Windows 95 o 98, 1024×768 suele ser más que suficiente. Si quieres ir a algo más moderno tipo Windows XP y juegos que escalan mejor, te puede interesar que admita 1280×1024 o incluso 1600×1200 de forma cómoda, siempre y cuando la nitidez se mantenga.

La clave aquí es el dot pitch (o pixel pitch), que indica la distancia entre puntos de fósforo del mismo color. Se mide en milímetros y es lo que realmente marca lo fino que se verá el texto y los gráficos a alta resolución. Valores de 0,28 mm o inferiores son recomendables, siendo muy buena zona entre 0,24 y 0,21 mm.

Respecto a la tasa de refresco, muchos monitores buenos permiten varias combinaciones de Hz según resolución: quizá 120 Hz a 640×480, 100 Hz a 800×600, 85 Hz a 1024×768 y 60-66 Hz a 1280×1024. Lo importante no es perseguir el número más alto a toda costa, sino lograr una combinación donde no percibas parpadeo (a partir de 75 Hz casi todo el mundo va cómodo) y la imagen se mantenga limpia.

Además, los CRT muestran las imágenes de forma tan fluida que no hace falta obsesionarse con los 144 Hz como en LCD. Un buen 75-85 Hz en CRT ya se siente espectacular para la mayoría de usos, y a resoluciones bajas se pueden alcanzar cifras aún mayores si el monitor lo soporta.

Curvo o plano, SD o HD: qué tipo de CRT te conviene

Cuando pensamos en CRT, suele venirnos a la mente el típico pantallón de cristal convexo del salón de los 90. Esa curvatura ayudaba a lidiar con ciertas limitaciones de la tecnología, pero a partir de mediados de esa década empezaron a popularizarse los tubos planos, que acabaron dominando el mercado.

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No hay una respuesta universal sobre qué es “mejor”. Los tubos curvos tienden a tener mejor geometría de serie: las líneas rectas se ven más rectas y hay menos deformaciones en los bordes. En 2D clásico, con scroll horizontal, eso se agradece mucho porque evita ondulaciones molestas.

Los CRT planos, por su parte, suelen ser más modernos y es más habitual que traigan entradas de vídeo por componentes o S-Video, además de menús OSD completos para ajustar la imagen. A cambio, es bastante frecuente que la geometría venga peor de fábrica y haya que dedicar un rato a dejarla decente (y a veces ni con eso).

Otra gran distinción es si hablamos de CRT SD (15 kHz, 240p/480i) o de CRT HD que aceptan 480p/720p/1080i. Para consolas de 8, 16 y 32 bits, así como muchas de 64 bits, lo ideal es un CRT SD que trabaje a 15 kHz; ahí es donde las señales 240p/480i se ven como deben, sin reescalados raros.

Los CRT HD necesitan escalar y desentrelazar las señales SD que reciben. El resultado suele ser peor para juegos clásicos: imagen más procesada, artefactos en bordes y, lo más grave, latencia añadida. Eso mata parte de la gracia de los shmups exigentes o de juegos que requieren reflejos rápidos.

Por otro lado, un buen CRT HD puede ser una delicia para Xbox 360, PS3 o incluso Switch a 720p, porque se aprovecha mejor la mayor resolución y sigues teniendo un tiempo de respuesta muy bueno. Solo ten presente que, en la práctica, casi todas las teles CRT 16:9 que veas serán HD y rara vez bajan de 30″.

Conexiones de vídeo: RF, compuesto, S-Video, componentes y RGB

Uno de los puntos decisivos para elegir CRT es la calidad y variedad de sus entradas de vídeo. No es lo mismo tirar de antena vieja que conectar una consola por componentes o RGB; la diferencia de nitidez y color es espectacular.

La conexión más básica es RF, el clásico conector coaxial roscado de antena de TV. La consola o micro emite un canal de televisión modulado y la tele lo sintoniza. Es la opción más pobre en calidad: ruido, ghosting, colores apagados… solo tiene sentido si buscas una experiencia ultra nostálgica “tal y como jugabas de niño”.

Un poco por encima está el vídeo compuesto: RCA amarillo para vídeo y rojo/blanco para audio. Toda la información de color y luminancia va mezclada en la misma señal, lo que genera cierta borrosidad y artefactos de color (efecto escalera en bordes, manchas, etc.). En teles relativamente modernas con buen procesado puede verse decente, pero si quieres exprimir tus consolas, conviene subir de nivel.

El siguiente escalón es S-Video, un conector redondo de 4 pines que separa luminancia (Y) y croma (C). Eso reduce muchísimo los artefactos del compuesto y ofrece una imagen muy nítida sin llegar a la complejidad del RGB. Además, muchos CRT de los 90 y 2000 incluyen al menos una entrada S-Video frontal o trasera.

A nivel práctico, S-Video es la mejor relación calidad-precio para consolas retro de 16/32/64 bits en adelante. Existen cables S-Video baratos para casi todas (SNES, N64, PS1, PS2, etc.), con excepciones como Sega Mega Drive/Genesis, que requieren soluciones específicas.

Por encima está el vídeo por componentes (Y, Pb, Pr), que usa tres conectores RCA para vídeo (rojo, azul y verde) más dos para audio estéreo. En nitidez anda similar a S-Video, pero la gran ventaja es que maneja mejor el color y permite resoluciones progresivas como 480p, 720p o 1080i en consolas compatibles.

Los cables por componentes suelen ser más caros, sobre todo en consolas antiguas que no sacan componentes de serie y dependen de transcodificadores RGB a componentes integrados en el cable (marcas como HD Retrovision son un ejemplo). Muchos CRT de alrededor del año 2000 en adelante incluyen al menos una entrada de componentes, a veces etiquetada como “DVD/HD” o similar.

En la cúspide está el RGB, donde cada canal de color y la sincronía viajan por separado. En Europa el estándar fue el conector SCART (euroconector), que facilitaba tener RGB en casi cualquier tele moderna de la época. En Norteamérica, en cambio, las teles CRT con entrada RGB directa son rarezas, salvo monitores profesionales (PVM/BVM, monitores arcade, etc.).

Si tu CRT tiene SCART RGB, estás de suerte: es la mejor calidad que vas a obtener para consolas clásicas sin meterte en modding complejo. Si no lo tiene, S-Video y componentes son las alternativas más sensatas, dependiendo de la consola y del tipo de señal que emita.

Monitores de PC CRT: VGA, DVI y adaptadores modernos

En monitores de PC, la conexión reina es el clásico VGA (conector azul de 15 pines). Es una señal analógica RGB que permite múltiples resoluciones y tasas de refresco, perfectas para disfrutar de juegos de DOS, Windows 95/98 y principios de 2000 tal y como fueron pensados.

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Algunos monitores CRT más modernos incorporaron también entradas DVI (normalmente DVI-I o DVI-A), que pueden transportar señal analógica compatible con el tubo. Esto facilita un poco la conexión con tarjetas gráficas de hace unos años que aún sacan DVI directamente.

Si quieres usar un PC actual o portátil con solo HDMI/DisplayPort, necesitarás un adaptador activo de digital a VGA. Es crucial que no escatimes aquí: los más baratos pueden limitar resolución y Hz, introducir ruido o directamente dar problemas de sincronía. Comprueba siempre qué resoluciones y frecuencias soporta el adaptador antes de comprarlo.

En el mundo retro ordenadores como Amiga, algunos MSX, Commodore 64, etc., pueden sacar vídeo compuesto, RGB o señales específicas que a veces cuadran muy bien con monitores “multinorma” tipo Commodore 1084. Estos monitores eran auténticas navajas suizas, tragando desde vídeo compuesto PAL hasta RGB y audio estéreo (o mono en ciertos modelos), y siguen siendo muy apreciados entre coleccionistas.

Estado del CRT, vida útil y ajustes de imagen

No todos los CRT que encuentres estarán igual de frescos. Un aspecto clave es la vida útil del tubo y cuánto se ha usado. Una tele que ha pasado 20 años encendida 8-10 horas diarias con telenovelas tendrá el fósforo muy gastado, menos brillo y colores lavados.

En cambio, un CRT que ha vivido en una habitación de invitados o que apenas se ha encendido puede seguir ofreciendo una luminosidad sorprendentemente buena. Cuando vayas a ver uno, si puedes, pide al vendedor que lo tenga enchufado y muestre una señal real (DVD, consola, TDT… lo que sea) para valorar brillo, contraste y uniformidad.

Otro factor importante es la geometría de la imagen: que las líneas rectas no se curven de forma exagerada, que las esquinas no estén muy deformadas, que no haya zonas de la pantalla más inclinadas que otras. En tubos grandes y planos esto se nota mucho y no siempre se puede dejar perfecto.

En el menú OSD del monitor o tele deberías poder ajustar brillo, contraste, nitidez y, a veces, parámetros de geometría básica. Es recomendable no poner el contraste (a veces etiquetado como “Imagen”) al máximo, ya que eso fuerza el tubo, acorta su vida y genera bordes brillantes y artefactos bastante feos. Si quieres ir más lejos, aprende a calibrar el monitor con DisplayCAL.

Por norma general, se suele obtener mejor resultado con contraste moderado, brillo contenido y nitidez tirando a baja. A partir de ahí, ajusta a tu gusto, siempre vigilando que las zonas oscuras no se “empasten” y que las claras no quemen detalle.

Hay otro punto menos glamuroso pero muy real: si estás pensando en reajustar enfoque interno o toquetear potenciómetros en la placa, ten presente que dentro de un CRT hay tensiones muy altas incluso tiempo después de desenchufarlo. Solo deberías abrirlo si sabes bien lo que haces y entiendes los riesgos.

Coste, rareza y el debate PVM vs teles de consumo

Dentro del mundillo retro se ha creado casi un mito alrededor de los monitores profesionales PVM/BVM de Sony y similares. Estos monitores, pensados para uso de broadcast y vídeo profesional, ofrecen una calidad RGB brutal, controles finos y una construcción muy robusta.

El problema es que, con el auge del retro, sus precios se han disparado. Los modelos más grandes se cotizan por encima de los miles de euros y, en muchos casos, hablamos de pantallas relativamente pequeñas. Además, el riesgo de envío roto sigue existiendo y localizarlos a buen precio “en la naturaleza” requiere suerte, contactos y mucha paciencia.

Por eso muchos veteranos recomiendan empezar por una buena tele CRT de consumo, barata o incluso gratuita, antes de lanzarse a por un PVM. Una tele bien elegida, con buena conexión (S-Video, componentes, o mejor aún RGB en SCART), puede verse casi tan bien como un monitor profesional para uso doméstico y, además, será más grande.

No es raro que un usuario que solo quiere echar unas partidas después de trabajar se apañe de sobra con un CRT normal y filtros CRT en emuladores modernos, sin meterse en rarezas carísimas. Para montar una recreativa “seria” o una colección de referencia, sí puede tener sentido buscar un buen CRT de alta gama, pero eso ya entra en territorio de hobby caro.

En cualquier caso, hay que asumir que estamos hablando de tecnología descatalogada y cada vez más escasa. Lo que no pagas en el propio monitor puede que lo pagues en desplazamientos, envíos delicados o tiempo invertido en encontrar ese modelo soñado que encaje con tus expectativas.

Al final, elegir un buen CRT para juegos retro pasa por equilibrar tamaño, tipo de tubo, conexiones, estado del aparato y presupuesto, valorando cuánto vas a usarlo y qué consolas o sistemas vas a conectar. Con una búsqueda paciente, probando en persona cuando sea posible y sin obsesionarte con una marca concreta, es perfectamente viable disfrutar de tus juegos clásicos casi tal y como se veían en su día, pero con la ventaja de que ahora sabes exactamente qué estás comprando.

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