Intel cancela el Core Ultra 9 290K Plus y refuerza su gama media-alta

Última actualización: marzo 30, 2026
Autor: Isaac
  • Intel ha confirmado que el Core Ultra 9 290K Plus no se lanzará, al considerar que sería un modelo redundante dentro de la gama Arrow Lake Refresh.
  • Las muestras de ingeniería del 290K Plus mostraban 24 núcleos y alto rendimiento en Geekbench, pero su ventaja frente al 285K dependía sobre todo de frecuencias y optimizaciones de software.
  • El Core Ultra 7 270K Plus y el Core Ultra 5 250K Plus asumen el protagonismo en la serie Core Ultra 200S Plus, ofreciendo gran rendimiento y mejor relación calidad-precio.
  • No se esperan nuevos tope de gama para LGA-1851 hasta la llegada de Nova Lake-S, por lo que el Core Ultra 9 285K seguirá siendo la referencia más alta de Intel en sobremesa.

Procesador Intel Core Ultra

El anuncio de que Intel ha decidido no lanzar el esperado Core Ultra 9 290K Plus ha caído como un jarro de agua fría para muchos entusiastas del hardware. Durante meses, este chip se había dejado ver en filtraciones, benchmarks y rumores que lo situaban como el nuevo buque insignia de la familia Arrow Lake Refresh para sobremesa, pero finalmente la compañía ha optado por cortar por lo sano y confirmar que no llegará a las tiendas.

Esta cancelación no se debe a un fallo técnico ni a un desastre de fabricación, sino a un cálculo estratégico muy meditado dentro del catálogo Core Ultra 200S Plus. Intel considera que los modelos que sí han salido al mercado, especialmente los Core Ultra 7 270K Plus y Core Ultra 5 250K Plus, cubren sobradamente el hueco de rendimiento y precio que necesita para competir. Aun así, la historia del 290K Plus es bastante más interesante de lo que parece a primera vista.

Confirmación oficial: un tope de gama que se queda en el camino

Tras semanas de filtraciones, declaraciones y especulaciones, la confirmación llegó desde un lugar muy concreto: la división alemana de Intel. Florian Maislinger, Director de Comunicación Técnica de Intel en Alemania, fue quien puso fin a las dudas y dijo claramente que el modelo U9 290K Plus no se lanzará al mercado, dejando claro que no se trata de un simple retraso, sino de una cancelación en toda regla.

Según su explicación, el enfoque de Intel con la serie Intel Core Ultra 200S Plus ha sido maximizar el rendimiento y el valor de las referencias de sobremesa más importantes, las que realmente se venden en volumen. En ese contexto, el Core Ultra 7 270K Plus y el Core Ultra 5 250K Plus están «bien posicionados» para ofrecer un rendimiento excelente en juegos y una relación calidad/precio muy competitiva frente a las propuestas de AMD y a generaciones anteriores de Intel.

La idea de incorporar otra SKU tope de gama, como el Core Ultra 9 290K Plus con especificaciones muy parecidas a otras ya existentes, chocaba con ese planteamiento. A ojos de Intel, un modelo adicional en la parte más alta de la tabla apenas aportaría valor real y solo serviría para llenar más el catálogo y complicar la elección al usuario final.

Esta postura también se ha visto reflejada en los comunicados compartidos con medios internacionales, donde se insiste en que el objetivo es priorizar procesadores con un alcance más amplio dentro del mercado, en lugar de crear una referencia muy cara y minoritaria que apenas mueva la aguja en ventas globales.

En resumen, la versión oficial apunta a que el 290K Plus no tenía un hueco claro dentro de la estrategia de producto: demasiada proximidad al Core Ultra 9 285K ya existente y al recién llegado Core Ultra 7 270K Plus, sin una ventaja diferenciadora lo bastante grande como para justificar su existencia.

Cancelación Core Ultra 9 290K Plus

Cómo encaja el 290K Plus en la familia Arrow Lake Refresh

Para entender el movimiento, hay que mirar el contexto general de la gama. Intel presentó hace poco sus Arrow Lake Refresh para sobremesa, una actualización de la plataforma LGA-1851 que llega con mejoras de eficiencia, nuevas frecuencias y un enfoque muy claro en el rendimiento en juegos. Dentro de esta familia encontramos a los Intel Core Ultra 200S Plus, donde por ahora solo han debutado dos referencias K de sobremesa: el Core Ultra 7 270K Plus y el Core Ultra 5 250K Plus.

El hueco natural del Core Ultra 9 290K Plus era convertirse en la nueva referencia absoluta de rendimiento, por encima del todavía vigente Core Ultra 9 285K. Sobre el papel, debía situarse como el tope de gama de Arrow Lake Refresh para escritorio, especialmente orientado a usuarios que buscan el máximo rendimiento en gaming y en tareas pesadas de productividad.

  Cómo instalar un PoE injector o switch para cámara IP

Sin embargo, las pruebas internas de Intel y los propios datos que la compañía mostró al presentar los 270K Plus y 250K Plus ya dejaban entrever algo importante: el Core Ultra 7 270K Plus es capaz de igualar, e incluso superar, al Core Ultra 9 285K en determinados escenarios gracias a ajustes de frecuencia, optimizaciones de la plataforma y herramientas de software como Intel Binary Optimization Tool.

En ese escenario, un 290K Plus que compartiera prácticamente la misma estructura de núcleos que el 285K y que el 270K Plus solo podría destacar mediante un incremento de frecuencias agresivo. Eso implicaría un consumo más alto, mayor calor, posibles problemas de estabilidad en el margen extremo y, por supuesto, un precio superior que lo colocaría en una franja muy de nicho.

A nivel comercial, Intel ha preferido apuntalar los modelos que aportan mayor volumen de ventas: un 270K Plus que rinde como un tope de gama pero se vende como gama media-alta, y un 250K Plus que refuerza el segmento más accesible manteniendo una propuesta muy atractiva frente a Ryzen.

Especificaciones técnicas previstas para el Core Ultra 9 290K Plus

Aunque nunca se vaya a vender como producto final, el Core Ultra 9 290K Plus no fue un simple nombre sobre una diapositiva. Existieron muestras de ingeniería y prototipos funcionales que llegaron a los socios de Intel y que incluso se dejaron ver en pruebas públicas de rendimiento.

Todo apunta a que este chip iba a contar con 24 núcleos en total, combinando 8 núcleos de alto rendimiento (P-cores) y 16 núcleos de alta eficiencia (E-cores), una configuración muy similar a la del actual Core Ultra 9 285K y al Core Ultra 7 270K Plus. En otras palabras, no iba a diferenciarse por un aumento del número de núcleos o hilos, sino por detalles finos de diseño y, sobre todo, por sus frecuencias de trabajo.

En una de las entradas detectadas en Geekbench, el Core Ultra 9 290K Plus aparecía con una frecuencia base de 3,7 GHz y un modo turbo que llegaba hasta los 5,6 GHz. Este margen de frecuencia, combinado con la misma cuenta de núcleos que el 285K, reflejaba exactamente hacia dónde iba el producto: un refinamiento de la plataforma más que un salto generacional en arquitectura.

Además, dichas pruebas se realizaron con una configuración de 64 GB de memoria DDR5 a 6.800 MT/s, montada sobre una placa ASUS ROG STRIX Z890-E GAMING WIFI, lo que indica que estábamos ante un entorno de alta gama típico de equipos preparados para jugar y tareas intensivas.

Los resultados filtrados apuntaban a unos 3.747 puntos en single-core y 26.117 puntos en multi-core en Geekbench 6, cifras que lo situaban por encima del Core Ultra 9 285K en torno a un 17% en algunas pruebas concretas. Sin embargo, gran parte de esa ventaja se explicaría por el uso de herramientas de optimización de Intel, no solo por la fuerza bruta del silicio.

Intel Arrow Lake Refresh

Filtraciones, benchmarks y la sombra de Geekbench

La historia del Core Ultra 9 290K Plus empezó mucho antes de su cancelación. Meses antes del lanzamiento oficial de los Core Ultra 7 270K Plus y Core Ultra 5 250K Plus, ya circulaban filtraciones que mencionaban esta referencia como el futuro tope de gama de Arrow Lake Refresh.

Entre esas filtraciones destacaba una en Geekbench 6, donde el procesador aparecía registrado con su nombre completo, Core Ultra 9 290K Plus, 24 núcleos y un rendimiento superior al 285K. Aquellos resultados generaron un fuerte hype, ya que muchos usuarios asumieron que el salto de rendimiento frente al modelo anterior sería notable y que Intel estaba guardando un as bajo la manga para competir en la parte más alta del segmento entusiasta.

Sin embargo, se ha sabido después que Intel llegó a distribuir estas muestras de ingeniería a sus socios antes de tomar la decisión de cancelarlo. Eso explica por qué han seguido apareciendo benchmarks y pruebas aisladas de este chip incluso después de que la compañía anunciara oficialmente que no se iba a lanzar.

En este tipo de situaciones es fácil que surja confusión: los resultados de hardware de preproducción son reales, pero no implican necesariamente un producto final. Los fabricantes suelen probar diferentes configuraciones de frecuencias, voltajes y límites de potencia para decidir qué variantes encajan mejor en el catálogo, y no todas las combinaciones acaban llegando al usuario final.

  ¿Cómo se hacen las Etiquetas?

También se comentó que Intel había estado probando una variante móvil, el Core Ultra 9 290HX Plus para portátiles, lo que refuerza la idea de que la compañía exploró a fondo esta nomenclatura y este posicionamiento, tanto en escritorio como en movilidad. No obstante, la cancelación del modelo de sobremesa deja en el aire si veremos o no un chip equivalente en el mundo portátil.

¿Estrategia conservadora o fallo de comunicación?

Hay quien ve la cancelación como un paso atrás, pero analizando la situación con calma se aprecia que Intel ha optado por una estrategia bastante pragmática. El mercado del hardware de gama alta es cada vez más exigente, pero también más limitado en términos de volumen. Vender muchos modelos ligeramente distintos entre sí puede complicar la toma de decisiones al consumidor y dispersar el foco de marketing.

Desde el punto de vista técnico, Intel tenía claro que no podía aumentar el número de núcleos ni dar un salto significativo en IPC dentro de esta generación sin rediseñar el chip por completo. La arquitectura Arrow Lake y el nodo de fabricación que utilizan imponen ciertas limitaciones, por lo que la única vía para crear un 290K Plus más potente que el 285K era elevar las frecuencias y apurar el margen térmico y energético.

Eso habría generado un modelo muy rápido en ciertos escenarios, sí, pero también más caliente, más exigente con la refrigeración y claramente más caro. Al final se habría convertido en un procesador muy de nicho, enfocado a un número de usuarios relativamente pequeño, mientras que el Core Ultra 7 270K Plus ya ofrece un rendimiento equiparable a un tope de gama con un precio mucho más atractivo.

De hecho, varios análisis coinciden en que el Core Ultra 7 270K Plus supera al Core Ultra 7 265K sin despeinarse y llega a ponerse por delante del Core Ultra 9 285K tanto en juegos como en algunas aplicaciones concretas. Es decir, ya hay un producto en la gama que cumple el papel de «mata gigantes» sin necesidad de sacar un 290K Plus por encima.

Visto así, no parece un movimiento improvisado, sino un ajuste lógico para simplificar la oferta, evitar solapamientos entre modelos y centrar los esfuerzos de marketing y soporte en los procesadores que más impacto van a tener en el mercado real.

El papel protagonista del Core Ultra 7 270K Plus y del 250K Plus

Con el 290K Plus borrado del mapa, el gran beneficiado es el Intel Core Ultra 7 270K Plus, que se queda como la joya de la corona en Arrow Lake Refresh para sobremesa. Este procesador ofrece 24 núcleos (24 hilos) con frecuencias de 3,7 a 5,5 GHz, soporte para el zócalo LGA-1851, gráficos integrados Arc Xe 4 y un TDP que se mueve entre 125 y 250 W según el modo de funcionamiento.

Su posición es muy interesante porque rinde como un modelo tope de gama pero se comercializa en un rango de precio más cercano a la gama media-alta. Para muchos jugadores y creadores de contenido, esa relación rendimiento/precio lo convierte en una opción más lógica que los chips Ultra 9 tradicionales, que suelen disparar tanto el coste del procesador como el resto de la plataforma (placa base, refrigeración, fuente de alimentación).

Por debajo, el Intel Core Ultra 5 250K Plus completa la jugada. Este modelo integra 20 núcleos (20 hilos) con frecuencias de 3,9 a 5,3 GHz, también para LGA-1851, con gráficos Arc Xe 4 y un rango de potencia entre 125 y 159 W. En la práctica, se sitúa como una alternativa muy sólida para montajes gaming de alto rendimiento sin necesidad de irse a la gama Ultra 7.

Ambos procesadores han sido diseñados para aprovechar mejor las tarjetas gráficas potentes sin convertirse necesariamente en un componente prohibitivo. Frente a los Ryzen equivalentes, ofrecen más potencia total en muchas pruebas y un precio de lanzamiento que, al menos sobre el papel (PVPR), resulta bastante competitivo, más allá de las fluctuaciones iniciales en PVP real en tiendas.

Con este enfoque, Intel intenta asegurar que la mayoría de jugadores y usuarios avanzados puedan acceder a un nivel de rendimiento muy alto sin caer en la trampa del «tope de gama a cualquier precio». Y en ese enfoque, el Core Ultra 9 290K Plus encajaba bastante peor.

  Solución: Cómo solucionar el problema de Windows no detecta ningún adaptador de red

Un modelo «fantasma» que pudo convertirse en el 270K Plus

Una de las lecturas más interesantes que han hecho algunos analistas es que, en la práctica, el Core Ultra 9 290K Plus terminó reconvertido en el Core Ultra 7 270K Plus. Es decir, Intel habría partido de la base de un diseño que inicialmente aspiraba a ser un Ultra 9 superior al 285K, para finalmente ajustar su posicionamiento, frecuencias y precio y lanzarlo como un Ultra 7 muy potente.

Desde este punto de vista, el movimiento no solo tendría sentido, sino que se podría considerar una decisión francamente acertada por parte de Intel. En lugar de sacar un chip extremadamente caro y algo redundante, han preferido llevar buena parte de ese potencial a una gama más accesible, donde realmente puede marcar diferencias frente a la competencia.

Hay que tener en cuenta que el supuesto 290K Plus habría sido básicamente un 285K con la misma cantidad de núcleos e hilos, algo más de velocidad «die to die» y un incremento importante de las frecuencias máximas. El salto real en rendimiento bruto no habría sido tan espectacular si dejamos a un lado las optimizaciones de software y los escenarios muy favorables de ciertos benchmarks.

Al reconvertir ese diseño en un 270K Plus con un precio más ajustado, Intel consigue ofrecer un procesador que se comporta como un buque insignia pero se paga como un modelo de gama media-alta, algo que siempre tiene más tirón entre los usuarios que montan su propio PC o renuevan plataforma cada varios años.

Desde este prisma, la cancelación del 290K Plus no es tanto un fracaso del proyecto como una reorientación de la misma base técnica para hacerla encajar mejor en el mercado. El silicio se aprovecha, el rendimiento está ahí y el usuario recibe un producto más equilibrado sin pagar la «tasa de exclusividad» de un modelo Ultra 9 extra.

Sin nuevos tope de gama hasta Nova Lake-S

La otra consecuencia importante de esta decisión es que el panorama para el socket LGA-1851 queda bastante claro a medio plazo. Con el Core Ultra 9 290K Plus cancelado oficialmente, no se esperan nuevos procesadores de escritorio de gama súper alta dentro de la actual generación Arrow Lake Refresh.

Esto significa que, durante el resto del ciclo de vida de la plataforma, el Core Ultra 9 285K seguirá siendo el chip más potente de Intel para sobremesa, con el Core Ultra 7 270K Plus justo por debajo como alternativa muy atractiva en rendimiento por euro. No veremos, salvo sorpresa mayúscula, una nueva referencia «K» que supere claramente a estos modelos dentro de este mismo socket.

Todo apunta a que la próxima gran revolución llegará con Nova Lake-S, la siguiente generación de procesadores Intel para escritorio, que se espera para alrededor de 2027. Será entonces cuando tenga sentido hablar de nuevas arquitecturas, cambios más profundos en el diseño del chip y posiblemente un replanteamiento del propio zócalo y del ecosistema de placas base.

Mientras tanto, para los entusiastas que estaban esperando «el siguiente gran salto» en forma de Core Ultra 9 290K Plus, el mensaje es claro: toca conformarse con los actuales 285K y 270K Plus si se quiere seguir dentro de la plataforma LGA-1851 y exprimir al máximo el rendimiento en juegos y aplicaciones pesadas.

Lejos de ser un signo de debilidad, esta pausa en los lanzamientos de gama altísima refuerza la idea de que Intel está priorizando estabilidad y claridad en su catálogo, en lugar de añadir modelos muy próximos entre sí que solo aportan unos pocos puntos extra en benchmarks sintéticos.

Al final, lo que deja esta historia es una fotografía bastante nítida del momento actual de Intel: una compañía que prefiere consolidar sus referencias clave y preparar con calma el salto a Nova Lake-S antes que saturar el mercado con otro Ultra 9 difícil de justificar. Para el usuario que quiere montar un PC potente hoy, el foco se desplaza a los Core Ultra 7 270K Plus y Core Ultra 5 250K Plus, mientras que el Core Ultra 9 285K mantiene su corona un tiempo más, sin un 290K Plus que venga a disputársela sobre el papel, pero sí con un «hermano pequeño» que ya le planta cara en muchas pruebas reales.

intel diamond rapids
Artículo relacionado:
Intel reorganiza Diamond Rapids y unifica la memoria en 16 canales