Cómo solucionar errores de latencia y firmware de SSDs en Windows 11

Última actualización: mayo 2, 2026
Autor: Isaac
  • Los fallos de SSD en Windows 11 se deben en gran parte a firmware desactualizado, especialmente en unidades con controladora Phison.
  • Actualizaciones como KB5063878 y la build 26100.4946 coincidieron con los errores, pero Microsoft niega corrupción directa de archivos.
  • Actualizar el firmware del SSD con el software oficial y aplicar parches como KB5007262 reduce latencia y recupera rendimiento.
  • Es clave hacer copias de seguridad, evitar llenar el SSD al máximo y comprar siempre unidades en canales de venta fiables.

Errores de latencia y firmware en SSD con Windows 11

En los últimos meses, Windows 11 y los discos SSD se han convertido en protagonistas de uno de los culebrones tecnológicos más sonados: caídas brutales de rendimiento, unidades que desaparecen del sistema, bloqueos en mitad de una partida o incluso discos que quedan totalmente inservibles. Si usas un SSD NVMe en tu PC con Windows 11, seguro que te suena este tipo de problemas o, como mínimo, habrás oído rumores al respecto.

Lo más llamativo es que, aunque a primera vista todo apuntaba a que el culpable era Microsoft y sus últimas actualizaciones de Windows 11 (incluyendo builds y parches concretos como KB5063878 o la build 26100.4946), las investigaciones más recientes señalan a otro responsable principal: el firmware de ciertas unidades SSD, especialmente las que montan controladoras Phison con versiones de firmware de pre lanzamiento o desactualizadas. Vamos a desgranar qué está pasando, qué síntomas debes vigilar, qué unidades están afectadas y, sobre todo, qué puedes hacer para proteger tus datos y recuperar un funcionamiento normal.

Origen del problema: actualizaciones de Windows 11 y fallo masivo en SSD

Desde agosto de 2025 empezaron a llegar reportes de usuarios que, tras instalar actualizaciones de Windows 11 (como KB5063878 en la versión 24H2), veían cómo su PC se congelaba al trabajar con grandes volúmenes de datos en SSD NVMe. En muchos casos, después de un cuelgue durante una copia de archivos pesada, la unidad desaparecía del sistema como si nunca hubiera existido.

Los primeros avisos hablaban de fallos graves de acceso a disco que bloqueaban por completo el ordenador y, en situaciones extremas, acababan con pérdida irrecuperable de archivos. El ruido fue tal que muchos usuarios empezaron a desactivar actualizaciones, a plantearse migrar a Linux e incluso a culpar abiertamente a Microsoft de «matar» sus SSD.

Un caso muy comentado fue el de usuarios que, tras instalar la actualización de seguridad KB5063878 en Windows 11 24H2, vieron cómo sus SSD se volvían inestables al manejar archivos grandes: el Explorador de Archivos se quedaba pensando eternamente, la BIOS dejaba de detectar la unidad y, en algunos casos, el disco quedaba muerto sin posibilidad de rescate.

Paralelamente, otra tanda de problemas se centraba en el rendimiento de escritura de los SSD NVMe en Windows 11. Usuarios con modelos de gama alta como el Samsung 980 Pro detectaron caídas de rendimiento brutales, con velocidades muy por debajo de lo esperado, sobre todo en operaciones de escritura sostenida. Las pruebas comparativas mostraban cómo en Windows 11 los resultados eran sensiblemente peores que en otras versiones del sistema.

Todo esto se sumaba a experiencias personales especialmente dramáticas: personas que, tras instalar una actualización de Windows 11 24H2 entre el 5 y el 15 de enero, perdieron varias unidades de almacenamiento de golpe (un SSD Silicon Power, un HDD Toshiba y un SSD externo Intenso) en cuestión de días, todos empezando a fallar justo después del parche. Para muchos, la coincidencia temporal era demasiado sospechosa.

¿Es Microsoft el culpable de los fallos de SSD en Windows 11?

Aunque la reacción inicial de la comunidad fue señalar directamente a Windows 11, las investigaciones posteriores han ido matizando bastante el reparto de responsabilidades. Microsoft, Phison y otros fabricantes de SSD se vieron obligados a dar explicaciones públicas según aumentaba el ruido en foros y medios especializados.

En primer lugar, Microsoft publicó una alerta en su blog oficial donde indicaba que, tras las comprobaciones realizadas, no habían encontrado evidencias de corrupción de archivos causada directamente por los parches de seguridad relacionados con estos casos. En la comunicación sobre la actualización KB5063878 dejaron caer que se trataba de una coincidencia y que el problema podía tener otro origen ajeno al propio sistema operativo.

Por su parte, el fabricante de controladoras Phison, uno de los nombres clave en este asunto, aseguró inicialmente que no existía relación entre sus productos y las actualizaciones de Windows 11. Tras pruebas internas y estrés continuado de miles de horas, afirmaban no haber sido capaces de reproducir los fallos que la comunidad estaba reportando.

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Sin embargo, la presión de los usuarios y de medios especializados como Neowin, HardZone o comunidades como PCDIY! llevó a investigaciones más profundas. Fue precisamente en ese entorno, a base de prueba y error, donde se empezó a detectar un patrón claro: los problemas se daban sobre todo en unidades con firmware de pre lanzamiento o versiones preliminares que, teóricamente, nunca debieron llegar al usuario final.

Tras estas nuevas evidencias, ingenieros de Phison terminaron reconociendo que las unidades afectadas compartían un denominador común: firmware desactualizado previo al lanzamiento comercial. Es decir, no era tanto que Windows 11 estuviera «rompiendo» SSD, sino que ciertas controladoras no estaban preparadas para gestionar determinadas cargas de trabajo en el nuevo entorno del sistema, especialmente después de builds como la 26100.4946.

Qué SSD y configuraciones se han visto más afectadas

Los informes recopilados en foros y medios técnicos señalan de forma recurrente a SSD NVMe con controladoras Phison como los más propensos a sufrir problemas bajo Windows 11 tras las últimas actualizaciones. No significa que todos los modelos de estas series estén condenados, pero sí que los que salieron con firmware de pre lanzamiento o muy antiguo tienen más papeletas.

  • Corsair Force MP600
  • SanDisk Extreme Pro
  • Kioxia Exceria Plus G4
  • Sabrent Rocket 4 Plus
  • Kingston NV2

En muchos de estos casos, el patrón era parecido: al copiar o mover archivos muy grandes (por ejemplo, copias de 50 GB o más), el sistema empezaba a ir a tirones, el Explorador de Archivos se quedaba bloqueado y, al cabo de un rato, la unidad desaparecía del sistema operativo. En ocasiones, tras un apagado completo del PC (incluyendo cortar la alimentación desde la fuente), el SSD volvía a ser reconocido temporalmente, lo justo para poder actuar.

También se han documentado casos más extremos, como el de usuarios que, tras la actualización a Windows 11 24H2, vieron cómo varias unidades distintas dejaban de ser detectadas incluso por la BIOS. En estos escenarios, el problema dejó de ser solo de rendimiento o estabilidad: algunos discos acabaron completamente inutilizables.

En paralelo, aparecieron situaciones de rendimiento anómalo en SSD NVMe de gama alta que no necesariamente usaban Phison, pero que sí se veían afectados por un bug reconocido por Microsoft: el sistema realizaba operaciones innecesarias en cada escritura cuando el diario NTFS USN estaba activado (algo que ocurre por defecto en la unidad C:). Esto afectaba a todos los tipos de disco (NVMe, SSD SATA, HDD), ralentizando arranques, instalaciones de programas y transferencias de archivos.

Para este problema concreto, Microsoft distribuyó un parche corrector opcional, el KB5007262, que corrige el comportamiento defectuoso del diario USN en Windows 11 y recupera gran parte del rendimiento perdido, con mejoras que pueden llegar a evitar reducciones de hasta el 45 % en velocidad de escritura.

Síntomas típicos: latencia, tirones, bloqueos y desaparición de unidades

Más allá de las cifras técnicas y las versiones de firmware, lo que termina notando el usuario es que el PC deja de ir fino. Los síntomas más habituales en estos escenarios combinan problemas de latencia, rendimiento y estabilidad del sistema, a veces de forma muy llamativa.

Uno de los casos más ilustrativos es el de un usuario con un equipo potente (Intel Core i7-13700K, placa ASUS Z790-P WiFi, RTX 4070, 32 GB de RAM DDR5 y SSD Samsung 980 Pro 2 TB) que empezó a experimentar, de la noche a la mañana, un lag severo del ratón y cuelgues constantes. El cursor se movía a trompicones, el sistema se volvía casi inusable y las aplicaciones se congelaban incluso sin carga aparente.

Al analizar con LatencyMon, el resultado fue claros picos de latencia DPC de más de 20.000 microsegundos, mientras que la latencia media se mantenía baja. Los controladores que aparecían como responsables variaban, pero se repetían nombres como wdf01000.sys, dxgkrnl.sys, ntoskrnl.exe o nvlddmkm.sys, mezclando componentes del kernel, drivers de gráficos y otros elementos críticos.

Este usuario llegó a realizar prácticamente todas las pruebas clásicas de diagnóstico: instalación limpia de Windows 11 LTSC 24H2 sin conexión a internet, eliminación de drivers de NVIDIA con DDU, pruebas con y sin gráfica dedicada, actualización de BIOS y firmware de Intel ME, drivers de chipset al día, desactivación de Bluetooth, Wi-Fi y audio, desconexión de periféricos USB, cambios de plan de energía, desactivación de C-States, ASPM, SpeedStep, Turbo y demás funciones de ahorro energético, y hasta reseteo completo de la BIOS. Ninguna de estas medidas consiguió eliminar los picos de latencia.

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En paralelo, muchos otros usuarios reportaban problemas similares enfocados al almacenamiento: copias de archivos que nunca terminan, unidades externas que se conectan y desconectan solas, máquinas virtuales que se corrompen si la unidad se «va y vuelve» mientras están en uso, o pantallazos azules y pantallas negras tras instalar parches recientes de Windows 11.

Un detalle que se repite en varios informes es que los fallos suelen dispararse cuando el SSD está por encima del 60 % de su capacidad y se realizan operaciones de escritura intensiva. En estas condiciones, la caché SLC interna de algunas unidades se satura y, si el firmware no gestiona bien esa situación, aparecen los temidos bloqueos, caídas de rendimiento y, en el peor de los casos, desaparición total de la unidad.

El papel del firmware del SSD y la caché SLC en los fallos

Una de las claves técnicas que explican este culebrón tiene que ver con el estado del firmware de las controladoras de los SSD. En varias unidades de marcas populares se han encontrado versiones de firmware que correspondían a etapas de pre lanzamiento o ingeniería, es decir, builds pensadas para pruebas internas que no tendrían que haber llegado nunca al canal minorista.

Estas versiones preliminares pueden funcionar aparentemente bien en condiciones normales, pero presentan comportamientos erráticos cuando se combinan con determinadas actualizaciones de Windows 11 y se someten a cargas intensas, como trasferencias masivas de datos o uso intensivo del subsistema de almacenamiento por parte del sistema.

Según han explicado técnicos de Phison y grupos de entusiastas como PCDIY!, uno de los factores que entra en juego es la saturación de la caché SLC que muchos SSD utilizan para acelerar las escrituras. Cuando la unidad está muy llena o el flujo de datos es muy intenso, esa caché se desborda y el firmware debe gestionar el paso de datos a las celdas TLC/QLC de forma ordenada. Si el firmware tiene bugs en este proceso, pueden aparecer ralentizaciones extremas o incluso fallos de detección.

Phison ha reconocido que las unidades más problemáticas son aquellas que se vendieron con firmware desactualizado y de pre lanzamiento. En teoría, el circuito normal de fabricación y distribución debería garantizar que solo se comercializan unidades con firmware final validado, pero en la práctica han acabado llegando al mercado lotes que no cumplían esa premisa.

Por este motivo, el propio fabricante ha recomendado a los usuarios que sospechen que sus SSD pueden estar afectados que actualicen el firmware a la última versión estable disponible y, cuando sea posible, que realicen un borrado seguro (secure erase) de la unidad para limpiar por completo la caché y las estructuras internas. Un simple formateo de Windows no es suficiente en estos casos para dejar el SSD en un estado «limpio».

Además, han insistido en la importancia de adquirir los SSD en tiendas de confianza y distribuidores oficiales. Las unidades compradas en canales dudosos o minoristas poco transparentes tienen más probabilidades de pertenecer a lotes con firmware preliminar o sin la actualización que corrige estos problemas.

Cómo actualizar el firmware de tu SSD en Windows 11

La solución más efectiva y recomendada por todos los implicados pasa por a la versión más reciente y estable que ofrezca el fabricante. El procedimiento concreto depende de la marca y el modelo, pero en general sigue un patrón bastante parecido en todos los casos.

Lo primero que debes hacer es identificar con precisión qué SSD tienes instalado. Si no lo tienes claro, una herramienta muy sencilla como CrystalDisk Info o Victoria HDD/SSD te permitirá ver el modelo exacto del disco, la interfaz que utiliza y, en muchos casos, la versión actual de firmware. Con ese dato en la mano, podrás acudir a la web del fabricante con garantías.

La mayoría de marcas ofrecen un software propio de gestión y actualización para sus unidades SSD. Algunos ejemplos muy habituales son:

  • Corsair SSD Toolbox, para SSD de Corsair.
  • Samsung Magician, para las unidades de Samsung.
  • Western Digital SSD Dashboard, para SSD de WD y SanDisk.
  • Kingston SSD Manager, para los modelos de Kingston.
  • Intel SSD Firmware Update Tool, en el caso de unidades Intel.

Una vez localizado el programa correspondiente en la página oficial, el procedimiento típico es instalarlo, ejecutarlo con privilegios de administrador y dejar que detecte las unidades conectadas. Normalmente, desde el propio programa verás si hay una actualización de firmware disponible para tu modelo y podrás iniciar el proceso con uno o dos clics.

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En algunas marcas, como ocurre con determinados SSD de TeamGroup, no existe una utilidad «todo en uno» y en su lugar se distribuye un paquete ZIP que contiene el ejecutable de actualización y un manual. En ese caso, deberás descomprimir el archivo, abrir la aplicación, seleccionar el SSD objetivo y lanzar la actualización siguiendo las instrucciones del fabricante.

Es muy importante que, antes de iniciar cualquier actualización de firmware, hagas una copia de seguridad completa de tus datos. Aunque la mayoría de procesos de actualización son seguros y no tocan el contenido, hay casos en los que el propio fabricante advierte de que se realizará un borrado completo de la unidad o un secure erase como parte del proceso. Más vale curarse en salud.

Tras completar la actualización, lo recomendable es reiniciar el PC y comprobar de nuevo con la herramienta del fabricante o con CrystalDisk Info que la versión de firmware ha cambiado. A partir de ahí, puedes volver a probar tareas de copia de archivos grandes para verificar si han desaparecido los cuelgues, la pérdida de la unidad o los picos de latencia asociados al almacenamiento.

Medidas adicionales: parches de Windows, copias de seguridad y buenas prácticas

Aunque el firmware del SSD es una pieza clave en este puzzle, hay otros factores que conviene tener en cuenta para minimizar problemas de latencia y rendimiento con tus unidades en Windows 11. Algunos tienen que ver con el propio sistema operativo, y otros con el uso que hacemos de los discos y la forma en que los configuramos.

En el terreno puramente de Windows 11, si notas que la velocidad de tus SSD NVMe ha caído sin motivo aparente tras una actualización, conviene revisar si tienes instalado el parche opcional KB5007262 (o posteriores que lo incluyan). Este parche corrige el bug relacionado con el diario NTFS USN que afectaba a todas las unidades en el sistema, especialmente a la unidad C: donde está el sistema operativo.

Por otra parte, si estás sufriendo picos de latencia DPC muy altos medidos con herramientas como LatencyMon, no está de más revisar también drivers de chipset, controladores de almacenamiento, BIOS y configuración de energía. Aunque en algunos casos extremos ninguna de estas medidas por sí sola ha solucionado el problema, sí ayudan a descartar cuellos de botella y a asegurarse de que el equipo no está limitado por una configuración deficiente.

En lo que respecta al SSD en sí, es recomendable evitar llenar la unidad hasta el borde. Dejar un margen de espacio libre razonable (por encima de ese 30-40 % de capacidad) ayuda a que la caché SLC y el algoritmo de gestión interna funcionen con más comodidad, reduciendo la probabilidad de saturación y bajones bruscos de rendimiento.

También merece la pena reconsiderar el uso que damos a unidades externas baratas o de marcas poco conocidas para tareas críticas como ejecutar máquinas virtuales o almacenar proyectos de trabajo importantes. Como se ha visto en algunos testimonios, un SSD externo de baja calidad que se desconecta y reconecta constantemente puede arruinar días de trabajo si corrompe una máquina virtual o un conjunto de archivos grandes.

Por último, incluso aunque ahora mismo no estés sufriendo fallos visibles, actualizar el firmware de tu SSD de vez en cuando es una buena práctica de mantenimiento. Muchos fabricantes lanzan revisiones que mejoran la compatibilidad con nuevos sistemas operativos, optimizan el rendimiento o corrigen pequeños bugs que, sin ser catastróficos, pueden darte quebraderos de cabeza en el futuro; y también conviene comprobar que TRIM está activo para mantener la salud de la unidad.

La combinación de firmware al día, parches de Windows 11 aplicados, copias de seguridad regulares y algo de margen de espacio libre en tus unidades es, a día de hoy, la mejor receta para minimizar los sustos con errores de latencia y fallos de SSD en el sistema de Microsoft. Aunque la imagen de Windows 11 haya salido tocada por este culebrón, la raíz del problema está en muchos casos en un firmware que nunca debió llegar a las manos del usuario y que, por suerte, se puede corregir si se actúa a tiempo.

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