- Los desarrolladores mantienen la pantalla del ordenador ligeramente abierta para evitar que el equipo entre en modo suspensión.
- Esta práctica asegura que los agentes de inteligencia artificial continúen ejecutando tareas complejas de codificación sin interrupciones.
- El cierre del dispositivo provocaría la pérdida del contexto de ejecución y obligaría a reiniciar procesos que pueden durar horas.

Si te has fijado últimamente en las cafeterías, en los aeropuertos o incluso paseando por San Francisco, habrás notado una estampa bastante peculiar. Hay un grupo de gente, generalmente perfiles tecnológicos, que caminan con el ordenador portátil entreabierto, manteniendo la pantalla en un ángulo de unos 30 o 45 grados, como si llevaran un taco gigante en las manos. A primera vista, cualquiera pensaría que es un despiste o que se les ha olvidado cerrarlo bien, pero nada más lejos de la realidad.
Este comportamiento, que ya se ha vuelto viral y hasta ha sido mencionado por OpenAI, es en realidad una estrategia de productividad impulsada por el auge de la inteligencia artificial generativa. No se trata de una moda pasajera ni de una manía sin sentido, sino de una respuesta pragmática a cómo funcionan las herramientas de desarrollo más avanzadas en la actualidad, donde el flujo de trabajo ha pasado de escribir líneas de código a supervisar agentes autónomos.
El problema técnico detrás de la pantalla abierta

Para entender este fenómeno, hay que comprender qué ocurre cuando un programador utiliza herramientas como Claude Code o OpenAI Codex. A diferencia de un chat convencional, los agentes de IA actuales realizan secuencias de acciones encadenadas: analizan el proyecto, escriben el código, ejecutan pruebas y corrigen errores por su cuenta. Todo este proceso depende de lo que se conoce como contexto de ejecución, una especie de memoria a corto plazo que reside en la sesión activa.
El gran inconveniente surge al cerrar la tapa del portátil. La mayoría de los sistemas operativos interpretan este gesto como una señal para entrar en modo de suspensión. En ese instante, la conexión con los servidores puede cortarse y el proceso se detiene en seco. Si el agente estaba en medio de una refactorización compleja que llevaba minutos u horas, el programador corre el riesgo de que el contexto se evapore, obligándolo a empezar la tarea desde cero y incurriendo en errores de instalación y desarrollo de software, desperdiciando tiempo y tokens.
Anécdotas de la vida real: del gimnasio a la escuela

Esta necesidad ha llevado a los desarrolladores a adoptar posturas incómodas en los lugares más insospechados. Geoff Chan, un responsable de producto en Raven.AI, cuenta que incluso mientras ayuda a sus hijas con sus clases de patinaje sobre hielo, mantiene el equipo en un estante entreabierto para no perder el progreso de sus agentes. Otros, como Alison Kaizer de Golden Ventures, han llegado a caminar por las puertas de embarque de los aeropuertos con la laptop abierta, explicando a los curiosos que simplemente está usando Claude para que no se interrumpa la tarea.
Incluso los más jóvenes se han sumado a esta tendencia. Arav Jain, un chico de apenas 15 años que impulsa su propia startup, se desplaza entre clases de instituto con el ordenador abierto para seguir entregando software sin pausa. En entornos más corporativos, como en las oficinas de La Haya, algunos diseñadores de UX optan por dejar la pantalla apenas en una rendija para no parecer maleducados en las reuniones, pero asegurando que el procesamiento siga vivo.
Apodos y la cultura del «Taco»
La comunidad ha bautizado estas formas de transportar el hardware con nombres bastante curiosos. Dependiendo de la apertura, algunos lo llaman estilo taco o formato concha. Aunque muchos admiten sentir cierta vergüenza o sentirse juzgados por quienes no entienden el contexto —comparándose a veces con niños que no sueltan la tablet—, la utilidad técnica prima sobre la estética. En centros neurálgicos de la tecnología, esto ya no se ve como una excentricidad, sino como una regla no escrita de la cultura del desarrollo asistido por IA.
- Taco: Apertura mínima, casi imperceptible, para pasar desapercibido.
- Concha: El equipo se mantiene entreabierto incluso dentro del bolso o en el asiento del coche.
- Abierto: Pantalla visible para monitorear el progreso del agente en tiempo real.
¿Existen alternativas al método analógico?
Es cierto que existen soluciones técnicas para evitar que el equipo se duerma. En macOS, por ejemplo, se puede usar el comando caffeinate en la terminal o instalar software de terceros que gestione la energía del sistema. Sin embargo, cuando un programador está sumergido en el flujo de trabajo, lo más rápido y fiable es simplemente meter un dedo en la bisagra y salir caminando. Es la solución más sencilla frente a la complejidad de configurar el sistema en cada desplazamiento.
Mirando al futuro, es probable que esta limitación impulse la creación de nuevo hardware o sistemas operativos especializados que permitan la ejecución asíncrona y persistente. La idea sería que el procesamiento se traslade totalmente a la nube con puntos de guardado automático (checkpoints), permitiendo que el programador pueda cerrar su laptop sin miedo a que el agente pierda la memoria de lo que estaba haciendo.
Este curioso hábito es el reflejo de una transición profunda en la industria, donde la prioridad ya no es la interacción manual constante, sino la continuidad de los procesos autónomos. Mientras la tecnología no evolucione hacia una portabilidad total de los agentes de IA, seguiremos viendo a ingenieros y estudiantes cargando sus ordenadores como si fueran bandejas, sacrificando la elegancia en favor de una productividad ininterrumpida.