Ajustes clave de Windows 11 para reducir el uso de RAM

Última actualización: marzo 6, 2026
Autor: Isaac
  • Controlar aplicaciones de inicio, procesos en segundo plano y servicios reduce notablemente el consumo de RAM en Windows 11.
  • Ajustar navegador, efectos visuales, memoria virtual y uso de la GPU integrada optimiza el reparto de memoria del sistema.
  • Usar software actualizado, herramientas oficiales como PC Manager y comprobar el estado de la RAM evitan consumos anómalos.
  • Cuando la optimización no basta, ampliar la memoria física y mantener el equipo limpio asegura un rendimiento fluido a largo plazo.

ajustes de Windows 11 para reducir uso de RAM

Si tu PC con Windows 11 pega tirones, se queda pensando a cada rato o se bloquea sin venir a cuento, lo más probable es que el problema esté en la memoria RAM saturada por procesos del sistema y programas que quizá ni siquiera necesitas. No hace falta que estés jugando o editando vídeo para que esto ocurra: a veces, con tener unas cuantas apps abiertas y un par de cosas mal configuradas, el equipo se viene abajo.

Además, Windows 11 es un sistema bastante exigente de serie: con 4 GB de RAM apenas es usable y su consumo real puede superar con facilidad los 8 GB solo con el escritorio, navegador y poco más. En plena subida de precios de la memoria, ampliar el hardware no siempre es opción, así que conviene exprimir a fondo los ajustes del sistema antes de pasar por caja.

Por qué Windows 11 usa tanta RAM y cuándo es realmente un problema

Lo primero que hay que entender es que Windows está diseñado para aprovechar al máximo la RAM disponible, reservándola de forma dinámica para aplicaciones, cachés y servicios. Que veas mucha memoria ocupada en el Administrador de tareas no implica automáticamente que algo vaya mal: el sistema intenta tener la RAM «calentita» para responder más rápido.

El marrón llega cuando la memoria libre baja tanto que Windows empieza a tirar constantemente del archivo de paginación en el disco. Ahí es cuando notas que todo se abre lento, las ventanas se congelan, los juegos pegan micro-stuttering y, en el peor de los casos, el equipo deja de responder o aparece un pantallazo.

Con Windows 11, la experiencia cómoda empieza realmente en torno a los 16 GB de RAM si quieres trabajar con soltura, abrir muchas pestañas en el navegador y usar apps algo pesadas. Para juegos modernos o herramientas muy exigentes, 32 GB es lo ideal. Pero si ahora mismo no puedes ampliar, hay margen para reducir el consumo de memoria con buenos ajustes.

Otro detalle importante es que el sistema ejecuta multitud de tareas en segundo plano (servicios, telemetría, sincronización, indexado, apps de la propia Microsoft y de terceros) que no ves directamente, pero que pueden comerse buena parte de la RAM sin aportar nada útil en tu día a día.

Desactivar apps de inicio y procesos en segundo plano

Un error muy habitual es tener medio centenar de programas arrancando junto con Windows sin necesidad. Cuantas más aplicaciones se cargan en el inicio, más RAM se ocupa desde el minuto uno y más tiempo tarda el equipo en estar operativo.

Para revisar qué se está lanzando con el sistema, puedes hacerlo desde la configuración de Windows o desde el propio Administrador de tareas en la pestaña Inicio. Ahí verás una lista de programas y un indicador de impacto en el arranque. Lo ideal es deshabilitar todo lo que no sea imprescindible: clientes de actualización automática, lanzadores de juegos que no usas a diario, servicios de impresión, herramientas de sincronización poco críticas, etc. El software seguirá instalado, simplemente no se iniciará solo.

Además de los elementos de arranque, hay que meter mano a las aplicaciones que se ejecutan en segundo plano sin que te enteres. Muchas apps de la Microsoft Store y otros programas mantienen procesos residentes para mostrar notificaciones, actualizar datos o quedarse «a mano», y eso es RAM consumida de forma constante.

En Windows 11 puedes limitar esto desde Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas. En cada aplicación que lo permita, entra en «Opciones avanzadas» y, dentro de «Permisos de la aplicación en segundo plano», elige «Nunca» si no necesitas que esté viva cuando no la estás usando. Esto es especialmente útil en apps de correo, redes sociales, juegos con launchers pesados y herramientas que se actualizan solas.

Para rematar, cuando notes el PC pesado, abre el Administrador de tareas y revisa los procesos activos. En la pestaña «Procesos» puedes ordenar por la columna «Memoria» y ver qué aplicaciones y procesos se están comiendo la RAM. Desde ahí puedes pulsar con el botón derecho en los que reconozcas y no necesites en ese momento y seleccionar «Finalizar tarea» para liberar memoria sobre la marcha. Eso sí, hay que evitar cerrar procesos del sistema o servicios críticos, porque puedes provocar errores o inestabilidad.

Ajustar el uso del navegador y sus extensiones

El navegador suele ser el mayor devorador de RAM en muchos PCs. Con unas cuantas pestañas abiertas, Chrome, Edge, Firefox u Opera pueden consumir varios gigas de memoria sin esfuerzo. Cada pestaña es un proceso, y si además tienes muchas extensiones instaladas, el impacto es brutal.

Si notas lentitud, empieza por cerrar pestañas que ya no vayas a usar. Incluso aunque estén en segundo plano, continúan actualizando contenido en muchos casos (páginas con noticias, redes sociales, correos) y eso supone memoria y CPU. Si necesitas guardar enlaces para más tarde, es mejor marcarlos como favoritos o usar listas de lectura en lugar de dejarlos eternamente abiertos.

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El segundo paso es revisar las extensiones instaladas en tu navegador. En Chrome, por ejemplo, entra en el menú de tres puntos > «Extensiones» > «Gestionar extensiones». Desinstala las que ya no utilizas y desactiva temporalmente las que solo necesitas de vez en cuando. Cada extensión es un pequeño programa que puede estar consumiendo memoria incluso sin que lo veas.

También conviene valorar qué navegador usas. Chrome es conocido por su alto consumo de RAM, mientras que otros como Microsoft Edge suelen ser algo más contenidos con el mismo número de pestañas. Hay pruebas reales en las que Chrome supera los 1,4 GB con unas 6-8 pestañas, frente a menos de 700 MB en Edge con la misma carga. Cambiar de navegador puede suponer liberar entre 1 y 2 GB de RAM si pasas muchas horas en Internet.

Muchos navegadores modernos incluyen modos de ahorro de memoria o suspensión de pestañas inactivas. Suele representarse con un icono de hoja, luna o una batería en la barra superior. Activa estas funciones para que las pestañas que no estás usando queden «dormidas» y no sigan gastando RAM a lo tonto.

Reinicios, suspensión e inicio rápido: cómo afectan a la RAM

Puede sonar a tópico, pero reiniciar el ordenador de vez en cuando es una de las formas más sencillas de limpiar la memoria RAM. Con el uso continuado, algunos programas dejan restos de procesos, fugas de memoria o hilos mal cerrados que se acumulan. Un reinicio limpia todo lo que estaba cargado y el sistema arranca solo con lo estrictamente necesario y los elementos de inicio.

Si llevas muchos días sin apagar el PC y lo único que haces es ponerlo en suspensión, los procesos se mantienen en RAM para que vuelvas justo al punto donde lo dejaste, lo cual es cómodo pero no ayuda a liberar memoria. Para cortarlo de raíz, es buena idea apagar completamente el equipo al final de la jornada, sobre todo si notas que cada día va un poco más lento.

Relacionado con esto está la opción de Inicio rápido de Windows, que guarda una especie de imagen del sistema al apagar para que el arranque sea más veloz. El problema es que, en la práctica, se comporta de forma parecida a una suspensión híbrida y puede arrastrar problemas de memoria de una sesión a otra. Puedes desactivarlo desde las opciones de energía, en «Elegir el comportamiento de los botones de inicio/apagado» y desmarcando «Activar inicio rápido».

Si combinas un apagado completo sin suspensión abusiva y los reinicios periódicos, evitas que se acumulen procesos zombis en la RAM y notarás que el sistema responde mejor, especialmente en equipos con poca memoria.

Configurar bien la memoria virtual y el archivo de paginación

Cuando la RAM física se llena, Windows recurre a la memoria virtual a través del archivo de paginación (pagefile.sys), que se guarda en el disco. En SSD rápidos el impacto es menor que con discos mecánicos, pero aun así la velocidad del disco es muy inferior a la de la RAM, por lo que abusar del pagefile se traduce en lags y tirones.

Lo más recomendable es mantener el archivo de paginación principal en la unidad del sistema (normalmente C:). Ahí están el propio Windows y la mayoría de programas, así que se reduce la latencia al acceder a memoria virtual. Un ajuste clásico es establecer un tamaño inicial equivalente a la memoria física y un máximo de 1,5 veces esa cantidad. Por ejemplo, con 8 GB de RAM, tamaño inicial 8192 MB y máximo 12288 MB.

Si tienes más espacio disponible en el disco del sistema, puedes optar por valores algo más altos, incluso 2 o 3 veces la RAM si sueles trabajar con proyectos muy pesados. En el otro extremo, si la unidad C va apurada de espacio, es posible reducir un poco el tamaño máximo, pero nunca es buena idea dejarlo ridículamente bajo, porque aparecerán errores y mensajes de falta de memoria.

En equipos con dos SSD físicos independientes (por ejemplo, C: y D: reales, no particiones), puedes crear un archivo de paginación auxiliar en la otra unidad con un tamaño inicial de 1024 MB y un máximo de 4096 MB. De esta manera repartes la carga de entrada/salida entre dos discos, lo que ayuda a que el sistema no se ahogue tan rápido cuando la RAM está al límite.

Por otra parte, existe la posibilidad de hacer que Windows limpie el archivo de paginación al apagar. Para ello hay que entrar en el Editor del Registro (regedit), navegar hasta HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control\Session Manager\Memory Management y cambiar el valor de «ClearPageFileAtShutdown» de 0 a 1. Así, el contenido del archivo se borra cada vez que apagas, lo que puede ayudar a evitar ciertos problemas de rendimiento, aunque también puede hacer que el apagado tarde un poco más.

Reducir efectos visuales y animaciones para ganar rendimiento

Windows 11 viene cargado de animaciones, transparencias y efectos visuales que, aunque quedan muy resultones, consumen memoria y recursos gráficos. En equipos justos de RAM, desactivar parte de estos adornos puede marcar la diferencia entre un escritorio fluido y uno a tirones.

Para ajustar esto, pulsa Win + R, escribe sysdm.cpl y abre las propiedades del sistema. En la pestaña «Opciones avanzadas», dentro de «Rendimiento», haz clic en «Configuración». Aquí puedes elegir «Ajustar para obtener el mejor rendimiento» para que Windows desactive de golpe la mayoría de efectos visuales, priorizando la agilidad sobre la estética.

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Si no quieres un cambio tan radical, también puedes seleccionar «Personalizar» y desmarcar solo los efectos que menos te aporten: animaciones al minimizar y maximizar, sombras bajo ventanas, transparencias, vistas previas en miniatura, etc. El objetivo es rebajar el consumo de RAM y GPU sin que el sistema se vea demasiado espartano.

Otra ventaja de recortar en florituras visuales es que se reduce la carga sobre las gráficas integradas, que suelen compartir memoria con la RAM del sistema. Menos efectos significa más memoria libre tanto para el propio Windows como para juegos o aplicaciones que tiren de GPU y, si hace falta, puedes resetear los ajustes de gráficos.

Otra ventaja de recortar en florituras visuales es que se reduce la carga sobre las gráficas integradas, que suelen compartir memoria con la RAM del sistema. Menos efectos significa más memoria libre tanto para el propio Windows como para juegos o aplicaciones que tiren de GPU.

Uso de memoria en gráficas integradas y ajustes en BIOS

Si tu equipo utiliza una GPU integrada de Intel o AMD, parte de la memoria RAM se comparte como memoria de vídeo (VRAM) dinámica. Es decir, el chip gráfico «coge prestada» cierta cantidad de RAM cuando la necesita, lo que reduce la porción disponible para el sistema y aplicaciones.

Normalmente verás dos valores: una memoria de vídeo dedicada muy pequeña (por ejemplo, 64 MB) y una cantidad de «memoria compartida» más grande (puede rondar 1,5-2 GB o más). La dedicada está fijada a nivel de hardware y no se puede ampliar directamente, pero en algunas BIOS existe una opción llamada DVMT Pre-Allocated o similar que permite cambiar la memoria gráfica preasignada.

Si entras en la BIOS/UEFI (pulsando F2, Supr o la tecla específica al arrancar) y encuentras un apartado de «Graphics settings» o «Advanced chipset», es posible que puedas aumentar o reducir la memoria preasignada a la GPU. Las opciones habituales suelen ser 64/128/256 MB. Ten en cuenta que subir este valor resta memoria al sistema, así que hay que equilibrarlo según el uso que hagas del PC.

Hay fabricantes que bloquean estos parámetros y no permiten modificarlos. En esos casos, o si no estás seguro de lo que haces, conviene consultar con el soporte del fabricante antes de tocar nada en la BIOS, porque una configuración inadecuada puede provocar inestabilidad o problemas de arranque.

En cualquier caso, lo más efectivo para que la gráfica integrada tenga memoria libre de la que tirar es cerrar programas y procesos en segundo plano que no sean imprescindibles. Así dejas más RAM disponible para que el sistema la reparta entre el escritorio, las aplicaciones y la GPU integrada cuando lances un juego o una app 3D.

Comprobar el estado real de la RAM y el consumo por programa

Antes de romperte la cabeza, merece la pena verificar que toda la memoria RAM instalada está siendo reconocida y funcionando correctamente. Puede ocurrir que uno de los módulos haya dejado de detectarse o falle de forma parcial y te quedes, por ejemplo, con la mitad de la capacidad sin notarlo a primera vista.

En sistemas con 16 GB o más, si solo usas aplicaciones que consumen 10-12 GB, puedes no darte cuenta de que falta memoria hasta que una tarea más pesada dispara el uso al 100 %. En esos casos, conviene revisar en el propio sistema cuánta RAM aparece disponible y, si sospechas de fallos, pasar herramientas de diagnóstico como la «Herramienta de diagnóstico de memoria de Windows» o utilidades externas tipo MemTest86.

En el día a día, lo que más te interesa es la vista de Procesos del Administrador de tareas. Ordenando por «Memoria» verás qué programas son especialmente tragones. Es habitual encontrar navegadores con varios gigas, editores de imagen o vídeo muy pesados, juegos que se comen 3-4 GB o más, y también aplicaciones que se han quedado pilladas con fugas de memoria.

Si detectas un consumo desproporcionado en un programa concreto, puedes cerrarlo, reiniciarlo o buscar alternativas más ligeras. En el caso de los navegadores, algunos permiten limitar la memoria que usan o desactivar características como la aceleración por hardware si está dando problemas. En otros casos, simplemente habrá que asumir que cierta aplicación exige más RAM y reorganizar el uso del equipo cuando la vayas a utilizar.

También es recomendable comprobar en la BIOS o en herramientas como CPU-Z si la RAM está funcionando a la frecuencia correcta. Muchos kits se venden preparados para trabajar a velocidades superiores mediante perfiles XMP (en Intel) o EXPO (en AMD), y si estos perfiles no están activados, la memoria puede estar yendo a una velocidad mucho más baja de la esperada, lo que afecta al rendimiento general.

Deshabilitar servicios y usar solo aplicaciones optimizadas

Más allá de las apps, Windows 11 mantiene un buen número de servicios en segundo plano que arrancan con el sistema. No todos son imprescindibles para el uso diario. Desactivar algunos de terceros puede ayudarte a rebajar ligeramente el consumo de RAM y mejorar la agilidad del sistema.

Para gestionarlos puedes usar la herramienta «Configuración del sistema» (msconfig). Desde el menú Inicio, escribe msconfig y ábrela. En la pestaña «Servicios», marca «Ocultar todos los servicios de Microsoft» para no meter la pata con componentes críticos del sistema, y revisa la lista restante. Ahí suelen aparecer servicios de actualización de Adobe, utilidades de impresoras, lanzadores de juegos y otros extras.

Desmarca lo que sepas que no necesitas que esté siempre encendido, por ejemplo servicios de actualización que se pueden ejecutar manualmente cuando tú quieras. Aplica los cambios y reinicia para que surtan efecto. Cada servicio menos es un proceso que no estará consumiendo RAM en segundo plano.

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Igual de importante es elegir bien qué programas instalas. Siempre que sea posible, opta por aplicaciones modernas y optimizadas para Windows 10 y 11. Usar software muy antiguo, como versiones de Office o navegadores pensados para Windows XP o 7, suele implicar una peor gestión de memoria y más consumo de recursos.

También conviene preguntarse si realmente necesitas antivirus de terceros pesados. El propio Microsoft Defender viene integrado en el sistema, está bastante optimizado y para la mayoría de usuarios es más que suficiente. Tener varios antivirus o suites de seguridad en paralelo es una receta segura para disparar el uso de RAM y CPU, porque todos intentan vigilar al mismo tiempo la actividad del sistema.

Malware, herramientas de optimización y PC Manager

Un uso de RAM anómalo también puede deberse a malware o software no deseado que se cuela en el sistema. Aunque Microsoft Defender hace un buen trabajo, ningún antivirus es infalible. Si notas un consumo de memoria extraño sin explicación aparente, merece la pena pasar un análisis completo con Defender y, si quieres asegurarte del todo, usar puntualmente otro antivirus de confianza en su versión de prueba.

Por otro lado, abundan en Internet los programas milagro que prometen liberar RAM con un clic. Algunos permiten seleccionar procesos a cerrar manualmente y pueden ser útiles si sabes muy bien lo que haces; otros simplemente aplican un «botón mágico» que lanza cierres masivos y puede dejar el sistema inestable o provocar pantallazos azules.

Si vas a recurrir a este tipo de software, busca siempre herramientas serias y de desarrolladores reconocidos, y evita las que te fuerzan a limpiar «errores» inventados o instalar cosas adicionales. Ten en cuenta que lo que hacen muchas es simplemente cerrar procesos a lo bruto o forzar al sistema a volcar parte de la memoria al archivo de paginación, lo que no siempre mejora la experiencia.

Una alternativa bastante más segura es PC Manager, la herramienta oficial de Microsoft para mantenimiento básico. Entre sus funciones incluye limpieza de archivos temporales, optimización sencilla de arranque y un modo «Boost» que libera memoria cerrando procesos innecesarios de forma controlada. También cuenta con un «impulso inteligente» que puede ejecutar estas tareas automáticamente cuando detecta que el sistema va cargado.

Si combinas un mantenimiento ligero con esta herramienta oficial con los ajustes manuales comentados (inicio, procesos, servicios), tendrás un control bastante fino del uso de RAM sin necesidad de recurrir a soluciones agresivas que puedan generarte más problemas de los que resuelven.

Cuándo tocar hardware: ampliar RAM y limpiar el equipo

Llega un punto en el que, por mucho que optimices, la cantidad física de memoria se queda corta para lo que haces. Si tras aplicar todos estos cambios sigues con el equipo arrastrándose, es muy probable que simplemente necesites más RAM.

Hoy en día, 8 GB pueden valer para usos básicos, pero se quedan justos en cuanto abres varias aplicaciones pesadas o juegos modernos. Muchos equipos aún se venden con 4 GB, algo claramente insuficiente para Windows 11. Por contra, cada vez más títulos y programas recomiendan 16 GB como punto de partida para ir holgados.

Antes de comprar nada, revisa las especificaciones de tu placa base o portátil para saber cuánta RAM máxima admite, cuántos slots tienes y qué tipo de memoria utiliza (DDR4, DDR5, velocidad, etc.). Comprueba si tienes módulos ocupando todos los bancos o si quedan huecos para añadir más. También valora si te compensa sustituir módulos pequeños por otros de mayor capacidad.

Por ejemplo, si tienes 8 GB en dos módulos de 4 GB y tu placa cuenta con cuatro ranuras, puedes añadir dos módulos más de 4 GB hasta llegar a 16 GB. Pero si solo tienes dos ranuras y ambas están ocupadas con 4 GB, te tocará reemplazar las memorias actuales por otras de 8 GB si quieres duplicar la capacidad.

No olvides tampoco el aspecto físico: un PC lleno de polvo se calienta más, baja frecuencias y se vuelve lento, lo que puede dar la sensación de que la RAM está al límite cuando en realidad el cuello de botella es térmico. Una limpieza periódica de ventiladores, disipadores y filtros ayuda a que todos los componentes, memoria incluida, trabajen en mejores condiciones.

Si, después de ajustar Windows 11, limitar apps en segundo plano, configurar bien la memoria virtual, revisar servicios y mantener el equipo limpio, sigues notando que la RAM se queda siempre al borde del colapso, el siguiente paso lógico es ampliar la cantidad instalada hasta el máximo razonable para tu uso. A partir de ahí, el sistema tendrá margen de sobra para gestionar procesos y aplicaciones sin ir ahogado.

Controlando qué se inicia con el sistema, cerrando procesos y pestañas que no necesitas, recortando efectos visuales, ajustando el archivo de paginación y el uso de la gráfica integrada, usando aplicaciones actualizadas y vigilando la presencia de malware o servicios innecesarios, es posible conseguir que Windows 11 consuma bastante menos RAM y se mueva con mucha más soltura incluso en equipos modestos, dejando la ampliación de hardware como último recurso cuando ya has exprimido todas las opciones de software.

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