Análisis completo del Commodore 64 Ultimate

Última actualización: diciembre 17, 2025
Autor: Isaac
  • El Commodore 64 Ultimate es una recreación oficial basada en FPGA del mítico C64, con compatibilidad cercana al 99% con juegos y periféricos originales.
  • Integra mejoras modernas como HDMI 1080p, Wi-Fi, Ethernet, USB, doble SID y modo turbo de 48 MHz, manteniendo puertos clásicos para cartuchos, cintas y disqueteras.
  • Se ofrece en varias ediciones (BASIC Beige, Starlight y Founders Edition) con diferentes acabados, extras coleccionistas y precios orientados al mercado premium.
  • El proyecto refuerza el renacimiento de la marca Commodore y abre oportunidades para nuevos desarrollos, accesorios y contenidos dentro de la escena retro.

Commodore 64 Ultimate ordenador retro

Hubo un tiempo en el que encender un ordenador era casi un ritual: rebobinar la cinta, ajustar el volumen, escuchar el chirrido del casete y cruzar los dedos para que el juego cargase a la primera. En medio de esa revolución doméstica nació un icono absoluto, el Commodore 64, que se convirtió en compañero de aventuras de toda una generación. Décadas después, esa mezcla de magia, paciencia y descubrimiento sigue muy viva en la memoria de muchos usuarios.

Ahora, esa experiencia regresa con fuerza gracias al Commodore 64 Ultimate, una reedición oficial que combina hardware moderno con una fidelidad extrema al sistema original. No estamos ante un simple juguete retro, sino ante un ordenador completo que se propone recrear al milímetro aquel C64 de los 80, pero con extras como HDMI, Wi-Fi, FPGA y teclado mecánico. Todo ello con una apuesta clara: ofrecer una máquina capaz de enamorar tanto a nostálgicos como a nuevos aficionados al retro computing.

El mito del Commodore 64 y el regreso de la marca

Para entender la importancia del Commodore 64 Ultimate hay que mirar atrás. El Commodore 64 original se lanzó en 1982 y se convirtió en el ordenador doméstico más vendido de la historia, con estimaciones que oscilan entre 17 y 22,5 millones de unidades. En plena fiebre arcade, mientras las recreativas inundaban barrios y centros comerciales, este equipo llevó a casa juegos coloridos, música avanzada para la época y todo un ecosistema de software educativo y de productividad.

Aquella máquina montaba un procesador MOS Technology 6510 a alrededor de 1 MHz, acompañada de 64 KB de memoria RAM y un chip gráfico capaz de mostrar 16 colores a una resolución de 320 x 200 píxeles. Puede sonar ridículo hoy, pero fue suficiente para cimentar un catálogo de más de 10.000 títulos entre juegos y aplicaciones. El formato físico habitual eran las cintas de casete y los disquetes de 5 1/4 pulgadas, cargados desde la icónica unidad de casete y la disquetera oficial.

Commodore, fundada en 1958 por Jack Tramiel bajo la filosofía de crear “ordenadores para las masas, no para las clases”, amplió más tarde su gama con equipos como el Commodore 128, el Plus/4 y, sobre todo, la serie Amiga. Sin embargo, la compañía acabó entrando en bancarrota en 1994, dejando huérfanos a millones de usuarios. La marca reapareció tímidamente en 2005, pero no fue hasta hace poco cuando se ha planteado un regreso serio y estructurado.

Hoy el legado de la compañía se articula a través de Commodore International Corporation, que gestiona 47 marcas registradas y los derechos de propiedad intelectual que sobrevivieron a la época dorada. Desde esta nueva etapa, Commodore se define a sí misma como una firma centrada en el “detox digital”, con una propuesta que reivindica la informática como herramienta creativa, lejos del ruido constante de notificaciones, redes sociales y distracciones modernas.

Este nuevo rumbo cristaliza en el primer hardware oficial de Commodore en más de 30 años: el Commodore 64 Ultimate. Un sistema que no solo se apoya en la nostalgia, sino que busca reactivar la comunidad y ofrecer un dispositivo de uso real hoy en día, con filosofía retro pero tecnología contemporánea.

Detalle del Commodore 64 Ultimate

Qué es el Commodore 64 Ultimate y en qué se diferencia de un emulador

El Commodore 64 Ultimate no es una mini consola al uso ni una simple caja con emuladores como las que abundan en el mercado. Se trata de una recreación hardware basada en FPGA (Field-Programmable Gate Array), utilizando un chip AMD Xilinx Artix-7 que replica ciclo a ciclo el comportamiento del C64 original. Esto significa que, en lugar de ejecutar un emulador por software, la propia lógica del chip se configura para comportarse como el hardware clásico.

Gracias a este enfoque, el nuevo equipo presume de una compatibilidad de alrededor del 99% con juegos, cartuchos y periféricos originales. Es capaz de manejar cintas de casete reales, disqueteras, cartuchos de expansión y joysticks clásicos, al tiempo que ofrece soporte para formatos de archivo como .TAP, .PRG o .D64 a través de almacenamiento moderno. Para el usuario, la sensación es muy similar a la de usar un C64 auténtico, pero sin las limitaciones de la electrónica antigua.

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Uno de los grandes argumentos frente a otras soluciones del mercado, como TheC64 Maxi o montajes con Raspberry Pi, es precisamente esa fidelidad: la FPGA evita las pequeñas inconsistencias de la emulación y permite tiempos, glitches y comportamientos prácticamente idénticos a los del hardware original. Para los más puristas, esta diferencia se nota en aspectos como el audio SID, el timing de los sprites o el comportamiento de ciertos trucos gráficos.

El sistema, además, introduce un modo turbo de hasta 48 MHz, que multiplica la velocidad respecto al procesador clásico de 8 bits. Este modo se puede usar para mejorar la fluidez en determinadas aplicaciones o para experimentar con desarrollos nuevos que aprovechen esa potencia adicional, manteniendo siempre la posibilidad de operar al ritmo auténtico de los 80.

Detrás del proyecto está un equipo que combina pasión y experiencia retro. Destaca la figura del youtuber Christian “Peri Fractic” Simpson, conocido por su contenido sobre máquinas clásicas, que actúa como CEO de la renovada Commodore International Corporation. La nueva dirección se apoya en la comunidad, en creadores de contenido y en desarrolladores de la escena retro para dar forma tanto al producto como a su ecosistema de software y servicios.

Especificaciones técnicas y conexiones modernas

El corazón del Commodore 64 Ultimate es un FPGA AMD Xilinx Artix-7 acompañado de 128 MB de memoria RAM DDR2 y 16 MB de memoria flash interna, muy por encima de los 64 KB del modelo original. Esto no se traduce en un sistema operativo moderno al uso, sino en holgura para gestionar recreaciones de hardware, modos turbo y herramientas adicionales sin alejarse de la esencia del C64.

En el apartado gráfico, el equipo ofrece salida HDMI hasta 1080p, compatible con 50 Hz (PAL) y 60 Hz (NTSC), así como una salida DIN-8 para conectar televisores CRT clásicos. Esto permite tanto disfrutar de una imagen limpia en monitores y Smart TV actuales como recuperar la estética genuina de un tubo de rayos catódicos. Para quien no quiera ocupar medio salón con un CRT, el cable HDMI viene incluido y facilita la conexión directa.

El sonido es otro de los puntos donde se ha cuidado la fidelidad: el sistema puede alojar dos chips SID reales o emulados mediante FPGA, superando la limitación del C64 original, que montaba un único SID. Además de la mejora sonora para música y efectos, esto abre puertas a composiciones más complejas y a demos que expriman al máximo el audio. El equipo también ofrece salidas de audio analógico de 3,5 mm y digital S/PDIF óptica, un detalle muy de agradecer si se quiere integrar en equipos modernos.

En cuanto a conectividad y expansión, el Commodore 64 Ultimate llega bien armado: dispone de Ethernet, Wi-Fi, puertos USB-A y USB-C, además de soporte para tarjetas MicroSD y unidades USB. La conectividad inalámbrica sirve para descargar actualizaciones, transferir juegos o intercambiar archivos sin necesidad de estar conectando y desconectando dispositivos constantemente. También incluye un emulador de casete y disquete, capaz de cargar imágenes de cintas y discos directamente desde almacenamiento moderno.

Todo esto se combina con los puertos clásicos de joystick, cartucho, disquetera y datasette, lo que garantiza que los periféricos vintage sigan teniendo sentido. En la práctica, el usuario puede enchufar su joystick de toda la vida, recuperar su unidad de casete original y cargar juegos desde ella, o simplemente usar los medios modernos si prefiere comodidad y rapidez.

Diseño, teclado mecánico y ediciones disponibles

El diseño del Commodore 64 Ultimate respeta la filosofía del original: un teclado que es también el propio ordenador, con una carcasa rectangular y estética plenamente ochentera. Sin embargo, se han introducido mejoras notables en calidad de materiales, acabado y, sobre todo, en el teclado en sí, que ahora utiliza interruptores mecánicos Gateron Pro 3.0, pensados para ofrecer una pulsación precisa y duradera.

La distribución del teclado se mantiene fiel a la del C64 de época, incluida la disposición de teclas especiales, símbolos gráficos y comandos BASIC serigrafiados. A ello se suma una iluminación RGB formada por unos 70 LEDs en las versiones que la incluyen, configurable y capaz de reaccionar al sonido o adaptarse al juego que se esté ejecutando. Esta retroiluminación no busca parecerse a un teclado gaming moderno, sino aportar un toque visual llamativo que encaje con la filosofía del equipo.

La gama se articula en varias ediciones. Por un lado está la BASIC Beige, de aspecto clásico en tono beige, sin grandes florituras más allá del diseño retro. Esta versión apuesta por el look tradicional, recordando al C64 que muchos tuvieron en el salón. En algunos mercados se ha mencionado un precio en torno a 255 euros y en otros de 299 dólares, dependiendo de la fase de preventa y el canal de reserva.

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Por encima se sitúa la Starlight Edition, que luce una carcasa translúcida con un ligero tono azulado y un PCB de teclado mecánico también translúcido. Esta edición incorpora iluminación LED configurable que puede reaccionar al sonido o al contenido en pantalla, dando al conjunto un aire futurista dentro de un envoltorio retro. Es la opción más vistosa para quien quiera que el equipo destaque en el escritorio y se ha citado en torno a los 298 euros o unos 349,99 dólares según versiones y mercados.

Finalmente está la Founders Edition, la más exclusiva de todas. Combina una carcasa ámbar translúcida con detalles premium, como un certificado conmemorativo con el logo de Commodore en dorado, una etiqueta holográfica numerada y un colgante tipo “dog tag” chapado en oro de 24 quilates. Esta edición se posiciona como pieza de coleccionista, con tirada limitada (se habla de 6.400 unidades) y un precio que ronda los 499,99 dólares.

Contenido del paquete, extras y experiencia de uso

El Commodore 64 Ultimate no llega desnudo. Junto al ordenador se incluye una fuente de alimentación externa, imprescindible para alimentar tanto el FPGA como la iluminación y los periféricos conectados. También se entrega un cable HDMI, de modo que basta con conectarlo a un monitor actual o una Smart TV para empezar a usarlo sin complicaciones.

Uno de los accesorios más llamativos es la unidad USB con forma de casete, que recuerda a las antiguas cintas de datos pero que en realidad es un dispositivo de almacenamiento moderno. Esta unidad viene precargada con más de 50 juegos completos con licencia en algunas referencias, y en otras fuentes se menciona incluso un centenar largo de títulos, además de bandas sonoras, demos técnicas y contenido adicional. Entre las sorpresas destaca una secuela exclusiva del clásico Jupiter Lander, titulada Ascension.

En la caja también se incluye una guía de inicio rápido, pensada tanto para quienes ya conocen el ecosistema Commodore como para quienes se acercan por primera vez a un ordenador de 8 bits. Dependiendo de la edición, se añaden pegatinas con logos clásicos, merchandising extra, e incluso una camiseta en las versiones más especiales. Todo está cuidado para reforzar esa sensación de producto de nicho bien rematado.

Más allá de los accesorios físicos, la experiencia de uso se apoya en la enorme compatibilidad con el catálogo original de más de 10.000 juegos y aplicaciones, e incluso sitios para jugar juegos retro online. El sistema permite cargar software desde cintas, discos, cartuchos o archivos digitales, y aprovechar tanto monitores modernos como viejos CRT. Quien quiera la experiencia completa puede rescatar una tele de tubo y su disquetera antigua; quien prefiera algo más cómodo puede recurrir a HDMI, USB y Wi-Fi.

Un detalle curioso que se ha mencionado es la presencia de firmas y nombres de los creadores del PC original estampados en algunas versiones del chasis o la placa, especialmente en la BASIC Beige. Este guiño refuerza el vínculo entre el equipo moderno y el histórico, subrayando que no se trata de una imitación genérica, sino de un proyecto directamente conectado con la marca y su legado.

Precio, reservas y disponibilidad

El modelo de comercialización del Commodore 64 Ultimate se inspira en plataformas de micromecenazgo, pero gestionado directamente desde la web oficial de Commodore, evitando comisiones de terceros. Las reservas se realizan a través de la tienda oficial en línea, donde se especifican las distintas ediciones, fechas de envío y cantidades disponibles.

Según la información proporcionada por diversas fuentes, la BASIC Beige se ha situado alrededor de los 255 euros en Europa y unos 299,99 dólares en otros mercados, mientras que la Starlight Edition sube hasta cerca de los 298 euros o 349,99 dólares. La Founders Edition se coloca claramente como producto de lujo, con un precio que ronda los 499,99 dólares y una tirada muy limitada.

En cuanto a fechas, se ha hablado de envíos previstos entre octubre y noviembre en las primeras oleadas, con algunos lotes señalados específicamente para mediados de noviembre (15 de noviembre para ciertas BASIC Beige) y finales de ese mes (30 de noviembre para las Starlight). La Founders Edition sigue una planificación similar, aunque su disponibilidad puede variar según la demanda y las reservas acumuladas.

La propia Commodore ha reconocido que el proceso de adquisición completa de la marca todavía está en curso, con pagos diferidos y acuerdos contractuales en marcha. Sin embargo, insisten en que hay contratos firmados que garantizan la producción del dispositivo, de forma que el proyecto no depende únicamente de la culminación de esa operación financiera. Esto ha generado cierto debate en la comunidad, pero también añade un punto de interés y expectación.

Para quienes opten por reservar más de una unidad, se ha mencionado la existencia de descuentos por compra múltiple, como un 10% adicional al comprar dos modelos en determinados periodos promocionales. Esto resulta especialmente atractivo para coleccionistas, grupos de amigos o pequeñas comunidades retro que quieran asegurarse varias máquinas desde el inicio.

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Comparativa con otras opciones retro y sentido para el usuario actual

En un mercado lleno de soluciones para disfrutar de juegos clásicos, es lógico preguntarse si merece la pena invertir entre 275 y 500 euros en un aparato como el Commodore 64 Ultimate. Al fin y al cabo, existen alternativas mucho más baratas: emuladores gratuitos en PC, distribuciones Linux como Batocera, montajes con Raspberry Pi o máquinas comerciales como TheC64 Maxi, que ronda los 120 euros.

La diferencia fundamental está en el enfoque. Mientras que TheC64 Maxi y muchas mini consolas basan su funcionamiento en emulación por software, el Ultimate apuesta por la recreación hardware mediante FPGA. Esto no solo reduce las pequeñas imperfecciones de la emulación, sino que además proporciona compatibilidad nativa con periféricos originales y un comportamiento eléctrico mucho más cercano al del sistema auténtico.

Otro factor clave es la compatibilidad casi total con cartuchos, accesorios y soportes de la época. Para alguien que atesora cintas, discos, cartuchos y joysticks originales, poder enchufarlos directamente a una máquina nueva, con garantía y soporte actual, tiene un valor difícil de cuantificar. Es la diferencia entre “jugar a algo parecido” y “usar realmente tu hardware de siempre”.

En términos de relación calidad-precio, es evidente que el Commodore 64 Ultimate no compite en la gama baja. El objetivo es más bien ofrecer un producto premium para entusiastas, similar a lo que ocurre con ciertos equipos hi-fi o ediciones coleccionista de consolas. Quien solo quiera echar unas partidas sueltas quizá encuentre suficiente un emulador; quien busque la experiencia completa, con carcasa robusta, teclado mecánico, FPGA y compatibilidad física, verá más justificado el desembolso.

También hay un componente emocional importante. Muchos usuarios que crecieron con MSX, Spectrum, Amstrad CPC o el propio C64 miran a esta máquina con una mezcla de respeto, curiosidad y nostalgia. Recuperar aquella forma de entender la informática —como aprendizaje, creatividad y juego— en un contexto actual puede ser casi terapéutico en un mundo saturado de pantallas y notificaciones.

Impacto en la comunidad retro y oportunidades futuras

El lanzamiento del Commodore 64 Ultimate tiene implicaciones que van más allá del propio dispositivo. Supone un caso de estudio sobre cómo revitalizar una marca tecnológica legendaria en pleno siglo XXI, apostando por la autenticidad y el hardware especializado en lugar de limitarse a licencias superficiales o productos puramente decorativos.

Para la comunidad retro, el equipo abre la puerta a nuevo desarrollo de software y juegos específicamente pensados para sacar partido al FPGA, al modo turbo o a la doble configuración SID. Desarrolladores independientes, estudios pequeños y grupos homebrew pueden ver en esta plataforma un terreno abonado para lanzar producciones que se ejecuten tanto en el hardware clásico como en esta reedición moderna.

También se abre un nicho para periféricos, accesorios y servicios compatibles: mandos específicos, adaptadores, carcasas personalizadas, sistemas de almacenamiento avanzados o incluso integraciones con plataformas de streaming y gaming actuales. No sería extraño ver propuestas que conecten el C64 Ultimate con servicios en la nube, rankings en línea o competiciones retro organizadas a través de Internet.

En paralelo, el movimiento de Commodore refuerza el ecosistema general del retro computing, donde conviven proyectos como nuevas aceleradoras para Amiga, carcasas inspiradas en Atari, emuladores avanzados para Atari 8-bits o iniciativas editoriales como el regreso de revistas clásicas. El renacer del C64 oficial encaja a la perfección con este ambiente de recuperación y puesta en valor de la informática de los 80 y 90.

Para emprendedores y creadores de contenido, el C64 Ultimate puede convertirse en un catalizador de proyectos relacionados con formación, divulgación y cultura digital. Talleres de programación BASIC, documentales sobre la historia de Commodore, podcasts especializados o cursos sobre desarrollo para 8 bits son solo algunas de las posibilidades que ya se están explorando en la escena retro.

El Commodore 64 Ultimate representa mucho más que una simple máquina recreativa: es un puente entre la informática de antaño y la tecnología actual, una carta de amor oficial a uno de los ordenadores más influyentes de la historia y una apuesta por devolver al usuario el control sobre su experiencia digital. Con un diseño que respeta el original, una recreación FPGA extremadamente fiel, compatibilidad casi total con hardware clásico y un conjunto de extras bien pensados, se coloca como una opción claramente premium que busca seducir tanto a coleccionistas como a quienes quieren descubrir, sin atajos, cómo era sentarse frente a un Commodore 64… pero con las comodidades del siglo XXI.

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