Cómo activar y optimizar G-SYNC y FreeSync en tu PC

Última actualización: enero 16, 2026
Autor: Isaac
  • Para usar G-SYNC necesitas gráfica NVIDIA compatible, monitor con G-SYNC o FreeSync y conexión DisplayPort con los últimos drivers instalados.
  • La activación se hace desde el Panel de control de NVIDIA o desde NVIDIA App, eligiendo si se aplica solo a pantalla completa o también en modo ventana.
  • En monitores FreeSync debes activar primero FreeSync en el OSD, luego configurar “G-SYNC Compatible” y ajustar la sincronización vertical desde el driver.
  • Para que funcione correctamente, hay que desactivar el V-Sync dentro de cada juego y dejar la sincronización en manos del driver con G-SYNC activo.

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Si juegas en PC y buscas una experiencia fluida, sin cortes de imagen ni tirones raros, activar correctamente G-SYNC o FreeSync es casi obligatorio. Estas tecnologías de sincronización adaptativa ajustan la tasa de refresco del monitor a los fotogramas que genera la gráfica, evitando el famoso tearing y muchos problemas de stuttering que fastidian cualquier partida.

Ahora bien, entre G-SYNC, G-SYNC Compatible, FreeSync, drivers nuevos, conexiones DisplayPort y configuraciones dentro de los juegos, es fácil hacerse un lío. En esta guía vas a encontrar una explicación detallada y paso a paso de cómo activar G-SYNC, cómo usarlo en monitores FreeSync, qué parámetros tocar (y cuáles no) y qué hacer cuando la opción ni siquiera aparece en el panel de NVIDIA.

Qué es G-SYNC y qué es FreeSync

La base de todo esto es entender qué hace realmente G-SYNC en tu monitor. Esta tecnología de NVIDIA sincroniza la frecuencia de refresco de la pantalla con los FPS que genera tu tarjeta gráfica, de forma dinámica y en tiempo real, para evitar que la imagen se descomponga en franjas o suframos microtirones molestos.

Cuando la gráfica saca más FPS que hercios tiene tu monitor, aparecen problemas como el tearing (imagen partida). Tradicionalmente se usaba la sincronización vertical (V-Sync) para frenar la gráfica al ritmo de la pantalla, pero eso introduce lag y no siempre funciona fluido. Con G-SYNC, en vez de frenar la gráfica, es el monitor el que cambia su frecuencia para seguir el ritmo de la GPU.

FreeSync, por su parte, es la tecnología de refresco variable de AMD, basada en el estándar abierto Adaptive-Sync de VESA. Hace exactamente lo mismo a nivel conceptual: ajustar los hercios del panel a los FPS del juego, solo que sin necesidad de un chip propietario y con una implementación abierta que muchos fabricantes han adoptado en masa.

Históricamente, los monitores con G-SYNC “puro” han sido más caros porque integran un módulo de hardware específico de NVIDIA que ocupa parte de la electrónica interna. A cambio, ofrecen un control muy fino del rango de refresco y de la calidad de imagen, especialmente en rangos bajos de hercios, reduciendo ghosting y otros artefactos.

Los monitores con FreeSync aprovechan el estándar DisplayPort 1.2a (y versiones posteriores) para aplicar refresco variable sin hardware extra, lo que permite que haya muchísimos más modelos compatibles y a precios mucho más bajos. Eso explica que la mayoría de monitores gaming económicos incluyan FreeSync de serie.

Diferencias entre G-SYNC, G-SYNC Compatible y FreeSync

Es importante tener claro qué ofrece cada variante para saber qué puedes esperar de tu monitor y por qué no todos los modelos se comportan igual cuando activas la sincronización adaptativa con NVIDIA.

Los monitores con G-SYNC “clásico” integran un chip dedicado de NVIDIA que gestiona el refresco variable desde frecuencias muy bajas (en la práctica, desde 1 Hz o valores cercanos) hasta el máximo de hercios del panel. Este módulo también ajusta de forma dinámica la compensación de movimiento para reducir ghosting dependiendo de la tasa de refresco.

Cuando hablamos de G-SYNC Compatible nos referimos a monitores, habitualmente modelos FreeSync, que NVIDIA ha probado y validado oficialmente para funcionar con su implementación de VRR. En este caso no hay módulo físico propietario, sino que se aprovecha Adaptive-Sync, pero NVIDIA garantiza que el comportamiento cumple unos mínimos de calidad.

En los monitores G-SYNC Compatible el rango de refresco variable suele estar limitado, normalmente a partir de unos 48 Hz hacia arriba. Si los FPS caen por debajo de ese umbral, pueden aparecer microtirones o cambios de fluidez porque el monitor ya no puede seguir adaptándose correctamente.

En el resto de monitores FreeSync que no están en la lista oficial de NVIDIA también se puede intentar activar G-SYNC, pero hablamos de un uso “no certificado”. En estos casos, la compatibilidad depende mucho del firmware del monitor y del propio driver: puede ir perfecto, ir regular o, directamente, no funcionar como debería.

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Requisitos para poder activar G-SYNC

Antes de meterte a tocar ajustes en los menús, conviene asegurarse de que tu equipo cumple los requisitos mínimos de hardware y conexión. Si alguna de estas patas falla, la opción de G-SYNC ni siquiera aparecerá en el panel de NVIDIA.

En primer lugar, necesitas una tarjeta gráfica NVIDIA compatible. G-SYNC está soportado desde GPUs bastante antiguas, como las GeForce GTX 650 o superiores, aunque la experiencia ideal empieza de verdad en las series más modernas (serie 10 con arquitectura Pascal en adelante), donde el soporte de G-SYNC, G-SYNC Compatible y VRR está mucho más pulido.

Lo siguiente es contar con un monitor que acepte G-SYNC o G-SYNC Compatible. Esto puede significar tres cosas: que tenga módulo G-SYNC oficial, que sea un monitor certificado como G-SYNC Compatible o que sea un monitor FreeSync en el que quieras probar la compatibilidad no validada por NVIDIA.

La conexión entre la gráfica y el monitor debe hacerse a través de DisplayPort (1.2 o superior). G-SYNC no funciona por HDMI en el ecosistema de NVIDIA, de modo que si estás usando HDMI, la opción nunca te saldrá. Muchos monitores FreeSync sí admiten VRR por HDMI con tarjetas AMD, pero con NVIDIA la norma sigue siendo DisplayPort. Si necesitas ajustar la pantalla desde Windows, puedes aprender a cambiar la frecuencia de actualización de la pantalla en Windows 11.

Por último, es fundamental disponer de los últimos drivers de NVIDIA instalados. Versiones antiguas pueden carecer del soporte de G-SYNC Compatible, no incluir tu modelo en la lista validada o tener bugs ya corregidos en lanzamientos posteriores, lo que se traduce en problemas de detección o rendimiento.

Cómo activar G-SYNC desde el Panel de control de NVIDIA

El método clásico para activar G-SYNC en Windows consiste en usar el Panel de control de NVIDIA de toda la vida, accesible desde el escritorio o desde el icono de NVIDIA en la bandeja del sistema. Aunque NVIDIA está empujando su nueva aplicación unificada, este panel sigue estando muy presente en muchísimos equipos.

Para abrirlo, basta con hacer clic derecho en un espacio vacío del Escritorio y seleccionar “Panel de control de NVIDIA”, o buscarlo directamente en el menú Inicio. Una vez dentro, fíjate en la columna izquierda donde aparecen todas las secciones de configuración agrupadas.

En el apartado “Pantalla” verás la opción “Configurar G-SYNC”. Haz clic ahí para acceder a la página específica donde se gestiona la sincronización adaptativa. Si el monitor y la conexión cumplen los requisitos, verás el menú completo de opciones activas; si no, esta sección puede no aparecer o mostrar mensajes de incompatibilidad.

Marca la casilla que habilita la función, normalmente algo como “Activar G-SYNC, G-SYNC Compatible”. En ese momento se desbloquean varias opciones de comportamiento, entre las que tendrás que elegir si quieres aplicar G-SYNC solo en pantalla completa o también en modos de ventana.

La opción “solo pantalla completa” resulta ideal si tienes juegos que se llevan regular con el modo ventana o si quieres minimizar comportamientos raros en determinadas aplicaciones. La opción de “pantalla completa y ventana” permite que G-SYNC también actúe sobre juegos y programas que corren en ventana o ventana sin bordes, pero a cambio puede activarse en software no deseado, como algunas utilidades de control RGB tipo iCUE de CORSAIR.

Ajustes avanzados de G-SYNC y sincronización vertical

Más allá de activar G-SYNC, conviene ajustar un par de parámetros clave en la sección de “Controlar la configuración 3D” del Panel de control de NVIDIA. Ahí es donde se afina el comportamiento del driver con respecto a la sincronización vertical y la tecnología del monitor.

Dentro de esta página, baja hasta encontrar el parámetro “Sincronización vertical”. Este ajuste determina cómo maneja el driver el V-Sync cuando G-SYNC está presente. Una configuración muy extendida consiste en dejarlo en “Activado” para que el driver limite los FPS al máximo de hercios del panel, evitando salirse del rango VRR.

Si tu monitor es, por ejemplo, de 144 Hz y tienes G-SYNC activo con V-Sync en “Activado” a nivel de driver, la gráfica se sincronizará con esos 144 FPS máximos. De esta manera no tiene sentido disparar los FPS muy por encima de la tasa de refresco del monitor, porque saldrías del rango de G-SYNC y te expondrías otra vez a tearing y stuttering.

También es importante revisar el ajuste de “Tecnología del monitor” dentro de esa misma página de configuración 3D. Si tienes un monitor con G-SYNC o G-SYNC Compatible, deberías seleccionar la opción “G-SYNC Compatible” (o la denominación equivalente) para indicarle al driver que aproveche las capacidades VRR de la pantalla.

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Hay que tener presente que, según el driver instalado, NVIDIA puede combinar G-SYNC con soluciones como Fast-Sync cuando te sales del rango de refresco del módulo. Esto amplía el margen de FPS, pero no ofrece la misma experiencia que el VRR “puro” del módulo G-SYNC físico, especialmente en condiciones de mucha fluctuación de fotogramas.

Por defecto, muchos drivers vienen con ajustes pensados para maximizar FPS más que para mantenerse estrictamente dentro del rango de G-SYNC, algo que a priori puede sonar bien pero que no es lo ideal si quieres exprimir las ventajas reales de la tecnología de sincronización adaptativa.

Activar G-SYNC en la nueva NVIDIA App

En versiones recientes, NVIDIA ha ido trasladando funciones del Panel de control clásico a su nueva NVIDIA App, una aplicación que unifica lo que antes se gestionaba desde GeForce Experience y desde el propio panel tradicional.

Si usas NVIDIA App como herramienta principal, puedes configurar G-SYNC directamente desde ahí. Dentro de la aplicación, entra en la sección o pestaña llamada “Sistema”, donde se agrupan los ajustes generales del equipo con GPU NVIDIA instalada.

Dentro de Sistema verás tres apartados principales: “Pantallas”, “Rendimiento” y “Mi equipo”. Para todo lo relativo a sincronización adaptativa, la que nos interesa es la sección de “Pantallas”, ya que ahí se concentran las opciones de resolución, tasa de refresco y tecnologías asociadas a los monitores conectados.

Al acceder a Pantallas, la opción de G-SYNC suele aparecer en la parte superior de la configuración. Si el monitor conectado es compatible, se mostrará un conmutador o casilla para “Activar G-SYNC”, junto a la posibilidad de elegir qué pantalla utilizar si tienes varios monitores enchufados.

En el caso de que el monitor no soporte G-SYNC ni G-SYNC Compatible, la NVIDIA App mostrará un mensaje tipo “No compatible”, normalmente acompañado de un enlace informativo donde se explican las ventajas de la tecnología y los requisitos para poder usarla.

Cómo usar G-SYNC en monitores FreeSync

Una de las grandes noticias para los jugadores fue que NVIDIA decidió abrir la puerta a la compatibilidad con Adaptive-Sync (FreeSync), permitiendo activar G-SYNC en monitores que inicialmente solo estaban pensados para tarjetas AMD.

La teoría de NVIDIA es que casi cualquier monitor FreeSync podría llegar a funcionar con su implementación de G-SYNC, aunque la compañía ha publicado un listado oficial de modelos probados en el que solo aparece un grupo reducido de pantallas validadas. Esos son los que reciben el sello “G-SYNC Compatible”.

Para activar G-SYNC en un monitor FreeSync, lo primero es entrar en el propio menú del monitor mediante sus botones físicos (o mando, según el modelo) y buscar el ajuste de “FreeSync”, “Adaptive-Sync” o similar. Debes asegurarte de que esa opción está activada en el OSD del monitor.

Si no ves el ajuste a simple vista, puede que esté ya activado por defecto o escondido en un submenú de opciones avanzadas. Muchos monitores permiten forzar FreeSync solo con DisplayPort, de modo que comprueba también que estás usando el puerto correcto tanto en la gráfica como en la pantalla.

Una vez habilitado FreeSync en el monitor, descarga e instala los drivers más recientes de NVIDIA, bien desde la propia NVIDIA App, bien desde GeForce Experience (si lo sigues usando) o desde la página oficial de controladores de la compañía.

Tras actualizar, abre el Panel de control de NVIDIA, accede a “Configurar G-SYNC” y marca la casilla de “Enable G-SYNC, G-SYNC Compatible”. Escoge si quieres que funcione solo en pantalla completa o también en ventana, según cómo suelas jugar con tus títulos habituales.

Para terminar, ve al apartado “Controlar la configuración 3D” y, en el listado de parámetros globales, localiza la opción de “Tecnología del monitor”. Selecciona “G-SYNC Compatible” en lugar de la tecnología genérica para indicarle al driver que estás usando VRR basado en Adaptive-Sync.

Si después de todo esto no aparecen las opciones de G-SYNC en el panel, revisa otra vez que el monitor realmente sea FreeSync, que esté activado en su OSD y que estás conectado con DisplayPort. Si todo está correcto, es posible que tengas que esperar a futuros drivers donde NVIDIA mejore la compatibilidad o incluya tu modelo de pantalla.

Qué parámetros tocar dentro de los juegos

Una vez que has dejado listo el driver y el monitor, queda un paso que muchos usuarios pasan por alto y que es clave para que G-SYNC funcione como debe: ajustar la configuración gráfica de los propios juegos.

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En prácticamente todos los títulos actuales encontrarás la opción de “Sincronización vertical” (V-Sync) dentro del menú de ajustes gráficos. Cuando usas G-SYNC, es recomendable desactivar este V-Sync interno del juego, ya que la sincronización la gestiona el driver de NVIDIA a nivel global.

Si dejas activo el V-Sync del juego y además el del driver, puedes producir efectos no deseados, como aumento de input lag o resultados inconsistentes donde el comportamiento de la sincronización no sea predecible. Lo ideal es dejar que sea G-SYNC, con el V-Sync del driver configurado adecuadamente, quien lleve la batuta.

En algunos títulos muy competitivos, ciertos jugadores prefieren desactivar completamente cualquier tipo de sincronización, incluido G-SYNC, en favor del mayor número de FPS posible. Esto puede tener sentido en juegos como shooters ultrarrápidos, donde exprimir cada milisegundo de respuesta es más importante que eliminar tearing.

En la mayoría de juegos narrativos, de mundo abierto, de conducción o de acción estándar, activar G-SYNC y ajustar el límite de FPS a los hercios del monitor suele proporcionar la experiencia más suave y agradable, reduciendo cortes de imagen sin aumentar demasiado la latencia de entrada.

Por qué a veces no aparece la opción de G-SYNC

Puede suceder que, al abrir el Panel de control de NVIDIA, la sección de “Configurar G-SYNC” no aparezca por ninguna parte. Esto suele estar relacionado con alguno de los requisitos de hardware o configuración que no se está cumpliendo.

Lo primero que hay que revisar es la compatibilidad de la tarjeta gráfica. Aunque muchas GPUs relativamente antiguas ya soportaban G-SYNC, si tu gráfica está por debajo de una GeForce GTX 650, muy probablemente no disponga de esta función.

Después, confirma que el monitor cumple las condiciones necesarias. Si se trata de un monitor con módulo G-SYNC integrado, debería ser reconocido sin problema. Si es un monitor con certificado G-SYNC Compatible, asegúrate de que no estás forzando resoluciones extrañas o modos que limiten el VRR.

Si estás en un monitor FreeSync sin certificación de NVIDIA, recuerda que la compatibilidad no está garantizada. En estos casos, aunque Adaptive-Sync esté activo, el driver puede decidir no ofrecer la opción de G-SYNC si detecta comportamientos problemáticos.

La conexión de vídeo es otro punto crítico. Verifica que tienes el monitor conectado mediante un cable DisplayPort adecuado y que no estás utilizando adaptadores raros o un simple HDMI, ya que ese es el motivo número uno por el que G-SYNC no aparece en el panel de control.

Por último, revisa que los drivers estén actualizados. Controladores muy antiguos pueden carecer de soporte para ciertas modalidades de G-SYNC o no incluir los perfiles necesarios para tu monitor, y en ese caso actualizar puede desbloquear la opción de forma inmediata.

¿Merece la pena tener G-SYNC activado siempre?

La utilidad real de G-SYNC depende mucho del tipo de juegos que suelas disfrutar y del rendimiento de tu PC. Esta tecnología intenta mantener alineados los FPS del juego y los hercios del monitor, mitigando los problemas de tearing cuando hay desajustes entre ambos.

En títulos donde tu PC no consigue mantener FPS muy altos ni estables, G-SYNC puede marcar una diferencia enorme en la sensación de fluidez, evitando tirones y cortes visibles al girar la cámara o al moverte rápidamente por el escenario.

Sin embargo, en juegos competitivos donde buscas superar ciertos umbrales de FPS (120, 240 FPS o más), algunos jugadores consideran que el límite impuesto al sincronizar con el refresco del monitor les resta algo de capacidad de reacción, sobre todo si el panel no ofrece muchos hercios.

En esos casos, es habitual que haya usuarios que prefieran sacrificar parte de la calidad visual (aceptando tearing) para ganar ese extra de rapidez. Es una decisión muy personal y depende tanto del tipo de título como de tu monitor, tu gráfica y tus propias sensaciones de juego.

Como regla general, G-SYNC resulta especialmente interesante en juegos de un solo jugador, aventuras, RPG, conducción, simulación y en general en cualquier situación donde priorices una imagen lo más suave posible sin microtirones, incluso si el contador de FPS no se mantiene clavado en números muy altos.

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