- La limpieza regular y profunda del teclado mecánico mejora el rendimiento, la higiene y la vida útil de interruptores y PCB.
- Usar herramientas adecuadas (extractor de teclas, aire comprimido, alcohol isopropílico y cepillos suaves) evita daños en componentes delicados.
- Una buena rutina de mantenimiento y hábitos de uso (no comer encima, manos limpias, cubrir el teclado) reduce la suciedad interna y la necesidad de reparaciones.
- Ante derrames, desconectar rápido y limpiar a fondo minimiza riesgos, aunque en casos graves puede requerirse sustituir o reparar interruptores.

Si tienes un teclado mecánico y llevas un tiempo dándole caña, es muy probable que empieces a notar teclas pegajosas, suciedad entre filas y una sensación menos precisa al escribir o jugar. No es solo una cuestión estética: debajo de las teclas se acumulan polvo, migas, pelos y grasa de los dedos que, con el tiempo, afectan al recorrido de los interruptores y a la electrónica.
La buena noticia es que, con algo de paciencia y las herramientas adecuadas, puedes limpiar el teclado mecánico por dentro a fondo sin cargarte los interruptores ni la placa. En esta guía vas a encontrar un método detallado, explicado paso a paso, más un montón de trucos prácticos que usan tanto jugadores como gente que escribe muchas horas al día para mantener el teclado como el primer día.
Por qué merece la pena limpiar el teclado mecánico por dentro
Un teclado mecánico es, al final, una pieza clave de tu equipo tanto si juegas como si trabajas: lo tocas todo el rato, recibe golpes constantes y suele estar rodeado de comida, bebida y polvo del entorno. Todo eso acaba, tarde o temprano, dentro de los interruptores y sobre la placa.
Con el paso de los meses, esta mezcla de residuos provoca pulsaciones irregulares, teclas que no responden bien o que suenan raro, e incluso pequeños retardos que en juegos rápidos se notan muchísimo. Además, esa mugre acelera el desgaste de los componentes mecánicos y electrónicos, reduciendo la vida útil de la placa y de los interruptores.
Más allá del rendimiento, hay un tema de salud: el teclado es un imán para bacterias, restos de comida, sudor y grasa. Si nunca lo desmontas y lo limpias a fondo, puede acabar siendo uno de los elementos más sucios de tu escritorio, por encima incluso del ratón.
Por todo esto, conviene combinar pequeñas limpiezas de mantenimiento frecuentes con limpiezas profundas cada cierto tiempo. Las primeras evitan que se acumule demasiada porquería y las segundas devuelven el teclado a un estado casi nuevo, tanto en aspecto como en sensación al teclear.
Herramientas y productos que deberías tener a mano
Antes de meter mano al teclado conviene reunir todo lo necesario para que la limpieza sea segura, eficaz y lo menos pesada posible. No hacen falta herramientas raras, pero sí elegir bien lo que usas para no dañar plásticos, PCB ni interruptores.
Una de las piezas clave es el aire comprimido o, alternativamente, un aspirador de mano con boquilla fina. El aire comprimido funciona muy bien para desalojar polvo y partículas de zonas difíciles, pero hay que usarlo con cuidado para no generar condensación. El aspirador, por su parte, es ideal para retirar lo que ya has despegado con cepillos o golpes suaves.
También vas a necesitar algún tipo de paño de microfibra suave y que no suelte pelusa para limpiar superficies visibles, carcasa y laterales de las teclas. Estos paños, ligeramente humedecidos con agua o con una solución de alcohol isopropílico, te permiten retirar grasa y huellas sin rayar el plástico. Si buscas una limpieza más amplia del equipo, consulta cómo limpiar tu ordenador desde el monitor hasta el teclado.
Para desmontar el teclado con seguridad es casi obligatorio contar con un extractor de teclas específico para teclados mecánicos. Los hay de alambre y de plástico; los de alambre suelen agarrar mejor la tecla sin marcarla y facilitan levantar teclas grandes si sabes dónde tirar. Otra herramienta útil para quitar suciedad entre teclas es la goma casera para limpiar el teclado, especialmente práctica en huecos estrechos.
En cuanto a productos químicos, el más útil es el alcohol isopropílico alrededor del 70 %. Suficiente para desengrasar y desinfectar, se evapora rápido y no deja residuos si no empapas las superficies. Para remojar las teclas, en cambio, es mejor usar agua tibia con jabón neutro o tabletas para dentaduras postizas, que eliminan suciedad y aceites sin dañar el plástico.
No te olvides de los bastoncillos de algodón e incluso un cepillo de dientes de cerdas suaves. Los hisopos son perfectos para limpiar alrededor de los vástagos de los interruptores, esquinas de la placa y huecos pequeños, mientras que el cepillo ayuda a despegar suciedad más pegada en la base y entre los mecanismos.
Si quieres rizar el rizo, puedes usar guantes de nitrilo o silicona para no volver a engrasar el teclado mientras lo limpias. No son imprescindibles, pero evitan huellas nuevas y te protegen la piel del alcohol.

Limpieza de mantenimiento: lo que deberías hacer a menudo
La base de un teclado sano es una rutina de limpieza de mantenimiento relativamente rápida pero constante. No hace falta desmontar nada ni invertir horas, basta con unos minutos cada semana o cada pocos días si comes o fumas al lado del PC.
El primer gesto, sencillo pero muy eficaz, es desconectar el teclado y darle la vuelta. Sosténlo en ángulo sobre una papelera y agítalo suavemente, dándole pequeños golpecitos en la parte posterior. Así se desprenden migas, pelos y polvo suelto que se quedan entre las teclas.
Después de esta pequeña sacudida, puedes utilizar un aspirador de mano con boquilla fina o aire comprimido en ráfagas cortas. Con el aspirador, ve recorriendo las filas presionando suavemente sobre las teclas para que se abran pequeños huecos por donde saldrá el polvo. Si usas aire comprimido, mantén la lata en posición vertical y aplica soplidos cortos en diagonal, no de frente, para no empujar la suciedad hacia el interior de los interruptores.
A continuación, limpia la parte visible del teclado con un paño de microfibra ligeramente humedecido en agua o mezcla de agua y un poco de alcohol. Pasa el paño por la superficie de las teclas, por los bordes y por el marco exterior. La clave aquí es que el paño esté húmedo, no chorreando, para que el líquido no se cuele entre las teclas.
Cuando termines con el paño húmedo, es buena idea repasar con otro paño completamente seco y suave para eliminar restos de humedad y evitar marcas. No uses papel de cocina ni servilletas porque suelen soltar fibras y pueden dejar pequeñas ralladuras en superficies brillantes.
En cuanto a los sprays de aire comprimido, es importante recordar que no siempre son la opción más segura para el interior del teclado. Si abusas de ellos o los usas mal (lata inclinada, ráfagas largas), puedes generar condensación o escarcha que dañe la electrónica. Y muchas veces solo consigues mover la suciedad de sitio en lugar de sacarla del teclado.
Limpieza a fondo: desmontar teclas y dejar la base impecable
Por muy constante que seas con el mantenimiento, cada cierto tiempo necesitarás una limpieza profunda del teclado mecánico, retirando todas las teclas. Dependiendo de cuánto lo maltrates, puedes hacerla cada 3-6 meses o cuando notes teclas con tacto raro, ruido excesivo o suciedad visible entre filas.
El proceso arranca siempre igual: apaga el ordenador y desconecta el teclado. Si es inalámbrico, retira también las pilas o apágalo. Esto evita pulsaciones accidentales y, sobre todo, minimiza cualquier riesgo eléctrico durante la limpieza.
Con el teclado ya desconectado, empieza a retirar las teclas con el extractor. Inserta el extractor por los laterales de la tecla, tira en línea recta hacia arriba y evita hacer palanca lateral para no forzar los vástagos ni los estabilizadores. Lo mejor es ir por filas, de izquierda a derecha, guardando las teclas en un recipiente para no perder ninguna.
Las teclas grandes, como la barra espaciadora, Enter, Shift o Backspace, suelen llevar estabilizadores metálicos o de tipo clip que sujetan la tecla por varios puntos. Aquí hay que ir con más cuidado: tira primero con suavidad por uno de los lados y, si notas resistencia, localiza cómo va enganchado el alambre para liberarlo sin doblarlo ni partir las pestañas.
Una vez tengas todas las teclas fuera, toca limpiarlas en profundidad en un recipiente aparte. Llena un bol con agua tibia y añade unas gotas de jabón neutro o, si quieres un resultado más fino, tabletas limpiadoras para dentaduras postizas. Echa las teclas dentro y déjalas en remojo entre 30 minutos y varias horas, según lo sucias que estén.
Después del remojo, frota cada tecla con un cepillo de cerdas suaves (por ejemplo, un cepillo de dientes limpio) para eliminar restos de grasa y suciedad incrustada en los laterales y en la cruz de fijación. Enjuágalas bien con agua limpia para que no queden restos de jabón, y colócalas sobre un paño limpio para que se sequen al aire completamente. No tengas prisa: la humedad en la parte interior de la tecla puede tardar un rato en desaparecer.
Mientras las teclas se secan, céntrate en la base del teclado, que es donde se acumula de todo. Empieza pasando un cepillo de cerdas rígidas pero no agresivas por la placa y entre los interruptores, siempre con movimientos suaves para despegar la suciedad sin empujarla hacia dentro del mecanismo. Un cepillo de dientes seco funciona bien para esta fase.
Para rematar las zonas más delicadas, utiliza bastoncillos de algodón secos o apenas humedecidos con alcohol isopropílico. Con ellos puedes limpiar alrededor del vástago de cada interruptor, esquinas de la carcasa y huecos donde el cepillo no entra. Asegúrate de que el bastoncillo no gotea para que no caiga líquido sobre la PCB.
Cuando tengas la suciedad despegada, usa un aspirador de mano con boquilla sin rodillo para retirarla. Pasa la boquilla cerca de la superficie, sin presionar demasiado, hasta que veas que ya no queda polvo visible. Si algo se resiste, puedes volver a poner el teclado bocarriba y luego boca abajo, dando ligeros toques para que caigan las últimas partículas.
Si todavía ves manchas o grasa pegada, puedes recurrir a un paño de microfibra o bastoncillos ligeramente humedecidos con alcohol para dejar la placa lo más limpia posible. La clave es no pasarse con la humedad: es preferible dar varias pasadas suaves que empapar una zona y arriesgarte a que se filtre el líquido.
Una vez terminada la limpieza de la base, deja el teclado boca abajo o en posición inclinada durante un rato, especialmente si has usado alcohol o paños algo húmedos. Así te aseguras de que no queda nada de humedad atrapada antes de montar las teclas.
Cuando todas las teclas estén totalmente secas, ve colocándolas una a una en su interruptor correspondiente. Alinea bien la cruz de la tecla con el vástago, presiona en línea recta hasta oír el clásico “clic” de encaje, y en el caso de las teclas estabilizadas asegúrate de enganchar primero el alambre o los clips en sus puntos correctos.
Cuidar los componentes internos: interruptores, PCB y estabilizadores
Más allá de la suciedad visible, dentro de un teclado mecánico hay una serie de componentes que conviene entender para no dañarlos mientras limpias y, si hace falta, darles un mantenimiento extra. Hablamos de los interruptores, la placa metálica, la PCB y los estabilizadores.
Los interruptores mecánicos (Cherry MX, Gateron, Kailh, etc.) son el corazón del teclado, responsables del tacto, el sonido y la fuerza de actuación. Van montados sobre una placa (plate) y, bajo ella, sobre la PCB que recoge las señales de cada pulsación. Cuando limpias la zona de los interruptores, el objetivo es retirar suciedad de la superficie y de los alrededores, nunca inundar el interior con líquido.
Si encuentras algún interruptor con funcionamiento raro o tacto pegajoso, puedes emplear aire comprimido con ráfagas muy cortas alrededor del vástago y, después, pasar un bastoncillo apenas humedecido en alcohol por la carcasa exterior. Evita a toda costa meter líquidos directamente dentro del mecanismo, salvo que vayas a desmontarlo por completo, desoldarlo y hacer una reparación avanzada.
La PCB y la placa metálica se limpian sobre todo con aire comprimido, aspirador y un paño muy poco humedecido. No apliques productos agresivos, ni intentes rascar con objetos duros; si hay restos muy pegados, mejor insistir suavemente con bastoncillos y alcohol que provocar daños físicos en pistas o soldaduras.
En cuanto a los estabilizadores (los mecanismos que acompañan a las teclas largas), su misión es garantizar que las teclas grandes bajen rectas y no bamboleen. Durante la limpieza a fondo puedes aprovechar para quitarles pelusas, migas y polvo con un cepillo pequeño. Si notas traqueteos o golpes metálicos muy marcados, existe la posibilidad de lubricarlos, pero es un proceso delicado que requiere grasa adecuada para electrónica y algo de experiencia.
Solo en casos avanzados, por ejemplo si un derrame ha llegado a la PCB o hay suciedad interna muy seria, tiene sentido desatornillar la carcasa y abrir el teclado por completo. Este paso anula muchas garantías, y si no estás seguro de lo que haces, es preferible acudir a un servicio técnico o limitarte a la limpieza superficial que ya hemos descrito.
Derrames y teclas pegajosas: cómo actuar sin empeorar el problema
El gran enemigo de cualquier teclado, mecánico o no, son los derrames de líquidos, especialmente los azucarados como refrescos o café con leche. El azúcar se mete por todas partes, se seca, se vuelve pegajoso y puede dejar interruptores literalmente pegados o corroer contactos con el tiempo.
Si el líquido que ha caído es solo agua, el daño potencial es mucho menor. Lo más sensato es desconectar de inmediato el teclado, inclinarlo para que drene el agua y secar la superficie con un paño que no suelte pelusa, sin frotar en exceso para no empujar el agua hacia dentro. Después, déjalo secar al aire al menos varias horas antes de volver a conectarlo.
Con bebidas azucaradas el procedimiento es más agresivo: tras desconectar el teclado, tendrás que hacer una limpieza profunda lo antes posible. Retira las teclas afectadas, limpia la base con paños humedecidos en agua caliente y algo de jabón (o alcohol, según el caso), y ve retirando todo rastro pegajoso que encuentres. Cuanto menos tiempo pase el azúcar sobre la electrónica y los plásticos, mejor.
Si, pese a la limpieza, alguna tecla sigue totalmente pegada, hay situaciones extremas en las que se recurre a aplicar agua caliente de forma muy localizada con una pajita o jeringuilla, para ablandar el residuo y poder retirarlo después con bastoncillos y paños. Es un recurso arriesgado que siempre implica dejar secar el teclado durante mucho tiempo antes de volver a enchufarlo.
En el peor de los casos, si un interruptor ha quedado inservible, existe la opción de desmontar y sustituir ese switch concreto. Esto significa abrir el teclado, desoldar el interruptor dañado de la PCB, limpiar bien la zona y soldar uno nuevo compatible. Es un trabajo más propio de aficionados avanzados o técnicos, porque un error al soldar puede cargarse la pista y dejarte sin teclado. Si necesitas ayuda, consulta la guía sobre qué hacer cuando una tecla del teclado no funciona.
Para teclas ligeramente pegajosas pero sin daño profundo, basta a menudo con retirar la tecla, limpiar la zona con alcohol isopropílico y dejar secar completamente. Muchas veces el problema es solo una pequeña gota seca o restos de comida en la vástago.
Qué cambia si tu teclado es de membrana o de portátil
Aunque aquí estamos centrados en teclados mecánicos, es bastante habitual que tengas también un teclado de membrana o el de un portátil que quieres limpiar sin desmontarlo entero. El enfoque es parecido, pero con algunas limitaciones importantes.
En la mayoría de teclados de membrana y portátiles las teclas no se pueden retirar con tanta facilidad, y la estructura interna es mucho más sensible a flexiones, torsiones y golpes. Por eso, la limpieza se centra sobre todo en la superficie y en los huecos visibles entre teclas.
Para este tipo de teclados es especialmente útil el aire comprimido aplicado en ráfagas cortas y en ángulo. Así sueltas migas y polvo sin empujar todo hacia dentro. Después, limpia la parte superior de las teclas y el marco con un paño de microfibra ligeramente humedecido.
Cuando se trata de huecos estrechos entre teclas, los más prácticos son los hisopos de algodón humedecidos con unas gotas de alcohol. Pásalos suavemente por las ranuras y entre las teclas, rotándolos para que vayan recogiendo la suciedad y no simplemente la arrastren de un lado a otro.
En estos modelos es todavía más importante evitar excesos de líquido y descartar la idea de “sumergir” nada. Un poco de paciencia con paños, hisopos y aire comprimido suele ser suficiente para devolverles un aspecto y tacto más que decentes. Si necesitas instrucciones específicas para portátiles, mira cómo limpiar el teclado de un ordenador portátil.
Consejos de mantenimiento preventivo y hábitos que alargan la vida del teclado
Además de las limpiezas periódicas, hay una serie de costumbres sencillas que ayudan mucho a mantener tu teclado mecánico limpio y funcionando fino durante años. La mayoría son puro sentido común, pero marcan la diferencia.
El primer hábito es obvio pero cuesta cumplirlo: no comer encima del teclado ni usarlo con las manos grasientas. Cada bolsa de patatas o bocadillo que se come delante del monitor se traduce en migas y aceite sobre las teclas y, tarde o temprano, en el interior de los interruptores.
También es buena idea lavarse las manos antes de largas sesiones de juego o trabajo. Esto reduce mucho la cantidad de grasa y suciedad que entra en contacto con las teclas, lo que a su vez retrasa la aparición de brillos, manchas y tacto resbaladizo.
Si vives en un entorno muy polvoriento o simplemente quieres alargar al máximo la limpieza profunda, puedes recurrir a cubiertas de teclado de silicona o protectores de polvo. No a todo el mundo le gusta la sensación al teclear con ellos puestos, pero son muy efectivos para bloquear polvo, pelos de mascota y migas.
Otro truco útil es usar aire comprimido o un aspirador suave una vez por semana para evitar que el polvo se asiente dentro del teclado. Estos pequeños gestos preventivos hacen que cuando toque la limpieza a fondo haya muchísimo menos trabajo.
Finalmente, ten en cuenta que las teclas son consumibles: si con el tiempo se vuelven ilegibles o están muy amarilleadas, es perfectamente posible sustituir el juego de keycaps completo. Solo tienes que buscar un set compatible con tu distribución (para España, ISO con ñ) y montar las nuevas teclas sobre tus interruptores, manteniendo toda la electrónica original.
Un teclado mecánico bien mantenido se nota al primer toque: teclas suaves, recorrido consistente, sonido limpio y ausencia de pegajosidad o ruidos raros. Con una combinación de limpiezas de mantenimiento, alguna limpieza profunda de vez en cuando y buenos hábitos de uso, puedes tener durante años el mismo teclado, con la misma precisión que el día que lo sacaste de la caja, sin arriesgar en ningún momento la integridad de los interruptores ni de la placa.