Cómo mejorar el rendimiento de un SSD en Windows 11 paso a paso

Última actualización: enero 7, 2026
Autor: Isaac
  • Windows 11 incluye funciones nativas para optimizar SSD como TRIM, planes de energía y desfragmentación inteligente.
  • Desactivar procesos y servicios innecesarios (indexado, Superfetch, búsqueda, hibernación y cifrado BitLocker) reduce escrituras y mejora la respuesta.
  • La gestión correcta del espacio, la caché de escritura y el firmware del fabricante influyen directamente en la velocidad y la vida útil del SSD.
  • Herramientas de terceros y benchmarks permiten comprobar de forma objetiva si las optimizaciones aplicadas han mejorado el rendimiento.

Optimizar SSD en Windows 11

Si has dado el salto a una unidad de estado sólido, lo normal es que esperes un cambio brutal de velocidad en Windows 11: arranques casi instantáneos, programas que se abren al momento y juegos con tiempos de carga muy reducidos. Pero muchas veces, por cómo viene el sistema configurado o por ciertos servicios activos, el SSD no rinde todo lo que podría.

La buena noticia es que Windows 11 ya está bastante afinado para trabajar con SSD, pero con unos cuantos ajustes extra puedes exprimir al máximo el rendimiento y alargar la vida útil de la unidad. Vamos a repasar, con detalle y sin rodeos, todas las optimizaciones importantes que se han ido comentando en guías, foros y soporte oficial, reorganizadas y explicadas con un lenguaje claro y pensando en un uso real en casa u oficina.

SSD vs HDD: por qué Windows 11 se comporta distinto

Los sistemas operativos se diseñaron durante años pensando en discos mecánicos, así que muchas funciones clásicas de Windows están optimizadas para un HDD con platos giratorios y cabezal. Un SSD funciona con memoria flash, sin partes móviles, y eso cambia por completo la forma de acceder a los datos.

En un HDD, el cabezal debe colocarse físicamente en cada zona del disco, por lo que los accesos aleatorios son lentos y hay que reducirlos al máximo; en un SSD, el controlador puede atender muchas peticiones en paralelo casi sin penalización. Esto permite aprovechar mejor interfaces como SATA 3 y, sobre todo, las unidades NVMe M.2, que alcanzan velocidades varias veces superiores.

Instalar un SSD, ya sea en formato M.2 o en una bahía de 2,5 pulgadas, no tiene mayor misterio, pero para sacarle todo el jugo es clave revisar tanto la configuración de la BIOS como los ajustes de Windows 11, así como el firmware del propio dispositivo.

En cuanto a la BIOS, la mayoría de equipos actuales vienen con modo AHCI activado por defecto para los puertos SATA, pensado originalmente para discos mecánicos. En algunos casos concretos y unidades SATA antiguas, ciertos fabricantes recomendaban no forzar configuraciones pensadas para HDD si había comportamientos raros, pero hoy en día, en placas modernas, AHCI es el modo estándar. Las unidades NVMe M.2 no usan AHCI para el acceso a la unidad, así que no tienes que preocuparte por configurar nada específico para ellas en este punto; se gestionan a través de su propio controlador NVMe.

Si tu BIOS lo permite, revisa en el apartado de almacenamiento o SATA que la unidad SSD se reconozca correctamente y evita modos heredados pensados solo para HDD muy antiguos. Un simple repaso a estas opciones puede evitar cuellos de botella y problemas raros de compatibilidad que luego se confunden con “SSD lento”.

Configuracion SSD BIOS y firmware

Configuración básica en BIOS y firmware del SSD

Antes de entrar a tocar cosas en Windows, conviene asegurarse de que el hardware está bien configurado. Aquí entran en juego el modo de la controladora SATA y el firmware de la unidad, dos aspectos que pueden afectar directamente al rendimiento y la estabilidad.

En cuanto a la BIOS, la mayoría de equipos actuales vienen con modo AHCI activado por defecto para los puertos SATA, pensado originalmente para discos mecánicos. En algunos casos concretos y unidades SATA antiguas, ciertos fabricantes recomendaban no forzar configuraciones pensadas para HDD si había comportamientos raros, pero hoy en día, en placas modernas, AHCI es el modo estándar. Las unidades NVMe M.2 no usan AHCI para el acceso a la unidad, así que no tienes que preocuparte por configurar nada específico para ellas en este punto; se gestionan a través de su propio controlador NVMe.

Si tu BIOS lo permite, revisa en el apartado de almacenamiento o SATA que la unidad SSD se reconozca correctamente y evita modos heredados pensados solo para HDD muy antiguos. Un simple repaso a estas opciones puede evitar cuellos de botella y problemas raros de compatibilidad que luego se confunden con “SSD lento”.

TRIM y optimización automática en Windows 11

Una de las funciones más importantes para cualquier SSD es el comando TRIM. Gracias a TRIM, el sistema informa a la unidad de qué bloques de datos ya no se usan, de modo que el SSD puede preparar esos bloques para sobrescribirlos sin tener que borrar sobre la marcha, lo que mantiene el rendimiento con el paso del tiempo y reduce el desgaste.

Windows 10 y Windows 11 activan TRIM por defecto, pero no está de más comprobarlo manualmente. Para confirmar que está bien configurado, abre el menú de búsqueda, escribe “Símbolo del sistema”, haz clic con el botón derecho y selecciona «Ejecutar como administrador».

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En la consola, introduce el comando fsutil behavior set disabledeletenotify 0. Este ajuste se asegura de que Windows envía las notificaciones adecuadas al SSD. Si no aparece ningún error, TRIM debería estar correctamente habilitado y la unidad podrá gestionar bien la recogida de basura (garbage collection).

Además del ajuste manual, Windows incluye la herramienta «Optimizar unidades» (el antiguo desfragmentador), que en el caso de los SSD no reorganiza físicamente archivos como en un HDD, sino que ejecuta de forma periódica una optimización basada en TRIM. Puedes abrirla buscando «Optimizar unidades» en el menú Inicio, comprobar que tu SSD se detecta como tal y revisar la programación automática para que el proceso se ejecute cada cierto tiempo.

Plan de energía y consumo para exprimir la velocidad

El plan de energía que tengas activo influye de manera directa en cómo se comporta no solo el procesador, sino también el almacenamiento. Si usas un modo demasiado ahorrador, el sistema puede entrar en estados de reposo agresivos que cortan parte del rendimiento pico del SSD, sobre todo en tareas intensivas o copias grandes de archivos.

En Windows 11, puedes abrir las opciones de energía desde el Panel de control o buscándolas en el menú Inicio. Escoge un plan equilibrado o de alto rendimiento y revisa las opciones avanzadas relacionadas con el apagado de disco y suspensión. En SSD modernos no tiene mucho sentido aplicar los mismos tiempos de apagado que a un HDD, ya que la diferencia de consumo es mínima y, a cambio, puedes forzar latencias extra cuando el sistema tiene que “despertar” la unidad.

En ordenadores portátiles, sí puede compensar mantener un equilibrio entre duración de batería y velocidad, pero si priorizas rendimiento (por ejemplo, para jugar o editar vídeo), es preferible ajustar el plan a algo menos restrictivo, especialmente mientras estés enchufado a la corriente.

Almacenamiento en caché de escritura: cuándo activarlo o no

Otro punto clave es la configuración de la caché de escritura del dispositivo. Muchos SSD incluyen su propia caché interna y Windows, además, puede llevar una caché adicional a nivel de sistema. Dependiendo del modelo de unidad y del uso, esta caché puede mejorar el rendimiento o, por el contrario, generar comportamientos extraños.

Para gestionar esta opción, haz clic derecho en el botón de Inicio y entra en «Administrador de dispositivos». Dentro del apartado de discos, localiza tu SSD, abre sus «Propiedades» y ve a la pestaña donde aparecen las opciones de directivas de escritura. Ahí podrás activar o desactivar la caché de escritura que maneja Windows.

En algunos equipos, dejarla habilitada mejora bastante la fluidez en operaciones de copia y escritura intensiva; en otros casos muy específicos puede generar pérdidas de datos si se va la luz de golpe o causar pequeñas inestabilidades. Lo recomendable es probar: cambia la opción, usa el equipo con normalidad unos días y quédate con la configuración que te dé mejor combinación de velocidad y estabilidad.

Desfragmentación, optimización y TRIM avanzado

En los primeros años de los SSD era casi un dogma: «no desfragmentes nunca un SSD». La razón era sencilla: la desfragmentación clásica reordena los datos para que estén contiguos físicamente, algo crucial en un HDD pero irrelevante en un SSD y dañino porque implica muchas escrituras innecesarias.

Con las versiones modernas de Windows, la herramienta ya no se limita a desfragmentar. Al abrir «Optimizar unidades», verás que el sistema detecta si el dispositivo es HDD o SSD y actúa de forma distinta. Para los SSD, lo que hace es algo equivalente a un “reTRIM” manual, asegurándose de que los bloques que ya no se usan se notifican y se gestionan correctamente por el firmware de la unidad.

Por tanto, no hay problema en mantener activada la programación de optimización para los SSD; al contrario, es recomendable. Lo que no debes forzar desfragmentaciones completas con herramientas antiguas que traten al SSD como si fuera un HDD, porque eso sí puede acortar su vida útil sin aportar nada en rendimiento.

Indexación de búsqueda: cuándo desactivarla en un SSD

Windows 11 incluye un servicio de indexación (Windows Search Indexer) que analiza de forma constante los archivos y contenidos del equipo para que las búsquedas aparezcan casi al instante. En discos mecánicos tiene mucho sentido, ya que evita accesos aleatorios costosos; en un SSD, cuya latencia es muy baja, esta ventaja se diluye y, en cambio, se genera un flujo constante de lecturas y escrituras.

Si usas mucho la búsqueda de contenidos dentro de documentos, quizá te compense mantenerlo. Pero si apenas utilizas el buscador de archivos del Explorador y te interesa más cuidar el SSD, puedes desactivar la indexación en la unidad principal. Abre el Explorador, entra en «Este equipo», haz clic derecho sobre el disco del sistema, selecciona «Propiedades» y, en la pestaña «General», desmarca la casilla que permite “indizar el contenido de los archivos de esta unidad”. Acepta los cambios y deja que Windows los aplique.

Ten en cuenta que, al hacerlo, perderás parte de la rapidez al buscar por nombres o contenido de archivos desde el Explorador, pero el sistema dejará de estar continuamente actualizando el índice, lo que reduce el número de escrituras sobre el SSD y puede ayudar a mantener un rendimiento más estable a largo plazo.

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Indexacion y servicios SSD en Windows 11

Servicios de Windows que conviene revisar (Search, Superfetch y compañía)

Además del índice de búsqueda en sí, hay servicios de Windows que se diseñaron pensando en discos duros tradicionales y que hoy resultan poco útiles o incluso contraproducentes en un SSD. Entre ellos destacan Windows Search y los mecanismos de Prefetch/Superfetch (en versiones recientes también se asocian con SysMain).

Prefetch y Superfetch se encargan de anticipar qué aplicaciones vas a usar y cargar parte de su información en memoria o en el archivo de paginación para acelerar la apertura. En un SSD, donde los tiempos de acceso ya son muy bajos, este beneficio es menor, y a cambio aumenta el número de escrituras en disco. Si quieres priorizar la vida útil de la unidad y simplificar el comportamiento del sistema, puedes plantearte desactivarlos.

Una forma avanzada de hacerlo es a través del Editor del Registro. Desde el cuadro de búsqueda, escribe «Registro de Windows» o «regedit», navega hasta la ruta HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control\Session Manager\Memory Management\PrefetchParameters y busca las entradas «EnablePrefetcher» y «EnableSuperfetch». Cambia su valor a 0 para desactivarlos. Es recomendable hacer una copia de seguridad del registro antes de tocar nada, por si quieres revertir los cambios.

Además, en la sección de «Servicios» de Windows puedes localizar «Windows Search» y el servicio relacionado con Superfetch/SysMain. Haciendo clic derecho en cada uno, entrando en «Propiedades» y ajustando el «Tipo de inicio» a «Deshabilitado», conseguirás que no se inicien con el sistema. El efecto práctico suele notarse en una reducción de actividad en segundo plano y, en algunos casos, en una sensación de mayor fluidez general, sobre todo en equipos con pocos recursos.

Archivo de paginación y limpieza al apagar el sistema

Windows utiliza un archivo de paginación (pagefile) para complementar la memoria RAM, desplazando a disco parte de los datos cuando la RAM física se queda corta. En SSD modernos, este intercambio es relativamente rápido, pero sigue implicando escrituras constantes en la unidad, especialmente en aplicaciones pesadas y juegos.

Hay además una opción de seguridad por la cual Windows puede limpiar el archivo de paginación cada vez que apagas o reinicias el equipo. Esto tenía sentido en escenarios muy concretos, pero en un SSD actual solo aporta más ciclos de escritura sin mejoras apreciables de rendimiento. Si quieres desactivarlo, abre el Editor del Registro y navega a HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control\Session Manager\Memory Management. Localiza «ClearPageFileAtShutdown» y «LargeSystemCache» y establece su valor en 0. Si no los ves, no hace falta que crees nada; simplemente déjalo como está.

Eso sí, antes de tocar el archivo de paginación en sí (ya sea reducirlo o desactivarlo) conviene que tengas claro tu uso. Muchos juegos modernos crean cachés temporales en el SSD y, si tienes poca RAM, el archivo de paginación actúa como salvavidas. Si lo desactivas o lo dejas demasiado pequeño y el juego se come más memoria de la que tienes, pueden aparecer tirones fuertes, caída de FPS o incluso cierres inesperados. Es una decisión que hay que valorar caso por caso.

Hibernación y espacio reservado en disco

La función de hibernación guarda el estado completo de la sesión (RAM incluida) en el disco para que el equipo pueda apagarse consumiendo cero energía y, al encender, retomar todo tal cual. En portátiles es muy práctica, pero en sobremesas que están siempre enchufados quizá no tenga demasiado sentido.

El problema es que el archivo que usa la hibernación ocupa una cantidad importante de espacio en el SSD, y los SSD tienden a perder rendimiento cuando se acercan mucho al 100 % de ocupación. Si utilizas un sobremesa o simplemente nunca empleas la hibernación, puedes desactivarla desde la consola de administrador con el comando «powercfg -h off». Ganarás espacio y reducirás escrituras innecesarias cada vez que el sistema intente guardar el estado de la sesión.

En general, para mantener un buen rendimiento continuado es recomendable dejar una franja de espacio libre en la unidad (idealmente por debajo del 80-85 % de uso). Esto da margen al controlador del SSD para manejar mejor la distribución interna de los datos y la recogida de basura, minimizando el desgaste de celdas y evitando caídas bruscas de velocidad cuando el disco está prácticamente lleno.

BitLocker y cifrado: seguridad vs rendimiento

En las ediciones Pro de Windows 11, el cifrado con BitLocker puede venir activado por defecto o sugerido durante la configuración inicial. BitLocker cifra el contenido de la unidad para proteger tus datos en caso de robo o acceso no autorizado, pero ese cifrado no es gratis: se ha llegado a medir que puede reducir el rendimiento del SSD de forma notable en ciertos escenarios, incluso acercándose al 40-45 % en pruebas concretas.

Si no necesitas ese extra de seguridad (por ejemplo, en un PC de sobremesa que no se mueve de casa), no es descabellado plantearse desactivarlo para recuperar algo de rendimiento. Para comprobar el estado actual, abre el Terminal de Windows (puedes buscar «Terminal» en Inicio) y ejecuta el comando manage-bde -status. Verás información detallada por unidad: fíjate en «Estado de la conversión» y en «Método de cifrado». Si aparece un cifrado activo con XTS-AES, tienes BitLocker funcionando.

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Para desactivarlo en una unidad concreta, ejecuta manage-bde -off C: (cambiando la letra si quieres actuar sobre otro disco). El sistema comenzará el proceso de descifrado, que puede tardar un rato según el tamaño de la unidad y la cantidad de datos. Una vez finalizado, la sobrecarga de cifrado desaparecerá y, con ello, parte del lastre que sufría el SSD en lecturas y escrituras.

Limpiar archivos innecesarios y controlar el espacio

Conforme vas instalando programas, navegando y trabajando, Windows 11 va acumulando datos temporales, actualizaciones antiguas, cachés y archivos de todo tipo que acaban ocupando espacio sin aportar nada. Como ya hemos comentado, un SSD lleno rinde peor, así que conviene hacer uso de las herramientas de limpieza.

La función de Liberador de espacio en disco (o la sección de almacenamiento en la Configuración de Windows) analiza el sistema en busca de archivos que se puedan borrar con seguridad: restos de actualizaciones, archivos temporales, papelera de reciclaje, etc. Ejecutarla cada cierto tiempo ayuda a mantener a raya el espacio utilizado y a que el SSD no se acerque a ese punto en el que empieza a resentirse en velocidad.

Si tienes un segundo disco mecánico o una nube con buena capacidad, puede merecer la pena mover a ese sitio datos pesados que no se benefician tanto de estar en el SSD (por ejemplo, copias antiguas, vídeos muy grandes que no editas a diario o juegos a los que apenas juegas). Lo ideal es reservar el SSD para sistema operativo, programas y juegos que uses a menudo, donde sí se nota la diferencia.

Uso de herramientas de terceros y optimizadores de SSD

Además de las opciones nativas de Windows, muchos fabricantes de SSD y programas especializados ofrecen utilidades específicas para gestionar y optimizar la unidad. Suelen incluir funciones como monitorización del estado, actualización de firmware, pruebas de rendimiento y opciones de alineación avanzada de sectores.

Una de las tareas más mencionadas es la alineación de 4K, que consiste en asegurarse de que las particiones del disco comienzan en un múltiplo correcto de sectores físicos para que las operaciones de lectura/escritura no se solapen de forma ineficiente. Muchas herramientas, como ciertos gestores de particiones, incluyen un apartado de «Alineación 4K» que analiza el SSD y realiza los ajustes necesarios con unos pocos clics.

Otras funciones interesantes son la posibilidad de redimensionar o mover particiones para darle más espacio a la unidad C cuando se queda corta, comprobar y reparar el sistema de archivos o cambiar el tamaño del clúster (tamaño de unidad de asignación) para ajustarlo mejor al tipo de archivos que almacenas. Todo esto se puede hacer con herramientas de terceros, siempre teniendo la precaución de hacer copias de seguridad antes de tocar particiones.

Comprobar que el rendimiento del SSD realmente ha mejorado

Después de hacer tantas modificaciones, lo lógico es querer saber si de verdad han servido para algo. La forma más objetiva es utilizar un benchmark de almacenamiento (CrystalDiskMark, AS SSD o similares) antes y después de aplicar los ajustes, y comparar las velocidades de lectura/escritura secuencial y aleatoria.

Si prefieres un método casero, puedes hacer una prueba sencilla: crea una partición de unos 25-30 GB dentro del propio SSD, llénala con una carpeta que contenga muchos archivos (mejor si mezclas tamaños grandes y pequeños) y luego mueve esa carpeta a otra partición del mismo disco. Toma tiempos antes y después de las optimizaciones para ver si el proceso tarda menos.

En la práctica, lo que más vas a notar en el día a día es la sensación general de fluidez: arranque de Windows, apertura de aplicaciones, cambio entre tareas y tiempos de carga en tus programas y juegos favoritos, y también puedes revisar los ajustes de DirectStorage para optimizar cargas en SSD NVMe. En SSD muy lentos o saturados, las mejoras pueden ser bastante claras; en unidades de gama alta ya muy rápidas, quizá la diferencia sea más sutil, pero al menos te aseguras de que el sistema no está frenando innecesariamente el hardware.

Sacar partido a un SSD en Windows 11 pasa por combinar las funciones que el sistema ya trae de serie (TRIM, optimización automática, planes de energía modernos) con algunos ajustes bien escogidos en servicios, cifrado, indexación y gestión de espacio, apoyándote si lo ves necesario en herramientas de terceros para tareas más avanzadas como la alineación o el particionado; con todo esto en su sitio, el equipo se comporta ágil, el disco mantiene una vida útil de un SSD más larga, y tú notas que realmente has ganado algo más que un simple cambio de unidad.

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