- Una configuración entusiasta combina CPU y GPU de gama alta con placa, RAM, SSD y fuente equilibradas para 4K, IA y creación de contenido.
- AM5 ofrece mejor vida útil y eficiencia, mientras que Intel mantiene gran rendimiento general y opciones de overclock en gamas media y alta.
- Las plataformas DDR4 (AM4, LGA1700) siguen siendo clave para PCs gaming calidad‑precio sin renunciar a buen rendimiento en 1080p y 1440p.
- Caja, refrigeración, fuente y elección correcta de Windows 11 son críticos para estabilidad, temperaturas, ruido y posibilidad de ampliación futura.
Montar una configuración de PC gaming entusiasta en 2026 no va solo de tirar de cartera y elegir lo más caro de cada categoría. Va de entender cómo encajan los componentes entre sí, qué exige realmente el gaming actual (y el que viene) y cómo equilibrar potencia, temperatura, ruido, consumo y opciones de actualización para no arrepentirte a los dos años.
En esta guía vas a encontrar desde equipos base hasta configuraciones extremas, pasando por propuestas avanzadas bien pensadas, comparativas Intel vs AMD, recomendaciones de fuentes, memorias, SSD, cajas, e incluso consideraciones sobre Windows 11 y licencias. Es un artículo largo y cargado de detalles, pensado tanto para el que quiere un “PC definitivo” como para quien prefiere exprimir cada euro del presupuesto.
Qué es realmente un PC gaming entusiasta en 2026
Cuando hablamos de un PC entusiasta para jugar nos referimos a una máquina centrada en la gama más alta disponible a nivel de hardware, capaz de mover juegos en 4K con ajustes al máximo, VR fluida, streaming, creación de contenido y tareas de productividad pesada sin despeinarse, pero manteniendo siempre cierto criterio y evitando pagar por cosas que no aportan FPS ni productividad real.
Una configuración así se caracteriza por combinar CPU y GPU top con una base sólida: placa con buen VRM y conectividad moderna, refrigeración eficiente (habitualmente líquida AIO), al menos 32‑64 GB de RAM DDR5 rápida, SSD NVMe de alto rendimiento, fuente de calidad certificada y una caja con flujo de aire bien resuelto.
Dentro de este segmento hay distintos sabores: desde builds centradas solo en gaming extremo, hasta máquinas mixtas que suman render 3D, edición de vídeo 8K, IA en local o compilación pesada. Por eso verás configuraciones de varios niveles (básico, avanzado, gama alta, entusiasta puro y orientadas a diseño) con combinaciones Intel y AMD, y también con diferentes rangos de precio.
Configuración entusiasta tope de gama para 4K, IA y creación
Si quieres ir a por todas, hay una categoría de equipo que podríamos llamar la “bestia absoluta de 2026”, pensada para renderizado 8K, modelos de IA grandes, streaming avanzado y gaming 4K sin compromisos. Aquí hablamos de combinaciones tipo Core Ultra 9 285K o Ryzen 9 tope de gama junto con una GPU de nivel RTX 5090, acompañadas de 64 GB de RAM DDR5 de alta frecuencia, SSD PCIe Gen5 de varios teras y una fuente sobrada de watios con certificación alta (Platinum, por ejemplo, 1300 W).
Este tipo de montaje tiene como objetivo que puedas trabajar y jugar al máximo durante muchos años: edición de vídeo 8K, proyectos de 3D enormes, entrenar modelos LLM en local y a la vez tener un rendimiento de juego brutal en 4K Ultra con Ray Tracing y tecnologías como DLSS 4.0 activadas sin mirar el contador de FPS.
Es importante entender que, a partir de cierto nivel, cada salto de rendimiento se paga caro. Una RTX 5090, por ejemplo, tiene sentido si tu uso principal es profesional (IA, render, simulaciones) o si el presupuesto no es un problema. En la práctica, muchas configuraciones entusiastas “sensatas” apuestan por GPUs un peldaño por debajo (RTX 5080 o 5070 Ti) porque ofrecen un punto dulce entre coste y frames.
Configuración entusiasta AMD: plataforma AM5 y Zen 5
Para un equipo entusiasta moderno, AM5 es una de las mejores plataformas a día de hoy por soporte a largo plazo y prestaciones. AMD la lanzó en 2022 y se espera que reciba nuevas generaciones de procesadores hasta, al menos, 2027, lo que permite varias actualizaciones de CPU sin cambiar placa ni RAM.
En la cúspide del gaming encontramos procesadores como el AMD Ryzen 9 9950X3D, una auténtica locomotora basada en arquitectura Zen 5 con 16 núcleos y 32 hilos, frecuencias de hasta unos 5,7 GHz y una enorme caché total gracias a la tecnología 3D V‑Cache (alrededor de 144 MB en conjunto). Esa caché extra hace que, en juegos, esté por delante de muchas CPU incluso más caras.
Esta CPU es ideal para quienes quieren un equipo todoterreno: jugar en 4K al máximo, hacer streaming en paralelo, renderizar, editar, compilar… Su TDP ronda los 170 W, por lo que no es precisamente “fresquito”, pero con una buena líquida AIO mantiene temperaturas muy razonables, a menudo en torno a los 70‑75 ºC a plena carga, lo que en este rango de potencia es un resultado excelente.
Placa base AM5 de gama alta: X870E con todo activado
Para acompañar un chip de este calibre, cuadra perfectamente una placa base X870E orientada a entusiastas, con soporte completo de PCIe 5.0, DDR5 de alta frecuencia, Wi‑Fi 7, USB4 y un VRM que aguante overclock sin despeinarse. Un ejemplo típico es una ASUS ROG STRIX X870E‑H GAMING WIFI7 o similar.
Estas placas suelen montar etapas de alimentación robustas (por ejemplo, 16+2+1 fases con 80 A por fase), disipadores de VRM sobredimensionados y opciones avanzadas en BIOS para toquetear PBO (Precision Boost Overdrive), activar modos de OC dinámico o ajustar perfiles finos como Core Flex, que permite jugar con frecuencias y límites térmicos de forma granular.
En memoria, lo habitual son 4 slots DDR5 con soporte para velocidades muy altas (8000 MHz o más, según modelo). En gaming real el punto dulce suele estar bastante más abajo (en torno a 6000 MHz en AM5), así que no tiene mucho sentido pagar un sobreprecio brutal por kits superexóticos que apenas suman algún FPS.
En almacenamiento, estas placas combinan PCIe 5.0 y 4.0 en M.2: es habitual ver cuatro ranuras M.2 (una o dos Gen5 para el SSD principal y resto Gen4), más varios puertos SATA para discos duros o SSD 2,5”. A nivel de conectividad trasera, no falta de nada: varios USB 10/20 Gbps, algunos USB4 Tipo‑C, HDMI 2.1 para la integrada, audio óptico y red mixta Ethernet 2.5/5 Gb + Wi‑Fi 7 y Bluetooth moderno.
Refrigeración líquida AIO para mantener a raya la CPU
Con chips de 170 W de TDP, lo lógico es montar una refrigeración líquida AIO de 360 mm, preferiblemente con bomba eficiente y buen control de ruido. Opciones como un Corsair iCUE Link Titan 360 RX LCD encajan perfecto: radiador de 360 mm, tres ventiladores de 120 mm con un rango amplio de RPM, flujo y presión elevados y una bomba de cobre con motor trifásico silencioso.
Además de las prestaciones térmicas, estos kits traen extras que gustan al público entusiasta: pantalla LCD integrada en el bloque para mostrar temperatura, animaciones o estadísticas, cabezales intercambiables (sistemas modulares tipo CabSwap) para personalizar estética y software de control para curvas, iluminación RGB sincronizada con el resto del equipo, etc.
Lo importante, más allá de luces y florituras, es que este tipo de AIO mantiene la temperatura del Ryzen 9 bajo control con ruido contenido, incluso con PBO o ligeros OC manuales activados. Eso permite mantener frecuencias altas más tiempo y, por tanto, rendimiento sostenido superior en cargas largas como renders o compilaciones muy pesadas.
Memoria RAM DDR5: capacidades y frecuencias recomendadas
En este rango de equipos, lo razonable es partir de 64 GB de DDR5, especialmente si además de jugar vas a editar vídeo pesado, manejar proyectos complejos, trabajar con máquinas virtuales o cargar modelos de IA grandes. Un kit típico serían 2×32 GB a 6000 MHz con latencias medias (por ejemplo CL40) y soporte para perfiles AMD EXPO.
Los kits de marcas como Corsair, G.Skill o Team Group con RGB están muy vistos, pero funcionan bien y son fáciles de configurar: activas EXPO en BIOS y listo, sin necesidad de andar ajustando voltajes y timmings a mano. Más frecuencia por encima de 6000-6400 MHz en AM5 rara vez compensa la diferencia de precio si el foco principal es el gaming.
Hacer overclock a la RAM es posible, pero conlleva riesgos: puede afectar a la estabilidad y a la garantía, y a la larga recortar la vida útil de los módulos. Si buscas fiabilidad y no quieres perder tiempo tuneando, lo mejor es ir a por un kit certificado para la placa concreta y dejarlo con el perfil EXPO/XMP de fábrica.
Tarjeta gráfica entusiasta: RTX 5080 y compañía
En un PC entusiasta coherente, la GPU debe estar a la altura. Un ejemplo de tarjeta puntera para gaming 4K sin entrar en territorio ultracaro es una NVIDIA GeForce RTX 5080 de ensamblador premium (ASUS, MSI, etc.), con 16 GB de memoria GDDR7 a altísimas velocidades, bus de 256 bits y ancho de banda cercano al terabyte por segundo.
Estos modelos top montan más de 10.000 núcleos CUDA, decenas de núcleos Tensor y RT de nueva generación y, en muchos casos, ya integran capacidades específicas para IA (del orden de miles de AI TOPS), compatibles con DLSS 4.0, Frame Generation, G‑Sync y FreeSync y las últimas versiones de Reflex. En la práctica superan sin problema a una RTX 4090 en muchos escenarios de juego, o se quedan muy cerca, pero con mejor eficiencia.
En cuanto a rendimiento, se puede esperar algo así en los juegos AAA más recientes con todo al máximo:
- 1080p: más de 200 FPS con ultra y Ray Tracing activado en muchos títulos.
- 1440p (QHD): en torno a 150‑160 FPS en ultra, subiendo más con DLSS 4.
- 4K (UHD): por encima de 100 FPS con ajustes ultra en la mayoría de juegos actuales.
Si tu prioridad es solo el gaming puro y duro, esta clase de GPU es hoy en día la mejor relación entre potencia extrema y precio dentro de la gama top. Reservar una 5090 para entornos muy profesionales suele tener más sentido por coste.
Almacenamiento SSD NVMe de alto rendimiento
En un equipo entusiasta, el SSD principal debe ser de gama alta, ya sea PCIe 4.0 x4 o PCIe 5.0 según presupuesto. Modelos como Samsung 990 PRO o WD_BLACK SN7100 ofrecen lecturas secuenciales alrededor de 7.200-7.500 MB/s y escrituras también muy altas, más de 6.800-7.000 MB/s, además de cientos de miles de IOPS en acceso aleatorio.
Lo más habitual es optar por 1-2 TB para el disco del sistema, donde irán Windows, programas principales y los juegos que uses más habitualmente. A partir de ahí puedes añadir otro M.2 adicional o discos secundarios para instalaciones masivas, librerías, proyectos de vídeo, etc. Importa también la durabilidad (TBW) y la garantía: los modelos entusiastas suelen rondar los 600-1200 TBW con 5 años de cobertura.
Las temperaturas en este tipo de SSD vienen muy controladas siempre que uses disipador integrado o el de la propia placa. Es habitual verlos por debajo de 45-50 ºC incluso bajo carga sostenida, lo que evita la bajada de rendimiento por thermal throttling.
Fuente de alimentación y caja: la base silenciosa de todo
Uno de los errores clásicos al montar un PC muy potente es racanear en la fuente. En un equipo entusiasta con GPU de gama alta, tiene muchísimo sentido invertir en una fuente modular de 850 a 1300 W, con certificaciones 80 Plus Gold o superiores y, si es posible, aval de Cybenetics tanto en eficiencia como en ruido.
Modelos como las gamas RM/RMe de Corsair ofrecen cables modulares completos, conectores 12VHPWR o 12V‑2×6 nativos para las últimas RTX, modos de ventilador semi‑pasivos (Zero RPM) y hasta 7-10 años de garantía, lo que da mucha tranquilidad. Ajustar la potencia para que la fuente trabaje normalmente entre el 40 y el 60 % de carga es ideal para lograr la mejor eficiencia y menor sonoridad.
La caja, por su parte, determina cómo se mueve el aire. Chasis como la Lian Li LANCOOL III RGB o la LANCOOL 216 son ejemplos muy buenos: frontal mallado, varios ventiladores grandes preinstalados (140 o incluso 160 mm), compatibilidad con radiadores de hasta 360/420 mm, soporte para GPUs largas, buena gestión de cableado y acceso cómodo con paneles de cristal templado con bisagras.
Un buen chasis te permite aprovechar al máximo la refrigeración, mantener temperaturas más bajas en GPU y VRM, reducir el ruido y facilitar ampliaciones futuras sin dolores de cabeza. A estos niveles de hardware, no es un accesorio decorativo: es parte crítica del rendimiento del conjunto.
Configuraciones avanzadas / gaming: equilibrio potencia‑precio
Por debajo de la gama entusiasta pura están las configuraciones avanzadas para jugar, pensadas para gente con presupuesto alto pero no ilimitado (en torno a 1500-2000 €) que busca un equilibrio muy afinado entre rendimiento y precio. Aquí se apunta a 2K y 4K con buenos FPS, componentes de calidad y estética cuidada, pero con la cabeza fría para no tirar el dinero.
Un ejemplo típico de esta categoría es el combo Ryzen 7 9700X + RTX 5070 Ti o similar. El 9700X, basado en arquitectura Zen 5 con 8 núcleos y 16 hilos, alcanza frecuencias en torno a 5,5 GHz y ha mejorado mucho en temperaturas respecto a su predecesor (7700X), manteniendo consumos muy razonables para el rendimiento que entrega en juegos y multitarea.
La GPU, una RTX 5070 Ti bien ensamblada, suele ofrecer 16 GB de GDDR7, casi 9000 núcleos CUDA y compatibilidad con DLSS 4, Reflex 2 y todas las tecnologías modernas de NVIDIA. Es una gráfica perfecta para jugar en 1440p y 4K con presets altos/ultra, llegando a tasas de refresco de 144-240 Hz en muchos títulos con ayuda del DLSS.
La placa base en este rango suele ser un chipset B650 o similar, que mantiene compatibilidad con PCIe 5.0 en GPU o M.2, ofrece un VRM decente con 12+2 fases, buen número de USB, Wi‑Fi 6 y soporte de RAM DDR5 de hasta 128 GB. Es menos cara que una X870E pero más que suficiente para la mayoría de usuarios avanzados.
Alternativa Intel avanzada: LGA1851 y Z890
Para quienes prefieren Intel, existe la opción de montar una configuración equivalente sobre socket LGA1851 y chipset Z890. Este combo permite overclock de CPU y RAM, acceso a PCIe 5.0 para GPU y SSD, y placas con VRM muy capaces y conectividad moderna en abundancia.
Una combinación muy interesante por precio‑prestaciones es un Intel Core Ultra 7 265K junto con una ASUS PRIME Z890‑P o similar. Esta CPU ofrece alrededor de 20 núcleos en total (mezcla de P‑cores y E‑cores), con frecuencias pico sobre 5,5 GHz y consumo contenido para lo que rinde, aunque las temperaturas pueden subir con facilidad si no se usa una refrigeración líquida competente.
Lo bueno de este enfoque es que, usando la misma GPU, RAM, SSD, fuente y caja que en la versión AMD, solo cambias placa y procesador. El resto de componentes son totalmente neutros (RTX 5070 Ti, 32 GB DDR5 6000, SSD Gen4, fuente Gold de 850 W, caja bien ventilada, etc.), así que es fácil comparar resultados y precios.
En gaming puro, a igualdad de presupuesto, el Ryzen 7 9700X suele estar un pelín por delante. Pero en ciertas aplicaciones de productividad y suites como Adobe, muchos profesionales siguen prefiriendo Intel gracias a su rendimiento multinúcleo y a cómo están optimizados algunos programas.
La gran desventaja de Intel aquí es la vida útil del socket: LGA1851 tiene menos recorrido planificado que AM5, y ya se habla de otro zócalo distinto para el futuro cercano. Si quieres tener la opción de cambiar de CPU en unos años sin tocar el resto, AM5 sale ganando claramente.
PC gaming calidad‑precio con DLSS 4.0 y presupuestos ajustados
Más allá de las gamas altas, hay montajes muy bien pensados por debajo de los 1000 € que ofrecen un rendimiento espectacular gracias a tecnologías como DLSS 4.0. Un ejemplo típico sería un combo AMD Ryzen 7 5700X junto con una NVIDIA RTX 5050 de 8 GB.
El Ryzen 7 5700X, con 8 núcleos y 16 hilos basados en Zen 3, es una CPU muy capaz para gaming y multitarea, perfecta para compaginar juego, streaming ligero, Discord, navegador con muchas pestañas y programas en segundo plano. Sigue siendo excelente en 1080p y 1440p si lo acompañas de una GPU moderna.
La RTX 5050 abre la puerta a DLSS 4.0 y Ray Tracing actualizados en un rango de precio bastante contenido. Con sus 8 GB de VRAM es suficiente para 1080p y 1440p en calidades altas, y el uso de IA para reescalado hace que puedas jugar a prácticamente todo el catálogo actual con buena fluidez sin disparar el presupuesto.
Con esta combinación es realista esperar algo como:
- 1080p: 60+ FPS en ultra en casi todos los juegos, 120+ FPS en muchos con DLSS 4.
- 1440p: 60+ FPS en Alto/Ultra, 80+ FPS con DLSS activo.
- Juegos competitivos: cifras muy altas (200+ FPS en títulos ligeros como CS2 o Valorant).
Si sumas 32 GB de RAM DDR4, un SSD NVMe de 1 TB, placa con Wi‑Fi y Bluetooth integrados y una fuente decente de 650-750 W, tienes un PC listo para años, muy fácil de recomendar para jugadores que quieren lo máximo posible sin superar determinado techo de precio.
Estrategias con DDR4, AM4 y LGA1700 para ahorrar
Uno de los grandes trucos para seguir teniendo un PC gaming potente sin arruinarse es aprovechar las plataformas DDR4 (AM4 y LGA1700), donde la RAM y las placas base son más baratas que en DDR5. Un buen kit de 16 GB DDR4 3200 CL16 tiene un coste muy contenido, y 32 GB tampoco se dispara.
En AMD, los clásicos Ryzen 5 5600/5600X y Ryzen 7 5700X siguen siendo opciones muy buenas si el presupuesto aprieta. Tienen buen rendimiento en juegos, consumos moderados y se refrigeran con disipadores bastante económicos (un aire de 120 mm por unos 30 € suele ser suficiente).
En Intel, la plataforma LGA1700 con procesadores como el Core i5‑12400F o el i5‑12600K también ofrece combos muy resultones. Las placas B760 DDR4 (MSI PRO B760‑P, B760M Gaming Plus WIFI, etc.) dan buen VRM, PCIe 4.0, suficientes USB y, en algunos casos, Wi‑Fi integrado, manteniendo coste bajo.
Si además eliges una GPU con buena relación potencia‑precio (RTX 4060/4060 Ti, RX 7600, Intel Arc bien afinadas con drivers actualizados, etc.), puedes montar equipos muy dignos para 1080p/1440p que compiten de tú a tú con configuraciones mucho más caras en términos de experiencia de juego real.
PC por niveles: básico, avanzado, gama alta, overclock y diseño
Una forma útil de estructurar el mercado de PCs en 2026 es dividirlo por niveles de exigencia y usos. No todo el mundo necesita una RTX 5080 o 64 GB de RAM, y muchas veces es mejor invertir de forma equilibrada en un equipo que cumpla con lo que haces de verdad.
En el rango más bajo están los equipos básicos de ofimática y multimedia, centrados en procesadores con gráfica integrada, discos SSD económicos y fuentes de baja potencia (alrededor de 400-450 W). Son perfectos para navegar, ver series, trabajar con documentos y jugar a títulos muy ligeros o antiguos.
Un escalón por encima se sitúan los PC básicos para jugar, orientados a 1080p en calidad media‑alta. Aquí se utilizan CPUs como Ryzen 3/5 con iGPU en doble canal de RAM o combos con GPU dedicada de gama de entrada (GTX 1650, RX 6400/6500 XT, etc.), buenos para MOBAs, shooters competitivos y la mayoría de juegos con ajustes moderados.
Los equipos avanzados se mueven ya en el terreno de 1440p a altos Hz, con 16-32 GB de RAM, GPUs de gama media (RTX 5060/5070, RX 7800, etc.) y CPUs tipo Ryzen 5/7 o Core i5/i7 modernos. Son los que más sentido tienen para la mayoría de jugadores exigentes que no buscan 4K pero sí muchos FPS con alta calidad gráfica.
Por encima se ubican las configuraciones de gama alta y entusiasta, pensadas para 1440p 240 Hz y 4K 120 Hz o más, con 32-64 GB de RAM, GPUs tope de gama, CPUs de 8-16 núcleos muy rápidos y todo el ecosistema premium alrededor (placas top, fuentes Gold/Platinum, cajas de alto flujo, AIO grandes, etc.).
En paralelo existen configuraciones específicas para diseño, 3D y producción de vídeo, donde la prioridad no siempre es el FPS sino los tiempos de renderizado, el número de núcleos, la cantidad de RAM y la VRAM de la GPU. Aquí a veces se apuesta por tarjetas profesionales (RTX serie A) o, más habitualmente, por GPUs gaming potentes con mucha memoria (24-32 GB), dependiendo de los programas y flujos de trabajo.
Elección de CPU gamer: Intel vs AMD en 2026
Al elegir procesador para jugar en 2026, la batalla sigue siendo Intel vs AMD, pero el contexto ha cambiado bastante respecto a hace años. Ahora mismo, AMD con Zen 4/Zen 5 y sus modelos X3D tiene una ventaja clara en muchos juegos gracias a la caché 3D V‑Cache, mientras que Intel mantiene muy buen rendimiento general y sigue siendo muy atractivo en ciertas aplicaciones profesionales.
En la gama de entrada, procesadores como Intel Core i3‑12100 o AMD Ryzen 3 4300G son perfectos para PCs sencillos, capaces de juegos ligeros y tareas diarias. Con una GPU adecuada (GTX 1650, RX 6400, etc.) puedes jugar sin problemas a 1080p con calidades moderadas.
En la gama media, chips del tipo Intel Core i5‑13400 o i7‑14700K destacan por su relación precio‑rendimiento. El primero mezcla P‑cores y E‑cores para mejorar multitarea y juegos, y el segundo ofrece 16 núcleos y 24 hilos pensados para usuarios que combinan gaming y tareas pesadas. Suelen funcionar muy bien emparejados con GPUs de gama media‑alta.
Para la gama alta, el Intel Core i9‑13900K o los AMD Ryzen 7 7800X3D y Ryzen 9 7950X3D se reparten los papeles: los Ryzen X3D dominan en muchos juegos por su caché 3D, mientras que el i9 brilla en overclock y en algunas tareas de productividad donde el escalado en multinúcleo es clave.
En cuanto a eficiencia térmica y energética, AMD lleva tiempo por delante con Zen 4/5 a 5 nm, logrando mejor rendimiento por vatio y temperaturas más contenidas en cargas equivalentes. Intel compensa con frecuencias muy altas, más núcleos E‑core y grandes capacidades de overclock para los que quieren exprimir cada MHz.
Memoria, placas y compatibilidades: puntos a no descuidar
La elección entre DDR4 y DDR5 marca bastante el presupuesto y la plataforma. DDR5 ofrece mayor ancho de banda y margen de crecimiento, pero encarece la RAM y las placas. DDR4, en cambio, sigue siendo más barata y suficiente para muchos equipos gaming de gama media y media‑alta.
En cuanto a placas base, es fundamental revisar el socket y el chipset: AM4/AM5 en AMD, LGA1700/LGA1851 en Intel, y luego series B, X o Z según quieras más o menos opciones de overclock, PCIe 5.0, M.2 adicionales, USB de última generación y extras como Wi‑Fi 6/7 integrado.
No hay que olvidar la compatibilidad de BIOS cuando se combinan placas y CPUs recientes: a veces es necesario actualizar la BIOS para soportar procesadores nuevos, algo que conviene revisar antes de comprar para no llevarse sorpresas al montar el equipo.
Otro aspecto clave es la relación entre CPU y GPU: mezclar un procesador de gama muy baja con una gráfica de gama muy alta, o al revés, suele generar cuellos de botella innecesarios y desaprovecha parte del hardware. Siempre es mejor un equipo equilibrado, aunque la idea de “reventarlo todo en la GPU” pueda resultar tentadora de entrada.
Sistema operativo y licencias: qué tener en cuenta con Windows 11
Hoy por hoy, el estándar para gaming en PC es Windows 11. A la hora de comprar la licencia, hay que distinguir entre las versiones normales (retail) y las OEM. Las OEM son las que vienen preinstaladas en equipos de marca y legalmente van ligadas a ese hardware, especialmente a la placa base.
Es bastante habitual encontrar claves OEM a buen precio en tiendas externas, y lo cierto es que a nivel práctico suelen funcionar sin problemas. La pega es que, si cambias de placa de forma importante, es posible que tengas que adquirir otra licencia, mientras que una retail se puede reutilizar en varios equipos a lo largo del tiempo.
Al margen de cuestiones legales y morales, a efectos de rendimiento en juegos, ambas licencias funcionan igual. Lo importante es evitar versiones pirata de dudosa procedencia, que pueden traerte malware, problemas de estabilidad o actualizaciones bloqueadas en el peor momento.
Con todo lo anterior sobre la mesa, se ve claro que montar una configuración de PC gaming entusiasta en 2026 implica combinar cabeza fría y ganas de cacharrear: elegir la plataforma adecuada (AM5, LGA1851 u opciones más económicas en AM4/LGA1700), cuadrar CPU y GPU para no crear cuellos de botella, cuidar la fuente, el SSD y la caja, y pensar si además de jugar vas a editar, renderizar o entrenar modelos de IA; solo así tendrás un equipo que no solo rinde hoy, sino que seguirá dando guerra muchos años sin que sientas que tiraste el dinero.
