- El plan Máximo Rendimiento (Ultimate Performance) elimina casi todas las funciones de ahorro de energía para reducir microlatencias y priorizar el rendimiento puro.
- Su activación requiere usar el comando powercfg en CMD o PowerShell con permisos de administrador y seleccionarlo después en las Opciones de energía.
- Está pensado para equipos potentes y tareas exigentes como edición de vídeo, diseño 3D o uso intensivo de máquinas virtuales, más que para juegos.
- Su uso continuo incrementa consumo, calor y ruido, por lo que conviene reservarlo para momentos puntuales en los que se necesita toda la potencia del equipo.

Si alguna vez has pensado que tu PC con Windows va algo «corto de ganas» cuando editas vídeo, diseñas en 3D o manejas muchas aplicaciones pesadas a la vez, te interesa conocer el plan de energía de Máximo Rendimiento oculto que Microsoft esconde en el sistema. No es magia, pero permite exprimir el hardware un poco más de lo que lo hace el clásico modo de Alto rendimiento.
Este plan especial, también llamado Ultimate Performance u Optimum Performance, está diseñado para reducir al mínimo las pequeñas latencias internas que se producen cuando Windows decide si dar más energía o no a un componente. Son diferencias de milésimas de segundo, sí, pero en algunos equipos potentes y con cargas de trabajo fuertes se puede notar en la fluidez general y en la rapidez con la que el sistema reacciona.
Qué son los planes de energía en Windows y para qué sirven
La gestión de energía de Windows se basa en lo que Microsoft denomina planes o combinaciones de energía: conjuntos de ajustes que controlan cómo usan la electricidad el hardware y el propio sistema operativo. Cada plan intenta encontrar un equilibrio distinto entre consumo, rendimiento y temperatura.
Cuando eliges uno de estos planes, en realidad estás decidiendo cómo se va a comportar tu equipo en aspectos como frecuencia de la CPU, brillo de la pantalla, suspensión, apagado de discos y otros muchos parámetros que funcionan en segundo plano. Por eso es importante conocer qué hace cada uno y en qué situación conviene usarlo, y herramientas de fabricantes como MSI Center y perfiles de rendimiento pueden ayudar.
Hay que tener presente que los planes pensados para dar más potencia también aumentan el gasto energético y el calor generado. En un portátil, esto se traduce en menos autonomía y, a la larga, en más estrés para batería y componentes. En un sobremesa, directamente, en un mayor consumo eléctrico y ventiladores más ruidosos.
Planes de energía clásicos de Windows: Equilibrado, Alto rendimiento y Economizador
Antes de entrar en el modo de Máximo Rendimiento oculto, conviene repasar cómo funcionan los planes de energía estándar de Windows, porque en el fondo el plan Ultimate Performance es una evolución del plan de Alto rendimiento de toda la vida.
Normalmente encontrarás estos planes desde el Panel de control > Opciones de energía o desde la aplicación Configuración, en el apartado de Sistema y Energía/Batería. En la mayoría de equipos, especialmente portátiles, el plan activo por defecto es el Equilibrado, ya que prioriza un uso razonable de recursos sin disparar el consumo.
Plan Equilibrado
El plan Equilibrado intenta mantener un punto medio entre rendimiento y consumo. Ajusta de forma dinámica la potencia que da al procesador y a otros componentes según la carga de trabajo. Cuando no haces gran cosa, baja revoluciones para ahorrar energía; cuando le pides caña, sube el rendimiento.
Con este modo, el sistema suele funcionar de manera bastante estable, sin picos extremos ni de temperatura ni de ruido. Es una opción muy adecuada para un uso general del PC, para trabajar con ofimática, navegar, ver vídeos o usar aplicaciones que no son especialmente exigentes y donde no necesitas exprimir hasta el último MHz de la CPU.
Plan Alto rendimiento
El plan Alto rendimiento se orienta a situaciones en las que quieres que el equipo reaccione siempre con la máxima agilidad posible. Eleva el brillo de la pantalla, mantiene la CPU a frecuencias más altas y suele reducir el tiempo que tarda el sistema en «despertarse» cuando estaba en reposo ligero.
La parte negativa es que el equipo genera más calor, consume más energía y los ventiladores se activan con más frecuencia, haciendo más ruido. En un portátil esto se traduce en una duración de batería claramente menor; en un sobremesa, simplemente en un consumo eléctrico más alto y en una temperatura interna superior.
Este modo se suele recomendar para juegos, edición de vídeo, renderizado 3D y, en general, para tareas que exprimen bastante la CPU y la GPU. Eso sí, no hace milagros: si el hardware es flojo, no va a convertir tu PC en un tope de gama.
Plan Economizador de energía
El plan Economizador, por su parte, está pensado para momentos en los que lo que realmente te importa es alargar al máximo la autonomía o reducir el consumo eléctrico todo lo posible. Reduce el brillo de la pantalla, baja agresivamente las frecuencias de la CPU y permite que más componentes entren antes en reposo.
Entre sus ventajas están un menor calor generado, menos ruido de ventiladores y una batería que dura más en portátiles. Pero el precio a pagar es que las aplicaciones pueden arrancar más lento, el sistema se siente menos ágil y la experiencia con programas pesados no es precisamente la ideal.
Es el modo adecuado cuando sabes que vas a estar lejos de un enchufe, cuando trabajas con tareas ligeras o cuando priorizas absolutamente el ahorro de energía frente a la respuesta inmediata del sistema.
Qué es el plan de energía Máximo Rendimiento (Ultimate Performance)
El plan de energía de Máximo Rendimiento, conocido en inglés como Ultimate Performance, es una combinación especial introducida por Microsoft inicialmente en Windows 10 April 2018 Update para equipos de gama alta, estaciones de trabajo y servidores, y que también está disponible en Windows 11.
Su objetivo principal es minimizar o eliminar las microlatencias producidas por las técnicas de ahorro de energía de grano fino. Esas microlatencias son pequeños retrasos que se generan entre el momento en que el sistema detecta que un componente necesita más potencia y el momento en que se la entrega.
Con este plan habilitado, Windows deja de «preguntar» al hardware si puede ahorrar energía y pasa a permitir que cada componente consuma toda la energía que necesite en cada momento. En la práctica, desaparecen muchas de las funciones clásicas de ahorro energético, lo que se traduce en una respuesta más inmediata del sistema, sobre todo al salir de estados de inactividad.
Es importante remarcar que este plan fue concebido para equipos potentes y cargas de trabajo intensivas, como software profesional de edición de vídeo, render 3D, compilaciones pesadas, máquinas virtuales y tareas similares. En un PC modesto o de gama de entrada, la mejora puede ser muy discreta, del orden de un pequeño porcentaje en benchmarks y algo más de sensación de agilidad.
Cómo se comporta el modo de Máximo Rendimiento por dentro
A diferencia de los planes clásicos, el modo de Máximo Rendimiento redefine varios parámetros internos de Windows para que la prioridad absoluta sea el rendimiento puro por encima del ahorro. Algunos de los cambios más relevantes son los siguientes:
Por un lado, los discos duros dejan de entrar en reposo automáticamente, de manera que se reduce la latencia al acceder a los datos, a costa de que estén giro que te giro consumiendo energía. Esto es más visible en discos mecánicos, aunque también afecta al comportamiento de ciertas unidades.
También se ajusta la frecuencia del temporizador de JavaScript para trabajar con parámetros que favorezcan el rendimiento en lugar de priorizar el ahorro, algo que puede influir ligeramente en la fluidez de determinadas aplicaciones y procesos que tiran mucho de este tipo de temporizadores.
El modo de ahorro del adaptador Wi-Fi (WLAN) se configura en alto rendimiento, evitando que la tarjeta entre en modos de bajo consumo que podrían introducir pequeños retrasos en las conexiones o reconexiones, sobre todo en equipos que alternan mucho entre periodos de inactividad y uso intensivo de red.
Además, la hibernación se deshabilita para no tener que gestionar el estado de suspensión profunda ni el volcado de memoria al disco, lo cual simplifica la gestión de energía y elimina un punto más donde podría haber latencias innecesarias.
La CPU se configura para que su gestión de energía esté al 100%, lo que básicamente significa que el procesador se mantiene a frecuencias altas y evita bajar demasiado cuando no hay carga, reduciendo así el tiempo que tarda en volver a su máximo rendimiento cuando lo necesitas.
Incluso se controla el tiempo de apagado de pantalla, que suele estar en torno a 15 minutos de inactividad, para que no interfiera demasiado con la experiencia en escenarios profesionales o de trabajo intenso en los que se hacen pausas pero se quiere mantener la máquina lista para seguir rindiendo.
Todo este conjunto de ajustes se traduce en un sistema que responde con mayor inmediatez, especialmente en equipos de gama alta donde la combinación de CPU y GPU ya es bastante potente de base y solo necesita que Windows deje de pisar el freno del ahorro.
Máximo Rendimiento, videojuegos y tareas profesionales
Una duda muy habitual es si este plan sirve para mejorar el rendimiento en videojuegos. La respuesta, siendo sinceros, es que el impacto suele ser mínimo en términos de FPS medios. Los juegos modernos ya tienden a exprimir el hardware todo lo que pueden cuando están en ejecución.
Donde sí se puede notar algo es en la velocidad de carga inicial de los juegos o en la respuesta del sistema cuando pasas de un estado de reposo a lanzar un título pesado. Aun así, hablamos normalmente de diferencias pequeñas, no de un cambio radical que convierta un PC normalito en una máquina gaming de élite.
El terreno donde este plan tiene más sentido es en edición de vídeo, diseño 3D, renderizado, compilaciones de código y cualquier flujo de trabajo en el que el equipo vaya alternando entre ratos de inactividad relativa y picos de carga muy alta. Ahí es donde eliminar microlatencias marca un poco más la diferencia en la sensación de fluidez.
Para usuarios que teletrabajan todo el día, manejan muchas aplicaciones a la vez y necesitan que el sistema responda con rapidez al cambiar de tareas, este modo puede aportar esa sensación de «empujón extra» que a veces se echa de menos con el plan Equilibrado.
Por qué el plan de Máximo Rendimiento está oculto y quién debería usarlo
Microsoft no muestra este plan de forma visible en la mayoría de equipos por una razón muy simple: su impacto en el consumo energético y en la temperatura no es trivial. Por defecto, Windows prefiere que el usuario promedio tenga un equilibrio razonable antes que una configuración agresiva que pueda acortar la autonomía o elevar demasiado el calor; si tienes dudas sobre los efectos del ahorro, consulta qué pasa si activo el ahorro de energía.
En portátiles, en concreto, el plan de Máximo Rendimiento suele venir desactivado y oculto porque disparar el consumo hace que la batería se agote mucho más rápido. Si decides usarlo en un equipo portátil, lo recomendable es tenerlo siempre enchufado a la corriente cuando este plan esté activo.
Además, abusar de este modo durante mucho tiempo puede hacer que componentes como la CPU o la placa base trabajen de manera constante a temperaturas más elevadas, lo que puede provocar a la larga throttling térmico, bajadas automáticas de rendimiento, reinicios o incluso cierres inesperados si la refrigeración no está a la altura.
Por eso, tiene sentido que sea una opción que el usuario tenga que habilitar conscientemente. Es ideal para quienes realmente necesitan aprovechar cada gramo de potencia de un equipo de sobremesa o workstation, o para momentos puntuales en los que vas a hacer tareas muy exigentes y te conviene que Windows deje de priorizar el ahorro.
Cómo activar el plan de Máximo Rendimiento oculto con CMD o PowerShell
Aunque algunos equipos de sobremesa y estaciones de trabajo ya muestran el plan de Máximo Rendimiento directamente en las Opciones de energía, en la mayoría de casos tendrás que activarlo manualmente mediante un comando. Puedes hacerlo tanto desde el Símbolo del sistema (CMD) como desde Windows PowerShell con permisos de administrador.
En esencia, lo que hace este comando es duplicar un identificador de plan de energía especial, cuyo GUID es e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61, y añadirlo a la lista de combinaciones disponibles en el sistema para que puedas seleccionarlo como cualquier otro plan.
El proceso general es bastante sencillo: abres CMD o PowerShell como administrador, ejecutas el comando adecuado y, a continuación, navegas hasta las Opciones de energía en el Panel de control o en la Configuración de Windows para seleccionar el nuevo plan Máximo rendimiento que aparecerá en la lista.
Guía paso a paso para habilitar Máximo Rendimiento con CMD
Si prefieres utilizar el clásico Símbolo del sistema, puedes habilitar el plan oculto de Máximo Rendimiento directamente con CMD. Los pasos a seguir son muy directos y en cuestión de segundos tendrás el nuevo plan disponible en tu equipo.
Primero, abre el cuadro de diálogo Ejecutar con la combinación de teclas Windows + R. En la ventana que aparece, escribe cmd y pulsa Intro. Si quieres ir sobre seguro, puedes buscar «Símbolo del sistema» en el menú Inicio, hacer clic derecho y elegir «Ejecutar como administrador».
Con la consola abierta y con permisos de administrador, introduce el siguiente comando y pulsa Enter para ejecutarlo: powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61. Este comando crea una copia del plan de energía Ultimate Performance en tu sistema.
Cuando termine la ejecución (no suele tardar nada), abre el Panel de control clásico de Windows y dirígete a la ruta Sistema y seguridad > Opciones de energía. Si ya tenías esa ventana abierta, ciérrala y vuelve a abrirla para que se actualice la lista de planes.
En la pantalla de Opciones de energía deberías ver ahora un nuevo plan llamado algo similar a Máximo rendimiento o Ultimate Performance. Selecciónalo para activarlo. A partir de ese momento, tu equipo comenzará a utilizar esta combinación de energía más agresiva.
Activar Máximo Rendimiento desde Windows PowerShell
Otra forma de habilitar el plan oculto es usar Windows PowerShell con privilegios de administrador. El proceso es muy parecido, pero puede venirte mejor si estás acostumbrado a PowerShell o si quieres integrarlo en algún script de configuración de equipos.
Para abrir PowerShell, escribe PowerShell en la barra de búsqueda de Windows, haz clic derecho sobre el resultado y selecciona «Ejecutar como administrador». También puedes usar el menú contextual del botón de Inicio si lo tienes configurado.
Una vez en la consola, copia y pega el mismo comando que se utiliza en CMD: powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61 y pulsa Intro. PowerShell ejecutará la orden y añadirá el plan Ultimate Performance a la lista de combinaciones del sistema.
Después, dirígete de nuevo a la configuración de energía, ya sea desde Configuración > Sistema > Inicio/apagado y suspensión > Configuración adicional de energía en Windows 10/11, o desde Panel de control > Opciones de energía. Ahí verás el nuevo plan listo para ser seleccionado.
Si más adelante decides que ya no quieres tener este plan, puedes volver a un plan diferente y luego, desde el enlace «Cambiar la configuración del plan» junto al Máximo rendimiento, elegir la opción «Eliminar este plan» para quitarlo definitivamente.
Personalizar el plan Máximo Rendimiento una vez activado
Igual que ocurre con los otros planes, el modo de Máximo Rendimiento también permite ciertos ajustes personalizados para adaptarlo un poco a tu forma de trabajar. No conviene tocarlo demasiado si lo que quieres es rendimiento puro, pero sí puedes ajustar algunos detalles.
Desde el enlace «Cambiar la configuración del plan» podrás modificar, por ejemplo, el tiempo que tarda la pantalla en apagarse o el periodo de inactividad antes de que el equipo entre en suspensión, aunque en este plan muchas funciones de ahorro están ya muy recortadas o deshabilitadas.
También puedes acceder a la configuración avanzada de energía, donde encontrarás opciones para afinar el comportamiento de la CPU, el disco duro, la tarjeta de red, el adaptador inalámbrico, etc.. Si sabes lo que haces, aquí puedes ajustar detalles muy concretos, como los ajustes de ahorro de energía en USB, aunque en la mayoría de casos es mejor dejar los valores por defecto del plan.
Recuerda que, si crees que vas a necesitar un equilibrio diferente, siempre tienes la opción de crear tu propio plan personalizado partiendo de Alto rendimiento o de Equilibrado, y así dejar el Máximo Rendimiento reservado para los momentos en los que realmente necesitas todo el potencial del equipo.
Uso de software adicional para exprimir al máximo la CPU
Además del plan Máximo Rendimiento, existen programas específicos que permiten controlar de forma mucho más granular cómo se comporta la CPU y otros componentes, desactivando casi cualquier intento de ahorro y manteniendo todo al máximo. Uno de los ejemplos conocidos es QuickCPU.
Este tipo de herramientas pueden, por ejemplo, evitar que ningún núcleo del procesador se apague o se ponga en reposo, obligando a la CPU a funcionar siempre con todos sus recursos disponibles. Eso, inevitablemente, supone un incremento del consumo y de la temperatura del procesador.
El lado positivo es que obtienes el máximo rendimiento posible de la CPU y, combinado con el plan de energía más agresivo, puedes sacar algunos puntos extra en tareas muy pesadas. El lado negativo es que no está pensado para tenerlo así siempre, igual que no irías todo el rato con un coche al corte de revoluciones.
La recomendación general es usar este tipo de software solo cuando realmente necesites exprimir el 100% del equipo y tengas claro que la refrigeración es suficiente. Para el día a día, el plan de Máximo Rendimiento de Windows ya es lo bastante agresivo como para notar la diferencia sin llegar a extremos peligrosos.
Ventajas del modo de Máximo Rendimiento
Entre los puntos fuertes de este plan destaca la sensación de que el sistema responde con más rapidez cuando pasas de un estado de reposo ligero a abrir aplicaciones pesadas o mover grandes cantidades de datos. Las microlatencias se reducen y la experiencia se siente algo más ágil.
En equipos potentes, especialmente con CPUs y GPUs de gama alta, es posible ver una ligera mejora en benchmarks y en ciertas tareas específicas, del orden de unos pocos puntos porcentuales. No es un salto brutal, pero en entornos profesionales, ese 5% extra puede ser interesante.
Para quienes trabajan con edición de vídeo, diseño gráfico avanzado, CAD, renderizado 3D o manejo intensivo de máquinas virtuales, el plan ayuda a que el sistema mantenga un nivel de rendimiento alto de forma constante, reduciendo pequeños tirones o pausas al retomar tareas pesadas.
También puede ser una buena opción para personas que teletrabajan muchas horas con aplicaciones exigentes y notan que el plan Equilibrado se queda algo corto cuando hay muchos programas abiertos y se hace un uso intensivo del sistema de forma continuada.
Inconvenientes y riesgos de abusar del plan Máximo Rendimiento
El gran peaje de este plan es, como es lógico, el consumo de energía. En portátiles, activar Máximo Rendimiento implica que la batería baje a toda velocidad, por lo que se vuelve prácticamente obligatorio tener el equipo enchufado si no quieres quedarte sin carga en un suspiro.
En sobremesa, aunque no tengas problema de batería, sí notarás que el equipo genera más calor y ruido. Los ventiladores del procesador y de la caja tendrán que trabajar más a menudo, lo que puede resultar molesto en entornos silenciosos o si no cuentas con una buena ventilación.
A nivel de hardware, mantener los componentes a altas temperaturas durante periodos prolongados puede acortar su vida útil y provocar situaciones de throttling térmico, donde el propio sistema reduce la frecuencia de la CPU o la GPU para evitar daños, justo lo contrario de lo que se busca. Si quieres optimizar el consumo a nivel de placa, considera cómo ajustar ASPM y la gestión de energía PCIe.
Si el equipo no está bien refrigerado, pueden producirse síntomas como bajadas puntuales de rendimiento, bloqueos, reinicios e incluso apagones inesperados cuando la carga es muy alta. Por eso, es clave usar este plan con cabeza y solo cuando realmente se necesita la potencia extra.
Todo ello explica que Microsoft decida dejar este modo oculto y sea el usuario quien deba activarlo. Así, solo quienes entienden sus consecuencias y ventajas terminan usando esta configuración tan agresiva, mientras que el resto de usuarios se queda con planes más equilibrados.
Cuándo merece la pena activar el plan de Máximo Rendimiento
En la práctica, este plan tiene sentido en equipos de gama alta o estaciones de trabajo donde una CPU potente, una GPU seria y una buena refrigeración permiten soportar sin problemas el aumento de consumo y de temperatura asociado a este modo.
Si tu PC es de gama media o de entrada, no deberías esperar un cambio radical al activarlo. En muchos casos, la mejora real se queda en una pequeña subida de rendimiento en pruebas sintéticas y en una sensación un poco más fluida al alternar entre tareas, pero no más allá.
Es una buena herramienta cuando vas a encadenar sesiones de trabajo intensivas: renderizar un vídeo largo, trabajar con escenas 3D muy complejas, compilar código de proyectos grandes o manejar varias máquinas virtuales a la vez, por ejemplo. En esos momentos, cada pequeño empujón cuenta.
También puede ser interesante si sueles notar microcortes o pequeñas pausas al cambiar de aplicaciones bajo mucha carga y quieres que el sistema esté siempre a punto, sin perder tiempo en ajustar dinámicamente el ahorro de energía cada dos por tres.
Para un uso cotidiano de navegación, ofimática y contenido multimedia, lo normal es que no compense el incremento de consumo, calor y ruido, y sea más lógico quedarse en un plan Equilibrado o, como mucho, en Alto rendimiento si quieres algo más de chispa sin irte al extremo.
Este modo de Máximo Rendimiento se convierte así en una especie de «turbo permanente» para el PC, útil cuando necesitas que el equipo dé todo lo que tiene sin mirar el consumo, pero que conviene desactivar cuando vuelves a tareas más ligeras, tanto por tu factura de la luz como por la salud a largo plazo de tu hardware.