- La tasa de sondeo solo reduce el intervalo entre informes; la latencia real depende también de switches, firmware, conexión y juego.
- Para la mayoría de usos, 1000 Hz bien implementados ofrecen un rendimiento prácticamente indistinguible de 8000 Hz.
- Medir el polling con herramientas dedicadas y ajustar según la estabilidad del sistema es más importante que perseguir cifras máximas.

Si acabas de estrenar un teclado “gaming” que promete 1000, 4000 o incluso 8000 Hz de tasa de sondeo y al medirlo parece que va muy por detrás de lo que anuncia la caja, no eres el único. A muchos usuarios les pasa: conectan el teclado, instalan el software, miran un medidor online o una app externa… y descubren que, en lugar de 8 kHz, apenas llegan a 1000 Hz o menos.
Todo esto genera bastante confusión porque se suele vender la idea de que “más Hz = menos latencia garantizada”, cuando en realidad la cosa es bastante más compleja. La frecuencia de sondeo es solo una parte de la latencia total, y además depende de que el firmware, el sistema operativo, la conexión (USB, 2.4 GHz, Bluetooth) y hasta el propio juego hagan bien su trabajo. Vamos a desmenuzarlo con calma y ver también cómo medir y configurar la tasa de sondeo desde el sistema de forma realista.
Qué es la tasa de sondeo (Polling Rate) y qué NO es
La base de todo es entender que la tasa de sondeo del teclado indica cuántas veces por segundo el dispositivo le dice al PC “este es mi estado ahora mismo”. Se mide en hercios (Hz), así que 1000 Hz significa 1000 informes por segundo, y 8000 Hz implica 8000 informes por segundo.
En teoría se puede traducir en un intervalo de tiempo entre informes bastante fácil de calcular: 125 Hz serían unos 8 ms entre actualizaciones, 500 Hz unos 2 ms, 1000 Hz 1 ms y 8000 Hz 0,125 ms. Pero esa cifra no es la latencia “real” desde que pulsas la tecla hasta que ves la acción en pantalla; es solo la separación teórica entre dos reportes sucesivos por USB.
Muchos fabricantes muestran en grande slogans del tipo “8000 Hz = 0,125 ms de latencia”, como si ese valor fuese el tiempo total de respuesta, y ahí es donde nace el malentendido. Esa operación es simplemente 1 segundo dividido entre 8000, pero no tiene en cuenta todo lo que pasa antes y después dentro del teclado, en el protocolo USB, en el sistema operativo y en el propio juego.
Para que se entienda mejor, puedes imaginar la tasa de sondeo como la frecuencia con la que un mensajero va de tu teclado al PC llevando un informe de las teclas. Cuanto más alta es la frecuencia, más a menudo pasa el mensajero, pero eso no elimina otros posibles atascos en la ruta, como semáforos, colas o desvíos (que serían el firmware, la CPU, la cola del SO, el motor del juego, etc.).
De la tecla a la pantalla: todas las etapas que añaden latencia
Para entender por qué un teclado de 8000 Hz no significa que vayas a tener 0,125 ms de respuesta desde el dedo hasta el monitor, hay que desglosar la cadena completa de eventos que ocurre cada vez que pulsas algo. Cada etapa suma su propio tiempo, y solo una de ellas es la ventana de espera del USB que recorta la tasa de sondeo.
En un teclado moderno, el recorrido de una pulsación suele incluir:
- Escaneo de la matriz: el microcontrolador del teclado “barre” filas y columnas buscando qué teclas se han cerrado. Este ciclo tiene su propio ritmo (scan rate) y puede limitar la precisión de las mediciones si es muy bajo.
- Antirrebote (debounce): como el contacto de un interruptor mecánico no es perfecto, el firmware espera unos milisegundos para asegurarse de que la pulsación es estable y no se cuentan dobles clics. Ese tiempo de seguridad añade latencia.
- Procesado interno y empaquetado HID: la controladora agrupa el estado de las teclas en un informe HID (Human Interface Device) que luego se envía por USB o radio.
- Transporte: puede ser USB por cable, un dongle inalámbrico de 2,4 GHz o Bluetooth. Cada tecnología tiene su sobrecarga y su comportamiento específico.
- Pila del sistema operativo: drivers, colas de entrada, prioridades del scheduler… todo eso afecta a cuánto tarda en llegar el input a la aplicación.
- Muestreo del juego: casi todos los juegos leen las entradas una vez por frame. Si vas a 144 fps, la “ventana” entre lecturas ronda los 6,9 ms; a 240 fps baja en torno a 4,2 ms, pero aun así son varios milisegundos independientes de la tasa de sondeo.
- Renderizado y monitor: el motor del juego procesa la acción, genera la imagen, el sistema la presenta y el monitor la dibuja. Según el refresco y el modo de sincronización, aquí se pueden ir varios ms más.
Subir el polling rate, por ejemplo de 1000 a 8000 Hz, únicamente reduce el margen temporal entre el momento en que el teclado tiene listo un informe y el momento en que el bus USB lo recoge. Todo lo demás sigue ahí: el debounce de la tecla, el escaneo interno, la lectura por frame y la latencia del panel.
Por eso se suele decir que 8000 Hz en teclado ofrece una ganancia real muy pequeña respecto a 1000 Hz. La mejora teórica en la parte USB puede rondar el medio milisegundo de media, mientras que solo el muestreo del juego ya introduce varios ms. En ratón, donde el movimiento es continuo, esa frecuencia tan alta puede limar algo más la sensación de fluidez; en teclado, que envía eventos discretos (pulsaciones), el impacto es bastante más sutil.
Casos reales: teclados que no alcanzan su tasa de sondeo teórica
Es relativamente frecuente que, al medir la frecuencia de sondeo de un teclado “de alto Hz”, el resultado no coincida con lo prometido en la caja o el marketing. Hay usuarios con modelos que se anuncian como 8 kHz que, al comprobarlos, solo ven 1000 Hz o incluso valores aparentes inferiores en ciertas herramientas.
Un ejemplo típico es el de alguien que compra un teclado que publicita 8000 Hz, descarga tanto el software como el firmware del fabricante y, al entrar en las opciones, no encuentra ningún ajuste de tasa de sondeo. Después de probar mil cosas, medir en varias webs e intentar mil combinaciones, el teclado parece estar bloqueado a 1000 Hz, o directamente el programa ni siquiera da la opción de cambiar ese parámetro.
En otros modelos, como ciertos teclados mecánicos de gama media que dicen llegar a 1000 Hz, las pruebas en medidores tipo “scan rate estimator” online arrojan resultados que parecen ridículos para lo que se anuncia. Por ejemplo, obtener tiempos mínimos de pulsación en torno a 16 ms y una tasa de escaneo estimada de apenas 62,5 Hz puede chocar bastante, sobre todo cuando otros amigos con teclados más baratos, supuestamente de 125 Hz, consiguen tiempos medidos de 8-10 ms sin esfuerzo.
En este tipo de casos hay que tener claro que:
- Las herramientas basadas en navegador o scripts no siempre miden la tasa de sondeo pura; mezclan la velocidad de escaneo de la matriz, la duración efectiva de la pulsación, la carga del sistema y la tasa de refresco con la que se registran los eventos.
- Puede que el teclado tenga realmente 1000 Hz en el bus USB, pero un scan rate interno muy bajo (por ejemplo 62,5 Hz), lo que limita cuán rápido se detecta la transición de la tecla independientemente del polling USB.
- Algunos softwares propietarios no muestran, ni permiten tocar, la configuración de tasa de sondeo, y tampoco documentan si el teclado se fija a 1000 Hz o varía según el modo de energía o el tipo de conexión (cable, 2.4 GHz, etc.).
También hay quien sospecha de posibles ajustes en la BIOS o el chipset que puedan capar el rendimiento, aunque en la mayoría de placas modernas el límite funcional suele estar en 1000 Hz para dispositivos HID estándar, salvo soluciones específicas que trabajan con modos propietarios o drivers muy concretos.
Frecuencia de sondeo frente a latencia global: rompiendo el mito
Una gran parte de los jugadores asume casi automáticamente que una mayor frecuencia de sondeo equivale siempre a menos latencia en todos los escenarios. De hecho, en encuestas y debates de foros se llega a cifras cercanas a tres cuartas partes de usuarios creyendo que los Hz del teclado son una traducción directa a tiempos de respuesta.
Esta idea se refuerza porque muchos fabricantes muestran números muy llamativos: “8000 Hz = 0,125 ms”, “1000 Hz = 1 ms”, etc. A simple vista suena lógico: 8000 actualizaciones por segundo tienen que ser mejores que 1000, ¿no? El problema es que esos valores solo describen el intervalo teórico entre informes, no el tiempo global de extremo a extremo.
Como ya hemos visto, la latencia real de una pulsación incluye muchos factores: lo rápido que responden los interruptores, cómo está escrito el firmware, qué hace el controlador USB, cómo gestiona el sistema operativo la cola de eventos y cada cuánto “mira” el juego la entrada del teclado. Un cuello de botella serio en cualquiera de esos puntos puede hacer que un teclado de 1000 Hz bien afinado se sienta prácticamente igual de rápido que otro de 8000 Hz con firmware mediocre.
Hay que tener en cuenta también que, en juegos a 60-144 Hz, el propio ritmo de los fotogramas limita cuánto se aprecia la mejora de pasar de 1000 a 8000 Hz. Si el juego solo actualiza la lógica de input una vez por frame y cada frame tarda varios milisegundos, el salto en la ventana USB (de 1 ms a 0,125 ms) queda en segundo plano frente a los 4-7 ms que ya añade el ciclo de render.
Resumiendo la idea clave: la tasa de sondeo es importante, pero no es el único ni el principal determinante de cómo de “instantáneo” se siente un teclado. Tiene sentido buscar 1000 Hz como base sólida; más allá de eso, el beneficio es incremental y depende de que todo el resto del sistema esté igualmente bien ajustado.
Factores de hardware que influyen más allá del Polling Rate
Además de la frecuencia de sondeo, hay varios elementos de hardware que tienen un impacto directo en la latencia y en la estabilidad del teclado. Ignorarlos puede llevar a pagar más por un número grande de Hz que luego apenas se nota o, peor aún, a tener un teclado inestable.
Uno de los puntos más importantes es el tipo de interruptor. Los switches mecánicos tradicionales utilizan contactos físicos metálicos, lo que introduce de por sí un pequeño retardo (del orden de 1-2 ms) hasta que el contacto se estabiliza. Los interruptores ópticos, en cambio, emplean un haz de luz que se interrumpe al pulsar la tecla, por lo que pueden registrar la activación con muy poca latencia y sin el mismo nivel de “rebote” eléctrico.
También influye la calidad y velocidad de la MCU (microcontrolador) del teclado. Modelos baratos suelen montar chips más lentos que no están pensados para manejar tasas de escaneo altas ni 8 kHz de polling de forma consistente. Los teclados de gama alta apuestan por controladoras de 32 bits más rápidas, capaces de escanear la matriz, procesar el debounce y empaquetar informes a un ritmo muy superior sin saturarse.
Otro componente clave es el firmware bien optimizado. Se asegura de dar prioridad absoluta a la lectura de teclas y al envío de los informes, evita comprobaciones innecesarias y se integra de forma eficiente con el controlador del sistema operativo. Algunos proyectos abiertos como QMK son conocidos por su buen rendimiento, y ciertas marcas permiten ajustar parámetros avanzados como el debounce, los modos de baja latencia o el comportamiento de las capas.
Por último, hay que hablar del antirrebote. Para evitar que una sola pulsación genere varias señales erróneas, el teclado impone un pequeño periodo de seguridad en el que filtra cambios bruscos del interruptor. Ajustar ese valor demasiado alto añade retraso; dejarlo demasiado bajo puede provocar dobles pulsaciones (chatter). Muchos teclados pensados para eSports ofrecen modos de debounce muy bajos o incluso “cero debounce” en teclas críticas, a costa de asumir cierto riesgo de ruido eléctrico.
Conexión: USB, inalámbrico de 2,4 GHz y Bluetooth
La forma en que el teclado se comunica con el PC es otra pieza del puzle que afecta tanto a la latencia como a la estabilidad de la tasa de sondeo. No es lo mismo un teclado con cable de toda la vida que uno inalámbrico con dongle de 2,4 GHz o uno por Bluetooth pensado sobre todo para ahorrar batería.
En un teclado con cable, normalmente usando USB 2.0 o 3.0, la latencia añadida por el protocolo ronda unos pocos milisegundos, aunque depende de la controladora, los drivers y el sistema. USB 2.0 ya es más que suficiente para 1000 Hz, y muchas implementaciones para 8000 Hz usan configuraciones y drivers muy concretos para garantizar la estabilidad. USB 3.0 no es imprescindible para un buen teclado, pero ciertas marcas lo aprovechan para integrar modos propietarios.
Los teclados inalámbricos con receptor de 2,4 GHz de gama alta pueden igualar bastante la latencia del cable, situándose en torno a 1-2 ms extra si la implementación es buena. Sin embargo, son sensibles a interferencias: puertos USB 3.0 cercanos, chasis metálicos, routers WiFi, etc. Por eso se recomienda usar un extensor USB y mantener el dongle relativamente cerca del teclado, sin obstáculos importantes.
Bluetooth, en cambio, está orientado al consumo reducido y a la compatibilidad con móviles, tablets y portátiles. En la práctica añade fácilmente entre 5 y 10 ms adicionales, según la versión y el perfil usado. Por eso no es la mejor opción para juegos competitivos, ni tampoco el medio ideal para exprimir tasas de sondeo muy altas. Para escribir y uso de oficina, sin embargo, suele ser perfectamente válido.
En algunos modelos híbridos, al cambiar entre cable, 2.4 GHz y Bluetooth, el propio firmware modifica la tasa de sondeo y otros parámetros de rendimiento sin avisar demasiado. Es importante revisar la documentación del fabricante y, si es posible, medir la frecuencia real en cada modo para saber qué esperar de cada uno.
Cómo medir la tasa de sondeo de tu teclado de forma fiable
Para salir de dudas sobre la frecuencia de sondeo que está usando realmente tu teclado, lo ideal es recurrir a una herramienta especializada que trabaje a nivel de dispositivo HID y no dependa del navegador ni de scripts. Una de las utilidades más prácticas para esto es Keyboard Inspector, disponible como descarga en GitHub.
El procedimiento general sería algo así:
- Descargar el archivo comprimido (por ejemplo, una versión tipo Keyboard.Inspector.0.4.0.zip) desde la página de lanzamientos del proyecto.
- Extraer el contenido del ZIP en una carpeta local y ejecutar el programa desde ahí, sin necesidad de instalación compleja.
- Dentro de la aplicación, seleccionar la opción de “Iniciar grabación” o similar para que empiece a registrar los informes que emite el teclado.
- Durante unos segundos, pulsar varias teclas de forma vigorosa, intentando generar muchas transiciones para que la muestra de datos sea rica.
- Al terminar, detener la grabación y usar la función de análisis, concretamente el filtro de frecuencia de sondeo, que calcula la tasa efectiva a partir de los intervalos observados entre informes.
Con este tipo de herramientas es más fácil identificar si el teclado está realmente trabajando a 1000 Hz, si hay picos y valles (por inestabilidad o interferencias) o si, sencillamente, no se está activando el modo de alta frecuencia aunque el producto lo anuncie en su marketing. Es recomendable repetir la prueba en diferentes puertos USB y, si el teclado tiene varios modos (cable, inalámbrico), medirlos por separado.
Conviene combinar esta medición de polling rate con alguna otra prueba de latencia o de tiempo de pulsación mínima, para tener una visión más completa. Las webs de estimación de tasa de escaneo pueden dar una referencia adicional sobre la velocidad de la matriz interna, aunque no deben tomarse como verdad absoluta por las limitaciones que tienen.
Requisitos del sistema y estabilidad a altas frecuencias (2000-8000 Hz)
Subir de 1000 a 2000, 4000 o 8000 Hz no es solo una cuestión de que el teclado lo permita; el resto del sistema también tiene que estar a la altura. Cada aumento de frecuencia supone más interrupciones, más informes por segundo y, por tanto, más carga en la CPU y en la pila de drivers.
En equipos antiguos o muy saturados de tareas, una tasa de 8 kHz puede generar pequeños microcortes, irregularidades o incluso pérdidas esporádicas de entrada si el sistema no es capaz de procesar todos esos informes sin retrasos. En esos casos, insistir en usar el modo máximo puede ser contraproducente: se calienta más la CPU, se añaden posibles picos de latencia y la experiencia subjetiva empeora.
Lo más sensato suele ser fijar 1000 Hz como punto de partida y asegurarse de que todo va fino: ninguna tecla se pierde, no hay congelaciones, el consumo de CPU se mantiene estable y el juego responde bien. A partir de ahí, se puede probar 2000, 4000 o 8000 Hz, vigilando con herramientas de monitorización si aparecen picos de carga inesperados o comportamientos raros.
Para los usuarios que juegan en monitores de alto refresco (240-360 Hz) y tienen un PC potente, puede tener sentido experimentar con estas frecuencias más altas, siempre que el firmware del teclado sea maduro y no introduzca latencias ocultas al intentar agrupar informes o aplicar filtros agresivos. La clave no es solo la cifra de Hz, sino cómo se implementa por debajo.
Si durante las pruebas aparecen síntomas como inputs que se “tragan”, bloqueos del dongle inalámbrico, desconexiones del dispositivo o variaciones bruscas en las mediciones de polling, es mejor bajar un escalón y quedarse en un valor que el sistema maneje sin sufrimiento, aunque en el papel parezca menos impresionante.
Qué tasa de sondeo elegir según el tipo de uso
No todos los usuarios necesitan exprimir al máximo la tasa de sondeo del teclado; en muchos casos, 1000 Hz ya ofrecen una latencia excelente difícil de distinguir a ojo de 4000 o 8000 Hz, especialmente si el resto del sistema no está optimizado para baja latencia.
Para quienes juegan a FPS competitivos, juegos de lucha o títulos donde cada milisegundo pueda marcar diferencia, tiene sentido tomar 1000 Hz como base y probar configuraciones superiores si el teclado y el PC lo soportan. Lo importante es hacerlo con criterio: subir la frecuencia, jugar un buen rato, comprobar que no hay comportamientos raros y decidir en función de las sensaciones y de la estabilidad.
En géneros como MOBAs, ARPGs o juegos más pausados, la prioridad suele ser la consistencia y la comodidad. Un polling de 1000 Hz es más que suficiente para tener una sensación de respuesta muy rápida; lo que realmente se agradece ahí es un buen diseño de teclas, switches agradables y un firmware estable.
Para uso de oficina, portátiles y trabajo diario, ni siquiera es imprescindible llegar a 1000 Hz. Muchas veces, configuraciones de 500-1000 Hz son un buen compromiso entre sensación de fluidez y consumo energético, y Bluetooth a 125-250 Hz se percibe como perfectamente aceptable para escribir y navegar.
En cualquier caso, hay que huir de la idea de que “si no usas 8 kHz estás en desventaja”. Un buen teclado a 1000 Hz, con switches de calidad, una MCU rápida y un firmware bien diseñado, puede ofrecer una experiencia totalmente competitiva sin necesidad de perseguir cifras cada vez más extremas en la hoja de especificaciones.
Al final, configurar correctamente la tasa de sondeo del teclado desde el sistema pasa por entender que esos Hz son solo una pieza del puzle: el verdadero rendimiento viene del conjunto de interruptores, firmware, microcontrolador, tipo de conexión, drivers, tasa de fotogramas y monitor. Priorizar un buen equilibrio y la estabilidad suele dar mejores resultados que obsesionarse con el número más alto que permite el software de turno.