- Las consolas portátiles clásicas priorizan sistema cerrado y optimización, mientras que los handheld PC son en esencia portátiles gaming con Windows comprimidos en formato consola.
- El sistema operativo marca la experiencia: SteamOS y los OS de consola son ligeros y orientados al juego, Windows ofrece más versatilidad a costa de consumo y complejidad.
- Las APUs de las handheld PC trabajan con TDP muy limitados, por lo que su rendimiento no puede competir con portátiles gaming con GPU dedicada pese a usar arquitecturas modernas.
- La elección entre consola portátil, handheld PC o smartphone depende del tipo de jugador, del catálogo que busques y de cuánto valoras la comodidad, la autonomía y el “trasteo”.
En los últimos años el mundo del gaming portátil se ha convertido en un auténtico campo de batalla: consolas portátiles clásicas, híbridas como Switch, handheld PC con Windows y hasta smartphones que se venden como móviles gaming. Con tanta oferta sobre la mesa, es normal que cueste entender qué es cada cosa, qué diferencias reales hay entre ellas y qué merece más la pena según el tipo de jugador que seas.
Además, la conversación se ha complicado todavía más con la llegada de handheld PC cada vez más potentes (ROG Ally X, Lenovo Legion Go, MSI Claw), la irrupción de Steam Deck con su propio sistema operativo y el papel silencioso pero demoledor del smartphone como dispositivo de juego más extendido del planeta. Si le sumas que el término consola portátil se mezcla a menudo con handheld y con portátil gaming, el lío está servido.
Consola portátil vs handheld: aclarando conceptos de una vez

En español solemos llamarlo todo consola portátil, pero en realidad en el mundillo anglosajón se distingue entre portable console y handheld console. La diferencia no es solo terminológica, tiene mucha miga a nivel de uso real.
Una consola portátil es, en sentido amplio, cualquier sistema de videojuegos autónomo que puedes transportar y que no depende de una tele externa ni de mandos adicionales para funcionar. Entran aquí desde una vieja Game Boy hasta una Nintendo Switch conectada en modo portátil o una Steam Deck.
El término handheld se reserva para aquellas máquinas que puedes sostener cómodamente con las dos manos y que están realmente pensadas para jugar en cualquier parte sin complicaciones: autobús, metro, sala de espera, sofá, cama o donde te apetezca. Consolas como Game Boy, Nintendo DS o PSP encajan muy bien en esta categoría.
El matiz es que muchas de las consolas actuales, como Switch o Steam Deck, aunque caben en las manos no son igual de cómodas para el juego ubicuo. Son más voluminosas, pesan bastante y su precio las convierte en dispositivos que pocos se arriesgan a sacar a cualquier lado. Por eso, aunque sean técnicamente portátiles, se usan muchas veces como una especie de mini consola de sobremesa o PC de salón.
Si a esta distinción le añadimos la aparición de los handheld PC (máquinas con forma de consola pero corazón de ordenador con Windows), el escenario se fragmenta todavía más. No es lo mismo una consola cerrada tipo Switch que una ROG Ally o una MSI Claw, que en la práctica funcionan como un portátil gaming comprimido en formato portátil.
Consola portátil, handheld PC y portátil gaming: por qué no es justo compararlos

Algo que se repite desde hace años en el debate gaming es la comparación directa de rendimiento entre consolas y PC. Lo hemos visto con PS5 y Xbox Series frente a PCs de sobremesa, y ahora se repite con Steam Deck, ROG Ally, Legion Go y compañía frente a portátiles gaming y consolas híbridas.
La clave está en entender que una consola tradicional es un sistema cerrado, diseñado para un único propósito: jugar. El fabricante controla el hardware y el sistema operativo, de manera que los desarrolladores saben exactamente qué componentes tienen delante y pueden exprimir cada milímetro de rendimiento mediante optimización. Esto hace que, incluso con especificaciones sobre el papel más humildes, muchos juegos corran de forma sorprendentemente estable.
En cambio, un PC (y por extensión un handheld PC con Windows) es un sistema abierto. El sistema operativo debe funcionar con una infinidad de combinaciones de CPU, GPU, RAM, chipsets, drivers y periféricos. Windows está pensado para hacer de todo: ofimática, navegación, edición de vídeo, gaming, virtualización… y esa versatilidad tiene un coste en recursos y complejidad.
Por eso un handheld PC con un APU muy moderno y mucha RAM puede rendir peor en ciertos juegos que una consola menos potente pero mucho mejor optimizada. El juego que ha salido redondo en PS5 o en Switch puede arrastrar problemas de stuttering, crashes o bugs en PC, y esos mismos fallos saltarán igualmente en la ROG Ally, MSI Claw o Legion Go porque, a efectos prácticos, son un PC más dentro del ecosistema Windows.
Steam Deck es un caso intermedio muy interesante: integra un hardware de PC, pero funciona con SteamOS, un sistema basado en Linux diseñado y pulido pensando casi exclusivamente en jugar. Eso permite una capa de optimización muy fuerte para un catálogo concreto de títulos, de ahí que haya juegos que vayan mejor en una Steam Deck que en un handheld con Windows teóricamente más potente.
El papel del sistema operativo: el 70% de la experiencia
Cuando hablamos de diferencias entre consola portátil y handheld PC, uno de los puntos fundamentales es el sistema operativo. No se trata solo de potencia bruta, sino de cómo se gestiona y a qué está priorizada.
En el lado de las consolas portátiles “puras” como Nintendo Switch (y previsiblemente Switch 2), el sistema operativo es ligero, cerrado y pensado exclusivamente para mover juegos de forma fluida, gestionar perfiles y poco más. El usuario no se preocupa de drivers, compatibilidades raras ni configuraciones profundas: mete el cartucho o descarga el juego y listo.
Steam Deck se sale un poco del molde, pero sigue esa filosofía. SteamOS se ha construido como una plataforma de gaming de salón y portátil, con una interfaz tipo consola, optimizaciones específicas y una enorme comunidad que va puliendo compatibilidades. Aunque debajo haya un Linux completo, el usuario medio interactúa con una “consola de PC” relativamente simple.
Frente a eso, los handheld PC basados en Windows 11 (ROG Ally X, Legion Go S, MSI Claw 8 AI+) son, en esencia, portátiles gaming con forma de consola. Tienen todas las ventajas de un PC (catálogo inmenso, emuladores, launchers de todo tipo, Game Pass nativo, mods) pero arrastran también todos los problemas clásicos de Windows: procesos en segundo plano, actualizaciones, servicios que consumen recursos, posibles incompatibilidades o drivers “rebeldes”.
Incluso los propios fabricantes son conscientes de este hándicap y han empezado a lanzar capas de software específicas para consolas (Armoury Crate en ASUS, MSI Center, software de Lenovo) y se está hablando de un Windows 11 específico para portátiles de mano, con una interfaz y una gestión de recursos más afinada para este formato. Aun así, el hecho de que Windows sea un sistema para todo hace que, por muy optimizado que esté, siempre vaya a consumir más recursos que un sistema operativo cerrado pensado solo para ejecutar juegos.
Hardware típico en consolas portátiles y handheld PC
Si abrimos una consola portátil moderna o un handheld PC veremos que, en realidad, el patrón de hardware es muy parecido. Nada de torres gigantes ni tarjetas gráficas dedicadas: aquí la clave está en condensar la mayor potencia posible en un espacio mínimo, con un consumo moderado y un sistema de refrigeración que no convierta la consola en un avión despegando.
Prácticamente todas estas máquinas se basan en APUs o SoCs (System on Chip), es decir, un único chip que integra CPU, GPU, controladores de memoria y gran parte de la conectividad. Es la filosofía que ya conocemos de consolas de sobremesa como PS5 o Xbox Series y de portátiles ultraligeros.
En el terreno de las handheld actuales dominan las APUs de AMD Ryzen Z1 y Z2, con diferentes gamas: versiones más básicas (como algunas Go), modelos estándar Z1/Z2 y las variantes Extreme con más núcleos y unidades de cómputo. Lo que cambia de una gama a otra suele ser la arquitectura interna, el número de núcleos de CPU y GPU, la frecuencia máxima y el rango de TDP configurable (en estos dispositivos hablamos de entre 6 y 35 W como máximo).
En cuanto al almacenamiento, lo habitual es encontrar SSD M.2 en formato 2230 o 2280, exactamente igual que en portátiles y sobremesas, con capacidades que suelen ir de 512 GB a 1 TB. Casi todas las consolas permiten ampliar ese espacio mediante tarjetas microSD, algo casi imprescindible si tienes una librería grande de juegos AAA.
A nivel de memoria RAM, se han convertido en estándar los 16 GB o 24 GB de LPDDR5/LPDDR5X, con frecuencias muy altas para alimentar a la GPU integrada. En casos muy top, como la MSI Claw 8 AI+ A2VM, podemos encontrarnos con nada menos que 32 GB de RAM soldada.
El resto del equipo se completa con conectividad muy similar a la de un portátil: Wi-Fi 6E o incluso Wi-Fi 7, Bluetooth 5.x, puertos USB4/Thunderbolt, jack de audio y, en algunos modelos, varias tomas USB-C para cargar y a la vez conectar periféricos o docks externos.
Steam Deck OLED, ROG Ally X, Legion Go S y MSI Claw: ejemplos de handheld PC actuales
Para aterrizar conceptos, merece la pena repasar algunos de los modelos más representativos del mercado actual, porque ilustran muy bien la diferencia entre consola portátil clásica y handheld PC.
La Steam Deck OLED fue la evolución natural de la primera Steam Deck con pantalla LCD. Mantiene el enfoque de consola-PC cerrada de Valve, pero mejora la experiencia visual con un panel OLED de 7,4 pulgadas, resolución 1280 x 800, 90 Hz, 0,1 ms y soporte HDR. Llega a unos 1000 nits de brillo máximo y cubre en torno al 110% del espacio de color DCI-P3, lo cual es una barbaridad para un dispositivo portátil.
En su interior monta un SoC de AMD con CPU Ryzen Zen 2 de 4 núcleos y 8 hilos y una GPU RDNA 2 con 8 Compute Units, con un consumo que se mueve entre los 4 y 15 W. Trae 16 GB de RAM LPDDR5 y opciones de SSD M.2 de 512 GB o 1 TB, ampliables con microSD. Todo ello gobernado por SteamOS, que es el secreto de que, aun no siendo la máquina más potente, ofrezca una relación rendimiento/autonomía difícil de batir.
Por su parte, la ASUS ROG Ally X representa el lado Windows de la ecuación. Esta handheld PC viene con un panel IPS de 7 pulgadas Full HD a 120 Hz, unos 500 nits de brillo y soporte para AMD FreeSync Premium. El corazón es un Ryzen Z1 Extreme de 8 núcleos y 16 hilos combinado con una GPU RDNA 3 de 12 Compute Units y un TDP que va de 9 a 30 W, lo que la sitúa claramente por encima de Steam Deck en potencia bruta.
A nivel de memoria y almacenamiento, monta 24 GB de RAM LPDDR5 y un SSD M.2 PCIe 4.0 de 1 TB. Suma detalles de gama alta como altavoces con Dolby Atmos, certificación Hi-Res, USB4/Thunderbolt 4 y conectividad Wi-Fi 6E de triple banda. El precio a pagar por todo esto es una autonomía notablemente menor cuando se exprime el rendimiento, algo habitual en los handheld PC de gama alta.
La Lenovo Legion Go S sigue una idea parecida, pero apostando por una experiencia muy versátil. Ofrece un panel IPS de 8 pulgadas con resolución 1920 x 1200 y 120 Hz, hasta 500 nits y cerca del 97% de cobertura DCI-P3. Internamente también se apoya en un Ryzen Z1 Extreme, acompañado de 16 GB de RAM LPDDR5X a altas frecuencias y SSD de 512 GB o 1 TB.
Uno de sus puntos diferenciales es que permite usar Windows 11 y SteamOS en Dual Boot, y que el SSD M.2 puede cambiarse sin desmontar por completo la consola, algo muy de agradecer para ampliaciones futuras. Trae dos puertos USB4, microSD, batería de 55,5 Wh con carga rápida de 65 W y una buena dotación de controles, incluyendo más botones personalizables que muchas de sus rivales.
Por último, la MSI Claw 8 AI+ A2VM es un buen ejemplo de cómo Intel también quiere su hueco en este sector. Esta consola integra un Intel Core Ultra 7 258V con 8 núcleos y una GPU Intel Arc 140V con 16 GB de memoria y hasta 64 TOPS de potencia en IA, además de una NPU AI Boost que añade unos 47 TOPS adicionales.
Su pantalla es un panel IPS táctil de 8 pulgadas FHD+ a 120 Hz, con unos 554 nits de brillo y casi cobertura total del espacio sRGB. Sube la apuesta con 32 GB de RAM LPDDR5X y un SSD M.2 4.0 de 1 TB. Pero donde realmente destaca es en la batería de 80 Whr, que le permite superar las 4 horas de juego en modo de eficiencia, convirtiéndola en una de las handheld Windows con mejor autonomía del mercado.
Rendimiento real: qué FPS puedes esperar en una handheld
Cuando nos preguntamos por qué una consola portátil con APU tope de gama rinde menos que un portátil gaming con una RTX 4050, la explicación tiene bastante de física y bastante de diseño de producto.
En un portátil gaming convencional hay una CPU y una GPU dedicadas, cada una con su propio consumo, su sistema de refrigeración y, sobre todo, mucho más espacio para disipar calor. Esto permite trabajar con TDP elevados (80 W, 100 W, 120 W o más en GPUs móviles), que se traducen en un rendimiento muy superior, especialmente en juegos exigentes en 3D.
En un handheld PC todo se concentra en un único chip (APU/SoC), con un presupuesto térmico muy limitado. El máximo que se suele ver en estos dispositivos es un TDP de unos 35 W, y eso ya implica temperaturas elevadas, ventiladores pequeños girando rápido y un impacto brutal en la batería. Si se subiera mucho más ese consumo, habría que montar baterías gigantes y sistemas de refrigeración más voluminosos, lo que iría en contra del propio concepto de consola portátil.
Por eso, aunque sobre el papel una APU Ryzen Z1 Extreme o un Intel Core Ultra con GPU integrada sean muy capaces, no pueden competir en potencia sostenida con una RTX 4050 de portátil trabajando a 80 o 100 W. Simplemente juegan en ligas térmicas diferentes.
En la práctica, en una handheld vas a moverte, según el título y la configuración gráfica, entre 30 y 150 FPS, aunque el escenario más habitual para juegos AAA modernos será rondar los 40-60 FPS con ajustes medios o bajos y algún tipo de reescalado activado (FSR, XeSS, etc.). En juegos menos exigentes o con estética cartoon es más fácil acercarse a los 60 FPS estables.
Otro factor clave es que su pantalla suele ser de 720p o 800p (caso de Steam Deck) o 1080p en el caso de muchas handheld PC. Al tener menos resolución que un monitor 1440p o 4K, se reduce la carga sobre la GPU, lo que ayuda a mantener framerates decentes a pesar del TDP reducido.
Pantallas, controles y ergonomía: la experiencia de juego cuenta
No todo en la comparación entre consola portátil y handheld PC es potencia y FPS. La forma en que interactuamos con el juego y cómo vemos la imagen influye tanto o más en la experiencia que las especificaciones internas.
En pantallas, el gran debate es OLED vs IPS. Los paneles OLED, como el de Steam Deck OLED, ofrecen negros profundos, contraste brutal y colores muy vivos, algo que se agradece especialmente en juegos con mucha oscuridad o escenas cinematográficas. Los IPS, por su parte, suelen tener un brillo muy sólido, buena reproducción de color y, bien calibrados, ofrecen una imagen más que digna, con la ventaja de que no sufren los mismos riesgos de retenciones o quemados a largo plazo.
También hay que fijarse en la frecuencia de refresco y el brillo típico. Los 90 o 120 Hz son ideales para juegos rápidos, pero implican mayor consumo. Por eso muchos fabricantes permiten fijar la pantalla a 60 Hz cuando se busca más autonomía. En exteriores, la clave es que el panel alcance suficientes nits reales; una ficha técnica espectacular sirve de poco si luego el brillo típico se queda corto al sol.
En cuanto a controles, la inmensa mayoría de consolas y handheld PC modernas incluyen joysticks analógicos de tamaño completo, cruceta, botonera clásica A/B/X/Y, gatillos y botones superiores. Se han popularizado los joysticks con efecto Hall (que evitan el drift) y la respuesta háptica, así como la integración de giroscopio de 6 ejes para apuntar o corregir precisión en shooters.
Modelos como la Steam Deck o la Legion Go añaden además trackpads y botones traseros personalizables, lo que permite mapear funciones adicionales, atajos de teclado o acciones concretas sin levantar los dedos de los sticks. Esto se nota especialmente en juegos de estrategia o títulos que, originalmente, estaban pensados para ratón y teclado.
La ergonomía es otro punto donde se nota el paso de los años: consolas como Game Boy o PSP eran ligeras y compactas, mientras que muchas handheld PC actuales pesan 600-700 gramos o más. Son perfectamente manejables, pero el uso prolongado puede acabar cargando muñecas y brazos, algo a tener en cuenta si tu idea es jugar mucho en posición tumbada o con una sola mano sujetando el dispositivo.
Autonomía, batería y juego en movilidad real
La batería es uno de los grandes cuellos de botella del gaming portátil. Los juegos modernos consumen una barbaridad de recursos, y eso se traduce directamente en vatios que vuelan de la batería hacia la APU y la pantalla.
Las consolas portátiles diseñadas desde cero para jugar, como Nintendo Switch o las portátiles clásicas, suelen montar baterías dimensionadas para sesiones razonables, entre 3 y 6 horas en función del título y el brillo. Aun así, con juegos muy exigentes o mal optimizados la cifra puede bajar rápidamente.
En el mundo de las handheld PC Windows, el panorama es parecido pero más extremo: baterías grandes, consumos aún mayores. Dispositivos como la MSI Claw 8 AI+ con 80 Whr son capaces de superar las 4 horas en modos de eficiencia, pero si exprimimos la APU al máximo a 30-35 W en un AAA reciente, rara vez veremos más de 2-3 horas reales.
Por eso casi todos los modelos incluyen carga rápida a través de USB-C o USB4, con cargadores de 45, 65 W o más que permiten recuperar un buen porcentaje de batería en 30-40 minutos. Es un salvavidas útil, pero condiciona el uso: para sesiones largas lo normal es jugar cerca de un enchufe, sobre todo en títulos pesados.
Otro factor a considerar es que, cuando juegas en un smartphone, compartes batería con el resto de tareas del día a día: llamadas, redes sociales, mensajería, navegación. Eso significa que jugar mucho en el móvil te obliga a cargarlo más veces, algo que puede resultar molesto si dependes del teléfono para trabajo o comunicación.
En una consola portátil dedicada o en un handheld PC, en cambio, la batería solo se gasta jugando, lo que facilita separar mentalmente ambos usos. Eso sí, hay que asumir que, a nivel de pura duración, el juego intensivo siempre va a suponer un compromiso, y que hoy por hoy no existe la consola mágica que aguante 8 horas de AAA a tope de calidad en formato handheld.
Smartphones, consolas portátiles y público objetivo
Si miramos el mercado con algo de perspectiva, veremos que las consolas portátiles han perdido el trono del juego móvil frente al smartphone. Según estudios de mercado como los de Newzoo, el móvil es el dispositivo más usado del mundo para jugar, muy por encima de cualquier consola.
Marcas como Nintendo y Sony se adelantaron en su día con Game Boy, DS, PSP o PS Vita, pero el boom de los smartphones de gama media y alta, junto con los modelos gaming específicos, ha hecho que gran parte del público casual simplemente no necesite una consola portátil adicional. Con el móvil ya llevan en el bolsillo una plataforma de juego siempre disponible, con millones de títulos free to play al alcance de un toque.
Las consolas portátiles actuales se orientan cada vez más a un público entusiasta, el jugador que busca experiencias más complejas, campañas largas, juegos con profundidad mecánica y, muchas veces, acceso a títulos de PC o consolas de sobremesa en formato reducido. Es un nicho muy rentable, pero no tiene nada que ver con el usuario que echa una partida rápida en el móvil al Candy Crush o a un battle royale en el metro.
Esa diferencia de target explica por qué, por ejemplo, Nintendo Switch ha mantenido un crecimiento de ventas muy sólido desde 2017 pese al empuje de los móviles, mientras que proyectos como PSP o PS Vita acabaron perdiendo fuerza. Switch ofrece un catálogo con juegos complejos, muchas exclusivas y la posibilidad de funcionar tanto en portátil como en la tele, lo que la convierte en un híbrido muy atractivo para familias y jugadores habituales.
Al mismo tiempo, el desarrollo de juegos para smartphone se ha sofisticado mucho, con títulos que empiezan a acercarse en ambición a producciones de consolas, e incluso con ports directos de grandes franquicias. Esto difumina cada vez más la frontera entre jugar en móvil y jugar en portátil, aunque el modelo de negocio (compras in-app, publicidad, pases de batalla) siga siendo muy distinto.
¿Merece la pena una consola portátil o un handheld PC hoy en día?
Responder si compensa más una consola portátil, un handheld PC o directamente un smartphone depende por completo de tu perfil de jugador, tu presupuesto y tus hábitos de juego real, no de lo que crees que vas a hacer.
Si eres la típica persona que juega ratitos cortos en tiempos muertos, prefiere experiencias sencillas y no tiene intención de meterse en juegos largos, probablemente un smartphone con buen hardware y, como mucho, un mando externo te cubra de sobra. Tienes millones de juegos gratuitos, otros de pago barato y la ventaja de no cargar con un dispositivo extra.
Si lo tuyo son las campañas largas, los indies de calidad, la estrategia por turnos, los roguelike y los juegos de hace 5-10 años, una máquina tipo Steam Deck o similar puede ser un auténtico descubrimiento. En especial, si ya tienes una librería amplia en Steam o en otras plataformas de PC, porque pasarás de tener los juegos muertos de risa a poder jugarlos en el sofá, en la cama o en cualquier rincón de casa sin montar la “parada” del PC de sobremesa.
Para perfiles muy jugones y que quieren acceder a todo el ecosistema de PC (Game Pass, Epic, mods, emuladores, launchers varios), un handheld PC con Windows como la ROG Ally X, la Legion Go S o la MSI Claw puede ser la mejor opción. Hay que aceptar sus peajes: precio alto, autonomía justa si se aprieta el hardware y cierta dosis de “trasteo” inevitable. Pero a cambio tienes, literalmente, un PC gaming en formato portátil.
Si tu prioridad es jugar con la familia, disfrutar de exclusivos y tener una máquina fácil de usar, una consola tipo Nintendo Switch (y su futura sucesora) sigue siendo caballo ganador. No vas a tener que pensar en drivers, compatibilidades ni configuraciones avanzadas; simplemente eliges juego, lo instalas y a jugar.
Todo este ecosistema de consolas portátiles, handheld PC y móviles gaming refleja muy bien hacia dónde se ha movido el videojuego: ya no hace falta estar anclado al escritorio o al salón para disfrutar de experiencias de calidad. Cada dispositivo busca su hueco, desde el smartphone que triunfa por su comodidad hasta las handheld históricas que apelan a la nostalgia y a la vez nos hacen sentir que llevamos “lo más de lo más” tecnológico en las manos, aunque muchas veces lo que mejor corra en ellas sean, paradójicamente, los grandes juegos de hace ya unos cuantos años.
