- El GDID es un identificador persistente que vincula una instalación de Windows a un usuario, permitiendo el rastreo incluso mediante VPN.
- Su existencia salió a la luz gracias a un proceso judicial del FBI contra el grupo de hackers Scattered Spider.
- A diferencia de otros sistemas, no ofrece una opción sencilla de desactivación sin comprometer la licencia o la tienda de aplicaciones.

Seguramente creías que al usar una VPN o limpiar el historial de navegación estabas totalmente a salvo en la red, pero resulta que Microsoft tiene un as bajo la manga. Se trata del Global Device Identifier (GDID), una especie de matrícula digital que se queda pegada a tu instalación de Windows y que, básicamente, hace que tu ordenador sea reconocible en cualquier lugar del mundo.
Lo más inquietante de todo es que este mecanismo ha operado en la sombra durante años. Mientras que en móviles Android o iOS tenemos opciones claras para resetear los IDs de publicidad, en Windows este sistema ha sido un secreto guardado a siete llaves, apareciendo solo en alguna que otra línea de documentación técnica súper oscura destinada a desarrolladores de Azure Monitor.
¿Qué es exactamente el GDID y cómo se genera?
El GDID es un código único que se asigna a cada instalación del sistema operativo. No es algo que el PC calcule por su cuenta basándose en el hardware, sino que ocurre cuando vinculas el equipo con una cuenta de Microsoft. En ese momento, el servicio wlidsvc se pone en contacto con los servidores de la compañía y recibe un PUID (Passport Unique ID) que luego se almacena en el registro local del sistema.
Este valor se guarda en texto plano en la ruta HKCU\SOFTWARE\Microsoft\IdentityCRL\ExtendedProperties bajo el nombre de LID. Después, la plataforma de dispositivos conectados lo procesa y lo registra en el Directorio de Dispositivos de Microsoft, donde se le añade una letra «g» al principio para convertirlo en el formato final del GDID.
Lo que hace que este identificador sea tan problemático es su estabilidad extrema. No depende de si cambias de router o de IP, y sobrevive a las actualizaciones del sistema. Aunque hagas una reinstalación limpia de Windows, el nuevo GDID generado puede volver a vincularse al anterior si vuelves a iniciar sesión con la misma cuenta de Microsoft, creando un historial continuo de tu actividad.

El caso Scattered Spider: Cuando el GDID se convirtió en prueba judicial
Si el GDID no era público, ¿cómo sabemos que existe? Pues porque el FBI lo utilizó para pillar a un joven de 19 años llamado Peter Stokes, presunto miembro del grupo criminal Scattered Spider. Stokes era un experto en ocultar su rastro usando VPNs y proxies para atacar a una joyería de lujo, pero cometió el error de usar Windows.
Microsoft proporcionó al FBI los registros de telemetría asociados al GDID de Stokes. Esto permitió a los investigadores ver que el mismo dispositivo había visitado la página de registro de la herramienta ngrok en el segundo exacto en que se creó la cuenta del atacante. A partir de ahí, fue cuestión de unir puntos: el GDID aparecía en IPs de Estonia, Nueva York y Tailandia, coincidiendo milimétricamente con los inicios de sesión de sus cuentas de Snapchat, Apple y Facebook.
Incluso llegaron a correlacionar la ubicación del dispositivo con una foto de Snapchat donde se veía el papel pintado y la alfombra de una suite de un hotel en Nueva York. El GDID actuó como el hilo conductor que desmontó toda la arquitectura de anonimato del hacker, demostrando que una VPN es totalmente inútil si el sistema operativo está enviando una señal identificativa constante a casa.
Implicaciones para la privacidad y el control del usuario
Aquí es donde la cosa se pone fea. Para muchos expertos en ciberseguridad, que Windows haga esto sin avisar es prácticamente comportamiento de spyware. Mientras que otras marcas permiten gestionar estos IDs, en Windows no hay un botón de «desactivar». Si intentas bloquear el tráfico del GDID mediante un firewall, podrías tener problemas con la activación de la licencia o con el funcionamiento de la Microsoft Store.
Se sospecha que el sistema utiliza funciones como SmartScreen o la telemetría de Edge para registrar qué URLs visitamos y vincularlas a nuestro ID de dispositivo. Esto significa que Microsoft tiene la capacidad de saber que el dispositivo X visitó la web Y en el momento Z, creando un perfilado detallado del usuario que es casi imposible de borrar.
Para aquellos que quieran intentar reducir este rastreo, existen algunas medidas, aunque ninguna es infalible. Lo más recomendable es optar por una cuenta local en lugar de una cuenta de Microsoft, limitar al máximo los datos de diagnóstico en la configuración de privacidad y desactivar la publicidad personalizada. No obstante, para quienes necesitan un anonimato real, la única salida viable es saltar al mundo de Linux.
La realidad es que el GDID es una herramienta de vigilancia sumamente potente. El hecho de que su funcionamiento se haya revelado en un tribunal y no en un manual de usuario deja mucho que desear en cuanto a la transparencia de Microsoft. Al final, nos encontramos con que el hardware que compramos viene con una etiqueta invisible que nos sigue a todas partes, recordándonos que en el ecosistema de Windows, el concepto de privacidad es bastante relativo.
