En qué fijarse para elegir el mejor SAI o UPS

Última actualización: enero 28, 2026
Autor: Isaac
  • Calcular correctamente la potencia en VA y W, sumando consumos y añadiendo un margen del 20–30 % es clave para dimensionar bien el SAI.
  • Elegir la tecnología adecuada (Standby, line-interactive u online) depende del nivel de protección, estabilidad de la red y criticidad de los equipos.
  • La autonomía necesaria, la forma de onda senoidal y la compatibilidad con PFC activo marcan la diferencia al proteger PC potentes, NAS y servidores.
  • Conectividad, número y tipo de tomas, ruido, formato físico y mantenimiento determinan la integración real del SAI en casa, oficina o CPD.

SAI o UPS para proteger equipos

Un corte de luz en el peor momento puede arruinar horas de trabajo, corromper una base de datos o dañar un servidor que te costó un dineral. Los picos de tensión, las bajadas de voltaje o los microcortes son mucho más habituales de lo que parece, tanto en casa como en una pequeña oficina, y ahí es donde un buen SAI o UPS marca la diferencia entre seguir funcionando con normalidad o tener un buen susto.

Elegir el mejor SAI/UPS no es simplemente mirar el precio y la potencia: hay que entender qué se va a proteger, cuánta energía necesitas, qué autonomía te conviene, qué tipo de forma de onda requieren tus equipos y qué nivel de protección eléctrica es razonable para tu caso. En las siguientes secciones encontrarás una guía muy completa, basada en las características que destacan los fabricantes y las recomendaciones de expertos, pero explicada en castellano claro para que puedas decidir sin

volverte loco.

Qué es un SAI o UPS y por qué lo necesitas

Un SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) o UPS es un equipo que se coloca entre la red eléctrica y tus dispositivos para ofrecer una fuente de energía estable y continua, incluso cuando la red falla, se producen picos de tensión o hay bajadas de voltaje. En la práctica, el SAI actúa como escudo y como colchón de seguridad: limpia la señal eléctrica y, si se va la luz, alimenta temporalmente tus dispositivos con sus baterías internas.

Su función clave es dar tiempo y protección: tiempo para guardar el trabajo, cerrar aplicaciones y apagar de forma ordenada el ordenador, el servidor, el NAS o la electrónica de red, y protección frente a fluctuaciones que en silencio van acortando la vida del hardware. Evitas reparaciones caras, errores de sistema por apagados bruscos, pérdida de integridad en bases de datos y, sobre todo, tiempos de inactividad innecesarios.

En hogares y oficinas pequeñas el impacto de un SAI se nota en el día a día: te permite seguir trabajando unos minutos si el corte es breve o, si la avería va para largo, te da margen suficiente para apagar con tranquilidad. En entornos profesionales (servidores, CPD, sistemas de seguridad, bombas, calderas o equipos médicos), hablar de SAI ya no es un capricho sino un requisito básico de continuidad de servicio.

Tipos de SAI: Standby, Line-interactive y Online

Antes de mirar potencias y precios hay que tener claro qué tipo de SAI necesitas, porque no todos protegen igual ni están pensados para los mismos escenarios. A grandes rasgos, hay tres grandes familias de SAIs que verás en cualquier catálogo: Standby (u Offline), Line-interactive y Online de doble conversión.

El SAI Standby u Offline es el más sencillo y económico. Mientras la red funciona dentro de unos márgenes aceptables, tus equipos se alimentan directamente de la toma de corriente, pasando solo por un filtro básico. Cuando detecta un fallo de suministro, conmuta a batería y el inversor genera la energía de respaldo. Es suficiente para ordenadores domésticos, consolas o pequeños equipos que no sean extremadamente sensibles, aunque no corrige todas las irregularidades de la red.

El SAI Line-interactive es el más habitual en hogares, despachos y pymes. Aquí el inversor está siempre conectado a la salida, y el equipo suele integrar un regulador de tensión (AVR) que compensa caídas y subidas moderadas sin tirar de batería. Esto reduce el desgaste de las baterías y ofrece una protección más completa frente a fluctuaciones. Es ideal para PC de sobremesa, estaciones de trabajo, pequeños servidores, routers, switches y sistemas NAS.

El SAI Online de doble conversión es la gama alta en protección. Toda la energía que llega de la red se convierte de alterna a continua y de vuelta a alterna, por lo que la salida está siempre aislada y perfectamente estabilizada. La carga se alimenta continuamente desde el inversor, así que cuando la red se cae no hay tiempo de transferencia: cero microcortes. Es el sistema recomendado para entornos críticos como centros de datos, hospitales, grandes servidores, electrónica muy delicada o motores que exigen forma de onda pura y estabilidad extrema.

Cómo calcular la potencia y dimensionar bien tu SAI

El primer paso serio para elegir un UPS es dimensionar correctamente la potencia. Los SAI se clasifican por su capacidad en voltamperios (VA), que es la potencia aparente. Sin embargo, tus equipos suelen indicar el consumo en vatios (W), que es la potencia real. Para relacionar ambas magnitudes entra en juego el factor de potencia (cos φ), que en SAIs domésticos suele estar entre 0,6 y 0,7, y en equipos profesionales sube a 0,8-0,9.

La relación aproximada entre vatios y voltamperios es W = VA × factor de potencia. Si conoces el consumo en vatios de tus dispositivos, puedes estimar los VA dividiendo por el factor de potencia del SAI. Por ejemplo, un SAI de 1000 VA con factor 0,6 ofrece alrededor de 600 W reales, mientras que otro de la misma capacidad pero con factor 0,9 podría entregar hasta 900 W útiles.

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Para calcular la potencia necesaria, suma el consumo de todos los equipos que vas a conectar: torre del PC, monitor, NAS, router, switch, consola, impresora, etc. Imagina que tu ordenador consume 300 W, el monitor 50 W y el router 20 W; la suma da 370 W. Lo recomendable es añadir un margen de seguridad del 20-30 %, así que multiplicarías 370 W × 1,25 ≈ 462,5 W. En ese caso, deberías buscar un SAI que entregue, como mínimo, unos 460-500 W reales, lo que podría traducirse en unos 800-1000 VA según su factor de potencia.

Si parte del consumo está en VA y otra parte en W, puedes homogeneizar los datos. Para los dispositivos que solo indican corriente y voltaje (A y V) en su etiqueta, calcula VA = V × A y luego suma todos los valores. Para los que aparecen en W, divide por un factor de potencia de referencia (0,6 si quieres ir sobre seguro) para pasarlos a VA. Así obtendrás el consumo aparente total que deberá soportar el SAI.

No olvides contemplar consumos punta y ampliaciones futuras. Muchos equipos, sobre todo los que incluyen motores (bombas, calderas, compresores) o fuentes con PFC activo sometidas a cargas altas, pueden demandar entre 3 y 5 veces su potencia nominal al arrancar. Además, si piensas ampliar tu instalación, es más económico sobredimensionar un poco ahora que tener que cambiar el SAI entero más adelante.

SAI, enchufes y conectividad física

La potencia no sirve de nada si luego no tienes suficientes tomas donde enchufar todo. Revisa cuántos dispositivos vas a conectar realmente al SAI y busca un modelo que ofrezca ese número de salidas, dejando, si puedes, al menos una libre por si aparecen nuevos equipos. En entornos domésticos son muy habituales los SAI con 2, 3 o 4 tomas, mientras que en modelos para rack o uso profesional se encuentran bloques de salidas más amplios.

El tipo de conector también importa. Lo más frecuente en casa son las tomas Schuko (enchufe «normal» redondo), mientras que muchos SAI de gama profesional y de montaje en rack utilizan conectores IEC (como los usados en fuentes de alimentación de PC y servidores). Algunos modelos combinan ambos sistemas y añaden, además, puertos USB para alimentación de pequeños dispositivos o carga de móviles.

Otro detalle a tener en cuenta es que no todas las salidas del SAI dan respaldo de batería. Es muy común que parte de las tomas ofrezcan solo protección contra sobretensiones y filtrado, mientras que otras también van conectadas a la batería. Asegúrate de que los equipos críticos (ordenador, NAS, router, servidor) estén siempre en las salidas con batería, dejando las tomas solo con protección para periféricos menos prioritarios.

En instalaciones más complejas, la conectividad no se limita a las tomas de corriente. Algunos SAIs incorporan protección para línea telefónica, coaxial o Ethernet, así como puertos de comunicación (USB, serie, Ethernet) para poder monitorizarlos desde el ordenador, el servidor o incluso a través de la red, recibiendo avisos de fallo, informes de estado o permitiendo apagar sistemas de forma automática.

Autonomía: cuánto tiempo debe aguantar tu SAI

La autonomía es el tiempo que el SAI puede mantener tus equipos encendidos tirando solo de batería cuando la red eléctrica se cae. No existe una cifra mágica válida para todo el mundo: depende tanto del consumo conectado como de la capacidad y calidad de las baterías internas, y de la estrategia de funcionamiento que tengas en mente.

Para la mayoría de usuarios domésticos y muchas pymes, un rango de 5 a 15 minutos es suficiente. Ese margen permite guardar documentos, cerrar programas, detener servicios delicados (como bases de datos o máquinas virtuales) y apagar los equipos ordenadamente. Muchos fabricantes, para cargas bien dimensionadas, hablan de autonomías típicas de 5-10 minutos en SAIs estándar, y de hasta 20-25 minutos si el consumo es moderado.

Si tu prioridad no es solo apagar con seguridad, sino mantener el servicio activo (por ejemplo, en un servidor de correo, una centralita VoIP, un sistema de videovigilancia o un pequeño CPD), necesitarás más capacidad de batería. En estos casos se opta por SAIs de mayor tamaño, por modelos que admiten módulos de baterías externas adicionales o, directamente, por sistemas de alimentación de emergencia (EPS) que permiten elegir bancos de baterías a medida.

El tipo de batería también influye en la autonomía y la vida útil. Las baterías de plomo-ácido selladas son las más habituales por coste, pero las de iones de litio ofrecen mayor densidad energética, ciclos de carga/descarga más largos y un coste total de propiedad menor a largo plazo, aunque la inversión inicial sea más elevada. Además, muchos modelos actuales permiten que el propio usuario sustituya las baterías, alargando así la vida del SAI sin cambiar todo el equipo.

No olvides el impacto de la temperatura en las baterías. A medida que sube la temperatura ambiente, la vida útil se reduce de forma importante; por ejemplo, a 35 ºC la durabilidad puede caer en torno a un 40 %. En instalaciones de gran capacidad es recomendable instalar los bancos de baterías en un habitáculo separado, ventilado y con condiciones térmicas controladas.

Forma de onda, PFC activo y equipos sensibles

Un aspecto que muchos pasan por alto es la forma de onda que entrega el SAI cuando funciona con baterías. Los modelos más básicos suelen generar una onda simulada o escalonada, suficiente para muchos dispositivos electrónicos estándar, pero no siempre compatible con fuentes de alimentación modernas con corrección activa del factor de potencia (PFC activo) ni con determinados motores o equipos delicados.

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Las fuentes con PFC activo, muy comunes en PC gaming, estaciones de trabajo y equipos Mac (iMac, Mac Pro, Mac mini recientes) están diseñadas para ser más eficientes y reducir la potencia reactiva. Estas fuentes, para trabajar correctamente con un SAI, necesitan que la salida en modo batería sea de onda sinusoidal pura. Si las conectas a un SAI de onda simulada, puedes encontrarte con ruidos, inestabilidad o, directamente, apagados inesperados cuando salta la batería.

Algo similar ocurre con motores eléctricos, bombas y calderas modernas. Estos equipos no solo demandan picos de potencia muy altos al arrancar, sino que también agradecen o requieren una señal perfectamente senoidal para funcionar dentro de parámetros seguros. Para consumos pico hasta unos 2000 VA se pueden emplear SAIs line-interactive de salida senoidal pura; por encima de ahí o para autonomías largas, lo habitual es recurrir a modelos online.

Si en tu instalación hay servidores NAS, también conviene elegir un SAI compatible a nivel de software. Muchos NAS permiten conectarse por USB al SAI y, al detectar un corte prolongado, iniciar un apagado controlado cuando la batería baja de cierto porcentaje. Marcas como APC y CyberPower son reconocidas por la mayoría de fabricantes de NAS, pero siempre es buena idea comprobar en la web del fabricante del NAS qué modelos de SAI están oficialmente soportados.

Por último, los SAI de mayor calidad suelen ofrecer factores de potencia altos (0,8-0,9), lo que se traduce en mayor potencia real disponible con los mismos VA. Es decir, si dudas entre varios modelos de igual capacidad aparente, el que tenga un factor de potencia superior te permitirá alimentar más carga útil con la misma base de hardware.

Protección eléctrica y calidad de la energía

Uno de los grandes motivos para instalar un SAI es mejorar la calidad del suministro eléctrico que llega a tus equipos. No se trata solo de aguantar cuando se va la luz, sino de filtrar picos, caídas, ruidos y otras perturbaciones que, con el tiempo, van deteriorando fuentes de alimentación, discos, placas base y electrónica de todo tipo.

Los modelos Standby, con un buen circuito de filtrado, pueden proteger frente a sobretensiones moderadas y eliminar parte del ruido eléctrico, pero dejan pasar más variaciones de tensión que los sistemas line-interactive u online. Además, ese tipo de SAI suele tolerar desviaciones de ±20-30 % antes de cortar o conmutar, por lo que no es la solución ideal en redes muy inestables.

Los SAI line-interactive añaden el regulador AVR para estabilizar la tensión de salida dentro de márgenes mucho más estrechos, corrigiendo automáticamente las caídas frecuentes sin tirar de batería. Esto no solo protege mejor los equipos, sino que alarga la vida de las propias baterías, al evitar ciclos de carga/descarga innecesarios.

Los sistemas online de doble conversión son los que aíslan por completo la carga de la red. Al convertir la energía a continua y luego a alterna, la salida se mantiene en un valor prácticamente constante (por ejemplo, 220-230 V con una variación de apenas ±1-2 %), independientemente de las oscilaciones de entrada. Es la opción más robusta para equipamiento crítico que no puede permitirse ni el más mínimo sobresalto.

En algunas instalaciones se añade además un transformador de aislamiento a la salida del SAI. Este componente proporciona una capa adicional de protección frente a transitorios, ayuda a fijar de forma adecuada la referencia de neutro a tierra, mejora el comportamiento ante cortocircuitos en sobrecarga y facilita tareas de mantenimiento sin perturbar las cargas. Es habitual verlo en soluciones profesionales con altos requisitos de seguridad eléctrica.

Gestión, monitorización y mantenimiento del SAI

A partir de cierto nivel de exigencia ya no basta con enchufar y olvidarse: la capacidad de monitorizar el SAI, gestionar sus parámetros y recibir alertas marca un salto de calidad en la protección. Muchos modelos incluyen pantalla LCD frontal con información de entrada, salida, nivel de batería, carga conectada y estado de funcionamiento, de forma que de un vistazo sabes si todo está en orden.

En entornos profesionales es muy habitual utilizar conexiones USB, serie o Ethernet para integrar el SAI en el sistema de monitorización de la empresa. Con el software adecuado puedes ver tensiones y corrientes en tiempo real, programar apagados automáticos del servidor, recibir avisos por correo, SMS o notificaciones remotas, e incluso consultar el histórico de eventos para analizar la calidad del suministro eléctrico.

Algunos SAIs permiten el control de salidas por grupos, habilitando o desconectando ciertos enchufes de forma remota para priorizar cargas críticas cuando la batería empieza a agotarse. Otros admiten conexión redundante (serie o paralelo) para aumentar la fiabilidad en instalaciones de alta disponibilidad.

El mantenimiento periódico es clave para que el SAI responda cuando haga falta. Conviene comprobar el estado de las baterías cada cierto tiempo, realizar tests programados (muchos equipos ya los incluyen en su firmware), mantener las rejillas de ventilación limpias y, llegado el momento, sustituir las baterías desgastadas. En modelos grandes, también hay que vigilar que el habitáculo mantenga una temperatura razonable.

Un último aspecto a revisar es la certificación de calidad del fabricante. Exigir que el SAI esté fabricado bajo estándares como ISO 9001 para diseño y producción aporta un plus de garantía de que el equipo ha pasado controles estrictos y que el soporte técnico será, en principio, más sólido.

Ruido, formato físico y entorno de instalación

El ruido es uno de esos detalles que se suelen pasar por alto hasta que el SAI está al lado de tu mesa. La mayoría integran uno o varios ventiladores que varían su velocidad según la carga, si están cargando baterías, si el estabilizador AVR está activo o si están en modo batería. Los modelos online, al estar trabajando siempre con el inversor, tienden a generar más ruido que los line-interactive.

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Para puestos de trabajo, estudios de grabación o entornos donde el silencio es importante, suele recomendarse un SAI line-interactive de gama profesional, que use componentes más eficientes y ventiladores mejor dimensionados. En salas técnicas o racks de servidores, en cambio, el ruido es menos crítico y se prioriza la robustez y la capacidad de refrigeración frente al confort acústico.

El formato también influye en la elección. Existen modelos de torre compactos pensados para colocarse junto al escritorio, unidades tipo minitorre orientadas a pymes, versiones en rack para armarios de comunicaciones y sistemas modulares escalables a partir de ciertas potencias (por ejemplo, SAIs modulares que crecen de 20 en 20 kVA). Lo importante es que elijas un formato que encaje con el espacio disponible y la forma en la que gestionas el cableado.

No olvides considerar la ventilación y el acceso para mantenimiento. Un SAI embutido en un hueco sin aire ni espacio para cambiar baterías es una receta para problemas. Deja sitio alrededor para que el aire circule y puedas acceder cómodamente a las conexiones, fusibles y módulos de batería cuando toque revisarlos.

Consumos típicos y ejemplos prácticos

Para orientarte mejor, viene bien tener algunas referencias de consumo habituales. Un PC doméstico moderno de uso ofimático (navegar, Office, correo, multimedia) con monitor LED suele moverse entre 100 y 200 W. Si el equipo es más antiguo o monta componentes algo más tragones, la cifra puede subir hacia los 250-300 W.

En el caso de un PC gaming o una estación de trabajo potente, con tarjeta gráfica de gama alta y CPU exigente, es fácil superar los 400-500 W bajo carga, por lo que no se recomienda un SAI que ofrezca menos de esos vatios reales si quieres autonomía suficiente para seguir trabajando un rato y apagar con margen.

Los servidores NAS de 1 a 4 bahías suelen consumir entre 30 y 50 W, mientras que los NAS de 4 a 8 bahías en entornos más avanzados pueden moverse entre 50 y 100 W. Aunque su demanda no es alta, necesitan apagados cuidadosos, especialmente si están configurados en RAID, por lo que un SAI de 600-650 VA con batería de 12 V y 7 Ah suele ser suficiente para modelos pequeños, y uno de 800-850 VA con batería de 12 V y 9 Ah para unidades más potentes.

Los routers y ONT de fibra, por su parte, rondan los 20-25 W de consumo. Tenerlos protegidos por un SAI pequeño permite mantener la conectividad unos minutos durante un corte, lo cual es especialmente útil si trabajas desde casa y necesitas terminar una videollamada o enviar un documento urgente.

En el entorno profesional encontramos también soluciones de referencia según necesidades: SAIs sencillos tipo offline o line-interactive para puestos básicos; series con AVR y mayor autonomía para autónomos que trabajan en zonas con baja tensión frecuente; modelos para oficinas que incorporan software de apagado automático y conectividad serie o USB; equipos profesionales con largos tiempos de respaldo para servidores, y SAIs online de doble conversión para sistemas críticos con posibilidad de añadir baterías extra y redundancia.

Precio, gamas y probabilidad de acierto al comprar

A nivel de presupuesto, el rango de precios es tan amplio como las posibilidades del mercado. Para un entorno doméstico o una pequeña oficina con uno o dos equipos, es razonable moverse entre unos 60 y 150 euros para encontrar un SAI con buena relación calidad/precio, protección digna y autonomía adecuada para guardar el trabajo sin agobios.

Si buscas equipos de gama alta, con gran capacidad de protección y energía (por ejemplo, SAIs online de doble conversión con posibilidad de módulos de baterías, o sistemas con monitorización avanzada para CPD), lo normal es que el presupuesto suba por encima de los 300 euros e incluso bastante más, en función de la potencia, la tecnología, la marca y las opciones de expansión.

Marcas como APC, CyberPower, EATON, Tripp Lite o Schneider Electric cuentan con catálogos muy amplios, con líneas diferenciadas para hogar, autónomos, pymes y grandes empresas. Lo ideal es partir de tus necesidades concretas (potencia, autonomía, tipo de onda, formato) y, a partir de ahí, filtrar modelos y comparar especificaciones y opiniones de otros usuarios.

Tomando en cuenta todo lo anterior, tus opciones de acertar con el SAI adecuado son altas si dimensionas bien la potencia, eliges el tipo de tecnología correcto (Standby, line-interactive u online) para tu entorno, revisas la forma de onda en función de las fuentes de alimentación que usas y prestas atención a la autonomía y a las posibilidades de gestión. Con esos mimbres, es difícil equivocarse gravemente, aunque siempre conviene dejarse asesorar para instalaciones especialmente críticas.

En definitiva, un buen SAI es una póliza de seguro silenciosa para tus datos y tu hardware: no luce tanto como un nuevo monitor o una gráfica, pero el día que la red falle agradecerás haber invertido bien. Entender los tipos de equipos, cómo calcular la potencia, qué autonomía necesitas y qué extras de protección y monitorización te convienen te permite tomar una decisión informada, minimizar sustos y asegurar que tus sistemas siguen funcionando cuando la electricidad decide darte un susto.

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