Guía completa para elegir el mejor cable de red Ethernet

Última actualización: enero 7, 2026
Autor: Isaac
  • Elige la categoría de cable (Cat5e, Cat6, Cat6a, Cat7, Cat8) según la velocidad y distancia que necesites en tu red.
  • Valora el tipo de apantallamiento (UTP, FTP, STP, S/FTP) en función del entorno y las interferencias electromagnéticas.
  • La calidad del cobre, los conectores y la instalación influyen tanto como la categoría en el rendimiento final.
  • Para la mayoría de hogares basta con Cat6, mientras que en oficinas y redes exigentes es recomendable apostar por Cat6a o superior.

Guía cable de red

Si quieres una conexión rápida y estable, tarde o temprano tendrás que plantearte qué cable de red Ethernet elegir y por qué uno rinde mejor que otro. Por fuera casi todos parecen iguales, pero por dentro cambian la velocidad, la capacidad, el apantallamiento y hasta la calidad del cobre, y todo eso se nota en la experiencia diaria.

A lo largo de esta guía completa vas a ver qué tipos de cables de red existen, qué categorías hay, cómo influyen la distancia, el blindaje y el entorno, y qué deberías comprar en función de si es para casa, gaming, oficina o un centro de datos. La idea es que termines de leer y tengas clarísimo qué cable te conviene, sin comerte demasiado la cabeza con tecnicismos, pero sin perder detalle importante.

Qué es un cable de red Ethernet y por qué sigue siendo tan importante

Un cable de red Ethernet es, simplificando, un conjunto de ocho hilos de cobre trenzados en cuatro pares, protegidos por una cubierta plástica y, en algunos modelos, por láminas o mallas metálicas internas. En sus extremos lleva casi siempre el conector estándar RJ45, con ocho contactos metálicos (8P8C) que sirven para transportar los datos mediante impulsos eléctricos entre router, switch, ordenador, tele, consola, NAS y demás equipos.

Este tipo de cable se usa para llevar la conexión desde el router hasta los dispositivos con más velocidad, estabilidad y menos latencia que por WiFi. Es lo que se suele usar para conectar un PC de sobremesa, un servidor, un NAS o una smart TV directamente a la red, y también para las instalaciones internas de una vivienda u oficina con tomas Ethernet en diferentes habitaciones.

Elegir bien no es un capricho: si no sabes qué cable de Ethernet necesitas, y tu cable solo aguanta 100 Mbps, estarás tirando a la basura buena parte del ancho de banda que pagas. Al router le llega toda la velocidad, sí, pero el cuello de botella pasa a ser el propio cable, y adiós a las descargas rápidas y al streaming fluido en los equipos conectados por cable.

Además de la velocidad, también influyen factores como la frecuencia que soporta el cable, la calidad del trenzado, el tipo de apantallamiento y la longitud total. A medida que el cable es más largo, la señal se va atenuando y el ruido eléctrico tiene más oportunidades para colarse, sobre todo si el entorno está lleno de cables de corriente, motores, transformadores o equipos electrónicos potentes.

Categorías de cables Ethernet y velocidades que soportan

Los cables Ethernet de par trenzado se agrupan en categorías (Cat5e, Cat6, Cat6a, Cat7, Cat7a, Cat8, etc.). Cada categoría marca la velocidad máxima, el ancho de banda en MHz y las condiciones de distancia en las que ese cable va a funcionar como debe según el estándar Ethernet 802.3.

En la práctica, todas las categorías habituales comparten una limitación clara: la longitud máxima de un tramo Ethernet estándar es de 100 metros (contando latiguillos y tramo fijo). Lo que cambia entre categorías no es esa distancia, sino la velocidad que se puede mantener sin errores ni pérdidas apreciables dentro de esos 100 metros.

A grandes rasgos, y resumiendo lo más relevante para una instalación moderna:

  • Cat5e: pensado para 1 Gbps (1000BASE-T). Con el estándar NBASE-T puede alcanzar hasta 2,5 Gbps (2.5GBASE-T) de forma oficial y, en condiciones muy buenas, hasta 5 Gbps en tramos cortos y de calidad. Es el cable “barato y cumplidor” de muchas instalaciones domésticas.
  • Cat6: diseñado para 1 Gbps en 100 metros y hasta 10 Gbps (10GBASE-T) en distancias de unos 37 m con diafonía desfavorable o 55 m si el cableado está muy cuidado. Con NBASE-T, 5 Gbps a 100 m sin problemas. Mejora bastante el margen frente al ruido respecto a Cat5e.
  • Cat6a: evolución directa de Cat6, con ancho de banda de 500 MHz y capacidad para 10 Gbps a 100 metros de forma continuada. Suele venir apantallado (S/FTP o similares) y está pensado para entornos exigentes: oficinas grandes, centros de datos, servidores, redes 10G bien dimensionadas.
  • Cat7: sube la frecuencia a 600-1000 MHz, siempre con apantallamiento muy robusto (normalmente S/FTP). Permite 10 Gbps a 100 m e incluso, en algunos cables específicos y tramos cortos, velocidades de hasta 40 Gbps. Aunque el estándar original preveía el uso de conectores GG45 o TERA, en la práctica muchos cables Cat7 que se venden son compatibles con RJ45.
  • Cat7a: una mejora sobre Cat7 que aporta hasta un 50 % más de ancho de banda global, pensado para aplicaciones muy específicas (hasta 40 Gbps a 50 m). Es caro, poco extendido y con poco hardware que lo aproveche realmente.
  • Cat8: la “bestia” del cobre. Admite hasta 25-40 Gbps en tramos de unos 30 metros con 2000 MHz de ancho de banda. Es ideal para centros de datos y enlaces muy rápidos entre equipos próximos. Para distancias largas, en ese rango de velocidad, suele ser mejor pasar directamente a fibra óptica o cables DAC; si quieres profundizar sobre qué cable de Ethernet es más rápido, esa guía lo detalla.

En paralelo, los estándares Ethernet que aprovechan estas categorías también ponen sus propias condiciones de distancia: por ejemplo, 1000BASE-T y 2.5GBASE-T permiten 100 m con Cat5e o superior, 5GBASE-T exige al menos Cat6 para 100 m, y 10GBASE-T necesita como mínimo Cat6a para llegar a esos 100 m con garantías.

Tipos de apantallamiento: UTP, FTP, STP y S/FTP

Además de la categoría, los cables se diferencian por el tipo de protección electromagnética de sus pares internos, lo que conocemos como apantallamiento o blindaje. En redes domésticas muchas veces se pasa por alto, pero en instalaciones largas o entornos ruidosos marca la diferencia. Si necesitas más detalle sobre tipos, clases y apantallamientos de cables Ethernet, tienes una guía dedicada.

Podemos encontrarnos varios formatos habituales:

  • UTP (Unshielded Twisted Pair): par trenzado sin ningún blindaje adicional. Es el tipo de cable más común en viviendas y pequeñas oficinas por su bajo precio, facilidad de instalación y buena relación rendimiento/coste. El propio trenzado ayuda a reducir interferencias, pero es el más vulnerable frente a ruido electromagnético intenso y no es el ideal para ir pegado a cables de alta tensión o motores.
  • FTP (Foiled Twisted Pair): cada par sigue sin blindaje individual, pero hay una lámina metálica envolviendo el conjunto de los cuatro pares. Esa pantalla global reduce bastante las interferencias externas y la diafonía entre cables que discurren juntos. Es un paso intermedio muy interesante cuando el entorno es algo ruidoso pero no extremo.
  • STP (Shielded Twisted Pair): en este caso cada par trenzado lleva su propia lámina o malla de blindaje, que protege específicamente cada par del ruido externo y del acoplamiento con los demás. Su rendimiento es mejor en instalaciones complicadas, pero el cable suele ser más rígido y caro.
  • S/FTP (Shield Foiled Twisted Pair): combina lo mejor de los dos mundos: cada par va apantallado individualmente y, además, todo el conjunto lleva un blindaje global extra. Es el esquema típico en Cat6a y superior, ofrece la máxima inmunidad a interferencias y es la opción ideal para tiradas largas o entornos industriales, a costa de mayor rigidez y precio.
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Todo este apantallamiento funciona, básicamente, como una jaula de Faraday que evita que las interferencias entren o salgan del cable. Su eficacia depende del grosor del blindaje, del tipo de pantalla (malla, lámina, combinación de ambas), de la continuidad a lo largo del cable y de una correcta conexión a tierra cuando procede. No siempre tiene sentido montar el cable “más blindado de la tienda”: en muchas casas un buen UTP Cat6 es más que suficiente, mientras que en una nave industrial o en un cuadro eléctrico con mucha electrónica es casi obligatorio irse a FTP o S/FTP.

Diferencias entre cables planos, cruzados y el auto MDI/MDIX

Además del apantallamiento, suele haber confusión con los términos “cable plano” y “cable cruzado”. En el lenguaje actual, un “cable plano” suele referirse al que lleva la misma asignación de colores en ambos extremos según la norma T568B (la más usada hoy en día).

Un cable cruzado clásico es aquel en el que un extremo se crimpa según T568A y el otro según T568B. Esto se hacía antes para conectar directamente dos dispositivos del mismo tipo (por ejemplo, dos ordenadores o dos switches) sin pasar por un equipo intermedio que hiciera el cruce de pares; si quieres profundizar sobre cuándo usar un cable de red cruzado, esa entrada lo explica.

La buena noticia es que prácticamente todo el hardware moderno (tarjetas de red, routers, switches, puntos de acceso) incorpora auto MDI/MDIX, una función que detecta automáticamente si el cable está cruzado o no y hace el ajuste internamente. Traducido: para el usuario actual, ya no hace falta complicarse comprando o fabricando cables cruzados, con un cable “normal” (T568B en ambos extremos) todo funciona.

En cualquier caso, los dos extremos de un mismo cable deben respetar el mismo orden de colores si es recto, o A en un lado y B en el otro si se buscara un cruce clásico. Un mal crimpado (pares mezclados, hilo mal colocado, pelado excesivo) es una de las causas más típicas de problemas de conexión o de que un cable supuestamente Cat6 se comporte como si fuera de categoría inferior.

Ventajas e inconvenientes del cable Ethernet frente al WiFi

Con tantas redes inalámbricas potentes, es normal preguntarse si merece la pena seguir tirando cable. La respuesta corta es que sí, porque un buen cable Ethernet sigue ganando en varios frentes clave.

Por el lado positivo, una conexión por cable ofrece mayor velocidad real, menos latencia y mucha más estabilidad. Ideal para jugar online, hacer videoconferencias serias, emitir en streaming, trabajar con archivos pesados o usar servicios en la nube sin sobresaltos; para ejemplos de dispositivos que debes conectar por cable puedes consultar esa guía.

Por otra parte, un único cable de red dedicado a un equipo permite aprovechar al máximo el ancho de banda contratado sin que te penalicen las pérdidas típicas del WiFi. Aunque las nuevas generaciones inalámbricas (WiFi 6, WiFi 6E, WiFi 7) han recortado muchísimo la distancia, en un uso intensivo un buen cable sigue yendo un paso por delante.

En la parte menos agradable están los inconvenientes obvios: el cableado limita la movilidad, obliga a tener tomas o latiguillos donde quieras conectar algo, afea un poco si se ve por medio del salón y, además, muchos dispositivos modernos ni siquiera traen puerto Ethernet (móviles, tablets, sticks HDMI, altavoces inteligentes…). También es fácil que un portátil ultraligero venga sin RJ45 por una simple cuestión de grosor, obligando a recurrir a adaptadores USB o bases.

En resumen, el cable Ethernet no compite contra el WiFi, se complementa: para conexiones críticas o para la “columna vertebral” de una red, lo más sensato sigue siendo el cable; para movilidad y dispositivos pequeños, WiFi manda.

Cómo diferenciar las categorías de los cables y el papel del color

Cuando ves un montón de cables colgando detrás de un router, lo primero que llama la atención suele ser el color. Sin embargo, el color de la funda no tiene ninguna influencia en el rendimiento: solo sirve para organizarse mejor (un color para la red principal, otro para las cámaras, otro para la voz, etc.).

Lo realmente importante viene impreso en la cubierta del cable, normalmente en forma de texto repetido cada cierto tramo donde se indica la categoría (Cat5e, Cat6, Cat6a, Cat7, Cat8), el tipo de apantallamiento y, a veces, hasta el fabricante y la normativa de reacción al fuego. Ese marcado también aparece en el propio embalaje cuando compras latiguillos ya hechos; si dudas sobre el orden de los colores para el cable de red, hay una guía práctica.

La clave, por tanto, es acostumbrarse a buscar en el propio cable la inscripción de categoría y no fiarse del aspecto externo. Un latiguillo fino, corto y de colores vivos puede ser tranquilamente un Cat5e barato que limita tu conexión a 1 Gbps, mientras que un cable algo más grueso y discreto puede ser un Cat6a o Cat7 preparado para 10 Gbps sin despeinarse.

Si estás renovando instalación o montando algo nuevo, compensa tener claro qué categoría te interesa, porque la diferencia de precio entre Cat5e y Cat6 suele ser pequeña, y a partir de ahí te garantizas mejor rendimiento y más margen de futuro.

Relación entre longitud, estándares Ethernet y pérdidas de rendimiento

Todos los estándares 802.3 definen distancias máximas por tramo de cobre de 100 metros, pero eso no significa que todos los cables sean iguales en la práctica ni que siempre sea buena idea ir al límite.

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Algunos casos típicos:

  • 1000BASE-T (1 Gbps): cualquier cable Cat5e o superior debería aguantar 1 Gbps hasta 100 m si está en buenas condiciones y bien instalado.
  • 2.5GBASE-T: permite 2,5 Gbps a 100 m sobre Cat5e o superior. Muy útil en redes Multigigabit que quieren exprimir el cableado existente.
  • 5GBASE-T: oficialmente exige Cat6 para 100 m. Con Cat5e de buena calidad, en tramos cortos y con poca interferencia, se puede llegar a 5 Gbps, pero no es algo garantizado.
  • 10GBASE-T (10 Gbps): para 100 m la recomendación es Cat6a o mejor. Con Cat6 se puede llegar a 37-55 m según la diafonía y la calidad del tendido, pero conviene verificarlo con un tester profesional.

Cuando una instalación supera los 100 m por fuerza mayor (por ejemplo, entre edificios) se recurre a switches intermedios, repetidores específicos o se baja la velocidad (hay switches que permiten 10 Mbps hasta 250 m para videovigilancia, por ejemplo). Si el proyecto exige distancias aún mayores y mucho ancho de banda, el salto natural es al cableado de fibra óptica.

En entornos reales, además de la distancia pura, influyen detalles como qué tan doblado está el cable, cuánto comparte tubo con otros cables, el tipo de cobre, la calidad de los conectores y el crimpado. Todo suma o resta margen hasta que empiezan los errores, las desconexiones o la caída de velocidad.

Cableado por metros: bobinas, conectores y herramientas necesarias

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Si en lugar de comprar latiguillos prefabricados decides montar tu propio cable de red a medida, vas a necesitar tres cosas básicas: cable en bobina, conectores adecuados y herramientas de crimpado y comprobación.

Lo primero es elegir bien la bobina. Aquí entran dos decisiones clave: la categoría (Cat6, Cat6a, Cat7, etc.) y el tipo de apantallamiento (UTP, FTP, S/FTP). A mayor categoría y más blindaje, más caros serán los metros, pero también tendrás más garantías de que funcionará sin problemas a 10 Gbps o más en el futuro.

Para un hogar medio, una bobina de Cat6 UTP suele ser la opción más equilibrada: buena velocidad, fácil de pasar por tubos y precio controlado. Si quieres ir un paso más allá y dejar la casa preparada para redes 10G con tiradas largas, puedes apostar por Cat6a FTP o incluso Cat7 S/FTP, sabiendo que serán cables más rígidos y algo más duros de instalar en tubos corrugados estrechos.

En cuanto a los conectores RJ45, no todos valen para todo. Hay conectores UTP sencillos para cables Cat5e/Cat6, conectores blindados para cables FTP y modelos específicos para Cat6a/Cat7, que suelen ser más voluminosos y caros. Es importante que el conector esté pensado para el diámetro y la estructura del cable que vas a usar.

Por último, necesitarás una crimpadora compatible con el tipo de conector que uses y, muy recomendable, un tester de cables que te diga si todos los hilos están bien conectados y en orden. Si montas muchos cables, una crimpadora de gama media/alta y un buen comprobador se amortizan rápido en tiempo y en disgustos.

Factores de calidad: pureza del cobre, materiales y normativa de seguridad

No todos los cables que ponen en la funda “Cat6” están cortados por el mismo patrón. Uno de los aspectos que más se suele escatimar en los productos baratos es la calidad y pureza del cobre. Muchos cables económicos usan conductores de aluminio recubierto de cobre (CCA) en lugar de cobre puro (CU).

El problema del CCA es que tiene peor conductividad, se calienta más, se oxida distinto y es menos estable ante cambios de temperatura. Todo eso se traduce en mayor pérdida de señal, especialmente en tiradas largas y a altas frecuencias, lo que puede provocar que un cable etiquetado como Cat6 no alcance en la práctica las velocidades y distancias que promete el estándar.

Un conductor de cobre casi puro (por ejemplo, 99,9 % libre de oxígeno) ofrece mejor rendimiento, menor atenuación y más estabilidad a lo largo de los años. No es casualidad que se utilice también en cables de audio de alta gama, altavoces de estudio y auriculares profesionales.

A nivel de seguridad, la normativa europea ha ido endureciendo las exigencias sobre reacción al fuego, emisión de humos y gases tóxicos. Muchos fabricantes especifican ya en la funda la clase de reacción al fuego (CPR), y las obras nuevas o reformas suelen exigir cables de baja emisión de humos y halógenos, sobre todo en edificios públicos o zonas con mucha ocupación.

También conviene cuidar la calidad de los plásticos de la cubierta y los conectores. Los cabezales RJ45 muy básicos se rompen con más facilidad, se enganchan o acaban con la pestaña partida a la mínima. Un buen latiguillo, con funda flexible y conectores robustos, soporta mejor que lo pisen, lo muevan o lo doblen a diario.

Qué cable de red elegir según el uso: hogar, gaming, oficina y largas distancias

A la hora de la verdad, lo que más ayuda es tener casos de uso claros y ver qué categoría encaja mejor en cada uno. No todo el mundo necesita Cat8, pero tampoco tiene sentido ahorrar unos céntimos por metro y luego quedarse corto en pocos años.

Para un uso doméstico típico (navegar, streaming, videollamadas, algo de teletrabajo) un cable Cat5e o, mejor aún, Cat6 UTP es más que suficiente. Ambos permiten 1 Gbps a 100 m sin problemas, y las operadoras, en la mayoría de casos, siguen ofreciendo 1 Gbps como tope residencial “masivo”. Si quieres profundizar sobre qué tipo de cable se usa para Ethernet según el caso, esa entrada lo detalla.

Si eres de los que juega mucho online, hace streaming o mueve archivos grandes dentro de la red local, tiene sentido apuntar más alto. Cat6 o Cat6a son las mejores opciones para gaming y uso intensivo, ya que ofrecen mejor margen de ancho de banda, menos diafonía y la posibilidad de saltar a 2,5/5/10 Gbps cuando cambies de router o de tarjeta de red.

En un entorno profesional con mucho tráfico de datos (oficinas grandes, departamentos de diseño, estudios de vídeo, pymes con servidores internos), lo lógico es irse directamente a Cat6a para el cableado estructurado. Te garantiza 10 Gbps en cualquier toma de la oficina a 100 m vista, con un nivel de apantallamiento muy competente.

Para enlaces más específicos o instalaciones muy exigentes (salas de servidores, CPDs, entornos industriales con mucha interferencia), tiene sentido plantearse Cat7, Cat7a o incluso Cat8, siempre que el hardware de red lo justifique. Y en cuanto la distancia o las necesidades de velocidad se dispare, el siguiente escalón natural es la fibra óptica monomodo o multimodo.

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UTP frente a cables apantallados (FTP/STP/S/FTP): cuándo elegir cada uno

Una de las dudas más comunes es si merece la pena pagar el extra de un cable apantallado. La respuesta es depende totalmente del entorno por donde va a pasar el cable.

En viviendas modernas, donde el cableado de red viaja por su propio tubo corrugado separado de la electricidad y la distancia no es exagerada, un buen UTP Cat6 funciona perfectamente. No suele haber fuentes de interferencia potentes y el trenzado interno ya reduce bien las perturbaciones.

En cambio, en edificios antiguos, naves industriales, salas con mucho equipamiento eléctrico, ascensores, motores o transformadores cerca, el ruido electromagnético sube varios enteros. En esas situaciones, un cable FTP o S/FTP tiene muchísimo sentido, porque la pantalla metálica global o individual de los pares se encarga de “apagar” buena parte de esas interferencias antes de que lleguen a la señal útil.

Hay que tener también en cuenta que un cable muy apantallado es más grueso y rígido, y que su instalación por tubos estrechos se complica. Además, para aprovechar bien ese blindaje muchas veces conviene usar conectores RJ45 blindados y una correcta puesta a tierra, sobre todo en instalaciones profesionales, algo que añade un punto extra de complejidad.

En resumen, si vas a cablear tu casa desde cero y los tubos no son un drama, es razonable apostar por Cat6 UTP para algo sencillo o Cat7 S/FTP si quieres una red 10G “a prueba de futuro”. En entornos industriales o con muchas interferencias, mejor ir directamente a S/FTP desde el principio.

Instalación de cables de red: recorrido, paso por tubos y crimpado

Montar una red cableada no es brujería, pero sí conviene seguir unos pasos lógicos para no volverse loco. Lo primero es estudiar el recorrido: desde el router o el armario de comunicaciones hasta cada toma de red que quieras en habitaciones, salón, despacho, etc. Si necesitas una guía paso a paso, consulta cómo hacer una conexión de red Ethernet.

A partir de ahí, toca medir distancias con cierta holgura (siempre es preferible dejar algo de cable de sobra para maniobrar que quedarse corto), tener claro por qué tubos va a circular la guía pasacables y localizar registros, cajas de empalme y el posible PAU (punto de acceso de usuario) donde se centraliza el cableado en muchas viviendas nuevas.

Con la guía pasacables introducida, se encinta firmemente el cable a la guía y se tira con cuidado hasta que el extremo salga por el otro lado. Una vez pasada la “manguera” a todos los puntos necesarios, llega el momento de crimpar los conectores RJ45 o preparar los módulos de las rosetas, respetando siempre el mismo código de colores (T568B suele ser el estándar de facto).

Tras crimpado, es muy buena idea comprobar cada enlace con un tester, aunque sea uno sencillo, para asegurarse de que no hay hilos cruzados, rotos ni pares intercambiados. Si algo falla, muchas veces basta con volver a crimpar el conector; si el problema persiste, quizá el cable haya sufrido un pellizco o un pliegue demasiado brusco en el recorrido.

En edificios comerciales o grandes oficinas, a todo esto se suman prácticas recomendadas como usar bandejas o canaletas para la gestión de cables, respetar radios de curvatura amplios, documentar el recorrido y numerar los puertos, facilitando luego el mantenimiento y las ampliaciones.

Tipos de cable de red más allá del par trenzado: coaxial y fibra óptica

Aunque el protagonista de casi todas las redes locales sea el par trenzado de cobre, no hay que olvidar que coexisten otros tipos de cable relevantes: coaxial y fibra óptica.

El cable coaxial está formado por un conductor central, un dieléctrico aislante, una pantalla metálica y una cubierta externa. Ofrece muy buena inmunidad a interferencias y un ancho de banda generoso, por lo que se ha utilizado y se sigue utilizando para televisión por cable, ciertas conexiones de Internet y sistemas de radiofrecuencia. En muchas instalaciones antiguas sigue presente y, en algunos casos, se reutiliza para servicios de datos.

La fibra óptica, por su parte, utiliza pulsos de luz en lugar de impulsos eléctricos. Hay dos grandes familias: monomodo (SMF), con un único modo de propagación y distancias muy largas (decenas de kilómetros), y multimodo (MMF), para distancias más cortas dentro de edificios o campus. Sus ventajas son evidentes: velocidades brutalmente altas, muy baja atenuación, inmunidad total a las interferencias electromagnéticas y posibilidad de crecer en ancho de banda sin cambiar el soporte físico.

Por eso, en centros de datos y grandes redes corporativas, lo habitual es que el “troncal” vaya por fibra y desde ahí se reparta a cobre (Cat6a, Cat7, etc.) en los últimos metros hasta los equipos finales. De esta forma se combina la versatilidad del RJ45 con la capacidad de la fibra para largos recorridos y grandes flujos de datos.

Elegir el mejor cable de red para tu caso concreto

Llegados a este punto, se puede resumir la decisión en unas cuantas preguntas clave: ¿qué velocidad necesitas hoy?, ¿qué esperas necesitar en 5-10 años?, ¿qué distancias vas a cubrir y en qué entorno?

Si estás montando una red doméstica sencilla, con conexión de hasta 1 Gbps y distancias normales de habitación a habitación, Cat6 UTP es la jugada ganadora en relación calidad/precio. Si la instalación es nueva y quieres dejarla preparada para 10 Gbps más adelante, Cat6a o Cat7 ganan puntos, sabiendo que el coste sube pero también la vida útil del cableado.

En oficinas y empresas donde ya se plantean redes Multigigabit o hay previsión de crecimiento, lo razonable es que el cableado estructurado mínimo sea Cat6a S/FTP, incluso si al principio solo se aprovecha 1 Gbps. Y siempre que la distancia, el entorno o la velocidad requerida lo exijan, habrá que valorar fibra óptica para los troncales y enlaces críticos.

Sea cual sea tu caso, lo importante es que elijas una categoría acorde con tus necesidades, un buen nivel de calidad en cobre y conectores, y un tipo de apantallamiento adecuado al entorno. Con eso bien atado, el cable de red dejará de ser un cuello de botella y pasará a ser el mejor aliado para que tu conexión rinda como debe.

tipos, clases y apatallamientos de cables Ethernet
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