Historia y Evolución de la Disquetera y los Disquetes

Última actualización: junio 29, 2026
Autor: Isaac
  • Surgieron en los años 70 como la primera solución viable de almacenamiento portátil para microcódigo y datos.
  • Evolucionaron a través de tres tamaños principales: 8, 5¼ y 3½ pulgadas, aumentando la densidad de datos en cada salto.
  • Fueron desplazados progresivamente por la llegada de los CD-ROM, los discos Zip y la posterior democratización de las memorias USB.

Disquetes informáticos

Si alguna vez has visto un icono de «guardar» en un programa de ordenador, seguramente te hayas preguntado qué es ese cuadrado extraño. Pues bien, estamos hablando del disquete, un soporte de almacenamiento magnético que fue el rey absoluto antes de que existieran los unidades USB y la memoria flash o la nube. Básicamente, consistía en un disco flexible magnetizable encerrado en una carcasa plástica, diseñado para mover datos de una máquina a otra o guardar archivos importantes.

Para que este disco funcionara, hacía falta la disquetera, que no es otra cosa que la unidad lectograbadora encargada de interpretar la información. Aunque hoy nos parezca una reliquia, en su día fueron una auténtica revolución que permitió a los usuarios dejar de depender de cintas pesadas o tarjetas perforadas, facilitando enormemente la distribución de software y las copias de seguridad en el hogar y la oficina.

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El nacimiento y los gigantes de 8 pulgadas

Todo empezó a gestarse en 1967, cuando IBM se puso manos a la obra en San José, California. El objetivo era crear un método económico y sencillo para cargar microcódigo en los sistemas System/370. Según algunas fuentes, el Dr. Yoshiro Nakamatsu tuvo un papel clave en la invención, aunque finalmente la licencia terminó en manos de IBM, donde David L. Noble terminó de pulir el diseño de lo que entonces llamaron disco de memoria.

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El primer modelo comercial salió a la luz en 1971. Estos ejemplares tenían un diámetro de 8 pulgadas (unos 20 cm) y eran bastante rudimentarios. Al principio, su capacidad era ridículamente pequeña, apenas unos 80 KB, aunque con el paso del tiempo y las mejoras técnicas, lograron alcanzar los 1,2 MB. Eran discos muy flexibles protegidos por una funda de papel o plástico, lo que los hacía sumamente vulnerables a la suciedad y a los campos magnéticos.

La era dorada del formato 5¼ pulgadas

A medida que la informática avanzaba, se hacía evidente que el formato de 8 pulgadas era demasiado aparatoso. Así que, en 1976, Shugart Associates lanzó al mercado el disquete de 5¼ pulgadas. Este cambio fue un éxito total porque era más barato y manejable, lo que permitió que se convirtiera en el estándar para los primeros ordenadores personales como el Commodore 64, el Apple II y los primeros IBM PC.

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Aunque seguían siendo discos flexibles dentro de una funda plástica, su capacidad evolucionó desde los 110 KB iniciales hasta llegar a los 1,2 MB en las versiones de alta densidad. A pesar de su popularidad, seguían siendo bastante delicados; cualquier mota de polvo o un doblez accidental podían dejar el disco totalmente inservible, lo que obligaba a los usuarios a ser extremadamente cuidadosos.

La revolución del formato 3½ pulgadas y la densidad

El gran salto en durabilidad llegó en 1981 cuando Sony desarrolló el formato de 3½ pulgadas. La gran diferencia era que ahora el disco magnético iba protegido por una carcasa rígida de plástico, lo que evitaba que se doblaran y los hacía mucho más resistentes al transporte. Además, incluían una pestaña deslizante que permitía bloquear la escritura para no borrar datos por error.

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En cuanto a la capacidad, este formato pasó por varias etapas: primero la densidad doble (DD) con 720 KB y, en 1987, el famoso estándar de alta densidad (HD) con 1,44 MB, que se convirtió en el icono mundial del almacenamiento. Incluso existieron versiones de densidad extra alta (ED) que llegaban a los 2,88 MB, aunque estas no cuajaron mucho porque justo en ese momento empezaban a ganar terreno los CD-ROM y las unidades Zip.

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Es curioso mencionar que existía un truco entre los usuarios: se podía engañar a la disquetera perforando un agujero en un disco de baja densidad para que el sistema lo reconociera como alta densidad y así intentar aprovechar más espacio, aunque era un proceso arriesgado.

Comparativa técnica y declive tecnológico

Si comparamos un disquete con un disco duro de la época, la diferencia era abismal. Mientras que un disco duro era fijo y costoso, el disquete era barato y portátil. Sin embargo, en velocidad no había color; la transferencia de datos de un disquete era lentísima, moviéndose en miles de caracteres por segundo, frente a los millones que manejaba un disco duro.

  • Capacidad: Los disquetes se quedaron estancados en pocos megabytes, mientras que los discos duros saltaron a los gigabytes.
  • Seguridad: El disco duro era mucho más fiable, mientras que el disquete podía corromperse por la humedad o la electricidad estática.
  • Costo: El disquete era la opción económica para mover archivos pequeños rápidamente.

A finales de los 90, la industria intentó salvar el formato con el SuperDisk (LS-120), que ofrecía 120 MB y era compatible con los discos estándar. Fue un intento valiente, pero llegó tarde. La expansión de internet, las redes Ethernet y la llegada masiva de las memorias flash USB hicieron que la disquetera pasara a ser un estorbo en el chasis de los ordenadores.

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Apple fue pionera en decir basta al eliminar la disquetera en la iMac en 1998. Poco a poco, Dell y otros fabricantes siguieron la misma senda. El clavo final en el ataúd llegó en 2011, cuando Sony, uno de los últimos fabricantes, cesó la producción de estos soportes, marcando oficialmente el fin de una era.

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Aun así, durante años se mantuvieron en algunas BIOS de placas base por su utilidad como discos de arranque en emergencias, ya que no requerían controladores complejos para ser detectados. Hoy en día, quien quiera usar uno debe comprar una unidad externa conectada por USB, que se venden en sitios como Amazon, principalmente para coleccionistas o gente que necesita rescatar datos de discos antiguos.