Limitaciones de RAM en Apple Silicon para gaming

Última actualización: marzo 14, 2026
Autor: Isaac
  • La memoria unificada de Apple Silicon es muy eficiente, pero 8 GB resultan insuficientes para gaming moderno y multitarea intensa.
  • En juegos exigentes y motores como Unreal Engine 5, incluso 16 GB provocan uso intensivo de swap y caídas fuertes de FPS.
  • Ampliar a 16 o 24 GB mejora notablemente la experiencia, pero encarece mucho el Mac frente a un PC gaming equivalente.
  • Los Mac siguen sin estar orientados al jugador exigente, que obtiene mejor rendimiento y catálogo con un PC gaming Windows.

Mac con Apple Silicon jugando

Si te estás planteando comprar un Mac con Apple Silicon para jugar, seguro que te ronda la cabeza la misma duda que a mucha gente: ¿hasta qué punto la memoria RAM (memoria unificada) limita el rendimiento en juegos? Con tanta publicidad sobre lo eficientes que son los chips M de Apple, es normal pensar que con 8 o 16 GB debería bastar para casi todo… pero la realidad, sobre todo en gaming, es bastante más matizada.

En los últimos años se han ido acumulando pruebas, comparativas y experiencias reales que apuntan a un mismo sitio: los Mac con Apple Silicon funcionan muy bien en tareas para las que están optimizados, pero se quedan cortos de memoria en juegos exigentes, especialmente en títulos modernos con motores como Unreal Engine 5, o en partidas muy avanzadas con muchos datos en memoria. Vamos a ver en detalle por qué pasa esto, qué diferencias hay entre 8, 16 y 24 GB de RAM unificada y qué puedes esperar realmente si quieres usar un Mac para jugar.

Memoria unificada en Apple Silicon: por qué “no es la RAM de antes”

Cuando Apple dio el salto de los procesadores Intel x86 a sus propios chips Apple Silicon basados en ARM, no solo cambió la arquitectura del procesador: también cambió radicalmente la forma en la que la memoria se integra en el sistema. En lugar de usar módulos de RAM separados, estos chips usan memoria unificada soldada junto al SoC y compartida entre CPU, GPU y otros componentes.

Columnistas especializados en Apple, como Jason Snell en su día, explicaron que con esta arquitectura 8 GB de memoria unificada en Apple Silicon pueden rendir mejor que 8 GB de RAM tradicional en un Mac con Intel. Hay menos latencias, mayor ancho de banda y una gestión más eficiente, lo que se nota sobre todo en tareas muy afinadas al hardware de Apple, como la edición de vídeo con códecs propios (ProRes), el renderizado 3D en ciertos flujos de trabajo o aplicaciones de realidad aumentada.

Esta idea llevó a Apple a afirmar incluso que 8 GB en un Mac con Apple Silicon equivalen aproximadamente a 16 GB en un PC. La afirmación tiene trampa: en algunos escenarios concretos, especialmente profesionales y bien optimizados, esa equivalencia puede tener sentido; pero no se puede generalizar al uso intensivo con muchas aplicaciones abiertas ni, desde luego, al gaming moderno, donde las cargas de trabajo y los motores gráficos funcionan de otra manera.

En la práctica, lo que ocurre es que la memoria unificada otorga mucha eficiencia, sí, pero no hace magia: si un juego, un motor gráfico o un conjunto de aplicaciones necesitan más de 8 o 16 GB, el sistema tiene que empezar a tirar de memoria virtual en el SSD. Y ahí es donde empiezan los problemas para los jugadores.

Qué pasa cuando la RAM se queda corta en juegos exigentes

Las pruebas recientes con juegos como Cronos: The New Dawn, ejecutados en distintos modelos de Mac con chips M4 y M4 Pro, han dejado algo muy claro: cuando un título moderno empuja fuerte a la GPU y al motor de juego, 16 GB de memoria unificada ya no son suficiente para una experiencia realmente fluida. Y eso se acentúa aún más si hablamos de configuraciones básicas con 8 GB.

En estos tests, usando ajustes gráficos bajos y con el escalado MetalFX activado (la tecnología de reescalado de Apple pensada para mejorar el rendimiento), los Mac con 16 GB de RAM sufrían caídas de fotogramas muy graves, con picos que bajaban por debajo de los 7 FPS. Eso significa tirones muy bruscos, sensación de que todo se congela y, en definitiva, una experiencia jugarreta, nada cómoda.

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Incluso en el modelo más potente de la comparativa, un M4 Pro con 24 GB de memoria, se vio que para mantener cierta estabilidad en los FPS había que bajar la calidad gráfica al mínimo y, en algunos casos, desactivar el propio escalado MetalFX. Es decir, el cuello de botella ya no era solo la potencia bruta del chip, sino la cantidad de memoria disponible para el motor del juego.

La raíz del problema está en cómo trabajan motores tan pesados como Unreal Engine 5: cargan en memoria gran cantidad de texturas de alta resolución, geometría, efectos y datos de mundo persistente. Cuando la memoria unificada se satura, el sistema empieza a mover parte de esa información hacia el SSD (swap). Ese intercambio continuo entre RAM y almacenamiento provoca latencias adicionales, microcortes, tartamudeos (stuttering) y tiempos de carga internos mucho más altos.

Algunos usuarios comentan que, a veces, reiniciar el juego o incluso el propio Mac puede aliviar un poco los tirones durante un rato. Básicamente, se limpia la memoria y se parte de cero, lo que reduce temporalmente la cantidad de datos acumulados. Pero es solo un parche: conforme se vuelve a avanzar en el juego, se carga más contenido y el sistema vuelve a chocar con el mismo límite de memoria.

La experiencia real en partidas largas y con muchos datos

Más allá de los benchmarks sintéticos, hay situaciones del día a día que reflejan muy bien estas limitaciones. Un ejemplo típico es el de juegos de estrategia o gestión con partidas de larga duración: títulos en los que la cantidad de unidades, eventos y datos históricos crece con el paso de los años dentro del propio juego.

En un PC antiguo, muchos jugadores han experimentado cómo al alcanzar cierto punto de la partida (por ejemplo, el año 1000 o 1100 en juegos con cronología extensa), el rendimiento se desploma: todo va más lento, los turnos tardan una eternidad en procesarse y el título acaba siendo prácticamente injugable. Esto suele coincidir con partidas en las que hay cientos de elementos simultáneos que mantener en memoria.

La gran duda es si un MacBook moderno con Apple Silicon y más memoria unificada podría manejar mejor ese tipo de partidas “pesadas”. La respuesta, según las pruebas reales con chips recientes, es que sí se nota mejoría respecto a equipos muy antiguos, pero la mejora no es tan grande como para esquivar el problema de fondo: la falta de RAM suficiente cuando el juego escala en complejidad.

En este tipo de escenarios, incluso un Mac con 16 GB de memoria unificada puede verse superado, especialmente si, además del juego, hay otras aplicaciones abiertas en segundo plano. La memoria no solo la usa el juego, sino también el sistema, el navegador, programas de chat, música en streaming, etc. Y todo suma a la hora de restar espacio disponible para el motor del título.

Si piensas en comprarte un MacBook Pro nuevo, por ejemplo con chip M4 y 16 GB de memoria, es razonable esperar que al principio las partidas vayan fluidas y la experiencia sea buena. Pero conforme avances en juegos muy dependientes de CPU y memoria, o si lo combinas con bastantes apps abiertas, te puedes encontrar con un comportamiento parecido al de tu viejo PC, solo que disfrazado de una interfaz más moderna y animaciones más suaves.

8 GB vs 16 GB vs 24 GB en Apple Silicon: dónde se nota de verdad

La otra gran discusión gira en torno a si compensa pagar más por 16 o 24 GB de memoria unificada frente a la configuración base de 8 GB, especialmente en modelos como el MacBook Air M4. Los vídeos comparativos de canales como Max Tech ayudan a aclarar dónde realmente marcan diferencia esos gigas extra y dónde no tanto.

En exportación de vídeo con ProRes, un códec creado por Apple y muy afinado a su hardware, la diferencia entre un MacBook Pro con 8 GB y otro con 16 GB fue casi irrelevante: el modelo de 8 GB tardó 1:30 minutos y el de 16 GB solo cinco segundos menos (1:25). En este tipo de tarea, la eficiencia del chip M y la aceleración por hardware pesan muchísimo más que la cantidad de memoria.

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Sin embargo, cuando la prueba cambia a exportaciones de vídeo más pesadas, sin códecs propietarios o combinadas con multitarea intensa, las distancias se disparan. En uno de los ejemplos mostrados, una exportación que con 16 GB se completaba en unos cinco minutos, con 8 GB se iba a veinte minutos. La diferencia no es sutil: es una penalización enorme que, en el día a día, significa perder mucho tiempo.

Este patrón se repite en muchos otros usos: si solo haces una tarea muy concreta para la que el chip está optimizado, 8 GB pueden ir sorprendentemente bien; pero en cuanto mezclas varias aplicaciones pesadas, formatos menos afinados o cargas grandes de memoria, la configuración básica se queda claramente corta. Y eso, llevado al mundo del gaming, es todavía más evidente.

Para jugar, 8 GB en un Mac con Apple Silicon son, a día de hoy, una apuesta muy limitada y con margen de frustración alto, incluso aunque Apple defienda lo contrario. 16 GB se convierten en el mínimo razonable para títulos medianamente serios, y 24 GB empiezan a ser la opción sensata si quieres dar algo de margen de futuro y pretendes disfrutar de juegos más modernos o con motores pesados durante varios años.

El problema de tener muchas apps y pestañas abiertas

Otro escenario clave para entender el impacto real de la RAM, y que afecta tanto a productividad como a gaming, es el de las pestañas y las aplicaciones en segundo plano. En la vida real casi nadie usa el ordenador con una sola app abierta y todo lo demás cerrado.

Las comparativas muestran que un Mac con 8 GB de memoria se mueve bien con pocas pestañas abiertas en el navegador: una o cinco pestañas no suelen ser un problema. El sistema mantiene el contenido en memoria y las transiciones entre apps son rápidas. Pero en cuanto se sube a veinte, treinta o más pestañas, se empiezan a notar cierres en segundo plano, recargas constantes de páginas y pequeños parones al cambiar de ventana.

Si a eso se suma la ejecución de una tarea pesada (un render, una exportación de vídeo o un videojuego), el sistema se ve obligado a priorizar memoria como puede. Es ahí donde aparecen cortes en exportaciones, interrupciones al abrir aplicaciones como Photoshop, o los temidos tirones en juegos. En uno de los ejemplos analizados, al abrir Photoshop en un Mac de 8 GB mientras se exportaba un vídeo, la exportación se interrumpió por falta de recursos.

Podrías pensar: “vale, cierro todo lo que no esté usando y ya está”. Y efectivamente, esa es la única forma de aliviar el problema: adoptar una filosofía muy minimalista, con pocas apps abiertas, pocas pestañas y nada en segundo plano cuando quieras jugar o hacer algo exigente. Pero esa no es la experiencia que la mayoría espera de un ordenador moderno, y menos en equipos que fácilmente superan los 1.500 o 2.000 euros.

En el terreno del gaming, esto significa que con 8 GB tendrás que cerrar prácticamente todo antes de lanzar un juego medianamente pesado, y aun así puedes encontrarte con límites. Con 16 GB hay más margen, pero seguirás notando que tener muchas cosas abiertas termina afectando al rendimiento del título. Con 24 GB, la sensación es menos agobiante, y el sistema puede respirar algo mejor.

Apple, los 8 GB como base y los precios de las ampliaciones

Un punto especialmente polémico es que Apple mantenga los 8 GB como configuración base de memoria unificada en gran parte de su gama: iMac, MacBook Air, MacBook Pro de entrada y Mac mini siguen partiendo de esos 8 GB, incluso en modelos que presumen de apellido “Pro”.

Si miramos atrás, un iMac de 2012 ya venía con 8 GB de RAM como configuración bastante estándar. Once años después, mientras los iPhone de gama alta han pasado de 1 GB a 8 GB, los Mac de sobremesa y portátiles siguen anclados en esos mismos 8 GB en sus modelos básicos. Es una situación que muchos ven como una anomalía, sobre todo si se compara con el mercado de PC, donde 16 GB son ya el estándar incluso en equipos de gama media.

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A esto se suma el precio de las ampliaciones de memoria en los Mac: cada salto de 8 a 16 GB, de 16 a 24 GB o de 24 a 32 GB supone un sobrecoste considerable, muy por encima de lo que costaría comprar módulos de RAM equivalentes para un PC. Es cierto que la memoria en Apple Silicon va soldada, con su propia ingeniería y no se trata de módulos estándar, pero aun así el diferencial de precio resulta difícil de justificar para muchos usuarios.

El problema para el usuario que quiere jugar es que, si se queda en los 8 GB base para ahorrar, está limitando fuertemente la vida útil de su equipo para gaming. Y si decide subir a 16 o 24 GB, el precio total del Mac se dispara, acercándose o superando con facilidad a configuraciones de PC gaming muy sólidas, con más capacidad de actualización y, sobre todo, con más memoria disponible desde el principio.

Apple parece más interesada en optimizar sus Mac para usos creativos y profesionales muy específicos que en convertirlos en máquinas de juegos competitivas. Los modelos económicos que vendrán con 8 GB de memoria apuntan claramente al uso cotidiano (ofimática, navegación, multimedia ligera), no a títulos AAA modernos ni a motores de nueva generación.

Mac para gaming vs PC gaming con Windows

Todo esto nos lleva a la gran comparación inevitable: ¿tiene sentido apostar por un Mac con Apple Silicon si tu prioridad es jugar, o es mejor irse directamente a un PC gaming con Windows? La respuesta depende de tus expectativas y de cuánto valoras el ecosistema de Apple frente al catálogo de juegos y el rendimiento bruto.

Por un lado, los Mac actuales con chips M3, M4 o M4 Pro pueden mover muchos juegos, especialmente si hablamos de títulos menos exigentes o bien optimizados. Con 16 o 24 GB de memoria unificada, se pueden disfrutar indies, juegos de estrategia moderados y algunos AAA con ajustes gráficos recortados. La eficiencia energética, el ruido reducido y la calidad de pantalla juegan a favor de los portátiles de Apple.

Sin embargo, si lo que buscas es jugar a títulos AAA modernos, con motores como Unreal Engine 5, a altas tasas de refresco y con una experiencia estable, un PC gaming con Windows sigue siendo la opción más lógica

Si tu idea es comprarte, por ejemplo, un MacBook Air M4 de 13″ aprovechando una oferta y te preguntas si pagar extra por 24 GB de RAM compensa para jugar, la respuesta realista sería: compensa si vas a usar el equipo para muchas cosas (trabajo, estudio, edición ligera y algo de gaming ocasional), pero si tu prioridad absoluta es el gaming, probablemente te salga más a cuenta un PC dedicado.

En cambio, si ya estás muy metido en el ecosistema Apple, valoras la portabilidad, la batería y la integración con dispositivos como el iPad Pro M4 que ya tienes, subir a 16 o 24 GB puede darte un margen de maniobra interesante: jugarás mejor que con 8 GB, sufrirás menos swap al SSD y alargarás la vida útil del equipo. Aun así, no esperes que ese Mac se comporte como un portátil gaming con GPU dedicada.

En definitiva, el gran obstáculo no es solo que haya menos juegos para Mac que para Windows, sino que las configuraciones de memoria que Apple ofrece y promociona como suficientes se quedan cortas para el estándar actual del gaming exigente. Mientras eso no cambie, los Mac seguirán siendo máquinas fantásticas para muchas cosas… pero “Mac para gamers” seguirá siendo, sobre todo, un eslogan aspiracional.

Todo el panorama apunta a una conclusión clara: la memoria unificada de Apple Silicon es muy eficiente, pero no sustituye a tener suficiente cantidad de RAM cuando hablamos de gaming moderno. En juegos pesados, motores como Unreal Engine 5 y escenarios con muchas aplicaciones o pestañas abiertas, 8 GB dejan rápidamente de ser aceptables, 16 GB se convierten en el mínimo razonable y 24 GB empiezan a ofrecer una experiencia algo más holgada, siempre con las limitaciones propias del ecosistema macOS frente al PC gaming tradicional.

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