- Un ratón de bola retro acumula suciedad en rodillos y sensores, lo que provoca saltos y falta de precisión en el cursor.
- La limpieza regular de bola, rodillos y carcasa con algodón y alcohol devuelve suavidad y alarga la vida del periférico.
- Los ratones ópticos requieren menos mantenimiento, pero es clave mantener limpio el orificio del sensor de luz.
- Un buen cuidado de estos dispositivos mejora el rendimiento, evita reemplazos prematuros y preserva auténticas piezas de historia informática.

Para quienes todavía usan o coleccionan periféricos clásicos, cuidar un ratón de bola retro no es solo una cuestión de nostalgia, también es una forma muy práctica de alargar su vida útil y evitar fallos molestos durante el uso diario. Mantener limpio el ordenador y sus accesorios, especialmente en entornos frescos y con poca humedad, ayuda a que todo funcione de manera más fluida y a retrasar el momento de tener que sustituirlos.
Más allá del componente emocional, un buen mantenimiento del ratón de bola tiene impacto directo en el bolsillo y en el medio ambiente: cuanto más dura tu hardware, menos gasto en recambios y menos residuos electrónicos generas. Parece un detalle menor, pero en una época en la que casi todo es desechable, seguir cuidando estos dispositivos mecánicos tiene mucho sentido.
Diferencias entre ratón de bola y ratón óptico
El ratón es, junto con el teclado, uno de los periféricos más utilizados del ordenador, pero curiosamente no acumula tanta suciedad en el exterior como otros dispositivos. Su forma compacta, con superficies lisas y pocas ranuras, hace que el polvo no se deposite tan fácilmente sobre la carcasa, aunque lo que no se ve sí puede generar problemas.
En los modelos clásicos con esfera, el famoso ratón de bola, la cosa cambia en el interior: la bolita está en contacto constante con la mesa o alfombrilla y va arrastrando micropartículas, pelusas y polvo hacia el mecanismo. Esto hace que se acumule suciedad en los rodillos y sensores internos, lo que termina por afectar al movimiento del cursor.
Con la llegada masiva de los ratones ópticos y láser, el panorama se simplificó mucho. Estos dispositivos se basan en un sistema óptico o láser situado en la parte inferior, que detecta el desplazamiento sobre la superficie sin piezas mecánicas en contacto. Al no haber rodillos ni bola, la suciedad que se acumula es menor, aunque el pequeño orificio del haz de luz sigue siendo un punto delicado.
Cuando entra polvo o suciedad en la abertura por donde sale el láser o el LED, el sensor óptico del ratón puede empezar a comportarse de manera errática: movimientos imprecisos, pequeños saltos del puntero o pérdida de sensibilidad. Por eso, aunque requieran menos mantenimiento que los de bola, también conviene revisar y limpiar la zona del emisor de luz.
Limpieza básica de un ratón óptico
Para mantener un ratón óptico en buenas condiciones, una primera medida es hacer una limpieza superficial periódica de la carcasa. Con un paño seco y suave o un pincel de cerdas finas puedes retirar el polvo acumulado sin dañar el plástico ni los botones.
En la zona del sensor de luz, la parte crítica se encuentra en el pequeño orificio inferior. En lugar de introducir objetos, lo ideal es soplar con suavidad o usar un sistema que expulse aire dirigido. Resultan muy útiles las peras de aire de goma con boquilla metálica, que permiten lanzar chorros de aire a presión controlada para desalojar partículas muy pequeñas.
Cuando la suciedad está más incrustada y el polvo se ha pegado a la superficie, la cosa requiere un poco más de mimo. Es recomendable usar algodón ligeramente humedecido con alcohol isopropílico o un paño que no deje pelusa. Con unos pases suaves puedes eliminar capas de grasa, restos de sudor o manchas sin mojar en exceso el dispositivo.
En casos en los que el ratón lleva mucho tiempo en un entorno con exceso de humedad o ha estado guardado sin uso, pueden aparecer problemas como la rueda de desplazamiento atascada o botones que responden mal. Si tras la limpieza externa el comportamiento sigue siendo extraño, posiblemente haya suciedad acumulada en el interior y toque plantearse abrir el ratón.
Desmontar un ratón moderno suele ser sencillo, pero conviene actuar con mucha calma. Generalmente bastará con localizar los tornillos de la base, que a veces están ocultos bajo las pegatinas o las almohadillas deslizantes. Una vez retirados, se separan las dos mitades de la carcasa con cuidado, evitando tirar de los cables o presionar sobre la placa electrónica.
Cómo es y cómo funciona un ratón de bola retro
El clásico ratón estándar de toda la vida, el conocido mouse de bolita, es prácticamente un imán para el polvo. La esfera está en contacto constante con la superficie por la que se desliza y va arrastrando todo lo que encuentra: migas, pelusas, restos de goma de la alfombrilla y partículas diminutas que terminan dentro del mecanismo.
En el interior del ratón hay dos rodillos principales situados en ejes perpendiculares que actúan como sensores de movimiento en los ejes X e Y. La bola, al girar, arrastra esos rodillos, y cada uno de ellos mueve una rueda negra en forma de disco con pequeños orificios distribuidos por su perímetro.
Frente a cada una de esas ruedas perforadas se coloca un emisor de luz infrarroja y su receptor correspondiente. A medida que la rueda gira, los pequeños agujeros dejan pasar y bloquean el haz de luz, generando pulsos que el circuito electrónico interpreta como movimiento hacia una u otra dirección y con una determinada velocidad.
El sistema es simple, muy ingenioso y durante muchos años fue extremadamente eficaz, pero tiene un punto débil evidente: al estar en continuo contacto con el polvo, los rodillos acaban cubriéndose de una capa de suciedad compacta que cambia el rozamiento y reduce la precisión con la que se mueve la bola.
Cuando esa acumulación alcanza cierto nivel, el puntero del ratón comienza a dar saltitos, se queda «pegado» en la pantalla o responde de manera brusca a movimientos suaves. Es justo en ese momento cuando la mayoría de usuarios de la época recordaban que tocaba la famosa sesión de limpieza de la bolita, casi como un rito informático habitual.
Por qué se ensucian tanto los ratones de bola
La razón por la que un ratón de bola se convierte en un auténtico recolector de porquería es pura mecánica. La esfera actúa como rodillo permanente sobre la mesa, arrastrando todo lo que encuentra a su paso. Cada giro arrastra nuevas partículas hacia los rodillos internos, que las van compactando con el movimiento continuo.
Esas partículas, junto con grasa de los dedos, restos de sudor y polvo ambiental, forman una especie de cinturón de suciedad alrededor de los rodillos, alterando el coeficiente de fricción. Llega un punto en el que la bola patina sobre esos depósitos y deja de transmitir con precisión los movimientos al mecanismo interno.
Cuanto más rugosa es la alfombrilla o la superficie de apoyo, más rápido se acumula esta mezcla pegajosa. En entornos con mucho polvo, humo o con mala ventilación, el proceso se acelera todavía más, y el ratón puede requerir limpiezas frecuentes para mantener un funcionamiento aceptable.
Además, si el ratón pasa largos periodos sin uso en lugares con humedad elevada, la suciedad puede endurecerse y pegarse aún más al plástico de los rodillos y a la propia esfera. En esas situaciones, una simple pasada con un paño no basta y hay que dedicarle unos minutos a una limpieza más profunda y cuidadosa.
Esa combinación de polvo, pelusas y grasa no solo afecta a la suavidad del desplazamiento, también puede provocar que el ratón parezca completamente descalibrado: movimientos que se desvían en diagonal, pérdida repentina de sensibilidad o necesidad de hacer grandes recorridos para mover apenas el cursor unos milímetros.
Cómo limpiar correctamente la bola y los rodillos
Aunque cada modelo puede tener ligeras variaciones, el proceso para dejar impecable un ratón de bola retro suele ser bastante parecido. Lo primero es voltear el ratón y localizar la tapa circular que mantiene sujeta la esfera. Normalmente basta con girarla en la dirección indicada por una flecha para liberar la bolita.
Una vez retirada la tapa, la bola sale con facilidad. Conviene reservarla un momento y fijarse en el interior, donde se ven claramente los dos rodillos principales y, a menudo, un tercer apoyo de plástico o metal. Es ahí donde se acumulan los depósitos de suciedad más gruesos que impiden que todo gire con suavidad.
La forma clásica de eliminar esa mugre es raspar suavemente la superficie de los rodillos con la uña o con un objeto de plástico que no dañe el material. A medida que se va levantando, verás cómo aparecen pequeñas tiras o anillos de suciedad compacta que se desprenden en bloque. Es importante no ejercer demasiada presión para no deformar el eje.
Después de retirar la parte más gruesa, se puede pasar un bastoncillo de algodón ligeramente humedecido con alcohol sobre los rodillos y el interior de la carcasa. El alcohol ayuda a disolver restos grasos y deja las superficies limpias y libres de residuos, siempre que no se empape en exceso para evitar que el líquido penetre en los componentes electrónicos.
La bola también merece atención: si está recubierta de una fina película de polvo y grasa, perderá adherencia y transmitirá peor los movimientos. Con un paño suave o un trozo de algodón con unas gotas de alcohol es suficiente para que recupere su superficie ligeramente rugosa, que es lo que permite que «agarre» bien sobre los rodillos.
Una vez que todo está completamente seco, se vuelve a colocar la bola en su alojamiento y se cierra la tapa giratoria. Lo habitual es notar inmediatamente una mejoría en la respuesta del ratón: el cursor vuelve a desplazarse de forma suave, sin tirones y con precisión incluso en movimientos pequeños.
Desmontaje interno y precauciones con los circuitos
En ocasiones, especialmente cuando el ratón ha pasado años guardado o ha estado expuesto a ambientes muy sucios, la limpieza básica de bola y rodillos no es suficiente. Si la rueda de desplazamiento sigue atascada o los botones continúan respondiendo mal pese a haber limpiado por fuera, conviene plantearse abrir el ratón por completo.
El procedimiento general suele consistir en localizar los tornillos ocultos en la base, retirarlos y separar la carcasa superior e inferior. En muchos modelos de ratón de bola retro, los tornillos están cubiertos por pegatinas, almohadillas de goma o etiquetas con el número de serie, así que hay que revisar la base con atención antes de forzar nada.
Al abrir el dispositivo, lo primero es evitar tocar más de la cuenta la placa de circuito impreso y los componentes electrónicos. Son piezas delicadas, sensibles a descargas electrostáticas y a golpes. Lo ideal es manipular el conjunto sujetándolo por los bordes de plástico, y usar únicamente algodón o paños apenas humedecidos con alcohol para eliminar suciedad superficial.
La rueda de desplazamiento suele estar montada sobre un pequeño eje con un sistema de apoyo y, a veces, con un sensor óptico independiente. Si se ha acumulado porquería en esa zona, puede que el giro no sea fluido o que el clic central falle. Una limpieza suave alrededor del eje y de la superficie dentada de la rueda suele devolver la sensación original de desplazamiento.
Tras revisar y limpiar botones, rueda, rodillos y zona de la bola, se montan de nuevo las piezas en el mismo orden. Es importante asegurarse de que no queda ninguna partícula suelta en el interior que pueda atascar algún componente. Si todo se ha hecho con cuidado, el ratón debería volver a funcionar como lo hacía en sus mejores tiempos.
Este tipo de mantenimiento interno no es algo que haya que hacer cada semana, pero sí puede marcar la diferencia entre dar por «muerto» un ratón clásico y conseguir que siga operativo muchos años más, especialmente en equipos antiguos o montajes retro donde estos periféricos son parte esencial de la experiencia.
Nostalgia informática y cultura de la limpieza de la bolita
Para quienes vivieron la explosión de los ordenadores personales en los 80 y 90, la escena de abrir el ratón, sacar la esfera y rascar con cuidado los rodillos es casi un recuerdo automático, como rebobinar una cinta de casete con una birome o escuchar el chirrido del módem de 56k intentando conectar.
En aquella época, antes de que los sensores ópticos se hicieran omnipresentes, limpiar la bolita del ratón era un gesto rutinario. Muchos usuarios aprovechaban el momento de montar el PC en una LAN casera o en una sesión de juego con amigos para dejar el ratón en perfecto estado, casi con el mismo cuidado con el que se limpia y lubrica un instrumento de trabajo.
Hoy, con los ratones de bola casi desaparecidos de las oficinas y hogares, hablar de «limpiar la bolita» se ha convertido en una especie de contraseña generacional. Quien reconoce haber pasado por ese ritual, por lo general, mira la evolución de la informática con cierta perspectiva y una mezcla de sorpresa y cariño por aquella tecnología mecánica.
Entre coleccionistas, aficionados al retro y usuarios de máquinas antiguas, siguen sobreviviendo algunos ratones de bola, muchas veces conectados con puertos seriales o PS/2 a equipos que todavía funcionan como el primer día. Mantenerlos limpios no es solo una cuestión de rendimiento, también es una forma de conservar una pequeña pieza de historia que unió hardware sencillo con un uso diario muy intenso.
Al final, tanto si usas un ratón de bola para jugar con un viejo ordenador como si simplemente quieres que tu ratón óptico actual vaya fino, dedicarle unos minutos de vez en cuando a la limpieza, controlar la humedad del entorno y evitar que el polvo se acumule marcan una diferencia clara en la comodidad de uso y en la longevidad de estos periféricos tan cotidianos.
Cuidar la esfera y los sensores de un ratón de bola retro, o mantener despejado el haz de luz de un ratón óptico moderno, demuestra que esos detalles aparentemente pequeños siguen teniendo peso en el rendimiento del equipo, en la duración de los periféricos y, por qué no, en la forma en que recordamos cómo ha cambiado la informática desde aquellos días en los que limpiar la bolita era casi un acto de iniciación para cualquier usuario.
