Novedades de Google como gran competidor (y socio) de Apple en la IA

Última actualización: febrero 10, 2026
Autor: Isaac
  • Apple recurre a la IA Gemini de Google para impulsar Siri y Apple Intelligence tras años de retrasos y cambios internos.
  • El acuerdo, valorado en unos 1.000 millones anuales, convierte a Google en motor de IA de facto para Android y parte del ecosistema Apple.
  • La alianza refuerza el liderazgo de Google en inteligencia artificial mientras mantiene una intensa rivalidad comercial y de imagen con Apple.

Novedades de Google competidor de Apple

La batalla entre Google y Apple llevaba años librándose en móviles, sistemas operativos y servicios en la nube, pero la irrupción de la inteligencia artificial lo ha cambiado todo. El inesperado giro no es que compitan, sino que ahora también colaboran: Apple ha decidido apoyarse en Gemini, la IA de Google, para relanzar Siri y su estrategia de Apple Intelligence en plena carrera por la IA generativa.

Este movimiento, que combina alianza estratégica y rivalidad feroz, llega tras meses de promesas incumplidas, retrasos, cambios de liderazgo y presión del mercado. Google sigue reforzando su ecosistema con Pixel, Android, el navegador Chrome, Gemini y un sinfín de servicios, mientras Apple intenta ponerse al día sin renunciar a su obsesión por la privacidad y el control del dispositivo. El resultado es un tablero tecnológico donde los antiguos enemigos ahora se necesitan más que nunca.

De Siri desfasada al pacto con Google: el contexto del gran giro

En un momento en el que asistentes basados en IA como ChatGPT o Perplexity marcan el nivel de lo que se espera de una interacción por voz, Siri empezó a quedarse claramente atrás. Muchos usuarios veían cómo el asistente de Apple fallaba en peticiones mínimamente complejas, se perdía en interpretaciones básicas del lenguaje natural y apenas salía de unos cuantos comandos predefinidos.

Ese estancamiento contrastaba con los avances de Google Assistant, Gemini y otros servicios capaces de entender contexto, interpretar la pantalla, encadenar acciones y ofrecer respuestas largas y coherentes. Mientras tanto, dentro de Apple se acumulaban las tensiones: cambios de rumbo, reorganizaciones internas y la sensación de que la compañía estaba perdiendo un tren clave de la década.

Todo estalló con la presentación de Apple Intelligence en la WWDC 2024, cuando Apple prometió un salto notable para Siri: mayor comprensión del contexto personal, capacidad para “ver” lo que hay en pantalla, leer correos, mensajes y archivos y actuar sobre ellos sin que el usuario tuviera que saltar de app en app. Sobre el papel sonaba a revolución, pero en la práctica las funciones avanzadas fueron llegando a cuentagotas.

A finales de 2024, Apple seguía insistiendo en que las grandes novedades de Siri iban a desplegarse “en los próximos meses”, mientras lanzaba otras piezas más vistosas de Apple Intelligence como herramientas de generación de imágenes (Image Playground) o Genmoji. El discurso era el mismo: conciencia del contexto personal, visión de la pantalla y “cientos de nuevas acciones” entre aplicaciones propias y de terceros, pero la realidad no terminaba de acompañar.

En marzo de 2025, el tono cambió. En una declaración a Daring Fireball, la compañía reconoció que parte de las funciones prometidas necesitaban más tiempo, y rebajó el mensaje a una Siri “más personalizada” cuya llegada se repartía “a lo largo del próximo año”. El contraste con lo anunciado meses antes dejaba claro que algo no iba bien en el desarrollo.

Retrasos, WWDC25 y cambio de mando en la IA de Apple

La WWDC 2025 confirmó lo que muchos ya sospechaban: la evolución de Siri no había pegado el salto que Apple llevaba un año insinuando. Las demostraciones no mostraron una ruptura clara respecto a la versión anterior, y la compañía se vio forzada a dar explicaciones públicas.

Craig Federighi, máximo responsable de software, llegó a admitir que tenían preparada una “versión 1” de la nueva Siri para lanzarla entre diciembre de 2024 y primavera de 2025, pero decidieron frenarla al considerar que no cumplía ni las expectativas internas ni las de los clientes. En otras palabras, preferían retrasar antes que sacar un producto claramente por debajo de lo prometido.

Ese bloqueo técnico y de producto terminó escalando al organigrama. En marzo de 2025, filtraciones de Bloomberg y Reuters desvelaron que Apple había decidido mover Siri fuera del área de John Giannandrea, el veterano responsable de IA y aprendizaje automático, para ponerla bajo la batuta de Mike Rockwell, estrechamente ligado al proyecto Vision Pro y reportando directamente a Federighi.

La jugada dejaba claro que Apple quería que el equipo de software recuperase el control directo del asistente en pleno contexto de retrasos y presiones internas. Meses más tarde, el 1 de diciembre de 2025, se hizo oficial que Giannandrea dejaría su puesto, pasaría un tiempo como asesor y se retiraría en primavera de 2026. El relevo lo asumía Amar Subramanya como nuevo vicepresidente de IA, también reportando a Federighi.

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Todo esto se sumaba a fugas de talento clave hacia competidores como Meta, Google u otras compañías de IA, mientras Google aprovechaba para integrar Gemini en Android, potenciar sus funciones en fotos, asistentes, mapas y más, y reforzar su imagen como punta de lanza de la IA aplicada al día a día.

Alianza Apple Google Gemini

Del parche con OpenAI al gran acuerdo con Google Gemini

Antes de recurrir a Google, Apple ya había dado un paso intermedio: en junio de 2024 anunció un acuerdo con OpenAI para integrar ChatGPT en iOS 18, iPadOS y macOS. La idea era que Siri pudiera delegar determinadas consultas complejas al chatbot de Sam Altman, siempre pidiendo permiso explícito y canalizando el tráfico a través de servidores controlados por Apple para preservar la privacidad.

Ese movimiento funcionó como solución temporal. ChatGPT permitió a Siri salir del apuro en ciertos escenarios, pero no solucionaba el núcleo del problema: la arquitectura interna del asistente seguía anclada en un diseño antiguo, con una primera fase híbrida que combinaba código heredado con nuevas capacidades de IA generativa y que, como reconoció el propio Federighi, se había quedado “demasiado limitada”.

Mientras tanto, las críticas externas no paraban. Elon Musk cargó duramente contra la integración con OpenAI, hasta el punto de amenazar con vetar los productos de Apple en sus empresas por considerar que la combinación Apple-OpenAI suponía un riesgo para la seguridad. Sus declaraciones se sumaban a su discurso de que la IA estaba quedando en manos de un puñado de grandes actores.

Apple necesitaba algo más sólido y a medio plazo. Tras medir diferentes opciones, la compañía exploró acuerdos con Anthropic (Claude), Google Gemini y otros proveedores. Anthropic destacaba por la precisión lingüística, pero resultaba más caro y complejo de desplegar a la escala de Apple. Google, en cambio, ofrecía un equilibrio potente entre capacidades, velocidad de implementación y una relación comercial previa muy intensa.

No hay que olvidar que Google paga a Apple del orden de 20.000 millones de dólares anuales por usar ser el motor de búsqueda predeterminado en Safari. Esa sociedad, cuestionada en tribunales por posibles prácticas anticompetitivas, fue avalada por un juez que no la consideró ilegal, lo que abría la puerta a ampliar la colaboración a la inteligencia artificial.

Los detalles del pacto: mil millones al año y Gemini como motor oculto

El acuerdo hecho público ahora consolida lo que Bloomberg ya adelantó en noviembre: Apple abonará alrededor de 1.000 millones de dólares al año a Google por usar Gemini y su infraestructura en la nube como base de la próxima generación de Apple Foundation Models, los modelos fundacionales sobre los que se construye Apple Intelligence.

En una declaración conjunta, ambas compañías explican que, tras una evaluación exhaustiva, Apple ha concluido que la tecnología de IA de Google ofrece la mejor base para sus futuros modelos. Sobre Gemini se levantarán las funciones avanzadas de Apple Intelligence y la futura Siri mejorada, que Apple sitúa en su hoja de ruta inminente.

Gemini actuará como “cerebro en la sombra”, impulsando tareas como resúmenes complejos de correos, planificación, comprensión profunda del contexto y acciones encadenadas entre apps. Apple habla de un modelo personalizado de Gemini con del orden de 1,2 billones de parámetros, un salto enorme frente a los 150.000 millones aproximados de los modelos actuales de Apple Intelligence. Ese incremento abre la puerta a un comportamiento mucho más cercano a los grandes modelos punteros del mercado.

A pesar de este giro, Apple insiste una y otra vez en que la privacidad sigue en el centro. La compañía asegura que Apple Intelligence continuará ejecutándose en los dispositivos siempre que sea posible, y que cuando se requiera computación en la nube se usará su propia infraestructura Private Cloud Compute. La promesa es clara: los datos y el control se quedan en casa de Apple, aunque el motor de IA de bajo nivel provenga de Google.

Un matiz importante es que la marca Gemini apenas será visible para el usuario final. Nada de logos, nada de reclamaciones comerciales en la interfaz de Siri: para quien tenga un iPhone o un Mac, seguirá siendo “Siri” y “Apple Intelligence”. Gemini estará detrás del telón, actuando como motor de razonamiento y generación de lenguaje. La única gran excepción será China, donde Google está vetada; allí Apple tendrá que recurrir a modelos locales de compañías como Alibaba o Baidu.

Cómo cambiará Siri y Apple Intelligence para el usuario

Para el usuario de a pie, lo importante no es el proveedor de IA, sino que Siri deje de ser un asistente limitado y se convierta en algo realmente útil. Apple promete una Siri mucho más natural, capaz de mantener conversaciones largas, entender matices, seguir el hilo entre varias preguntas y, sobre todo, comprender a fondo lo que ocurre dentro del dispositivo.

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Con la nueva base Gemini, se espera que Siri pueda por fin “atar cabos” entre aplicaciones y datos personales. Un ejemplo típico sería pedir: “Busca el correo de mi jefe sobre el proyecto y respóndele que ya está listo, adjuntando la última versión del informe”. La Siri tradicional se atragantaba con algo así; la renovada, prevista para iOS 26.4 y siguientes, debería ser capaz de localizar el mensaje correcto, entender el contexto del proyecto, encontrar el archivo adecuado y enviar la respuesta sin que el usuario tenga que ir saltando entre apps.

Además, Apple Intelligence se integrará cada vez más en funciones cotidianas del sistema: resúmenes automáticos de hilos de correo o mensajes, propuestas de respuesta, edición de texto inteligente, generación de imágenes, ayuda contextual dentro de las aplicaciones y una comprensión mucho mejor de lo que aparece en la pantalla en cada momento.

Apple subraya que el objetivo no es sustituir por completo sus modelos internos, sino reforzarlos con una base más madura mientras sigue trabajando en su propia IA de gran tamaño. El discurso oficial es que el acuerdo con Google les da tiempo para seguir desarrollando modelos propios de hasta un billón de parámetros, aunque, viendo la velocidad de Google con Gemini 3 y sucesores, no está claro cuándo podrán emanciparse.

Lo que sí está claro es que la experiencia del iPhone, iPad y Mac se volverá mucho más “inteligente” de forma casi transparente. Queda la incógnita de si los usuarios adoptarán con entusiasmo estas nuevas capacidades integradas o seguirán tirando de apps externas como ChatGPT o Gemini en modo app independiente, algo que ya se ha visto con la llegada de múltiples clientes de IA a las tiendas de aplicaciones.

Google: del competidor al socio imprescindible en la carrera de la IA

Desde la perspectiva de Google, el acuerdo es un triunfo estratégico de primer nivel. Convertir a Apple en cliente de su plataforma Gemini significa que su IA pasa a ser el motor tanto de Android como, en buena medida, del ecosistema iOS y macOS, aunque sea de forma invisible para el usuario.

La reacción del mercado lo ha dejado claro: Alphabet rozó y llegó a superar la barrera de los 4 billones de dólares de capitalización bursátil tras conocerse la alianza, uniéndose al club de gigantes como Nvidia, Apple o Microsoft en esa liga. Para los inversores, ver a Google consolidarse como proveedor de IA de facto en los dos mayores ecosistemas móviles del planeta es una señal muy potente.

Además, este pacto refuerza la posición de Google frente a rivales como OpenAI, Meta o Anthropic. Apple ya había dado cierto protagonismo a OpenAI con ChatGPT, pero la adopción de Gemini como base principal manda un mensaje claro: Google se coloca como socio prioritario. OpenAI pierde peso relativo, Anthropic se queda fuera de un acuerdo masivo y Meta ve cómo su capacidad de atraer talento desde Apple no se traduce, de momento, en alianzas comparables.

No todo es positivo para Google, porque la alianza también aumenta la percepción de concentración de poder en torno a sus servicios. Elon Musk ha sido uno de los más críticos, hablando de una “concentración de poder irrazonable” para una empresa que ya domina Android, Chrome y buena parte de la publicidad online, y que ahora, además, se convierte en el cerebro de IA de su mayor rival en móviles.

En paralelo, Google continúa lanzando novedades de producto que pisan directamente el terreno de Apple: nuevos Pixel 10 y 10a con funciones de IA avanzadas, planes de suscripción como AI Plus para acceder a Gemini con ventajas extra, la integración profunda de la IA en Google Maps, Gmail, Fotos, Chrome y la búsqueda web, o incluso el desarrollo de un sistema operativo de escritorio, Aluminium OS, llamado a competir con Windows y macOS.

La guerra fría Google vs Apple: anuncios, burlas y copia mutua

Mientras se firma una alianza multimillonaria por la IA, la guerra de marketing entre Google y Apple sigue más viva que nunca. Google ha aprovechado las presentaciones de los Pixel 9 y Pixel 10 para lanzar pullas directas al iPhone, criticando el retraso de Apple Intelligence, las “promesas rotas” en IA y presumiendo de funciones de cámara, edición inteligente y asistentes conversacionales que todavía no están al mismo nivel en iOS.

Los anuncios comparativos se han vuelto casi un género propio: Google se ha reído del diseño filtrado del iPhone 17, acusando a Apple de copiar el estilo de los Pixel en el módulo de cámaras; ha explotado el contexto de la película “Wicked” para ironizar sobre el iPhone; y en más de una ocasión ha destacado que Android ya tiene funciones que Apple está presentando como novedades en iOS 18 y posteriores.

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Por su parte, Apple también observa cómo Google incorpora ideas que nacieron primero en su ecosistema: desde funciones inspiradas en AirDrop a cambios de diseño en Google Play que recuerdan a la App Store de iOS, pasando por accesorios de hardware que aparecen justo después de que Apple presente los suyos para el iPhone.

Al mismo tiempo, Google sigue intentando empujar a Apple en terrenos clave como mensajería y servicios. Ha presionado públicamente para que se adopten estándares de mensajería más abiertos que faciliten la interoperabilidad con iMessage, se ha apoyado en la legislación europea para forzar cambios y ha liderado una “coalición para ecosistemas digitales abiertos” en la que también participan Meta, Qualcomm, Nothing, Lenovo, Opera y otros socios.

En el ámbito de las tiendas de aplicaciones, la situación tampoco es tranquila. Google ha sido declarada culpable de mantener un monopolio ilegal con la Play Store en el caso contra Epic Games, mientras que Apple salió mucho mejor parada en un litigio similar. A esto se suman investigaciones que apuntan a que a Google podrían llegar a obligarle a desprenderse de activos como Chrome, lo que ha disparado especulaciones y titulares sobre si algo equivalente podría ocurrirle a Apple con Safari o la App Store.

En resumen, la relación entre ambos gigantes es una mezcla de competencia directa, acuerdos millonarios y guerras de imagen. Se necesitan para ganar dinero y ofrecer mejores productos, pero no pierden ocasión de atacarse en público cuando les conviene.

Más allá de Siri: la apuesta general de Google por la IA como ventaja competitiva

Aunque la alianza con Apple acapara titulares, Google lleva tiempo sumando novedades en productos que compiten frontalmente con servicios de Apple. Google Maps, por ejemplo, ha recibido una oleada de mejoras con IA: resúmenes de lugares, modos de exploración más visuales, comandos de voz avanzados para conductores, ajustes de navegación mejorados, ahorro extremo de batería, compatibilidad con Gemini que llega a hablar contigo durante el trayecto y un rediseño general de la interfaz para simplificar el uso.

En Gmail, la compañía está integrando de forma progresiva Gemini para leer, resumir y redactar correos, además de añadir funciones muy visibles como reacciones tipo WhatsApp, nuevos filtros y herramientas de limpieza masiva de la bandeja de entrada. Incluso ha habido actualizaciones que han llegado antes al iPhone que a Android, un gesto llamativo que subraya la importancia del ecosistema de Apple para Google.

En paralelo, Google está impulsando la búsqueda con IA generativa en su navegador, una experiencia que poco a poco llega a más países (incluida España) y que transforma los resultados en bloques de información generada por IA, acompañados de enlaces, opiniones y hasta publicidad integrada en flows de compra. Es el intento de la compañía por encontrar un modelo de monetización sostenible para la IA sin renunciar a su negocio principal: los anuncios.

Incluso en el hardware, más allá de los Pixel 10 o los accesorios que compiten con los del iPhone, Google se prepara para lanzar unas nuevas gafas inteligentes en 2026 como heredera espiritual de las Google Glass, ahora con la IA mucho más madura y pensada para experiencias inmersivas, XR y uso cotidiano. Todo ello se complementa con proyectos como Gemini for Home, que pretende llevar la IA al hogar conectado en altavoces, pantallas y domótica, precisamente un terreno donde Apple todavía no ha dado un golpe sobre la mesa definitivo.

En este escenario, la alianza con Apple funciona casi como un multiplicador de escala para Google: no solo refuerza su liderazgo en IA como tecnología base, sino que le garantiza presencia directa o indirecta en miles de millones de dispositivos que antes dependían exclusivamente de la ingeniería de Cupertino.

El resultado de esta nueva etapa es un equilibrio delicado en el que Apple compra tiempo y capacidades prestadas para ponerse al día en inteligencia artificial, mientras Google consolida su posición como proveedor imprescindible en este campo. Lo que ocurra en los próximos años —si Apple logra desarrollar un modelo propio que rompa la dependencia o si acaba atada aún más a Gemini— determinará si esta alianza se recuerda como un simple parche o como el comienzo de una nueva forma de cooperación entre competidores que, se quieran o no, están condenados a entenderse.

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