Qué es Caligra c100 Developer Terminal y por qué es distinto

Última actualización: enero 19, 2026
Autor: Isaac
  • El Caligra c100 Developer Terminal es una plataforma de trabajo integrada, con diseño industrial en aluminio mecanizado y teclado mecánico completo pensado para uso profesional intensivo.
  • Su filosofía se basa en eliminar distracciones: Workbench OS, un Linux minimalista con interfaz limpia y atajos optimizados, se centra en acelerar el trabajo de expertos técnicos y creativos.
  • Incluye hardware potente (Ryzen 9 7940HS, 96 GB de RAM y SSD de 1 TB), teclado numérico a la izquierda por ergonomía, bisagra magnética plegable y ratón con cable para máxima fiabilidad.
  • Con un precio alrededor de 1.999 dólares y venta por lotes, se dirige a un nicho profesional que busca una herramienta de trabajo especializada más que un ordenador generalista de consumo.

Caligra c100 Developer Terminal

El Caligra c100 Developer Terminal es uno de esos equipos que rompen con todo lo que damos por hecho en la informática actual. No es un portátil al uso, ni un sobremesa convencional, ni un simple mini‑PC con teclado mecánico: es una plataforma de trabajo pensada desde cero para personas que viven de crear, investigar o diseñar, no para quienes usan el ordenador sobre todo para consumir contenido.

La filosofía de este dispositivo es clara: priorizar el trabajo profundo y la concentración por encima de las notificaciones, ventanas emergentes, distracciones y capas de “adorno” que suelen acompañar a los sistemas tradicionales. El c100 combina un hardware muy cuidado, un diseño industrial de inspiración retro y un sistema operativo propio basado en Linux, Workbench OS, cuyo único objetivo es acelerar el flujo de trabajo de expertos técnicos y creativos.

Qué es exactamente el Caligra c100 Developer Terminal

El c100 se presenta como la plataforma de referencia de Caligra, una especie de mini‑PC de gama alta integrado en una carcasa única que recuerda a los terminales informáticos de los años 70 y 80, pero fabricado con la precisión y los materiales de hoy. Está concebido para oficinas, talleres, laboratorios y entornos industriales donde el ordenador es, sobre todo, una herramienta profesional.

En lugar de separar torre, teclado y otros periféricos, Caligra apuesta por un único volumen inclinado que integra el hardware del equipo y un teclado mecánico de tamaño completo. La parte frontal es más fina, para mejorar la ergonomía al teclear, mientras que la zona trasera se ensancha para alojar el corazón del sistema: procesador, memoria, almacenamiento y resto de componentes.

Este enfoque hace que el c100 se sitúe en una categoría propia: no es un ordenador de consumo ni un aparato de ocio, sino un terminal de desarrollo y creación. Su misión es ofrecer una experiencia de uso estable, predecible y libre de todo lo que no aporte valor al trabajo que se está realizando.

Caligra se define a sí misma como una empresa que fabrica herramientas para expertos: científicos, artistas, ingenieros, diseñadores, programadores, hackers o incluso pintores que dependen de un entorno digital fiable para sacar adelante su trabajo. El c100 es, por tanto, un manifiesto en forma de producto contra la deriva cada vez más “entretenida” y comercial de los ordenadores convencionales.

Diseño Caligra c100 Developer Terminal

Diseño industrial: un terminal moderno con alma retro

El diseño del Caligra c100 nace de la colaboración entre Caligra y Pentagram, concretamente con el diseñador industrial Jon Marshall. Su objetivo fue reimaginar el concepto de “terminal” en un mundo lleno de portátiles ultrafinos y sobremesas discretos, pero sin caer en el mero ejercicio nostálgico.

La carcasa del c100 está mecanizada por CNC a partir de un bloque sólido de aluminio. Esta elección no es solo estética: mejora la rigidez estructural, ayuda a gestionar mejor la disipación térmica y transmite la sensación de instrumento de precisión más que de gadget de consumo. El acabado utiliza un texturizado de chorro de bolas endurecido (bead‑blasted) que proporciona un tacto robusto y un aspecto claramente industrial.

En la parte superior se ha incorporado una tapa extraíble que deja a la vista un compartimento interno para guardar herramientas, cables u otros accesorios que el usuario necesite tener a mano. Es un guiño a los entornos de laboratorio y taller, donde cada centímetro de espacio cuenta y donde es habitual trabajar con instrumentos físicos junto al ordenador.

Otro rasgo llamativo es la geometría en cuña doble: cuando el terminal está plegado, las dos mitades se unen formando un volumen compacto y contundente. En uso, la parte del teclado y la parte del hardware se despliegan gracias a un sistema de bisagra magnética central que queda completamente oculta, dando la sensación de que el conjunto flota sobre la mesa.

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Visualmente, el c100 evoca los terminales de los años 70 y 80, aquellos equipos voluminosos y serios que se utilizaban en universidades y centros de cálculo. Sin embargo, el nivel de precisión de las líneas, la ventilación mediante microperforaciones para sonido y flujo de aire y la calidad de fabricación lo sitúan claramente en la actualidad.

Una bisagra magnética única y un enfoque no portátil

La pieza más singular del diseño del c100 es su bisagra magnética central. Este sistema permite dos cosas: por un lado, plegar el terminal completamente para ocupar menos espacio en la mesa; por otro, separar el teclado de la unidad principal sin que se vea ninguna bisagra convencional.

Resulta tentador pensar que, al poder plegarse y tener un formato relativamente compacto, estamos ante un dispositivo portátil. Sin embargo, Caligra insiste en que no se ha diseñado como ordenador para llevar de un lado a otro, sino como un terminal de sobremesa que se queda fijo en el puesto de trabajo. La plegabilidad está pensada para liberar espacio cuando se necesita trabajar con otros materiales: planos, maquetas, componentes electrónicos, lienzos, etc.

Este enfoque responde a un uso muy concreto: usuarios que alternan trabajo digital con trabajo físico. Arquitectos que pasan del teclado al papel, ingenieros que prototipan con hardware, artistas que combinan herramientas analógicas y digitales, como el lápiz óptico… Para todos ellos, poder “cerrar” el terminal y recuperar la superficie de la mesa es más útil que poder llevárselo en la mochila.

La desconexión del teclado mediante el pivote magnético permite, además, que el usuario pueda recolocar el teclado o usar otros dispositivos de entrada sin estar atado a una bisagra visible o a un soporte rígido. De nuevo, la prioridad es la ergonomía y la flexibilidad en un entorno profesional.

Teclado mecánico simétrico y ratón con cable

El teclado es uno de los elementos protagonistas del c100, hasta el punto de que la propia carcasa está pensada alrededor de un teclado mecánico de tamaño completo. No se trata de un accesorio más, sino del centro de interacción del sistema, diseñado con los mismos criterios de ergonomía que el hardware y el software.

Una de las decisiones más llamativas es la colocación del teclado numérico en el lado izquierdo en lugar del derecho, que es lo habitual. Esta elección responde a principios de diseño de interacción para sistemas expertos, aplicando leyes como la de Fitts para reducir el tiempo de movimiento entre el teclado, el ratón y el resto de zonas de interacción.

Al situar el bloque numérico a la izquierda, el área de interacción se vuelve más simétrica respecto al cuerpo del usuario. Quienes usan con frecuencia la mano derecha para el ratón ya no tienen que desplazarse tanto hacia la derecha para llegar al pad numérico, lo que teóricamente acelera la entrada de datos y reduce la fatiga en sesiones de trabajo largas.

El propio teclado utiliza interruptores mecánicos de respuesta rápida, pensados para ofrecer precisión, velocidad y facilidad de mantenimiento. Los switches pueden sustituirse o repararse con relativa sencillez, una ventaja enorme en entornos donde el teclado es una herramienta de trabajo intensiva y no un simple accesorio desechable.

Junto al teclado, Caligra ha desarrollado también un ratón específico para el c100, diseñado con el mismo lenguaje visual y proporciones que la carcasa principal. Tras probar varias iteraciones, el equipo se decantó por una forma ergonómica que encaja bien con la mano y que encaja estéticamente con el resto del conjunto.

En un gesto que puede sonar “retro” pero que tiene bastante lógica, el ratón es con cable, sin batería ni Bluetooth. Al prescindir de conexiones inalámbricas, se eliminan las dudas sobre latencia, emparejamientos fallidos o recargas de batería justo cuando más falta hace. Es una decisión coherente con el espíritu del terminal: reducir al mínimo posibles puntos de fallo y distracciones.

Proceso de desarrollo y prototipado del hardware

El c100 no surgió de la nada ni de un simple render bonito. Detrás hay un proceso de prototipado bastante exhaustivo, en el que se fueron refinando la forma, la ergonomía y los detalles de fabricación a lo largo de múltiples iteraciones.

El equipo de diseño empezó trabajando con maquetas de cartón y espuma, fáciles de cortar, pegar y modificar para explorar distintas geometrías, inclinaciones y volúmenes generales. Estos prototipos permitían probar rápidamente cómo se sentía el terminal en la mesa, cuánto espacio ocupaba y cómo respondía a diferentes ángulos de teclado.

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Después, se pasó a modelos en impresión 3D, que aportaban más precisión en dimensiones, uniones y detalles, permitiendo comprobar cómo encajaban los distintos elementos y cómo se podían integrar los componentes internos. Finalmente, se realizaron pruebas con prototipos de aluminio mecanizado, muy cercanos al producto final, para validar tacto, peso, rigidez y disipación térmica.

Este enfoque, más cercano al diseño de equipamiento industrial o científico que al típico gadget de consumo, ayuda a explicar la sensación de solidez y coherencia que transmite el c100. Cada ángulo, cada superficie y cada perforación tienen detrás decisiones muy meditadas.

Especificaciones técnicas y rendimiento interno

Por muy llamativo que resulte el envoltorio, un terminal para expertos tiene que acompañar con un hardware a la altura. El Caligra c100 integra componentes modernos de gama alta para que no se quede corto en tareas de desarrollo, cálculo intensivo o creación de contenido.

En su configuración anunciada, el c100 monta un procesador AMD Ryzen 9 7940HS, un chip actual pensado originalmente para portátiles potentes pero que encaja muy bien en este formato compacto. Ofrece núcleos y hilos de sobra para compilar proyectos grandes, trabajar con máquinas virtuales o manejar aplicaciones técnicas exigentes.

De serie, el terminal incluye 96 GB de memoria RAM, una cantidad muy por encima de lo habitual en equipos de consumo. Este margen es especialmente útil para profesionales que trabajan con contenedores, entornos de desarrollo complejos, grandes bases de datos, simulaciones o múltiples herramientas abiertas a la vez.

En cuanto al almacenamiento, el c100 apuesta por una unidad SSD de 1 TB, suficiente para alojar sistema operativo, aplicaciones y proyectos pesados sin necesidad de recurrir desde el primer día a almacenamiento externo. La combinación de SSD rápido y abundante RAM asegura que el sistema responda con fluidez incluso bajo carga intensa.

Aunque el énfasis del producto no está en la potencia gráfica para juegos, el conjunto de CPU moderna, memoria generosa y SSD rápido hace del c100 un equipo sobrado para la mayoría de tareas profesionales, desde programación hasta edición de contenidos técnicos o científicos.

Workbench OS: un Linux minimalista para trabajar

Si el hardware es la cara visible del c100, el alma del sistema es Workbench OS, el sistema operativo desarrollado por el equipo interno de Caligra. Se trata de una plataforma basada en Linux, diseñada expresamente para dejar de lado adornos superfluos y centrarse en lo que el usuario tiene entre manos.

El nombre “Workbench” tiene resonancias históricas, ya que fue la denominación de la interfaz gráfica clásica de los ordenadores Commodore Amiga. Sin embargo, en este caso no hay relación técnica con aquel sistema: el Workbench de Caligra es completamente nuevo y se construye sobre una base Linux moderna.

La filosofía del sistema se resume en la idea de ser “un sistema operativo que hace menos para que tú puedas hacer más”. Esto implica eliminar distracciones: no hay elementos decorativos innecesarios, ni ventanas emergentes constantes, ni necesidad de activar modos de “no molestar” porque, simplemente, el entorno está pensado desde el principio para no interrumpir.

La interfaz de Workbench OS apuesta por una presentación limpia y funcional, con iconos y menús familiares para que los usuarios de otros sistemas no se sientan perdidos, pero sin recargar la pantalla con animaciones, transparencias o capas cosméticas. El foco está en la legibilidad, la rapidez de respuesta y el acceso directo a las herramientas clave.

Además, el sistema incorpora atajos específicos y patrones de interacción inspirados en las mejores prácticas de diseño para sistemas expertos. Esto incluye la aplicación de principios como la ley de Fitts para organizar la interfaz de forma que el usuario pueda moverse más rápido entre tareas y controles, reduciendo pequeños retrasos que, a lo largo del día, suman mucho tiempo perdido.

Base técnica de Workbench y compatibilidad con software

A nivel interno, Workbench OS se apoya en un núcleo Linux con base de paquetes rpm. Aunque Caligra subraya que no se trata de una distribución al uso, el sistema está pensado para ser un anfitrión ideal de contenedores y paquetes provenientes tanto del ecosistema open source como de repositorios comerciales.

En la práctica, esto significa que los usuarios pueden aprovechar paquetes del proyecto Fedora, instalables por usuarios con permisos de administración. De este modo, el sistema no queda encerrado en un jardín cerrado, sino que bebe de un ecosistema amplio y bien mantenido.

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Además, herramientas como distrobox permiten ejecutar software procedente de otras distribuciones dentro de contenedores, sin romper la base del sistema. Esta aproximación da bastante flexibilidad para quienes necesitan entornos específicos de desarrollo o quieren replicar configuraciones de servidores y estaciones de trabajo existentes.

Un aspecto interesante es que, pese a estar muy orientado a Workbench, el hardware del c100 no queda bloqueado: en el peor de los casos, si en algún momento dejara de evolucionar el sistema de Caligra, no habría impedimento técnico serio para instalar otras variantes de Linux o incluso otros sistemas como Windows, siempre que los controladores lo permitan.

Esta apertura otorga al comprador cierta seguridad de futuro: el valor del hardware no queda supeditado de por vida al mantenimiento de una única plataforma de software, aunque la experiencia “ideal” sea, evidentemente, con Workbench OS.

Un ordenador “para expertos” y no para todo el mundo

Desde la propia comunicación de la marca se deja claro que el c100 no pretende ser un ordenador para cualquiera. Caligra habla abiertamente de un “ordenador para expertos”, una herramienta concebida para quienes utilizan el ordenador como instrumento principal de trabajo creativo o técnico.

La misión declarada de la empresa es construir una nueva marca de informática centrada en el trabajo creativo‑técnico, que ponga por delante la creación frente al consumo: menos redes sociales y vídeos de fondo, más código, investigación, diseño y producción. Un planteamiento que muchos usuarios acostumbrados a Windows o macOS pueden percibir como demasiado “espartano”.

Para cierto perfil de usuario, este carácter casi “austero” puede ser un rechazo inicial: si se busca un equipo para juego casual, ocio multimedia y apps sociales, probablemente el c100 no encaje. En cambio, para los que valoran un entorno sobrio y predecible, sin adornos ni sobrecarga visual, la propuesta puede resultar muy atractiva.

La combinación de hardware robusto, sistema operativo refinado para la productividad y periféricos pensados al detalle coloca al c100 en un segmento bastante exclusivo. No compite directamente con portátiles generalistas ni con torres genéricas, sino con estaciones de trabajo y entornos desarrollados a medida para entornos profesionales.

Precio, disponibilidad y percepción de valor

El Caligra c100 Developer Terminal se ha lanzado inicialmente mediante un sistema de reservas por lotes. El llamado “Batch One” se puede precomprar con un depósito inicial de 99 dólares, y las primeras unidades están previstas para enviarse a partir de enero de 2026, según los plazos comunicados.

El precio de referencia del terminal se sitúa en torno a los 1.999 dólares. A primera vista, puede parecer elevado si se compara con algunos sobremesa o portátiles potentes, pero es importante ponerlo en contexto con el tipo de producto que es: una combinación de hardware a medida, diseño industrial diferenciado y un sistema operativo cuidadosamente desarrollado.

Al estimar el coste de los componentes puramente de hardware —procesador, memoria, almacenamiento, electrónica y piezas no estándar—, algunos análisis apuntan a un rango aproximado de entre 1.200 y 1.500 dólares si se intentase montar algo similar por cuenta propia, sin contar el diseño de la carcasa, el desarrollo de software ni el soporte.

Si se tiene en cuenta todo ese trabajo adicional, más el valor de un entorno coherente listo para usar, la propuesta de los 1.999 dólares se percibe como relativamente razonable en su nicho. No es barato, pero tampoco pretende serlo: se trata de una herramienta profesional con un posicionamiento claramente premium.

La decisión de lanzarlo mediante reservas por lotes también habla de un enfoque prudente y dirigido a una comunidad concreta, más que a un lanzamiento masivo. Se busca a aquellos usuarios que se identifiquen con la filosofía del producto y estén dispuestos a invertir en un entorno de trabajo distinto a lo habitual.

El Caligra c100 Developer Terminal se perfila, en conjunto, como un instrumento de trabajo especializado para quienes necesitan un ordenador orientado a la creación y al rendimiento sostenido más que al espectáculo visual. Su diseño sólido, su peculiar teclado simétrico, el ratón con cable, Workbench OS y el cuidado en los detalles lo convierten en una opción muy particular dentro del panorama actual, pensada para usuarios que valoran más la concentración, la ergonomía y la fiabilidad que las florituras y el entretenimiento integrado.

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