Qué significa 80 Plus White, Bronze, Silver, Gold, Platinum, Titanium y Ruby

Última actualización: enero 16, 2026
Autor: Isaac
  • Las certificaciones 80 PLUS indican niveles mínimos de eficiencia energética en fuentes de alimentación, desde White hasta Ruby, midiendo cuánta energía se pierde como calor a distintas cargas.
  • Cada nivel (Bronze, Silver, Gold, Platinum, Titanium y Ruby) exige porcentajes crecientes de eficiencia, siendo Gold el punto óptimo para la mayoría de PCs y Ruby un estándar extremo para centros de datos.
  • El programa 80 PLUS tiene limitaciones: solo se testean pocas unidades, se usan condiciones de laboratorio poco realistas y no se mide bien la eficiencia a cargas bajas ni el consumo en standby.
  • Para elegir bien una PSU hay que combinar la certificación 80 PLUS con la reputación de la marca, la potencia adecuada, buena circuitería de protección y un cableado y formato compatibles con el equipo.

Certificaciones 80 Plus para fuentes de alimentación

Si vas a montar o actualizar un PC, una de las decisiones más ignoradas suele ser la elección de la fuente de alimentación. Y, sin embargo, de esa elección depende que tu equipo sea estable, eficiente y no se convierta en un hornillo eléctrico. Aquí es donde empiezan a aparecer pegatinas como 80 PLUS White, Bronze, Silver, Gold, Platinum, Titanium o la más reciente Ruby, que a simple vista parecen solo marketing, pero esconden bastante miga.

Comprender qué significan estas certificaciones es clave para no pagar de más ni quedarte corto. En las próximas líneas vamos a desgranar de forma clara qué implica cada nivel, qué eficiencia real ofrecen, qué limitaciones tiene el propio programa 80 PLUS y cómo elegir con cabeza la certificación adecuada para tu PC, tanto si es un equipo de ofimática como una máquina gaming o una estación de trabajo seria.

Qué es realmente una fuente de alimentación y por qué importa la eficiencia

La fuente de alimentación (PSU) es la encargada de convertir la corriente alterna (CA) de la red eléctrica en corriente continua (CC), que es la que utilizan todos los componentes del ordenador: placa base, CPU, GPU, discos, ventiladores, etc. En ese proceso de conversión siempre hay pérdidas: nunca se transforma el 100% de la energía.

Cuando hablamos de eficiencia, nos referimos a la relación entre la potencia que la fuente toma de la pared y la potencia que entrega realmente al PC. Una fuente con un 80% de eficiencia que suministra 1.000 W a los componentes estará consumiendo 1.250 W de la toma; los 250 W restantes se pierden en forma de calor. Cuanto peor sea la eficiencia, más energía desperdicia, más sube la factura y más sufre la refrigeración del equipo.

Todo el calor que genera el hardware (CPU, GPU, SSD, VRM, etc.) es energía que se ha transformado en calor y ya no se puede aprovechar. No existe el componente perfecto sin pérdidas; la única pregunta razonable es cuál desperdicia menos. Ahí entran en juego programas como 80 PLUS, que intentan poner orden estableciendo umbrales mínimos de eficiencia.

En la práctica, una fuente con buena eficiencia no solo ahorra dinero: también suele trabajar más fría, el ventilador gira menos y el ruido baja. Por eso la etiqueta 80 PLUS se ha convertido en un atajo visual para detectar PSU teóricamente más eficientes, aunque, como veremos, tiene sus sombras.

Origen y evolución de la certificación 80 PLUS: de White a Ruby

Evolución de niveles 80 Plus

El programa 80 PLUS nació en 2004 como una iniciativa para promover fuentes más eficientes en un momento en el que la mayoría de PSU del mercado eran auténticas estufas. Aquella primera versión simplemente garantizaba que la fuente lograba al menos un 80% de eficiencia a tres puntos de carga: 20%, 50% y 100% de su potencia nominal.

Con el tiempo, la nomenclatura se refinó y ese primer nivel pasó a conocerse como 80 PLUS White o, directamente, 80 PLUS “a secas”. En 2008 se sumaron tres certificaciones adicionales (Bronze, Silver y Gold), que elevaban los requisitos de eficiencia. En 2009 llegó Platinum y en 2012 se incorporó Titanium, marcando escalones cada vez más exigentes.

Durante muchos años Titanium fue el tope de gama en el ecosistema 80 PLUS. Sin embargo, el auge de los centros de datos, la nube y, más recientemente, la inteligencia artificial, ha puesto un foco brutal sobre el consumo energético de los servidores. Para competir con otros esquemas de certificación modernos, como Cybenetics, el programa ha introducido una nueva categoría, 80 PLUS Ruby, pensada específicamente para entornos de datacenter y muy altas potencias.

En paralelo a esta evolución, marcas como Seasonic, Corsair, Delta Electronics y otras han ido lanzando fuentes cada vez más sofisticadas para poder cumplir las nuevas exigencias de eficiencia. De hecho, las primeras PSU comerciales con 80 PLUS aparecieron alrededor de 2005, y desde entonces el sello se ha convertido en un estándar de facto en fichas de producto y filtros de tiendas online.

Cómo funciona la certificación 80 PLUS y qué mide exactamente

Pruebas de eficiencia 80 Plus

El programa 80 PLUS está gestionado actualmente por CLEAResult (antes Ecos Consulting), una empresa que se encarga de recibir las fuentes de los fabricantes, someterlas a prueba y asignar la etiqueta correspondiente si cumplen los criterios. No es un organismo público ni europeo, sino una iniciativa privada con sus propias normas.

Para certificar un modelo, el fabricante envía una o muy pocas unidades a un laboratorio autorizado. Allí se mide su eficiencia a varias cargas de trabajo: normalmente al 20%, 50% y 100% de la potencia nominal, y en el caso de Titanium también al 10%. En el nuevo nivel Ruby, además, se añaden pruebas al 5%. Con los vatios de entrada (desde la red) y salida (hacia el PC) se calcula la eficiencia exacta.

Las pruebas se hacen en un entorno muy controlado, con temperatura ambiente estándar de unos 23 ºC y tensión de entrada de 115 V, que es el estándar estadounidense. Para la etiqueta europea se extrapolan valores a 230 V, ya que las PSU suelen ser ligeramente más eficientes a este voltaje más alto.

  ¿Cómo conectar un control de Xbox One a una computadora?

Durante los tests se comprueba la eficiencia de los distintos raíles de tensión que utiliza el PC: +12 V, +5 V, +3,3 V y -12 V. Curiosamente, el programa no evalúa la eficiencia del raíl de 5VSB (5 V standby), pese a que es el responsable del pequeño consumo en reposo cuando el equipo está apagado pero la fuente sigue conectada.

Cada certificación exige unos mínimos de eficiencia. Por ejemplo, una PSU 80 PLUS Gold debe ofrecer, con 230 V, alrededor de un 90% de eficiencia al 50% de carga y valores algo inferiores al 20% y 100%. Titanium sube esos requisitos hasta cifras en torno al 96% al 50% de carga, y Ruby todavía da un paso más.

Factor de potencia y PFC: el otro gran ingrediente de una buena PSU

PFC y eficiencia eléctrica

Además de la eficiencia pura, en las fuentes de alimentación entra en juego otro parámetro importante: el factor de potencia (PF). Este valor es la relación entre la potencia real que aprovecha el equipo y la potencia aparente (voltios por amperios) que circula por la instalación. En muchas PSU sin corrección avanzada, el PF ronda 0,7-0,75.

Para mejorar ese valor, las fuentes modernas incorporan circuitos de corrección del factor de potencia o PFC (Power Factor Correction), que pueden ser pasivos o, en los modelos de calidad, activos. Un buen PFC activo puede llevar el factor de potencia por encima de 0,9, acercando mucho la potencia aparente a la real y reduciendo pérdidas y armónicos en la red eléctrica.

Desde el punto de vista electrónico, una fuente de alimentación es un circuito analógico de potencia relativamente complejo, basado en transformadores, transistores y condensadores que se encargan de filtrar, rectificar y estabilizar la corriente. Durante la conversión se producen desfases entre tensión y corriente que degradan el factor de potencia; el PFC se encarga de compensarlos en la medida de lo posible.

Las PSU con certificación 80 PLUS suelen integrar PFC activo precisamente para aprovechar mejor la corriente alterna y minimizar la energía tirada a la basura. No todas las etiquetas 80 PLUS garantizan un PF concreto, pero en la práctica, las fuentes decentes del programa suelen anunciar PF ≥ 0,9, sobre todo a cargas medias y altas.

Tabla de niveles 80 PLUS: White, Bronze, Silver, Gold, Platinum y Titanium

Tabla comparativa niveles 80 Plus

Los distintos escalones 80 PLUS marcan la eficiencia mínima garantizada a varias cargas. Aunque los porcentajes cambian ligeramente entre 115 V (EE. UU.) y 230 V (Europa), la idea general es la siguiente para 230 V:

  • 80 PLUS (White): alrededor del 82% al 20% de carga, 85% al 50% y 82% al 100%.
  • 80 PLUS Bronze: aprox. 85% al 20%, 88% al 50% y 85% al 100%.
  • 80 PLUS Silver: en torno al 87% al 20%, 90% al 50% y 87% al 100%.
  • 80 PLUS Gold: cerca del 90% al 20%, 92% al 50% y 89% al 100%.
  • 80 PLUS Platinum: unos 92% al 20%, 94% al 50% y 90% al 100%.
  • 80 PLUS Titanium: 94% al 20%, 96% al 50%, 94% al 100% y, además, 90% al 10% de carga.

Fíjate en que todas las categorías parten de ese 80% mínimo de eficiencia, y que, a medida que subes de nivel, las mejoras son incrementales: unos pocos puntos porcentuales más en cada tramo. En el día a día, ese 2-4% extra puede parecer poca cosa, pero sumado a muchas horas de uso y a fuentes de alta potencia puede suponer un ahorro apreciable.

En Europa, donde se usa 230 V, las PSU tienden a ser algo más eficientes que a 115 V, y la tabla oficial de 80 PLUS refleja esta diferencia. Por eso muchas veces verás dos números entre paréntesis en las tablas: el primer valor para 115 V, el segundo para 230 V. A la hora de comprar en España, interesa fijarse en la columna de 230 V.

Conviene saber que no todas las certificaciones son igual de frecuentes. Silver y el 80 PLUS “básico” son relativamente raros en el mercado actual, porque los fabricantes prefieren centrar sus gamas en Bronze para la entrada, Gold para la gama media-alta y Platinum/Titanium como opciones premium.

En términos de valor, muchas guías coinciden en que 80 PLUS Gold es el auténtico “punto dulce”: equilibra muy bien precio, eficiencia y calidad esperable. Bronze sigue siendo completamente válido para equipos modestos, y a partir de Platinum normalmente estamos pagando un extra que solo renta a largo plazo si el PC está muchas horas al día encendido.

80 PLUS Ruby: el nuevo nivel ultraexigente para centros de datos

La última incorporación a la familia es 80 PLUS Ruby, un nivel creado para competir en seriedad con certificaciones como Cybenetics, sobre todo en el terreno de servidores y cloud. Ruby pone el listón muy alto, hasta el punto de exigir un 90% de eficiencia o más incluso a cargas muy bajas.

En concreto, para el mercado de centros de datos con tensión de 230 V “estadounidense” (distinta a la doméstica europea), Ruby establece algo parecido a esto:

  • 5% de carga → al menos un 90% de eficiencia.
  • 10% de carga → al menos un 91%.
  • 20% de carga → alrededor del 95%.
  • 50% de carga → cerca del 96,5%.
  • 100% de carga → en torno al 92%.

Es decir, Ruby supera a Titanium en todos los puntos, añadiendo además la medición al 5% de carga, que hasta ahora no se contemplaba. La mejora es “solo” de un 1% aproximadamente respecto a Titanium, pero en potencias de varios kilovatios y 24/7 de uso, ese 1% se convierte en dinero muy real.

Las primeras fuentes certificadas Ruby han llegado de la mano de fabricantes como Delta Electronics, con modelos de hasta 5.500 W y eficiencias cercanas al 97,5% en sus puntos óptimos de funcionamiento. De momento todo esto queda en el terreno de datacenters, pero no sería raro ver en unos años alguna incursión en plataformas domésticas entusiastas.

  Controlador USB para Windows 10: Guía para Instalar y Usar

Para un usuario de PC normal, Ruby es más una curiosidad que otra cosa; la clave sigue estando en elegir bien entre Bronze, Gold o, si el presupuesto lo permite, Platinum o Titanium. Pero a nivel de industria, muestra que la guerra por rascar cada vatio está lejos de haber terminado.

Limitaciones y problemas del certificado 80 PLUS

Aunque la pegatina 80 PLUS sirve como atajo visual para intuir la eficiencia de una PSU, el programa tiene varias carencias importantes que conviene tener presentes antes de fiarse ciegamente. No todo lo que brilla es oro… ni todo lo que lleva sello Gold es necesariamente una maravilla.

Solo se prueban unas pocas unidades

Cuando un fabricante quiere certificar una fuente, no se mandan decenas de muestras aleatorias de la línea de montaje, sino una o muy pocas unidades concretas. El laboratorio certifica ese modelo basándose en esas unidades y, a partir de ahí, todas las PSU con el mismo nombre comercial heredan la etiqueta.

Esto implica que cambios posteriores en la producción (proveedores distintos de componentes, ligeras variaciones de diseño, etc.) no obligan automáticamente a repetir las pruebas. Mientras el nombre del modelo sea el mismo, la pegatina 80 PLUS también lo será, aunque internamente ya no sea exactamente la misma fuente.

Condiciones de prueba poco realistas

Otro de los grandes “peros” del programa es que las pruebas se realizan a 23 ºC de temperatura ambiente, que dista bastante de ser la realidad de un PC gaming, especialmente en verano y en cajas con ventilación justita. A más temperatura, más pérdidas y peor comportamiento, algo que el certificado no refleja.

Además, la tensión de prueba estándar es 115 V, como ya se ha comentado, cuando en España y en el resto de Europa se usa 230 V. Los valores para nuestro entorno se obtienen extrapolando resultados, no midiendo directamente, lo que introduce un factor más de separación respecto al uso real.

También hay un problema con los puntos de carga medidos. Salvo Titanium (y Ruby) que añaden el 10% y el 5% en algunos casos, el resto de certificaciones solo consideran el 20%, 50% y 100%. Todo lo que ocurre entre esos puntos y, sobre todo, por debajo del 20% de carga, queda fuera del alcance de 80 PLUS.

En un PC moderno, la mayor parte del tiempo la carga real está lejos del 100%: muchas horas en reposo, navegación, ofimática ligera… Si en esos escenarios la eficiencia cae por debajo de lo que promete la etiqueta, el certificado no nos lo va a contar en ningún sitio.

Falta de control global y riesgo de etiquetas falsas

Otro problema es que el programa no mantiene, de cara al usuario final, un registro público fácil de consultar con todas las fuentes certificadas y sus variantes. Esto obliga a confiar en la buena fe del fabricante y del distribuidor a la hora de poner la pegatina en la caja.

Las grandes marcas consolidadas (Corsair, Seasonic, ASUS, Cooler Master, Be Quiet!, Gigabyte, FSP, Antec, etc.) suelen respetar las normas porque se juegan su reputación. Pero existen fabricantes más “exóticos” o de gama muy baja que pueden caer en la tentación de colocar logotipos 80 PLUS sin haber pasado realmente los ensayos, o después de haber cambiado la plataforma interna del producto.

Por eso, al elegir fuente conviene huir de chollos demasiado buenos para ser verdad y de marcas de procedencia dudosa. Una PSU de marca reconocida sin certificación oficial puede ser mejor compra que una supuesta 80 PLUS Gold de marca fantasma y precio ridículo.

Ignora parámetros importantes como el 5VSB y las normas ErP

Las especificaciones ATX modernas requieren tener en cuenta, entre otras cosas, la eficiencia del raíl de 5VSB (5 voltios en standby), que es el que alimenta ciertas funciones del PC cuando está apagado (encendido remoto, puertos USB siempre activos, etc.). El esquema 80 PLUS, sin embargo, no mide ni valora la eficiencia en ese raíl de espera.

Esto choca con directivas europeas como ErP Lot 6, que desde 2010 establece que, en modo standby o apagado, el consumo debe ser inferior a 1 W, límite que actualmente se ha estrechado a 0,5 W. ErP Lot 3 añade requisitos adicionales para ordenadores y servidores, obligando a mantenerse por debajo de 5 W cuando la carga de 5VSB es igual o inferior a 2,75 W.

El certificado 80 PLUS pasa de largo sobre estos objetivos de consumo en reposo, de modo que una fuente puede presumir de un sello Titanium y, aun así, tener un comportamiento mejorable en standby. En un PC doméstico puede no ser crítico, pero en oficinas con muchos equipos apagados pero enchufados sí marca diferencia.

Eficiencia a cargas bajas: el gran punto ciego

El diseño del programa hace que, para cumplir la certificación, los fabricantes se concentren casi exclusivamente en optimizar la eficiencia en los puntos exigidos (20%, 50%, 100% y, en su caso, 10% o 5%), dejando en un segundo plano lo que ocurre por debajo del 20% de carga.

Esto significa que una PSU puede ostentar una etiqueta muy alta y, sin embargo, tener una eficiencia mediocre cuando el PC está casi en reposo o solo realizando tareas ligeras. Al usuario le da la sensación de estar comprando lo mejor de lo mejor, pero una parte importante de las horas de uso no se está beneficiando de esa supuesta superioridad.

En dispositivos de muy bajo consumo (miniPC, NUC, HTPC sencillos, etc.) se suelen usar fuentes externas o diseños específicos pensados para trabajar bien a potencias bajas, precisamente porque las PSU ATX normales no están optimizadas para vivir en el tramo del 5-15% de carga.

Relación entre eficiencia, consumo real y factura de la luz

La eficiencia de la PSU impacta directamente en cómo se reparte la energía entre lo que aprovecha el PC y lo que se disipa en forma de calor. Una fuente de 1.000 W con un 80% de eficiencia a plena carga dibuja 1.250 W de la red para entregar 1.000 W útiles; el resto se pierde. Si en lugar de un 80% tuviéramos un 90%, el consumo de la pared bajaría a unos 1.111 W para alimentar con los mismos 1.000 W el equipo.

  ¿Qué información tiene un código de barras?

Es importante entender que la potencia nominal de la fuente (600 W, 750 W, 850 W, 1.000 W, etc.) no es lo que consume siempre, sino el máximo que puede entregar a los componentes. Lo que paga uno en la factura depende de la carga real del PC y de la eficiencia de la fuente a esa carga.

En un equipo gaming típico, el pico de consumo se da cuando la GPU y la CPU trabajan a tope, pero el resto del tiempo el sistema está mucho más cerca del 20-40% de carga. Por eso es tan relevante que la PSU tenga buena eficiencia precisamente en esos porcentajes, que es donde pasará la mayor parte del tiempo.

La diferencia de consumo entre una fuente Bronze y una Gold del mismo wattage puede rondar varios vatios a plena carga (por ejemplo, unos 40 W menos en una Gold de 600 W respecto a una Bronze similar en el peor de los casos). A largo plazo, y si le das mucha caña al PC, esa diferencia puede amortizar el sobreprecio inicial, pero si el equipo apenas se estresa, el retorno económico puede ser marginal.

Qué certificación 80 PLUS elegir según el tipo de PC

Con todo lo anterior sobre la mesa, la gran pregunta es: ¿qué nivel de 80 PLUS te conviene? No hay una respuesta universal, pero sí algunas pautas lógicas para no equivocarse:

  • PC básico u ofimática: una fuente 80 PLUS Bronze (o incluso White de marca fiable) suele ser suficiente. La carga rara vez será extrema y es mejor priorizar calidad de construcción antes que apurar la última décima de eficiencia.
  • PC gaming de gama media/alta: aquí tiene mucho sentido apuntar a 80 PLUS Gold. Es el nivel con mejor relación calidad-precio para la mayoría de jugadores: eficiencia muy buena, temperaturas contenidas y precios razonables.
  • Estaciones de trabajo / uso intensivo: si el equipo va a estar muchas horas al día renderizando, compilando o trabajando al 70-100% de carga, una PSU Platinum puede resultar interesante, sobre todo en potencias altas donde cada punto de eficiencia se nota más.
  • Equipos entusiastas o muy sensibles al consumo: Titanium entra en juego cuando el presupuesto no es un problema y se busca lo máximo posible en eficiencia, sea por costes energéticos o por convicción ecológica. Aun así, la diferencia real de gasto frente a Platinum puede tardar años en compensar el sobreprecio.

Más allá del sello, hay que tener claro que la certificación 80 PLUS no mide la calidad global del diseño. Una fuente Gold de mala marca puede ser mucho peor que una Bronze de fabricante reputado. Para elegir con cabeza es fundamental combinar el nivel 80 PLUS con reseñas fiables, análisis técnicos y, sobre todo, el historial de la marca en PSU.

En cuanto a potencia (wattage), lo ideal es calcular el consumo aproximado del equipo (CPU, GPU, discos, ventiladores, etc.) y dejar margen. Para un PC gaming actual, entre 650 W y 850 W cubren la gran mayoría de configuraciones, salvo setups con varias gráficas o overclocking extremo.

Otros factores clave al elegir fuente: cableado, protecciones y formato

La pegatina 80 PLUS es solo una parte de la historia. A la hora de comprar una PSU también conviene fijarse en:

  • Tipo de cableado: las fuentes no modulares traen todos los cables fijos y pueden complicar el orden interno. Las semi-modulares combinan cables fijos y desmontables. Las modulares permiten conectar solo los cables necesarios, facilitando un montaje limpio y un mejor flujo de aire en la caja.
  • Formato físico: la mayoría de cajas ATX aceptan fuentes ATX estándar, pero en chasis compactos puede hacer falta un formato SFX o SFX-L, más pequeño. Es vital comprobar compatibilidades antes de comprar.
  • Conectores disponibles: asegurarse de que hay suficientes conectores PCIe para la GPU, conectores EPS de CPU, SATA para discos, etc. Si piensas ampliar en el futuro, es mejor que sobre algún conector a que falte.
  • Protecciones eléctricas: una buena PSU debe contar con sistemas como OVP (protección contra sobretensión), OCP (sobrecorriente), SCP (cortocircuito), OTP (sobretemperatura), entre otros. Estas protecciones son las que salvan el resto de componentes si algo va mal.

En marcas recomendables, nombres como Corsair, Seasonic, EVGA, Be Quiet!, Cooler Master, FSP, Antec o ASUS suelen ser una apuesta segura en sus gamas medias y altas. Siempre puede haber modelos flojos, pero la probabilidad de llevarse un ladrillo es mucho menor que con fabricantes desconocidos que solo destacan por un precio llamativamente bajo.

Al final, la fuente de alimentación es el corazón eléctrico del PC. Escatimar demasiado en ella es jugar con fuego: un fallo grave puede dañar placa base, gráfica o almacenamiento. Por eso tiene bastante sentido invertir en una PSU eficiente, con buena certificación, protecciones serias y de un fabricante con historial, incluso aunque suponga pagar algo más que por la opción más barata del escaparate.

Después de todo este repaso, el papel de las certificaciones 80 PLUS se ve de otra manera: son un buen punto de partida para entender qué tal aprovecha la energía una fuente, ayudan a comparar modelos y pueden orientar la compra, pero su alcance es limitado, se basan en condiciones de laboratorio muy concretas y no sustituyen a una evaluación crítica de la marca, el modelo y las necesidades reales de tu equipo.

Novedades sobre Intel Bartlett Lake-S
Artículo relacionado:
Qué es EPP o Energy Performance Preference y cómo afecta al rendimiento de tu CPU