- Muchos Acer Nitro alcanzan temperaturas de CPU cercanas a 100 ºC, provocando thermal, power y current throttling continuos.
- Los síntomas más habituales son congelones de 1‑2 segundos, bajones bruscos de FPS y olor a plástico caliente tras unos minutos de juego.
- Las soluciones típicas (bases de refrigeración, pasta térmica nueva, undervolt) solo alivian en parte un diseño térmico muy justo.
- Si el equipo está en garantía y muestra estos comportamientos, es recomendable documentarlos bien y recurrir al servicio técnico.
Si tienes un Acer Nitro y notas que el portátil se calienta como si fuera una estufa cada vez que juegas, no eres el único. En foros y comunidades se repiten las mismas quejas: temperaturas de CPU que rozan o superan los 90‑100 ºC, tirones repentinos, bajones de FPS brutales e incluso olor a plástico caliente después de un rato jugando. Todo esto genera la sensación de que la máquina no rinde lo que debería, y que algo no va bien con el sistema de refrigeración.
En este artículo vamos a recopilar y ordenar toda la información que aparece en esas experiencias reales de usuarios de Acer Nitro, explicando con calma qué está pasando, qué significan cosas como el thermal throttling, power throttling o current throttling, en qué casos puede ser medio “normal” y cuándo conviene tirar de garantía o plantearse una solución más seria. Lo haremos con lenguaje claro, sin tecnicismos vacíos, pero entrando al detalle para que puedas entender qué está ocurriendo con tu portátil.
Problema recurrente: sobrecalentamiento extremo en Acer Nitro
La queja más repetida es que, al jugar, la CPU del Acer Nitro sube a temperaturas de entre 85 ºC y 100 ºC de manera constante o con picos muy frecuentes. Algunos usuarios comentan que, en la práctica, la CPU se pasa buena parte del tiempo entre 90 y 100 ºC mientras juegan a títulos AAA modernos, incluso con hardware relativamente reciente como un Intel i5‑12500H acompañado de una RTX 3050 Ti y 16 GB de RAM en doble canal.
Lo llamativo es que, en muchos de estos casos, la GPU no parece tener tanto problema: se mantiene mucho más estable en torno a 78‑87 ºC, sin picos salvajes ni estrangulamientos tan agresivos. Es decir, el cuello de botella en la refrigeración suele estar en la CPU, no tanto en la gráfica dedicada, lo que hace que el procesador sea el primero en alcanzar el límite térmico.
Varios dueños de modelos como el Acer Nitro 5 AN515‑58 o el Nitro V 15 con Ryzen 7 7735HS describen exactamente este patrón: la GPU va razonablemente bien, mientras que la CPU se dispara a más de 90 ºC incluso con solo un 20‑30 % de uso según el Administrador de tareas. Esa desproporción entre carga y temperatura es una señal clara de que algo en el diseño térmico o en la gestión de energía no está funcionando de forma eficiente.
En portátiles con procesadores Intel i7‑10750H o i5‑11400H, se repite el escenario: al someter el equipo a uso intensivo (juegos pesados, tareas exigentes), el sistema se pone a más de 90 ºC con facilidad y empieza a activarse todo tipo de mecanismos de protección internos para evitar daños.

Qué es el thermal throttling, power throttling y current throttling
Muchos usuarios han utilizado herramientas como Intel Extreme Tuning Utility (XTU) para monitorizar el comportamiento del procesador y han descubierto que el portátil sufre distintos tipos de “throttling” (estrangulamiento). Entender estos términos es clave para saber por qué el rendimiento del Acer Nitro cae en picado cuando sube la temperatura.
El thermal throttling ocurre cuando la CPU alcanza una temperatura crítica (normalmente a partir de 95‑100 ºC) y el propio procesador reduce automáticamente su frecuencia para enfriarse. Es un mecanismo de seguridad: si no frenara, podría dañarse de forma permanente. El problema es que, cada vez que entra en thermal throttling, notarás caídas de FPS, congelones puntuales y una sensación general de “el juego va a trompicones”.
El power throttling se produce cuando el sistema limita el consumo máximo de energía del procesador para no sobrepasar el diseño térmico (TDP) o los límites del VRM (la circuitería de alimentación). Aunque la temperatura no sea extrema en ese momento, el portátil decide que no puede darle más potencia a la CPU, así que baja relojes y voltaje, lo cual impacta de lleno en el rendimiento sostenido.
Por último, el current throttling aparece cuando es la intensidad de corriente la que supera los límites marcados por el fabricante. De nuevo, el sistema reduce frecuencia o voltaje para mantenerse dentro de márgenes seguros. En la práctica, todos estos tipos de throttling se traducen en lo mismo para el usuario: el procesador no logra mantener su frecuencia turbo durante mucho tiempo y el rendimiento real es muy inferior a lo que prometen las especificaciones.
Un caso muy ilustrativo es el de un usuario con un Acer Nitro 5 i7‑10750H que comenta que, según Intel XTU, su portátil alterna entre thermal, power y current throttling de forma intermitente una vez que rebasa los 95 ºC en juegos exigentes. Aunque en teoría ese procesador podría llegar cerca de los 5 GHz, en la práctica apenas pasa de 3,8 GHz sostenidos sin empezar a estrangularse por temperatura y energía.
Experiencias reales: congelones, FPS inestables y olor a plástico
Más allá de las cifras, lo que realmente fastidia al usuario es lo que se ve y se nota al jugar. Hay varios testimonios de gente con Nitro 5 y Nitro V 15 que describen congelaciones aleatorias de 1‑2 segundos en juegos como Minecraft (tanto versiones antiguas como 1.21), GTA V, The Last of Us, Fortnite o Red Dead Redemption 2. No se trata solo de una bajada suave de FPS, sino de pausas completas donde la imagen se queda congelada mientras el sonido sigue, y luego todo se reanuda de golpe.
En algunos equipos, estos tirones aparecen en cualquier tipo de juego, desde títulos ligeros hasta AAA, con o sin límite de FPS, y aunque se fuercen los juegos a usar únicamente la dGPU a través de la configuración de gráficos de Windows. Incluso con ventiladores disparados a 7000 RPM mediante el software de control, la CPU se mantiene demasiado caliente.
Hay usuarios que destacan que el porcentaje de FPS bajos al 1 % es “una mierda”: esto significa que, aunque la media de FPS pueda parecer aceptable, hay un número significativo de fotogramas que caen brutalmente, provocando una experiencia muy irregular. Eso suele relacionarse justo con momentos en que la CPU entra en algún tipo de throttling o cuando el almacenamiento (HDD/SSD) pega picos de actividad, algo que algunos han comprobado en el Administrador de tareas.
Otro caso típico es el de un Nitro 5 con i5‑11400H y RTX 3050 que, tras casi tres años de uso, se ha vuelto prácticamente imposible de usar para jugar. El dueño describe cómo, incluso con los gráficos en bajo y los ventiladores al máximo, al cabo de unos minutos la CPU o la GPU se disparan de temperatura, el rendimiento cae a 1 FPS y, para rematar, el sistema se queda lento incluso después de cerrar el juego, obligándole a reiniciar el equipo para recuperar la fluidez.
También hay testimonios más extremos de gente que directamente se arrepiente de la compra: un usuario de un Nitro 5 AN515‑43 con unos 2,5 años de uso comenta que, pasado el primer año, el portátil empezó a oler a plástico caliente a los 30 minutos de juego, que el teclado quema al tacto y que ahora apenas puede mover con soltura juegos relativamente ligeros como Los Sims 4, mientras que Assassin’s Creed Valhalla ni siquiera es jugable en bajo.
Medidas que los usuarios ya han probado (y sus resultados)
Una parte importante de estos casos es que la mayoría de personas ha intentado ya varias soluciones “típicas” antes de rendirse. No estamos hablando de gente que usa el portátil en la cama tapando las rejillas; muchos han hecho los deberes de mantenimiento básico y ajustes de software sin obtener una mejora clara, lo que refuerza la idea de que el diseño térmico va muy justo.
Entre las medidas más repetidas está el uso de bases de refrigeración y la elevación de la parte trasera del portátil con patas de 2 cm o soportes similares, para mejorar la circulación de aire. Aunque esto puede rascar unos grados, los usuarios señalan que las temperaturas siguen por encima de 90 ºC en cargas altas, por lo que no es una solución definitiva.
Varios propietarios han recurrido a la reaplicación de pasta térmica de alta calidad en CPU y GPU, acompañada de una limpieza a fondo de ventiladores y disipadores. En un Nitro 5 de tres años se hizo este proceso hace unos meses y, aunque se consiguió un pequeño alivio inicial, el problema de sobrecalentamiento y los bajones de rendimiento volvió a aparecer en cuanto se ejecutaban juegos exigentes durante más de 10‑15 minutos.
Otros han probado diferentes configuraciones de energía en Windows, reduciendo la velocidad máxima del procesador desde las opciones avanzadas de energía. Un usuario con i7‑10750H comenta que, al limitar la frecuencia máxima a unos 3,2 GHz, consigue que el procesador se mantenga en torno a 80 ºC en uso intensivo, sin alcanzar continuamente los 95 ºC. El coste: renunciar a parte del rendimiento teórico del chip, que en turbo podría ir mucho más arriba.
Se suman a la lista los intentos de undervolting mediante herramientas como MSI Afterburner, Ryzen Controller o XTU. Sin embargo, en más de un caso se menciona que el undervolt no ha tenido prácticamente efecto: ya sea porque el portátil bloquea en parte estos ajustes a nivel BIOS, o porque el margen de reducción de voltaje es tan pequeño que no logra domar esas temperaturas tan agresivas.
En cuanto al software en segundo plano, hay usuarios que han comprobado que apenas tienen programas abiertos más allá de lo imprescindible (por ejemplo, solo MSI Afterburner y OBS), y que cerrarlos no supone mejora clara del rendimiento ni de los tirones. También se han revisado las actividades del disco (HDD/SSD) y no siempre se han encontrado cuellos de botella ahí, lo que vuelve a poner el foco en la refrigeración y la gestión energética.
Factores de diseño: CPU potentes en chasis justos
Uno de los puntos de fricción más fuertes es la sensación de estar pagando por un procesador potente (capaz de llegar en teoría a frecuencias altas como 4,5‑5 GHz) para luego descubrir que, en la práctica, ese rendimiento turbo solo se aguanta unos segundos antes de que empiece el estrangulamiento térmico y energético. Es decir, el hardware sobre el papel es muy atractivo, pero el chasis y el sistema de refrigeración pueden no estar a la altura para cargas sostenidas.
En muchos modelos de Acer Nitro, el sistema de disipación está bastante comprimido: uno o dos ventiladores compartidos entre CPU y GPU, heatpipes finos, y un espacio interior limitado. Mientras la máquina es nueva y el polvo no se ha acumulado, puede funcionar de forma aceptable, pero con el paso de los meses y años, cualquier pequeña pérdida de eficiencia (polvo, pasta térmica degradada, pads térmicos resecos) se traduce en picos de temperatura cada vez más frecuentes.
Además, algunos Nitro vienen con configuraciones de fábrica muy agresivas en cuanto a voltajes y límites de potencia, especialmente en modos de rendimiento alto o cuando se activan perfiles tipo “Cool Boost” que suben las RPM de los ventiladores pero también permiten que la CPU consuma más. Si el equilibrio entre consumo y disipación no está bien afinado, el resultado es que el procesador chupa demasiada energía y se calienta más de lo que el sistema puede evacuar.
A esto se suma que muchos modelos montan memoria RAM en single channel de serie (por ejemplo, 16 GB en un solo módulo DDR5 en el Nitro V 15 con Ryzen 7 7735HS y RTX 4050). Aunque esto no es causa directa de sobrecalentamiento, sí puede generar ineficiencias y cuellos de botella que obligan a la CPU a trabajar de forma distinta a la esperada, complicando más la tarea de mantener un rendimiento estable.
Por último, hay que tener en cuenta que algunos usuarios han señalado diferencias de comportamiento según el adaptador de corriente utilizado y la región eléctrica. Un caso concreto es el de una unidad comprada en Dubái y usada después en Europa con un simple adaptador de enchufe (no un convertidor de voltaje completo). Aunque las fuentes de alimentación modernas deberían adaptarse a 110/220 V, existe la duda razonable de si en determinadas circunstancias la entrega de energía puede estar en el límite y contribuir indirectamente a inestabilidades bajo carga.
¿Es un fallo puntual o un problema generalizado en Acer Nitro?
Muchos compradores de Acer Nitro se preguntan si su unidad está defectuosa o si estas temperaturas y comportamientos extraños son “normales” hasta cierto punto. La respuesta, viendo la cantidad de testimonios similares, es que hay una tendencia clara a trabajar muy al límite térmico en esta gama, especialmente en los modelos más potentes o con CPUs de alto TDP.
Que un portátil gaming alcance picos de 85‑90 ºC en la CPU bajo carga pesada no es algo raro en sí mismo, pero cruzar con frecuencia la barrera de los 95‑100 ºC y disparar thermal throttling continuo ya entra en zona problemática. Más si, como reportan varios usuarios, esto ocurre en juegos que no deberían ser tan exigentes o incluso con cargas moderadas de 20‑30 % de uso de CPU.
Cuando, además, se empiezan a notar síntomas como culo caliente en el teclado, olor a plástico o metal recalentado, congelones constantes de 1‑2 segundos, FPS que se desploman tras 10‑15 minutos de juego y lentitud general del sistema incluso después de cerrar las aplicaciones, cuesta mucho defender que todo está dentro de la normalidad. Esos signos apuntan más bien a un diseño que va demasiado justo para las expectativas de uso intensivo que se tienen de un portátil gaming.
De hecho, algunos usuarios lo tienen tan claro que la “solución” que proponen en los foros es tan radical como vender el portátil y cambiar de marca, mencionando opciones como MSI o Razer, a las que consideran más robustas térmicamente. Más allá de la exageración o el enfado del momento, ese tipo de comentarios reflejan una frustración acumulada con el comportamiento térmico de ciertos Nitro, especialmente una vez pasan del primer año de uso.
Aun así, no se puede decir que absolutamente todos los Acer Nitro tengan el mismo problema con la misma intensidad. Hay variación entre unidades, entre configuraciones internas (cantidad de RAM, tipos de SSD, versiones de BIOS) y, por supuesto, en los hábitos de uso y mantenimiento de cada persona. Pero si estás viendo síntomas parecidos a los descritos, es razonable pensar que no eres un caso aislado.