Solucionador de Problemas de Compatibilidad para apps en Windows 11 ARM

Última actualización: diciembre 17, 2025
Autor: Isaac
  • Windows 11 ARM utiliza Prism para ejecutar aplicaciones x86 y x64, permitiendo ajustar la emulación para equilibrar rendimiento y compatibilidad.
  • La configuración avanzada ofrece perfiles y opciones finas (caché, multicore, código automodificable) para resolver fallos específicos en apps problemáticas.
  • Controladores, extensiones de shell y componentes nativos deben compilarse para ARM64 para garantizar un funcionamiento correcto junto a la emulación.
  • El Solucionador de problemas de compatibilidad de programas automatiza muchos ajustes para que las apps heredadas funcionen mejor en Windows 11.

Solucionador de compatibilidad en Windows 11 ARM

Si te has pasado a un equipo con procesador ARM y Windows 11, es muy posible que alguna aplicación clásica de toda la vida empiece a dar guerra: cuelgues, errores raros, instaladores que no arrancan o programas que simplemente no van finos. No es que tu PC esté mal, es que el cambio de arquitectura introduce una serie de particularidades que hay que conocer y, sobre todo, aprovechar bien las herramientas que Windows trae de serie.

En este contexto entran en juego dos protagonistas: por un lado Prism, el emulador de Windows en ARM que permite ejecutar apps x86 y x64 con bastante soltura, y por otro el Solucionador de problemas de compatibilidad de programas, la utilidad gráfica de Windows 11 pensada para ajustar automáticamente muchas de estas incompatibilidades. Combinando bien ambas cosas puedes rescatar muchas apps que, de primeras, parecen imposibles de usar.

Cómo funciona Prism en Windows 11 ARM y por qué afecta a la compatibilidad

De forma predeterminada, Prism intenta encontrar un equilibrio muy fino entre rendimiento y compatibilidad. Es decir, activa optimizaciones agresivas para que las aplicaciones vayan lo más rápido posible, pero sin romper su comportamiento. Aun así, hay casos concretos (programas muy antiguos, software con protecciones poco habituales, motores gráficos peculiares…) donde esta configuración estándar puede provocar cuelgues, cierres inesperados o errores en funciones muy concretas.

Cuando ocurre esto, Windows 11 ARM ofrece una serie de opciones avanzadas de emulación para afinar el comportamiento de Prism de manera individual para cada aplicación. Ajustando estas opciones puedes ganar compatibilidad, aunque normalmente a costa de perder algo de rendimiento. La idea es clara: si una app no funciona con la configuración rápida por defecto, se sacrifica parte de la velocidad para priorizar que funcione correctamente.

Además de la traducción de instrucciones, Windows guarda en caché bloques de código compilados, optimiza el uso de varios núcleos y gestiona extensiones del juego de instrucciones x86 (como AVX, AVX2 o FMA) de manera específica para que la mayoría de programas ni se enteren de que están corriendo en un procesador ARM.

Configuración avanzada de compatibilidad Windows 11 ARM

Abrir y usar la configuración de emulación específica para una app

Cuando una aplicación da problemas en un equipo con Windows 11 ARM, antes de rendirte puedes recurrir a la configuración de emulación que Windows ofrece a nivel de ejecutable. No hace falta tocar el registro ni instalar nada adicional; todo se maneja desde las propiedades del propio programa.

Para acceder a estas opciones, tienes que hacer clic derecho sobre el archivo .exe de la aplicación problemática y pulsar en la opción Propiedades. En la ventana que se abre, entra en la pestaña Compatibilidad. Si estás en un dispositivo Windows en ARM, verás una sección específica llamada Windows en Arm con un botón para Cambiar configuración de emulación o similar.

Al pulsar en ese botón se abre la ventana de Configuración de emulación ARM, donde podrás elegir entre varios perfiles predefinidos o activar un modo avanzado para ir cambiando parámetros uno por uno. Es un panel pensado sobre todo para desarrolladores o usuarios avanzados, pero cualquier persona puede probar diferentes combinaciones hasta encontrar la que mejor le funcione.

Lo más importante es que estos ajustes se aplican únicamente a la aplicación seleccionada. No cambian el comportamiento general de Prism en el sistema, así que puedes endurecer la emulación para un juego antiguo que se cuelga, sin afectar al resto de programas que van bien con la configuración por defecto.

Restaurar el comportamiento de emulación de versiones anteriores de Windows en ARM

Con cada nueva versión de Windows en ARM, Prism va añadiendo mejoras de rendimiento y soporte para nuevas características de CPU emuladas. Esto suele ser positivo, pero en entornos muy delicados (software con dependencias específicas, herramientas antiguas de nicho) puede provocar que algo que antes funcionaba ahora deje de hacerlo o se comporte de forma distinta.

Para estos casos, Windows permite que, a nivel de aplicación, se pueda forzar un comportamiento más parecido al de versiones anteriores del emulador. La idea es imitar el entorno que tenía esa app cuando funcionaba sin problemas, aunque pierdas algunas optimizaciones modernas que Prism ha ido incorporando con el tiempo.

Entre las opciones relacionadas con este comportamiento heredado está la posibilidad de ocultar la funcionalidad de emulación x64. Al activar esta casilla, las aplicaciones de 32 bits (x86) “ven” el sistema como si no fueran capaces de ejecutar código x64, emulando el escenario típico de Windows 10 en ARM, donde solo se ofrecía compatibilidad x86.

Otra opción disponible es la de ocultar las características de CPU emuladas más recientes. A partir de Windows 11 24H2, Prism puede exponer a las aplicaciones instrucciones como AVX, AVX2, FMA, F16C y otras extensiones de CPU x86 avanzadas. Algunos programas esperan un comportamiento muy concreto cuando detectan estas instrucciones, y al no cumplirse por completo el patrón al ser emuladas, pueden fallar. Desmarcando estas características, el emulador vuelve a un nivel de compatibilidad similar al de una versión anterior de Prism.

En el caso específico de las aplicaciones x86 de 32 bits, la opción cambia de sentido: en lugar de ocultar, puedes marcar la casilla para mostrar las características de CPU emuladas más recientes. De forma predeterminada, Prism no expone AVX, AVX2 y compañía a estas apps de 32 bits, pero si lo necesitas puedes habilitarlas para que el programa detecte y aproveche el conjunto de instrucciones ampliado.

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Perfiles de configuración de emulación predefinidos

La ventana de configuración de emulación ARM ofrece primero cuatro perfiles predefinidos para ajustar el comportamiento de Prism sin tener que entrar en detalles técnicos. Cada uno añade restricciones adicionales y desactiva ciertas optimizaciones para aumentar la compatibilidad a costa de ir perdiendo rendimiento.

Los perfiles disponibles son Predeterminado, Seguro, Estricto y Muy estricto. La opción Predeterminado es la que viene de serie con el sistema, pensada para dar el mejor equilibrio global entre fluidez y compatibilidad. A partir de ahí, cada salto hacia un perfil más estricto añade más protecciones y cambios internos en la emulación.

Si una app se cierra sola, muestra artefactos extraños o simplemente se comporta de forma distinta a como lo hace en una máquina x86 real, puedes probar a cambiarla de Predeterminado a Seguro. Si no mejora, prueba Estricto y, como último recurso, Muy estricto. Lo habitual es que con alguna de estas configuraciones el programa deje de fallar, aunque seguramente perderás algo de velocidad de ejecución.

Estos perfiles actúan como “paquetes” de ajustes internos: no necesitas saber qué casillas concretas tocan, el sistema ya las agrupa de forma coherente. Si, aun así, quieres ir un paso más allá, puedes marcar Usar configuración avanzada y adaptar cada parámetro a mano.

Uso avanzado: configuración de varios núcleos y ajustes finos de Prism

Al activar la configuración avanzada, una de las primeras secciones que encontrarás está relacionada con cómo Prism gestiona los varios núcleos del procesador ARM. La emulación multiproceso es compleja, porque hay que asegurarse de que todos los hilos de la app ven la memoria en un estado coherente, y esto se logra con barreras de memoria que sincronizan el acceso.

Tienes varias opciones para esta gestión multicore: Operación rápida (Fast), Estricta, Muy estricta y Forzar operación de un solo núcleo. El modo rápido es el que usa menos barreras de memoria, por lo que ofrece el mejor rendimiento, y es el que viene seleccionado por defecto para la mayoría de aplicaciones.

Si una app multiproceso tiene errores que solo aparecen de vez en cuando (datos corruptos, cálculos que no cuadran, comportamientos intermitentes), puede ser una buena idea subir a modo Estricto o Muy estricto. Estos modos introducen muchas más barreras, lo que suele ralentizar la ejecución, pero reduce al mínimo la posibilidad de que haya fallos de sincronización entre hilos.

Por último, está la opción de forzar la operación en un solo núcleo. Aquí desaparecen por completo las barreras de memoria porque toda la aplicación corre en un único hilo de ejecución a nivel de CPU. El precio a pagar es un rendimiento claramente inferior en apps que dependen de varios hilos, pero ganas estabilidad en aquellos casos extremos donde el código no está preparado para las peculiaridades de la emulación multiproceso.

Más allá del manejo de núcleos, la configuración avanzada agrupa un conjunto de parámetros muy específicos que influyen en cómo Prism traduce, cachea y optimiza el código emulado. Tocar estos ajustes solo tiene sentido si una app muy concreta no se comporta como debería y ya has probado los perfiles predefinidos sin éxito.

Otras opciones de emulación: caché, CHPE, RWX y punto flotante

La tabla de configuración restante de la ventana de emulación ARM reúne varios interruptores que permiten desactivar o endurecer ciertos mecanismos internos de Prism. El primero de ellos es la deshabilitación de la caché de aplicaciones.

Si activas la opción para deshabilitar esta caché, el emulador se verá obligado a recompilar todo el código de la aplicación en tiempo de ejecución, cada vez que se ejecute. Esto penaliza claramente el rendimiento, pero puede ayudar si el problema de la app se debe precisamente a una caché corrupta o a un código que cambia de forma dinámica y no casa bien con estos bloques almacenados.

Otra opción importante es la de deshabilitar el modo de ejecución híbrida para aplicaciones x86. Algunos programas utilizan binarios CHPE (Compiled Hybrid Portable Executables), que son ejecutables x86 que incluyen secciones de código nativo ARM64 para ganar rendimiento. Aunque esto suele funcionar bien, en ciertos escenarios puede generar incompatibilidades con aplicaciones que esperan un binario x86 “puro y duro”. Al desactivar esta ejecución híbrida obligas a Prism a usar solo el código x86 tradicional.

También encontrarás la configuración de protecciones de emulación ligeras adicionales, que hace que Prism ignore determinados metadatos considerados volátiles en un binario. Esto puede venir bien para aplicaciones que manipulan estas zonas de forma particular y chocan con el manejo estándar del emulador.

Si trabajas con software que genera su propio código sobre la marcha, te interesará la opción de compatibilidad estricta con el código auto-modificable. Prism ya cubre de serie los escenarios más habituales donde una app se reescribe a sí misma en memoria, pero si marcas esta casilla, el emulador se vuelve extremadamente cuidadoso y garantiza que este código automodificado se soporte correctamente. El impacto en rendimiento puede ser muy grande, así que conviene reservarlo para casos donde sepas con seguridad que la app lo necesita.

Por otro lado, está la posibilidad de desactivar la optimización del rendimiento para páginas RWX (páginas de memoria que son legibles, escribibles y ejecutables). Estas optimizaciones dan un empujón al rendimiento en ciertos entornos, pero hay programas que, por cómo gestionan la seguridad o el layout de memoria, pueden verse afectados negativamente. Al desactivarlas, se reduce el riesgo de incompatibilidades a costa de que algunas operaciones tarden algo más.

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Finalmente está la deshabilitación de la optimización de punto flotante. Algunas aplicaciones x86 antiguas usan extensiones x87 para operaciones de coma flotante con precisión extendida de 80 bits. Prism, para ganar velocidad, suele aproximar estos cálculos a 64 bits, suficiente para la mayoría de software. Si marcas esta casilla, el emulador utilizará la precisión completa de 80 bits, con la consiguiente bajada de rendimiento, pero ganando exactitud en programas muy sensibles a estas diferencias (por ejemplo, ciertas herramientas científicas o financieras antiguas).

Buenas prácticas para aplicaciones x86 en modo WOW sobre Windows 11 ARM

En Windows 11 ARM, gran parte de las aplicaciones x86 se ejecutan bajo un entorno conocido como WOW (Windows-on-Windows), que es el responsable de permitir que software de 32 bits funcione en un sistema de 64 bits. Un error habitual en muchos programas es asumir que, al ejecutarse en WOW, siempre están sobre una plataforma x64 “clásica” de PC.

Con esa suposición equivocada, algunas aplicaciones intentan instalar su propia versión x64, buscar componentes en rutas que no existen o depender de un .NET de 64 bits que en ARM no está disponible de la misma forma. Todo esto deriva en instaladores que fallan, errores de carga de DLL o comportamientos inconsistentes durante la ejecución.

La recomendación general es que una aplicación que detecta WOW no haga asunciones sobre la arquitectura real del sistema. En lugar de eso, debe interactuar con los componentes nativos del sistema operativo lo menos posible y utilizar las APIs proporcionadas por Windows para consultar la plataforma de forma adecuada.

En concreto, la función histórica isWow64Process solo indica si un proceso se ejecuta en una máquina x64, lo que en entornos ARM puede llevar a engaño. Por ello, los desarrolladores deben utilizar isWow64Process2 para determinar si se está en un sistema con compatibilidad WOW y qué arquitectura subyace realmente. De esta manera, se evitan decisiones lógicas basadas en suposiciones incorrectas.

Controladores, extensiones de shell y otros componentes nativos

Otra parte crítica de la compatibilidad en Windows 11 ARM tiene que ver con los controladores y componentes que se cargan en procesos del sistema. Aquí ya no hablamos de simple emulación de apps, sino de piezas que deben coincidir sí o sí con la arquitectura del sistema operativo.

Todos los controladores en modo kernel, los drivers basados en User-Mode Driver Framework (UMDF) y los controladores de impresión han de compilarse específicamente para ARM64. Si una aplicación x86 incluye un controlador propio, puede que la parte de la app se ejecute bien bajo emulación, pero el driver no funcionará a menos que se recomponga también para ARM64.

Esto implica que, aunque el programa principal parezca arrancar con normalidad, cualquier funcionalidad que dependa de ese controlador quedará inservible. Para solventarlo, los desarrolladores deben compilar de nuevo sus drivers para ARM64 utilizando las herramientas adecuadas, como el WDK (Windows Driver Kit) con soporte para esta arquitectura.

Lo mismo ocurre con muchas extensiones de shell y DLL que se incrustan en procesos del sistema: editores de métodos de entrada (IME), tecnologías de asistencia, iconos de almacenamiento en la nube en el Explorador, menús contextuales personalizados, etc. Todos estos componentes que se cargan dentro de procesos nativos de Windows deben estar también compilados para ARM64 si queremos que funcionen correctamente.

Por tanto, en entornos ARM no basta con que una aplicación tenga su ejecutable x86 funcionando bajo Prism; todas sus piezas que interactúan de forma directa con el sistema han de ajustarse también a la arquitectura. Para ello, muchos fabricantes han ido añadiendo soporte ARM64 en sus instaladores, y otros ofrecen versiones específicas de sus extensiones y controladores.

Depuración, máquinas virtuales y generación de código dinámico en ARM

Cuando la incompatibilidad es especialmente enrevesada, a veces no queda otra que entrar en modo depuración y analizar el comportamiento de la app en detalle. Microsoft proporciona documentación y herramientas específicas para depurar aplicaciones en ARM, tanto en modo nativo como bajo emulación, que permiten identificar dónde se está rompiendo exactamente el programa.

En el terreno de las máquinas virtuales, conviene tener en cuenta que la plataforma de hipervisor de Windows no es compatible con todos los SoC ARM antiguos. Por ejemplo, la ejecución de VMs mediante Hyper-V no funciona en la plataforma de PC móvil Snapdragon 835. En generaciones más modernas se han ido haciendo inversiones para ampliar este soporte, pero si tu dispositivo es de los primeros, la experiencia con Hyper-V puede ser muy limitada o directamente inexistente.

Otro punto delicado es el de las apps x86 que hacen generación de código dinámico en tiempo de ejecución. El mecanismo estándar de emulación en ARM64 consiste precisamente en generar instrucciones ARM64 sobre la marcha para representar el código x86 original. Sin embargo, si la propia app utiliza medidas de seguridad que bloquean o impiden la creación o modificación dinámica de código dentro de su proceso, la emulación puede entrar en conflicto.

Esta mitigación se activa en algunos programas mediante la API SetProcessMitigationPolicy, usando el indicador ProcessDynamicCodePolicy. Para que una aplicación de escritorio x86 se ejecute correctamente en un entorno ARM64 bajo emulación, esta política no puede impedir al sistema generar el código traducido, de lo contrario la app simplemente no funcionará o fallará de forma impredecible.

Si el desarrollador tiene control sobre la configuración de seguridad de la app, deberá desactivar o ajustar ProcessDynamicCodePolicy para permitir la emulación correcta. En escenarios corporativos, esto puede requerir coordinación con los equipos de seguridad para encontrar un punto intermedio entre protección y compatibilidad.

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Solucionador de problemas de compatibilidad de programas en Windows 11

Más allá de todo relacionado con Prism y la emulación profunda, Windows 11 incluye un Solucionador de problemas de compatibilidad de programas que puede salvarte la vida cuando una aplicación se niega a funcionar “como antes”. Esta herramienta analiza el comportamiento del programa y aplica automáticamente configuraciones de compatibilidad típicas (modos de versión anterior, ajustes de pantalla, permisos, etc.).

La idea es muy sencilla: si tienes una app que iba perfecta en Windows 8 o Windows 10 y que en Windows 11 ha dejado de arrancar o va a trompicones, el Solucionador puede probar distintas combinaciones de ajustes y recomendarte la que mejor encaje, todo ello sin que tengas que saber exactamente qué parámetro está fallando.

Al ejecutarlo, la herramienta realiza una serie de pruebas con diferentes configuraciones de compatibilidad (modo de ejecución como si fuera otro Windows, cambios de DPI, permisos de administrador, etc.) y luego te propone la opción que detecta como más adecuada. Tú solo tienes que validar si con esa configuración la app se porta bien.

Es importante entender que este Solucionador no sustituye a Prism ni toca el núcleo de la emulación ARM, pero sí ajusta cómo Windows 11 trata al programa a nivel de sistema, que en muchos casos es justo lo que necesitaba para comportarse igual que en versiones anteriores.

Formas de iniciar el Solucionador de problemas de compatibilidad

Windows 11 ofrece varias maneras de arrancar el Solucionador de compatibilidad de programas, para que lo tengas a mano tanto si estás trasteando con el menú contextual como si prefieres tirar de Configuración o del Panel de control clásico.

La vía más directa es usar el menú contextual del propio ejecutable. Haz clic derecho sobre el acceso directo o el archivo .exe del programa, pulsa en Mostrar más opciones (si ves el menú simplificado de Windows 11) y ahí encontrarás la entrada Solucionar problemas de compatibilidad. Esto abrirá el asistente directamente para esa aplicación concreta.

Otra opción es ir a la página de Solución de problemas dentro de Configuración. Para ello, haz clic en el menú Inicio, entra en Configuración (el icono de engranaje), selecciona Sistema en el panel izquierdo, baja hasta la parte inferior y pulsa en Solución de problemas. Dentro de este apartado verás la sección de Otros problemas, donde puedes lanzar diferentes solucionadores, incluido el de compatibilidad de programas.

Si eres de los que siguen usando el Panel de control clásico, también tienes acceso desde ahí. Entra al Panel de control, busca el apartado de Solución de problemas y, dentro, localiza el solucionador de compatibilidad de programas. Funciona igual que la versión accesible desde Configuración, solo cambia la ruta para llegar hasta él.

Por último, si recurres a esta herramienta muy a menudo, puede interesarte crear un acceso directo al Solucionador en el escritorio. De esta manera lo tendrás siempre a mano para cuando una app antigua empiece a dar problemas tras una actualización o al cambiar de equipo.

Elegir y reparar una aplicación con el Solucionador de compatibilidad

Una vez arrancas el Solucionador, lo primero que hará será buscar las aplicaciones instaladas que pueden beneficiarse de un ajuste de compatibilidad. Verás una lista con programas detectados y podrás elegir el que te interesa reparar en ese momento.

Tras seleccionar la aplicación y pulsar en Siguiente, Windows analizará el ejecutable y te ofrecerá normalmente dos caminos: Probar la configuración recomendada o ajustar la configuración manualmente. Si eliges la recomendada, el sistema aplicará lo que considera el mejor perfil en base al historial de compatibilidad con versiones anteriores de Windows.

En este punto es clave usar el botón Probar el programa. Así podrás comprobar si con esos ajustes el software arranca correctamente, funciona fluido y realiza todas las tareas que necesitas. Si durante la prueba todo va bien, solo tendrás que pulsar en Siguiente para continuar con el asistente.

El siguiente paso será decidir si quieres guardar definitivamente la configuración aplicada. Si estás satisfecho, marca que Sí. Si, en cambio, el comportamiento sigue sin ser el esperado, puedes optar por No, intentarlo de nuevo con otra configuración, o bien por No, notificar el problema a Microsoft y buscar una solución en línea, dejando constancia para que el sistema recopile información de fallos frecuentes.

Si entras en el modo de Programa de solución de problemas más detallado, verás varias opciones para describir el tipo de fallo (problemas de pantalla, errores al iniciar, bloqueos tras una actualización, etc.). Marcando las casillas que mejor se ajusten al síntoma, el Solucionador afinará las pruebas que va a realizar.

Cuando termines con el asistente, el programa quedará configurado con los ajustes elegidos y, en muchos casos, volverá a funcionar como lo hacía en tu antiguo sistema sin que tengas que pelearte con parámetros avanzados ni editar manualmente nada en el registro.

Combinando las herramientas de compatibilidad de Windows 11 (el Solucionador de programas, la configuración de emulación ARM y las buenas prácticas sobre drivers y extensiones), se puede llegar bastante lejos a la hora de rescatar software antiguo o exigente en equipos ARM modernos, manteniendo un equilibrio razonable entre estabilidad, rendimiento y seguridad sin tener que renunciar a tus aplicaciones favoritas de siempre.

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