- Integración profunda de la IA agentiva y el nuevo Copilot 2.0 como eje central del sistema.
- Arquitectura modular basada en CorePC para optimizar la eficiencia según el dispositivo.
- Requisitos de hardware más exigentes, incluyendo la necesidad de una NPU para funciones avanzadas.
- Posible transición hacia un modelo de suscripción mensual para servicios de inteligencia artificial.
Aunque todavía no haya un anuncio oficial por parte de Microsoft, el ruido en el sector tecnológico es ensordecedor. Todos estamos expectantes por saber qué nos traerá la próxima gran evolución de su software, ese sistema que ya empezamos a llamar Windows 12 y que promete dejar atrás la era de Windows 11 para proponer algo mucho más ambicioso y disruptivo.
Mientras Windows 10 se encamina hacia el final de su soporte general en octubre de 2025, la compañía de Redmond está cocinando un cambio de paradigma. No se trata solo de cambiar un par de iconos o mover la barra de tareas, sino de reinventar la experiencia de escritorio para que sea más inteligente, modular y, sobre todo, capaz de aprovechar el hardware más puntero que tenemos hoy en día.
La Inteligencia Artificial como motor principal
Si algo define a este nuevo sistema es que la IA no será un simple añadido o un chatbot en una esquina, sino que será el núcleo agentivo del sistema. Estamos hablando de un Copilot 2.0 que no solo responde preguntas, sino que comprende el contexto de lo que estamos haciendo en tiempo real para ayudarnos de forma proactiva.
Imagínate que el sistema puede analizar el contenido de tu pantalla, ya sea un documento complejo o un hilo de correos, y sugerirte la acción más lógica o redactar un resumen sin que se lo pidas explícitamente. Esta integración profunda transformará la productividad, haciendo que el ordenador se comporte más como un asistente personal que como una herramienta pasiva.
Para lograr esto, Microsoft se apoya en los llamados Copilot+ PCs. Estos equipos cuentan con unidades de procesamiento neuronal (NPU) dedicadas que permiten que la IA se ejecute localmente, lo que garantiza una respuesta instantánea y una privacidad mucho mayor, evitando que todo tenga que viajar a la nube.
Un sistema modular y optimizado: El proyecto CorePC
Una de las novedades más interesantes es la apuesta por la modularidad. Bajo el nombre en clave de CorePC, Microsoft quiere construir un Windows que se adapte al dispositivo y no al revés. En lugar de instalar un paquete monolítico y pesado, el sistema solo cargará los componentes estrictamente necesarios según el factor de forma.
Esto significa que una tablet ligera o un portátil educativo podrían ejecutar una versión extremadamente recortada y eficiente, mientras que un PC de gaming o una estación de trabajo tendrían acceso a todo el arsenal de funciones. Se especula que algunas de estas versiones minimalistas podrían ocupar hasta un 75% menos que las actuales versiones SE.

Además, se implementaría la llamada separación de estados. Básicamente, el sistema operativo se dividiría en particiones, algunas de ellas de solo lectura. Esto permitiría que las actualizaciones fueran rápidas como las de un móvil y que un restablecimiento de fábrica fuera prácticamente instantáneo, ya que los archivos del usuario quedarían aislados de la base del sistema.
Requisitos mínimos y compatibilidad de hardware
Aquí es donde la cosa se pone seria, ya que es muy probable que los requisitos suban la escala. Si quieres disfrutar de todas las capacidades de la IA avanzada, no te bastará con un PC antiguo. Se estima que será imprescindible contar con una NPU con potencia superior a 40 TOPs para que el sistema vuele.
En cuanto a los componentes básicos, los rumores apuntan a que el estándar mínimo se eleve a 16 GB de memoria RAM y un almacenamiento SSD de al menos 256 GB. No obstante, es probable que Microsoft lance dos variantes: una versión «premium» con IA total y otra más básica que mantenga los requisitos de Windows 11 para no dejar fuera a millones de usuarios.
Para los que tengan dudas, los requisitos base que probablemente se mantengan como suelo son: un procesador de 64 bits (ARM o x86) a 1GHz, soporte TPM 2.0 y UEFI con arranque seguro, una pantalla de al menos 9 pulgadas y una GPU compatible con DirectX 12.
Soporte ARM y la nueva interfaz visual
Microsoft tiene la mirada puesta en la eficiencia energética y, para ello, va a reforzar la compatibilidad con chips ARM. El objetivo es lograr una sinergia similar a la de Apple con sus procesadores Silicon, optimizando la emulación a través de Prism para que las aplicaciones tradicionales funcionen sin tirones y con un consumo de batería mínimo.
En el apartado visual, prepárate para ver una barra de tareas flotante. Siguiendo la estela de macOS, los iconos de las apps podrían quedar suspendidos en un dock centrado y redondeado, mientras que la parte superior de la pantalla albergaría la información del sistema y los widgets, dando un aire mucho más moderno y limpio.
¿Cuándo llegará y cuánto costará?
Aunque no hay fecha oficial, el calendario apunta a que 2025 no es el año. Los rumores más fuertes sugieren que podríamos ver las primeras versiones beta o vistas previas hacia julio de 2027, con un lanzamiento final probable en octubre de ese mismo año.
Sobre el precio, lo más lógico es que la actualización sea gratuita para los usuarios de Windows 11. Sin embargo, existe la posibilidad de que Microsoft introduzca un modelo de suscripción mensual, similar a Microsoft 365. Este pago, que podría rondar los 10 o 20 euros, no sería para usar el sistema, sino para desbloquear funciones exclusivas de IA de alto valor.
La transición se gestionará probablemente a través de Windows Update, permitiendo que la mayoría de los usuarios den el salto con un clic, aunque siempre se mantendrá la opción de hacer una instalación limpia mediante una unidad externa para quienes prefieran empezar de cero.
