Tutorial completo para montar y configurar tus propios cables de red

Última actualización: abril 23, 2026
Autor: Isaac
  • Fabricar cables de red a medida es sencillo y permite ahorrar dinero y adaptar la instalación a cada espacio.
  • La herramienta clave es la crimpadora, junto con cable de par trenzado y conectores RJ-45 de calidad aceptable.
  • Respetar el orden de los hilos, el estándar elegido y el trenzado de los pares es esencial para un buen funcionamiento.
  • Un crimpado correcto y una comprobación final reducen al mínimo los fallos y garantizan cables duraderos.

Tutorial de cableado de red

Si estás montando tu propia red en casa o en la oficina, tarde o temprano te toparás con la misma duda: ¿comprar cables de red hechos o fabricarlos tú mismo? Cuando quieres cablear varias habitaciones o sacar tiradas largas, el precio de los cables ya montados se dispara y, además, casi nunca tienen la longitud exacta que necesitas. Si te interesa, lee cómo afecta la longitud de los cables. Hacer tus propios cables RJ-45 no solo abarata bastante el coste, también te permite ajustar al milímetro cada tramo y dejar la instalación más limpia.

La buena noticia es que, a pesar de lo que mucha gente piensa, fabricar cables de red a mano es un proceso bastante sencillo, no requiere grandes conocimientos de redes y, con un poco de práctica, en cuestión de minutos puedes montar un latiguillo perfecto. En este tutorial te explico paso a paso cómo hacerlo: qué herramientas y materiales necesitas, cómo preparar el cable, el orden correcto de los hilos y algunos trucos para que todo funcione a la primera y te evites errores típicos que luego dan cortes o pérdidas de conexión.

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Herramientas y materiales imprescindibles para montar un cable de red

Antes de ponerte manos a la obra conviene tener todo preparado sobre la mesa. No hace falta un taller profesional para crimpar cables de red, pero sí es importante contar con unas pocas herramientas básicas para que el resultado quede fiable y duradero.

Estos son los elementos mínimos que vas a necesitar para fabricar un cable Ethernet directo estándar (ideal para conectar un PC, consola o smart TV a un router o a un switch):

  • Cable de red de par trenzado (habitualmente cable UTP o FTP de categoría 5e, 6 o superior, según la velocidad y la distancia que necesites).
  • Crimpadora para conectores RJ-45, la herramienta con la que fijarás físicamente el conector al cable.
  • Tijeras o cortacables para hacer cortes limpios en la cubierta exterior y en los conductores internos.
  • Conectores RJ-45 (dos por cada cable que quieras fabricar, uno para cada extremo).

El componente que suele generar más dudas es la crimpadora. La crimpadora es la pieza clave de todo el proceso, ya que se encarga de presionar los pines metálicos del conector RJ-45 contra los hilos de cobre del cable, creando el contacto eléctrico. Las hay muy económicas: en tiendas online puedes encontrarlas por unos 15 € aproximadamente, suficientes para un uso doméstico o esporádico.

Si solo vas a montar unos pocos cables y no quieres invertir mucho, puedes pedir prestada una crimpadora a algún amigo o familiar que ya haya hecho instalaciones de red o telefonía. También existen modelos de crimpadora que admiten tanto conectores RJ-45 (red) como RJ-11 (teléfono). Si sabes que no vas a manipular cables telefónicos, te puedes ahorrar dinero eligiendo una herramienta sencilla centrada únicamente en RJ-45.

En cuanto al cable, lo más habitual hoy en día es utilizar cable de categoría 5e o 6 para redes domésticas y de pequeña oficina. Proporcionan velocidades de hasta 1 Gbps en distancias típicas de vivienda sin problemas. Si tu instalación es muy larga o quieres dejarla preparada para velocidades superiores, puedes valorar categorías superiores como Cat 6a o Cat 7, pero para la mayoría de casos domésticos no es imprescindible. Si tienes dudas sobre qué categoría elegir, consulta cómo elegir blindaje y categoría de cables Ethernet.

Herramientas para cableado de red

Cable directo vs cable cruzado: qué tipo necesitas

Antes de empezar a pelar y ordenar hilos, es importante tener claro qué tipo de cable quieres fabricar: directo o cruzado. Aunque el proceso físico es prácticamente el mismo, el orden de los colores en el conector cambia y eso determina el uso del cable.

El tipo más utilizado a día de hoy es el cable directo (también llamado patch o latiguillo estándar). Este es el que se emplea para conectar equipos finales como ordenadores, consolas, televisores o impresoras de red con dispositivos de comunicaciones como routers, switches o puntos de acceso. En un cable directo, ambos extremos siguen exactamente la misma disposición de colores.

Por otro lado, está el cable cruzado (crossover), que tradicionalmente se usaba para conectar directamente dos dispositivos del mismo tipo, por ejemplo, dos ordenadores entre sí o dos switches antiguos sin puertos especiales. En este caso, uno de los extremos sigue una norma de colores y el otro la disposición cruzada. Hoy en día la mayoría de equipos modernos incorporan auto MDI-X, una función que detecta automáticamente el tipo de conexión, por lo que los cables cruzados se utilizan mucho menos.

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Para el caso que nos ocupa, es decir, conectar un PC a un router o a un switch doméstico, lo que necesitas es un cable directo. Eso simplifica bastante la tarea, porque solo tendrás que repetir el mismo orden de colores en los dos conectores RJ-45 que vas a crimpar.

Existen dos estándares de ordenación de colores más comunes, conocidos como T568A y T568B. Para un uso doméstico normal, se suele emplear T568B en ambos extremos. Lo importante no es tanto cuál elijas, sino que mantengas el mismo en los dos lados del cable para que la señal coincida en cada par.

Tipos de cables de red

Paso 1: pelar el cable de red sin dañar los pares internos

Con el material en la mesa y la longitud de cable ya cortada, el primer movimiento consiste en retirar cuidadosamente la cubierta exterior de plástico en cada uno de los extremos. Lo habitual es dejar al descubierto unos 3 centímetros de los pares interiores, suficiente para poder trabajar con comodidad sin perder demasiada sección de trenzado.

Muchas crimpadoras traen una pequeña cuchilla o guía para pelar el cable. Puedes usarla girando suavemente la herramienta alrededor de la funda y tirando después del trozo cortado. Sin embargo, si no te apañas con esa cuchilla o ves que marca demasiado, unas tijeras normales pueden resultar incluso más cómodas. Haz un corte muy superficial, rodeando el cable sin apretar demasiado, y luego tira del plástico con cuidado.

El objetivo en este paso es claro: no dañar el aislamiento ni el cobre de los hilos internos. Si al retirar la cubierta ves que has marcado o cortado ligeramente alguno de los pares, lo más recomendable es cortar ese trozo de cable y repetir el proceso, porque un hilo debilitado puede darte problemas de conexión intermitente con el tiempo.

Una vez retirada la cubierta, verás aparecer los pares retorcidos. Dependiendo del tipo de cable, también puedes encontrarte un hilo de drenaje, una cruz plástica interior o una lámina metálica (en cables apantallados). Todos esos elementos que no sean los pares de colores se recortan a ras para que no estorben en la inserción del conector.

En este punto ya tienes el cable “abierto” listo para ordenar. Comprueba que la longitud pelada es suficiente como para poder manipular los hilos individualmente, pero sin excederte demasiado, ya que cuanto más tramo quede sin trenzar, mayor será la posible pérdida de calidad en la señal, sobre todo en tiradas largas.

Paso 2: separar, destrenzar y estirar los hilos

El siguiente paso consiste en deshacer el trenzado de los pares y dejar los hilos lo más rectos posible. Cada par está formado por dos cables finos enrollados entre sí (por eso se llama par trenzado), con combinaciones de colores como blanco-naranja/naranja, blanco-verde/verde, blanco-azul/azul y blanco-marrón/marrón.

Con las yemas de los dedos, ve separando suavemente cada par y desenroscando los dos hilos hasta dejarlos casi rectos. No hace falta que queden como varillas, pero sí conviene que pierdan las curvas marcadas del trenzado para que luego se puedan alinear bien dentro del conector RJ-45.

Según vayas destrenzando, aprovecha para ir separando los hilos por colores de forma orientativa, dejando a un lado los tonos naranjas, al otro los verdes, y así sucesivamente. Esto hará que el siguiente paso, en el que tendremos que colocarlos en el orden exacto, sea mucho menos caótico.

Un truco útil es pasar los dedos ligeramente humedecidos o una uña a lo largo de cada hilo, como si los peinaras. De esta forma se alisan mejor y se colocan casi paralelos entre sí, algo fundamental para que entren bien alineados en los canales del conector RJ-45 y hagan buen contacto.

Cuando termines este proceso deberías ver ocho hilos independientes, bien estirados y manejables, sin nudos ni cruces raros. Aunque pueda parecer un poco entretenido al principio, en cuanto haces dos o tres cables el gesto de destrenzar y alinear se vuelve casi automático.

Montaje de cable RJ-45

Paso 3: ordenar los hilos según el estándar de cable directo

Con los ocho hilos ya sueltos, llega el momento clave: colocar cada uno en el orden correcto. Como comentábamos antes, para un cable directo estándar que conecte un PC con un router, lo normal es seguir el esquema T568B en ambos extremos.

En el estándar T568B, mirando el conector RJ-45 de frente, con la pestaña de plástico hacia abajo y los pines metálicos hacia arriba, el orden de izquierda a derecha es el siguiente (del pin 1 al 8):

  • Blanco/Naranja
  • Naranja
  • Blanco/Verde
  • Azul
  • Blanco/Azul
  • Verde
  • Blanco/Marrón
  • Marrón
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Para que resulte más cómodo, coloca los hilos en ese orden sobre tus dedos, sujetándolos con el pulgar y el índice, de modo que queden alineados y casi a la misma altura. Tómate unos segundos para revisar que los colores coinciden exactamente con la secuencia, porque un solo hilo fuera de sitio hará que el cable no funcione correctamente.

Si en lugar de T568B prefirieses emplear T568A (por compatibilidad con alguna instalación previa), deberías aplicar ese mismo esquema en los dos extremos. La filosofía es la misma: ordenar correctamente los pares para que coincidan en ambos conectores. Lo que nunca debes hacer en un cable directo es mezclar un estándar en un lado y otro diferente en el otro, ya que eso equivaldría a fabricar un cable cruzado.

Cuando estés seguro de que el orden es el adecuado, aprieta ligeramente con los dedos para mantener todos los hilos bien juntos. Lo ideal es que queden casi paralelos y sin cruces entre ellos antes de pasar al corte definitivo que harás justo antes de introducirlos en la clavija.

Paso 4: cortar a la medida e introducir los hilos en el conector RJ-45

Con los hilos ya alineados en el orden correcto, toca recortar el sobrante para que todos queden a la misma longitud. La idea es que desde donde termina la funda exterior del cable hasta la punta de los hilos haya aproximadamente 1,5 cm de longitud, un tramo manejable que te permita insertarlos a fondo en el conector pero sin dejar demasiado espacio sin recubrimiento.

Utiliza unas tijeras bien afiladas o la propia cuchilla de la crimpadora para hacer un corte limpio y recto sobre los ocho hilos a la vez. Asegúrate de que todos quedan exactamente igual de largos; si alguno sobresale o se queda más corto, corres el riesgo de que luego no llegue bien al fondo del conector o no haga buen contacto con su pin correspondiente.

Ahora coge un conector RJ-45 y colócalo de manera que la pestaña de plástico quede hacia abajo y la abertura donde se ven los canales internos, hacia ti. El pin 1 será el que quede a la izquierda. Sin soltar el haz de hilos, introdúcelos con cuidado en el conector, manteniendo el orden de colores que has preparado.

Mientras los vas empujando hacia el interior del conector, fíjate en dos detalles cruciales: que cada hilo se deslice por su canal individual sin cruzarse con el de al lado y que vayan llegando hasta el extremo anterior del conector, donde se encuentran los pines metálicos. En muchos conectores transparentes se aprecia claramente si la punta de cada hilo ha alcanzado el final.

Además, debes asegurarte de que la cubierta exterior del cable entra lo suficiente en el conector como para que quede justo a la altura de la pestaña interna que luego prensará la crimpadora. Esa pestaña será la encargada de sujetar mecánicamente el cable y evitar que un tirón acabe dañando los hilos o soltando el conector.

Antes de pasar al crimpado, tómate un momento para verificar de nuevo el orden de los colores visto desde el frontal del conector. Es fácil que, al manipularlos, alguno se haya movido ligeramente de posición. Corregirlo ahora es tan sencillo como retirar un poco el manojo de hilos, recolocarlo y volver a insertarlo, algo que ya no será posible una vez presiones con la crimpadora.

Paso 5: crimpado del conector con la herramienta adecuada

Cuando estés convencido de que todo está en su sitio, llega el momento decisivo: fijar el conector RJ-45 al cable usando la crimpadora. Este paso es el que convierte el montaje en un cable de red funcional y resistente.

Introduce el conector en el hueco correspondiente de la crimpadora (suelen venir claramente marcados para RJ-45). Asegúrate de que está totalmente insertado, alineado y bien apoyado en el fondo de la herramienta, ya que un mal asiento puede provocar un crimpado irregular y un contacto deficiente.

Con el conector bien colocado, aprieta firmemente las empuñaduras de la crimpadora hasta el final de su recorrido. La herramienta presionará simultáneamente todos los pines metálicos contra los hilos de cobre y también hundirá la pestaña de sujeción sobre la funda del cable. Lo normal es notar o incluso oír un pequeño «clic» cuando los pines se clavan en su posición.

No es necesario aplicar una fuerza descomunal, pero tampoco te quedes corto. Si aprietas muy poco, los pines no perforarán correctamente el aislamiento de los hilos y el contacto puede quedar flojo o intermitente. En cambio, apretar más allá del tope de la herramienta tampoco tiene sentido, porque la crimpadora ya está diseñada para ejercer la presión adecuada.

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Una vez completes el movimiento, suelta la herramienta y retira el conector ya crimado. Comprueba visualmente que los pines metálicos han bajado uniformemente y que la pestaña interna sujeta con firmeza la funda del cable. Si ves algún pin claramente más alto que el resto, es probable que ese hilo no haya hecho buen contacto.

Si el resultado no te convence o sospechas que algún hilo no ha llegado bien al final, lo más sensato es cortar el conector y repetir el proceso con un RJ-45 nuevo. Puede dar algo de pereza, pero te ahorrará dolores de cabeza posteriores con cortes de red o velocidades erráticas.

Paso 6: repetir el proceso en el otro extremo y comprobar el cable

Ya tienes un extremo completamente montado. El siguiente paso es repetir todo el procedimiento en la otra punta del cable, siguiendo exactamente el mismo estándar de colores (por ejemplo, T568B) para que el cable sea directo.

Repite la secuencia: pelar unos 3 cm de funda, destrenzar y estirar hilos, ordenar los colores en el orden correcto, cortar a la longitud adecuada e introducirlos en un nuevo conector RJ-45. Recuerda comprobar bien el orden antes de crimpado, porque es muy habitual despistarse en el segundo extremo confiándose demasiado.

Cuando ambos lados estén crimados, toca la parte más agradecida: probar el cable. La manera ideal de hacerlo es utilizar un comprobador de cables de red, un pequeño dispositivo muy económico que se conecta a los dos extremos y te indica, mediante luces, si todos los pares están correctamente conectados y en el orden adecuado.

Si no dispones de comprobador, también puedes conectar un extremo al router y el otro a un equipo y revisar si la tarjeta de red negocia velocidad y si tienes acceso a la red o a Internet. Fíjate en los LEDs del puerto de red; si no se encienden o parpadean de forma extraña, puede haber algún hilo mal colocado o sin contacto.

Si el cable no funciona, lo más frecuente es que algún hilo no haya llegado bien al fondo del conector o se haya mezclado el orden de colores. En ese caso, no queda otra que cortar el conector de la punta que sospeches defectuosa y volver a crimparlo, esta vez revisando con más calma cada paso.

Consejos prácticos para que tus cables fallen lo menos posible

Aunque el proceso en sí no es complicado, hay una serie de detalles que marcan la diferencia entre un cable casero que dura años sin dar guerra y otro que empieza a fallar al poco tiempo. Merece la pena interiorizar estos consejos para que tus montajes sean sólidos desde el primer día.

En primer lugar, respeta al máximo el trenzado de los pares. Aunque necesitamos destrenzar una pequeña sección para ordenar los hilos, conviene que ese tramo sea lo más corto posible. Cuanto más se mantenga el par trenzado cerca del conector, mejor se comportará el cable frente a interferencias y pérdidas, algo especialmente importante en distancias largas y velocidades altas.

También es crucial no forzar ángulos muy cerrados ni doblar bruscamente el cable. Los cables de red están preparados para cierta flexibilidad, pero doblarlos en ángulo recto o someterlos a tirones fuertes puede dañar el interior y provocar fallos difíciles de diagnosticar. Intenta mantener curvas suaves y evita aplastarlos con muebles pesados.

Otro punto a vigilar es la calidad de los componentes. Conectores RJ-45 y crimpadoras de mala calidad suelen dar resultados irregulares. Para un proyecto doméstico no hace falta irse a la gama profesional, pero sí es recomendable evitar lo más barato de lo barato, especialmente en conectores, ya que sus pines pueden ser más blandos o deformarse con facilidad.

Si vas a hacer muchos cables, plantéate comprar un pequeño comprobador de red. Son dispositivos económicos que te ahorran tiempo y dudas porque indican al momento si algún hilo está cruzado, sin contacto o mal crimpado. Para instalaciones en varias habitaciones o varios tramos largos, casi se convierte en una herramienta imprescindible.

Por último, no está de más etiquetar cada cable o anotar en una pegatina la longitud y el destino de cada tramo, sobre todo si vas a cablear varias habitaciones o un pequeño rack doméstico. Cuando pase el tiempo agradecerás saber de un vistazo qué cable va a cada habitación o dispositivo sin tener que hacer pruebas una y otra vez.

Al final, fabricar tus propios cables de red no es más que seguir una rutina ordenada y prestar atención a los pequeños detalles. Tras montar dos o tres latiguillos, el proceso se vuelve casi mecánico y, además de ahorrar dinero, tienes la ventaja de poder adaptar cada cable a lo que realmente necesitas, sin metros de más enredados ni tiradas que se quedan cortas.