Cómo inicializar un disco duro nuevo que no aparece en el Explorador de Archivos

Última actualización: enero 28, 2026
Autor: Isaac
  • Para que un disco nuevo aparezca en el Explorador de archivos debe inicializarse, particionarse, formatearse y recibir una letra de unidad.
  • GPT es el estilo de partición recomendado en la mayoría de equipos modernos, mientras que MBR queda para discos pequeños o sistemas antiguos.
  • Si el disco ya tenía datos y aparece como no inicializado, es crucial recuperar la información antes de tocar la tabla de particiones.
  • Administración de discos y Diskpart permiten gestionar discos de forma gráfica o por comandos, resolviendo problemas de visibilidad y acceso.

Disco duro no aparece en el Explorador de archivos

Si acabas de instalar un disco duro nuevo o un SSD y no aparece en el Explorador de archivos de Windows, no te asustes: es un comportamiento totalmente normal cuando la unidad llega “en bruto”, sin inicializar ni formatear. El sistema la detecta, pero hasta que no la prepares, es como si no existiera para “Este equipo”.

Para que esa unidad empiece a funcionar, tendrás que inicializar el disco, crear particiones, asignar letra de unidad y formatearlo. Además, si el disco no es nuevo y contiene datos, es fundamental que sepas qué hacer para no perder la información por un mal paso. Vamos a ver todo el proceso con calma, tanto con herramientas gráficas como por comandos, y también qué hacer si el disco aparece como “Desconocido” o “No inicializado”.

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Qué significa inicializar un disco duro y por qué no se ve en el Explorador

Cuando conectas una unidad nueva al PC, Windows la reconoce a nivel de hardware, pero no la muestra en el Explorador de archivos porque aún no tiene tabla de particiones ni sistema de archivos. Esa unidad suele aparecer en la herramienta Administración de discos como “Disco desconocido” o “No inicializado” y con todo el espacio marcado como “No asignado”.

El proceso de inicialización consiste básicamente en crear la estructura básica que Windows necesita para trabajar con el disco: seleccionar un estilo de partición (MBR o GPT) y dejarlo listo para que después puedas crear volúmenes (particiones) y formatearlos. Sin ese paso previo, el sistema operativo no sabe cómo organizar la información en la unidad.

En discos completamente nuevos no hay problema: se pueden inicializar directamente porque no contienen datos previos. Otra cosa muy distinta es cuando un disco que ya estaba en uso pasa a mostrar “Desconocido” o “No inicializado” por un fallo del sistema, un apagón, corrupción de la tabla de particiones o errores físicos.

En estos casos, si tocas lo que no debes puedes sobrescribir la información que había en el disco y complicar enormemente la recuperación de datos. Por eso conviene entender bien qué hace cada acción (inicializar, particionar, formatear) y el orden correcto para evitar sorpresas desagradables.

Requisitos previos y permisos necesarios en Windows

Antes de ponerte manos a la obra, es importante asegurarse de que tienes los permisos adecuados en Windows y de que el disco está correctamente conectado. Si no, te vas a encontrar con mensajes de error o con opciones deshabilitadas.

Para poder inicializar y gestionar discos, tu cuenta de usuario debe pertenecer al grupo Administradores o Operadores de copia de seguridad. En un PC doméstico normalmente ya usas una cuenta de administrador, pero en equipos de empresa o con varias cuentas puede que no tengas esos privilegios y necesites que alguien te los otorgue.

Además, conviene comprobar que el disco está bien conectado y detectado por la BIOS/UEFI. En discos internos SATA o NVMe revisa cables de datos y alimentación, y en unidades externas USB asegúrate de usar un puerto funcional (solución para disco duro externo no detectado) y, si es posible, conecta directamente a la placa (evita hubs baratos cuando haya problemas).

Por último, ten en cuenta que algunos dispositivos, como ciertas unidades USB o memorias flash ya vienen preparadas y no se “inicializan” como un disco duro; simplemente se formatean y se les asigna letra. Si no ves la opción de inicializar en un pendrive, es normal.

Estilos de partición: GPT y MBR, cuál elegir

Uno de los puntos clave al inicializar una unidad es seleccionar el estilo de partición: GPT (GUID Partition Table) o MBR (Master Boot Record). Es el esquema que define cómo se organizan las particiones dentro del disco y cómo las interpreta el sistema operativo.

La opción moderna y recomendada para la mayoría de equipos actuales es GPT. Este estilo ofrece una estructura más robusta, soporta volúmenes muy grandes (por encima de 2 TB de capacidad) y es el estándar en ordenadores con firmware UEFI y sistemas de 64 bits como Windows 10 y Windows 11.

El formato MBR es más antiguo, con limitaciones importantes: no permite gestionar correctamente discos de más de 2 TB y tiene un número limitado de particiones primarias. Aun así, sigue siendo útil en equipos viejos, sistemas de 32 bits o en algunos casos concretos con hardware legado y dispositivos extraíbles.

En la práctica, cuando conectas un disco nuevo, Windows suele sugerir automáticamente el tipo adecuado según el tamaño del disco y las características del sistema. Además, el estilo de partición no afecta al contenido si no se tocan las áreas donde se guardan los datos, aunque cambiar de uno a otro a posteriori sí implica normalmente borrar particiones.

Como regla fácil: para discos de hasta 2 TB que vayas a usar en equipos muy antiguos puedes elegir MBR; para cualquier unidad de gran capacidad o en un PC moderno con UEFI, lo lógico es optar por GPT desde el principio para evitar dolores de cabeza a futuro.

Tipos de disco: HDD mecánico vs SSD y qué cambia al inicializar

A nivel de Windows, el procedimiento de inicializar, particionar y formatear es prácticamente el mismo tanto para un HDD clásico como para un SSD. Sin embargo, conviene tener claro para qué vas a usar cada tipo de unidad, porque eso condiciona su papel en el sistema.

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Los discos duros mecánicos (HDD) están formados por platos giratorios y un cabezal lector, suelen ofrecer capacidades muy elevadas (1 TB, 2 TB y mucho más, alcanzando ya los 16 TB en algunos modelos) y su gran ventaja es el bajo coste por gigabyte. Son ideales para almacenar grandes colecciones de películas, juegos, copias de seguridad y datos que no requieren la velocidad máxima.

Las unidades de estado sólido (SSD), en cambio, se basan en memoria flash, no tienen partes móviles y ofrecen velocidades de lectura y escritura muy superiores, con tiempos de acceso mínimos. Su debilidad está en el precio y la capacidad: suelen ser más caras y su tamaño máximo comercial habitual es menor que el de los HDD, aunque esta diferencia se va estrechando con el tiempo.

Lo habitual en un PC moderno es usar un SSD para el sistema operativo y programas principales, y un HDD mecánico como almacenamiento masivo para datos. Pero, de cara al proceso de inicialización en Windows 10 u 11, no importa si el disco es mecánico o SSD: vas a seguir los mismos pasos para que aparezca en el Explorador.

Recuerda que, en muchos casos, cuando conectas por primera vez esa nueva unidad, no se mostrará en “Este equipo” porque le falta tanto el formato como la letra de unidad. Justo eso es lo que vamos a solucionar con las herramientas del propio sistema.

Cómo inicializar un disco duro nuevo con Administración de discos

La forma más cómoda y visual de hacer que un disco nuevo se vea en el Explorador de archivos es usar la herramienta integrada de Administración de discos de Windows. Con ella puedes inicializar la unidad, crear particiones, asignar letra y formatear en unos pocos clics.

Para empezar, necesitas abrir Administración de discos con permisos de administrador. Lo más rápido es escribir “Crear y formatear particiones del disco duro” en el menú Inicio y, en los resultados, hacer clic derecho sobre esa opción y elegir “Ejecutar como administrador” y luego “Sí” en el aviso de control de cuentas.

Si por alguna razón esa opción no te permite abrirla como administrador, puedes usar la ruta alternativa: busca “Administración de equipos” en el cuadro de búsqueda, haz clic con el botón derecho sobre el resultado y pulsa también en “Ejecutar como administrador”. Dentro de la ventana que se abre, ve al apartado “Almacenamiento” y entra en “Administración de discos”.

Una vez dentro, verás en la parte inferior una lista de discos numerados (Disco 0, Disco 1, etc.) junto con sus particiones. El disco nuevo aparecerá normalmente como “Sin inicializar” y con el espacio en negro como “No asignado”. Si lo ves en estado “Sin conexión”, haz clic derecho sobre él y selecciona “En línea” antes de continuar.

El siguiente paso es hacer clic derecho sobre el área donde aparece el nombre del disco (no en la barra de espacio) y elegir la opción “Inicializar disco”. Se abrirá un cuadro de diálogo donde debes confirmar que has seleccionado el disco correcto y escoger el estilo de partición (GPT o MBR) que quieres usar.

Para la mayoría de usuarios, lo ideal es dejar marcada la opción Tabla de particiones GUID (GPT), especialmente si el disco tiene más de 2 TB o si tu equipo usa UEFI. Selecciona el estilo deseado y pulsa “Aceptar”. Verás que el estado del disco pasa durante unos instantes a “Inicializando” y, al poco, cambiará a “En línea”.

Con eso, la unidad ya está preparada, pero aún necesitas crear uno o varios volúmenes (particiones) y formatearlos para que aparezcan en el Explorador de archivos y puedan usarse realmente para guardar datos.

Crear particiones, asignar letra y formatear el nuevo disco

Una vez inicializado el disco, fíjate en la barra de color negro que indica el espacio “no asignado”. Es ahí donde vas a crear las particiones que quieras. Lo más común es hacer un solo volumen que ocupe todo el disco, pero también puedes dividirlo en varias unidades lógicas.

Haz clic derecho sobre la zona negra que pone “Espacio no asignado” y selecciona “Nuevo volumen simple…”. Se abrirá un asistente que te guiará paso a paso: primero te preguntará por el tamaño del volumen, donde puedes escribir la cantidad en MB o aceptar el valor máximo para usar todo el espacio disponible.

En el siguiente paso, tendrás que asignar una letra de unidad. Windows suele sugerir la siguiente libre (por ejemplo, D:, E:, F:), pero puedes cambiarla si quieres organizar tus unidades a tu gusto. Elige la que prefieras sabiendo que así es como se mostrará en “Este equipo”.

Después, el asistente te pedirá que selecciones el sistema de archivos con el que quieres formatear la partición. En casi todos los casos en Windows la opción recomendada es NTFS, que soporta permisos, archivos grandes y es el sistema estándar del sistema operativo. También puedes elegir exFAT o FAT32 para usos muy concretos, pero para un disco interno o externo de uso general NTFS es la opción lógica.

En esta misma ventana podrás marcar la opción de “formato rápido” y poner una etiqueta de volumen (el nombre que verás en el Explorador, por ejemplo “Datos”, “Juegos”, “Backup”, etc.). Deja activado el formato rápido salvo que tengas razones para querer un análisis profundo del disco, ya que es mucho más rápido y suficiente en la mayoría de situaciones.

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Tras revisar el resumen de lo que vas a crear, pulsa en “Finalizar”. El disco comenzará a formatearse y, al poco, la barra de espacio pasará de color negro a azul, mostrando el nombre del volumen, la letra asignada y el sistema de archivos. Desde ese momento, la unidad aparecerá automáticamente en el Explorador de archivos y estará lista para guardar y leer archivos.

Inicializar y gestionar el disco por comandos: Diskpart y PowerShell

Si prefieres ir “a lo técnico” o necesitas automatizar parte del proceso, también puedes inicializar y preparar un disco mediante comandos con Diskpart. Esta herramienta funciona tanto desde el Símbolo del sistema como desde Windows PowerShell usando la consola con permisos de administrador.

Para abrir PowerShell como administrador, haz clic derecho en el botón de Inicio y selecciona “Windows PowerShell (Administrador)” o busca “PowerShell” en el menú Inicio, haz clic derecho sobre el resultado y elige “Ejecutar como administrador”. Una vez abierta la consola, escribe el comando diskpart y pulsa Intro para entrar en la utilidad.

Verás que la línea de comandos cambia a “DISKPART>”, lo que indica que ya estás dentro del programa especial de gestión de discos. Si quieres ver todas las opciones disponibles, puedes escribir “help” o introducir un comando no válido para que muestre la lista.

Lo primero será identificar qué discos hay conectados al sistema. Para eso, usa el comando list disk, que mostrará un índice con todos los discos físicos, sus tamaños, estado y número de disco. Deberás fijarte en la capacidad para saber cuál es el nuevo, y tomar nota del número que aparece en la columna “Núm. disco”.

Una vez lo tengas claro, selecciona el disco con el comando select disk X, sustituyendo X por el número de disco que corresponda. A partir de ese momento, cualquier acción que lances afectará a esa unidad, así que asegúrate de no confundirte para no tocar el disco del sistema o uno con datos importantes.

Un comando habitual en estos casos es clean, que limpia la tabla de particiones del disco seleccionado. Esto es útil si el disco venía con particiones raras de fábrica o de otro sistema operativo y quieres partir de cero. Ojo: este comando elimina la estructura de particiones, así que no lo uses en un disco con datos que quieras conservar.

Después, puedes crear particiones con el comando create partition primary. Si quieres dividir el disco en varias partes, es posible indicar el tamaño en MB con “size=XXXX” para, por ejemplo, dejar una partición de 25000 MB (unos 25 GB) y luego otra con el resto del espacio libre, repitiendo el comando sin parámetro para usar todo lo que quede.

Para ver las particiones creadas, ejecuta list partition y anota el número de cada una. A continuación, selecciona la partición que quieras preparar con select partition Y, siendo Y el número de partición, y formatearla con un comando del tipo: format fs=NTFS quick label=»Nombre», donde indicarás el sistema de archivos (por ejemplo NTFS), el tipo de formato rápido y el nombre del volumen entre comillas.

En discos de sistema antiguos puede ser necesario marcar la partición como activa con el comando active, y para que Windows le asigne una letra de unidad utilizas el comando assign letter=Z, cambiando Z por la letra que quieras usar. Repite el proceso para cada partición que hayas creado y al terminar verás todas ellas en el Explorador de archivos.

Discos que aparecen como “Desconocido” o “No inicializado” con datos dentro

En ocasiones no estamos ante un disco recién comprado, sino ante una unidad que ya llevaba tiempo funcionando y de repente aparece como “Desconocido, no inicializado y no asignado” en Administración de discos. En ese supuesto, la preocupación lógica es si al inicializar se perderán los datos que había dentro.

Cuando un disco pasa a ese estado puede deberse a errores de sistema, apagados bruscos, daños en la tabla de particiones o incluso fallos físicos en el propio disco. Lo que está claro es que, en ese momento, la unidad es inaccesible desde el Explorador y Windows no puede montar las particiones que había antes.

La inicialización en sí misma actúa sobre la estructura de particiones, de modo que, si pisas esa información, puedes dejar en una situación muy comprometida la posibilidad de recuperar los archivos. En muchos casos, además, cuando se inicializa y formatea inmediatamente después, la probabilidad de restaurar datos se reduce bastante, sobre todo si se han escrito nuevos contenidos.

Por ese motivo, lo más prudente cuando un disco usado aparece como no inicializado es no intentar repararlo a toda prisa sin un plan. En lugar de ello, lo recomendable es abordar la situación en tres fases: primero recuperar los datos que se pueda, luego inicializar la unidad y, por último, volver a crear particiones y formatear para dejar el disco operativo.

En el mercado hay diversos programas especializados en rescate de información de discos inaccesibles, RAW o no inicializados. Este tipo de herramientas de recuperación de datos son capaces de escanear la superficie del disco en busca de firmas de archivos y reconstruir parcialmente la estructura, permitiéndote copiar los archivos encontrados a otra unidad sana antes de hacer cambios destructivos.

Recuperar datos de un disco no inicializado antes de tocar nada

Cuando el objetivo es preservar al máximo la información, el orden correcto es, siempre que sea posible, recuperar datos antes de inicializar el disco. Esto es especialmente cierto si el disco venía usándose durante tiempo y contiene documentos importantes, fotos, proyectos, copias de seguridad, etc.

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Para ello, lo primero es conectar el disco problemático a un PC donde puedas instalar un software de recuperación de datos. Si se trata de un disco externo, basta enchufarlo por USB; si es interno, puedes montarlo en otro equipo o usar una carcasa externa o adaptador SATA-USB según te venga mejor.

Una vez conectado, abre el programa de recuperación que elijas y selecciona como origen el disco afectado. La herramienta suele permitir un análisis rápido seguido de un escaneo profundo, en el que se rastrea todo el espacio en busca de archivos borrados o inalcanzables por el sistema operativo.

Durante el proceso, el software irá mostrando una lista de archivos y carpetas encontrados. Lo normal es que puedas previsualizar algunos tipos de archivo (imágenes, documentos, vídeos) para comprobar que están íntegros antes de recuperarlos. Selecciona los que te interesen y marca una carpeta de destino en otro disco distinto.

Es muy importante que no guardes los archivos recuperados en el mismo disco dañado, ya que podrías sobrescribir datos que todavía no se han rescatado. Usa un disco secundario, un SSD sano, un NAS o incluso una unidad externa con suficiente capacidad para volcar todo el contenido que quieras salvar.

Una vez que hayas recuperado lo que te interesa y tengas una copia a salvo, ya puedes plantearte tocar la estructura del disco original. En ese momento, inicializar, particionar y formatear dejará la unidad limpia y lista para volver a usarse, pero asumiendo que todo lo que había dentro se ha dado por perdido o ya ha sido copiado a otro lugar.

Inicializar, particionar y formatear tras recuperar los archivos

Con los datos importantes a salvo, puedes proceder a tratar el disco problemático como si fuera prácticamente nuevo. Vuelve a Administración de discos (Win+R > diskmgmt.msc > Intro) y localiza la unidad que sigue apareciendo como “No inicializado”.

Haz clic derecho sobre su nombre y selecciona “Inicializar disco”. De nuevo, deberás elegir entre MBR o GPT en función de la capacidad y de si vas a arrancar desde él o no, aunque para un disco secundario de gran capacidad GPT suele ser la opción más sensata a día de hoy.

Cuando la inicialización termine y el disco aparezca “En línea” con todo el espacio como “No asignado”, podrás crear nuevos volúmenes igual que hiciste con un disco nuevo: clic derecho en el espacio no asignado, “Nuevo volumen simple…”, especificar tamaño, asignar letra, seleccionar sistema de archivos (NTFS en la mayoría de los casos) y completar el asistente.

Al finalizar el formateo, el disco quedará operativo y accesible desde “Este equipo”. Si lo has usado como origen de recuperación de datos, ahora puedes volver a copiar dentro aquellos archivos que habías salvado previamente, reconstruyendo tu estructura de carpetas sobre una base limpia y sana.

En caso de que el disco vuelva a presentar fallos a corto plazo (sectores defectuosos, desconexiones aleatorias, ruidos extraños en un HDD), plantéate seriamente retirarlo del servicio como unidad principal o de producción, usándolo como almacenamiento temporal o desechándolo si los problemas persisten, para no jugarte de nuevo tus datos.

Qué hacer cuando el disco no tiene letra o no aparece en “Este equipo”

Puede ocurrir que el disco esté correctamente inicializado y con particiones, pero aún así no aparezca en el Explorador porque no tiene una letra de unidad asignada. Este es un problema menos grave que los anteriores y se soluciona muy fácilmente desde Administración de discos.

De nuevo, abre la herramienta, busca el volumen que no se ve en “Este equipo” y haz clic derecho sobre él. En el menú contextual verás, si la unidad está en buen estado, la opción “Cambiar la letra y rutas de acceso de unidad…”. Si no tiene letra, simplemente pulsa en “Agregar” y elige una nueva; si tiene una que entra en conflicto, puedes cambiarla por otra distinta.

En algunos escenarios, como cuando usas varias unidades externas o montas discos de red, puede que Windows intente asignar letras ya utilizadas o reservadas (consulta cómo desbloquear la unidad usada por Windows) y por eso prefiera dejar el volumen sin letra. Ajustando esto manualmente, la unidad se mostrará de inmediato en el Explorador con la nueva letra elegida.

Si al hacer clic derecho sobre el volumen ves muchas opciones en gris y apenas ninguna activa, es posible que la partición no esté en un formato que Windows reconozca, o que el disco tenga algún tipo de error lógico o físico que impide manipularlo con normalidad. En tal caso, conviene revisar los mensajes de estado del disco o acudir al visor de eventos para más información.

Microsoft y otros fabricantes ofrecen tutoriales y guías específicas para situaciones en las que el disco no es reconocido o presenta errores de lectura. En esos recursos suelen detallarse procedimientos para volver a poner en línea unidades fuera de servicio, reasignar letras, reparar volúmenes y otras tareas avanzadas que conviene seguir con cautela.

Con todo lo anterior claro, ya tienes una visión bastante completa de cómo preparar un disco duro nuevo que no aparece en el Explorador de archivos, así como de las precauciones necesarias cuando la unidad contiene datos previos. Entender la diferencia entre inicializar, particionar, asignar letra y formatear, y saber cuándo y cómo actuar, marca la diferencia entre disfrutar de más espacio de almacenamiento sin sustos o encontrarte con una pérdida de información irreversible.