
Si juegas en PC y te preocupa cada segundo que pasas mirando una pantalla de carga, seguramente te habrás preguntado alguna vez qué necesitas para que funcione DirectStorage y si tu equipo está realmente preparado. La buena noticia es que esta tecnología ya está disponible en Windows y que, con el hardware adecuado, puede recortar tiempos de carga de forma muy seria y mejorar el streaming de texturas en juegos modernos.
DirectStorage nació en las Xbox Series X|S y ha dado el salto al PC de la mano de Microsoft. Su objetivo es exprimir al máximo los SSD NVMe y las GPU modernas, descargando a la CPU de trabajo redundante y permitiendo que la tarjeta gráfica hable casi “de tú a tú” con la unidad de almacenamiento. Vamos a ver con calma qué es exactamente, qué requisitos tiene, cómo activarlo y qué beneficios reales puedes esperar.
Qué es DirectStorage y por qué importa en PC
DirectStorage es, en esencia, una API incluida dentro de DirectX 12 Ultimate cuyo propósito es agilizar el camino que siguen los datos desde tu SSD hasta la memoria de la tarjeta gráfica. Tradicionalmente, cada textura, modelo 3D o asset tenía que pasar por la CPU y por la RAM del sistema antes de llegar a la VRAM. Con DirectStorage, gran parte de ese trabajo de copia y gestión se deriva a la propia GPU y a sus unidades DMA.
En vez de pensar en DirectStorage como una pieza de hardware, conviene verlo como una capa de software especializada en I/O de alto rendimiento para juegos. Esta capa organiza, lanza y coordina las órdenes para que los datos se muevan lo más rápido posible desde un SSD NVMe conectado por PCI Express hacia la memoria de vídeo, reduciendo al mínimo los cuellos de botella en la CPU.
Esta tecnología procede directamente del ecosistema de Xbox Series X|S, donde el sistema combina un SSD muy rápido con un conjunto de bloques de hardware dedicado, conocido como Velocity Engine. En consola todo está diseñado de fábrica para funcionar así; en PC, sin embargo, DirectStorage tiene que encajar en un entorno mucho más variado, con todo tipo de configuraciones de CPU, GPU y discos.
El resultado buscado es claro: menos tiempo mirando pantallas de carga, más fluidez en mundos abiertos y menos tirones cuando se cargan nuevas zonas o biomas. Además, al liberar a la CPU de tareas de copia y descompresión, se reservan ciclos para IA, física y lógica del juego, algo especialmente valioso en títulos AAA muy pesados.

Cómo funciona DirectStorage por dentro
A nivel de hardware, DirectStorage se apoya en las unidades DMA presentes en las GPU modernas. Estas unidades están pensadas para leer y escribir datos en memoria sin que la CPU tenga que intervenir directamente. Microsoft aprovecha esa capacidad para permitir que la tarjeta gráfica se comunique con otros dispositivos PCIe, como los SSD NVMe, reduciendo los pasos intermedios.
Sin DirectStorage, el flujo clásico de datos suele ser: el juego solicita recursos, la CPU coordina la lectura desde el SSD, los datos se copian a la RAM del sistema y, desde ahí, vuelven a copiarse a la VRAM. Este recorrido implica un número considerable de llamadas, copias y sincronizaciones que terminan saturando a la CPU, sobre todo cuando los juegos hacen streaming masivo de texturas y modelos.
Con DirectStorage, una parte de esas tareas se “trocea” y se reasigna a la GPU en un proceso conocido como Workload Decomposition. El driver gráfico genera listas de comandos que no sólo incluyen instrucciones de renderizado, sino también operaciones de I/O y descompresión ejecutadas mediante compute shaders y colas asíncronas, aprovechando al máximo la computación paralela.
En Xbox Series X|S, este trabajo lo realiza un bloque dedicado (Velocity Engine) de forma prácticamente automatizada. En PC, los desarrolladores deben controlar y afinar más el uso de estas colas y comandos, lo que explica por qué, por ahora, sólo unos pocos juegos han implementado DirectStorage de forma visible, como Forspoken o algunos títulos AAA recientes.
Conviene aclarar que, incluso con DirectStorage, en PC sigue habiendo una clara separación entre RAM del sistema y VRAM de la GPU. Muchos datos continúan pasando por la memoria principal, pero se hace de forma mucho más eficiente, con menos carga en la CPU y aprovechando al máximo el ancho de banda del bus PCIe.
Requisitos de hardware y software para que funcione DirectStorage
Para poder usar DirectStorage en tu equipo, necesitas cumplir una serie de condiciones en sistema operativo, almacenamiento y tarjeta gráfica. No son especialmente extrañas para un PC gaming moderno, pero conviene revisarlas punto por punto para evitar sorpresas.
En el apartado de sistema operativo, Microsoft diseñó DirectStorage pensando en Windows 11. La versión recomendada es Windows 11 21H2 o superior, ya que es donde se integra mejor la API y donde se aplican las optimizaciones más recientes. Oficialmente, también existe soporte en Windows 10, pero la propia Microsoft deja claro que el rendimiento y la integración son mejores en Windows 11.
Respecto al almacenamiento, la pieza clave es contar con un SSD NVMe conectado por PCIe Gen3 x4 o superior. Las unidades SATA, aunque sean SSD, no ofrecen la latencia ni el ancho de banda necesarios para exprimir DirectStorage, así que no se consideran la opción ideal. La API puede funcionar, pero los beneficios se reducen y se pierde gran parte de la gracia de la tecnología.
En la parte gráfica, se necesita una GPU compatible con DirectX 12 y Shader Model 6.0 como mínimo. Aquí Microsoft relajó sus requisitos iniciales: al principio se hablaba de necesitar un SSD de 1 TB y características más estrictas, pero finalmente se ha rebajado la barrera para que muchos más PCs puedan aprovechar DirectStorage. Eso sí, para sacar todo el partido posible se recomienda una tarjeta con soporte para DirectX 12 Ultimate.
Esto se traduce, a grandes rasgos, en que las NVIDIA RTX serie 20, 30 y 40 están preparadas para DirectStorage en toda su amplitud. En el caso de AMD, la compatibilidad completa llega con las Radeon RX 6000 y posteriores; las RX 5000 se quedan fuera de algunas funciones. Y si eres usuario de Intel, las GPU Intel Arc también ofrecen soporte moderno para esta API.
Por último, es importante tener los drivers de la GPU actualizados, ya que gran parte de la lógica de DirectStorage recae en el controlador gráfico. Como referencia orientativa, versiones recientes de controladores como NVIDIA 550.xx o AMD Adrenalin 23.10 en adelante suelen incorporar todas las mejoras y correcciones relacionadas, y conviene además detectar cuellos de botella cuando las cosas no rinden como esperas.
¿Tiene que estar Windows en el mismo SSD que los juegos?
Una duda muy habitual es si DirectStorage sólo funcionará cuando Windows y los juegos estén instalados en la misma unidad NVMe. Es una preocupación lógica, especialmente si tienes un SSD SATA más modesto para el sistema operativo y quieres reservar un NVMe rápido exclusivamente para juegos.
La realidad es que DirectStorage se centra en el disco donde está instalado el juego, no tanto en la unidad del sistema. Puedes tener Windows 10 o Windows 11 en un SSD SATA y, al mismo tiempo, colocar tus juegos compatibles en un SSD NVMe separado. Lo que importa desde el punto de vista del rendimiento es que los datos del juego se lean desde un NVMe rápido conectado por PCIe.
Lo que sí es clave es que tu instalación de Windows, sea en SATA o en NVMe, cumpla con la versión mínima recomendada (idealmente Windows 11 21H2 o superior) y que el sistema reconozca correctamente el NVMe como unidad de alto rendimiento. Mientras se den esas condiciones, puedes dedicar tu SSD NVMe únicamente a juegos sin problema.
De cara a futuros títulos, muchos desarrolladores recomendarán expresamente tener el juego en un NVMe para garantizar tiempos de carga y streaming acordes al diseño. Poner el sistema en un SSD SATA y reservar el NVMe para la biblioteca de juegos más exigentes puede ser una estrategia muy razonable si vas justo de presupuesto.
Pasos básicos para activar y configurar DirectStorage
Una vez que tienes claro que cumples los requisitos, toca comprobar que DirectStorage está efectivamente habilitado y que los juegos pueden aprovecharlo. No hay demasiadas opciones que tocar, pero sí merece la pena revisar varios puntos clave para evitar que la API se quede “a medias”.
Lo primero es asegurarte de que tu sistema está actualizado a la última versión estable de Windows 11 (o, en su defecto, a la versión más reciente de Windows 10 compatible). Para ello, entra en Configuración, ve a la sección de Windows Update y aplica todas las actualizaciones pendientes, incluidas las acumulativas y de características.
Después, conviene abrir la administración de discos de Windows y comprobar que tu unidad NVMe aparece como SSD rápido y está funcionando correctamente en el bus PCIe previsto. Un NVMe conectado en un slot limitado o mal configurado en BIOS puede reducir drásticamente el rendimiento efectivo, así que merece la pena echar un vistazo a cómo está cableada y configurada la placa base.
En versiones recientes de Windows 11, encontrarás un apartado específico relacionado con DirectStorage dentro de Configuración, normalmente en el área de Juegos o de características de gráficos. Desde ahí podrás ver el estado de la API y si tu hardware cumple con los requisitos. Si te aparece como inactivo o no disponible, suele ser una pista de que algo falla en el sistema, drivers o versión de Windows.
El siguiente paso es instalar o mover tus juegos compatibles a la unidad NVMe. Es importante entender que DirectStorage sólo puede acelerar el acceso a los datos que residen en ese SSD NVMe. Si dejas un juego exigente en un HDD o en un SSD SATA, no podrás aprovechar los beneficios reales de la API aunque tu sistema sea compatible.
Por último, tras hacer cambios de ubicación de juegos o actualizaciones grandes de sistema o drivers, es muy recomendable reiniciar el equipo. De esta forma te aseguras de que todos los componentes de la pila de DirectX y del driver gráfico se cargan de cero y reconocen las nuevas condiciones de hardware y software.
Beneficios reales de usar DirectStorage en tus juegos
Una de las grandes promesas de DirectStorage es la reducción de los tiempos de carga. En títulos AAA con mundos enormes y montones de assets, las mejoras pueden rondar en torno a un 30 % de media, siempre que el juego esté bien optimizado para la API y que el almacenamiento sea un NVMe rápido.
Otra ventaja clave es la mejora en el streaming de texturas y geometría. En mundos abiertos con grandes distancias de dibujado, es común sufrir stutter o tirones cuando el juego tiene que cargar nuevas texturas de alta resolución, mallas detalladas o elementos del entorno. DirectStorage ayuda a que ese flujo de datos sea más continuo, reduciendo las pausas y manteniendo una sensación más fluida al desplazarte por el mapa.
En paralelo, la CPU se ve bastante más liberada. Al descargar parte del trabajo de copia y descompresión a la GPU, el procesador central puede dedicar más ciclos a tareas como IA de enemigos, simulación física, animaciones o lógica del mundo. Esto no siempre se traduce en más FPS puros y duros, pero sí en una experiencia más estable y coherente, con menos caídas bruscas.
La consistencia de los frames también mejora. Aunque DirectStorage no es un “botón mágico” para subir los FPS, al evitar picos de carga en la CPU y reducir los tiempos de acceso a disco, se eliminan muchos microcortes que se producen al entrar en nuevas zonas, al iniciar cinemáticas o al cargar secuencias complejas.
Desde el punto de vista del SSD, su vida útil no debería verse comprometida. DirectStorage trabaja sobre los protocolos estándar NVMe y no añade patrones de escritura especialmente agresivos o diferentes a los que ya genera un juego moderno que hace streaming intensivo. Lo que cambia es la forma en que se orquestan las peticiones y dónde se lleva a cabo la descompresión.
Juegos y motores que ya se apoyan en DirectStorage
El despliegue de DirectStorage en el ecosistema PC está siendo gradual. Aunque no existe una lista oficial y cerrada de juegos compatibles, sí sabemos de varios títulos y motores que ya integran o están comenzando a integrar esta tecnología para mejorar su I/O.
Entre los juegos que han ido incorporando soporte se encuentran producciones como Forza Horizon 5, que se beneficia de una carga veloz de sus enormes entornos abiertos, o Microsoft Flight Simulator, donde el streaming de datos geoespaciales y texturas aéreas es particularmente intenso. También han aparecido implementaciones en títulos como Cyberpunk 2077, Halo Infinite o algunas versiones recientes de Fortnite, siempre con énfasis en reducir tiempos de carga y stutter. Muchos de estos son, además, títulos AAA exigentes en sus requisitos.
En muchos casos, los desarrolladores no sólo dependen de DirectStorage, sino también de otras técnicas como atlas de texturas y atlas de geometría. Un atlas de texturas consiste en agrupar muchas texturas pequeñas en una gran “mega textura”, lo que simplifica el acceso y reduce cambios de estado. DirectStorage hace que actualizar estos atlas desde el SSD sea mucho más rápido.
Para la geometría, el concepto es parecido: es posible agrupar modelos en estructuras que se puedan cargar y descargar del almacenamiento según las necesidades de cada zona del juego. En niveles muy lineales, esto puede significar transiciones casi instantáneas entre escenas sin tener que mostrar cinemáticas largas de relleno. En mundos abiertos, las transiciones entre biomas o regiones se vuelven más suaves.
Muchos motores comerciales y propietarios están incorporando soporte para la versión más reciente de la API, conocida como DirectStorage 1.1, que introduce mejoras importantes en descompresión y gestión interna. Aunque todavía pasarán algunos años hasta que esta forma de trabajar se convierta en el estándar absoluto de la industria, la base ya está puesta.
GDeflate y la descompresión en GPU con DirectStorage 1.1
Una de las novedades más interesantes de DirectStorage 1.1 es la integración de GDeflate, una variante del algoritmo DEFLATE optimizada para funcionar de forma eficiente en GPU. La idea es comprimir los datos del juego bajo este formato para poder trasladar más información en menos tiempo desde el SSD a la memoria.
Si se intentase descomprimir a varios GB/s utilizando exclusivamente la CPU, incluso procesadores muy potentes podrían saturarse, sobre todo en escenas con mucho streaming simultáneo de assets. GDeflate permite descargar ese trabajo en la GPU, que gracias a su naturaleza masivamente paralela puede descomprimir grandes volúmenes de datos sin convertirse en un cuello de botella.
La combinación de DirectStorage y GDeflate abre la puerta a dos ventajas claras: por un lado, instalaciones más contenidas, ya que los archivos se almacenan de forma comprimida; por otro, la capacidad de “volcar” colecciones enteras de texturas y modelos a la RAM y la VRAM en tiempos mucho más cortos.
Este enfoque resulta especialmente interesante para diseños de niveles menos lineales y limitados, donde el juego pueda cargar y descargar de forma dinámica grandes conjuntos de assets sin depender de pasillos estrechos, ascensores eternos o cinemáticas forzadas para tapar las cargas. Es un cambio de paradigma similar al que hemos visto en consolas de nueva generación.
Por ahora, muchas de estas ventajas se verán sobre todo en productos que se desarrollen específicamente con SSD NVMe en mente. Todavía hay una gran cantidad de juegos pensados para funcionar en consolas de anterior generación con discos duros, y ese lastre limita cuánto se puede empujar el diseño alrededor de DirectStorage. Pero la dirección está clara.
Relación con otras APIs: DirectX 12 Ultimate y NVIDIA RTX IO
DirectStorage forma parte de la familia de tecnologías asociadas a DirectX 12 Ultimate, donde también se incluyen características como ray tracing, Variable Rate Shading o Mesh Shaders. Todas ellas comparten la idea de exprimir al máximo el hardware gráfico moderno, tanto en PC como en consola.
Antes de que Microsoft anunciara esta API, NVIDIA presentó su propia solución llamada RTX IO, pensada para hacer algo muy similar: descarga a la CPU de operaciones de I/O y descompresión, delegando ese trabajo en la GPU. RTX IO está enfocada a las tarjetas GeForce y funciona sobre la pila propietaria de NVIDIA, sin necesidad de actualizar el sistema operativo de forma tan estricta.
Con la llegada de DirectStorage, lo razonable es que a medio plazo esta API estándar de Microsoft se convierta en la vía principal que adopten la mayoría de estudios, ya que funciona con hardware de distintos fabricantes y está integrada de forma nativa en Windows. RTX IO podría quedar como un complemento o como una capa adicional en algunos motores concretos.
En la práctica, los desarrolladores irán decidiendo cuál les interesa más en cada caso, pero todo apunta a que DirectStorage se convertirá en el denominador común, mientras que las soluciones propietarias irán quedando en un segundo plano o se usarán de manera conjunta con la API de Microsoft cuando aporte alguna ventaja específica.
Solución de problemas frecuentes con DirectStorage
Aunque sobre el papel todo suena sencillo, en la práctica pueden aparecer situaciones en las que DirectStorage no parece estar funcionando como debería o directamente no aparece como disponible en el sistema. Hay varios puntos que conviene revisar cuando te encuentras en esa situación.
El primer sospechoso suele ser la versión de Windows. Si no tienes Windows 11 21H2 o una compilación equivalente o superior, es posible que no tengas la implementación completa de la API. En Windows 10, la compatibilidad es más limitada y algunas funciones avanzadas pueden no estar presentes o rendir peor.
El segundo foco de problemas son los drivers de la GPU. Usar controladores muy antiguos, versiones beta inestables o paquetes incompletos puede llevar a que el sistema no reconozca correctamente el soporte de DirectX 12 y Shader Model 6.0. En caso de duda, lo ideal es hacer una instalación limpia de los últimos drivers oficiales de NVIDIA, AMD o Intel.
También hay que revisar la conexión física y lógica del SSD NVMe. Si la unidad está colocada en un slot PCIe limitado, compartiendo carriles con otros dispositivos o con la BIOS configurada de forma poco óptima, el rendimiento puede caer en picado. Verificar en la documentación de la placa y en el administrador de dispositivos que el NVMe está negociando el enlace a la velocidad esperada es un paso muy recomendable.
En algunos casos, puede ser necesario actualizar el firmware del SSD. Muchos fabricantes publican mejoras de rendimiento, estabilidad y compatibilidad para sus unidades NVMe. Utilizar las herramientas oficiales del fabricante y asegurarse de estar al día puede marcar la diferencia si estás teniendo un comportamiento errático con DirectStorage.
Por último, si un juego concreto se comporta peor de lo esperado, no está de más desinstalarlo y volverlo a instalar directamente en el NVMe, evitando migraciones raras desde HDD o desde otras unidades más lentas. Y, como siempre, un reinicio después de cualquier cambio mayor suele solucionar más cosas de las que parece a primera vista.
Compatibilidad con Windows 10, GPUs antiguas y otras dudas típicas
Una pregunta recurrente es si DirectStorage funciona en Windows 10. La respuesta oficial de Microsoft es que sí, existe soporte, pero la compañía insiste en que la experiencia óptima y las últimas mejoras están pensadas para Windows 11. De cara a futuro, todo el desarrollo de la API y sus nuevas versiones se centrará en la versión más reciente del sistema operativo.
Otra duda muy habitual tiene que ver con las GPUs de generaciones anteriores, como las NVIDIA GTX 10 o GTX 16. Estas tarjetas pueden ejecutar juegos que usen DirectX 12, e incluso algunos que tiran de características de DX12 Ultimate a través de compatibilidad parcial, pero no disponen de todas las unidades de hardware dedicadas que traen las RTX o las Radeon RX 6000. En la práctica, podrán correr los juegos, pero no aprovechar al máximo funcionalidades como DirectStorage, ray tracing o ciertas optimizaciones avanzadas.
En el caso concreto de una GTX 1050 Ti, por ejemplo, podrás seguir jugando a títulos modernos que utilicen DirectX 12, pero no tendrás acceso pleno a DirectX 12 Ultimate ni a toda la batería de tecnologías asociadas. Eso no significa que no puedas disfrutar de los juegos, sólo que no verás los beneficios específicos de estas funciones más nuevas.
Respecto a la combinación de unidades SATA y NVMe, ya hemos visto que no hay ningún problema en tener Windows instalado en un SSD SATA mientras usas un NVMe para juegos. La clave es que el título que quieras acelerar con DirectStorage esté ubicado en la unidad correcta y que tanto el sistema operativo como los drivers lo reconozcan adecuadamente como dispositivo NVMe rápido.
Por último, mucha gente se pregunta si es necesario desactivar otras optimizaciones de Windows, como el Modo Juego o Auto HDR, para que DirectStorage funcione bien. La respuesta es que no: todas estas características están pensadas para convivir. DirectStorage se encarga de la parte de entrada/salida de datos y descompresión, mientras que el Modo Juego y otras opciones actúan sobre prioridades de procesos o calidad de imagen.
Con todo lo anterior sobre la mesa, queda claro que DirectStorage es una pieza clave en la transición del PC hacia un modelo de juego centrado en SSD NVMe rápidos, similar al que ya vemos en consolas actuales. Si tu equipo cumple los requisitos mínimos, mantienes el sistema y los drivers al día y colocas tus juegos más exigentes en un NVMe adecuado, podrás disfrutar de una experiencia más ágil, con cargas notablemente más cortas, menos tirones en mundos abiertos y una CPU mucho menos agobiada por tares de I/O, sin renunciar al resto de optimizaciones del ecosistema Windows.