Cómo instalar Windows 11 en un PC no compatible y qué riesgos tiene

Última actualización: febrero 17, 2026
Autor: Isaac
  • Windows 11 exige TPM 2.0, Secure Boot, procesador compatible, RAM, disco en GPT y gráfica con DirectX 12, lo que deja fuera a muchos equipos antiguos.
  • Es posible forzar la instalación en PCs no compatibles mediante ajustes en el registro, USBs creados con Rufus o parámetros avanzados de instalación.
  • Instalar Windows 11 en hardware no soportado implica riesgos: falta de soporte oficial, posibles fallos de drivers, problemas con juegos y vulnerabilidad a herramientas maliciosas.
  • Cuando el equipo es demasiado antiguo, seguir con Windows 10, pasarse a una distribución Linux ligera o renovar hardware suelen ser alternativas más sensatas.

Instalar Windows 11 en PC no compatible

Si estás leyendo esto es porque tu equipo te ha soltado el temido mensaje de “Este PC no es compatible con Windows 11” y te has quedado con cara de póker. Tu ordenador funciona bien, mueve Windows 10 sin despeinarse y, aun así, Microsoft dice que no es digno de su sistema más reciente. Normal que surjan dudas, cabreo y ganas de buscar la forma de saltarse la limitación.

La realidad es que, a día de hoy, hay formas de instalar Windows 11 en un PC no compatible, pero también hay riesgos, matices importantes y bastantes confusiones. Microsoft ha ido cambiando cosas, cerrando algunos “bypass” y dejando otros medios abiertos. En este artículo vas a encontrar una guía completa, en lenguaje claro, que recoge todo lo que se sabe y se está usando ahora mismo, junto con alternativas realistas si tu hardware ya no da más de sí.

Por qué tu PC “no es compatible” con Windows 11

Para entender qué puedes hacer, primero hay que tener claro por qué Windows 11 bloquea la instalación en ciertos equipos. No es un capricho puro y duro (aunque a veces lo parezca), sino una combinación de requisitos de seguridad y de una lista oficial de procesadores soportados.

Windows 11 introdujo cambios fuertes en los requisitos de Windows 11: CPU más moderna, TPM 2.0, Secure Boot, disco en GPT y mínimo de RAM y almacenamiento. El objetivo oficial es mejorar la seguridad y la estabilidad, pero el peaje es dejar fuera a un montón de PCs que, en la práctica, siguen siendo perfectamente utilizables.

La mayoría de usuarios se encuentra con dos tipos de situaciones muy distintas: por un lado, equipos que realmente no cumplen (procesadores muy viejos, sin TPM actualizable, etc.) y, por otro, una enorme cantidad de “falsos incompatibles”, donde el hardware sí vale pero está mal configurado o desactivado en la BIOS/UEFI.

Entre los errores típicos que verás al intentar actualizar están mensajes del tipo “Este PC debe soportar TPM 2.0”, “El procesador no es compatible con Windows 11” o avisos de que falta Secure Boot o que el equipo no cumple los requisitos mínimos. Cada uno de estos errores tiene orígenes y posibles soluciones diferentes.

Requisitos mínimos y recomendados de Windows 11

Antes de meterse en líos, conviene repasar cuáles son los requisitos oficiales de Windows 11 para ver si tu equipo está cerca de la línea roja o directamente en otra galaxia. Microsoft especifica una base mínima que, en teoría, todos los dispositivos deberían cumplir.

En cuanto al procesador, se exige un CPU de 64 bits con al menos 2 núcleos y una frecuencia de 1 GHz. Pero no solo es cuestión de velocidad: Windows 11 exige familias de procesadores concretas, lo que deja fuera a muchas CPUs que, en rendimiento bruto, siguen siendo perfectamente válidas. Es uno de los puntos que más frustración genera.

Respecto a la memoria, el sistema necesita un mínimo de 4 GB de RAM, aunque, en la práctica, para ir mínimamente cómodo deberías apuntar a 8 GB si piensas usar varias aplicaciones a la vez, funciones como Copilot o la integración con apps de Android.

También se pide 64 GB de espacio en disco como mínimo. Windows 11 cabe en esa cifra, pero entre actualizaciones, programas y archivos personales, es fácil que se quede corto, así que conviene contar con más margen si quieres evitar problemas de espacio con el tiempo.

En el apartado gráfico, necesitas una tarjeta gráfica compatible con DirectX 12 y un firmware UEFI con Secure Boot. El disco de sistema debe usar esquema de particiones GPT (GUID Partition Table), no MBR clásico. Todo esto forma parte del paquete de requisitos modernos que Microsoft considera imprescindibles.

El gran filtro: TPM 2.0, Secure Boot y procesador

El trío que más dolores de cabeza da a la hora de instalar Windows 11 es: TPM 2.0, Secure Boot y la lista de procesadores soportados. Si algo falla aquí, lo más normal es que el asistente se niegue a continuar con la instalación, salvo que recurras a alguno de los métodos para saltarte bloqueos.

El TPM (Trusted Platform Module) es un chip de seguridad que guarda claves de cifrado y otros datos sensibles del sistema. Windows 11 exige TPM 2.0 porque permite manejar información biométrica y reforzar funciones como BitLocker o la protección de credenciales. El problema es que muchos equipos traen TPM pero lo tienen desactivado de fábrica, o montan una versión anterior que no se puede actualizar.

Para comprobar tu TPM desde Windows, puedes pulsar Inicio y escribir “tpm.msc”. Se abrirá la consola de administración donde verás si hay TPM presente, su estado (habilitado o no) y la versión. Si aparece como deshabilitado, la jugada es entrar en la BIOS/UEFI y activarlo; si la versión no llega a 2.0 y no hay opción de actualizar el firmware, ahí sí que empiezan los problemas serios.

 

Lo primero que debes hacer es abrir el CMD. Puedes hacerlo presionando las teclas Windows + R y escribiendo ""cmd"" en el cuadro de diálogo. Luego

El otro gran requisito es el Arranque Seguro (Secure Boot). Esta función impide que se carguen sistemas o bootloaders no firmados de forma adecuada, añadiendo una capa de protección en el inicio. Puedes revisar si está activo ejecutando “msinfo32” desde el menú de inicio y buscando el apartado de Secure Boot, o entrando directamente en la UEFI y localizando la opción correspondiente para habilitarlo.

El tercer sospechoso habitual es el procesador. Microsoft mantiene una lista oficial de CPUs compatibles que, en la práctica, suele incluir procesadores Intel a partir de octava generación y equivalentes en AMD. Eso significa que, aunque tu CPU sea de 64 bits, vaya sobrada de GHz y tengas 16 GB de RAM, si el modelo exacto no sale en la lista, el instalador oficial de Windows 11 te dirá que no pasa el corte.

Caso práctico: procesador AMD con TPM 2.0 y RAM de sobra

Un caso muy frecuente es el de usuarios con un procesador como, por ejemplo, un AMD A6-7480 con 16 GB de RAM, Secure Boot activo y TPM 2.0 habilitado. Sobre el papel, el equipo cumple sobradamente los requisitos de frecuencia, memoria y seguridad, pero el instalador de Windows 11 corta el paso porque ese modelo de CPU no está en la lista bendecida por Microsoft.

Al intentar actualizar, aparecen mensajes indicando que “el procesador no es compatible con Windows 11”, incluso teniendo TPM 2.0 correcto y todos los demás chequeos en verde. En un escenario así, la única forma oficial de solucionar el problema sería actualizar el procesador o cambiar de placa base, lo que en muchos casos implica prácticamente comprar un equipo nuevo.

Sin embargo, si quieres aprovechar el hardware actual, todavía hay métodos para saltarse la comprobación de CPU y forzar la instalación. Eso sí, asumiendo los riesgos: Microsoft no garantiza soporte, pueden existir problemas puntuales con algunos drivers y no hay ninguna promesa de que futuras actualizaciones no rompan el invento.

En estos casos, suele ser buena idea valorar para qué vas a usar el equipo. Si es un PC de batalla para tareas básicas, navegar, ofimática y poco más, forzar la instalación puede ser aceptable. Si es tu herramienta de trabajo principal o un equipo donde necesitas fiabilidad total, quizá no sea la mejor jugada arriesgarte a instalar Windows 11 a cualquier precio.

También es importante asegurarse de que no hay un “falso negativo” de compatibilidad. Ha ocurrido muchas veces que Windows 10 informaba de que el equipo no era apto para Windows 11, y, en realidad, bastaba con activar TPM, Secure Boot o cambiar de MBR a GPT para que el sistema reconociera la compatibilidad y ofreciera la actualización normal.

Ajustar la BIOS/UEFI: TPM, Secure Boot y modo UEFI

Antes de lanzarte a trucos más agresivos, merece la pena revisar a fondo la configuración de la BIOS o UEFI. Muchos equipos aparecieron como “no compatibles” por detalles tan tontos como tener desactivado el TPM, estar en modo Legacy en lugar de UEFI o no tener el Arranque Seguro activado.

Para entrar en la BIOS/UEFI, normalmente tendrás que reiniciar el PC y pulsar una tecla específica (F2, F10, F8, F12, Supr/Del, etc.) justo al encender. Cada fabricante hace lo suyo, así que conviene mirar el manual de la placa base o del portátil. Si fallas, simplemente arrancará Windows: no pasa nada, reinicias y pruebas con otra tecla.

Una vez dentro, lo primero es comprobar que el firmware está en modo UEFI y no en Legacy/CSM. Si el equipo admite cambiar de modo, actívalo y guarda cambios, aunque hay que ir con cuidado si el disco está en MBR, porque cambiarlo sin convertir el disco puede impedir que arranque el sistema instalado.

A continuación, busca las opciones relacionadas con el TPM. Dependiendo de la marca, puede llamarse TPM, TPM State, Intel PTT o AMD fTPM, y suele estar dentro de menús como “Security”, “Advanced”, “Boot” o “Peripherals”. Cuando lo localices, habilítalo, guarda la configuración y reinicia.

El paso siguiente es localizar Secure Boot. También suele estar en secciones de seguridad o arranque. Si está desactivado, podrás activarlo y, en algunos equipos, te pedirá inicializar o configurar ciertas claves. Una vez hecho, guarda cambios y vuelve al sistema operativo para revisar desde “msinfo32” si aparece como activo.

Por último, conviene comprobar que el disco de sistema está en GPT y no en MBR. Desde el Administrador de discos de Windows puedes ver las propiedades del disco y comprobar el tipo de partición. Si todavía estás en MBR, tienes herramientas como “mbr2gpt” para convertirlo sin formatear, aunque siempre es recomendable tener copia de seguridad por si algo se tuerce durante el proceso.

Método 1: modificar el registro de Windows para permitir la actualización

Uno de los métodos más sencillos y que sigue funcionando en muchos equipos consiste en tocar el registro de Windows para indicarle al sistema que permita la actualización incluso si la CPU o el TPM no cumplen los requisitos marcados por Microsoft.

Este enfoque está especialmente pensado para equipos que cuentan con TPM 1.2 o 2.0, pero con procesador fuera de la lista oficial. La ventaja es que permite hacer una actualización “in-place”: puedes pasar de Windows 10 a Windows 11 manteniendo archivos, programas y configuraciones sin usar herramientas de terceros ni ISOs modificadas.

El procedimiento habitual pasa por abrir el editor de registro (regedit) desde el comando “Win + R” y navegar hasta la ruta HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\Setup\MoSetup. En esa clave se crea un nuevo valor DWORD de 32 bits con el nombre “AllowUpgradesWithUnsupportedTPMOrCPU” y se le asigna el valor 1.

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Tras aplicar este cambio, se reinicia el equipo y se ejecuta el instalador de Windows 11 desde una ISO oficial, ya sea montando la imagen o usando el asistente de actualización. Gracias a la clave que acabas de crear, el instalador debería pasar por alto las comprobaciones más estrictas de CPU y TPM, permitiendo continuar con la instalación sin detenerse.

Muchos usuarios han seguido un camino similar pero activando el truco justo cuando el instalador lanza la advertencia de incompatibilidad. En ese punto, abren la consola con Shift + F10, ejecutan regedit, añaden la clave anterior, cierran y vuelven al asistente, que entonces permite seguir adelante con Windows 11.

Método 2: crear un USB de instalación modificado con Rufus

Otra vía muy utilizada para instalar Windows 11 en un PC no compatible es crear un USB de instalación personalizado que incluya un bypass para los requisitos de TPM, CPU, RAM o Secure Boot. Aquí la estrella suele ser Rufus, una herramienta muy conocida para generar unidades USB arrancables.

El proceso empieza descargando la ISO oficial de Windows 11 desde la web de Microsoft. Después, abres Rufus, seleccionas la memoria USB en la que quieres grabar el sistema y eliges la ISO. Cuando todo está listo, la propia herramienta ofrece opciones específicas para Windows 11.

En las versiones recientes, Rufus muestra un cuadro de diálogo preguntando si quieres omitir la comprobación de TPM, requisitos de RAM, CPU y arranque seguro. Marcando estas casillas, el programa aplica modificaciones que hacen que el instalador de Windows 11 no bloquee la instalación en equipos que, de otro modo, serían rechazados.

Una vez creado el USB modificado, solo queda reiniciar el equipo y arrancar desde la memoria (seleccionando el dispositivo en el menú de arranque o cambiando el orden en la BIOS/UEFI). A partir de ahí, el asistente de instalación debería dejarte instalar Windows 11 incluso en hardware que no pasa todos los filtros.

Este método es muy útil cuando quieres hacer una instalación limpia, por ejemplo en un PC que no tiene ya Windows 10 operativo o cuando prefieres empezar desde cero formateando el disco y configurando todo de nuevo. Eso sí, implica perder los datos del sistema si no has hecho copia de seguridad antes.

Método 3: herramientas de terceros y versiones “ligeras” de Windows 11

Además de los ajustes de registro y los USB personalizados, existen soluciones de terceros que preparan versiones recortadas de Windows 11 para que puedan funcionar en máquinas muy modestas o con hardware muy alejado de los requisitos oficiales.

Una de las opciones más conocidas es Tiny11. Esta herramienta genera una edición de Windows 11 a la que se le han eliminado componentes y funciones no esenciales, reduciendo consumo de recursos y bajando el listón de hardware necesario. El resultado es un sistema más ligero que puede arrancar en PCs que, de otro modo, ni se plantearían ejecutar Windows 11.

La parte delicada de esta vía es que el ecosistema se ha llenado de descargas falsas, instaladores trucados y versiones contaminadas de malware. Muchos ciberdelincuentes aprovechan la desesperación de los usuarios con PCs antiguos para colar troyanos y otras sorpresas bajo la excusa de ser “ISOs modificadas de Windows 11 sin requisitos”.

Si decides optar por una solución de este tipo, es fundamental que confíes solo en fuentes muy reputadas, comunidades conocidas y proyectos con buena trayectoria. Y, aun así, conviene recordar que se trata de versiones no oficiales, sin respaldo directo de Microsoft y con posibles limitaciones o comportamientos extraños.

Estas ediciones ligeras pueden tener mucho sentido si tu objetivo es dar una segunda vida a un PC muy antiguo para tareas sencillas, siempre y cuando tengas claro que no es la instalación “canónica” de Windows 11 y que perderás funcionalidades o integración con algunos servicios modernos.

Método 4: forzar la instalación desde la línea de comandos

Un camino algo más “friki”, pero que también se ha usado, consiste en lanzar la instalación de Windows 11 desde la línea de comandos con parámetros que limitan la interacción y, en ciertos casos, evitan parte de las comprobaciones de compatibilidad.

La idea es montar la ISO de Windows 11 en el propio Windows 10 o acceder a su contenido desde el explorador, abrir una ventana de CMD con permisos suficientes y ejecutar setup.exe con parámetros específicos para forzar una actualización automática.

Un ejemplo clásico es el comando: setup.exe /auto upgrade /QuietInstall, que indica al instalador que haga una actualización automática y silenciosa. En algunos equipos con requisitos justos, esto ha permitido iniciar la instalación sin que aparezcan tantas ventanas de alerta sobre compatibilidad, avanzando donde la interfaz gráfica estándar se detenía.

Este método no es mágico y no siempre salva todas las comprobaciones, pero forma parte del arsenal de trucos que algunos usuarios avanzados han usado para sacar adelante la migración. Eso sí, si ya estás dispuesto a meterte en estos fregados, es casi obligatorio tener copias de seguridad y aceptar que puede haber comportamientos inesperados.

Al fin y al cabo, al forzar la actualización en un entorno no soportado, estás sacando al sistema de su zona de confort y Microsoft no asegura que cada driver, cada juego o cada función del sistema vaya a funcionar como se espera en ese hardware concreto.

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Riesgos reales de instalar Windows 11 en un PC no compatible

Todos estos métodos tienen algo en común: no cuentan con la bendición de Microsoft. Eso significa que, aunque hoy funcionen, no hay ninguna garantía de que sigan siendo viables dentro de unos meses o de que todas las actualizaciones futuras se instalen siempre sin problemas.

Además del tema del soporte, existe el riesgo de que algunos controladores no funcionen como deberían. En equipos sin ciertas características de seguridad físicas, algunos fabricantes pueden negarse a cargar drivers modernos de GPU, Wi-Fi o almacenamiento, provocando errores, cuelgues o directamente la imposibilidad de usar todo el potencial del hardware.

Otro punto a tener en cuenta es que varios juegos y programas modernos se apoyan en TPM y Secure Boot para sus sistemas antitrampas o de protección. Títulos como determinadas entregas de Call of Duty, Valorant o Battlefield necesitan estas características para iniciarse; si el sistema operativo se ha instalado saltándose parte de esos requisitos, puede que el juego simplemente no arranque o te expulse por “entorno no seguro”.

A esto se suma el peligro de los bypass falsos y herramientas maliciosas. Cualquier búsqueda rápida de “instalar Windows 11 en PC no compatible” devuelve páginas llenas de supuestas utilidades milagrosas que, en realidad, solo buscan colarte adware, spyware o algo peor. Hay que extremar las precauciones y desconfiar de todo lo que no provenga de sitios muy consolidados.

Por último, aunque hasta ahora no se han visto casos masivos de equipos sin requisitos que se queden sin parches, Microsoft se reserva el derecho de bloquear futuras actualizaciones en PCs que no cumplan los mínimos oficiales. Puede que un buen día una gran actualización deje de instalarse o que aparezcan errores extraños al aplicar ciertos parches de seguridad.

Qué pasa si tu PC es realmente demasiado antiguo

Hay situaciones en las que, por mucho que quieras pelearte, el equipo está tan desfasado que no tiene sentido seguir forzando instalaciones de sistemas que no están pensados para él. Procesadores de generaciones muy viejas, falta total de TPM actualizable o placas base sin soporte real para UEFI son señales claras.

En estos casos, insistir en meter Windows 11 suele traducirse en rendimiento pobre, cuelgues frecuentes y un sistema que nunca llega a ir fino. No solo por los requisitos mínimos, sino porque el ecosistema de drivers y actualizaciones ya no está mirando hacia atrás a ese tipo de hardware.

Una opción sensata es permanecer en Windows 10 el tiempo que quede de soporte. A través del programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU), Microsoft seguirá proporcionando parches críticos durante un tiempo limitado, especialmente para empresas y ciertos entornos profesionales.

También puedes contemplar el salto a una distribución Linux ligera. Para muchos PCs antiguos, Linux es literalmente una inyección de vida: arranque rápido, escritorio fluido y todo lo necesario para tareas básicas sin echar de menos casi nada de lo que hacías en Windows.

La tercera vía, la menos agradable para el bolsillo pero la más coherente a medio plazo, es plantearte renovar el equipo o actualizar componentes clave. A veces, cambiar placa base, CPU y RAM por un conjunto moderno sale más a cuenta que seguir exprimiendo una máquina al límite.

Cómo comprobar bien la compatibilidad de tu PC con Windows 11

Antes de rendirte o de ponerte a retocar el registro, es fundamental hacer una comprobación seria de compatibilidad. Mucha gente se ha quedado en Windows 10 por un simple mensaje inicial de “no compatible” sin investigar más, cuando su equipo sí cumplía una vez bien configurado.

El primer paso es usar la herramienta oficial de Microsoft, PC Health Check (Comprobación de estado del PC). Esta utilidad te indica de forma clara si tu equipo pasa o no pasa el filtro de Windows 11 y, lo más importante, te señala exactamente qué punto está fallando: procesador, TPM, Secure Boot, RAM, espacio en disco, etc.

Además, es recomendable revisar la compatibilidad de controladores y programas que usas a diario. Algunos fabricantes publican listados de equipos y componentes certificados, y conviene comprobar si tu tarjeta gráfica, tu chipset o ciertos periféricos delicados tienen soporte oficial.

También debes pensar en el software que usas con frecuencia: aplicaciones muy antiguas o sin soporte podrían negarse a funcionar correctamente en Windows 11. En muchos casos irán bien, pero si dependes de un programa muy concreto para trabajar, merece la pena verificarlo antes.

Por último, recuerda que los requisitos de Windows 11 pueden cambiar con el tiempo. Microsoft podría relajar o endurecer algunos puntos, o introducir nuevas funciones que exijan más recursos. Por eso, es buena práctica revisar de vez en cuando la documentación oficial y no quedarse solo con lo que se decía en el lanzamiento.

Tras analizar todo lo anterior, es posible tomar decisiones con cabeza: seguir con Windows 10 un tiempo más, actualizar algo de hardware, probar Linux o forzar la instalación de Windows 11 sabiendo qué se gana y qué se arriesga. Lo importante es que, más allá del mensaje de “PC no compatible”, tienes margen para elegir la opción que mejor encaje con tu equipo y con el uso que le das cada día.

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