Cómo medir campos eléctricos y campos magnéticos en viviendas y trabajo

Última actualización: febrero 24, 2026
Autor: Isaac
  • La exposición a campos eléctricos y magnéticos es continua en la vida diaria y depende de fuentes de alta y baja frecuencia como líneas eléctricas, antenas y equipos domésticos.
  • Los campos magnéticos de baja frecuencia se han relacionado con posibles riesgos para la salud, incluyendo mayor riesgo de leucemia infantil y alteraciones hormonales, especialmente con exposiciones superiores a 0,3–0,4 μT.
  • La medición adecuada exige distinguir entre campo eléctrico y magnético, elegir el instrumento correcto y seguir una metodología de puntos de medida representativos en zonas de permanencia prolongada.
  • La normativa española y europea fija límites de exposición y obliga a empresas e instalaciones de alta tensión a evaluar, documentar y, si es necesario, reducir los niveles de campos electromagnéticos.

medición de campos eléctricos y magnéticos

Vivimos rodeados de campos eléctricos y campos magnéticos, aunque no los veamos. Desde las líneas de alta tensión hasta el router WiFi del salón, pasando por motores, transformadores, antenas de telefonía o simples electrodomésticos, todo ello genera lo que se conoce como campos electromagnéticos (CEM). Medirlos con criterio es clave si te preocupa la salud, la normativa o simplemente quieres entender mejor qué pasa a tu alrededor.

En este artículo vas a encontrar una guía muy completa sobre cómo medir campos eléctricos y campos magnéticos en distintos entornos: viviendas, centros de trabajo, proximidades de líneas eléctricas o instalaciones radioeléctricas. Verás qué tipos de campos existen, qué instrumentos se utilizan, qué dicen los estudios científicos sobre posibles efectos en la salud y qué marcos legales aplican en España y la Unión Europea, todo explicado con un lenguaje claro y lo más práctico posible.

Qué son los campos eléctricos y magnéticos y de dónde salen

Un campo electromagnético se compone de dos partes que, a bajas frecuencias, se pueden considerar casi por separado: por un lado el campo eléctrico (E), y por otro el campo magnético (B). Ambos se generan por la presencia de cargas eléctricas y por el movimiento de corriente, pero se comportan de manera distinta y también se miden con unidades diferentes.

El campo eléctrico está asociado principalmente a la tensión. Incluso aunque un equipo esté encendido pero no circule prácticamente corriente, puede existir un campo eléctrico alrededor de cables, enchufes o líneas aéreas. Este campo tiende a debilitarse bien con la distancia y se atenúa con facilidad usando materiales conductores o las propias paredes de un edificio.

El campo magnético, en cambio, depende de la intensidad de corriente que pasa por un conductor. Cuanta más corriente circula, mayor es el campo magnético que se genera. Este tipo de campo atraviesa con relativa facilidad paredes, techos y el propio cuerpo humano, por lo que su evaluación en viviendas próximas a líneas o a centros de transformación suele ser más crítica.

En los entornos de alta tecnología actuales, estamos expuestos a campos electromagnéticos de muy diferentes frecuencias. Por eso, antes de medir, conviene saber qué se quiere evaluar exactamente: no es lo mismo analizar un cuadro eléctrico industrial a 50 Hz que una antena de telefonía móvil o el WiFi de casa.

Alta frecuencia y baja frecuencia: dos mundos distintos

Para diseñar una campaña de mediciones y elegir el aparato adecuado es imprescindible distinguir entre campos de alta frecuencia y campos de baja frecuencia. La frecuencia de la fuente condiciona tanto el tipo de medidor como las unidades de referencia y las normas aplicables.

Campos electromagnéticos de Alta Frecuencia (radiofrecuencia y microondas) se generan por tecnologías de comunicación y radiodifusión: antenas de telefonía móvil, repetidores de radio y TV, routers WiFi, sistemas de datos inalámbricos, redes 5G y, en general, cualquier sistema que transmita información por ondas electromagnéticas. Estos campos se propagan en forma de ondas y sus efectos se analizan sobre todo por su capacidad para producir calentamiento de tejidos (efectos térmicos).

Campos electromagnéticos de Baja Frecuencia se asocian principalmente a las instalaciones eléctricas relacionadas con la generación, transporte, distribución y consumo de energía: líneas de alta y media tensión, subestaciones, centros de transformación, cuadros generales de baja tensión, maquinaria industrial, motores, transformadores y cableados en general. En Europa, la frecuencia típica de la red es de 50 Hz, y en este rango el campo eléctrico y el magnético se tratan de forma separada.

La coexistencia masiva de estas infraestructuras hace que la exposición a CEM sea prácticamente constante tanto en entornos domésticos como laborales. De ahí que las mediciones ya no sean solo una curiosidad técnica, sino una verdadera necesidad de protección, seguridad y cumplimiento normativo.

equipo para medir campos eléctricos y magnéticos

Impacto en la salud: qué se sabe hasta ahora

El cuerpo humano es, en esencia, un sistema bioeléctrico. El corazón, el cerebro y el resto del sistema nervioso funcionan mediante impulsos eléctricos muy sutiles. Por eso, no es de extrañar que la comunidad científica lleve décadas investigando cómo pueden influir los campos eléctricos y magnéticos artificiales sobre el organismo.

En el caso de los campos magnéticos de baja frecuencia (como los generados por líneas de alta tensión), hay estudios que apuntan a alteraciones en la producción de melatonina, una hormona clave en la regulación de los ritmos circadianos, el sueño, la reproducción, el crecimiento y el sistema inmunitario. Una disminución sostenida de melatonina se ha relacionado con trastornos del sueño, ciertos trastornos psíquicos (incluyendo depresión) y con enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson.

Desde 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), clasifica los campos magnéticos de baja frecuencia como “posibles cancerígenos para humanos”. Esta categoría indica que existe evidencia limitada de carcinogenicidad en humanos y evidencia insuficiente en animales, pero suficiente para mantener un principio de prudencia.

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En 2015, el Comité Científico de la Comisión Europea sobre Salud, Medio Ambiente y Riesgos Emergentes (SCHEER) revisó los estudios epidemiológicos sobre campos de baja frecuencia y señaló que, en términos generales, se observa un mayor riesgo de leucemia infantil para exposiciones medias diarias de campo magnético superiores a aproximadamente 0,3-0,4 microteslas (μT). Aunque la relación causal no está completamente demostrada, la correlación estadística ha motivado numerosas recomendaciones de precaución.

Estudios más recientes han analizado también la posible vinculación entre la exposición a campos magnéticos y riesgo de aborto espontáneo. Un trabajo de 2017 del National Institute of Environmental Health Sciences (NIH) indicó que las mujeres embarazadas expuestas a niveles elevados de campo magnético tenían un riesgo de aborto casi tres veces superior en comparación con las menos expuestas. Estos resultados han reforzado la idea de que, en situaciones sensibles como el embarazo o la infancia, la reducción de la exposición es una medida razonable.

Efectos térmicos y no térmicos de los campos electromagnéticos

Los posibles efectos biológicos de los CEM se suelen dividir en efectos térmicos y efectos no térmicos. Esta distinción es clave para entender por qué existen límites legales y por qué se recomienda prudencia incluso cuando se cumplen esos límites.

Los efectos térmicos están directamente asociados al calentamiento de los tejidos por la absorción de energía electromagnética. Son más relevantes en el campo de las radiofrecuencias y microondas (por ejemplo, cerca de antenas de gran potencia o equipos industriales), y entre ellos se encuentran la hipertermia general, quemaduras localizadas, cataratas por calentamiento del cristalino o alteraciones que pueden afectar a la fertilidad (esterilidad) en exposiciones muy intensas.

Los llamados efectos no térmicos son aquellos que podrían producirse sin que exista un calentamiento significativo de los tejidos. Diversos estudios han señalado posibles alteraciones celulares, cromosómicas y genéticas, cambios en el ritmo cardiaco y en la tensión arterial, modificaciones en el electroencefalograma, efectos endocrinos y neuroendocrinos, alteraciones hematopoyéticas, efectos sobre la audición, la reproducción y el desarrollo, así como posibles cambios de comportamiento o aumento del eflujo de calcio en las células.

Aunque la evidencia científica no es uniforme en todos estos aspectos, la existencia de indicios razonables en algunos colectivos (como niños o trabajadores muy expuestos) ha llevado a establecer límites de exposición y a fomentar la evaluación regular de los niveles de campo eléctrico y magnético en diferentes tipos de instalaciones.

Criterios básicos para medir campos eléctricos y magnéticos

Antes de lanzarse a medir, conviene tener claros algunos criterios básicos. Lo primero es definir qué campo quieres evaluar: eléctrico, magnético o ambos, y en qué rango de frecuencias. A bajas frecuencias (50 Hz), normalmente se miden por separado, mientras que en radiofrecuencia se evalúa la intensidad del campo eléctrico (V/m) y, en algunos casos, la densidad de potencia (W/m²).

Para que una medición sea útil, debe realizarse en el lugar donde realmente se encuentran las personas: zonas de permanencia prolongada en viviendas (dormitorios, salón, escritorio) o puestos habituales de trabajo en entornos industriales u oficinas. Hacer medidas pegadas a la fuente puede servir para diagnosticar, pero no es representativo de la exposición real si nadie pasa tiempo ahí.

Además, es importante evitar, en la medida de lo posible, la interferencia de otras fuentes que no sean el objeto de estudio. Si vas a evaluar el impacto de una línea aérea, por ejemplo, no tiene mucho sentido colocar el medidor justo encima de un cableado doméstico o al lado de un motor, porque estarás mezclando contribuciones diferentes.

En mediciones profesionales se suele diseñar un plan de medidas, donde se define el número de puntos, la altura de medida (habitualmente alrededor de 1 m sobre el suelo para simular la zona del torso) y, en algunos casos, medidas adicionales a nivel del suelo si se sospecha la presencia de cables soterrados de alta tensión que no son visibles a simple vista.

instrumentos profesionales para medir campos electromagnéticos

Instrumentos para medir campos electromagnéticos

La elección del instrumento correcto es determinante para obtener mediciones fiables. De forma general, podemos distinguir entre medidores de campos de baja frecuencia y medidores de alta frecuencia, y dentro de los primeros, dispositivos orientados al campo eléctrico y al campo magnético.

Los equipos que miden altas frecuencias (radiofrecuencia/microondas) sirven para evaluar emisiones procedentes de antenas de telefonía, repetidores, routers WiFi, teléfonos inalámbricos, sistemas de comunicaciones, etc. Estos aparatos suelen indicar el nivel en V/m, W/m² o directamente en porcentaje del límite de exposición recomendado por distintas guías internacionales.

Para las bajas frecuencias asociadas a la red eléctrica (50 Hz en Europa), se emplean aparatos específicos para campos eléctricos y magnéticos generados por cables de alta tensión, transformadores, centros de transformación o maquinaria de potencia. En este rango, el campo eléctrico se mide en V/m y el campo magnético en Teslas o, más habitualmente, en sus submúltiplos como el microtesla (μT).

Existen analizadores de espectro portátiles que son capaces de medir tanto baja como alta frecuencia, proporcionando el valor eficaz (rms), valores máximos y mínimos, y las componentes axiales X, Y y Z del campo. Este tipo de aparatos permiten una evaluación muy detallada y son habituales en empresas especializadas en medición de CEM.

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En el segmento semiprofesional o doméstico avanzado, hay medidores como el ME3030B de Gigahertz para bajas frecuencias, o el Milerd HiRange, que puede trabajar tanto en baja como en alta frecuencia, incluyendo redes 5G. Este último incorpora funciones interesantes como la Dosis Acumulada, que registra la exposición durante un periodo prolongado (por ejemplo 30 días) y permite hacer un seguimiento temporal de los niveles de radiación.

Cómo medir campos magnéticos de líneas de alta tensión paso a paso

Una situación muy habitual es la de quien está valorando comprar o alquilar una vivienda cercana a líneas de alta tensión, centros de transformación o subestaciones eléctricas, y quiere hacerse una idea inicial de los niveles de campo magnético antes de tomar una decisión. En estos casos, lo más sensato es contar con un ingeniero o técnico especializado, pero si necesitas una orientación preliminar puedes seguir una metodología básica.

Si optas por un medidor de baja frecuencia como el citado ME3030B, lo primero es seleccionar correctamente el tipo de campo que quieres medir. Estos aparatos suelen disponer de dos modos: medición de campo eléctrico (E) y medición de campo magnético (M). Para valorar el impacto de líneas de alta tensión sobre una vivienda, el parámetro clave suele ser el campo magnético, ya que atraviesa con facilidad paredes y elementos constructivos.

Una vez configurado en modo de campo magnético, puedes hacer una primera exploración general caminando por las distintas estancias de la casa o del local con el medidor en la mano, prestando atención a las zonas en las que el nivel sube más. Conviene ir anotando en una libreta dónde se dan los valores más altos, porque probablemente coincidan con las áreas más próximas a los conductores de alta tensión, ya sean aéreos o subterráneos.

Después de esta exploración inicial, es recomendable realizar una segunda fase de medición más detallada en los lugares donde se vaya a pasar más tiempo: dormitorios, salón, despacho, etc. Lo ideal es colocar el medidor de forma estable, aproximadamente a 1 metro sobre el suelo (por ejemplo encima de una silla), esperar a que la lectura se estabilice y anotar el valor. Si se puede, es buena idea hacerlo en varios momentos del día para tener una visión más completa.

Si es posible desconectar el cuadro eléctrico de la vivienda durante la medición, se elimina el efecto de los propios circuitos internos y aparatos conectados, de forma que lo que veas sea sobre todo la contribución de la línea o de las infraestructuras cercanas. Si no puedes desconectar, al menos procura no colocar el medidor cerca de equipos que generan campos intensos (vitrocerámicas, ordenadores, tubos fluorescentes, altavoces, ventiladores, etc.) para no distorsionar las lecturas.

Interpretar resultados y cuándo pedir ayuda profesional

Una vez que tienes un conjunto de lecturas, llega el momento de interpretar los valores. A nivel técnico y normativo, se utilizan distintas referencias de seguridad, que dependen de la frecuencia y del tipo de población (público general o trabajadores expuestos). Es importante distinguir entre criterios de seguridad legal (cumplir límites oficiales) y criterios de precaución biológica, que a menudo son bastante más estrictos.

En algunos enfoques de medicina ambiental y construcción saludable se consideran niveles de referencia muy bajos para campos magnéticos en lugares de larga estancia, del orden de 0,1 a 0,2 μT, para minimizar posibles riesgos a largo plazo. Por encima de cierto umbral (por ejemplo 0,3-0,4 μT en exposición media diaria, como han señalado estudios epidemiológicos), se empieza a debatir sobre riesgos incrementados de leucemia infantil u otros efectos.

Si tus mediciones muestran valores relativamente altos desde el punto de vista biológico y aun así la vivienda o el lugar de trabajo te interesan mucho, es muy aconsejable encargarse un estudio detallado a un profesional con experiencia en CEM. Estos especialistas disponen de equipos homologados, calibrados y de procedimientos sistemáticos para reproducir y documentar los resultados.

Un técnico especializado puede realizar un análisis punto a punto, contemplar distintas situaciones de carga de la red eléctrica, identificar rutas de cables soterrados, evaluar otras fuentes cercanas (centros de transformación, subestaciones, maquinaria industrial) y, lo más importante, proponer soluciones técnicas de mitigación cuando sea posible: reubicación de zonas de permanencia, redistribución de circuitos, apantallamientos, etc.

En escenarios donde existan líneas de alta tensión soterradas, no basta con medir a 1 metro de altura; también es conveniente hacer lecturas a nivel de suelo en puntos estratégicos, ya que el máximo de campo magnético puede darse precisamente en esa cota. Comparar esos valores con los medidos en el interior de los inmuebles ayuda a valorar el riesgo real.

Medición profesional y servicios de evaluación de CEM

Empresas especializadas ofrecen servicios de medición y evaluación in situ de exposición a campos electromagnéticos tanto en entornos domésticos como en lugares accesibles al público en general, áreas industriales, inmediaciones de líneas eléctricas aéreas o enterradas, centros de transformación y subestaciones eléctricas.

Estos servicios suelen incluir la definición de un plan de medidas, la realización de las mediciones con analizadores de espectro portátiles para baja y alta frecuencia, la elaboración de un informe de resultados y, cuando procede, una propuesta de soluciones técnicas para minimizar los niveles encontrados, como apantallamientos, redistribución de cargas, modificaciones en trazados de cableado o reorganización de espacios de trabajo.

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Las mediciones profesionales se expresan habitualmente en V/m y sus múltiplos en el caso del campo eléctrico, y en Teslas y sus submúltiplos (normalmente μT) para el campo magnético. En el caso concreto de líneas eléctricas subterráneas de alta tensión, a menudo solo se mide el campo magnético, ya que el campo eléctrico queda fuertemente apantallado por los propios cables y estructuras metálicas.

Además del valor efectivo (rms), es frecuente registrar el valor máximo y mínimo durante un cierto intervalo de tiempo y descomponer el campo en sus componentes axiales X, Y, Z, lo que ofrece una imagen más precisa de la distribución espacial del campo y facilita comparaciones con modelos teóricos o con cálculos de ingeniería.

Normativa y límites de exposición a campos electromagnéticos

Dado que los CEM pueden afectar a la salud, tiene pleno sentido que los poderes públicos establezcan límites de exposición y obligaciones de control para instalaciones y empresas. En España, estos aspectos se regulan mediante varias normas y reales decretos que cubren desde las líneas de alta tensión hasta la seguridad de la maquinaria o la protección específica de los trabajadores.

En lo referente a instalaciones de alta tensión, el Real Decreto 337/2014, de 9 de mayo, aprueba el Reglamento sobre condiciones técnicas y garantías de seguridad en instalaciones eléctricas de alta tensión y sus Instrucciones Técnicas Complementarias ITC-RAT 01 a 23. Entre otros aspectos, incluye la verificación de que la exposición del público general a los campos generados por este tipo de instalaciones se mantiene dentro de los niveles de referencia establecidos.

En el ámbito de la seguridad de las máquinas, la norma UNE 12198 se ocupa de la evaluación y reducción de los riesgos derivados de las radiaciones emitidas por las máquinas, incluyendo la categorización en función de su emisión electromagnética. Este marco sirve de guía para fabricantes y empleadores a la hora de diseñar, instalar y usar equipos de trabajo que puedan generar campos significativos.

Respecto a la seguridad y salud de los trabajadores, el Real Decreto 299/2016, de 22 de julio, adapta al ordenamiento español la Directiva 2013/35/UE sobre disposiciones mínimas de seguridad relativas a la exposición de los trabajadores a riesgos derivados de campos electromagnéticos. Esta norma obliga a las empresas a evaluar la exposición, a no superar determinados valores límite y a implantar medidas técnicas y organizativas para reducir los riesgos.

En paralelo, el Real Decreto 1066/2001, de 28 de septiembre, establece las condiciones de protección del dominio público radioeléctrico, las restricciones a las emisiones radioeléctricas y las medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas, fijando límites de exposición para el público en general a campos de radiofrecuencia generados por instalaciones radioeléctricas (antenas, estaciones base, etc.). Este reglamento es especialmente relevante en entorno urbano y en la planificación de redes de comunicaciones.

Por qué interesa medir antes de comprar o cambiar de ubicación

Una duda muy frecuente es si conviene medir los campos electromagnéticos antes o después de comprar una vivienda o de instalar un puesto de trabajo cerca de infraestructuras eléctricas. La respuesta, vista la experiencia acumulada, es bastante clara: siempre es mejor medir antes.

En numerosas ocasiones se han detectado cables de alta tensión soterrados pasando por calles o aceras próximas a edificios residenciales u oficinas, sin ninguna señal aparente en la superficie. A simple vista no se ve nada, pero al entrar con un medidor en el interior de los inmuebles aparecen niveles de campo magnético que no se esperaban.

Cuando se sospecha la existencia de estos cables enterrados, además de las medidas habituales a 1 metro de altura, es conveniente programar puntos de medida a ras de suelo en distintas zonas del interior y del entorno inmediato del edificio. Comparando esos valores se puede identificar si existe un trazado subterráneo que esté contribuyendo de forma relevante a la exposición general.

Este tipo de análisis previo evita situaciones incómodas en las que, una vez comprada la vivienda o trasladada la oficina, se descubre que los niveles de campo magnético son significativamente más altos de lo deseable desde un punto de vista biológico o incluso cercanos a ciertos límites de referencia. Una medición a tiempo puede ahorrarte muchos dolores de cabeza.

En el caso de empresas, además, anticipar estas evaluaciones permite cumplir con las obligaciones legales de medición de CEM y de protección de los trabajadores sin necesidad de improvisar ni enfrentarse a medidas correctoras costosas cuando la actividad ya está en marcha.

En definitiva, el conocimiento actual sobre campos eléctricos y campos magnéticos, sus posibles efectos en la salud y el marco normativo existente hace que tenga todo el sentido del mundo tomarse en serio la medición y el control de la exposición. Disponer de medidores adecuados, aplicar metodologías de medida coherentes y, cuando proceda, recurrir a especialistas permite valorar objetivamente la situación, comparar los resultados con las recomendaciones científicas y los límites legales, y poner en marcha medidas de reducción de la exposición como el aumento de las distancias, el apantallamiento o la reorganización de los espacios de permanencia, de manera que tanto en casa como en el trabajo podamos convivir con la tecnología con un nivel razonable de seguridad y tranquilidad.

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