Cómo usar 3DMark para medir el rendimiento de tu GPU

Última actualización: mayo 17, 2026
Autor: Isaac
  • 3DMark permite medir y comparar el rendimiento real de la GPU mediante distintos tests adaptados a cada nivel de hardware.
  • La versión gratuita incluye benchmarks clave como Time Spy y Fire Strike, suficientes para evaluar a fondo un PC gaming.
  • Los resultados se comparan online, detectando problemas de rendimiento y permitiendo optimizar el equipo sin grandes riesgos.
  • Con ajustes sensatos y algo de overclock moderado se pueden mejorar las puntuaciones sin comprometer la estabilidad del sistema.

Benchmark GPU con 3DMark

Si te estás preguntando cómo usar 3DMark para medir el rendimiento de tu GPU y no morir en el intento, estás en el sitio adecuado. 3DMark se ha convertido en el estándar oficioso para saber si tu gráfica rinde como debe, comparar tu PC con otros y, de paso, echar unas risas viendo cómo sufren los equipos más antiguos.

A lo largo de este artículo vas a encontrar una guía muy completa basada en todo lo que cuentan las mejores webs sobre 3DMark, pero explicado con un lenguaje más cercano, en español de España y sin tecnicismos innecesarios. Verás qué es exactamente 3DMark, cómo instalarlo, qué tipos de pruebas existen, cómo interpretar las puntuaciones, qué riesgos reales tiene y también algunos consejos para rascar unos puntos extra en los tests sin freír tu tarjeta gráfica.

Qué es 3DMark y para qué sirve realmente

3DMark es una herramienta de benchmarking creada por UL Benchmarks (antigua Futuremark) diseñada para poner al límite el hardware gráfico y el procesador de tu equipo. Su objetivo es muy simple: ejecutar una serie de escenas 3D extremadamente exigentes, medir cómo se comporta tu PC y darte una puntuación numérica que puedas comparar con otros sistemas.

A diferencia de un juego normal, en estos tests no se intenta ahorrar recursos ni optimizar para que vaya fluido; justo al revés. Se exprimen shaders, geometría, sombras, efectos de partículas, iluminación volumétrica, físicas complejas y todo lo que sea posible para estresar GPU y CPU. Por eso, aunque visualmente algunos tests no parezcan espectaculares comparados con los títulos AAA más recientes, internamente están pensados para que tu hardware trabaje al máximo.

3DMark no solo existe para PC de sobremesa. El ecosistema del programa abarca Windows, Windows RT y también plataformas móviles como Android o iOS (mediante tests adaptados como Ice Storm). Eso permite tener una referencia común de rendimiento entre dispositivos muy diferentes, desde un portátil modesto hasta un smartphone o una bestia con varias gráficas de gama alta.

Dentro de la familia UL Benchmarks, 3DMark se centra en el rendimiento gráfico 3D de consumo, mientras que otros productos como PCMark, Servermark o VRMark atienden a estaciones de trabajo, servidores o realidad virtual. Para medir específicamente la potencia de tu GPU en juegos, 3DMark es el que te interesa.

Versiones de 3DMark: gratuita, avanzada y profesional

Antes de empezar a lanzar pruebas como si no hubiera un mañana, conviene tener claro qué versión de 3DMark puedes usar y qué permite cada una. El programa se distribuye en tres ediciones principales.

La versión gratuita es la que usa la mayoría de usuarios domésticos. Se descarga principalmente a través de Steam y, aunque está algo recortada frente a las de pago, incluye todos los benchmarks básicos necesarios para medir bien tu GPU: Time Spy, Fire Strike, Night Raid, Sky Diver, Cloud Gate, Ice Storm e Ice Storm Extreme (aunque algunos escenarios avanzados o a 4K queden bloqueados).

La edición avanzada (Advance Edition) ronda los 24,99 € y está pensada para aficionados exigentes y entusiastas. Desbloquea pruebas extra, modos “Extreme” en resoluciones como 4K, permite modificar la resolución y la calidad de los tests, ejecutar benchmarks en bucle para pruebas de estabilidad y acceder a funciones de monitorización más completas. También ofrece ensayos específicos como Port Royal para Ray Tracing o pruebas de DLSS y tecnologías similares, y ayuda a sacar más rendimiento a tu GPU en configuraciones concretas.

Finalmente, la edición profesional está dirigida a empresas, laboratorios y prensa especializada. Su licencia es mucho más cara, en torno a los 900-1500 € al año dependiendo del paquete, pero permite automatizar pruebas por línea de comandos, trabajar offline, exportar resultados en XML, usarlo comercialmente y acceder a soporte prioritario. Medios especializados pueden solicitar licencias gratuitas con fines de análisis.

Cómo instalar 3DMark paso a paso

La instalación de 3DMark tiene su pequeña peculiaridad: la forma más habitual es hacerlo desde Steam, incluso si solo te interesa la versión gratuita para Windows.

El proceso típico sería algo así: instalar Steam, entrar en la tienda y buscar “3DMark”. Verás que el producto aparece con un precio (por ejemplo, 24,99 €), pero en la parte lateral de la ficha encontrarás la opción «Descargar demo». Esa demo es, en realidad, la versión gratuita con las limitaciones comentadas antes.

El programa ocupa alrededor de 8 GiB de espacio en disco, así que la descarga puede tardar un rato en conexiones lentas. Una vez completada, solo tienes que arrancar 3DMark desde tu biblioteca de Steam para empezar a usarlo. En la primera pantalla verás un resumen del sistema que ha detectado el programa.

En ese inicio, 3DMark identifica el sistema operativo, cantidad de memoria, modelo de CPU y GPU e incluso muestra una recomendación de prueba según la potencia general del equipo. Esta recomendación cambia automáticamente en función de lo que tengas instalado: en una máquina potente sugerirá Time Spy o Fire Strike; en un portátil modesto, quizás Night Raid o Sky Diver.

Interfaz y configuración general del programa

La interfaz de 3DMark está pensada para que cualquier usuario pueda ejecutar un test con solo un par de clics, pero al mismo tiempo incluye pestañas y opciones para quienes quieren hilar más fino con sus pruebas.

En la barra superior encontrarás un botón de configuración general desde el que se accede a varias secciones. En la columna de la izquierda se agrupan pequeños ajustes como cambiar el idioma, decidir si se muestran ciertos datos en la pantalla o permitir que la imagen se reescale si tu resolución nativa es superior a la del test.

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Otro apartado importante es el de resultados y compartición, donde puedes elegir si tus puntuaciones se suben automáticamente a la base de datos online. Esto es lo que permite luego comparar tus resultados con los de otros usuarios del mundo y ver en qué posición quedas en los rankings de cada prueba.

La opción SystemInfo controla el módulo que recopila información sobre tu hardware. Gracias a él, 3DMark sabe qué CPU, GPU, memoria y sistema tienes, y puede sugerirte determinados benchmarks. Si lo desactivas, perderás algunas de esas funciones de recomendación y detalle; además, puedes combinarlo con métodos para medir el rendimiento de la CPU por separado si lo deseas.

Por último, la sección «Apoyar» o ayuda enlaza normalmente con la página de preguntas frecuentes de UL Benchmarks, donde se resuelven dudas típicas sobre errores, compatibilidad y lectura de resultados, sin que sea un botón para donar dinero ni nada parecido.

En la parte derecha del panel de configuración se muestran datos como la versión exacta de 3DMark que tienes instalada, el tipo de licencia (gratuita, avanzada o profesional) y un listado de todos los tests disponibles. Las pruebas que no puedes ejecutar aparecen atenuadas o con indicación de que requieren actualización o versión superior.

Los diferentes tests de 3DMark orientados a GPU

Una vez instalado, la clave para medir bien el rendimiento de tu GPU es escoger el conjunto de pruebas adecuadas según la potencia de tu máquina. 3DMark se compone de múltiples benchmarks que simulan diferentes generaciones de APIs gráficas (DirectX 9, 10, 11 y 12) y distintos niveles de exigencia; además, es útil complementar los tests con guías para optimizar el rendimiento de juegos y que los resultados reflejen mejor la realidad.

En la versión básica de PC tienes disponibles Time Spy, Night Raid, Fire Strike, Sky Diver, Cloud Gate, Ice Storm e Ice Storm Extreme. Las pruebas más modernas y algunas variantes en 4K o centradas en tecnologías específicas (como Ray Tracing) requieren la edición avanzada, pero para medir el rendimiento general de la GPU tienes más que suficiente con el set gratuito.

Cada benchmark se estructura de forma similar: primero se carga una especie de «demo» o escena cinemática en tiempo real, después se ejecutan varios subtests centrados en la GPU, la CPU o una combinación de ambas, y al final se muestra una puntuación única junto con los resultados parciales de cada apartado.

Conviene recordar que el objetivo de 3DMark no es que los tests vayan a 60 FPS estables ni que sean jugables, sino generar una carga representativa y comparable entre sistemas. Por eso, en hardware modesto es muy normal ver escenas que apenas se mueven a unos pocos fotogramas por segundo.

Time Spy: el referente moderno en DirectX 12

Actualmente, Time Spy es el test estrella de 3DMark para medir el rendimiento en DirectX 12. Está pensado para ordenadores de sobremesa y portátiles relativamente modernos y exige bastante a la GPU en aspectos como cálculo asíncrono, uso de varios adaptadores gráficos o procesos multihilo.

Time Spy se ejecuta a una resolución nativa de 2560 × 1440 (1440p/2K) y combina tres grandes bloques: dos pruebas puramente gráficas para la GPU y una centrada en el procesador. En las partes de GPU abundan los efectos exigentes, como transparencias con muchos objetos, sombras de partículas o iluminación volumétrica con haces de luz complejos.

En el test de CPU se evalúa la capacidad de aprovechar múltiples núcleos e hilos, algo cada vez más importante en juegos modernos. Aunque todavía hay títulos que no escalan bien con muchos núcleos, la tendencia es clara y Time Spy refleja ese escenario futuro (y ya en parte presente). Además, si quieres comparar los resultados de CPU con otros benchmarks, puedes recurrir a herramientas de referencia como Geekbench.

En los rankings globales, algunos entusiastas alcanzan cifras estratosféricas. Existen usuarios que superan ampliamente los 38.000 puntos en Time Spy, normalmente con hardware extremo, overclock agresivo y refrigeración muy por encima de lo que usaría un usuario doméstico.

Fire Strike: el clásico exigente en DirectX 11

Durante muchos años, Fire Strike fue la prueba de referencia en 3DMark. Está basada en DirectX 11 y se ejecuta a 1920 × 1080 (Full HD), por lo que resulta ideal para comparar equipos de varias generaciones que usan esta API tan extendida.

Aunque Time Spy le haya tomado el relevo, Fire Strike sigue poniendo en apuros a muchas GPU modernas, sobre todo si se utilizan sus variantes más duras disponibles en la edición avanzada, como Fire Strike Extreme (1440p) o Ultra (4K). La escena principal abunda en iluminación volumétrica, partículas, humo y efectos dinámicos que cargan intensamente el motor gráfico.

La estructura de Fire Strike incluye varios subtests: dos centrados en la GPU y uno dedicado a la física, donde se lanzan hasta 32 simulaciones de cuerpos rígidos en paralelo ejecutadas íntegramente en el procesador. Por último, hay un test combinado donde se estresan a la vez CPU y GPU, generando una carga muy representativa de escenarios reales.

Los récords mundiales de Fire Strike también están copados por usuarios que exprimen al máximo sus equipos. Es habitual ver puntuaciones por encima de los 59.000 puntos en configuraciones extremas con overclock y refrigeraciones fuera de lo común.

Night Raid: pensado para integradas y equipos ligeros

Cuando lo que quieres es medir el rendimiento gráfico de un portátil modesto, un equipo con gráfica integrada o dispositivos Windows sobre ARM, el test más apropiado de 3DMark es Night Raid. Está basado en DirectX 12, pero sus escenas son menos agresivas que las de Time Spy.

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Night Raid se ejecuta a 1080p (Full HD) y hace hincapié en tecnologías y efectos más cotidianos para hardware de baja potencia, como oclusión ambiental, reflejos dinámicos o técnicas de renderizado diferido. Aun así, no deja de ser un examen serio para chips integrados.

Incluye dos pruebas gráficas y una de físicas. En la parte de GPU se miden aspectos como teselado, profundidad de campo y gestión de geometría, mientras que el test de CPU combina simulaciones físicas, occlusion culling y generación de contenido por procedimientos.

En la clasificación global, se encuentran puntuaciones por encima de los 95.000 puntos en sistemas muy afinados que, aun siendo de bajo consumo, están cuidadosamente configurados y optimizados por entusiastas.

Sky Diver: perfil intermedio para PCs de gama media

Sky Diver está orientado a equipos de rendimiento intermedio que se quedan cortos en Fire Strike pero no son tan limitados como para usar exclusivamente Night Raid. Se basa en DirectX 11 y busca un equilibrio en la carga entre la GPU y la CPU.

Se ejecuta también a 1080p y, aunque es menos exigente que Fire Strike o Time Spy, mantiene efectos relevantes como teselación, complejas operaciones de pixel shading y distintos métodos de iluminación. Es un buen punto de partida cuando en Fire Strike no llegas a unos 10 FPS sostenidos.

El test específico de GPU repite buena parte de los efectos ya vistos, mientras que en la parte de físicas se generan múltiples objetos que interactúan entre sí en tiempo real, obligando a la CPU a gestionar colisiones, cambios de estado y cálculos simultáneos.

En sus rankings, se ven sistemas rondando o superando los 112.000 puntos, generalmente con configuraciones muy bien ajustadas. Para un usuario normal, sirve como medidor fiable de si su PC de gama media se comporta como debería frente a otros similares.

Cloud Gate: para portátiles y sobremesas modestos

Cloud Gate da un paso más hacia el hardware de entrada. Está pensado para equipos compatibles con DirectX 10 (incluyendo muchos chips integrados y tarjetas antiguas) y representa una carga algo inferior a Sky Diver.

La prueba se ejecuta en resolución 1280 × 720 (HD 720p) y se centra en aspectos más básicos de la geometría y los shaders, sin tanta complejidad de efectos como en Fire Strike. Es una buena herramienta para saber si un portátil doméstico o un sobremesa sencillo puede con juegos ligeros o títulos Free2Play de cierta antigüedad.

En las pruebas específicas de GPU se incluyen efectos de postprocesado, partículas e iluminación volumétrica, mientras que en la parte de físicas la CPU debe manejar 32 simulaciones en paralelo de cuerpos duros y blandos.

Usuarios muy dedicados han llegado a cifras como más de 86.000 puntos en Cloud Gate, algo que ilustra la diferencia enorme entre un equipo ofimático al uso y una máquina exprimida al máximo dentro del mismo test.

Ice Storm e Ice Storm Extreme: para hardware muy limitado

Ice Storm es el benchmark de nivel más bajo en cuanto a exigencia gráfica, diseñado para smartphones, tablets, ultrabooks y PCs muy antiguos. Internamente usa un perfil equivalente a DirectX 9, y por eso se ha convertido en una especie de estándar universal entre plataformas móviles y equipos de baja potencia.

Funciona tanto en Windows como en Android e iOS, y se ejecuta a 1280 × 720. Las escenas son mucho más sencillas: modelos con bastantes polígonos, algunas sombras dinámicas básicas, algo de partículas y postprocesado muy ligero. El objetivo es poder medir y comparar dispositivos que de otro modo no podrían ni arrancar benchmarks avanzados.

En el test de físicas, el procesador realiza cuatro simulaciones en paralelo, cada una con cuerpos blandos y rígidos que colisionan entre ellos. En el ranking de este benchmark se ven puntuaciones que llegan a superar los 347.000 puntos en sistemas extremadamente optimizados.

Ice Storm Extreme es básicamente la misma prueba, pero con resolución aumentada a 1080p y algunos efectos visuales mejorados, lo que la hace algo más dura sin dejar de ser un test para hardware modesto. Hay usuarios que rozan o superan los 320.000 puntos aquí, de nuevo con configuraciones muy específicas.

Riesgos y seguridad: ¿puede 3DMark romper tu GPU?

Una duda muy frecuente de los recién llegados es si pasar 3DMark puede estropear la gráfica, la CPU o cualquier otro componente. La respuesta, siempre que tu PC esté en condiciones normales, es que el riesgo es muy bajo.

3DMark no hace nada que un juego muy pesado no pueda hacer: simplemente usa la GPU y la CPU al 100 % durante un periodo de tiempo relativamente corto. Si tu equipo está correctamente refrigerado, los ventiladores funcionan bien y las temperaturas se mantienen dentro de lo razonable, no deberías tener problemas.

Los únicos escenarios donde las cosas se complican son aquellos en los que ya existe un problema latente (por ejemplo, pasta térmica totalmente seca, disipadores llenos de polvo, fuente de alimentación inestable) o cuando el usuario juega agresivamente con overclock sin control. En esos casos, 3DMark puede ser ese “empujón” que destapa un fallo que de todos modos hubiera aparecido con el tiempo.

Como norma general, conviene vigilar las temperaturas con un programa de monitorización mientras ejecutas las pruebas y evitar cerrar a la fuerza el benchmark salvo que veas algo claramente raro (artifacts, cuelgues reproducibles, ruidos extraños en la fuente, etc.). Si tu PC es antiguo o sabes que no está en su mejor momento, lo prudente es limpiar, revisar ventilación y, si acaso, empezar por pruebas ligeras como Cloud Gate o Ice Storm.

Cultura del ranking y récords mundiales

Más allá de la parte “seria” de medir el rendimiento de tu GPU, alrededor de 3DMark se ha generado una auténtica cultura competitiva de puntuaciones. UL Benchmarks mantiene una base de datos online con resultados enviados por usuarios de todo el mundo, y en cada test existe un ranking global.

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En este entorno, los entusiastas del overclock llevan sus sistemas al extremo únicamente para conseguir unos puntos más que les permitan subir puestos en la clasificación. No se trata solo de comprar la GPU más cara; muchas veces, las mejores marcas las hacen sistemas muy personalizados y afinados. Si dudas sobre qué tarjeta escoger, puedes leer guías sobre qué GPU elegir y cómo acertar según uso y presupuesto.

En estos equipos se ve de todo: refrigeración por nitrógeno líquido o sistemas bajo cero, procesadores de servidor o estaciones de trabajo, placas base tope de gama con VRM reforzados, fuentes de alimentación sobredimensionadas y memorias configuradas al límite de estabilidad.

La realidad es que estos montajes extremos no son viables para un uso diario normal. A menudo están ensamblados expresamente para batir un récord concreto en Time Spy o Fire Strike y luego se desmontan, porque resultan ruidosos, caros de mantener y poco prácticos.

Si te llama la atención este mundillo, puedes curiosear en la web de UL Benchmarks o en comunidades como HWBOT, donde se publican vídeos y capturas de las sesiones de overclock y benchmarking. Para la inmensa mayoría de usuarios, sin embargo, lo sensato es quedarse en un uso moderado y no meterse a competir salvo que tengas muy claro el riesgo, el coste y el tiempo que vas a invertir.

Cómo interpretar las puntuaciones de 3DMark para tu GPU

Una vez terminas un test, 3DMark muestra una puntuación global y varios subresultados (normalmente separados en Graphics Score, CPU/Physics Score y a veces un combinado). Entender qué significa cada cosa es clave para interpretar bien el rendimiento de tu GPU.

La puntuación global es un valor ponderado que combina resultados de GPU y CPU. Si solo te interesa la potencia gráfica, fíjate en el Graphics Score, que es el que mejor refleja el rendimiento de la tarjeta aislada. El subtest de CPU/Physics te sirve para detectar cuellos de botella o procesadores que se quedan cortos acompañando a una GPU potente.

3DMark también muestra estadísticas adicionales como fotogramas por segundo medios en cada escena, temperatura, frecuencia de la GPU y otros datos si los has habilitado. Si ves que la puntuación gráfica es sensiblemente más baja de lo normal para tu modelo, puede indicar problemas de temperatura, drivers mal instalados o configuraciones de energía demasiado agresivas (modo ahorro).

Recuerda siempre comparar tu resultado con sistemas similares en la base de datos online. Si tu puntuación está dentro de un margen razonable de otros usuarios con la misma GPU y CPU, significa que todo va como debe. Si está muy por debajo, algo está limitando el rendimiento y conviene investigar.

Consejos prácticos para mejorar tu puntuación sin arriesgar el equipo

Muchos usuarios, especialmente con portátiles gaming tipo Lenovo Legion o similares, buscan unos cuantos trucos para subir la puntuación en 3DMark y asegurarse de que exprimen su GPU al máximo sin irse al extremo competitivo.

Un primer paso muy recomendable es hacer una instalación limpia de Windows o, como mínimo, limpiar drivers antiguos de la GPU con herramientas específicas antes de instalar la última versión del controlador. Restos de drivers viejos pueden lastrar bastante el rendimiento.

También ayuda tener el sistema lo más “limpio” posible durante la prueba: cerrar programas en segundo plano, desactivar tareas pesadas temporales y asegurarte de que el plan de energía está en modo alto rendimiento. En equipos con software de gestión propio (como los paneles de algunos fabricantes), comprueba que el perfil de rendimiento está configurado al máximo. Además, no está de más revisar las opciones UEFI/BIOS que puedan influir en el rendimiento.

Si quieres ir un paso más allá, puedes usar utilidades como MSI Afterburner para un overclock moderado de la GPU, ajustando tanto el reloj principal como la memoria y limitando la curva de ventilador para mantener temperaturas controladas. En portátiles, esto hay que hacerlo con mucha cautela porque el margen térmico es más ajustado.

Algunos usuarios avanzados experimentan con firmwares modificados de la GPU (por ejemplo, para pasar una RTX 3070 de 130 W a 140 W) o con BIOS específicas en el portátil, pero esto ya implica riesgos elevados: pérdida de garantía, posibilidad de dañar el equipo y necesidad de saber muy bien lo que se hace. Si no tienes experiencia, mejor no traspasar esa línea.

Otro truco leve es dar prioridad alta al proceso de 3DMark en el Administrador de tareas mientras ejecutas el benchmark, para minimizar el impacto de otros procesos del sistema. No esperes milagros, pero puede ayudarte a arañar unos cuantos puntos en configuraciones muy ajustadas.

Con estas optimizaciones sensatas, es habitual ver saltos de cientos o incluso un par de miles de puntos en ciertos tests, sin necesidad de entrar en el terreno de refrigeraciones exóticas ni voltajes peligrosos.

Al final, usar 3DMark para medir el rendimiento de tu GPU tiene todo el sentido si quieres ver si tu gráfica rinde como debería, comparar con otros equipos o comprobar mejoras tras un cambio de hardware. Con la versión gratuita tienes acceso a pruebas muy completas como Time Spy, Fire Strike o Night Raid, suficientes para cualquier usuario medio. Si te pica la curiosidad del overclock extremo y los rankings mundiales, ahí tienes un mundo aparte, pero lo más razonable es usar 3DMark como herramienta fiable, segura y relativamente sencilla para entender hasta dónde llega tu PC sin poner en peligro tu bolsillo ni tus componentes.

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