Diferencias entre licencias OEM, Retail y en caja en Windows

Última actualización: diciembre 17, 2025
Autor: Isaac
  • Las licencias OEM son más baratas y se ligan al hardware del primer equipo donde se activan, sin soporte directo de Microsoft.
  • Las licencias Retail son más caras, pero permiten mover Windows entre distintos PCs y ofrecen soporte oficial.
  • Las licencias por Volumen (GVLK) están pensadas para empresas y no son apropiadas para uso doméstico estándar.
  • La elección entre OEM, Retail o Volumen depende del número de equipos, la frecuencia con la que cambias de hardware y la necesidad de soporte.

Tipos de licencias y formatos de Windows

Cuando te pones a comprar una licencia de Windows en Amazon o en cualquier tienda online y ves precios tan diferentes para algo que, en teoría, es el mismo sistema operativo, es normal que te explote un poco la cabeza. De repente aparecen palabras como OEM, Retail, licencia en caja, System Builder, volumen… y la duda es inevitable: ¿por qué una clave cuesta 15 euros y otra 150 si ambas dicen ser “originales”?

La clave está en que, aunque a nivel de funciones Windows funciona exactamente igual con una licencia OEM que con una Retail, lo que cambia de verdad son las condiciones de uso, la forma de activación, el soporte y, sobre todo, las posibilidades de reutilizar esa clave en otros equipos. Vamos a desgranar con calma todas estas diferencias para que sepas qué estás comprando y qué tipo de licencia te interesa más según tu caso.

Diferencias básicas entre licencias OEM, Retail y en caja

Lo primero es tener claro que OEM y Retail no son “versiones” distintas de Windows, sino tipos de licencia o formato de venta. Es decir, la edición Home o Pro puede venir en OEM o en Retail, pero el sistema operativo instalado es el mismo: mismas funciones, misma interfaz, mismas actualizaciones.

La diferencia está en el “papel” que firmas con Microsoft (aunque nunca lo leas): la licencia OEM está pensada para fabricantes e integradores que venden equipos ya montados, mientras que la licencia Retail o de venta al público está orientada al usuario final que compra Windows por su cuenta, ya sea en caja física, en tarjeta o en formato digital.

Cuando una tienda anuncia “Windows 11 Pro OEM por 20€“ frente a “Windows 11 Pro Retail por 259€”, en realidad te está vendiendo el mismo Windows 11 Pro, pero con condiciones de uso completamente distintas, sobre todo en lo que respecta a soporte y a la posibilidad de cambiar el hardware sin perder la activación.

Además de estas dos modalidades principales, existe un tercer gran grupo de licencias, las de tipo Volumen o GVLK, pensadas para empresas y organizaciones que necesitan activar decenas o cientos de PCs con la misma clave. Para uso doméstico normal no son la opción adecuada, aunque se vean en tiendas “baratas”.

Qué es una licencia OEM (System Builder / preinstalada)

Cuando hablamos de licencia OEM (Original Equipment Manufacturer) nos referimos a una clave destinada originalmente a fabricantes de equipos o integradores que montan PCs y los venden ya con Windows instalado. Es la típica licencia que trae tu portátil nuevo de fábrica o tu torre de marca.

Estas licencias se asocian directamente al hardware del equipo donde se activan por primera vez, normalmente a la placa base. La idea de Microsoft es clara: esa licencia “nace y muere” con ese ordenador, no está pensada para andar moviéndola de un PC a otro, ni para que el usuario final la reutilice libremente.

En la práctica, cuando compras un portátil o un sobremesa con Windows preinstalado, al encenderlo y conectarte a Internet el sistema se activa automáticamente, bien leyendo la clave insertada en la BIOS/UEFI (algo habitual desde Windows 8), bien validando la huella de hardware si actualizaste desde una versión anterior.

En el caso de las OEM que se venden sueltas en tiendas online a 10-25 euros, lo que tienes es la misma lógica: activas una vez en un equipo concreto y esa clave queda unida a ese hardware. Podrás reinstalar Windows en ese mismo PC todas las veces que quieras, pero si cambias determinados componentes clave, especialmente la placa base, será como si estuvieras usando la licencia en otro ordenador distinto.

Ventajas prácticas de las licencias OEM

El atractivo principal de las OEM es obvio: precio mucho más bajo que una Retail oficial. En muchas tiendas online puedes encontrar Windows Home o Pro OEM por entre 10 y 25 euros, mientras que la misma edición en Retail se dispara por encima de los 100 euros, llegando a los 145-259 euros en el caso de licencias compradas directamente a Microsoft o distribuidores oficiales.

Para un equipo que no se va a tocar demasiado, como un portátil o un PC ofimático, una OEM es una opción muy razonable y bastante habitual. Pagas poco, tienes Windows activado y, salvo que hagas una reforma integral del hardware, no vas a notar ninguna limitación en el día a día. Puedes incluso cambiar memoria RAM o unidades de almacenamiento sin que la licencia se queje.

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Otro punto positivo es que, desde hace años, Microsoft permite actualizar gratuitamente sistemas OEM a versiones más nuevas (por ejemplo, de Windows 10 a Windows 11), siempre que el equipo cumpla los requisitos técnicos (TPM, arranque seguro, CPU compatible, etc.). La licencia sigue vinculada al mismo PC, pero pasas a usar la versión más moderna sin pagar de nuevo.

Y aunque oficialmente la OEM está pensada para fabricantes, en la práctica el usuario doméstico puede comprarlas y activarlas sin grandes dramas, al menos en la Unión Europea, donde la normativa obliga a Microsoft a aceptar la reventa de ciertas claves y a permitir su reactivación si ya no se usan en el equipo original.

Limitaciones y pegas de las OEM

El gran “pero” es que la licencia OEM solo es válida para un único equipo. Está asociada a una combinación concreta de hardware y a tu cuenta de Microsoft. Puedes cambiar componentes secundarios, pero si sustituyes la placa base, o haces un cambio masivo que Windows interpreta como “PC nuevo”, la activación puede fallar.

En esos casos, algunas veces se puede reactivar llamando al soporte de Microsoft o usando la solución de activación telefónica, explicando que es el mismo usuario que ha cambiado hardware por avería, pero no hay garantía al 100 %, y desde el punto de vista estricto de la licencia, no tendrías derecho a mover esa clave a un PC completamente distinto.

Otro inconveniente importante es el soporte técnico. Con una OEM el responsable del soporte no es Microsoft, sino el fabricante o integrador que vendió el equipo. Es decir, si tienes problemas de activación o con el sistema, en teoría deberías hablar con la marca del portátil o con la tienda que montó el PC, no con Microsoft. En la práctica, muchos usuarios tiran de foros o de la propia ayuda de Windows, pero no existe ese soporte directo oficial incluido que sí ofrecen las licencias Retail.

Además, las OEM suelen venir ligadas a una arquitectura concreta: cuando compras una OEM de 32 o 64 bits, esa elección queda fijada. Con las Retail es muchísimo más flexible: puedes instalar la versión de 32 o de 64 bits sin necesidad de comprar dos licencias diferentes, siempre respetando que solo haya un equipo activado a la vez.

Finalmente, una licencia OEM no está pensada para usarla como “actualización” de una versión vieja de Windows en el sentido clásico de meter un DVD de actualización sobre un sistema ya instalado. El enfoque natural de las OEM es instalación limpia en un equipo nuevo o sin sistema previo; para saltar de XP o 7 a sistemas más modernos, Microsoft tiró de otras fórmulas como las campañas de actualización gratuita a Windows 10 y Windows 11.

Uso de OEM por parte de usuarios “manitas”

Durante años, sobre todo en la era de Windows XP y Vista, era completamente habitual que cualquiera que montara su propio PC en casa comprase una licencia OEM System Builder sin mayores problemas legales. Microsoft fue endureciendo esta política a partir de Windows 7 y, especialmente, con Windows 8.1 y 10, para intentar frenar el descontrol en la distribución de estas claves.

En algunos momentos Microsoft añadió incluso un permiso de “Licencia de Uso Personal” en ciertas OEM de Windows 8, que permitía expresamente al usuario final utilizarlas en un PC montado por él mismo. Más tarde ese permiso desapareció en 8.1 y se volvió al enfoque de que las OEM eran solo para integradores, al menos sobre el papel.

La realidad hoy es que, pese a estas idas y venidas, las OEM se siguen vendiendo masivamente en tiendas online y los usuarios domésticos las utilizan para sus equipos sin que Microsoft vaya persiguiendo a nadie por ello. El “problema” está en que, si más adelante quieres mover esa clave a otro PC, te tocará negociar con el sistema de activación o asumir que hay que comprar otra.

Qué es una licencia Retail o de venta al público

La licencia Retail es la que Microsoft vende directamente al usuario final a través de su tienda oficial o mediante distribuidores autorizados. Es la típica “licencia en caja” que veías antaño en las estanterías con el logo de Windows, o el código digital que compras a precio completo en la web oficial.

La gran diferencia respecto a una OEM es que la Retail no se vincula a un hardware concreto de forma permanente. Está asociada a ti como usuario, a tu cuenta de Microsoft y al derecho a usar el sistema en un equipo a la vez, pero puedes desactivar la licencia en un PC y reutilizarla en otro distinto sin necesidad de comprar una clave nueva.

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Esto hace que las Retail sean muy interesantes si sueles cambiar de hardware con frecuencia, montas nuevos PCs cada pocos años o renuevas a menudo tu equipo principal. En lugar de ir acumulando OEM que se quedan “ancladas” a máquinas antiguas, puedes arrastrar tu clave Retail de un ordenador a otro a medida que vas renovando.

Eso sí, esta movilidad tiene un precio: las Retail oficiales son bastante más caras. Para hacernos una idea, una Home Retail ronda los 145 euros y una Pro Retail puede irse a unos 259 euros si hablamos de precios directos de Microsoft o de canal oficial. En comparación con una OEM de 15-25 euros, la diferencia es abismal.

En el apartado de soporte, además, las Retail incluyen atención directa por parte de Microsoft. Si algo va mal con la activación o el sistema, puedes ponerte en contacto con ellos vía chat, teléfono o la app de soporte de Windows, algo que con una OEM queda en manos del fabricante del equipo y, muchas veces, brilla por su ausencia.

Cuándo compensa pagar por una Retail

Si hablamos de uso doméstico normal, con un PC que no se renueva cada dos años, cuesta justificar el sobreprecio de una Retail frente a varias OEM baratas. Al final, muchas veces sale más económico comprar una OEM nueva cuando cambias de PC que pagar una única Retail carísima para irla moviendo de máquina en máquina.

Donde sí cobra sentido la Retail es en escenarios donde el soporte directo de Microsoft y la flexibilidad de activación son críticos. Por ejemplo, en empresas con pocos equipos que no llegan al volumen de licencias por lotes, pero que necesitan un respaldo oficial; o en profesionales que renovan hardware con mucha frecuencia y prefieren no jugar a la ruleta con las reactivaciones.

En cuanto al uso particular, también puede encajar si te montas tu propio PC y sabes que vas a cambiar placa, CPU o configuración de forma regular. En ese contexto, una Retail Home o Pro ligada a tu cuenta de Microsoft te permite formatear, actualizar y moverla entre equipos sin andar comprando claves cada vez.

Por último, si lo que quieres es estar siempre al día de la última versión, una Retail de Windows 10 o 11 bien vinculada a tu cuenta te da tranquilidad: actualizas de versión mayor (10 a 11, y las que vengan) sin pagar de nuevo, mientras la política de Microsoft siga siendo mantener estas actualizaciones gratuitas.

Licencias por Volumen (GVLK) para empresas

Más allá de OEM y Retail existe un tercer formato, pensado principalmente para entornos profesionales: las licencias por Volumen o GVLK. Estas licencias permiten activar múltiples equipos con la misma clave, suelen integrarse con servidores de activación internos (KMS, MAK) y están diseñadas para empresas, administraciones o centros educativos.

La idea es sencilla: en lugar de comprar 50 licencias Retail individuales, una empresa adquiere un paquete de licencias de volumen con descuento, las gestiona desde un panel central y activa todos los PCs de la organización con una infraestructura propia o mediante los servidores de Microsoft.

Para el usuario doméstico no tienen demasiado sentido. Aunque en algunas tiendas online se ven estas claves a precios ridículos, usarlas en un entorno no empresarial puede chocar con los términos de licencia de Microsoft. Es cierto que la compañía rara vez va tras usuarios particulares, pero legalmente no es lo más recomendable.

En algunos casos también se comercializan licencias Education o ediciones especiales como LTSC, muy populares entre ciertos usuarios avanzados, pero que, igual que las de volumen, están pensadas para entornos concretos y sujetas a reglas más estrictas. A efectos prácticos, si hablamos de uso doméstico normal, lo sensato es centrarse en OEM o Retail.

Cambios de hardware y activación de Windows (especialmente Windows 10 y 11)

Desde Windows 8, y especialmente a partir de Windows 10, Microsoft cambió bastante la forma en que se gestiona la activación y las claves. Antes lo normal era tener una pegatina en el chasis con el famoso código alfanumérico; ahora lo habitual es que la clave vaya embebida en la BIOS/UEFI o que se asocie a tu cuenta de Microsoft y al hardware del equipo.

Cuando actualizaste gratis de Windows 7/8 a Windows 10, por ejemplo, no recibiste una clave nueva visible. En su lugar, durante la actualización se generó un identificador único del equipo basado en su hardware. Ese ID se registra en los servidores de Microsoft y sirve para reconocer tu PC en futuras reinstalaciones sin que tengas que teclear nada.

La ventaja es que, siempre que reinstales Windows 10 o 11 en el mismo PC (o con cambios menores), la activación se hará automáticamente al conectarse a Internet. No necesitas buscar pegatinas ni recuperar claves. El inconveniente es que, si cambias componentes importantes como la placa base, Windows puede interpretar que se trata de un equipo nuevo y negar la activación automática.

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En esos casos, sobre todo si vienes de una actualización gratuita o de una OEM preinstalada, es frecuente que tengas que completar la instalación saltándote la activación y, una vez dentro del sistema, usar las opciones de “Solucionar problemas de activación” o bien ponerte en contacto con el centro de soporte.

Microsoft suele permitir reactivar la licencia si puedes demostrar que se trata de un cambio de hardware legítimo (por avería, por sustitución puntual, etc.) y no de un intento de clonar la misma clave en varios equipos. Te pueden pedir datos de tu cuenta, del tipo de licencia o del hardware antiguo y nuevo.

Cómo recuperar la clave OEM desde el propio sistema

Si tu equipo trae una OEM embebida en la BIOS/UEFI y quieres saber cuál es exactamente, puedes sacarla fácilmente desde Windows. Abre el Símbolo del sistema con permisos de administrador (busca “cmd” en el menú Inicio, clic derecho, Ejecutar como administrador) y utiliza el siguiente comando:

wmic path softwarelicensingservice get OA3xOriginalProductKey

Tras unos segundos, en pantalla verás la clave OEM asociada a tu placa base. Lo recomendable es guardarla en un fichero de texto y almacenarlo en un sitio seguro (una memoria USB, la nube, etc.), por si en algún momento necesitas reinstalar y el proceso automático falla.

Qué licencia te conviene según tu caso

Con toda la teoría sobre la mesa, la gran pregunta es: ¿qué tipo de licencia debo comprar para mi situación concreta? No hay una respuesta única, pero sí unas recomendaciones bastante claras según el tipo de uso y el hardware que tengas o vayas a tener.

Si estás comprando un portátil o un PC de marca con Windows ya preinstalado, lo más habitual es que venga con una OEM integrada y no tengas que preocuparte de nada más. Esa licencia será válida mientras dure la vida útil del equipo, podrás actualizar a Windows 10 u 11 si toca, pero no podrás llevártela a otra máquina diferente.

Si vas a montar tu propio PC de sobremesa y no planeas hacer grandes cambios de placa o procesador en el corto plazo, una OEM barata es perfectamente válida. Pagas poco, activas el sistema y, salvo catástrofe, te va a durar muchos años, porque la placa base no se suele cambiar tan a menudo como la RAM o el almacenamiento.

Si eres de los que actualizan hardware con frecuencia, cambian de plataforma cada pocos años o montan y desmontan PCs como quien cambia de camiseta, es cuando una Retail empieza a tener sentido. Pagas bastante más, pero a cambio obtienes flexibilidad total para mover la clave entre tus equipos, soporte directo de Microsoft y menos quebraderos de cabeza al cambiar componentes.

En el entorno empresarial, si hablamos de decenas de ordenadores, lo suyo es olvidarse de OEM y Retail sueltas y apostar por licencias por Volumen. Salen más baratas a partir de cierto número de equipos, permiten una gestión centralizada y cumplen con las necesidades de auditoría y legalidad de la mayoría de organizaciones.

Legalidad y riesgos de comprar licencias OEM o de volumen muy baratas

El negocio de las licencias de Windows baratas se ha convertido en un auténtico campo de minas. Hay tiendas completamente fiables que revenden claves ligadas a excedentes de stock o a acuerdos legítimos, y otras que distribuyen claves de volumen, educativas o directamente robadas que pueden dejar de funcionar en cualquier momento.

En la Unión Europea existe una directiva que obliga a Microsoft a aceptar la reventa de ciertas licencias OEM una vez que ya no se utilizan en el equipo original. Eso hace que, legalmente, el uso de algunas claves OEM baratas sea defendible, siempre que procedan de fuentes legítimas y no violen otras restricciones contractuales.

Las licencias de volumen, GVLK o similares que se venden en masa a particulares, en cambio, suelen chocar de pleno con los términos de uso. Aunque sea poco probable que Microsoft te persiga por usar una en tu casa, el riesgo real es que la clave se desactive sin previo aviso, dejando tu Windows sin activar y obligándote a pasar de nuevo por caja.

Por eso, si quieres comprar barato pero con cierta tranquilidad, es preferible recurrir a o grandes plataformas como Amazon o PcComponentes, donde, al menos, si algo falla con la clave puedes tramitar devolución o sustitución con cierta garantía.

En cualquier caso, hay que desconfiar de precios irrisorios sin respaldo alguno y, sobre todo, evitar activadores “mágicos” o programas de procedencia dudosa, que muchas veces traen malware camuflado y pueden comprometer gravemente la seguridad de tu equipo.

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